Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

La sucesión de Raúl Castro: mitos y realidades

 

Cada día está más cerca la movida de Raúl Castro para dejar los cargos de Presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros en manos del sucesor designado -nunca electo democrática y competitivamente por la población- mientras que el general sin batallas seguirá ejerciendo el poder desde el cargo de Primer Secretario del Partido Comunista. De nuevo, y, como es costumbre en el tema cubano, donde todo siempre está envuelto en el misterio, comienzan a surgir, como hongos en primavera, expertos y pronosticadores con las más variadas y pintorescas “teorías” y elucubraciones.

 

Y se repiten indiscriminadamente las imprecisiones y superficialidades, alimentadas y alentadas muy sutilmente por la propaganda castrista, moviéndose continuamente alrededor de cuatro sofismas muy convenientes para la dictadura castrista: 1) que Raúl Castro abandonará el poder dentro de algunas semanas; 2) que Cuba se encuentra envuelta en un profundo proceso de “reformas” desde hace varios años; 3) que en Cuba existen grupos “liberales” y “conservadores” dentro de los mecanismos del poder, que pugnan porque su “candidato” sea seleccionado como el sucesor de Raúl Castro; y 4) que la sucesión se llevaría a cabo siguiendo estrictamente todos los requisitos y procedimientos establecidos en la constitución.

 

Cuatro evidentes falsedades necesita el Palacio de la Revolución para tratar de legitimar más aun al régimen o al menos lograr que su existencia sea  aceptada, aunque fuera a regañadientes, en el ámbito internacional, y que buscan como objetivo final conseguir atraer las inversiones, créditos y convenios de “colaboración” imprescindibles que puedan garantizar la supervivencia del casi cadavérico “modelo” neocastrista implantado por Raúl Castro, para que los herederos familiares y beneficiarios de la dictadura -cómplices y compinches- puedan continuar disfrutando de las mieles del poder sin tener que enfrentarse a la justicia o a la ira popular.

 

Veamos con un poco más de detalle estos sofismas:

 

1)      Raúl Castro abandonará el poder dentro de algunas semanas

 

Constitucionalmente, la soberanía nacional no está en manos del pueblo cubano, sino de la pandilla gobernante que detenta el poder desde 1959, encabezada primero por Fidel Castro y desde el año 2006 por su hermano Raúl Castro.

 

Por esas mismas condiciones, el máximo nivel de decisión en Cuba no corresponde ni al Estado ni al gobierno cubano, sino al Partido Comunista de Cuba, según el malhadado artículo 5 de la espuria constitución socialista, que señala textualmente: “El Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista- leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”.

 

Tal postulado conforma la “base jurídica” y la justificación de toda dictadura comunista en el mundo a lo largo de la historia. Durante el “desmerengamiento” de cualquier país del llamado campo socialista y de la Unión Soviética, bastaba que se hiciera desaparecer el artículo de ese tipo en cualquiera de las constituciones para que, casi automáticamente, comenzara a desmoronarse el castillo de naipes de la dictadura y el poder de los comunistas se les escapara como agua entre las manos.

 

No es nada sorprendente que tanto en China como en Vietnam, donde los comunistas mantienen férreamente el poder a pesar de los extraordinarios avances de ambos países en el campo de la economía, gracias a profundísimas reformas en los mecanismos económicos, y de que individuos privados acumulan  actualmente enormes sumas de capital y riqueza, esos artículos constitucionales que garantizan la preeminencia del Partido Comunista en el poder no solamente no han sido modificados, sino que en ningún momento ni siquiera se ha cuestionado su existencia.

 

De donde puede desprenderse que el famoso y gastado mito decimonónico de que el poder económico asegura el poder político ha dejado de ser válido en todos los países comunistas desde finales del siglo 20, tanto en el llamado socialismo real europeo que colapsó totalmente, como en los feudos comunistas que aun se mantienen en Asia. En el caso de Corea del Norte existen determinadas particularidades, pero tal vez la diferencia fundamental, independientemente de los nombres y eufemismos que se utilicen para describir ese infierno, es que no se trata de un país comunista clásico, o ni siquiera “socialista”, según los cánones de las ciencias políticas contemporáneas.

