Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

                                Dr. Eugenio Yáñez

                                                                                                                                                            

 

LOS PERROS (Y EL CASTRISMO) LADRAN PORQUE TIENEN MIEDO

 

Los perros ladran porque tienen miedo. El castrismo también. Pero mientras los perros lo hacen por instinto, el castrismo lo hace por bajeza. Es su conducta de guapo de barrio que sabe que esta vez ya le han dado un primer gaznatón y nadie le respeta.

 

Sin embargo, ahora no han sido ni invasores de una brigada de asalto ni tampoco diversos grupos de campesinos alzados en las montañas, sino unas cuantas decenas de mujeres con los ovarios bien puestos y “un par de negros”, como se dice despectivamente en las altas esferas de la nomenklatura para hacer mención del fallecido Orlando Zapata Tamayo y el inveterado huelguista de hambre Guillermo “Coco” Fariñas.

 

La dictadura ha sacado las turbas desaforadas a la calle una vez más. No es el pueblo cubano, como pretende hacer creer el régimen y repiten elitistas despistados. Es la hez de la sociedad, la plebe del pan y circo romano, ahora solo con circo, porque pan no hay. Y ese detritus humano ahora está frustrado, porque ni siquiera cobra, ni tampoco le dan la cajita con algún alimento de segunda.

 

Esta escoria se siente muy mal, porque, a falta de estudios, dignidad, moral y vergüenza, solamente se realiza ejerciendo la violencia sobre mujeres y hombres indefensos: golpean a la madre de Orlando Zapata Tamayo, de setenta y cinco años de edad, a quien le asesinaron su hijo, rompen huesos y dan golpes hasta provocar contusiones a pacíficos manifestantes, y son tan bestias que llaman “terroristas” a las Damas de Blanco.

 

Insolente combinación de estiércol, estulticia y estupidez en esta mafia totalitarista. Consideran que si los quieren solamente para gritar no vale la pena. ¿Y de los pescozones que? ¡Con lo fácil que resulta masacrar a mujeres indefensas, protegidos por la policía para ejecutar tranquilamente su sevicia! Pues para eso me quedo viendo la pelota en mi casa (aunque se me esté cayendo, que cará). ¿Y, además, saliendo por televisión? Y si esto un día se jode, ¿qué va a pasar conmigo?

 

Sucede, sin embargo, que en tiempos de revolución informática y telecomunicaciones, de Internet y twitters, las cosas no son tan sencillas. El mundo pudo ver todas las imágenes y escuchar todos los sonidos del supuesto y macabro pueblo enardecido, como en tiempos de los mítines de repudio de la etapa del éxodo masivo del Mariel, o igual a las turbas de Hitler y Mussolini en su apogeo.

 

Por eso fue necesario cambiar las órdenes. Después del escándalo de la primera paliza y el brazo enyesado, las nuevas reglas fueron evitar que golpearan a las Damas de Blanco ante las cámaras.

 

A partir de entonces, esas valientes mujeres fueron rodeadas de varias filas de policías desarmados para impedir los golpes no planificados que tanto desea el lumpen proletariado de las turbas castristas. Era cuestión de que las inoportunas cámaras de los corresponsales extranjeros, o de cualquiera, no registraran excesos para utilizarlos como parte de la campana mediática de medio mundo contra el paraíso castrista.

 

Sin embargo, a estas alturas parece que al castrismo ya no le quedan personas inteligentes para ayudarles a elaborar su estrategia represiva. ¿Cómo se entiende en un país que se considere decente que si hay decenas de mujeres en un desfile pacífico, vestidas de blanco y con flores, y aparecen hordas de energúmenos insultando y amenazándolas a gritos, la policía simplemente se limite a impedir que las linchen y no arreste a los miserables que piden sangre?

 

¿Para que quiere el aparato represivo los ómnibus donde el día anterior montaron a la fuerza a las Damas de Blanco? Un uso verdaderamente racional y decente de los mismos sería montar a la fuerza, y forzándoles si se resisten, a los trogloditas que en pleno siglo XXI consideran como provocación expresar pacíficamente demandas al gobierno.

