Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

                                                                                                      Dr. Eugenio Yáñez

                                                                                                                                                            

 

EL TIEMPO SE ESTÁ ACABANDO… PARA TODOS

 

Curiosamente, aunque cada vez hay menos tiempo para todos en la solución del drama cubano, los principales protagonistas involucrados parecen comportarse como si el tiempo sobrara o como si el inmovilismo fuera, además de aburrido, intrascendente.

 

Raúl Castro lleva más de quince meses “provisionalmente” en el poder, y han pasado más de tres meses y medio desde su “discurso de la leche” el 26 de julio del 2007, donde habló de la necesidad de reformas estructurales y llamó al debate de los problemas de los cubanos, hechos que la prensa cubana, en perfecto autismo, desconoce diariamente. Y aunque los nuevos ómnibus chinos, conocidos popularmente como “los Yutones”, han comenzado a hacer tímido acto de presencia en las calles, la leche, los frijoles o la carne de puerco parecen seguir en asamblea, pues no se muestran en las mesas cubanas.  

 

Hugo Chávez, el muy democrático teniente coronel golpista que acusa a todo quien se le opone de golpista o vendido al “enemigo”, está demasiado ocupado organizando su propio golpe de estado contra los venezolanos, bajo el nombre de reforma constitucional, y ya hizo lo que pudo: ofreció la garantía de petróleo venezolano a Cuba por dos siglos, a cambio de la nimiedad de la soberanía y la bandera.

 

Los estudiantes venezolanos en las calles han venido a complicarle las cosas. Como en abril del 2002, los matones del chavismo provocaron nuevamente muerte y sangre: entonces apostados en Puente Llaguno, ahora resultaron ser motorizados, y en vez de esperar pasivamente fueron hasta donde estaban quienes protestaban para aplicar la “batalla de ideas” del socialismo del siglo XXI con pistolas y cadenas. Como podría decir alguno de los  asesores militares cubanos actualmente en Venezuela, la ofensiva es la forma principal de las acciones combativas.

 

Cuando las manifestaciones anteriores de los estudiantes, meses atrás, se dice que Raúl Castro recomendó a Chávez que dejara que se agotaran y se disolvieran por sí solas, mientras Ramiro Valdés era partidario de la represión pura y dura, tema que él conoce muy bien. La situación surge de nuevo, y hay que observar hasta donde llegará. La para-represión a través de matones motorizados ya no engaña a nadie que no quiera dejarse engañar.

 

El general ahora en retiro Raúl Baduel, amigo, compañero y co-conspirador con Chávez en el golpe-fracaso de 1992, en el que finalmente no participó, declaró que la victoria de la reforma de Chávez sería un golpe de estado. Chávez consideró la actitud de Baduel como “traición”. Muchos pensaron (desearon) que el general haría “algo”, que esa declaración sería el preludio del arranque de los motores de los tanques en Venezuela. Pero si cuando podía hacerlo, siendo jefe directo de esos tanques, o posteriormente como Ministro de Defensa, miraba hacia otra parte, ahora que no tiene mando oficial le sería mucho más difícil. Y con la contrainteligencia cubana observando atentamente, ni una bicicleta le sería fácil de movilizar después de esas declaraciones.

 

Por su parte, a George W Bush le quedan un poco más de catorce meses en La Casa Blanca para tratar de lograr algo en Cuba con sus “nuevas iniciativas” anunciadas en el discurso del 24 de octubre. Estando claro ya, ¡elemental, Watson!, que el régimen no autorizará la entrada de computadoras ni las becas ofrecidas, queda la creación del multimillonario Fondo para la Democracia en Cuba.

 

Los secretarios (ministros) Condolezza Rice y Carlos Gutiérrez recorrerán el mundo o harán uso del teléfono, una vez que ya el Presidente Bush dejó claro que no habrá cambios ni modificaciones al embargo contra el régimen, para pedirle a los gobiernos de los 184 países que votaron en Naciones Unidas “contra el bloqueo”, aunque haya sido simbólicamente, que aporten dineros para un fondo de reconstrucción en Cuba una vez que el embargo haya sido levantado por haber comenzado una transición hacia la democracia en Cuba.