 

Y esas realidades demuestran, además, que la resistencia de la dictadura cubana a realizar reformas económicas verdaderas y permitir la prosperidad de los cubanos no se basa en concepciones ideológicas erradas, sino en una supina incultura general que no posibilita a la gerontocracia guerrillera, con mentalidad de mediocre clase media rural desde sus mismos orígenes, crear las condiciones imprescindibles para modernizar el país manteniéndose en el poder, como han hecho los comunistas chinos y vietnamitas desde el siglo pasado.

 

Esa camarilla dirigente del partido comunista cubano tiene su núcleo fuerte en los “históricos” que lideraron la revolución desde las guerrillas en la montañas, o que posteriormente se destacaron y ascendieron en las campañas africanas y las múltiples injerencias subversivas en el resto del mundo, y como militares han dirigido siempre el país como se dirige un campamento, sin  tener en cuenta para nada las instituciones y superestructuras jurídicas y legales, mientras han controlado siempre los principales resortes del poder, ya fuera ocupando ellos mismos los cargos fundamentales o designando para ocuparlos a incondicionales que únicamente actuarían como desearan sus “padrinos”, a los que siempre les besarían la mano sin atreverse a cuestionar sus directivas ni con el pensamiento.

 

De donde tenemos que llegar a la conclusión de que, independientemente de quien sea la persona que ocupe formalmente los máximos cargos del Estado y el gobierno, el poder en Cuba se ejercerá verdaderamente, en las condiciones actuales del castrismo, desde el cargo de primer secretario del partido comunista, con el apoyo directo de la camarilla del buró político del partido y de los militares cercanos a Raúl Castro.

 

Más aun, en última instancia, el poder se ejercerá férreamente por parte de Raúl Castro independientemente del cargo que ocupase, o incluso si no ocupara cargo alguno -como fuera el caso de Deng Xiaoping durante muchos años-, aunque formalmente la condición de primer secretario del partido le correspondería hasta abril del 2021, si la barca de Caronte no pasara a recogerle para el último viaje antes de esa fecha.

 

Aunque algunos adivinos de horóscopos políticos señalan que estatutariamente el primer secretario podría ser sustituido de ese cargo por un pleno del comité central del partido comunista -como fue el caso con Nikita Jrushov en la Unión Soviética en 1964- no parece lo más probable que tal variante pueda darse en la finca de los Castro, a menos que se presentaran serias complicaciones de salud que impidieran al general sin batallas continuar “sacrificándose” en su cargo y fuera sustituido, como sucedió con su hermano el comandante en el 2006.

 

Y aun así, la historia recoge que no se celebró entonces ningún pleno del comité central ni nada por el estilo, y ni siquiera una reunión del buró político, sino simplemente se hizo pública una “Proclama” de Fidel Castro “al pueblo de Cuba” renunciando a sus cargos “con carácter provisional”, y traspasando los mismos a su hermano, a la vez que designaba a determinados acólitos para continuar determinadas delirantes tareas que hasta ese instante dirigía el caudillo y que, por cierto, con el tiempo fueron desechadas sin mucho escándalo por Raúl Castro.

 

2) Cuba se encuentra envuelta en un profundo proceso de “reformas” desde hace varios años

 

Por otra parte, refiriéndonos en detalle al segundo sofisma de las supuestas “reformas” económicas que se estarían llevando a cabo en Cuba desde hace algunos años -ninguna de ellas de carácter político, a las que el régimen teme como el diablo a la cruz-, hay que decir que solo permiten a los cubanos poseer teléfonos celulares pagando por los servicios de telefonía precios prohibitivos, o trabajar por cuenta propia paseando perros, pelando frutas o rellenando fosforeras supuestamente irrellenables, hasta el escaso privilegio de ser dueños de pequeños restaurantes privados (llamados en Cuba paladares) o rentar habitaciones para el turismo. Pero al mismo tiempo hay que señalar que esas autorizaciones suponen infinidad de restricciones para poder comenzar a funcionar, así como durante el desarrollo de sus actividades, mediante corruptos inspectores creando las más disímiles dificultades a los “cuentapropistas” (la palabra “privados” está prohibida en el léxico gubernamental), abusivos mecanismos impositivos fiscales, y todo bajo la absurda directiva de impedir a toda costa el “enriquecimiento” de esas personas a través de esas actividades.

