Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

Huracanes, dictadura, e informaciones torcidas

 

Semana compleja esta que ha terminado, en lo que se refiere al tema cubano.

 

Empecemos por Matthew, un devastador huracán con categoría 4 en la escala de 5 de Saffir-Simpson, lo que significa que le acompañaban vientos de al menos 210 Kilómetros por hora (130 millas/hora), que entró a la isla por el extremo más oriental del país -y también el más pobre y abandonado por “la revolución”- después de haber dejado una estela de destrucción y muerte en la vecina Haití que, al momento de escribir estas líneas, ya contabilizaba más de 900 seres humanos fallecidos.

 

El huracán, que se preveía que atravesaría la isla en dos o tres horas, ya que lo haría por la Punta de Maisí, un territorio muy estrecho, finalmente demoró alrededor de diez horas en salir nuevamente al mar por la costa norte, en ese momento con categoría 3 (vientos mayores de 178 Kilómetros por hora, ó 110 millas/hora) tras debilitarse por su paso por la región montañosa cubana. Se dirigió entonces a Bahamas, en el trayecto volvió a alcanzar categoría 4, y en ese archipiélago estuvo azotando devastadoramente durante más de doce horas, transcurridas las cuales subió rumbo a Estados Unidos, afectando la costa Este del estado de Florida y pronosticándose que podría afectar también los estados de Georgia y las Carolinas, sur y norte.

 

En el momento de escribir estas líneas, Matthew se encontraba a la altura de las Carolinas, cada vez más debilitado como categoría 1 (vientos mínimos 119 Km/h, ó 74 millas/h) y con tendencia a convertirse en tormenta tropical, para congoja de las emisoras locales de televisión que cubren el sur de Florida, en inglés y español, que tendrán que regresar a reportar las balaceras en los barrios, los asaltos y robos a viviendas y locales comerciales, y las veleidades o idioteces de las “celebridades”, y nada de eso permite explotar el tremendismo como cuando se trata de mostrar ventoleras, aguaceros, largas filas de espera en las gasolineras, o miles de personas comprando apresuradamente suministros alimenticios, agua embotellada, linternas o generadores eléctricos cuando se acerca un huracán.

 

Como en Cuba todo se politiza, desde un juego de béisbol centroamericano o la enfermedad del dictador de turno hasta unas becas para cursos de verano en Estados Unidos o la interpretación de acontecimientos históricos, también se politiza, y mucho, un fenómeno meteorológico tropical típico en esta época del año, como si tal episodio tuviera que ver con la “conceptualización del modelo de desarrollo socialista”, permitir el libre acceso a internet de la población cubana dentro de la isla, o establecer por decisión central cuánto debe costar un plátano verde vendido en una carretilla, o una “carrera” en taxi colectivo desde al Parque de la Fraternidad hasta el paradero de La Víbora.

 

Los Consejos de Defensa

 

Entonces el régimen utiliza cualquier fenómeno meteorológico para exaltar, antes que ocurra el evento, la capacidad organizativa del gobierno para tomar las medidas preventivas necesarias y proteger la vida de la población, siempre bajo la indiscutida e inalterable dirección de los Consejos de Defensa, que -oh casualidad- son presididos por el máximo dirigente del partido comunista en cada territorio. De manera que gobiernos locales, órganos del Poder Popular, representantes de organismos centrales en cada territorio, la juventud comunista y las “organizaciones de masas”, quedan bajo la férula del dirigente partidista mientras dure la situación de emergencia.

 

En otras palabras, que el jerarca comunista del territorio tiene todo el poder en sus manos durante la emergencia, y como Cuba es un país sin leyes ni respeto a la legalidad, puede hacer lo que le de la gana, desde ordenar la detención de cualquier persona hasta decidir la asignación de recursos o establecer prioridades para la evacuación de los habitantes de las zonas consideradas más vulnerables.