 

De los países que no apoyaron la resolución promovida por el régimen cubano, Israel podría hacer algún aporte, pero con sus objetivos y supervivencia dirigidos hacia el Medio Oriente y el programa nuclear iraní, no será una contribución decisiva. Los otros dos países, Palau e Islas Marshall, no deben tener demasiado dinero fuerte en sus arcas para colocarlo en un Fondo de aplicación indefinida en el tiempo y conceptualización confusa.

 

Dentro de Cuba, el régimen se debate entre la necesidad de hacer “algo” y el inmovilismo desde la cama del Comandante, que como “Gran Hermano” vigila y dice que reflexiona, pero que no aporta nada: las fotos de los medios oficiales que acompañan las "pruebas de vida" del Máximo Enfermo muestran un Castro rozagante y juvenil en fotos tomadas hace años, no el lamentable paciente que apareció en cámaras "saliendo" de un elevador y moviendo ridículamente sus hombros en octubre del 2006: la memoria histórica se manipula desinformativamente, para que parezca que "la vida sigue igual".

 

De poco sirve: con las aguas de la tormenta “Noel” barriendo las provincias más orientales del país, el Magno Paciente comenzó a recordar a su manera su supuesta propia epopeya y su liderazgo cuando el huracán “Flora” en 1963, pero no estaba ahora en condiciones ni para ordenar que los transportadores blindados salieran a prevenir pérdidas de vidas.

 

Afortunadamente en este caso, específicamente, los sucesores sí están en el poder, y la Defensa Civil funcionó, por lo que a pesar del desastre natural y los más de quinientos millones de pérdidas y daños materiales, solamente hubo que lamentar una baja mortal, aparentemente por imprudencia. Ya que el enorme e innecesario aparato militar cubano no tiene guerras que pelear, al menos su aplicación ante los desastres naturales tiene efectos positivos. No justifica esto ni la militarización del país por medio siglo, ni las absurdas campañas africanas comenzadas hace más de treinta años, ni la injerencia guerrillera y subversiva en América Latina y el Tercer Mundo, pero al menos la reducción al mínimo de muertes por este desastre natural es algo positivo para los cubanos.

 

Lo único positivo prácticamente. Pues ahora existe otro pretexto para justificar por qué no se avanza, por qué no hay cambios. Raúl Castro y Ramiro Valdés no dieron la cara: tal vez estén analizando los resultados de los “debates” o concibiendo el alcance de las reformas estructurales mencionadas, más que anunciadas, y que no aparecen por ningún lado, ni siquiera en conceptos. Si es así, deben saber que no les queda mucha holgura.

 

El petróleo submarino está ahí, ya se sabe. Y tal vez también en tierra. El problema no es convertir la prospección en petróleo, sino el petróleo en dinero, y el dinero en riqueza. Petróleo sin estrategia ni cerebro tiene Chávez, y está hundiendo a Venezuela.

 

Esperar por un levantamiento del embargo, o al menos una flexibilización en una próxima administración, sea demócrata o republicana, requiere tiempo, año y medio por lo menos, en el mejor de los casos. No es seguro que suceda, y de suceder pudiera demorar mucho más. Y siguen llegando más niños a la edad de siete años y perdiendo el “privilegio” de tomar leche, mientras el Comandante en Cama reflexiona sobre calentamiento global y la guerra en Yugoslavia.

 

José Ramón Machado Ventura, disfrazado de líder, visitó zonas dañadas y no se ha sabido más nada. Carlos Lage quiso alentar a quienes estuvieron a punto de haberse ahogado y habían perdido sus escasas pertenencias con la noticia de que Fidel Castro seguía de cerca los acontecimientos (recordando historias de 44 años atrás) y tuvo que salir de prisa para Santiago de Chile, a una cumbre inútil donde lo más importante que hizo, después de hablar incoherencias, fue tratar de defender a Chávez tras el regaño del Rey de España y "teorizar" sobre legitimidad democrática para atacar a Aznar y "calzar" a Zapatero y los socialistas que reparten generosamente el dinero de los españoles y hablan de condonar la deuda cubana.

