Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                                                          Dr. Eugenio Yáñez

                                                                                                                                                            

 

MENSAJES DESDE EL SEGUNDO FRENTE ORIENTAL “FRANK PAÍS”

 

 

 

No fue que Raúl Castro ordenó al gobierno cubano estar presente en una celebración de veteranos guerrilleros: es que esos guerrilleros son el gobierno.

 

El grado militar más modesto en la tribuna presidencial era general de brigada, y resultaba imposible encontrar a alguien con menos de 65 años de edad: se celebraba medio siglo de la fundación del Segundo Frente “Frank País” (lo de “Oriental” se le añadió después para diferenciarlo del segundo frente del Escambray).

 

Sentado a la diestra del Presidente, el Jefe de los Mau-Mau y de la Columna 6, sin más cargo que su nombre, ante quien casi todos los presentes (con excepción de Raúl Castro y los tres Comandantes) se paran “firmes” y saludan militarmente, independientemente del grado que ostenten: Efigenio Ameijeiras.

 

Rodeando al Presidente se encontraba el Primer Vicepresidente y dos Vicepresidentes, más los únicos tres Comandantes de la Revolución existentes en Cuba y que junto a Raúl Castro integran el Comandante en Jefe colectivo creado tras la “Proclama” de julio del 2006 con la cual Fidel Castro cedió el mando “con carácter provisional”; además de Ministros que son miembros del Buró Político; y el Jefe del Estado Mayor General, el Jefe de Tropas Especiales y el Inspector General de las FAR.

 

Faltaba otro Vicepresidente, quien es Ministro de las Fuerzas Armadas y miembro del Buró Político, encargado de garantizar la seguridad de los presentes en el acto. Para compensarlo, estaba el miembro del Buró Político y Jefe del “señor Ejército Oriental”, (¿cuanto hace que no aparecía en público junto a Raúl Castro?).

 

Y “colado en la fotografía”, la única concesión al protocolo, el miembro del Buró Político y Primer Secretario del Partido en Santiago de Cuba, con el record de haber sido el secretario provincial que menos votos obtuvo en las últimas “elecciones”, a pesar de estar en la boleta junto a Fidel Castro.

 

El Jefe del Estado Mayor General, oficial revistador de las tropas que desfilaron, les dijo mucho a los presentes, diciendo muy poco: “Los saludo en nombre del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y del jefe de la Revolución, Fidel Castro Ruz”.

 

Todo claro. El compañero Fidel Castro es el “jefe de la revolución”, pero Raúl Castro es jefe de estado y gobierno. Y el general de brigada José Ramón Machado Ventura (¿desde cuando no aparecía de uniforme?) exaltó tanto a Raúl Castro en su discurso que casi olvida al Comandante.

 

Si los presentes eran noticia, los ausentes más aún. Los reunidos en el Segundo Frente ese día tienen poder y cargos para dirigir el país. Los ausentes podrían malamente dirigir un equipo de béisbol estudiantil sin la aprobación de los presentes. Nada más que paisaje y escenografía: era una reunión no apta para talibanes tropicales.

 

El supuesto “delfín” Carlos Lage, el “favorito” Felipe Pérez Roque, y el dice-él-mismo-que-jovencito Ricardo Alarcón, ¿por dónde andaban? Como se dice en Cuba, “no cogieron cajita”: no fueron invitados. Ni vicepresidentes del consejo de ministros ni ministros no militares de origen, ni otros “personajes”.

 

¿Qué tienen que hacer Abel Prieto, aunque sea ministro y miembro del Buró Político, o los vicepresidentes del Consejo de Ministros Otto Rivero y José Luis Rodríguez, o Eusebio Leal y Silvio Rodríguez, en una reunión de veteranos donde muchos de ellos, Raúl Castro incluido, aún conservan su “jarrito” de aluminio en el que tomaban café y ron “cuando la guerra”?

 

El mensaje de los guerrilleros está claro: unidos, “juramentados”, no hay grietas en la tropa. No se dirigen al nuevo Jefe como “Presidente”. Todos se refieren a él con una sola palabra: “Raúl”. Algunos se confunden todavía en las formalidades y le dicen “Ministro”.