 

Curiosamente, sin embargo, el jefe del Consejo de Defensa debería tener también el control de las fuerzas armadas, el ministerio del interior y todos los órganos de seguridad en su territorio, pero -oh casualidad otra vez- nunca se hace ni pública ni notoria tal supuesta subordinación, y generalmente las imágenes que se pueden ver en la televisión sobre las fuerzas armadas tras la ocurrencia de eventos de catástrofes naturales son militares participando en tareas de rescate de personas, despeje y recogida de escombros, limpieza y saneamiento, restablecimiento de las comunicaciones y de vías y caminos, transporte de personal civil, o reparto de artículos de primera necesidad entre los damnificados.

 

Por una cuestión organizativa, mientras en el país existen 15 provincias, son solamente tres Ejércitos, por lo que un Ejército cubre varias provincias, aunque existan Cuerpos de Ejército y Regiones Militares. Entonces, subordinar al Jefe de Ejército al jefe del Consejo de Defensa provincial se convierte en un ejercicio surrealista, complejo y discutible. Eso pudo comprobarse con ocasión de Matthew, donde con independencia del jefe del Consejo de Defensa de Guantánamo, que es el primer secretario del partido en esa provincia, se encontraba allí un viceministro de las FAR y miembro del buró político del partido, con grado de general de Cuerpo (tres estrellas), que durante más de veinte años había sido jefe del Ejército Oriental.

 

De manera que, aunque nominalmente el jefe del Consejo de Defensa provincial era el primer secretario del partido, quién posiblemente haya llevado el peso de las decisiones a nivel táctico y operativo en el enfrentamiento al huracán Matthew, no caben dudas de que las decisiones estratégicas estaban y estarán a nivel del general de tres estrellas.

 

Durante el paso del huracán poco hay que hacer. Como las comunicaciones generalmente se interrumpen por falta de electricidad o caída de torres y postes por la fuerza de los vientos, y la situación climática y ambiental es demasiado peligrosa, lo único sensato durante ese período es resguardarse oportunamente y esperar a que pase el huracán. Cualquier otra cosa sería demagogia o irresponsabilidad.

 

Tras la ocurrencia del evento, en la llamada etapa de recuperación, sucede lo mismo que durante la etapa de preparación: de nuevo el Consejo de Defensa estaría dirigiendo el restablecimiento de la normalidad, o al menos de lo que se considera “normal” en un país como Cuba, tarea en la cual las fuerzas armadas, nuevamente, juegan un papel decisivo y fundamental.

 

Dictaduras y movilizaciones

 

Para nadie es un secreto que los regímenes autoritarios -y mucho más los totalitarios- resultan relativamente eficaces controlando a “las masas” y estableciendo directivas de obligatorio cumplimiento en situaciones de urgencia. Mientras en Florida los gobiernos locales hablaban de evacuaciones voluntarias o “mandatorias” -infame traducción del inglés para referirse a “obligatorias”-, en Cuba se dictan las instrucciones de evacuación, llegan los camiones militares para transportar personas, o comienzan las evacuaciones a pie, y a nadie se le ocurriría preguntarse si tal evacuación era obligatoria o voluntaria.

 

Las dictaduras son efectivas en estos trances y en controlar tensiones populares a causa de situaciones catastróficas naturales. Francisco Franco en España, Alfredo Stroessner en Paraguay, Marcos Pérez Jiménez en Venezuela, Augusto Pinochet en Chile, Anastasio Somoza en Nicaragua, Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana, “Papa Doc” Duvalier en Haití, o los hermanos Castro en Cuba, funcionaron siempre bajo el principio de que en situaciones de ese tipo sus órdenes eran inapelables y había que ejecutarlas.

 

Nada nuevo bajo el sol en este sentido. Aunque resulte que la misión de Naciones Unidas acreditada en Cuba se emocione con lo que sucede, y haya declarado su “admiración por las medidas de preparación aplicadas por el país ante el paso del huracán Matthew, las cuales permitieron evitar la pérdida de vidas humanas y disminuir los daños materiales”.

 

Añadiendo que “Naciones Unidas en Cuba destaca que tales medidas constituyen un ejemplo de cómo aplicar los principios del Marco de Sendai para la Reducción de Riesgos de Desastres 2015-2030, entre cuyas metas está la reducción del número de personas afectadas y la mortalidad mundial por desastres”.