 

Como bien ha señalado un destacado economista y profesor universitario residente en la isla, Cuba es el único país del mundo que en vez de combatir la pobreza se dedica a combatir la riqueza, aunque esta se pueda obtener trabajando dura y legalmente. Por eso, quienes hablan en Cuba de supuestas reformas económicas serias (como en China o Vietnam) o de las famosas PYMES (pequeñas y medianas empresas como existen en todo el mundo) no saben lo que están diciendo, porque tales instituciones ni existen en el país ni está previsto que puedan existir en algún momento en base a los “lineamientos económicos y sociales” impuestos por el inepto partido comunista para intentar lograr un inexistente e imposible “socialismo cubano próspero y sustentable”.

 

Los temores y miedos de la dictadura se dispararon en cuanto comprobaron que quienes trabajaban fuera de las instituciones y empresas estatales no solamente iban logrando sobrevivir, sino también prosperar y, más peligroso aún para el régimen, tenían la aceptación y simpatías del público, de los clientes que aprovechaban sus servicios y que quedaban satisfechos con los resultados, a diferencia de cuando son considerados como “usuarios” y maltratados, como sucede habitualmente en las empresas y centros estatales. Eso desató un proceso con el que comenzaron a poner trabas a los “cuentapropistas” y a acusarlos de todos los males que provoca la ineficiente administración estatal, desde la escasez de productos hasta las colas o los precios que surgen de los mecanismos de oferta y demanda, y los reaccionarios del gobierno pasaron a tomar medidas represivas “ejemplarizantes” contra los privados, desde el establecimiento de precios “topados” (máximos) determinados centralmente, hasta la prohibición terca y arbitraria de determinados servicios de alta demanda por la población, con la pretensión de que fuera el Estado el único autorizado a ofrecerlos, aunque históricamente las ofertas estatales hayan sido insuficientes, ineficientes, de baja calidad y precios abusivos.

 

La represión no se detuvo en los trabajadores independientes, y se extendió hasta las llamadas “cooperativas no agropecuarias”, a las que se le han establecido limitaciones y prohibiciones extremadamente rígidas y abusivas, a la vez que se ha decidido no otorgar nuevas licencias para este tipo de organizaciones, lo mismo que desde hace meses se estableció, supuestamente “con carácter provisional” en las autorizaciones para otorgar licencias para restaurantes privados (paladares) o renta de habitaciones para turistas.

 

De manera que, después de este breve repaso por algunas de las realidades cubanas contemporáneas, podemos señalar claramente que ni Raúl Castro estaría abandonando el poder en abril de este año 2018 aunque se retire de algunos cargos formales del Estado y gobierno, ni en Cuba se están llevando a cabo reformas económicas significativas, sino que en este momento más bien lo que existe es una contrarreforma absolutamente conservadora y reaccionaria, con el partido comunista atrincherándose en las posiciones extremas más ortodoxas del estalinismo económico, y con perspectivas de retroceder aun más, incrementando simultáneamente la represión política y social para asegurar al máximo las clavijas del poder en función del nuevo y flamante “presidente” designado por Raúl Castro.

 

3) En Cuba existen grupos “liberales” y “conservadores” dentro de los mecanismos del poder, que pugnan porque su “candidato” sea seleccionado como el sucesor de Raúl Castro

 

Ciencia ficción de la más barata y poco seria pensar que dentro de las filas del castrismo puedan existir “sectores” o grupos que pugnen entre sí para establecer sus posiciones por sobre las de otros grupos diferentes con posiciones discordantes.