 

Y el nuevo Presidente tampoco se anda con formalidades para dirigirse a ellos: Efigenio, Machadito, Juanito (Almeida), Ramiro (Valdés), Guillermo (García), Furry (Colomé Ibarra), Julito (Casas), Alvarito (López Miera), Ulises (Rosales del Toro). Pocas veces por el apellido, pero sin grados: Lussón, Rodiles, Espinosa.

 

La tropa está lista, la orden pendiente: Raúl Castro ordenará lo que hay que hacer. Ellos no responderán “Comandante en Jefe, ordene”, pero obedecerán sin vacilar, y marcharán hacia donde les indique.

 

De momento, ya repiten que “se cambiará lo que deba ser cambiado”. Nadie se pregunta qué es lo que debe ser cambiado ni por qué no se había cambiado antes: no es asunto de ellos.

 

Para especular están las páginas digitales alrededor del mundo, bastantes, desesperadas por dar el "palo periodístico" y anunciar los eventuales cambios, que ven “reformas” raulistas en la simple autorización de vender computadoras cuando les de la gana, en moneda que la población no tiene, a precios leoninos, y sin garantía: resulta que el espíritu pragmático de Deng Xiaoping se reduce a vender baratijas.

 

Como si fuera reformista un monarca del medioevo que, aburrido de manuscritos, autorizara el uso de la imprenta que inventó Guttemberg. O el sumerio que no mandó matar a quienes inventaron la escritura sobre tablillas de arcilla. Curioso reformismo. Porque el invento de la escritura, la imprenta y la computadora son posiblemente los tres mayores saltos en el conocimiento en la historia de la humanidad.

 

Suficiente, sin embargo, para aterrar a los talibanes.

 

Quienes pensaron que el colmo del ridículo era la payasada de Ricardo Alarcón frente a los estudiantes de la UCI que preguntaban por qué la doble moneda o la prohibición de visitar hoteles o viajar al exterior, sencillamente subestimaron la legendaria y conocida incapacidad general de Lázaro Barredo, director de “Granma”.

 

Pensando con faltas de ortografía y formación de Manual de Economía Política de Nikitín, creyendo ser ¿Dios?, sacó a la luz un editorial de la “contrarreforma”, sin llamarlo así, un lamento talibán titulado “Sería imperdonable que hipotecáramos el futuro”, como si ya no lo hubieran hipotecado hace mucho, colmado de frases que hubiera envidiado el mismísimo Perogrullo.

 

Como si el futuro no llevara décadas literalmente hipotecado, con una deuda externa que será una herencia maldita para la Cuba post-totalitaria, un presente miserable y un pasado que se distorsiona a conveniencia, en un país que recuerda la campaña militar en Etiopía, hace treinta años, y la celebra a bombo y platillo sin ni siquiera mencionar al jefe del cuerpo expedicionario vencedor de esa guerra, que fue sencillamente fusilado años después.

 

Dice el seudo-periodista que los cubanos en la isla no pueden tener computadoras por culpa del “bloqueo”: el invento que ha transformado el conocimiento humano y el mundo en menos de medio siglo, disponible hasta en Haití, Bután, Burkina Faso o las Islas Seychelles, no pueden disfrutarlo los cubanos por culpa del maldito imperialismo: esa falacia la historia nunca podría perdonarla aunque el régimen estuviera literalmente cercado por los hunos de Atila.

 

Intenta demostrar que la doble moneda fue necesaria y justa, y que eliminarla requiere profundísimos análisis de innumerables sesudos durante demasiado tiempo: una vez más, confunde la pistola con el asesino.

 

En México se pueden tener en el bolsillo pesos mexicanos o dólares, o en Canadá dólares USA o canadienses: es menos cómodo que utilizar una sola moneda, sin duda, pero no es un problema.