 

Por eso el régimen castrista y su aparato propagandístico en esta etapa, como si no fuera suficiente con los problemas y dificultades que enfrentan los damnificados, algunos de los cuales han acabado de perder todo lo poquísimo que tenían -techo,  ropa, efectos eléctricos, muebles, alimentos- comienzan su labor de adoctrinamiento y diversionismo informativo incesante, abusando ad nauseam del lenguaje triunfalista y los eufemismos ridículos, destacando la supuesta sabiduría de los dirigentes para enfrentar las catástrofes, el efectivo funcionamiento de los planes y mecanismos establecidos, y la infinita bondad de la dirección revolucionaria, siempre desvelada para proteger al pueblo y garantizarle lo mejor de todos los mundos posibles.

 

Y le repiten machaconamente a decenas (o cientos) de miles de damnificados, que han quedado desamparados tras el paso del huracán, y a los que ya estaban desamparados desde el paso de cualquier otro ciclón o cualquier otra catástrofe natural anterior, muchos de los cuales pueden llevar hasta más de diez años en situación de absoluta indefensión material y económica, que la revolución nunca dejará desamparado a ningún cubano. Como si estos damnificados fuesen marcianos.

 

Y, efectivamente, muchos “expertos” sobre el tema cubano se sorprenden embelesados, los turistas tiran fotos “folklóricas”, y académicos extranjeros hablan tonterías en eventos internacionales o en sus propias instituciones, y el régimen aprovecha esa propaganda gratuita a su favor. Hasta el extremo de que en cada reportaje comienzan a aparecer damnificados agradecidos a “la revolución” y confiados en que “con Fidel o con Raúl” seguirán hacia adelante y los problemas se resolverán más tarde o más temprano. Aunque lleven décadas esperando por supuestas soluciones que nunca llegarán.

 

Y que no diga nadie que a esos infelices los obligan a decir esas cosas ante las cámaras de televisión, que los presionan con esto o aquello, o que tal vez lo hacen para ver si resultan favorecidos en las asignaciones de las “ayudas” a los desafortunados, porque lo verdaderamente lamentable y triste es que normalmente esos individuos se creen lo que están diciendo y realmente continuarán esperando por milagros que nunca llegarán. Así que cuando comprueben que “esta vez” tampoco llegan, tendrán siempre a mano la manida justificación de que será por culpa “del bloqueo”.

 

Y toda la parafernalia propagandística del régimen se corona con el hecho -cierto, real, comprobado e indiscutible- que la cifra de fallecidos, cuando los hay, es mínima, o como en este caso de Matthew, que no hay pérdidas humanas que lamentar, aunque se produjo una víctima post-huracán por un accidente en un camión, lo cual sin ningún tipo de dudas es alentador y positivo y merece reconocimiento. Y posibilita al régimen explotarlo más todavía a través de propaganda indiscriminada cuando se conoce que el paso de Matthew por Estados Unidos dejó diez y nueve fallecidos en total.

 

Pero hasta ahí nada más. La minimización o ausencia de fallecidos no resulta suficiente para justificar la implantación y mantenimiento de una dictadura por casi sesenta años, la eliminación de las libertades políticas y civiles, la inexistencia de un Estado de derecho, el desprecio y ninguneo de las opiniones de la población -cuyos criterios importan muy poco a los “dirigentes”-, o las limitaciones materiales, espirituales y morales a que los cubanos han sido sometidos por más de cincuenta y siete años con la intención de dominarlos y mantenerlos bajo un puño de hierro.

 

Porque para ser justos, habría que señalar que esta vez tampoco en Bahamas, donde el huracán estuvo golpeando con intensidad severa (categoría 4) por mucho más de doce horas, se han contabilizado fallecidos hasta estos momentos, a pesar de la devastación material, y en esas islas no existen Consejos de Defensa, partido comunista en el poder, ni máximos -o mínimos- líderes para recorrer calles y fomentar la demagogia ante la población, y lo que funciona en casos de emergencia como esos son las instituciones del país, que en este caso no es una nación del primer mundo ni mucho menos.

