Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

La Cuba castrista: ni rumbo, ni plan, ni paradigma, ni ideología

 

Es así de sencillo: la Cuba de Raúl Castro ha logrado alcanzar el vacío total, la carencia absoluta de ideas inteligentes, la nada endémica, la consumación de la demagogia, el paradigma de los papagayos.

 

No hacen falta sofisticados laboratorios ni supercomputadoras para darse cuenta de ello: basta con repasar la prensa oficial cubana de finales del 2017 y comienzos del 2018. Desde el cantinflesco discurso del inefable ministro de Economía castrista en el siempre unánime “parlamento” cubano a las llamadas “proyecciones” y “análisis” que publican los guacamayos oficialistas en la prensa del régimen (es demasiado difícil llamarles periodistas a tales demagogos, cuando no son más que mediocres propagandistas de vocabulario limitado y criterios menesterosos y anacrónicos).

 

Durante un tiempo, la “revolución” cubana enarbolaba sus mitos a los cuatro vientos: origen heroico, apoyo popular irrestricto, esfuerzo perseverante e irreductible, posiciones inclaudicables, futuro luminoso, siempre cantando aquel llamado a agruparse todos para una lucha supuestamente final y que al terminar lograría que la Tierra fuese el paraíso bello de la humanidad.

 

Ya no más. Esas cantaletas nadie se las cree. Ni siquiera en el departamento ideológico del comité central del partido comunista cubano. Porque no hay futuro, y lo saben todos: los de abajo, que “no quieren” más castrismo, y los de arriba, que “no pueden” seguir manteniéndolo.

 

Cuando el Titanic se está hundiendo lo que se grita no es “patria o muerte”, sino “sálvese quien pueda”. Sobre todo cuando se sabe que ya no existen botes salvavidas disponibles, porque los pocos y malos con que se podía contar -los que no se habían deteriorado sin reparación posible por la desidia y la abulia- se los escamoteó la pandilla en el poder y la familia real y sus compinches.

 

Y peor aun, parte de esas embarcaciones fueron vendidas a espurios capitales extranjeros a través de transacciones corruptas o nada transparentes, para obtener más dinero todavía para la camarilla, porque el futuro de los privilegiados necesitan asegurarlo ahora más que nunca, cuando el final ya está demasiado cerca.

 

Sin hojas de parra

 

Por eso ya ni hace falta guardar las formas. Fidel Castro escondía a su familia -en parte para protegerse él mismo, pero en parte también porque no le interesaba para nada- y en la práctica el único que podía relucir como quisiera era el elegido, él mismo, y todo lo que le rodeaba, familiares incluidos, no era más que escenografía, atrezzo y maquillaje.

 

Con Raúl Castro, sin embargo, las cosas son diferentes. La discreción se fue a bolina y ya no parece preocuparle al general sin batallas y presidente sin haber sido electo que sus familiares y delfines se exhiban impúdicamente, sea una nieta en New York con prendas de Gucci y Vuiton; o una hija defendiendo las “conquistas sociales” de las prostitutas en Holanda; o un nieto electrizado con la música y el alcohol bailando destempladamente sobre un escenario habanero; o un hijo incompetente convertido en personaje hablando incoherencias entre solemnes ruinas arquitectónicas en la península helénica.

 

Y de paso, aunque no sean santos de su devoción, tampoco parecen quitarle el sueño el impúdico exhibicionismo de los sobrinos descarriados, sea un supuesto científico de poca  monta que habla de nanotecnología sin que muchos lo entiendan; o un playboy de pacotilla que juega al golf y pasea en yates de lujo por las islas griegas y las costas turcas; o un fotógrafo mediocre que utiliza cámaras de lujo (pagadas por lo que va quedando del erario nacional) para montar exposiciones sobre el siempre invencible comandante sin victorias; o un sobrino-nieto declarándose “amigo” de esos millonarios que tanto odiaba el afortunadamente ya recién fallecido abuelo.

 

Aunque, para ser justos, hay que decir que los únicos gastos que se cubren con lo que va quedando del erario nacional no son solamente los del obeso fotógrafo de poca monta deseoso de ver en Cuba finalmente los McDonald’s y Burger King: de esas mismas arcas sale el dinero para financiar las veleidades turísticas del playboy o para ampliar la piscina de la mansión de la Infanta ubicada en barrios exclusivos de la nomenklatura.