 

El problema del régimen no es que haya dos monedas, sino moneda y media: una real, a la que no todos tienen acceso, con poder adquisitivo para consumir productos de calidad inferior a los estándares mundiales, aunque a precios monopolistas, y una colección de fotografías de patriotas de la independencia y “dirigentes” revolucionarios, llamada pesos cubanos o moneda nacional, que aunque dice en letras pequeñas estar respaldada en oro y otros activos del Banco Nacional, no alcanza más que para comprar alimentos de baja calidad para varios días del mes, con la cual el único empleador autorizado por sí mismo paga a la población “según su trabajo”.

 

No vale la pena perder más tiempo con las incoherencias de “Granma”, que ya han sido oportunamente señaladas por otros colegas y comprendidas como propaganda barata por la población cubana: pueden entretenerse con esto, y varias cosas más, los “analistas” de pacotilla que pululan en el ciberespacio y los comunistas reciclados que ahora se visten de siglo XXI.

 

Lo que puedan traer Raúl Castro y sus guerrilleros está por verse: que todo cambie para que nadie cambie, cambiar algo para que parezca que todo cambia, no cambiar nada, casi cualquier cosa menos cambiarlo todo: es difícil que pueda ser peor que lo que trajo por medio siglo el Comandante en Jefe, sobre todo en los últimos años con sus talibanes. Aunque siempre puede haber sorpresas.

 

Hay que estar atentos. Hasta alguien tan lento como el señor Caleb McCarry, encargado en la administración norteamericana de una oficina que atendería la transición en Cuba, reconoce ahora que Raúl Castro ha realizado “cambios tácticos”.

 

Los viene realizando desde que comenzó la sucesión, que no fue el 24 de febrero del 2008, sino el 31 de julio del 2006, cuando Fidel Castro enfermó para siempre de secreto de estado.

 

No son cambios tácticos, sino un detallado proceso de preparación para el combate: apreciación de acciones del “enemigo”, reconocimiento del terreno, preparación operativa y combativa, organización de la cooperación, aseguramiento político, preparación ingeniera de las zonas de defensa, organización de los puestos de mando y las comunicaciones…

 

Le dieron el mando absoluto del Titanic a medio hundir y con “Big Brother” y los talibanes serruchando el piso, y ha logrado, por el momento, impedir el colapso final: ¿hasta cuando? ¿quién sabe? Pero no se desmerengó como algunos pronosticaban.

 

Tiene que hacer cambios para sobrevivir, solamente por eso, nunca por amor a su país ni su pueblo.

 

Algunos creen que basta con permitir que los cubanos, con su propio dinero, que no es del régimen ni mucho menos, puedan comprar computadoras, entrar a hoteles hasta ahora exclusivos para extranjeros, o tener posibilidad de viajar al exterior sin la “tarjeta blanca” (permiso de salida). Y a esto le llaman “cambios”.

 

Otros consideran que habrá que llenar las mesas de frijoles, leche, pollo, huevos y carne de puerco para no tener que artillar los tanques con munición de combate.

 

Otros saben que es imprescindible liberar a todos los prisioneros de conciencia y detener la represión, respetar los derechos humanos y las libertades individuales en todas sus manifestaciones, para que los pactos firmados en la ONU no sean letra muerta.

 

Hay quienes consideran que todo lo anterior es necesario, a la vez, mientras otros creen que nada de eso  hace falta: bastan la conciencia y el espíritu revolucionario.

 

El tiempo sigue corriendo, y comida de ayer no sacia el hambre de hoy: prometer y crear expectativas puede dar respiro al régimen, pero no soluciona problemas.

 

Hay que estar atentos para tratar de comprender por donde pueden venir los tiros, tanto en sentido figurado como literal.

 

Las claves no las tienen ni Carlos Lage, ni Ricardo Alarcón o Felipe Pérez Roque. Mucho menos Hugo Chávez, a pesar de su petróleo. Ni siquiera el Comité Central, ni el Consejo de Estado o el de Ministros.

 

Lo que venga, para mejor o peor, antes o después, de una forma o la otra, vendrá desde el Segundo Frente Oriental. El resto es adorno.

 

Los mensajes importantes nunca vienen desde la periferia o la escenografía, sino del puesto de mando.

 

Y si alguien tiene dudas en dónde está ese puesto de mando, mire bien esta foto y la que encabeza este trabajo.