Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

La isla de los misterios

 

Cada vez más, la Cuba de los hermanos Castro se envuelve en misterios y enigmas que nadie es capaz de explicar racionalmente, aunque abundan y sobran supuestos expertos y especialistas que tienen respuesta para todo, incluso muchas veces aun antes de conocerse cuáles son las preguntas.

 

Los “ataques sónicos”

 

No se trata solamente del misterio ya casi clásico y permanente titular en las noticias de los “ataques sónicos” en La Habana que han afectado a diplomáticos de Estados Unidos. Tras meses de denuncias, avisos y abundantes elucubraciones, se sabe cada vez menos del asunto, tanto fuera de Cuba como dentro de la isla.

 

El gobierno de Estados Unidos insiste en denunciar una serie de afectaciones a la salud de sus diplomáticos acreditados en La Habana, pero hasta el momento se ha cuidado bastante de no llegar a sobrepasar la línea que acuse directamente al régimen de ser culpable de tales ataques, aunque por otra parte insiste en la innegable responsabilidad del gobierno cubano por la incapacidad demostrada para proteger a los diplomáticos acreditados en su territorio, como establece desde hace muchos años la Convención de Viena que regula la seguridad y privilegios de todo el personal diplomático acreditado en cualquier país del mundo, y de la cual Cuba es signataria.

 

Las cosas se complican cuando entran en juego los detalles de la política interna en Estados Unidos. Así, cuando el presidente Donald Trump declara brevemente que considera al gobierno cubano “responsible” por la situación, refiriéndose a la obligación de La Habana de proteger al personal de su misión diplomática en Cuba, de inmediato surgen periodistas de pacotilla y académicos de ciencias ocultas y esotéricas que destacan en televisión, y sin ni siquiera sonrojarse, que cómo puede ser posible que el Presidente considere a la dictadura cubana culpable por los referidos ataques -algo que Donald Trump no mencionó en ningún momento- y que, sin embargo, no haga nada al respecto, Naturalmente, el trasfondo de ese mediocre birlibirloque dialéctico -aunque por supuesto no se dirá nunca de esa manera- deja entrever la aviesa opinión de que el presidente no sabe dirigir el país y que es una gran pena que no haya sido Hillary Clinton la preferida por los votantes en las elecciones del 2016.

 

Tanto ese tipo de periodista como ese tipo de académico dominan suficientemente el idioma inglés para comprender que “responsible” no es sinónimo de “accountable”, “liable” o “guilty”, y que el presidente se estaba refiriendo a la obligación de cualquier gobierno en el mundo de proteger a los funcionarios que cumplen funciones diplomáticas en los países receptores, y no estaba acusando directamente a la dictadura castrista de haber ejecutado tales ataques. Pero esto ocurre siempre que se quiere impulsar una agenda de intereses políticos partidistas americanos -trátese de demócratas,  republicanos, o independientes- donde lo menos importante son las evidencias.

 

El régimen en La Habana, aprovechándose de que Estados Unidos hasta el momento no le ha acusado directamente de haber ejecutado tales acciones -lo que tendría que ser considerado como un acto hostil que podría justificar severas represalias- basa su defensa en una negación absoluta y se hace la “víctima”.  Los voceros de la dictadura castrista repiten que no hay evidencias de que tales supuestos “ataques acústicos” ni siquiera se hayan producido, y aseguran que los muy escasos datos médicos conocidos podrían hacer sospechar de una macabra influencia de la “mafia de Miami” en los reportes médicos sobre esos pacientes anónimos.

 

Por consiguiente, si tales ataques nunca existieron, y podrían tranquilamente ser producto de mentes calenturientas en las calles de Miami, o sociedades ocultas y secretas dentro del gobierno americano que conspirarían contra el deshielo tan deseado por la dictadura cubana -dicen ellos-, ¿cómo podría acusarse al tan sacrosanto gobierno cubano de ser el responsable de un delito que nunca ha existido y que solamente beneficiaría a los “enemigos” de no se sabe qué?

 

Y tras tal razonamiento se han alineado de inmediato -como es natural- todo el aparato propagandístico del régimen, sus jenízaros, jineteros, sicofantes y alabarderos, así como la prensa internacional que se deslumbra con cualquier declaración de Mariela Castro, Eusebio Leal, o algún otro pacotillero ideológico de tercera categoría, a los que erróneamente identifican como reflejo de los verdaderos pensamientos y estrategias del poder profundo en Cuba. ¿Recuerdan cuando esa misma prensa identificaba a burócratas ilustrados -hoy caídos en desgracia- como los “arquitectos de las reformas” cubanas, o a alguno de ellos como el “número dos” del régimen?