 

No se trata de que entre los componentes del verdadero poder castrista no existan criterios diferentes, o incluso posiciones diferentes sobre determinados temas. Pero tras la enfermedad de Fidel Castro en el 2006, las diferentes corrientes subyacentes en pugna se las arreglaron para encontrar un acomodo de supervivencia, y todos los temas pendientes, si no fueron resueltos en aquellos momentos con el establecimiento del “Comandante en Jefe colectivo”, integrado por los únicos tres Comandantes de la Revolución que existen en el país agrupados tras la figura de Raúl Castro,  al menos tales enfoques encontrados quedaron lo suficientemente postergados para que no representaran interferencias en la implantación y consolidación de los enfoques neocastristas sustentados por Raúl Castro.

 

Enfoque que aquí en Cubanálisis hemos llamado “neocastrista” desde hace muchos años y que en los últimos tiempos cada vez se menciona más esa categoría para referirse al estilo de dirección del general-presidente (aunque, naturalmente, sin otorgarnos los créditos correspondientes, como lamentablemente es costumbre cuando se trata de temas cubanos en los medios y el ciberespacio), que implica una serie de particularidades del estilo de dirección de Raúl Castro que lo diferencian sustancialmente del modelo caótico y desordenado de su hermano mayor, y caracteriza la forma de dirigir y tomar decisiones del general sin batallas, pero sin abandonar en lo más mínimo las esencias dictatoriales y despóticas impuestas por el Comandante en Jefe durante casi medio siglo de dirección unipersonal y absoluto desprecio no solamente a las opiniones de sus colaboradores más cercanos, sino incluso también a esos mismos colaboradores que lo rodeaban y halagaban continuamente.

 

Ese estilo neocastrista, aunque más flexible y menos prepotente que el clásico modelo del fundador de la dictadura, concede determinados espacios a los colaboradores para poder presentar opiniones y criterios a Raúl Castro cuando este lo solicita, con su estilo forjado dirigiendo al máximo nivel dentro de las fuerzas armadas por casi medio siglo, pero eso no implica en ningún momento, ni por ninguna circunstancia, el derecho a formar o integrar grupos o sectores dentro de los mecanismos del poder que puedan al menos cuestionar la máxima autoridad partidista, estatal o gubernamental, y mucho menos actuar de alguna manera, abierta o solapada, contra tales autoridades.

 

Ni el partido comunista de Cuba ni los aparatos estatales y gubernamentales en la finca de los hermanos Castro dejan espacio para algún tipo de disenso organizado o espontáneo, ni para sectores “de oposición” o con posiciones y tendencias diferentes, tales como serían eventuales posturas “liberales”, “ortodoxas”, “reformistas” o “conservadoras”, para solamente mencionar algunas posibilidades, como podría suceder y de hecho sucede continuamente en partidos políticos de países democráticos y libres, pero que resulta un fenómeno imposibilitado de germinar y florecer bajo la férula de los hermanos Castro, donde los disensos se pagan, en el mejor estilo estalinista, con purgas radicales en el mejor de los casos, con penas de prisión, y hasta con el fusilamiento de verdaderos o supuestos colaboradores que en algún momento se apartan de las líneas oficiales. O tal vez sería más correcto decir que se apartan de las líneas y posiciones castristas vigentes en cada momento, y que varían según soplen los vientos de los deseos, las necesidades o los oportunismos.

 

4) La sucesión se llevaría a cabo siguiendo estrictamente todos los requisitos y procedimientos establecidos en la constitución

 

Habría que añadir a todo lo anterior que el “delfín” que herede el trono-bomba castrista, además de los problemas de la crisis económica estructural de la economía cubana, la falta de productividad nacional, la escasez de moneda fuerte, la descapitalización del país, la indisciplina social, la infraestructura destruida, la población abúlica, descreída y solamente pensando en emigrar hacia cualquier país, la corrupción galopante, y la falta de prestigio de los dirigentes, entre otros muchos problemas, tropezará también con una complicación constitucional adicional que le resultará problemática para desempeñar ese cargo.

 

La constitución cubana de 1976, modificada en 1992 y enmendada apresuradamente por el régimen en el año 2002 declarando “irreversible” el socialismo cubano (blindándose frente a cualquier proyecto disidente que pretendiera modificar la constitución en favor de la población), fue diseñada en los años setenta del siglo pasado, cuando los soviéticos exigieron al régimen un mínimo de institucionalización en el país como condición obligatoria para continuar subsidiando la debacle castrista.