 

Instituciones que en Cuba, paraíso del proletariado, son más formales y escenográficas que funcionales y efectivas. Porque en la finca Cuba-Macondo lo importante no son las instituciones, sino los caciques, y lo que ordene el cacique mayor es lo que hay que hacer y repiten los personajes de menos rango, bajando y bajando por la escala jerárquica del cacicazgo, hasta llegar a los cubanos de a pie, cuya únicas opciones son obedecer y resignarse, además de aplaudir cuando se les ordena.

 

Desviando la atención

 

Entonces el régimen, cuando no tiene más remedio que mostrar lo que todo el mundo sabe, que el huracán provocó inmensas hecatombes y descalabros, no solamente por su poderosa e innegable fuerza demoledora, sino por el ruinoso estado de la infraestructura y viviendas del país, producto del efecto del huracán más dañino de todos, el castrista, que hace casi seis décadas está destruyendo al país hasta sus mismos cimientos, busca lo más rápidamente posible desviar la atención hacia otros temas.

 

Ahora ha sido el aniversario número cuarenta de la voladura en pleno vuelo sobre Barbados del avión cubano de pasajeros que cubría la ruta Caracas-La Habana con varias escalas en islas del Caribe. Ese abominable y execrable acto terrorista en 1976 fue innegable, real, injustificable y premeditado, y costó la vida a setenta y tres personas entre pasajeros y tripulantes, incluido un equipo juvenil cubano de esgrima que había competido en Venezuela y obtenido excelentes resultados días antes.

 

El bárbaro y cruel hecho no tiene justificación de ningún tipo, y todas las investigaciones sobre los autores apuntaron desde sus inicios a exiliados cubanos de línea dura y un par de energúmenos venezolanos que fueron los ejecutores materiales del atentado. Aunque las diligencias jurídicas que se realizaron en la nación suramericana condenaron a los ejecutores venezolanos, en el caso de los cubanos las cosas quedaron más indefinidas tras varios cambios de jurisdicciones (civil, militar) en los tribunales venezolanos, hasta que uno de los acusados -Orlando Bosh, ya fallecido- resultó absuelto, y el otro -Luis Posada Carriles- escapó de la prisión venezolana, y después de años errante clandestinamente por toda América Central -aunque identificado y bien localizado por La Habana-, reside actualmente en Estados Unidos.

 

Con el ascenso de Hugo Chávez al poder comenzó la presión para lograr la extradición de ambos a Venezuela, a pedido de La Habana, cuando entonces no existían demasiadas relaciones del régimen con EEUU. Ahora, muy recientemente, Nicolás Maduro sacó a relucir nuevamente el tema de la extradición, aprovechando el aniversario del atentado. Porque el tema del crimen de Barbados el régimen en La Habana lo maneja de acuerdo a su conveniencia, y lo destaca con más o menos énfasis en la medida de sus intereses y oportunidades.

 

Pero lo que hay que destacar es cómo, a toda velocidad, la dictadura castrista destaca con todos sus recursos propagandísticos el salvaje atentado terrorista y revive una vez más el dolor y la justa indignación en el imaginario colectivo de la población cubana en la isla en este cuadragésimo aniversario del hecho, lo cual le posibilita efectivamente ir restando fuego a las informaciones que continuaban llegando desde el extremo oriental del país sobre los estragos del paso de Matthew por aquella zona, donde todavía quedaban comunidades incomunicadas casi setenta y dos horas después de la travesía destructora del huracán y donde las presumidas ayudas gubernamentales para los damnificados no acababan de aparecer.

 

La primera página del libelo “Granma”, órgano oficial del partido comunista cubano, destacaba en su primera página el viernes día 7 de octubre a las 9 de la noche, una esclarecedora información titulada “Rubiera: Los modelos de la trayectoria de Matthew a escalas mayores de 72 horas no son confiables”, donde el especialista del Instituto de Meteorología cubano -que sabe de lo que habla, y a quien conoce todo el mundo en Cuba- aclaraba sobre eventuales imprecisiones de los modelos de computadora que reflejaban una posible recurva del huracán varios días después hasta llegar a Cuba, bajo el principio indiscutible de que mientras más a largo plazo pueda ser cualquier pronóstico, de cualquier cosa, menos exactitud y especificaciones deben esperarse.

