Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

                                                                                                     Dr. Eugenio Yáñez

                                                                                                                                                            

 

LA PARCA Y LA REELECCIÓN DE FIDEL CASTRO

 

Solamente con una profunda y amplia ignorancia de las realidades cubanas se puede suponer que el día 2 de diciembre, cuando se hagan públicas las listas de los nominados para “candidatos” a diputados, pudiera no estar presente, en destacadísimo lugar, el nombre de Fidel Castro Ruz.

 

A falta de noticias, quienes deben publicar continuamente, tanto sobre papel como en medios digitales, recurren al análisis… o las especulaciones.

 

Y ya comenzaron desde la semana pasada las relativas al “futuro político de Fidel Castro”, teniendo en cuenta que lleva dieciséis meses enfermo de “secreto de estado” y que su estado de salud es un misterio, aunque según las escasas declaraciones oficiales de algunos elegidos del régimen está viviendo el período de recuperación más largo en la historia de la medicina.

 

Primero, de acuerdo a su personalidad y sus rasgos de megalómano, un Fidel Castro que siempre pretendió estar en el poder hasta el final de sus días, ahora que lo está logrando, porque de vida ya no puede quedarle mucho tiempo, no se apartaría voluntariamente de sus cargos, que fueron creados especialmente para él, reuniendo en su personas las jefaturas del estado, el gobierno y el partido y el mando supremo de las fuerzas armadas.

 

Naturalmente, en estas “elecciones” que se realizarán en Cuba solamente entrarían en juego los cargos de Presidente del Consejo de Estado y Presidente del Consejo de Ministros, pues los cambios en la jefatura del Partido dependerían de un Congreso del Partido que no da señales ni siquiera de estarse preparando, o de un Pleno ampliado del Comité Central, que solamente tendría sentido tras la muerte del caudillo.

 

La nominación de diputados se realiza, de acuerdo a la ley vigente en Cuba, por las asambleas municipales (169 en total en el país) y, la mitad de los nominados se selecciona entre los propios delegados de las asambleas municipales, pues deben haber sido electos por el pueblo.

 

La otra mitad de los 614 diputados son propuestos por las comisiones de candidaturas que preside, adivinen… el partido comunista: esta mitad de elegidos del Olimpo no necesita elegirse directamente en “la base”, pues son tan queridos y amados por “el pueblo” que se nominan en las asambleas municipales sin necesidad de someterse a los mecanismos tan vulgares de la democracia.

 

Además, ¡oh, maravillas del totalitarismo!, ni siquiera es necesario residir en un municipio para ser nominado candidato a diputado por ese municipio. Si eso fuera obligatorio no alcanzarían los escaños de los municipios Playa y Plaza, donde reside una buena parte de los jerarcas de la nomenklatura, para nominar a tantos padres de la patria aferrados a sus mansiones del Nuevo Vedado, Kohly, Miramar, Siboney o Atabey.

 

¿Cuántos miembros del buró político o del comité central del partido comunista, ministros, viceministros, generales o embajadores residen en los municipios Cerro, Centro Habana, Regla, Guanabacoa, Marianao, La Lisa, Arroyo Naranjo, Habana del Este o La Haban Vieja no turística que no ha sido maquillada?

 

De acuerdo a las informaciones oficiales, casi el 50% de los delegados a las 169 asambleas municipales que elaborarán las listas de candidaturas para delegados provinciales (que integran los gobiernos provinciales) y para diputados a la Asamblea Nacional son nuevos en el cargo, es decir, han sido electos por primera vez, en las elecciones de base donde se eligen a los delegados del Poder Popular por circunscripción.

 

Esas asambleas municipales, durante varias semanas, han recibido seminarios de “capacitación”, han recibido “orientaciones” de los órganos municipales del partido, y han recibido las visitas de los “compañeros” del Ministerio del Interior que les atenderán durante todo este período.

