Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

             Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

Fidel Castro presente en Río de Janeiro la semana pasada

 

Cada vez va resultando más común que la Organización de Naciones Unidas (ONU) lleve a cabo reuniones “cumbre” de jefes de estado o gobierno sobre temas de formulaciones vagas y grandilocuentes y apariencias trascendentales, que en general se reducen  a un largo desfile por los podios de gobernantes o sus representantes expresando generalidades en sus discursos ante sesiones plenarias, pero sin que vayan mucho más allá de eso, y tanto lo que se dice como los acuerdos que se alcanzan -si es que se alcanzan- va quedando olvidado al poco tiempo ante las urgencias del día y los nuevos y graves problemas que van surgiendo continuamente en el planeta.

 

Esta vez tocó el turno a la reunión cumbre conocida como Río + 20, concebida como una continuación histórica de la Cumbre de La Tierra, celebrada también en la ciudad de Río de Janeiro hace veinte años, y donde participó Fidel Castro pretendiendo robarse el show, como de costumbre. De ahí que, en línea con la bochornosa política actual y de los últimos años que lleva a cabo el neocastrismo para exaltar hasta la máxima exageración posible y la escandalosa falsificación histórica el supuesto “legado” de Fidel Castro no solo para los cubanos, sino para toda la humanidad, el régimen haya insistido en la “vigencia” histórica de los apocalípticos llamados de Fidel Castro hace dos decenios.

 

Eso está perfectamente en línea con la línea estratégica propagandista desarrollada por la dócil y domesticada prensa oficialista hacia el interior de Cuba, de destacar el carácter “visionario” del Comandante en Jefe en la anterior Cumbre hace veinte años y sus enfoques espeluznantes y fatalistas sobre el peligro de extinción de la especie humana, reforzado en los últimos tiempos con los infinitos dislates sobre el cambio climático, la desertificación del planeta, el ascenso del nivel de los mares, los peligros de una guerra nuclear, la maldad del “imperialismo” y tantas historias más.

 

Por eso, el discurso de Raúl Castro hace algunos días en la cumbre de Río de Janeiro, quien a pesar de su presencia no parece haberle dado mucha importancia a esa reunión, no se diferenció para nada del que hubiera podido pronunciar Fidel Castro de estar en posesión completa de todas sus facultades mentales, algo que hay absoluto derecho a considerar con suspicacia, sobre todo después de sus últimas “mini-reflexiones”, que cubren desde Deng Xiaoping a la moringa, desde Erich Honecker al yoga, y desde Alberto Juantorena al universo en expansión.

 

Al extremo de que, de no haber demostrado Fidel Castro en los últimos tiempos una evidente incoherencia en el pensar, el hablar y el escribir, podría sospecharse con razón si no fue el mismo Comandante quien escribió el discurso que leyó el general-presidente ante sus colegas en la reunión Río + 20.

 

Raúl Castro repite a Fidel Castro en Río de Janeiro

 

Un análisis detallado de ese discurso de Raúl Castro en Río de Janeiro -lo que requiere un ingente esfuerzo de paciencia, disciplina y voluntad, como podrá comprenderse- refuerza la suspicacia de que parecería haber sido escrito por el propio Fidel Castro, pues no es más que la repetición de las mismas letanías que los cubanos han tenido que soportar durante los últimos cuatro años en las reflexiones del compañero Fidel.

 

Sin embargo, si se observa en detalle, se trata de temas en los que no acostumbra abundar Raúl Castro en sus escasas intervenciones públicas en las reuniones del Consejo de Ministros ampliado, del Consejo de Estado, del Partido, o de la Asamblea Nacional del Poder Popular, ni en los que la prensa oficialista machaca demasiado, a no ser que esos temas se puedan utilizar para tratar de justificar continuamente múltiples incumplimientos, negligencias e ineficiencias de la economía.