 

De las cosas serias, la prensa oficial y el régimen hablan poco. Resaltan la visita a Cuba de la jefa de la diplomacia de la Unión Europea, y haciendo malabares con sus palabras la presentan casi casi como antiimperialista y anti-Trump (que aunque no está lejos de ser ambas cosas como exmilitante comunista que fue, por motivo de su posición oficial no puede expresarse así) y como si fuera portadora de la buena nueva de que no importa si las cosas andan mal con Washington, porque gracias a la entrañable fraternal relación con Venezuela (no mencionan que la nación suramericana se está yendo a pique a la carrera), las magníficas relaciones forjadas con Rusia y China, y ahora con la Unión Europea, los problemas se resolverán y la economía avanzará, aunque no sea sobre un camino de rosas, como dijo días antes algún plumífero oficial en un libelo vespertino.

 

No es raro que un figurante haya deslizado esa semi-verdad que reproducen de inmediato medios informativos en Miami y Europa, como si fuera algo nuevo que la dictadura admitiera lo que saben todos los cubanos. Lo interesante es adivinar qué jugada busca el régimen con ese reconocimiento parcial de su fracaso total.

 

Falacias del régimen

 

Aprovechan para ello los “análisis” sobre la sufrida isla en la prensa internacional que pecan tantas veces de ingenuidad -en el mejor de los casos- o de maldad congénita -más habitualmente- y no abordan ni seria ni profundamente los verdaderos dramas nacionales.

 

Repiten como mantras las cifras de turistas extranjeros arribando a la isla cada año, sin preguntarse nunca cuáles son los ingresos reales netos que obtiene la dictadura con esos visitantes, ni analizar seriamente que los ingresos por turista en Cuba representan la mitad de los ingresos por turista en República Dominicana, o la tercera parte de los que se obtienen en Barbados o Trinidad y Tobago.

 

Ni investigan demasiado cuál es el origen de los productos que consumen esos turistas extranjeros, por lo que no se enteran de que una buena proporción de las carnes, pescados,  mariscos, vegetales y frutas que se ofrecen a tales turistas son de importación y hay que adquirirlos en el extranjero, todo eso en una isla tropical improductiva gracias a la ineficiencia del castrismo, lo que reduce los ingresos netos de la dictadura y dificulta más aún las duras condiciones de vida de los cubanos de a pie, algo que no se produce por imperativos de la economía sino porque no le interesa al régimen, que actúa y se comporta de esa manera para asegurar condiciones más propicias para poder someter y reprimir a la población a través de la miseria y la inseguridad que le obligan a depender cada vez más de las dádivas de la dictadura y sus jenízaros.

 

De manera que las historias de supuestos terribles daños provocados por el “bloqueo” a las condiciones de vida de la población cubana, gastada falacia que repitió la ilustre jefa diplomática de la Unión Europea durante su reciente visita a La Habana, tal como hacen tantos políticos, periodistas, académicos, científicos e intelectuales en todo el mundo, ingenua o interesadamente, no se corresponden con la realidad cotidiana demostrable, pero representan sin duda un indiscutible triunfo de la propaganda castrista durante más de medio siglo, que ha logrado llegar a influir casi axiomáticamente en las percepciones y convicciones de tantas personas en el mundo, desde indiscutibles profundos pensadores de talla mundial hasta humildes indígenas analfabetos.

 

Lamentablemente, una parte nada desdeñable de los opositores cubanos dentro de la isla, sometidos también, como el resto de la población, a un incesante y continuo bombardeo propagandístico y a durísimas condiciones de vida, además de a la más brutal represión, a veces sofisticada y a veces no, se marea también con estas trampas del régimen, y se desgasta declarando públicamente, y discutiendo, que si “el bloqueo” esto o aquello, sin darse cuenta que cuando se manifiestan contra tal “bloqueo”, o a favor, están divulgando un tópico promovido por el régimen, como coartada para mantenerse en el poder.

 

Y así será hasta que todas las declaraciones, escritos, opiniones, reuniones y conferencias de todos los cubanos que se opongan a la dictadura, vivan dentro de la isla o en el extranjero, no se concentren en denunciar el criminal bloqueo de la dictadura cubana contra su propia población.

 

Daría gracia, si no fuera porque dan deseos de llorar cuando se conoce en realidad el triste drama cubano que ya dura casi seis décadas, todas esas peregrinas declaraciones de cuentapropistas cubanos, estimuladas por mercachifles del exilio que se presentan como interesados en el futuro del pueblo cubano cuando no son más que vulgares mercaderes especulando y lucrando con el dolor de esos mismos cubanos, escribiendo inútiles “cartas abiertas” al gobierno de Estados Unidos o a sus funcionarios para que faciliten las actividades comerciales entre cubanos y americanos, así como también los viajes de ciudadanos de ambas naciones en ambas direcciones, -como si ellos fueran los culpables de las dificultades y las interrupciones- sin solicitar prioritariamente, o al menos en un plano igualitario, a la feroz y miserable dictadura cubana, que no continúe poniendo trabas a tales relaciones personales y comerciales.

