Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

Las herejías en tiempos de Díaz-Canel

 

Partido, gobierno, confusiones y herejías

 

Desde que Miguel Díaz-Canel fue designado para el cargo de Presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros surgieron situaciones sui géneris en el país, que muchas personas no se preocuparon de detectar y mucho menos intentaron analizar, al estar demasiado ocupadas con la cantaleta de llamar peyorativamente “cucharita” al nuevo gobernante, por aquello de la burla popular cubana de que ni pincha ni corta.

 

Sin embargo, no solamente se manifestaron tales nuevas situaciones sino que ya se comienzan a ver sus efectos, pero aparentemente siguen siendo invisibles para muchos, invidentes ante realidades concretas y dedicados a escrudiñar en simplezas como tratar de inventar juntas militares dirigiendo el país, pero lo que mencionamos hace unas pocas semanas ya en estos momentos es totalmente evidente, aunque muchos no parezcan haberse enterado todavía.

 

Lo cierto es que la cúpula de la pandilla castrista anda confundida, porque no está preparada y no sabe como abordar la realidad de un poder repartido entre los estamentos del partido comunista y los del Estado y gobierno.  Y la razón reside en que Cuba es  un país donde las instituciones en los últimos sesenta años han sido ridículamente débiles o inexistentes, la disciplina administrativa deja mucho que desear, y la capacidad de los dirigentes en todos los niveles no es un requisito más importante que la lealtad perruna para ocupar cargos de dirección, por lo que cada uno anda por su lado, no tanto porque pretendan ignorar a los demás como porque ni siquiera tienen ideas claras de por dónde pueden andar los otros.

 

Así tenemos que el presidente Díaz-Canel, aunque en ningún momento pretenda cuestionar abiertamente la autoridad y el liderazgo que debería corresponder a Raúl Castro por su autoridad “histórica” según los cánones de la dictadura castrista, resulta que simplemente por desarrollar un estilo de dirección propio ya parece controvertir a su predecesor, aunque no fuera por otra cosa que los casi treinta años de diferencia de edad entre el sucesor y el general sin batallas, y todo lo que eso implica no solamente en cuanto a estilos de dirección, sino también en cuanto a energías, hábitos y maneras de comportarse.  

 

Se vio, sin pretenderlo nadie, cuando el accidente aéreo del pasado 18 de mayo y la presencia casi inmediata en el lugar del siniestro del nuevo presidente: mientras en general a los cubanos no les sorprendió demasiado ver a Miguel Díaz-Canel en el lugar, a casi nadie pareció extrañarle la ausencia de Raúl Castro. Aunque posteriormente el propio presidente aclaró que la ausencia del capo di tutti capi se debía a que convalecía de una operación de hernia, si no lo hubiera mencionado no deberíamos creer que serían muchos los cubanos que hubieran notado su ausencia.

 

Porque no era común en el mediocre dirigente ahora en retiro administrativo, que no partidista, presentarse en los lugares de acontecimientos decisivos cuando se producían, sino normalmente tiempo después cuando ya las cosas se habían calmado, como ocurrió tras el paso de ciclones que azotaron la isla durante su mandato. Normalmente cuando Raúl Castro visitaba las zonas de desastre -en caso de que las visitara- ya los huracanes se habían alejado bastante de las costas cubanas o incluso se habían disuelto en lejanas latitudes.

 

Pero ahora se va viendo, prácticamente, en todas y cada una de las formas de actuar de Miguel Díaz-Canel, cómo se diferencia de sus predecesores, desde el vestuario de civil, combinando el protocolar para funciones que lo requieren con los jeans y camisas sin demasiada sofisticación para actividades “normales”, la forma de hablar, hasta en sus acompañantes, cantidad de “segurosos” que le protegen, presencia de su esposa en actividades oficiales, conversaciones con la población, tirarse selfies con cubanos de a pie en las calles, y muchos detalles de ese tipo, que ya comienzan a ser percibidos como herejías por los dinosaurios de la nomenklatura.

 

Y lo más terrible para quienes disfrutan de las posiciones más privilegiadas dentro del parque jurásico castrista es que el nuevo gobernante recuerda más al Fidel Castro joven que la leyenda propagandística oficial se ha encargado de engrandecer, embellecer y endiosar, que al mediocre anciano de su hermano, dirigente único hasta hace un par de meses, rodeado de otros tan ancianos y tan mediocres como él.  Y esa comparación que se realiza por parte de la población de a pie favorece al nuevo gobernante a la vez que no resulta nada favorable para las máximas autoridades partidistas que se suponen sean “la fuerza dirigente del país y de la sociedad”.