 

¿De qué habló Raúl Castro en Río de Janeiro la semana pasada? Destacadamente, de

 

  • Cambio climático
  • Ecosistemas degradados
  • Eventos meteorológicos extremos
  • Salinización de las aguas
  • Sistema económico internacional que excluye a los más pequeños y vulnerables
  • Hambre, desnutrición y desigualdad, como consecuencia del neoliberalismo
  • Guerras para controlar acceso al agua y otros recursos en vías de agotamiento
  • Carrera armamentista
  • Desarme nuclear

 

¿Es que Raúl Castro hablaba de Cuba en esa cumbre? ¿o tal vez del planeta Saturno? No, para nada: hablaba simplemente de los problemas que tiene “la humanidad”, de los problemas que tiene “el mundo”, de los problemas que tiene “el planeta”, es decir, que hablaba siempre de los problemas que tienen “los otros”. ¿Y de los cubanos y sus problemas, qué? Bien, gracias. Eso ni se menciona.

 

El discurso de Raúl Castro resultó una absoluta incoherencia que no aporta nada a la solución de los verdaderos problemas que enfrenta la humanidad, y mucho menos a los terribles y urgentes desastres y las dificultades diarias que enfrentan los cubanos en la Isla no ya para salvar el planeta, sino simplemente para poder subsistir junto a sus seres queridos.

 

Indudablemente, desde el punto de vista conceptual y teórico, así como del político, el social y el práctico, hay que preocuparse muy seriamente de los problemas que generan para nuestro planeta tanto el cambio climático como la degradación de los ecosistemas o los eventos meteorológicos extremos. Aunque también hay que señalar que alrededor de estos temas han existido y existen desde responsables llamados de alerta muy bien fundamentados y convincentemente planteados, hasta demagógicas, exageradas y plañideras declaraciones y foros, con la intención de provocar pánicos y tremendismos para recaudar fondos o para lograr interesadas agendas específicas.

 

No todo lo que se habla sobre estos “peligros para la humanidad” está científicamente fundamentado ni demostrado con evidencias. Incluso ya se conoce que algunas de las “tremebundas alertas” señaladas habían sido convenientemente falsificadas para lograr objetivos específicos.

 

Por otra parte, problemas reales que se plantean sobre estos temas son previstos para dentro de períodos relativamente largos, en ocasiones hasta para finales del presente siglo, lo que significa que la humanidad de nuestros días, aunque no caiga en el pánico ni en la despreocupación, tiene todavía tiempo suficiente para buscar y encontrar soluciones aceptables para muchos de esos problemas. No hace tanto que personas honestas se preocupaban sobre los problemas que acarrearían a la sociedad la mecanización, la automatización, los viajes espaciales, enfermedades desconocidas, la computación, o el cambio de milenio, y la humanidad aprendió a lidiar con tales “amenazas” y seguir adelante.

 

Realidades y mezquinos intereses

 

Pero no se pueden desvirtuar las realidades por mezquinos intereses políticos o falsas justificaciones con el fin de mantenerse a toda costa en el poder, y no se puede culpar a los factores naturales o a la acción irresponsable de los seres humanos contra el planeta por las permanentes y continuas deficiencias, insuficiencias, injusticias, inequidades e irresponsabilidades del castrismo durante más de medio siglo.

 

A manera de ejemplo sobre lo anterior, hay que señalar que con independencia de la tendencia a la salinización de las aguas en el planeta, hay que ser muy claros denunciando la responsabilidad de la agricultura estatalizada castrista y la intensificación exagerada y absurda de la producción agropecuaria cubana y sus enfoques sovietizantes, en la degradación del manto freático cubano y la salinización de las aguas subterráneas cubanas.

