Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                                                          Dr. Eugenio Yáñez

                                                                                                                                                            

 

LA SOLUCIÓN CORRECTA AL PROBLEMA EQUIVOCADO

 

Está perfectamente claro, y es absolutamente justo, como insiste Estados Unidos, considerar que si el gobierno de Raúl Castro quiere convencer al mundo de que el país se enrumba a una apertura democrática debería comenzar liberando los prisioneros de conciencia.

 

Sin embargo ¿de dónde sale la idea de que el régimen cubano tenga interés o intención de enrumbarse hacia una apertura democrática?

 

En honor a la verdad, nunca el gobierno encabezado por Raúl Castro, ni en tiempos de su provisionalidad ni a partir del 24 de Febrero, cuando asumió oficialmente los cargos de Presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, ha declarado, prometido o ni siquiera sugerido o dejado entrever esa opción.

 

Entonces, cuando se plantea la lógica condición sine qua non de la liberación de los prisioneros de conciencia como evidencia de que el país y el régimen pretenden una apertura democrática, se le está dando respuesta a una pregunta que no existe, que no está planteada: se está buscando la solución correcta al problema equivocado. 

 

Algo así, para que se entienda, como declarar a un jugador en condición de “offside” en un partido de baseball, o querer considerar home-run cuando un futbolista patea la bola fuera del terreno: aplicar correctamente las reglas del juego en el partido equivocado.

 

Cuando el régimen habla de democratización de la sociedad cubana, lo está haciendo en el marco de lo que define como sus propias reglas de juego, que no se basan en las libertades  individuales, el multipartidismo y el estado de derecho, tal y como se definen en la cultura occidental y moderna, sino en un oscuro concepto ideológico de una llamada “democracia socialista” donde las cosas son según convenga al régimen.

 

Esta falacia no hay por qué aceptarla, ni hay que aceptar cualquier versión de dictadura como una variante tropical y peculiar de democracia, naturalmente: los apellidos de la democracia siempre son tramposos  y pretenden ocultar su esencia.

 

Nada sustituye ni puede substituir la libre y periódica elección de los gobernantes por parte de los gobernados, ni la obligación de esos gobernantes de rendir cuentas a los gobernados en el marco de un estado de derecho, sea en un presidencialismo como el latinoamericano o en una democracia parlamentaria como la europea.

 

Pero estos criterios, que son universalmente aceptados como resultado de la experiencia de la evolución histórica de la humanidad durante muchos siglos, no constituyen los marcos jurídicos ni políticos sobre los que se estructura el poder en la Cuba de hoy, ni los que el régimen mantiene en cartera para próximos pasos.

 

Cada país es soberano para establecer las normas y los principios en los cuales basar su enfoque de política exterior y las normas y principios sobre los cuales mantenerlos en sus relaciones con los demás países del mundo.

 

Por lo tanto, si el gobierno de Estados Unidos considera que no debe haber ningún tipo de relaciones con el régimen cubano mientras éste no se ajuste a las normas universalmente aceptadas de lo que es una democracia verdadera y un estado de derecho, claramente esa es una decisión absolutamente soberana del gobierno de Estados Unidos.

 

Y si ese estándar hacia Cuba no se aplica de igual forma a China, Vietnam, Pakistán,  Arabia Saudita, o Siria, por los motivos y razones que se quieran alegar, sigue siendo de igual forma una decisión soberana del gobierno de los Estados Unidos, basada en un conjunto de intereses de nación que no siempre se logran entender, pero que se basan en condiciones y objetivos de la política de Estados Unidos. Al fin y al cabo, a pesar del petróleo y los mercados, los intereses de EEUU en su traspatio, donde se encuentra Cuba, se calibran de manera diferente a los del Medio Oriente  o Asia.

 

Esto no quiere decir que tal política por parte de EEUU garantice que se obtengan los resultados que se pretendieran alcanzar, o que el resto de los países del planeta establecerán y mantendrán sus relaciones con el régimen cubano sobre las mismas políticas, normas y principios que lo hace el gobierno de los Estados Unidos.