 

Todos saben, pues se les ha informado directa y sofisticadamente, que el Comandante en Cama “se recupera satisfactoriamente”, que continúa publicando “Reflexiones” sobre los más diversos temas de la humanidad y la historia, a excepción de los problemas de Cuba y los cubanos, que asesora con su experiencia y sabiduría al visionario Hugo Chávez para que meta la pata continuamente y continúe buscándose problemas con cada vez más  gobiernos decentes y democráticos del mundo, y que “debemos tenerlo ahí”, como siempre, al frente de los destinos del país, creando amor, felicidad y prosperidad para los cubanos, aunque “provisionalmente” haya debido delegar sus enormes responsabilidades en su hermano el general.

 

Los delegados que repiten en el cargo saben perfectamente las reglas del juego, y si algunos de los novicios de ese 50% que ha comenzado recientemente hubiera tenido alguna idea diferente al respecto, con esos procesos de “capacitación” ya debe haber entendido perfectamente como son las cosas.

 

Como regla general en los últimos 30 años, desde que en 1976 se creó este mecanismo considerado por el régimen como “el más democrático del mundo”, Fidel Castro es nominado candidato por el municipio Santiago de Cuba, Raúl Castro por el municipio Segundo Frente, Juan Almeida por Arroyo Apolo (nació en la barriada de Santa Amalia), Ramiro Valdés por Artemisa, y Guillermo García por algún municipio de la provincia Granma.

 

Si hubiera cambios en esta “tradición” estarían relacionados con el lugar donde se produce la nominación, pero no con los nombres mencionados anteriormente, que incluyen al caudillo enfermo, su hermano el sucesor, y los únicos tres “Comandantes de la revolución” que han existido en Cuba.

 

Mientras cualquiera de estas cinco personalidades se mantenga con vida, aunque estuviera gravemente enfermo en una unidad de cuidados intensivos de un hospital, será nominado candidato. Como sucede también, aunque es menos visible por ser personas de más bajo perfil que los cinco anteriormente mencionados, con los miembros del buró político y los vicepresidentes del consejo de ministros.

 

Si a pesar de estas realidades y de la “capacitación” recibida, algún delegado electo para las asambleas municipales tuviera instintos de suicida, y pretendiera actuar de otra manera, tendría que enfrentarse a la votación del resto de los delegados de esa asamblea municipal. Hasta donde se sabe, en la historia de Cuba no se han reunido nunca tantos suicidas en un solo lugar, ni son tantos los suicidas cubanos en la era del totalitarismo.

 

Suponiéndose, en un escenario que resultaría fantástico más que hipotético, que la asamblea municipal decidiera no nominar como candidato a Fidel Castro, ¿cómo se le informaría esa noticia a la población? ¿Quién lo haría? ¿Y con qué argumentos? Haría falta, sin dudas, otro suicida.

 

Aparentemente, esa nominación de Fidel Castro como candidato a diputado se mantendrá para su sexta reelección consecutiva, muy probablemente por el municipio de Santiago de Cuba, “cuna de la revolución” de la que el Comandante se considera madre y padre.

 

Posteriormente, se realizarán las “elecciones” el 20 de enero, con la “estrategia del voto único”, que no es otra cosa que votar en bloque, y con otra “participación popular” del noventa y tantos por ciento de los electores, serán seleccionados los 614 diputados, que muy probablemente deberán reunirse en la Asamblea Nacional del Poder Popular para el 24 de febrero del 2008.

 

En esa primera reunión de la legislatura será elegido un Consejo de Estado, de 31 miembros, que dirige “colegiadamente” el país, y un Presidente del Consejo de Estado que es a la vez Jefe de Gobierno, y que ha sido Fidel Castro desde que el mecanismo fue creado en 1976.

 

¿Seguirá alguien creyendo que Fidel Castro no será propuesto, entre estruendosos e interminables aplausos, para Presidente del Consejo de Estado, lo que a su vez provocará una alegría “infinita” en todo el pueblo? ¿Será alguien capaz de pararse en esa Asamblea a declarar que tiene dudas de si el Comandante está en condiciones de salud física y mental para volver a ocupar esos cargos durante ese período de cinco años que comienza?

