Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                                                          Dr. Eugenio Yáñez

                                                                                                                                                            

 

La “penúltima” muerte de Fidel Castro

 

Esta muerte de Fidel Castro duró cinco semanas: el periodismo impreso y digital de tercera dijo de todo. Deseos, no evidencia. Si Chávez dice que no regresa, es cierto, si dice que está “vivito y coleando”, es falso: lógica bipolar. Raúl Castro pasea por el mundo con “el Jefe” moribundo-muerto: gana tiempo, niega el cadáver a Bush, y Obama es sorprendido. Sueño-catarsis, nadie se sonroja ni disculpa, la policía de Miami coordina, Cristina Kirchner miente, el exilio es muy maduro, mientras en Cuba buscan frijoles y carne de puerco para sobrevivir, porque no hay nada que celebrar. Macondo sin Melquíades ni hielo.

 

El tema de la salud de Fidel Castro es visto muchas veces en blanco y negro. O se murió, o se está muriendo, no hay más opciones, aunque eso de estarse muriendo sucede a todos los que estamos vivos, continuamente: es un hecho biológico, no político. En caso contrario, está “entero”, “mejor que nunca”, jugando basketball.

 

No hay grises. Ni en la Tribuna Abierta Antiimperialista de La Habana, ni en la Tribuna Abierta Anticastrista del Versailles. Entre marchas agobiantes del pueblo combatiente o tazas de café cubano y “cortaditos” Miami se lleva la mejor parte gastronómica, pero en la ideológica hay empate testarudo sobre la salud “del tipo”: ambos tienen razón, ninguno tiene razón.

 

Ni está vivo ni está muerto. Lo cual, por otra parte, no tiene la menor importancia después que ya se murió el 26 de julio del 2006 y tuvo Proclama por epitafio y sucesión por procesión. Castro ha muerto, viva (el otro) Castro. Pero en estos temas lo menos importante parecen ser las evidencias: aquí pecan intelectuales y cavernícolas, generales y doctores, obispos y embajadores.

 

¿Había esta vez señales a tener en cuenta y observar muy de cerca? Naturalmente. Se han mencionado tantas veces que no hace falta repetirlo. ¿Eran definitivas, concluyentes, más allá de toda duda? Absolutamente no: Raúl Castro no viajaría a Venezuela y Brasil, ni estaría preparando un viaje a Rusia, si las cosas estuvieran complicadas. Quienes tenían "información" de movimientos de tropas y unidades militares alrededor de La Habana tal vez estén dedicando demasiado tiempo a películas de acción y video-juegos, porque el aburrimiento en las unidades militares del país era el de siempre.

 

Dijeron algunos “conocedores” que la causa del extrañamiento de Fidel Castro hubiera podido ser una gran pelea con su hermano por esto o aquello. Imposible: si hubiera sido así, quien no sacaba la cabeza ni en los centros espirituales hubiera sido Raúl Castro, no el Comandante, que hubiera inundado la prensa con sus “reflexiones”. ¿Hace ya tanto tiempo de los huracanes en serie del 2008 que se olvidaron de los diecinueve días que Raúl Castro estaba “al mando” por teléfono, mientras “el compañero Fidel” escribía con intensidad olímpica sobre ciclones, deportes, economía, y sobre cualquier cosa?

 

Si alguien se hubiera dedicado a sumar la cantidad de artículos y “posts” sobre el tema y las supuestas razones que se argumentaban, la cuenta llegaría a millares. Pero en realidad eran todas variaciones sobre un mismo tema, reproducción aquí o allá de la reproducción de la reproducción, todo basado, desde los orígenes, en especulación absurda y falsificaciones burdas de "noticias" o "informaciones confiables", a las que solo se cambia el título del post, muchas veces entre ridículo y patético. Si a toda esta parafernalia se le suman los comentarios de los lectores que se agregan a lo que se publica, serían decenas de miles, quizás cientos de miles, de opiniones, criterios, argumentos y conclusiones.

 

Algunas opiniones dan risa: no fue Fidel Castro quien recibió a Cristina Kirchner, sino “un doble”. Ciertamente, los servicios de protección presidencial en muchos países pueden recurrir a “un doble” como medida de resguardo del líder, pero generalmente se hace visualmente, lo más alejado posible de las personas, y evitando que hable, para que no se note la impostura.