 

Mientras todo eso va sucediendo y el supuesto “cucharita” presidencial va ganado aceptación en parte de la población, al menos temporalmente (habrá que ver hasta cuándo si no comienza a ofrecer resultados concretos y mejoras específicas sin demorarse demasiado), se va haciendo cada vez más evidente que los funcionaros del partido comunista no tienen absolutamente nada que hacer que no sea interferir y retrasar el trabajo del gobierno o el funcionamiento de la economía.

 

De manera que la presencia de la representación partidista en equipos de trabajo del nuevo presidente -sea solicitada o impuesta- para visitar empresas e instituciones locales del gobierno y la administración pública, estando claro que en realidad esos personajes no tienen funciones específicas definidas, se reduce al de aves de rapiña volando sobre potenciales presas, vigilando todo lo que se dice y se hace, hablando generalidades, repitiendo lugares comunes, y recordando a todos con su presencia la existencia de un poder que, de acuerdo a lo que está establecido incluso constitucionalmente, está por encima de todo y de todos, aunque en realidad no tienen nada concreto que hacer ni aportan nada positivo a ninguna tarea del gobierno, la administración pública o la gestión empresarial.

 

Visita a la virgen

 

Una situación surrealista de este tipo se vivió en los últimos días, cuando acontecimientos sencillos y aparentemente sin trascendencia en cualquier país normal demostraron públicamente la fragilidad del funcionamiento de las nuevas estructuras de poder y la confusión de los guardianes de los textos sagrados, acostumbrados durante casi sesenta años a que se manifestara solamente una fuente de poder, y que en los últimos dos meses y pico tal poder se vea repartido, dejando a los papagayos ideológicos agarrados de la brocha cuando les quitan la escalera.

 

El presidente Díaz-Canel visitó esta semana la ciudad de Santiago de Cuba, en una visita de trabajo a donde también envió por separado a su mediocre vicepresidente Salvador Valdés Mesa. Pero, por primera vez en casi sesenta años de castrismo, el presidente del país decidió visitar el Santuario Nacional de la Virgen de la Caridad del Cobre, símbolo de la patrona y de la religión católica en Cuba, “como un peregrino más”, y sin que se tratara de acompañar a un Papa o a un visitante extranjero ilustre, sin tener ningún tipo de obligación protocolar de hacerlo.

 

Entró al templo y se detuvo unos minutos frente a la imagen de la Virgen. Estaba acompañado por otros dirigentes”, narró el rector del santuario. No tenemos que pretender adivinar determinada religiosidad en el nuevo gobernante, ni que forzó a sus acompañantes a postrarse ante la virgen, pero hizo algo que no se había hecho en seis décadas. Y de la misma manera que cuando dirigía el partido en la provincia de Villa Clara protegió de los trogloditas a un centro recreacional frecuentado por homosexuales, sin que ello significara una preferencia sexual alternativa para el hoy gobernante, sino un mensaje de tolerancia y rechazo a los cavernícolas, también esta visita al santuario parece tener mucho de tolerancia y de mensaje de apertura mental hacia la población a la vez que un alejamiento del dogma del “ateísmo científico” que tanto daño le ha hecho a nuestra nación y a todo el mundo.

 

La confusión se reflejó de inmediato en los libelos del régimen: Cubadebate, órgano propagandístico digital de la dictadura, que de debate solamente tiene el título, porque es una cantinela dogmática interminable y un debate sin oponentes, publicó en su web un video cuyo título anunciaba esa visita a El Cobre, pero al revisarlo no aparecía ni el presidente ni el santuario. Ni el libelo conocido como periódico Granma ni ninguno de los demás de la dictadura en todo el país reprodujo esa información. Y si se tiene en cuenta la poca penetración de la internet en la sociedad cubana y lo extremadamente caro de esos servicios cibernéticos en el país, está claro que tal información llegó solamente a una porción muy reducida de la población.

 

Solamente al día siguiente Granma, y tras él toda la prensa provincial o sectorial del régimen, hablaron de la visita, pero dando la información de manera tergiversada y minimizando el hecho del paso por el Santuario dentro de la información de un recorrido por diferentes puntos de interés del poblado de El Cobre, incluyendo un hotel en construcción, los proyectos de reanimación del cine local y de áreas de wifi y puntos de internet, cafetería, tiendas, boulevard, mercado, dulcería, heladería, y otras instalaciones, entre las cuales la mención a la visita del presidente al templo católico pasaba lo  más inadvertida posible.