 

A partir de esa necesaria aclaración y titular principal en ese momento buscando evitar que se extendiera el pánico en las redes sociales cubanas por esos modelos de computadora mal explicados, o sin explicaciones, los siguientes ocho titulares de “Granma”, de arriba hacia abajo, eran los siguientes:

 

“Restablecida telefonía fija y móvil en Baracoa”; “El Salvador: El FMLN celebra 36 años de luchas a favor del pueblo”; “Baracoa y sus contrastes”; “Promueven las autoridades de salud y OPS las buenas prácticas para una gestión efectiva de vacunas”; “Colombia: Gobierno y guerrilla buscan solución ante resultados del plebiscito”; “Continúa el restablecimiento de la programación de la Empresa Ómnibus Nacionales”; “Alianzas sólidas que emergen de agua dulce” (Proyecto Cuba-FAO para la agricultura”; “(Ajedrecista cubano Lázaro) Bruzón por tercer éxito en Atlantic City”.

 

Bueno, pero ¿no pasó un devastador huracán por el oriente del país menos de setenta y dos horas antes, donde hay poblados incomunicados y sin saberse de la suerte de sus moradores? ¿No hay decenas de miles de damnificados sin techo, electricidad, comida ni agua potable, esperando por ayuda gubernamental? ¿Por qué el régimen no permite que otras instituciones no gubernamentales, o hasta los disidentes, canalicen ayudas para todos esos seres humanos?

 

Sin negar la importancia de buenas prácticas médicas en una gestión específica de vacunas, o de un proyecto agrícola con la FAO, o hasta de la participación de un destacado ajedrecista cubano en un torneo en el extranjero, ¿se trata de noticias más importantes que la suerte de los damnificados en el oriente del país o del estado de las infraestructuras y viviendas en las zonas afectadas por el meteoro? ¿No hay nada de importancia que decir sobre los miles de seres humanos que esperan a la intemperie entre la angustia y la incertidumbre por un apoyo gubernamental que llegará tarde, mal, caro y escaso, que no bastará para todos, y que quizás resolverá, solo temporalmente, algunos problemas, como curitas de mercurocromo, pero nada a largo plazo ni definitivamente?

 

Sin embargo, si ocho de esos primeros nueve titulares resultan bochornosos (la aclaración de Rubiera es profesionalmente correcta, orientadora y conveniente), el onceno encabezamiento del órgano periodístico-propagandístico del Partido comunista (posteriormente comentaremos sobre el décimo titular) se dedica a revivir al dolor de los cubanos contra “el enemigo”: “Cuba no olvida. Preside Miguel Díaz-Canel Bermúdez acto político-cultural, en el teatro Lázaro Peña de la capital, en ocasión del Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado”.

 

¿Es esa la prensa cubana que dice ser veraz, efectiva y “revolucionaria”, y que organiza aquelarres contra cualquiera de sus profesionales que se desvíe en lo más mínimo de las “orientaciones” y disposiciones establecidas por los inapelables mecanismos de censura controlados por el partido y sus Torquemada de turno? ¿Se puede ser periodista honrado en Cuba cuando hay que moverse entre marasmos como esos?

 

Decisión del Gobierno Revolucionario (¿?)

 

Entonces, sin previo aviso, en la noche del sábado 8 de octubre apareció una esotérica nota en “Granma”, y reproducida mecánicamente por toda la prensa amordazada cubana que se subordina informativamente al libelo del partido comunista cubano, con un título revelador y el siguiente texto:

 

Decisión del Gobierno Revolucionario Cubano

 

Se ha decidido que el presupuesto del Estado financie el 50% de los precios de los materiales de la construcción que se venderán a las personas cuyas viviendas presenten destrucción total o parcial debido a los severos daños provocados por el huracán Matthew en varios municipios de las provincias de Guantánamo y Holguín

 

En consideración con los severos daños provocados por el huracán Matthew en varios municipios de las provincias Guantánamo y Holguín y su impacto en la población a pesar de las medidas adoptadas para mitigar su efecto, el Gobierno Revolucionario ha decidido que el presupuesto del Estado financie el 50% de los precios de los materiales de la construcción que se venderán a las personas cuyas viviendas presenten destrucción total o parcial.