 

Resulta indudablemente cierto que tanto el cambio climático como diversos eventos meteorológicos extremos han dañado los ecosistemas cubanos en el último medio siglo, como mismo ha sucedido en el resto del planeta, pero eso no explica ni permite borrar el extraordinario daño ecológico creado en Cuba con la deforestación exagerada y sin el más mínimo sentido de integralidad provocada por la “Brigada Che Guevara” durante la década del sesenta, pretendiendo recuperar tierras para las siembras cañeras en función de la hipotética Zafra de los Diez Millones y el incontenible desarrollo de la producción agropecuaria que anunciaba el Comandante, pero que nunca se materializó.

 

Nada de eso justifica haber destruido la industria azucarera y haber paralizado, desmontado y abandonado casi un centenar de centrales azucareros demagógicamente llamados complejos agroindustriales, con el consiguiente daño provocado no solamente a la primera industria cubana durante muchos años y a las industrias derivadas, sino también a los múltiples y dinámicos asentamientos poblacionales y redes de caminos y ferrocarriles que se habían desarrollado alrededor de los centrales azucareros desde hacía más de un siglo.

 

Nada de eso justifica haber destruido la masa ganadera del país con experimentos alocados, irresponsables y sin ningún tipo de control, que solamente condujeron al fracaso y el exterminio virtual de la masa ganadera, y sometieron a los cubanos a dificultades, escaseces y limitaciones innecesarias en sus fuentes de alimentación.

 

Nada de eso justifica haber destruido la economía nacional y su base productiva, para venir ahora a pretender que todos los problemas que padecen los cubanos, y que no puede resolver ni el régimen totalitario ni tampoco ninguna timorata “actualización del modelo”, puedan ser explicados por inevitables dificultades naturales o cambios climáticos, y mucho menos por la acción del “criminal bloqueo imperialista”.

 

Tanto el castrismo como su caricatura “actualizada”, el neocastrismo, necesitan tener siempre a mano culpables suficientes para no aceptar responsabilidades creadas por la incompetencia, la ineficiencia y la ineptitud. No se puede vivir culpando de las dificultades a los fenómenos naturales, así como tampoco a la “crisis económica internacional” o a causas abstractas que nadie logra concretar.

 

El ineficiente sistema de acopio estatal de la producción agropecuaria cubana, señalemos esto frente a las terribles advertencias apocalípticas de los hermanos Castro, hace más daño a la producción, las cosechas y los esfuerzos de los campesinos privados, arrendatarios, cooperativistas y productores agropecuarios estatales, que todas las plagas y enfermedades de plantas y animales, la “crisis económica internacional, “la sequía” y “el bloqueo”. Y ha sido así durante más de medio siglo.

 

Pretender excusarse en todos los factores mencionados en el discurso en Brasil es una treta demasiado utilizada durante demasiado tiempo para que existan demasiados incautos que puedan seguir creyendo en ella.

 

El “sistema económico internacional” excluye a los países más pequeños y vulnerables, dicen cínicamente los hermanos Castro, tanto el mayor en sus antiguos e interminables discursos y sus actuales “reflexiones”, como ahora el menor en el sucinto discurso que prácticamente fotocopió y repitió en Río de Janeiro hace pocos días.

 

Lo cual es solamente una verdad relativa, en el mejor de los casos, y no lleva a las mismas conclusiones a las que lleva el castrismo. ¿O es que Singapur, Costa Rica, Uruguay, Taiwán, Luxemburgo o San Marino, por citar algunos, no son países “pequeños” que han dejado de ser “vulnerables”, y que aunque tengan que enfrentar dificultades económicas y sociales, como todos los países en este mundo, avanzan continuamente y van resolviendo los problemas de sus respectivas poblaciones, sin tener que culpar al “sistema económico internacional” o al tenebroso “imperio” de los problemas que ellos mismos no pueden resolver?

 

Por eso es escandaloso ese enfoque de Raúl Castro, repitiendo las mismas simplezas de su hermano mayor y tirano que le precedió en la destrucción de la nación cubana, aunque está claro que el general solamente está hablando para la galería y las relaciones públicas, porque a él verdaderamente no le interesa todo eso que está diciendo, como tampoco le interesa a quienes le escuchen.