 

Ni tampoco que todos los que no lo hagan de igual forma que Estados Unidos pequen de políticas antidemocráticas ni sean cómplices del régimen cubano: las conductas de cada país en sus relaciones internacionales se establecen sobre los principios, pero se ejecutan en base a los intereses: ambos elementos no son necesariamente coincidentes, y en muchas ocasiones pueden ser contradictorios.

 

Dejando a un lado las emociones cavernícolas, es difícil considerar que Canadá no sea una nación democrática donde impera el estado de derecho, o que sus relaciones con Estados Unidos no sean modelo de amistad, fraternidad, colaboración, coordinación y buena vecindad. Pero los intereses de Canadá en relación a Cuba difieren de los de EEUU.

 

Entonces, las noticias de Mayo 9 nos dicen:

 

“Cuba y Canadá acordaron intensificar sus relaciones políticas y económicas, sobre todo en el área de turismo, minería y agricultura, tras una reunión entre ambas cancillerías, según un comunicado oficial publicado este jueves en el diario Granma.

 

Ambas partes constataron el buen estado en que se encuentran las relaciones bilaterales, en especial, el desarrollo de los vínculos económico-comerciales y de cooperación así como las potencialidades de expansión”.

 

Tampoco puede decirse que España no tenga en su haber un comportamiento democrático ejemplar después de llevar a cabo la impecable transición desde la dictadura del autoritarismo a una monarquía constitucional moderna.

 

Y el mismo día nos dice un cable desde España que “el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, ha afirmado hoy que si las autoridades de Cuba hubieran permitido esta semana viajar a España a la filóloga Yoani Sánchez para recibir un premio 'habría dado más credibilidad' al proceso de apertura que parecen querer desarrollar en la isla”.

 

Pero ese mismo PSOE que continúa en el poder tras una reelección lograda hace muy poco, con relación a EEUU o Canadá enfoca sus relaciones hacia el régimen cubano de manera diferente , lo cual no es sinónimo de eficiente, inteligente, o decente.

 

Y mientras critica, con razón, determinadas posiciones totalitarias y absurdas del régimen, desarrolla una estrategia basada en el diálogo, que no resulta del agrado de demasiados cubanos, pero que responde a los intereses del gobierno español y de los muchos capitales españoles invertidos en Cuba en los últimos tiempos, que quieren estar "ahí" antes que "los demás", para cuando suceda "algo".

 

Más aún, el gobierno español intenta arrastrar tras su política hacia Cuba a la totalidad de la Unión Europea, para dejar sin efecto lo poco que ya queda de la llamada política común, y extender un cheque en blanco, o al menos un voto de confianza, al régimen de Raúl Castro, y presiona fuertemente por lograrlo en la próxima cumbre europea, por lo que intenta ponerlo sobre el tapete en la venidera cumbre de Lima.

 

Hasta dónde puedan resultar agradables o simpáticas las posiciones de Canadá o de España y la Unión Europea hacia Cuba en estos momentos es algo muy diferente a creer que tanto Canadá como los europeos no tienen vocación democrática o conciencia de las realidades cubanas, aunque sus percepciones puedan ser discutibles o incómodas desde otros puntos de vista que puedan manejar los cubanos del destierro o de dentro de la Isla.

 

El régimen sucesorio en Cuba ha venido manejando con relativo acierto y resultados su política exterior, utilizando todos los recursos a su alcance. En estos momentos, haciendo mucho menos evidente la ideología pura y dura, ha aprendido a combinar sus intereses políticos con relaciones puramente comerciales y de colaboración,  todas a la vez.

 

Con Vietnam ha logrado que se le garanticen para el presente año 400,000 toneladas de arroz, en medio de la incertidumbre mundial por la disponibilidad de alimentos, mientras Filipinas, por ejemplo, cliente mucho más cercano y más “culturalmente arrocero" que Cuba, no ha logrado obtener esas garantías por parte de los vietnamitas.