 

La seguridad personal cubana tendría entonces “un doble” de Fidel Castro que no solo es “igualito” a él, sino que habla, piensa y conversa como él, capaz de sentarse a muy pocos metros del visitante por un buen rato y hacerle creer que es el de verdad. De ser así, tal “doble” merece un premio Oscar especialísimo, en homenaje a la actuación de toda una vida, y todos los premios de representación artística del mundo.

 

Además, esa historia del “doble” supone que todos los visitantes son unos perfectos idiotas para no darse cuenta del gran engaño, la gran burla: el Metropolitano de la Iglesia Ortodoxa de Moscú, el presidente chino Hu Jintao, el presidente ruso Dimitri Medvedev, la presidenta argentina.

 

Sin embargo, hay otra versión del “doble” mucho más sofisticada, porque la común es demasiado burda: el “clon”. Fidel Castro ha sido clonado, y aunque ya falleció se mantiene su clon, para que reciba a los visitantes extranjeros, porque el régimen necesita “ganar tiempo”.

 

No es lo mismo clonar una ovejita en Inglaterra que a Fidel Castro en Cuba, al menos es lo que parece: de ser cierto, los que lo lograron merecen mucho más que el Premio Nóbel, porque han sobrepasado a Aristóteles, da Vinci, Galileo, Kant, Newton, Einstein, en pleno Marianao, comiendo croquetas y montando guaguas chinas.

 

El patetismo se incrementa con acusaciones propias de la década de los cuarenta o cincuenta del siglo pasado, o de tiempos de la Mata Hari o Fu Man Chu: la foto ha sido trucada, o se trata de una figura de cera del Comandante, y la presidenta argentina se prestó a la jugarreta gracias a maletines repletos de dólares que financiaron su campaña, o a fotos "comprometedoras" que tendría la inteligencia cubana sobre la señora Kirchner. Ella dijo que Fidel Castro vestía ropa deportiva azul, pero en la foto parece negra; la altura de Castro en la foto no se corresponde con la de la presidenta argentina; las sombras se proyectan de manera sospechosa; esto y lo otro. Los que tienen un poquito más de seso dicen que se trucó con un programa Photoshop. Ciertamente, este software permite realizar tales montajes, pero demora más tiempo crearlo que descubrir que la foto ha sufrido manipulación.

 

Que si son tres fotos, cuerpo entero, medio cuerpo o "close up", y solo se ha visto una, ¿que más da? Basta un "crop" en cualquier computadora con Windows para lograr diferentes planos de cualquier foto, sin falsificarlas. El tema decisivo se escapa: ¿es o no es Fidel Castro? ¿está vivo, aunque su salud esté deteriorada, o está muerto y la foto es falsa? Y si fuera falsa, ¿cómo, por qué y para qué la presidenta de Argentina se prestaría a tal comparsa? Es sorprendente cómo se cierran los ojos a la realidad y las mentes se aferran a los atavismos más absurdos y ridículos. ¿Tía Tata cuenta cuentos?

 

Con ochenta y dos años y medio de edad, múltiples operaciones de urgencia, y enfermo de “secreto de estado”, es lógico que se agarre del brazo de quien tenga al lado para sostenerse, y eso expresa que está débil, pero no lo define como cadáver. No tiene nada que ver con la valoración político-moral de su persona. Fidel Castro terminará sus días como un balsero más, pero en la balsa de Caronte, y llegará a su destino con “pies secos”, porque de seguro no será devuelto a Cuba. Será fiesta para muchos, que sabiéndolo o no, bailarán el fracaso de no haber impedido que mandara como quiso durante más de medio siglo, destruyera hasta la miseria el país y la nación, y muriera no con las botas, sino con el traje deportivo puesto.

 

La frustración necesita catarsis y sublimación, así que hay que aferrase a la idea de que el régimen necesita “ganar tiempo”. Habría que preguntarse, parafraseando una desdichada expresión, “tiempo ¿para qué?”, después de dos años y medio de una sucesión tranquila y sin sobresaltos, como había sido prevista, y de tres huracanes seguidos en un lapso de dos meses, sin que el régimen tuviera que preocuparse demasiado por su estabilidad inmediata.

 

En tres horas se ponen en completa disposición combativa todos los regimientos de tropas especiales y tanques en La Habana, la Brigada Fronteriza en Guantánamo, y la totalidad del aparato de la seguridad, se encadena radio y televisión, se “visita” a los disidentes uno por uno, refuerzan las postas del Regimiento de Embajadas y las unidades de los Guardafronteras, comienza la movilización de fuerzas regulares y, de ser necesario, las reservas y milicias territoriales, y se informa a las embajadas cubanas en el extranjero.