 

Y aunque apareciera alguien capaz de hacerlo, ¿cómo podría convencer al resto de los diputados? Con toda seguridad sería abucheado, despreciado y casi inmediatamente convertido en no-persona por haber dudado del Big Brother.

 

Como en estos temas de análisis político no se debe ser absoluto, y la realidad siempre resulta más compleja y creativa que el mejor de los análisis, podría dejarse espacio para un escenario donde el propio Fidel Castro enviara una carta a la Asamblea (ni soñar que él podría estar presente), o que “Carlitos” Valenciaga la leyera por televisión, como hizo con la “Proclama” del 31 de julio del 2006, pidiéndole a los diputados que no lo propongan ni lo elijan a él, por motivos de salud, y que den paso a “otros compañeros” que sabrán llevar adelante las tareas.

 

Después de la consternación inicial, vendrían los aplausos y los llantos; los correos electrónicos del mundo, los servidores de Internet y las redes de telefonía celular podrían colapsar. Mariela Castro, de visita quien sabe por qué país, hablaría incoherencias, Celia Hart escribiría alguna tontería sobre Trotski, y las declaraciones de Hugo Chávez, Evo Morales y Daniel Ortega pasarán a la historia como inolvidables tonterías.

 

Fidel Castro nunca ha hecho algo así ni en broma. A lo más que llegó, el 26 de julio de 1970, al anunciar el gran desastre nacional que provocó con su fracasada “zafra de los diez millones” que nunca fueron, fue decir, en medio de un discurso emocional y demagógico, que si quieren “busquen otro”, refiriéndose a él mismo.

 

Los aplausos no lo dejaron continuar, y comenzaron los coros de “Fidel, Fidel…” Hasta ahí solamente llegó. Y no hay que suponer que “busquen otro” hubiera significado que el Comandante estaba dispuesto a transferir el poder a ese “otro”. ¿Alguien se lo cree?

 

No parece probable un espectáculo de este tipo, pero no sería imposible. Al menos en el plano teórico no sería serio desechar totalmente esta posibilidad, aunque Fidel Castro no es un Deng Xiaoping capaz de retirarse en vida, sino más bien un Francisco Franco muriendo en la cama, ordenando hasta última hora, y convencido de que deja todo “atado y bien atado”.

 

Y quienes le rodean, su más cercano y reducido círculo de poder, están dispuestos a hacerle el juego hasta el último instante, con la agravante de que Cuba no es España, no hay un rey listo para asumir y representar al Estado, y no se sabe quien podría ser el Adolfo Suárez o el Joaquín Balaguer, aunque hay muchos aspirantes a Kim Jon Il en ese grupo.

 

Se habla del Stalin que falleció sin que sus adláteres supieran como comunicar la noticia, del Mao Zedong casi momia que se asomaba al balcón a “saludar” cuando casi no tenía uso de la razón, o del Brezhnev almidonado que parecía saludar a “su pueblo” desde la tribuna del Mausoleo.

 

No se habla mucho, sin embargo, de un caso menos espectacular pero mas dramático: el de Marcelo Caetano, dictador de Portugal, que enfermo con una lesión cerebral y sin poder gobernar seguía apareciendo como que lo hacía, “despachaba” con sus ministros y era el jefe de estado aunque no pudiera hacer nada.

 

El entorno de Fidel Castro aceptaría ese juego mientras el Comandante tenga vida, al menos clínicamente. Y ni Raúl Castro ni nadie se atreverían a cambiar esa realidad, como no se han atrevido a hacer nada más que mantener el status quo durante estos dieciséis meses en que el Comandante en Jefe no está muerto… ni está vivo.

 

Son diversas las variantes que podrán surgir en las próximas semanas, con relación a lo que ha dado en llamar ahora “el futuro político de Fidel Castro”. Dentro de poco podrá saberse como son las cosas, pero al menos para quien escribe estas líneas, el caudillo no renunciaría a sus cargos jamás, ni va a ser fácil encontrar en Cuba alguien capaz de presentar una moción de ese tipo.

 

Solamente un personaje puede hacerlo: La Parca.