 

Además ¿es que acaso el sistema económico castrista que se ha implantado por la fuerza por más de medio siglo no excluye a los cubanos más vulnerables y, simultáneamente y aun con mucha más saña, premeditación y alevosía, a todos los que no comulgan con la doctrina de los hermanos Castro?

 

¿Es qué verdaderamente la pobreza, el hambre y la desnutrición que sufren tantos pueblos en el mundo son solamente una “consecuencia del neoliberalismo”? ¿Es que no hay responsabilidad alguna por parte de gobernantes ilegítimos, dictadores, tiranos, corruptos, golpistas, malversadores, oportunistas, demagogos, populistas, y vulgares ladrones, que desde hace muchísimo tiempo vacían las arcas de sus naciones y las esperanzas de sus pueblos a costa de las limitaciones que imponen por la fuerza a sus ciudadanos?

 

Entonces, siendo estrictos con la supuesta “lógica” expuesta por Raúl Castro y diseñada y aplicada durante muchísimo tiempo por su hermano mayor, sería correcto decir que la inacabable y de larga data escasez de alimentos en Cuba (que cubre viandas, vegetales, frutas, carnes, aves, huevos, leche, café, grasas, arroz, frijoles, azúcar, sal, pan, dulces, conservas, quesos, mantequilla, yogurt, jugos, refrescos, helados, especias, y todo lo imaginable), así como la necesidad de importarlos con divisas que no alcanzan, además de los absolutamente escandalosos precios en las llamadas Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD) y en los puntos de venta que son propiedad del Estado totalitario y son administrados por su burocracia parasitaria, bajo la constante ingerencia y vigilancia del partido comunista, pueden considerarse consecuencia del “neoliberalismo” aplicado por el castrismo y el neocastrismo en todos estos años.

 

¿O es que el general-presidente se está comportando, una vez más, como el perfecto demagogo y caudillo populista latinoamericano que ha tenido que padecer todo nuestro continente durante dos siglos? Sabemos que ya hace mucho tiempo que en Cuba no existe una “revolución”, pero aun así hay derecho a preguntarse si en el país se supone que se hizo una “revolución socialista” con un enorme costo humano, social y emocional, además de económico y político, para eso.

 

Carrera armamentista y desarme nuclear

 

Con lo anterior bastaría para decir que se había logrado el súmmum del cinismo político y del despiste en materia de gobernabilidad, realismo y democracia, pero Raúl Castro todavía guardaba bajo su charretera -aunque en esta ocasión estuviera vestido de civil y presidiendo una delegación civil, sin ancianos ni generales, que además incluía una mujer, aunque también sin negros ni obreros entre sus integrantes- unas declaraciones finales que, si no representaran tanta tragedia y dolor para los cubanos dentro y fuera de la Isla, darían deseos de reír hasta enmudecer.

 

Tal si fuera extra-terrestre o despertara de un largo invierno esquimal, Raúl Castro acabó su discurso declarando en Río de Janeiro, en el marco de esa Cumbre de Jefes de Estado Río + 20 que se supone que hubiera sido una actividad seria y respetable, después de repetir las cantinelas de Fidel Castro en sus últimos años como Magno Convaleciente y Reflexionante en Jefe, algo que pasará a la historia de la insensatez, la desvergüenza, o ambas cosas a la vez:

 

Cese el despojo, cese la guerra, avancemos hacia el desarme y destruyamos los arsenales nucleares”.

 

Palabras bellas y vacías, sin dudas, que podría suscribir cualquier persona convencida de las injusticias de este mundo y de lo absurdo de las guerras. Sin embargo, no puede dudarse que es sorprendente escuchar estas palabras en boca de un general de cuatro estrellas que durante más de cuarenta y siete años ocupó el cargo de ministro de las fuerzas armadas de su país, y que aun siendo oficialmente “presidente” desde el 2008 no acaba de despojarse definitivamente del uniforme militar, porque sabe muy bien que solamente se mantiene en el poder por la fuerza y no por la legitimidad de las urnas.