 

Atendiendo a las experiencias tomadas del huracán Sandy, los Consejos de Defensa Municipales determinan la magnitud de los daños ocasionados en cada vivienda y aprueban los recursos a asignar, para solucionar las afectaciones producidas.

 

Los damnificados podrán solicitar créditos bancarios, los que se otorgarán con menores tasas de interés y mayores plazos de pago. En los casos de derrumbes totales de viviendas y techos, el presupuesto del Estado asume el pago de los intereses.

 

Las personas cuyos ingresos no resulten suficientes para acceder a créditos bancarios, mantienen el derecho de solicitar al Consejo de Defensa Municipal, subsidio o bonificación  parcial o total con cargo al presupuesto del Estado.

 

Excepcionalmente se aprueba otorgar subsidios para acciones constructivas en las viviendas a las personas que fueron objeto de este beneficio con anterioridad y a las que mantengan adeudos por créditos bancarios otorgados por este concepto.

 

8 de octubre 2016

 

¿Qué tiene de sorprendente todo esto? Varias cosas.

 

No se trata de un decreto o decreto-ley ni de una resolución. Ni un acuerdo colectivo del Consejo de Estado. Ni siquiera de una disposición del buró político del partido, sino de una “Decisión del Gobierno Revolucionario Cubano”, lo cual puede significar cualquier cosa, pero queda claro que se trata de lo que decidió Raúl Castro, y que el inefable “gobierno revolucionario” y el omnipresente partido comunista se enteraron por la prensa.

 

Puro populismo y demagogia. “Raúl” va al lugar de la tragedia, se interesa por el destino y las necesidades de la población, y ahí mismo e inmediatamente toma decisiones para resolver los problemas: “como hacía Fidel”, dirán los aduladores. Nadie analizará que, aún rebajados al 50%, los precios de los materiales, con los leoninos precios establecidos por el “gobierno revolucionario”, siguen siendo tremendamente abusivos. Ni que, con los miserables salarios que reciben los cubanos, que no les alcanzan ni para poder comer decentemente durante todo el mes, la nueva deuda en que incurrirán será para toda la vida, o al menos mientras exista esa supuesta “revolución” en el poder. Ni tampoco que el “gobierno revolucionario” no está subsidiando nada a partir de ningún presupuesto: son los cubanos quienes subsidian a ese parasitario e ineficiente “gobierno revolucionario” incapaz de crear riquezas ni de hacer prosperar al país.

 

Posteriormente, recorre “casi 2 kilómetros por las calles de Baracoa bajo el abrasador sol oriental”, saludando a sus pobladores, cargando y besando niños, y felicitando a los pobladores por su resistencia. ¿Quiénes le acompañan? Ni Consejo de Defensa, ni el partido, ni el “gobierno revolucionario”: todo eso es nada más que paisaje y escenografía. A su lado, simplemente, camina el general Ramón Espinosa, miembro del buró político, viceministro de las FAR, y quien fuera durante muchos años jefe del Ejército Oriental

 

Prensa extranjera despistada

 

Esa primera información aparecida en Granma el sábado señalaba exclusivamente lo que aquí reprodujimos. Posteriormente apareció una información de la agencia española EFE, fechada en Baracoa, que mencionaba la presencia de Raúl Castro y un grupo de “dirigentes” en la destruida ciudad.

 

Evidentemente, la persona a cargo de esa información de la agencia EFE tiene muy poco conocimiento de las realidades cubanas, puede ser muy nueva en esas asignaciones, o es extremadamente torpe. Dos de sus afirmaciones en esa nota informativa sugieren que tal vez conoce más de Disneyworld, las redes sociales, o La Guerra de las Galaxias, que de Cuba. Véase este párrafo de EFE:

 

A la reunión asistieron representantes del gobierno municipal y regional de Guantánamo, además de los ministros de Transporte, Adel Yzquierdo; Turismo, Manuel Marrero, de Energía y Minas, Alfredo López, o [sic] el viceministro de Defensa, el general Ramón Espinosa.