 

¿Habían conversado con anticipación Miguel Díaz-Canel y Raúl Castro sobre la visita al Santuario? ¿O acaso sería una decisión “por la libre” del visitante durante el recorrido? ¿Qué tiempo demoró el aparato ideológico del partido para poder hacer “presentable” el paso del presidente por la instalación religiosa? ¿Habrá intentado quizás la inquisición periodística castrista ningunear al presidente y desdeñar la información de la visita hasta que recibió la orden de hacerla pública?

 

Sea como haya sido, la información del libelo sobre ese acontecimiento, donde no tuvo coraje para mencionar las palabras del rector del Santuario de que Díaz-Canel  “entró al templo y se detuvo unos minutos frente a la imagen de la Virgen. Estaba acompañado por otros dirigentes”, tuvo que terminar con un miserable párrafo donde de nuevo se trataba de minimizar el impacto informativo e histórico del hecho con este lenguaje, refiriéndose a la población de El Cobre: “Como es de imaginar, el destino principal lo constituye la Santa Basílica de la Virgen de la Caridad del Cobre, iglesia donde concluyó este periplo por una localidad llamada a convertirse con la Ruta del Cimarrón, los vestigios de la primera mina de cobre abierta en América y demás atractivos, en un nuevo polo turístico santiaguero”.

 

Pero para que todos sepamos la respuesta a las preguntas que acabamos de hacer, el mismo día en que apareció la casi invisible referencia sobre la visita al Santuario de la Virgen de El Cobre del presidente Díaz-Canel, el Granma presentaba su foto en el cementerio de Santa Ifigenia ante la Piedra con las cenizas de Fidel Castro, en posición de firme como “un soldado ante su Comandante en Jefe”. Para que nadie se equivocara, y muy especialmente para que no se vuelva a equivocar el nuevo presidente, el órgano del Comité Central del Partido Comunista de Cuba ordenó titular ese reportaje “Tributo a lo sagrado”. Se ha impuesto la ortodoxia más recalcitrante ante una posible apertura, Para todos ha quedado claro que en la Cuba castrista, la verdadera religión es la que  encabeza el Difunto en Jefe, y nada ni nadie puede rivalizar con su endiosamiento. Quien no acepte ese dogma estaría cometiendo una herejía.

 

¿Un ascenso que no fue?

 

Otro hecho significativo de la decadencia y confusión del neocastrismo herético contemporáneo de tiempos de Díaz-Canel fue la información publicada en primera plana por el libelo Granma con relación al dinosaurio burócrata y segundo secretario del partido comunista cubano, José Ramón Machado Ventura, donde lo menciona (por primera vez) como “Comandante de la Revolución”, tanto en el titular de una información sobre un pleno de la Unión de Jóvenes Comunistas como en el lead del primer párrafo del texto con la noticia. Y esto es algo demasiado significativo, porque se trata de un grado militar que hasta ahora solamente lo habían ostentado tres personas: Juan Almeida Bosque, Ramiro Valdés Menéndez y Guillermo García Frías, y por circunstancias muy específicas y puntuales que explicaremos inmediatamente:

 

Desde 1959 hasta 1976 los grados de oficiales militares en Cuba llegaban hasta tenientes, capitanes y comandantes (que era el equivalente al grado de mayor). Mientras crecían las fuerzas armadas cubanas se inventaron grados como subcapitán y primer capitán, además del capitán ya existente, así como comandante de brigada, de división, de cuerpo y de ejército, equivalentes a los de general en cualquier ejército del mundo, por aquel mito del castrismo de que las únicas personas que merecían esos grados de generales en Cuba eran los que los habían obtenido en las guerras de independencia.

 

Con el crecimiento desmesurado de las fuerzas armadas cubanas y sus intervenciones en las campañas africanas, se decidió abandonar ese mito y se establecieron los grados de coronel, general de brigada, de división, de cuerpo y de ejército, así como todas sus equivalencias en la marina de guerra.