 

Después de, a más tardar, veinticuatro horas, ya no hay tiempo que ganar, no hay más nada que hacer: si no se definen las cosas y se lanza la noticia, tal movilización es un problema para Raúl Castro, un pasivo mucho más que un activo: en vez de ganar, pierde tiempo.

 

Tampoco hay que ver “una operación de la inteligencia castrista” cada vez que Fidel Castro desaparece para reaparecer posteriormente. Es cierto que en ocasiones esta acción ha jugado determinado papel, pero la “frustración” del exilio en estos momentos no es tan importante para el régimen para tener que provocarla de este modo, cuando tantas realidades lo hacen cada día, y de gratis.

 

La pista más sencilla y elemental la dio el propio Raúl Castro hace unos días cuando habló con los periodistas: “¿Creen ustedes que si (Fidel) está grave yo estuviera risueño aquí?”, dijo.  Próximamente voy a dar un viaje a Europa. ¿Creen que yo puedo salir de aquí si Fidel estuviera grave?”. La primera oración no es definitoria: podría fingir esas risas, pero la segunda es clara como el agua: no se iría a Rusia si las cosas fueran como se cuentan en el ciberespacio histérico. Y en otra entrevista señaló que "Fidel no está ni mejor ni peor (...) hace ya dos años y medio que está enfermo (...). Hablé con él el martes pasado antes de la reunión del Buró Político. Si estuviera grave no me marcharía a Rusia".  

 

Pero “analistas” y “periodistas” no pueden desviar su atención hacia tales nimiedades ni banalidades en que insisten en Cubanálisis-El Think-Tank, esos que quieren aguar la fiesta cuando ya se acordó cerrar la Calle Ocho para poder desarrollar en orden las celebraciones, porque “todo el mundo sabe” que el desenlace es inminente, si es que no sucedió ya.

 

Necesitan “hits” desesperadamente, y lectores, oyentes, televidentes, reconocimiento, aplausos, recursos, y están en todo su derecho a buscarlos: algunos viven para eso, otros viven de eso, aunque quizás un poco de ética y rigor profesional no les vendría nada mal. No es asunto nuestro. Que les vaya bonito. Ahora tienen por delante la visita de la presidenta de Chile, Michele Bachelet, y del de Guatemala, Álvaro Colom, después que Raúl Castro regrese de Rusia, y ya el embajador mexicano en La Habana declaró que "el presidente Felipe Calderón  podría visitar Cuba a partir del mes de febrero y sería recibido por el comandante Fidel Castro". De no ser recibidos los ilustres visitantes por el Comandante la prensa podría volver a especular sobre su salud, y si son recibidos se podrá volver al "doble", el "clon" y la foto trucada.

 

Hace ya mucho que es hora de comportarse como adultos y dejarse de tonterías: la enfermedad de Fidel Castro es secreto de estado de verdad, muy serio, no cosa de juego. Habrá que enterarse de su fallecimiento cuando el régimen lo anuncie. Ni los servicios de inteligencia de Estados Unidos han logrado acercarse a la verdad. Nadie va a saberlo, en Cuba, Miami, México o Madrid, por un pariente cubano que es amigo del vecino de una muchacha hermana de la querida de un primo de una enfermera que trabaja en el CIMEQ. Telenovelas sobran.

 

Es una gran pena que, en medio de tanto caos “analítico-festivo” se les escapen a esa pléyade de super-especialistas detalles tales como que, aparentemente, se ha detenido, o al menos avanza muy lentamente, la entrega de tierras ociosas en usufructo, para dar una enésima oportunidad a las empresas estatales; o que, aparentemente, tampoco  se vislumbran cambios inmediatos en Radio y TV Martí, a pesar de su probada ineficacia y los recientes llamados de disidentes en la Isla a reconsiderar la programación; o que Raúl Castro visitará Rusia y Bielorrusia próximamente para recomponer más aún y consolidar las relaciones con la antigua metrópolis. O la redefinición de la estrategia internacional del régimen para lidiar con la administración Obama. Parece que serían detalles sin importancia, ¿no…?

 

El canciller cubano Felipe Pérez Roque acaba de decir en Guatemala que Cuba “aspira a tener relaciones normales y respetuosas con Estados Unidos, no considera al pueblo norteamericano su enemigo, y estamos seguros que puede haber cooperación en la lucha contra narcotráfico y terrorismo y juntar esfuerzos para que la migración sea ordenada sin tráfico de personas”. Debe traducirse el último tema de interés, el del tráfico de personas, enfocado como andanada contra la Ley de Ajuste Cubano.