 

Ese viceministro de Defensa, como miembro del buró político del partido, tiene más jerarquía que todos los ministros y demás integrantes de ese grupo, con excepción de Raúl Castro, y solamente a EFE se le puede ocurrir mencionarlo al final. A diferencia de lo que hace Granma al día siguiente al referirse a los participantes: Durante la reunión, el General de Ejército estuvo acompañado también por el general de cuerpo de ejército Ramón Espinosa Martín, viceministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y por Lázaro Expósito Canto, presidente del Consejo de Defensa Provincial de Santiago de Cuba. Este último transmitió a los presentes experiencias vividas en la vecina provincia santiaguera después del azote del huracán Sandy. La mención a los ministros y demás participantes en la comitiva, todos con menos nivel que el miembro del buró político, la señala Granma solamente tres párrafos después. Y, casualmente, no menciona al jefe del Consejo de Defensa Provincial de Guantánamo, que sería el secretario dl partido comunista en esa provincia. Cabe la posibilidad de que en esos momentos se encontrara en Maisí, aparentemente el municipio más destruido por el huracán.

 

Por cierto, esa información en “Granma” el domingo no fue la más importante, porque la que encabeza la primera página es un “artículo del compañero Fidel” titulado El destino incierto de la especie humana, centrado en múltiples incoherencias y dislates, y sin una sola mención al paso del huracán Matthew por la isla o el destino de los damnificados. ¿Qué le importan a él los cubanos, y mucho menos esos desdichados afectados con esta tragedia meteorológica? Él no pierde su tiempo en pequeñeces, y ante su monumental y enfermizo ego los cubanos no son más que gusarapos.

 

Véase también este otro párrafo de la información de EFE que reitera la ignorancia sobre la realidad cubana de quien redactó la información:

 

Los consejos de defensa municipales -ente de gobierno local equivalente a los ayuntamientos- serán los encargados de “determinar la magnitud de los daños en cada vivienda y aprobar los recursos a asignar para solucionar las afectaciones”, según la declaración del Gobierno cubano.

 

Como sabe todo el que se interese mínimamente sobre cómo funcionan las cosas en Cuba, los consejos de defensa municipales, así como los provinciales y el nacional, los encabezan los primeros secretarios del partido, como mencionamos al comienzo de este análisis, y solamente funcionan durante situaciones de emergencia. Por consiguiente, los consejos municipales no son en nada equivalentes “a los ayuntamientos” ni tienen nada que ver con la forma en que funcionan los gobiernos municipales en cualquier lugar del mundo, con excepción de Cuba y Corea del Norte.

 

El titular más escandaloso del libelo Granma

 

Volvamos, sin embargo, a otro tema extremadamente importante y la forma en que fue manejado por el libelo Granma en esa edición del viernes 8 de octubre, cuando los damnificados cubanos en el oriente del país sufrían momentos dificilísimos en medio de sus desventuras y angustias. 

 

Se trata del que resultó el décimo titular en importancia en esa edición, a continuación de eventuales perspectivas del ajedrecista cubano en un torneo en EEUU, y antes del referido al atentado que ya actualmente, propaganda mediante, dejó de ser una acto de terrorismo personal para convertirse en “terrorismo de Estado”, como si hubiera sido planeado y ejecutado por “el imperio”. Ese décimo titular al que nos referimos no tiene desperdicio. Véase en detalle:

 

“Recorre académica estadounidense, Jill Biden, universidad pedagógica cubana. La profesora fue recibida por Deysi Fraga Cedré, rectora de la Universidad Pedagógica, Enrique José Varona, quien le ofreció una panorámica sobre el centro y sus funciones”.

 

Parecería una información normal la que aparece en el décimo titular, aparentemente menos importante que la nota sobre la participación del ajedrecista en Atlantic City. “Solo que”, como se expresan los mexicanos, a la (des)información le falta un “pequeño detalle”: la académica Jill Biden es la esposa del vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, y en todos los países que visita es recibida, atendida y mencionada de acuerdo a esa realidad en su carácter de cónyuge del vicepresidente del país más poderoso del mundo.