 

Sin embargo, a pesar de todos estos factores, el gobierno de Estados Unidos no podrá continuar mareando la perdiz hasta el infinito, y tendrá que exponer sus conclusiones sobre la investigación en algún momento, más temprano que tarde.

 

Mientras las cosas no se definan, seguirán primando en ese ente abstracto que se conoce como “opinión pública” los criterios -razonables y fundamentados muchos de ellos, otros no- de que los diversos síntomas descritos en las eventuales víctimas podrían deberse hasta a complejas situaciones de histeria colectiva, y no son necesariamente reflejo de un ataque con determinado “armamento sónico”, que por otra parte no ha podido ser identificado.

 

Aunque ya algunos iluminados exiliados cubanos del Teatro de Operaciones Militares de la Calle Ocho han mostrado en cámaras de televisión imágenes con supuestos prototipos del “arma” utilizada, así como también han explicado en detalles -adelantándose a 17 agencias de inteligencia del gobierno de Estados Unidos que hasta el momento no han llegado a conclusiones definitivas-, el por qué de tales ataques y los objetivos específicos que perseguían.

 

Y por eso es que seguirán brotando, como setas en primavera, nuevas “revelaciones” de flamantes “víctimas”, ahora simplemente turistas y no necesariamente diplomáticos, que declaran que ellas también, hace años, muchísimo antes de los ahora denunciados ataques sónicos, también sufrieron agresiones misteriosas que les afectaron la salud mientras visitaban la isla, supuestamente mientras desarrollaban experiencias de “pueblo a pueblo” entre mojitos, mulatas, almendrones, jineteras, y paseos por las calles habaneras.

 

Es de esperar que en su momento Washington presente pruebas irrefutables y dictámenes médicos incuestionables sobre las afectaciones de salud de sus diplomáticos -en estos momentos ya son 24 los afectados reconocidos por el gobierno de Estados Unidos- y las causas que las provocaron, y acuse directamente al o los gobiernos o grupos responsables de tales acciones, sin que ello suponga diluir la responsabilidad de la dictadura cubana por su incapacidad de proteger adecuadamente a los diplomáticos acreditados en su país.

 

Mientras esto no ocurra, la propia credibilidad del gobierno americano podría mantenerse en entredicho, gracias a la contraofensiva diplomática y propagandística lanzada por La Habana en defensa de su supuesto irrestricto compromiso con el cumplimiento de todas sus obligaciones internacionales, según declara cínicamente al Ministerio de Relaciones Exteriores del régimen castrista. Y ya a estas alturas del enfrentamiento con el castrismo, después de casi seis décadas de choques y acusaciones, para Washington debería estar claro que no basta con tener la razón para resultar vencedores en esta “batalla de ideas”.

 

¿De dónde sale el dinero?

 

Sin embargo, la novela de los “ataques acústicos” no es el único jeroglífico que circula en el entorno cubano por estos tiempos. Se acaba de conocer que La Habana recientemente ha pagado a sus acreedores una suma de 2,600 millones de dólares como parte del cumplimiento de sus obligaciones crediticias y en función de capitalización de su propia deuda.

 

Entonces, así como quien no quisiera las cosas, un país que oficialmente se encuentra al borde del abismo, que no logra recibir las inversiones que requiere no ya para su desarrollo, sino al menos para poder subsistir malamente, cuyo producto interno bruto no crece debido al estancamiento de su economía, lastrada con una mísera infraestructura inadecuada y decadente, y al cual sus exhaustas arcas no le permiten poder adquirir en el exterior todos los alimentos que necesita para su población, (y que no se producen dentro de la isla por estúpidas políticas que se reiteran desde hace más de medio siglo), resulta que se puede dar el lujo de pagar sus deudas en tiempo, como si se tratara de un país serio y con gran prestigio internacional, sacando una considerable cantidad de dinero no se sabe exactamente de dónde, aunque ese es un factor que no le preocupa demasiado a los acreedores, quienes cuando reciben lo que les corresponde no se interesan para nada en averiguar de dónde salieron todos esos millones.