 

Con esta situación, Juan Almeida, Ramiro Valdés y Guillermo García, que habían ganado sus grados de comandante durante la lucha guerrillera y eran personas de la más absoluta confianza de Fidel Castro, quedaban en una situación peculiar, porque en esos momentos no podían ser ascendidos a generales por no estar en activo en las fuerzas armadas, pero no deberían, dentro de la lógica de una sociedad militarizada como la castrista, verse con grados inferiores a los de un conjunto de generales que, casi todos, durante la etapa de la lucha guerrillera y los primeros años de la mal llamada revolución, habían sido sus subordinados en un momento u otro.

 

Entonces, el autócrata Fidel Castro, que disfrutaba de un grado militar que había sido creado por él mismo exclusivamente para él, el de Comandante en Jefe, inventó algo peculiar. Que no haya confusiones: normalmente Comandante en Jefe no es un grado, sino un cargo, que se ostenta con carácter temporal, mientras se  ocupa determinada responsabilidad. Así, el presidente de Estados Unidos es el comandante en jefe de las fuerzas armadas de los Estados Unidos mientras sea presidente; al terminar su mandato, el nuevo presidente pasa a ser el comandante en jefe y ex presidente saliente ya no tiene ningún mando sobre las fuerzas armadas. Así es normalmente en casi todos los países, que el comandante en jefe es tal mientras sea el máximo gobernante, monarca o dictador, pero no para siempre.

 

En Cuba era diferente: Fidel Castro tenía el grado de Comandante en Jefe de manera vitalicia, porque para él era un grado exclusivo, no un cargo. Entonces, en esas peculiares circunstancias, inventó también el grado de “Comandante de la Revolución” para sus tres compinches, y para nadie más, que se subordinaban exclusivamente a Fidel Castro. Con lo cual, entre otras cosas, intentaba limar diferencias entre sus comandantes principales y su hermano general sin batallas, convirtiéndolo de hecho en un primus inter pares (primero entre iguales) y no en un evidente superior, lo que posteriormente resultó muy útil en el año 2006 después de la enfermedad del Castro mayor, cuando su hermano y los tres Comandantes de la Revolución actuaron de conjunto como un Comandante en Jefe colectivo para poder controlar y manejar la transición de poderes ante la gravísima enfermedad y la prolongada, complicada y peligrosa convalecencia de Fidel Castro.

 

Según la disposición que creó ese grado y su correspondiente símbolo gráfico visual en las charreteras y gorras, se subordinaban exclusivamente al Comandante en Jefe y a nadie más, ni siquiera al ministro de las fuerzas armadas. Es decir, se trataba mucho más de una relación personal con Fidel Castro que institucional, porque no era un grado que se pudiera alcanzar mediante un camino de ascensos y expedientes, sino que dependía de la voluntad y el capricho del Comandante en Jefe, y que más nadie lo había recibido ni lo recibiría en vida de Fidel Castro, ni más nadie tenía facultad para otorgarlo.

 

Algunos extranjeros despistados, periodistas y académicos fundamentalmente, y algunos supuestos “expertos”, identificaban como Comandante de la Revolución a todo aquel que hubiera ostentado la estrella (grados) de comandante en la lucha guerrillera, con lo cual además de cometer un error histórico hacían el ridículo como especialistas, pues aunque con grado de comandantes hubo más de doscientas personas, los Comandantes de la Revolución como tal fueron solamente los tres mencionados.

 

¿Cancaneos en el Departamento Ideológico?

 

 Entonces, el supuesto nombramiento de un nuevo “Comandante de la Revolución” en el 2018, sería algo demasiado novedoso y peculiar, e indicaría que Raúl Castro (¿quién más podría ser?) habría otorgado al dinosaurio de su extrema y mayor confianza un grado similar al que habría conferido Fidel Castro a sus tres secuaces. Poco antes el general sin batallas le había conferido a Machado Ventura el título de Héroe Nacional del Trabajo, como si le hubiera dado por promover in extremis a su más cercano y confiable secuaz. Lo cual implicaría que Raúl Castro, con esta acción de crear un nuevo Comandante de la Revolución, se habría otorgado una facultad exclusiva de su difunto hermano, y de haber sido así podría decirse que lo debería haber hecho por alguna razón muy presionante.

 

Algo así como si ostentar exclusivamente el cargo de segundo secretario de un partido decadente y que no sabe en la actualidad cómo ejercer continua y concretamente su poder combinado con el de un jefe de Estado y gobierno que no es el mismo jerarca partidario, tendría demasiada poca autoridad real, aunque la tuviera nominal, para ejercer como “fuerza dirigente superior” del país. Lo cual significaría una debilidad demasiado peligrosa cuando se trata de dirigir estructuras carcomidas por el comején ideológico y al mismo tiempo anquilosadas por la antigüedad.