 

Un ahora general-presidente que en estrecha complicidad con su hermano Comandante organizó la subversión guerrillera, el entrenamiento de combatientes y terroristas, la ingerencia militar disfrazada de “asesoría”, la violación de la soberanía de muchos países, el aniquilamiento de “enemigos” en el extranjero, o las batallas frontales de las tropas cubanas en los cuerpos expedicionarios africanos.

 

Y no lo hizo ni en un solo momento ni en un solo lugar, sino en infinidad de países y durante todo el tiempo: Santo Domingo, Haití, Panamá, Venezuela, Argentina, Uruguay, Brasil, Perú, Bolivia, Paraguay, Puerto Rico, Chile, Guatemala, Belice, Colombia, Nicaragua, El Salvador, Honduras, México, Grenada, Argelia, Siria, Yemen, Congo (Brazzaville), Congo (Kinshasa), Libia, Angola, Etiopía, Namibia, Mozambique, Sudáfrica, Tanzania, Somalia, Uganda, Guinea Bissau, Guinea Conakry, Ghana, Burkina Fasso, Camerún, Djibouti, Eritrea, República Saharauí, Marruecos, Irlanda, España, Portugal, Italia, entre otros.

 

El mismo hoy general de cuatro estrellas que participó al más alto nivel posible en su país en la organización y desarrollo de un impresionante aparato de inteligencia global, desviando los recursos que el país necesitaba para su desarrollo hacia estas actividades tenebrosas, institución que además de entrenar y financiar insurgentes latinoamericanos, estadounidenses, europeos, africanos y asiáticos, reclutó generales, ministros, políticos, embajadores, gobernantes, profesores, banqueros, empresarios, periodistas y religiosos en cuatro continentes, e introdujo espías en los más altos niveles de los gobiernos latinoamericanos y africanos, pero también en el Pentágono e instituciones del gobierno norteamericano y de gobiernos europeos.

 

Un costosísimo sistema de inteligencia financiado por la Unión Soviética que incluso llegó en determinados momentos, gracias a su extraordinario desarrollo y efectividad, a ser suministrador de información de inteligencia privilegiada para la tenebrosa KGB y otros sistemas de inteligencia este-europeos en temas de América Latina y África (como cuestión de “solidaridad”), así como para diversos enemigos de EEUU, básicamente en el Medio Oriente (como negocio, a cambio de pagos).

 

El llamado de Raúl Castro a destruir los arsenales nucleares no parece tener nada que ver con el absurdo e ineficiente arsenal nuclear de Corea del Norte que se construye a costa del hambre y la miseria del pueblo norcoreano, ni el peligroso arsenal nuclear que en estos momentos pretende construir aceleradamente la teocracia de Irán y el irresponsable y belicoso presidente Ahmahinejad. Su llamado no va en esa dirección.

 

Ni siquiera ese sería un llamado estricto a destruir los arsenales nucleares rusos y chinos, países con quienes en estos momentos se mantienen buenas relaciones, ni tampoco contra el más limitado arsenal hindú, pues las relaciones con la India van avanzando en estos momentos. Y, por decantación, tanpoco el mucho más limitado arsenal nuclear pakistaní.

 

Entonces, el llamado de Raúl Castro contra las armas nucleares se enfoca hacia los “sospechosos habituales”: Estados Unidos, Inglaterra, Francia y tal vez Israel, es decir, las democracias occidentales, aunque Israel no reconoce disponer de un arsenal nuclear.

 

Demagogia al máximo de parte de Raúl Castro; moral selectiva e intencionada. ¿Para engañar a quién? Eso no puede engañar ni a los gobiernos serios ni a las personas que gusten de pensar con detenimiento. Así que quedaría para disfrute de los tontos útiles que tanto abundan, y que les encanta reunirse alrededor de estas grandes e inútiles conferencias de la ONU.