 

Súmese a eso que en muy breve tiempo entrará en vigor un acuerdo de cooperación de la Unión Europea con la dictadura cubana, impulsado por el desespero de esa organización por tomar ventaja frente a Estados Unidos en el establecimiento y afianzamiento de sus intereses en la isla. Tal acuerdo reconoce públicamente, sin abochornarse, que en Cuba existe una democracia de partido único -insuperable oxímoron- que no resulta incompatible con los principios democráticos que conforman la muy respetable entidad europea y que, por lo tanto, la cooperación e intercambios entre ambas partes, deberá incrementarse y fortalecerse en el futuro.

 

De esa manera la Unión Europea está apuntalando la mentira institucional del castrismo según la cual Cuba sería una nación “democrática de partido único”, que cumple sus obligaciones crediticias como corresponde, y que mantiene relaciones de cooperación con la entidad multinacional europea; un país respetable y responsable al que tanto el “imperio” como los “mercenarios” internos quieren desprestigiar y someter para satisfacer oscuros intereses “imperialistas” y dañar a “su pueblo”, que tan unánimemente apoya a “su” revolución.

 

La situación real de la economía cubana tras el paso de huracán Irma

 

Pero hay más enigmas y misterios; entre ellos está la situación interna de la economía y las condiciones de vida de la población. Es sabido que el nivel de devastación del país tras el huracán Irma, que además de su capacidad destructora natural provocó más daños aun en las demasiadas infraestructuras desvencijadas y abandonadas por la desidia gubernamental, es de tal magnitud que resulta prácticamente imposible creer que los daños provocados con el paso de ese fenómeno natural puedan resolverse en algún momento mientras exista la dictadura castrista.

 

A pesar de la continua propaganda gubernamental, y de que según la prensa todo está en proceso de franca recuperación, se sabe perfectamente que más allá de la escenografía gubernamental y las cantaletas de siempre, la situación de los cubanos de a pie sigue siendo desesperada, que la escasa ayuda disponible llega tarde, mal y cara, que la corrupción y la ineptitud complican aun más la distribución de asignaciones a los damnificados, y que las cosas continúan cada vez peor. Y denuncias y descripciones sobre estas situaciones no surgen solamente en la prensa independiente cubana y por parte de los “mercenarios” antigubernamentales, sino que aun la prensa oficialista se ve obligada a reconocer, al menos en las publicaciones provinciales, aunque en la prensa nacional se puedan maquillar un poco más las realidades.

 

“A un mes del azote de Irma, el litoral norte de Sancti Spíritus amanece cada día como si hubiera acabado de pasar el huracán”, señalaba el periódico Escambray, órgano partidista en la provincia espirituana, en la zona central de Cuba. En el municipio de Yaguajay, al norte de esa misma provincia de Sancti Spíritus, más de 10,000 viviendas fueron afectadas. De esa cifra, “solo se ha solucionado alrededor de 1,170 casos”, dijo a Escambray la presidenta de la Asamblea del Poder Popular en Yaguajay.

 

Pueblos enteros fueron destruidos por la potencia de los vientos del huracán, miles de cubanos permanecen sin viviendas y a la intemperie o protegiéndose como puedan, cientos de instalaciones productivas están sin funcionar o con capacidades productivas limitadas, y donde se han realizado reparaciones priorizadas, como en los polos hoteleros de la costa norte del país, no se han garantizado todavía elementos complementarios suficientes, como los pedraplenes o puentes para conectar la isla con sus cayos, y sobre todo no se han garantizado las condiciones más elementales para que la fuerza de trabajo, esos cubanos de a pie que son en definitiva quienes hacen funcionar esas instalaciones turísticas, tengan las necesidades de vivienda, alimentación, electricidad, vestuario y condiciones sanitarias en niveles aceptables para poder trabajar y poder rendir resultados positivos.

 

Aunque la prensa se encarga de ocultarlo o edulcorarlo, se conoce que las condiciones sanitarias en el país son complejas y se agravan continuamente. Brotes de zika, cólera, dengue y otras enfermedades contagiosas se han exacerbado después del huracán Irma, los suministros de agua potable, a pesar de las intensas lluvias y de que resulta imposible continuar justificando las cosas mal hechas y los fracasos por “la sequía”, siguen siendo limitados, porque una buena parte del agua que se represa y se acumula en acueductos, se desperdicia posteriormente en los procesos de distribución, debido al mal estado y falta de mantenimiento de las redes de suministro, trátese de los canales de riego para la agricultura o del sistema de tuberías para la distribución del agua a las viviendas.