 

Tal constitución fue hecha a la medida del dictador. Establecía que una misma persona sería Presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, además de Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas. Lo único que faltó a esa constitución hubiera sido establecer con carácter obligatorio que el nombre de esa persona tendría que ser Fidel Castro. En reuniones no públicas cuando se estaba diseñando ese monstruoso  documento jurídico, Raúl Castro lo justificó con el criterio de que Fidel Castro era la imagen de la revolución cubana, y que el encarnar él todos los máximos poderes en su persona era la mejor garantía de que la revolución estaba en buenas manos y nunca podría ser derrotada.

 

Sin embargo, cuando en 2008 Raúl Castro se hizo cargo oficialmente de los poderes que había heredado “con carácter provisional” en 2006, continuó asumiendo todos los cargos en una sola persona, quizás él también considerándose a sí mismo la imagen y el garante de la invencibilidad de “la revolución” cada vez más abstracta que a partir de entonces sería dirigida por él y nadie más.

 

Cuando en 2013 el así llamado por los aduladores general-presidente anunció que el que comenzaba sería su segundo y último período como presidente, se anunció también, y se ratificó posteriormente en congresos del partido comunista, la necesidad de una reforma constitucional, que supuestamente debería materializar, entre otras cosas, la separación de los cargos de Presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros en una sola persona.

 

Sin embargo, como es casi una costumbre inveterada en el régimen castrista, nada se cumple a tiempo y siempre se añaden a los proyectos iniciales entuertos y remaches que complican más aun las cosas. De manera que, dentro de pocas semanas, el heredero designado se haría cargo de la presidencia de los Consejos de Estado y de Ministros, lo que supondría una acumulación de poderes en una misma persona que no fuera uno de los hermanos Castro.  Por eso, aunque el verdadero máximo poder continúe radicando en el primer secretario del partido, varios cargos y responsabilidades para un solo sucesor no necesariamente sería bien visto por muchos.

 

Otra variante sería modificar la constitución a la carrera y mediante decretos, sin ningún tipo de consulta “popular” previa, lo que no sería imposible, porque en ese Macondo tropical que es la finca de los Castro, conocida también como República de Cuba, cualquier cosa resulta posible, y una constitución más o menos no es ningún obstáculo insalvable para un dictador interesado en ajustar determinadas regulaciones que le resulte conveniente llevar a cabo.

 

Los candidatos aparentemente con más posibilidades para suceder a Raúl Castro

 

Como podrá comprobarse fácilmente, no tendría sentido ponerse a especular, o pretender adivinar, a partir de cero o del aire, posibles nombres para conformar las quinielas de los eventuales sucesores en la cúpula castrista estatal y gubernamental, sin tener en cuenta todos los factores que se derivan de las realidades del poder en la pobre Cuba de hoy.

 

Solamente después de analizar esos cuatro factores fundamentales mencionados a lo largo de este trabajo, es decir, 1) el presunto interés de Raúl Castro de “abandonar” el poder, 2) las supuestas “reformas económicas” en las que estaría imbuida Cuba bajo la guía del general sin batallas, 3) la “pugna” entre supuestos grupos de presión dentro de los mecanismos del poder castrista; y 4) la necesidad de modificar la constitución vigente para que se adapte a la realidad de un “jefe” de Estado y gobierno que no sea uno de los hermanos Castro, es que tendría sentido comenzar a preguntarse quién o quiénes podrían ser los posibles sucesores del actual dictador en los cargos de jefe de Estado y jefe del Gobierno, sin olvidar nunca que Raúl Castro seguirá manteniendo el cargo más importante, que es el de primer secretario del oprobioso partido comunista cubano.

 

Análisis serio y complejo que evidentemente hay que llevar a cabo en profundidad pretendiendo descifrar el futuro y las características de los personajes que estarán en las principales responsabilidades estatales y gubernamentales cubanas dentro de pocas semanas.

 

Pero eso requerirá, naturalmente, tiempo suficiente para abordarlo en profundidad y con el mayor nivel profesional y analítico posible, motivo de otro trabajo específicamente sobre los posibles candidatos, que publicaremos próximamente en estas páginas.