 

Dentro de algo más de cuatro meses se conmemorarán los cincuenta años de la Crisis de Octubre de 1962, llamada también Crisis del Caribe o Crisis de los misiles. Y a los hermanos Castro, tanto al máximo responsable como a su segundo al mando de siempre, les convendría mucho, pero mucho, que se olvidaran muchas cosas sobre ese lúgubre acontecimiento, aunque no sea posible hacerlo.

 

Porque lo que ni Fidel Castro ni su hermano menor pueden borrar de la historia, ni muchísimas personas de sus mentes, es esta barbaridad escrita por Fidel Castro a Nikita Jruschov en los momentos más álgidos de la crisis de los misiles, el 26 de octubre de 1962:

 

“Si la segunda variante tiene lugar y los imperialistas invaden Cuba con el objetivo de ocuparla, los peligros de su agresiva política son tan grandes después de esa invasión que la Unión Soviética no debe permitir circunstancias en las que los imperialistas puedan llevar a cabo un primer ataque nuclear contra nosotros.

 

Le digo esto porque creo que la agresividad de los imperialistas los hace extremadamente peligrosos, y si ellos se las arreglan para llevar a cabo una invasión de Cuba -un brutal acto en violación de las leyes universales y morales- ése sería el momento para eliminar este peligro para siempre, en un acto de la más legítima autodefensa. Por dura y terrible que sea la solución, no habría otra”.

 

Ante la respuesta de Jrushov el 28 de octubre, donde no toca el tema de un primer golpe nuclear que ha sugerido el Comandante, Fidel Castro vuelve a escribirle el día 30, tratando de desfacer el entuerto que ha creado con su conducta temeraria y su increíble irresponsabilidad:

 

“No le sugerí a usted, compañero Jruschov, que en medio de la crisis la URSS atacara, que tal parece desprenderse de lo que me dice en su carta. Sino que después del ataque imperialista, la URSS actuara sin vacilaciones y no cometiera jamás el error de permitir las circunstancias de que los enemigos descargasen sobre ella el primer golpe nuclear”.

 

No sabía el Comandante que ese mismo día, comentando el tema con una delegación de Checoslovaquia en Moscú, Jrushov había manifestado su asombro de que Fidel Castro le hubiera sugerido por carta que “seamos nosotros los primeros en iniciar una guerra atómica”.

 

Afortunadamente, ni la provocación ni el cantinfleo castrista consiguieron convencer a sus aliados comunistas, que actuaron de una manera mucho más responsable de lo que hizo Fidel Castro durante esa crisis. Cuando las memorias de Jruschov fueron publicadas, varios años después de haber sido destituido como máximo gobernante soviético, primero en versiones occidentales y finalmente en la Rusia post-soviética, el mundo pudo conocer la opinión que le mereció en aquellos momentos al líder comunista soviético la irresponsable propuesta de Fidel Castro:

 

“Solo una persona que no tiene idea de lo que significa una guerra nuclear, o que está enceguecida por la pasión revolucionaria, como sucede con Fidel Castro, puede hablar de ese modo…”

 

Eso es lo que Raúl Castro pretende que se olvide con su declaración llamando al cese de la guerra y a avanzar hacia el desarme y la destrucción de los arsenales nucleares.

 

Sin embargo, tal vez podría decirse, ¿no es posible que alguien rectifique, sobre todo al final de su vida, cuando los años le pesan, y sabe que el final se acerca? ¿No es posible que Raúl Castro haya dicho todo eso con sinceridad?

 

Sin dudas, eso es posible en un plano teórico en el campo de la sociología, la sicología, la política, la ética y la religión, pero en el caso que nos ocupa, aunque técnicamente no sea absolutamente imposible, resulta muy difícil, teniendo en cuenta que se trata de los dos hermanos Castro, que tantos problemas han creado a Cuba y al mundo durante más de medio siglo.