 

En próximos días visitará la India la mayor delegación que Cuba haya enviado a ese país en toda su historia, compuesta de 26  funcionarios gubernamentales y empresarios “privados” de las corporaciones, no para asistir a los congresos de los dos Partidos comunistas hindúes, que ya se hizo anteriormente, sino a negociar durante diez días proyectos de joint-ventures y convenios con posibles socios comerciales como el gigante de los automóviles, Tata, Exim Bank, y la Corporación de Comercio del Estado, además de fabricantes de computadoras y electrónica, y productores de alimentos.

 

Mientras que por La Habana han desfilado en estos días jefes de gobierno y cancilleres de Panamá, Jamaica, Granadinas y San Vicente, Libia, Bolivia, y Timor Leste, donde bajo la bandera del Movimiento No Alineado, agrupaciones regionales, o simple vecindario, se sostienen relaciones con el gobierno cubano, se acuerdan convenios, o simplemente se reactivan, ratifican o amplían anteriores compromisos.

 

Y en semanas recientes pasaron muchos más, desde que el cardenal Tarcisio Bertone, la segunda figura del Vaticano, convenientemente en visita pastoral en el país al momento de la institucionalización de la sucesión, fue recibido por Raúl Castro.

 

Hasta donde se conoce, el tema de los prisioneros de conciencia en Cuba no se aborda en estas visitas y conversaciones, o si se hace será de pasada, colateralmente, y no complica el resto de los asuntos en agenda.

 

La excepción fue precisamente el cardenal Bertone, quien abordó con el recién estrenado Presidente el tema de la carencia de valores en la juventud, así como el de los prisioneros de conciencia, recibiendo como respuesta del general Castro una nada velada petición de explorar con Estados Unidos un posible canje de prisioneros Primavera Negra - Red Avispa.

 

Todo este entramado de política exterior se desarrolla bajo estricto control de la máxima dirección del país y la secretaría de relaciones internacionales del partido, donde se reduce a lo discreto y lo administrativo, y en ocasiones queda muy de lejos, el cada vez menos flamante canciller Felipe Pérez Roque.

 

Por cierto, ¿se acuerdan de ese nombre? Durante los diecinueve meses de provisionalidad de Raúl Castro los “expertos” extranjeros y muchos del patio aseguraron hasta la nausea que era uno de los candidatos favoritos para reemplazar a Fidel Castro al frente del país, o por lo menos para convertirse en “el número dos”, mientras Cubanálisis-El Think-Tank expresaba categóricamente que este individuo era paisaje y nada más.

 

Actualmente tales expertos podrían considerarlo, al menos, “el número ocho”, porque los “siete samuráis” de la Comisión del Buró Político están por encima de él; o más exactamente “el número once”, puesto que el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés, el Jefe del Estado Mayor General y el Secretario de la CTC le pasaron por al lado en su ascenso al Buró Político; o más justamente podrían considerarlo “el número veintidós”, considerando que no está por encima de los miembros del Buró Político.

 

El régimen se las arregló, desde fines del año anterior, para dejar en minoría a Estados Unidos, junto a Israel, Islas Palau y Comores, frente a 184 naciones que condenaron “el bloqueo” contra Cuba en ese complicado instrumento en que ya se ha convertido la Asamblea General de Naciones Unidas: 184 gobiernos, desde impecables democracias como Suecia y Australia hasta brutales tiranías como Bielorrusia y Sudán, se basaron en los intereses de cada uno de ellos para votar a favor de tal resolución, a pesar de las realidades cubanas que no ignoran.

 

Estados Unidos, por su parte, días antes de esa votación, había propuesto por boca de su presidente, en un discurso dirigido hacia Cuba, crear un Fondo para la Democracia en Cuba, que estuviera disponible para ayudar a los cubanos en su transición a la democracia.

 

Bajo el control de los Secretarios de Estado y de Comercio de Estados Unidos ese Fondo debería coordinar con el resto de las naciones para que contribuyeran al mismo, a fin de poder contar con los recursos necesarios en el momento oportuno: hasta donde se conoce, más de seis meses después de aquel discurso presidencial, no existe información pública sobre el monto recaudado.