 

No hay que analizar demasiado profundamente para comprender la realidad, porque la respuesta es muy sencilla: tanto la policía del régimen como las cohortes violentas son del mismo bando, están del mismo lado. Y si pretenden dar la imagen de que tratan de proteger a las Damas de Blanco, lo que buscan en realidad es impedir que la población de a pie se pueda sumar a sus reclamos.

 

Naturalmente, todos los cubanos lo sabemos desde hace muchísimo tiempo, pero lo verdaderamente interesante en estos momentos, y de miedo para el régimen, es que también se está dando cuenta de esa cruda realidad eso que llaman opinión pública internacional.

 

Podríamos imaginan a Lula da Silva diciendo ahora: si todas las esposas de todos los “malandros” en las cárceles de Brasil, asesinos, violadores, secuestradores y ladrones con violencia, piden que los liberemos, pues no podemos ceder a ese chantaje.

 

Afortunadamente, son muy pocos los que le hacen caso a estas bajezas del ex-tornero que devino presidente: no solo ha sido el congreso brasileño, sino hasta líderes de su propio Partido de los Trabajadores han reaccionado airadamente a sus muy bajísimas, desafortunadas y extemporáneas declaraciones.

 

Y esta situación que se ha creado internacionalmente es muy grave para el régimen, porque el castillo de naipes del totalitarismo ha dependido durante más de medio siglo de una imagen edulcorada y romántica de David contra Goliat, de románticos guerrilleros apoyados por el pueblo frente a hordas del imperio, y ahora se comienza a ver que las cosas no son exactamente así.

 

La condena del Parlamento Europeo por la “evitable” y “cruel” muerte del prisionero de conciencia Orlando Zapata Tamayo fue contundente y aplastante. No se trata aquí de un consejo bolivariano municipal exigiendo apoyo para el régimen, sino de una institución parlamentaria que representa en total a 27 naciones democráticas de Europa y más de quinientos millones de seres humanos, donde 504 diputados muy inconfundiblemente condenaron a la dictadura, y solamente 30 comunistas se opusieron. El mensaje es muy, pero muy claro.

 

Por si fuera poco, a pesar de la vergonzosa e histórica desidia latinoamericana hacia la democracia y el estado de derecho, mucho más interesada en condenar a los gringos por cualquier cosa que en la justicia y la democracia, el parlamento chileno y el senado mexicano se han expresado con mucha claridad condenando al régimen, así como el presidente de Costa Rica y Premio Nóbel de la Paz, Oscar Arias. Incluso Isabel Allende, la senadora socialista hija del asesinado presidente de Chile, se ha sumado a la posición de los diputados de su partido pidiendo la libertad de los presos políticos en Cuba.

 

Hasta la OEA, a través de su comisión de derechos humanos, ha pedido explicaciones al régimen, aunque éste, naturalmente, no se ha molestado en responder. La nota más discordante y desvergonzada, pobrecito, la ha dado, una vez más, el presidente del nuevo Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales.

 

Estados Unidos, por su parte, ha respondido demasiado tibiamente a la situación. Aun cuando el gobierno y el pueblo norteamericanos son firmes aliados de la democracia y los derechos humanos en todo el mundo, no se ha sentido hasta ahora la contundencia moral que representaría una fortísima condena a la situación, aun a riesgo de que se enfriaran los intentos de la administración Obama por una normalización de relaciones que, por otra parte, el régimen castrista ha demostrado una y mil veces que no le interesa para nada. La realpolitik en este caso brilla por su ausencia.

 

¿No llama la atención a todos el silencio sepulcral de dos incontinentes verbales como Fidel Castro y Hugo Chávez? El primero no ha reflexionado todavía sobre el tema, pero no puede estar inmerso de lleno en el muy urgente problema del calentamiento global cuando lo que se está calentando a pasos agigantados es la Isla con las Damas de Blanco y Guillermo Fariñas retando cada día al régimen. Tal vez su fría mente calculadora está esperando el momento que considere más oportuno para lanzar un zarpazo.

 

Y Chávez, abrumado con la crisis energética, el rechazo a la cubanización de Venezuela, la baja de su popularidad, los escándalos, y el temor a perder las próximas elecciones parlamentarias, no puede tener demasiado ánimo para decir alguna tontería que se pueda convertir en boomerang contra él y su política descabellada y confrontacional.