 

Sin embargo, ante tantas dificultades y carencias, la posición del gobierno no se basa en tratar de desatar al máximo las condiciones productivas y la creatividad de los cubanos, sino en todo lo contrario: mantener las cadenas apretadas al máximo, dificultar, cerrar, coaccionar,  reprimir y eliminar todas las iniciativas privadas y cualquier posibilidad de dinamizar la economía y mejorar las condiciones de vida de la población, e imponer mayores tormentos y dificultades a los cubanos con la intención de mantener el poder  a toda costa, facilitando solamente el beneficio y enriquecimiento de la camarilla en el poder y de sus familiares y allegados.

 

El proceso eleccionario y el descrédito gubernamental

 

El país vive un proceso de preparación para las “elecciones” que deberán instaurar un nuevo gobierno (o más bien un nuevo “gobernante”) en febrero del 2018, o sea dentro de cuatro meses, y muy lejos de facilitar, mostrar o propiciar aperturas democráticas, se ha incrementado la represión contra todos los que han pretendido presentarse al proceso electoral sin subordinarse y plegarse a los aparatos gubernamentales, y ya resultan antológicas las trampas, maniobras obstruccionistas, y acciones inmorales perpetradas por la dictadura y sus acólitos para impedir incluso la postulación de candidatos independientes.

 

Nada nuevo bajo el sol, naturalmente. Ya el aparente fantoche que sería ungido como el continuador de Raúl Castro en la presidencia del país había declarado, en un video de una conferencia a “cuadros” del partido que aparentemente se había “filtrado”, que el régimen no permitiría la nominación de candidatos independientes, y que harían todo lo que fuera necesario para desacreditarlos.

 

Todo lo que fuera necesario incluye, naturalmente, detenciones arbitrarias, calumnias, falsas acusaciones, provocaciones, falsedades, sorpresivos cambios de horarios y fechas de convocatorias de las asambleas de nominación de candidatos, y muchas otras trampas. Y todavía hay quien se sorprende de las trampas electorales del régimen de Maduro en Venezuela, cuando bastaría con mirar a lo que está sucediendo en Cuba con las asambleas de nominación de candidatos para elecciones locales para comprender la manera en que funciona el castrismo en estos temas.

 

Es cierto, sí, que se ha producido un proceso de desacreditación durante estas supuestas elecciones locales cubanas. Pero los desacreditados no han sido los opositores que han intentado, simplemente, utilizar las mismas reglas del juego de la tiranía para tratar de encontrar espacios de actuación en beneficio popular entre la rígida madeja totalitaria.

 

Los verdaderamente desacreditados han sido la dictadura castrista, los funcionarios del régimen, sus burócratas y jenízaros, que han demostrado, impúdicamente y sin prejuicios, que todo el tinglado “institucional” y “democrático” del régimen es solamente una trampa para cazar incautos y una cortina de humo para ocultar la verdadera naturaleza represiva del régimen y la condición de esbirros de sus funcionarios, desde los represores callejeros de palo y tentempié hasta los sofisticados “intelectuales orgánicos” y “altos dirigentes” de hablar más fino y mentir más impúdicamente.

 

El futuro inmediato

 

Así las cosas, continuarán los enigmas en la isla de los misterios, continuarán la propaganda y la demagogia gubernamentales asegurando que Cuba es el paraíso en la Tierra y que Fidel Castro es el Dios de todos los cubanos.  Continuarán los cubanos de a pie “luchando” para “resolver” la subsistencia diaria propia y la de sus familiares, y a la vez explorar todas y cada una de las posibilidades de abandonar el país en la primera oportunidad posible para emigrar hacia cualquier lugar del mundo donde poder subsistir y donde vivir decentemente no constituya un delito ni un misterio de cada día.  

 

Esa nefasta continuidad tiene como única explicación el monopolio, en condiciones de exclusividad, de un partido comunista demagogo, decadente e inepto, que ya no es capaz ni siquiera de garantizar sus propias promesas de subsistencia y supervivencia.

 

Y así, entre enigmas, misterios y demagogias, eso que llaman la revolución cubana dentro de muy poco tiempo cumplirá 59 años en el poder, definiéndose y manifestándose cada vez como más retrógrada, más ineficiente, y más contrarrevolucionaria.