 

Los últimos acontecimientos

 

Después de su grisáceo discurso en Río de Janeiro, y aun sin haber regresado a Cuba, se han producido tres acciones en el marco de la solidaridad “bolivariana” que no pueden hacer presagiar ningún cambio de dirección sincero en el neocastrismo raulista, y que mencionaremos en orden cronológico:

 

En primer lugar, después de la campaña de los países integrantes del ALBA contra la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en su proyecto de terminar con la Organización de Estados Americanos (OEA), para lo cual el primer paso estratégico fue la creación de la “Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe” (CELAC), excluyendo a Estados Unidos y Canadá, ahora esos mismos países “bolivarianos” se han puesto de acuerdo para solicitar que se retire (en realidad para la expulsión) de cada uno de ellos la representación de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), por supuestas actividades “injerencistas”.

 

Este “antimperialismo” patológico, diseñado hasta en sus detalles por el decadente Fidel Castro, pretende crear un rompimiento profundo y definitivo del sistema interamericano, en aras de una supuesta “independencia” que en realidad no sería tal, y que el único resultado cierto que puede traer es privar a muchas de las naciones participantes en esta idiotez de los beneficios y la ayuda que Estados Unidos puede brindar para el desarrollo de los pueblos de esa “Nuestra América” que los rencorosos se empeñan en desbaratar bajo los sueños de una “patria” latinoamericana que no va hacia ningún lado alejándose de los fundamentales polos de desarrollo mundial, pero que alimenta sus egos y sus ambiciones de mantenerse en el poder indefinidamente.

 

En segundo lugar, posteriormente, al conocerse que el poder legislativo paraguayo, en el marco de lo que dispone la constitución de ese país, había acusado de diversas irregularidades y realizado un juicio político al presidente Fernando Lugo, que fue destituido y sustituido por el hasta entonces vicepresidente Federico Franco, tanto los países “bolivarianos” como sus cercanos aliados y simpatizantes han dado la espalda al Paraguay y condenado lo que denominan como “golpe de estado”, en una reacción muy similar a la manifestada tras la destitución por la fuerza de Mel Zelaya en Honduras.

 

Y el destituido Fernando Lugo, que en un principio pareció aceptar su remoción por el Congreso paraguayo como un evento dentro del marco de la ley, posteriormente surgió envalentonado con las griterías y las declaraciones de apoyo de los gobiernos “bolivarianos”, comenzó a repetir las mismas payasadas de Zelaya en Honduras, y pretende establecer un gobierno paralelo, a la vez que desconoce a su antiguo vicepresidente, que fue nombrado presidente y se hizo cargo del gobierno conforme a lo que establece la Constitución.

 

La Organización de Estados Americanos (OEA), como de costumbre, no se define claramente. Ya su secretario general ha declarado que el proceso de sustitución de Fernando Lugo, “aunque formalmente apegado a la ley, no parece cumplir con todos los preceptos legales del derecho a la legítima defensa”. Agregando a continuación que “la letra de la ley nunca puede amparar la violación de los principios (…) nadie quisiera que esto se transforme en una tendencia que empañe este período democrático de nuestra región, al que ha sido tan difícil llegar”. Para el inefable señor secretario general de la OEA, esa “democracia” a la que ha sido tan difícil llegar parece ser cualquier cosa que admita y no condene el golpista Hugo Chávez, pero no sería democracia ni la establecida en la antigua Atenas  si el teniente coronel venezolano la condena. La sumisión del secretario general a los principios (¿o será tal vez a los abundantes recursos?) del “socialismo del siglo XXI”, de tan extrema, resulta bochornosa y ridícula.