 

El régimen ha tenido que recurrir a todos sus mercenarios de la pluma, de la más baja estofa, tanto internos como externos. Pero la batalla que pretende es tan inmoral, y los gladiadores del totalitarismo tan mediocres y miserables, que lo mejor que puede pasar es que hablen bastante para que sigan demostrando su bajeza y ensañamiento.

 

¿A quién podrán convencer, con cualquier argumento, que es justificable denigrar o darle golpes a una madre que acaba de perder a su hijo, para encubrir su vil asesinato? Mientras más hablen y escriban estos canallas, más clara se verá la catadura moral del régimen que defienden y la moral de sus “periodistas” y “analistas”.

 

Declarar a Orlando Zapata Tamayo o Guillermo “Coco” Fariñas simplemente como unos delincuentes comunes no salva al régimen, sino lo condena más. Si se acepta que puede haber seres humanos, incluidos los malandros de Lula en Brasil y la población penal de cualquier parte del mundo, que no merecen atención médica o que se intente salvarles la vida en cualquier circunstancia, dice muy poco de la dignidad de un gobierno y de la ética de determinados profesionales de la salud que se prestan a la infamia, aunque se sabe que, afortunadamente, no son todos.

 

Cuando un plumífero al servicio del régimen, como Enrique Ubieta Gómez, dice que “en Cuba no es fácil morirse”, ignora cínicamente la muerte de decenas de pacientes psiquiátricos en La Habana, por hambre y frío, semanas antes del fallecimiento de Orlando. Para morirse en Cuba basta simplemente con ser un desamparado o un opositor al régimen. Nada más que eso.

 

Y que un miserable represor como Tomás Borge, ministro del interior sandinista en los tiempos de la dictadura de “la novena” con el manager en La Habana, y claro beneficiario de “la piñata” orteguista con los recursos de la nación nicaragüense, declare que “se necesita estar envilecido para no reconocer que la Revolución Cubana y sus dirigentes se han especializado en eso, en salvar vidas”, lo único que demuestra es la desvergüenza y despropósito de los que defienden la barbarie en nombre de la revolución.

 

Cuando un tarado como Evo Morales dice que en Cuba se respetan los derechos humanos y que los muertos y huelguistas en Cuba son solamente delincuentes comunes, demuestra con demasiada claridad lo que es el “bolivarianismo”, así como el futuro que le espera a las naciones donde se implante, bajo el disfraz de democracia popular y participativa.

 

Cuando Lula compara a los disidentes cubanos con los bandidos condenados en cárceles brasileñas, demuestra la falta de moral y de vergüenza de toda esa izquierda irracional y rencorosa del Foro de Sao Paulo, que comulga con los narcoterroristas y secuestradores de las FARC y todas las causas inmundas en nombre de la revolución, mientras le da la espalda a las causas de la democracia y el estado de derecho.

 

Cuando la inmoral izquierda caviar se empeña en defender la dictadura desde lejos, pero nunca viviendo en la Isla como los cubanos de a pie, demuestra lo que valen todos esos grupos solidarios desperdigados en todo el mundo, mantenidos por el dinero que se les niega a los cubanos, para cantar loas a los asesinos de albañiles y defender a los espías de la Red Avispa.

 

El régimen en estos momentos está contra la pared, bajo el escrutinio de todo el mundo, sin dinero para funcionar y pagar sus obligaciones, sin la menor capacidad de alimentar a los cubanos ni resolver los problemas fundamentales de la población, y sin un programa coherente y valiente para tratar de salir de la crisis, mientras el descontento de la población crece por días, y muchos en la propia nomeklatura se preguntan si vale la pena continuar aferrados a defender un régimen con cada vez muchos menos argumentos y razones, pero más represión insensata y cruel, hasta con ancianas que sufren por la  muerte de un hijo.

 

Sin embargo, precisamente por eso, lo más peligroso para los opositores democráticos cubanos dentro de la Isla y el exilio, en estos momentos, sería la superficialidad en el análisis o el triunfalismo sin base, la falta de razonamiento realista, así como aferrarse a esquemas obsoletos y preconcebidos, ante una situación que en estos momentos está desbordando todas las estrategias anteriores, tanto del régimen como de la oposición democrática.