 

Menos en Cuba. Podría uno preguntarse si ese titular fue una pifia periodística o una casualidad, pero esas ingenuidades quedan bien para los enamorados, no para analistas. Y no hay razones para dejar espacio a pifias o casualidades cuando se revisa la información del día anterior en ese mismo libelo propagandístico del partido comunista:

 

En una información de 320 palabras y 8 párrafos, titulada “Académica estadounidense, Jill Biden, inicia visita a Cuba”, el titular no menciona la realidad de la señora Biden como esposa del vicepresidente.

 

En una información críptica en el quinto párrafo, después de referir algunas, no todas, de las actividades que Ms. Biden llevaría a cabo en La Habana, se señala esotéricamente que “Una nota de la Oficina del Vicepresidente de Estados Unidos agrega que Biden permanecerá en Cuba hasta el día 9 de octubre y tiene previsto visitar Camagüey”. Quien no esté al tanto podría preguntarse qué tiene que ver la oficina del vicepresidente de Estados Unidos con la visita de una académica.

 

Entonces, solamente en el último párrafo de la (des)información, para que nadie pueda decir que “Granma” miente, aunque lo que haga sea no decir toda la verdad, se señala lo más importante: “Además de profesora adjunta de inglés, la esposa del vicepresidente de Estados Unidos, Joseph Biden, es fundadora de la organización sin fines de lucro…”.

 

¡Solamente en el último párrafo! Porque no se quiere destacar que esa visita tiene más importancia política y práctica que la que está mencionando el libelo. Al fin y al cabo, si los “duros” del régimen, comenzando por el decrépito Comandante, están gritándole nuevamente al “imperialismo” y reiterando (desde lejos de la candela) que ellos no tienen miedo, ¿cómo se va a permitir tranquilamente esa “blandenguería” de estar recibiendo de manera protocolar en la isla a la esposa del vicepresidente del “imperio”?

 

Compárese simplemente ese engendro supuestamente periodístico de “Granma” con el comienzo de esta otra información de la agencia española EFE, de 520 palabras y 15 párrafos, que en este caso sí hizo correctamente su trabajo, que comienza señalando claramente lo evidente: “LA HABANA.- Jill Biden, esposa del vicepresidente estadounidense Joseph Biden, llegó este jueves a La Habana acompañada de una delegación que realiza una visita oficial a Cuba…”.

 

La información de EFE destaca en el “lead” (párrafo inicial) lo fundamental, como corresponde a un periodismo serio. Pero en párrafos siguientes no deja de destacar a la distinguida visitante como “doctora en Pedagogía y profesora universitaria de Inglés desde hace más de tres décadas”, ni sus declaraciones de que como “educadora de toda la vida, una de mis cosas favoritas es reunirme con estudiantes y profesores”.

 

Dice la nota de EFE que se reunirá también con “mujeres líderes cubanas” (ahí estarán sin duda las representantes de los intereses del régimen, y todas las demás serían excluidas).

 

Y también EFE destaca algo que curiosamente se le “olvidó” a la ¿periodista? de Granma que elaboró la información oficial: que la señora Biden  participaría en una reunión en La Habana con emprendedores de la isla. Ahí también el régimen seguramente intentará que todos los “emprendedores” que participen en ese intercambio sean de su agrado, pero habría que ver hasta donde podría lograrlo.

 

La reunión de Obama con emprendedores en La Habana cuando visitó la isla no la pudo controlar el régimen como le hubiera gustado, y quien sabe si lo mismo podría pasar con lo que se discuta y comente en esa reunión con Jill Biden.

 

Porque aunque la académica visitante no sea el presidente Obama, y aunque ni a “Granma” ni a los caciques cubanos les haga mucha gracia tener que destacarlo en sus informaciones o en las ceremonias establecidas, la distinguida visitante es la esposa del vicepresidente de Estados Unidos.

 

Y Estados Unidos no es solamente el país más poderoso del mundo, sino que en estos momentos, además, dada las crisis que sacuden a los aliados del régimen castrista, podría ser también una fuente de financiamiento que mantenga el almendrón “revolucionario” caminando sin que se quede sin combustible y sin piezas de repuesto.

 

Pero solamente si son capaces de ganarse ese premio.

 

Tan sencillo como eso.