 

Y que deje de estar llamando cínicamente a los cubanos a aumentar la producción y la productividad para poder elevar las condiciones de vida, cuando es a partir de los centros del poder que controla la pandilla dirigente del país desde donde se establecen todas las coyundas y trabas, mediante “lineamientos”, resoluciones y frenos continuos, para que la economía ni funcione ni pueda prosperar.

 

Basta ya de estar acusando a una supuesta “burocracia” en abstracto del estancamiento de la economía cubana, cuando todos saben, o deberían saber, que bastaría con la orden que partiera desde las máximas instancias del poder castrista para que desaparezcan los obstáculos aparentemente inexpugnables y los burócratas supuestamente entorpecedores se dediquen a empinar papalotes o a jugar a los ceritos en horas de oficina, -casi casi como hacen en estos momentos, además de reunirse- porque ninguno de ellos, ni todos juntos, tienen suficientes neuronas ni hormonas para ponerle trabas a lo que “baje” como orden, “orientación” o directiva de la pandilla gobernante.

 

Indigencia intelectual y moral del régimen

 

Pero es más difícil, sin dudas, plantear así las cosas que como se ha estado haciendo tantas veces hasta ahora, que aunque no resuelve ningún problema al menos permite ir sobrellevando ese perpetuo malvivir, lo que parece ser la intención y el objetivo de demasiados aspirantes a líderes, tanto entre los opositores dentro de la isla como en el exilio.

 

Por su parte, Raúl Castro parece empeñando en dejar como su principal “legado” -aunque más bien sería un “legrado” lo que dejaría- eliminar la dualidad monetaria en el país antes de abandonar su cargo como presidente de los Consejos de Estado y de Ministros en abril del 2018.

 

Si realmente es lo que se ha propuesto, es posible y probable que pueda lograrlo antes de quedarse solamente como primer secretario del partido comunista, aunque sea mediante decretos o incluso úkases  que probablemente creen una cantidad de problemas parecidos a los que actualmente se confrontan con el funcionamiento de la economía. Pero aun así, le interesaría hacerlo para poder dejar, al menos, algo concluido de todo lo que prometió. Y siempre será más fácil firmar una orden apresurada e irreversible que garantizarle un vaso de leche diario a los cubanos.

 

Lo que no deberemos perder de vista son dos aspectos fundamentales de ese proceso.

 

Primero, que en caso de que se eliminara la infamante doble moneda y desapareciera el llamado peso cubano convertible (CUC) -aberración generada por la calenturienta mente del tirano Fidel Castro- lo único que se estaría haciendo sería regresar a la realidad económica cubana existente en 1994, donde funcionaba el peso cubano (CUP) y el llamado CUC no existía. Regresar a la normalidad, o al menos a lo corriente, no es ningún mérito ni mucho menos un “legado”.

 

Segundo, si la eliminación de la doble moneda fuera perfecta y no tuviera la más mínima deficiencia, y Raúl Castro abandonara sus cargos estatales y gubernamentales después de haber dirigido tal conversión monetaria, quedaría una pregunta que pesará eternamente sobre su persona y la de su criminal hermano:

 

El peso cubano el primero de enero de 1959, cuando la pandilla de castristas se adueñó del poder, se cotizaba parejo con el dólar de Estados Unidos: un peso cubano era igual a un dólar, sin entrar en detalles de que hubo momentos en que se cotizaba uno o dos centavos sobre el dólar.

 

¿A cuánto se cotizará cuando Raúl Castro “traspase” el poder a alguna de sus marionetas? Y sin olvidar que tal cotización sería artificial e impuesta por la dictadura, no producto de su verdadero valor en el mercado.

 

La respuesta es sencilla: la cantidad de veces más que un peso cubano se cotice con relación al dólar de Estados Unidos en ese momento será equivalente a la cantidad de veces que los hermanos Fidel y Raúl Castro dañaron y destruyeron la economía cubana en casi sesenta años.

 

Ese será el verdadero legado económico del dictador de pacotilla y general de opereta Raúl Castro a las generaciones futuras.

 

Un presidente nunca electo que no tiene ni rumbo, ni plan, ni paradigma, ni ideología.