 

Las Damas de Blanco han demostrado su valía y su valor, pero hay que decir que en realidad han estado lamentablemente solas esta semana, en cuanto a la presencia física en las marchas de personas que les apoyen. Con la excepción de unos pocos blogueros. No se trata del apoyo moral de la oposición, que en sentido general no ha faltado, sino de la presencia activa, clara e inconfundible de muchos más opositores en sus marchas, aún a riesgo de las palizas, los golpes y la prisión. Aunque el cordón policial que las ha rodeado durante todos estos días pretendía también, entre otras cosas, que pudieran sumarse simpatizantes.

 

No se trata de inmolarse inútilmente, sino que toda Cuba y el mundo sepan que las demandas de estas valientes mujeres no son solamente las de los familiares afectados por el injusto encarcelamiento de sus seres queridos, sino un derecho fundamental de todos los cubanos, y de todo el mundo, a la libre expresión pacífica de sus criterios y sus puntos de vista, aunque no coincidan con los del gobierno, mucho más aún si ese espurio gobierno no es el resultado de elecciones democráticas y libres, sino de un muy oscuro proceso basado en el terror y el totalitarismo.

 

El silencio de la población cubana de a pie es significativo, porque los que conocemos esa realidad cubana sabemos que ese silencio dice más que diez mil palabras. Esos silenciosos no apoyan a la escoria de las turbas gubernamentales. Todavía están asombrados y paralizados tanto por el miedo sembrado en medio siglo como por el desconocimiento de lo que realmente está sucediendo. Todavía no entienden lo que están viendo por televisión: el régimen mencionando a los opositores, algo que nunca había sucedido, aunque lo haga denigrándolos, y no conciben a la policía del régimen en el rol de detener el tráfico en las calles para que puedan marchar las manifestantes pacíficas y la turba de miserables que las acosa.

 

No se puede comparar esta realidad con los más de 25,000 tailandeses que salieron a la calle a protestar contra la dictadura. Tailandia no es Cuba tras más de cincuenta años de terror y represión, pero el mensaje se diluye en la comparación. ¿Es que acaso esas valientes  Damas de Blanco, Coco Fariñas, y los inconformes no existen en Cuba, o están emocionalmente solos? ¿Es que acaso serán solamente “grupúsculos” de mercenarios y agentes enemigos? ¿O es que medio siglo de terror y represión han dado sus frutos para el régimen?

 

Que la televisión cubana, oficialista y única permitida, tenga que hablar en sus programas de ellos, aunque solamente sea para mancillarlos, demuestra que ya son una realidad en el país demasiado presente hoy mismo como para ignorarla.  

 

El régimen está a la defensiva, pero nunca se puede olvidar que sus profesionales de la represión y la propaganda no son tontos ni incapaces, y ya en estos momentos seguramente están activando todas sus contra-medidas.

 

El régimen intenta neutralizar la huelga de hambre de Guillermo Fariñas, con la imagen falseada de que puede ser relativamente discutible en estos mismos momentos, cuando es alimentado e hidratado por vía parenteral (sueros) en hospitales del Estado, y sin cobrarle un centavo. La sala de terapia intensiva donde se mantiene “ingresado”resulta una prisión demasiado sofisticada, donde puede comunicarse con el exterior, pero donde no puede recibir toda la información que necesita en estos momentos.

 

Acaba de visitarlo en el hospital un Mayor de la Seguridad del Estado, para expresarle que el mando está muy preocupado por su estado de salud. Conmovedora esta preocupación de los segurosos por la salud del huelguista. ¿Que tiene que ver el aparato de seguridad del estado con un supuesto delincuente común? ¿Había acaso sucedido algo así anteriormente? La presión-preocupación no parece haber surtido efecto alguno, porque no lograron intimidar al opositor. Según Fariñas, la conversación transcurrió sin exabruptos, y terminaron conversando de beisbol, pues ambos son fanáticos del equipo de Villaclara.

 

La dictadura está apostando, ladinamente, a que Fariñas en cualquier momento cometa un patinazo que le reste credibilidad, y lamentablemente eso es algo que podría suceder en cualquier momento, con tantas entrevistas hacia el exterior que, curiosamente, le permiten realizar. Para cuando se equivoque invocar que todo lo que dice es falso.