 

Pero cuidado con apresurarse a especular: resulta que esa información aparecida en Granma que mencionamos, no se ha replicó posteriormente en el resto de los libelos. De manera que el viernes 22 de junio, tanto en el propio Granma como en Juventud Rebelde, se mencionaba al dinosaurio como de costumbre, solamente como “José Ramón Machado Ventura, Segundo Secretario del Partido”, sin hacer referencia en ninguna parte al supuesto grado de Comandante de la Revolución, lo que debería haber sido prácticamente obligatorio si la información del nombramiento fuera correcta y el hecho estuviera confirmado oficialmente. Porque en Cuba es prácticamente imposible que todos los libelos propagandísticos del régimen no repitan exactamente lo mismo, sobre todo en un tema tan trascendente como este.

 

De manera que en realidad parece que existirían tres posibilidades en este caso.

 

Una: el propagandista que trabaja diseminando desinformación en el libelo Granma (que en Cuba les llaman periodistas) metió la pata hasta las narices con esa “información” errada y herrada, sacada de quién sabe dónde, y ya en estos momentos, por tal tamaña estulticia, podría haber sido “tronado” y enviado a parar a cualquier rincón oscuro de la geografía del archipiélago, tal vez hasta con algún que otro directivo del “órgano del partido” que a esta hora podría estar cesante o al menos con una terrible e inolvidable reprimenda.

 

Porque de esa caterva de incapaces no se espera calificación extrema sino canina incondicionalidad, pero eso no supone que la incapacidad, el despiste o la superficialidad sea tanta que le vayan a otorgar a quien supuestamente debe ser el segundo al mando del partido y quizás el  tercero en la lista del poder, solamente por detrás del general sin batallas y de Miguel Díaz-Canel, un grado de Comandante de la Revolución que solo ha otorgado Fidel Castro durante sesenta años de historia de la llamada “revolución” cubana a tres personas, una de ellas ya fallecida hace varios años, y que solamente podría otorgar en  estos momentos el propio Raúl Castro y nadie más, ni siquiera el nuevo gobernante, porque ese grado tiene que ver con la historia y la leyenda de los “históricos”, que ya utilizaban estrellas en sus charreteras cuando aun Díaz-Canel no había nacido.

 

Dos, el propagandista que trabaja diseminando desinformación en el libelo Juventud Rebelde (que en Cuba les llaman periodistas) no estaba enterado de un nombramiento tan trascendente para la distribución del poder en el país, y entonces tanto él como algún directivo de su ridículo libelo ya deben estar pagando las consecuencias de su raquítica información. Lo mismo podría decirse  con relación a los jenízaros periodísticos del libelo Granma y los demás periodicuchos de segunda y tercera categoría que no repitieron el supuesto nuevo grado del dinosaurio en las ediciones posteriores de los libelos donde publican.

 

O tres, que el Departamento Ideológico del partido estuviera funcionando tan mal que aunque efectivamente se hubiera producido tal nombramiento, los canales internos del aparato de propaganda partidista no se hayan movido con la suficiente celeridad para que todos los libelos repitieran inmediatamente la misma información como si fueran el Coro de los Niños Cantores de Viena, aunque desafinados, por supuesto, por lo que el jefe de tal miserable departamento ideológico tendría que dar explicaciones a algún jerarca que estaría muy pero muy incómodo, jerarca que pudiera ser hasta el mismo eventualmente ascendido al peculiar grado, pero que no había podido disfrutar todavía de que la población hubiera sido informada adecuadamente de sus nuevos grados.

 

Como quiera que sea, las cosas parecen no estar funcionando de la mejor manera posible en el anteriormente bien engrasado mecanismo de embrutecimiento de la población a través de la propaganda castrista.

 

Uno está tentado a decir que algo huele a queso en Dinamarca. En Dinamarca tal vez sí, pero en Cuba no hay queso, al menos para las grandes masas de la población, ni siquiera a veces en las tiendas que venden en moneda fuerte, aunque a los cubanos se les paga en moneda blanda. Demasiado blanda.

 

Tal vez sería mejor decir, aunque no sea la forma más elegante de hacerlo, que en la Cuba castrista en tiempos de Díaz-Canel muchas cosas huelen muy fuerte, y no precisamente a flores.

 

Dejamos a cada lector que imagine a qué precisamente es que huele.