 

Evidentemente, con la presidencia de Barack Obama parecen evidentes serias revisiones de la política hacia Cuba, lo que no significa que EEUU venderá su alma al diablo, dando todo a cambio de nada, sino que tratará de recomponer las absurdas e ineficientes estrategias de George Bush.

 

Por otra parte, se ha desatado una extraordinaria fascinación latinoamericana por el tema cubano, y los gobiernos del sub-continente parecen haber decidido al unísono mirar hacia el otro lado en temas de derechos humanos y democratización a cambio de "ganarle" a EEUU la batalla cubana, solicitando en masa el levantamiento del embargo y la normalización de relaciones con Cuba a cambio solo de promesas y esperanzas de que, una vez normalizada la situación, Cuba entraría en un camino de democratización.

 

Los estrategas del café con leche y el chocolate con churros seguirán hablando de levantamiento del embargo, liberación de presos de conciencia, "oportunidades", y poniendo en mente o boca de Barack Obama lo que nunca ha dicho, pero ya el régimen advierte que puede sentarse a la mesa con Estados Unidos a discutir cooperación en la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y el tráfico de personas. ¿Quién dice que Cuba no está dispuesta a negociar? No menciona nada de derechos humanos, prisioneros de conciencia, restricciones migratorias ni democratización de la sociedad: esos temas se presentan como asuntos internos del pueblo cubano que no tiene por qué discutir con "el imperio".

 

Ya parece delinearse con claridad en el horizonte la estrategia cubana para la era Obama: mostrar al mundo una disposición a negociar, y negociar en temas que Estados Unidos tiene interés en resolver, como narcotráfico, terrorismo y tráfico de personas. Simultáneamente, "subir la parada" en las demandas cubanas, para que Estados Unidos no pueda aceptarlas a cambio de nada, y que las cosas no avancen mucho más si no hay evidentes ventajas para Cuba. Es posible que los "cinco héroes", ya tasados y ofrecidos a cambio de los prisioneros de conciencia en una operación repatriación-deportación, cedan espacio de propaganda a los reclamos por la devolución de la Base Naval de Guantánamo a cambio de... ¿qué?

 

Es interesante constatar que tanto el Castro mayor como el menor, por separado, reconocen en Barack Obama, además de inteligencia y carisma, determinada buena voluntad y propósitos, pero ya le “serruchan el piso” por adelantado, alegando que “el sistema” no le permitirá llevar adelante sus buenas intenciones.

 

Pretexto adecuado para, cuando se compliquen las cosas, alegar que si no mejoran más las cosas no fue por falta de voluntad del régimen ni del Presidente Obama personalmente, sino culpa del “establishment”,  “el imperio”, “la mafia de Miami”. No por gusto Fidel Castro no dice que Barack  Obama asumió el cargo de Presidente de los Estados Unidos, sino la jefatura del imperio, y no se refiere a él como el 44º presidente del país, sino como el Presidente número once de Estados Unidos, desde el triunfo de la Revolución Cubana en enero de 1959. Obtusa mentalidad de calendario revolucionario, de Danton y Robespierre, o de faraón. ¿Casualidad? En eso pueden creer los enamorados, no los profesionales del análisis.

 

Raúl Castro acaba de declarar al periódico ruso Izvestia que "comenzaremos a insistir con más firmeza para el cierre de la base, y aprovecho esta entrevista para declararlo por primera vez" (...) "para ellos esta base no tiene ninguna importancia militar. Desde un punto de vista militar, es un verdadero problema para ellos". 

 

Fidel Castro filosofa en su “reflexión” del día 22 de enero y señala: “He reducido las Reflexiones tal como me había propuesto para el presente año, a fin de no interferir ni estorbar a los compañeros del Partido y el Estado en las decisiones constantes que deben tomar frente a dificultades objetivas derivadas de la crisis económica mundial. Yo estoy bien, pero insisto, ninguno de ellos debe sentirse comprometido por mis eventuales Reflexiones, mi gravedad o mi muerte”.