 

No fue la más afortunada de las opiniones de Guillermo Fariñas decir que teme por la vida de Pablo Milanés y su familia por las declaraciones que hizo el cantautor en España de que las ideas se discuten, pero no se encarcelan, y que sería responsabilidad moral de Fidel Castro si el huelguista muriese. 

 

El régimen castrista no es ni el machadato ni el batistato: los supera en maldad y mente criminal, pero también en inteligencia y capacidad de maniobra. Contra “Pablito” Milanés no vendrán nunca “soluciones” propias de un Trujillo o un Somoza. Hay más de mil maneras de apretarle las tuercas al artista sin tener que llegar a esos extremos.

 

Tampoco parece lo más afortunado pedirle al presidente chileno Sebastián Piñera que gestione la intervención de la ONU para resolver la situación en Cuba. Hacerlo, además de pedir algo muy difícil de lograr, no sería necesariamente algo demasiado popular. Y las declaraciones del presidente chileno, hasta el momento, han sido inequívocas a favor de los derechos humanos en Cuba y la libertad de los prisioneros políticos.

 

Hemos apoyado siempre el heroísmo y el valor del Coco Fariñas en sus muy reiteradas huelgas de hambre, y lo seguiremos haciendo. Hay que comprender su especial situación, y hacerle llegar -por algún medio- el criterio de que tal vez sería  más conveniente que se concentrara específicamente en su mantra de reclamar la libertad de los veintiséis pacíficos prisioneros de conciencia con su salud deteriorada en inmundas cárceles cubanas: eso es algo que de seguro cualquier persona decente en el mundo apoyaría, y lograría innumerables simpatías.

 

No sucedería lo mismo con otras demandas que, aunque son muy justas, serían más difíciles de comprender por esa opinión pública mundial para quien el tema cubano, aunque les pueda interesar, es solamente colateral en su vida cotidiana.

 

Con el régimen en la estacada, es imprescindible que toda la oposición se mantenga en estos momentos a la altura de las circunstancias. Si la excelente oportunidad de capitalizar en estos instantes el movimiento internacional a favor de la democracia y el estado de derecho en Cuba escapara, la larga noche del castrismo totalitario sería mucho más larga aun, y la nación cubana caerá hecha pedazos por la soberbia y la colosal ineptitud de una camarilla de ancianos incapaces de gobernar decentemente, de negociar y dialogar, solamente preocupados por mantenerse en su espurio y miserable poder.

 

Los opositores cubanos en la Isla, todos, se encuentran ante una compleja disyuntiva: después de vivir por más de medio siglo aislados y silenciados, resistiendo los continuos golpes de los aparatos represivos y una generalizada indiferencia mundial casi absoluta, están ahora de repente en el vórtice del huracán ante un nuevo y complicado escenario que se ha delineado a una velocidad vertiginosa.

 

El mundo ya ha comenzado a comprender las realidades y los mitos de la revolución, del presidio político cubano y sus denigrantes prisiones, y de la falta absoluta de respeto a los derechos humanos en el país, así como la personalidad, valor y nobleza de los opositores democráticos, siempre tildados de “mercenarios” y de “agentes enemigos” por el régimen y su infinita pandilla de colaboradores en todo el planeta.

 

La semana que ha terminado ha puesto la realidad cubana en el centro de las luminarias de la prensa mundial, y con ello el movimiento democrático opositor ha recibido un estímulo que hace mucho tiempo que necesitaba para poder enfrentar la tiranía con mucha más efectividad.

 

Tras haber tratado de capitalizar en todo lo posible el presente movimiento internacional favorable a la libertad de todos los cubanos, ahora el movimiento opositor -en todas sus variantes y en todos sus matices- tiene que prepararse para una inevitable etapa de reflujo y relativa “calma”, donde el régimen aceitará su maquinaria represiva, y donde será necesario recapacitar muy fría y serenamente sobre la estrategia y tácticas del movimiento democrático cubano. El inminente reflujo que comienza después de una semana que ha estremecido a la opinión pública mundial no debe verse con pesimismo, sino como una oportunidad de prepararse adecuadamente para futuras batallas por la libertad.