 

Ya el domingo varios gobiernos de la región habían dado a conocer el retiro de sus embajadores en Asunción. Aparentemente, se producirá en el caso de Paraguay una fractura entre los gobiernos latinoamericanos y del Caribe similar a la que se produjo en Honduras cuando la expulsión violenta de Zelaya, aunque en este caso la separación de Lugo ha sido de manera pacífica hasta estos momentos. Ya Hugo Chávez anunció el cese de los envíos de petróleo venezolano al Paraguay, establecidos en los acuerdos de Caracas, como un acto de represalia, aunque a esta intención de rendir al nuevo gobierno cortando sus disponibilidades energéticas no se le llama “criminal bloqueo imperialista”, sino “solidaridad bolivariana”. Cosas del lenguaje de la izquierda carnicera.

 

La declaración del régimen en La Habana rápidamente condenó el “golpe de estado parlamentario” y señaló que “no reconocerá autoridad alguna que no emane del sufragio legítimo y el ejercicio de la soberanía por parte del pueblo paraguayo”. Maravillosa retórica y falta de vergüenza: parece que tales principios solamente se aplican hacia el exterior del país, puesto que en el último poco más de medio siglo no puede hablarse de alguna autoridad cubana que haya emanado “del sufragio legítimo y el ejercicio de la soberanía por parte del pueblo”.

 

Finalmente, para quienes creyeron que la presencia del  caudillo iraní Mahmud Ahmadinejad en Caracas tras la reunión cumbre de Río + 20,  sin haber pasado o pasar por La Habana, podía significar algo más que una clara “división internacional del trabajo” dictatorial, el domingo 24 de junio arribó a La Habana, invitado por Raúl Castro, el gobernante de Belarús (antigua Bielorrusia) Alexander Lukashenko, en el poder desde 1994, considerado el último dictador europeo y la “oveja negra” de Europa, destacado violador de los derechos humanos en su país y denunciado por haber realizado escandalosos fraudes y forzado los resultados de las elecciones en su país para que señalaran en su favor. Terminada su visita de veinticuatro horas a Cuba, el dictador bielorruso visitará Venezuela, y posteriormente Ecuador: países “bolivarianos” todos, así que ya se sabe lo que puede esperarse.

 

Entonces, nada nuevo en La Habana: ahora llega Lukashenko, el tirano bielorruso. Antes llegaron (y fueron condecorados por Fidel Castro con la Orden Nacional José Martí) otros personajes tan poco agradables como Mengistu Haile Marian, Daniel Ortega, Leonid Brezhnev, Nicolae Ceasescu o Robert Mugabe. Siempre lo mismo desde el Palacio de la Revolución, Punto Cero o La Rinconada:  ¡dictadores del mundo, uníos!¡creced y multiplicaos!

 

Así que más que perder tiempo pretendiendo encontrar señales de transformaciones políticas, éticas o socio-sicológicas en las palabras y acciones de Raúl Castro y del régimen cubano, hay que mantener el realismo, por lo que es preferible ver otra frase del discurso del general-presidente en Río de Janeiro, otra copia más del cinismo y la demagogia de Fidel Castro, donde una vez más ambos hermanos identifican a Cuba con su persona y con su tiránico gobierno vitalicio:

 

“Cuba aspira a que se impongan la sensatez y la inteligencia humana sobre la irracionalidad y la barbarie”.

 

Esa si es una frase con la que todos los cubanos podemos estar de acuerdo y apoyarla, porque Cuba no son los hermanos Castro solamente. Así que, como cubanos que somos todos, podemos aspirar sinceramente a que se impongan la sensatez y la inteligencia humana sobre la irracionalidad y la barbarie.

 

Lo que en el caso de nuestra patria requiere que termine para siempre la dictadura de los hermanos Castro, de ambos. Porque de lo contrario será imposible que la sensatez y la inteligencia humana se impongan sobre la irracionalidad y la barbarie que representan tanto el castrismo como el neocastrismo, así como todos los proyectos sucesorios que se quieren establecer a espalda de los intereses y las aspiraciones de todos los cubanos.