 

Que se lo había propuesto es algo que no puede verificarse. Y las “dificultades objetivas” se deben, según él, a la crisis económica mundial, no al desastre de las políticas y estrategias que impuso, contra natura, durante medio siglo, a su nomenklatura y a todos los cubanos, entre insultos, paredón, mítines de repudio, prisiones, aventuras “internacionalistas”, movilizaciones, delaciones, marchas del pueblo combatiente, y emigraciones masivas, y que una gerontocracia inmovilista y mediocre no sabe, no puede y no quiere enfrentar.

 

Esta es una “reflexión” con olor a despedida práctica, no porque piense dejar de escribir o vaya a morirse mañana, sino porque sabe perfectamente que su tradicional conducta de dinosaurio de la guerra fría no cabe en un mundo globalizado inspirado por Barack Obama, quien en menos de una semana de gestión presidencial, con órdenes ejecutivas, ha tomado decisiones que le granjearon de inmediato apoyo mundial, como las referentes al cierre de la prisión de Guantánamo y las cárceles secretas de la CIA, así como prohibir la tortura en interrogatorios, y ha creado gigantescas expectativas con sus promesas de nuevos enfoques hacia América Latina. Sin que esa fuera la intención, ha nulificado el "legado" de George Bush el 43º en pocos días. En ese nuevo escenario no será fácil pretender desprestigiar al presidente de los EEUU como se hacía con Bush, ni siquiera en el circo interno, nacional, aún cuando Obama en el futuro tome medidas que no serán las más populares en la arena internacional.

 

La "reflexión" también refleja, valga la redundancia, y aunque trate de ocultarlo, que está claro que ya no tiene la misma salud ni la capacidad de antes para influir o interferir, que la dinámica de los acontecimientos es tal y tan acelerada que ya no puede seguirse desde un lecho de enfermo, que la crisis cubana es tan grande y tan profunda que no basta con “reflexiones” desde el Olimpo y amenazas de represión para acometer las tareas, y que “los compañeros del Partido y el Estado” están muriendo de parálisis mientras leen lo que él escribe y esperan por sus “orientaciones”.

 

Es el reconocimiento de que ya no puede hacer nada y, lo que más le duele, que ya no hay nada que hacer, y quiere al menos asegurarse un funeral por todo lo grande, aunque insiste en mantener una conducta de terquedad y soberbia, incapaz de la humanidad o la humildad de los seres, precisamente, humanos, sabiendo que tal vez su “obra” lo podrá sobrevivir a él por un tiempo, pero no a la “generación histórica” que tímidamente pretende apuntalar la ya muy carcomida “revolución” que dejó de serlo hace mucho tiempo.

 

Esa es la verdadera muerte de Fidel Castro, la real, la que ya ocurrió y la que cuenta: la otra, la biológica, cuando suceda, será solamente paisaje y anécdota, con muchas plañideras y gran abundancia de declaraciones idiotas, desde intelectuales de izquierda a jefes de estado, pasando por académicos y “líderes” de cualquier cosa, editoriales kafkianos y propuestas dementes, allá o aquí.

 

Después de él y de los funerales de faraón en bancarrota moral no será nunca el diluvio que algunos predicen y tantos imaginan, sino solamente un viento platanero y un chubasco, que durarán el tiempo que respiren los “históricos”, que en realidad son unos pocos, con edad y salud muy parecida a la del Gran Enfermo.

 

Solamente entonces, con el paso arrollador e inevitable de la biología, Barack Obama será visto en Cuba democrática como lo que es, el 44º presidente de la nación más poderosa, rica y próspera del mundo, y no como “el Presidente número once de Estados Unidos, desde el triunfo de la Revolución Cubana en enero de 1959”.

 

Vanidad y soberbia: Estados Unidos ha podido cambiar de líder once veces en cincuenta años y seguir prosperando, pero Cuba en medio siglo no ha podido salir del apellido Castro y cada vez está peor. Pero a pesar de esa soberbia, la historia y los libros dirán que Fidel Castro gobernó Cuba con rígida mano de hierro y arruinó al país entre las presidencias de Dwight Einsenhower y Barack Obama, no al revés.

 

Para entonces, los cubanos ya no tendrán que esperar a que se mueran los dirigentes para realizar los cambios que consideren necesarios, porque elecciones libres cada cierto tiempo, constitucionalmente determinado, posibilitarán seleccionar a quienes los votantes consideren más capaces de dirigir al país para intentar el “milagro” y los cambios que no hicieron en medio siglo ni aquel líder carismático que declaran fallecido-resucitado cada cierto tiempo, ni la gerontocracia decadente y timorata que depende de la voluntad de un solo hombre y se mantiene aferrada al poder.