 

Nadie podrá hacerlo por los opositores, y mucho menos desde el exterior. Nadie debe criticarlos por lo que no hubiera podido salir bien, o mejor, en estos momentos. Nadie debe pretender dictarles cátedra o hacer públicos supuestos o reales desaciertos: dejemos esa tarea a la dictadura, que ya lo está haciendo, siempre lo ha hecho.

 

Las protestas diarias de las Damas de Blanco, por el aniversario de la Primavera Negra del 2003, que despertaron tanta atención y admiración del mundo, terminaron el domingo 21 de marzo. Es materialmente imposible mantener esa efervescencia indefinidamente. Lo que han logrado es, sencillamente, impresionante.

 

Ahora entonces parece necesario que las Damas de Blanco se pregunten: ¿después de este momento, qué? ¿Qué hubiera podido hacerse mejor? ¿Qué no debimos haber hecho? ¿Cuál sería la estrategia apropiada a partir de ahora? ¿Qué tácticas serían más efectivas en los nuevos escenarios surgidos al calor de estas jornadas de victorias, civismo y valor?

 

Ellas sabrán encontrar por sí mismas las respuestas apropiadas, sin genios políticos del exterior que pretendan administrarles su coraje y decisión. Lo que tenemos que hacer todos fuera de Cuba es respaldarlas moralmente en términos inequívocos y absolutos, y contribuir a que el mundo conozca la realidad de los cubanos.

 

Guillermo Fariñas sigue enmascaradamente detenido en una sala de terapia intensiva en un hospital en Santa Clara, relativamente incomunicado con el entorno exterior en lo que se refiere a recibir suficiente información, alimentado por sueros, y con esmerada atención médica profesional, que se hace pública concientemente, no porque al régimen le interese en lo más mínimo la vida de ese negro de mierda, sino porque otra muerte de un huelguista de hambre sería demasiado escandalosa.

 

Con su abnegación y coraje Fariñas contribuyó decisivamente a poner el tema de los derechos humanos en Cuba en el centro de la atención internacional en estas gloriosas jornadas, y desenmascarar claramente al totalitarismo. La dictadura ha sentido muy claramente esa presión ¿Cómo va a reaccionar el régimen totalitario a partir de estos momentos? ¿Qué debe o puede hacer Fariñas en estas nuevas circunstancias? Le corresponde a él decidir, muy cuidadosamente; a nosotros, apoyarlo.

 

No sería conveniente que la oposición democrática cubana perdiera impulso en esta coyuntura, considerando que después de esta semana al rojo vivo las cosas se enfrían, pero tampoco sería conveniente que se precipitara irracionalmente y se lanzara a cometer imprudencias políticas que resultarían demasiado costosas. Los nuevos escenarios reclaman nuevas estrategias, o al menos la adecuación de las estrategias utilizadas hasta ahora.

 

Sin embargo, tampoco en este caso los consejos o las directivas podrán venir del exterior, y ni siquiera de las representaciones diplomáticas en La Habana. Son los opositores cubanos dentro de la Isla, con su coraje y su determinación, con todas las limitaciones en que tienen que llevar a cabo su tenaz resistencia a la opresión, y que sienten cada hora la presión represiva y los intentos descalificadores del régimen sobre ellos y sus familias, quienes deben considerar la situación actual y los escenarios que se avecinan para decidir como actuar.

 

El régimen intentará con todos sus recursos enfriar la situación y sacar el tema de los derechos humanos en Cuba del centro de la atención internacional. Confía en que en pocas semanas lo que ocupará la actualidad de las noticias sobre Cuba será el congreso de la juventud comunista y sus promesas y alegorías de nueva sociedad y hombres nuevos, alguna quema de libros o discos de cualquiera en Miami, una nueva reflexión de quien tú sabes, o el final de la serie nacional de beisbol en Cuba.

 

Y, en estos momentos, el drama de la nación cubana y la crisis del castrismo son demasiado colosales y profundos para que se vayan a diluir en las superficialidades y las tonterías que le interesan a la tiranía. No demos a los tiranos esa opción.

 

Aunque, al fin y al cabo, seguirán ladrando, porque tienen miedo.