 

Aparentemente, la propuesta del régimen cubano para poner en la mesa de negociaciones el tema de los prisioneros de conciencia en un canje por los espías de la “Red Avispa”, juzgados y condenados en Estados Unidos y definidos en Cuba como héroes antiterroristas, que eventualmente se transmitiría en la visita del Papa a Estados Unidos, no prosperó.

 

No hay que rasgarse las vestiduras por la inmoralidad de la propuesta desde Cuba, ofreciendo canjear espías por periodistas y opositores pacíficos: bajo intereses, más que  principios, se canjeó al Coronel USA Francis Gary Powers, derribado en un avión U-2 sobre la URSS, por el coronel soviético Rudolf Abel, capturado como espía en USA años antes. O se negoció la liberación de Andei Sajarov en la URSS por la de Luis Corvalán, secretario general del partido comunista, en el Chile de Pinochet.

 

Tampoco parece haber prosperado una eventual petición directa que habría planteado la disidente Marta Beatriz Roque al presidente Bush en una teleconferencia días atrás, desde la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, para flexibilizar las restricciones de viajes familiares de cubanos desde Estados Unidos a la Isla, y de envío de remesas monetarias.

 

Al menos, en su más reciente discurso donde abordó el tema de Cuba, días después de la citada videoconferencia, el presidente Bush no dio señales en esa dirección. Es posible que Estados Unidos considere que, más que comenzar con algún acercamiento entre iguales, es necesario un primer paso desde Cuba, unilateralmente, tal como la liberación de prisioneros, para entonces cambiar su enfoque actual.

 

Así las cosas, todo hace pensar que no se producirán modificaciones de importancia en el ajedrez actual entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba en los próximos meses.

 

Decir que el diálogo que hace falta que se lleve a cabo es el del régimen cubano con su pueblo es tan exacto como decir que en todo triángulo rectángulo el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos: pero ello no cambiaría la realidad del estado actual de la interacción Cuba-EEUU.

 

A menos que una evolución inesperada en el escenario cubano creara condiciones que lleven al régimen a la necesidad de flexibilizar su posición, porque, del otro lado del Estrecho de La Florida, los escenarios previsibles para los próximos meses en EEUU no parecen suponer evoluciones inesperadas que llevarían a la actual administración a tener que modificar sus posiciones frente al régimen.

 

De lo contrario, nada cambiaría. Y seguirían de ambas partes afincados en el fundamentalismo político actual, nada pragmático, nada de realpolitik: levanten el bloqueo - mantengan el embargo; los cinco héroes prisioneros del imperio - la Red Avispa; los mercenarios pagados por el imperialismo - los prisioneros de conciencia.

 

Acusaciones de “raulismo” pueden ser lanzadas contra este análisis, pero adjetivos para la descalificación no cambian para nada las realidades políticas ni el contenido analítico de este trabajo.

 

Corresponderá a la próxima administración al frente del país a partir de enero del 2009, cualquiera que sea, definir un enfoque de la política de EEUU hacia cada país del mundo, incluido el régimen cubano, para aplicar durante su mandato, o al menos en el comienzo, y dicha administración deberá determinar si mantiene los lineamientos actuales, los ajusta, los modifica, o busca estrategias diferentes frente al gobierno de Raúl Castro, quien ha dejado abierta la puerta para una eventual conversación con la próxima administración, pero parece no esperar nada nuevo de la actual.

 

Es pleno derecho soberano del próximo gobierno norteamericano, pensando en los intereses de Estados Unidos y los de la propia administración, definir sus estrategias hacia el régimen. Y no hay que considerar como algo inevitable que los principios y los intereses marcharán agarrados de la mano. Ni tampoco lo contrario.

 

Pero sí fuera factible que esa estrategia que decida establecer la nueva administración lograra resultados en el sentido de propiciar o desbrozar caminos que contribuyan a una democratización de la sociedad cubana, sería maravilloso.