 

Incluso el Presidente del gobierno español salió en defensa de la dignidad española que Chávez vituperaba por órdenes de La Habana, al recordar que el ex-presidente Aznar había sido electo democráticamente. Pero Carlos Lage balbuceó algo así como "ser electo y después mandar a matar", refiriéndose al apoyo de Aznar a las guerras en Irak y Yugoslavia.. ¿Qué sucede entonces cuando, sin ser electo, se manda a matar en Angola o Etiopía, en El Congo o Venezuela, en Bolivia o Nicaragua, en México o Puerto Rico? 

 

Fue cerrada una mina de níquel por las inundaciones, pero la ministra Yadira García anda por Vietnam, y el inefable Ricardo Alarcón explica en un evento mundial en La Habana que la corrupción administrativa es un cáncer planetario, de donde se deduce que la corrupción en Cuba es algo consustancial a todos los países, y no solamente al régimen.

 

La atención a los desamparados en las provincias orientales y Camagüey quedó a cargo de los politburó locales y dirigentes de segunda línea: allá la prensa española y latinoamericana que considere que un miembro del secretariado del Partido en Cuba es un dirigente de alto nivel.

 

Los disidentes la siguen pasando mal. Aunque aparentemente se ha permitido cierto espacio de mini-debate crítico en los campos de la cultura oficial, y a regañadientes, el puño de hierro se ha cerrado más aún sobre los opositores del patio: al mínimo movimiento que pueda salirse de los  estrechos límites que el régimen permite más que nada por guardar la forma, entran en acción los mecanismos represivos, selectivos y sofisticados a la vez, y las medidas se mueven desde las advertencias, pasando por las golpizas, hasta la prisión.

 

Con América Latina pensando en “cohesión social” y socialismo del siglo XXI, quien único se acuerda de los disidentes cubanos y los presos de conciencia, en el marco hispanoamericano, es el gobierno español… pero para decir, lamentablemente, que las cosas están mejorando en Cuba en materia de derechos humanos.

 

En Cuba, en estos meses que han terminado, ha habido supuestamente dos debates: el del pueblo, los cubanos de a pie, que con más o mayor intensidad, en dependencia de las condiciones y los temores, han señalado en asambleas las interminables deficiencias del sistema, como lo hicieron muchos años atrás en preparación de los Congresos de la CTC y, posteriormente, del Partido: catarsis colectivas que terminaron en frustración masiva. Están tal vez en la última oportunidad de creer en el régimen o, más correctamente, el régimen tal vez está en la última oportunidad de que los cubanos crean en el sistema y su liderazgo.

 

Y existe el otro debate, el de intelectuales y profesores, el de las mentes sublimes que están por sobre "la masa" y que impresiona a la prensa extranjera como si fuera masivo, el de los que saben que “la cosa” no funciona ni se arregla con más de lo mismo, que hacen falta cambios y reformas, y que ya no queda mucho tiempo para estar bromeando.

 

Y ese es el punto más caliente: reformas, sí, cambios, sí, ¿pero hasta dónde? No puede salirse en este debate del marco socialista, por decreto, pero ahora resulta que se enteran que hay o hubo muchos socialismos, además del cubano, del "real", del de los libros y el del periódico "Granma": soviético, coreano, yugoslavo, chino, camboyano, sueco, español, y últimamente hasta venezolano, ecuatoriano y boliviano. Entonces, no hay problemas: bajo el paraguas del socialismo, o de los socialismos, se podrían decir muchas cosas.

 

Las momias ideológicas en La Habana, encabezadas por Raúl Valdés Vivó y Armando Hart, otrora poderosos miembros del Secretariado y del Politburó, respectivamente, y hoy venidos a menos, con el tímido apoyo de “intelectuales” y “profesores” que no se atreven a “pinchar el muerto”, siguen elaborando teoría del socialismo sucesorio a través de la tergiversación, el olvido selectivo y el sofisma: celebran nostálgicos los noventa años de la revolución de Octubre y la grandeza de Lenin, tratando de explicar que el gran fracaso fue culpa de otros, no de las ideas leninistas.

 

Si fueran serios en sus análisis históricos, y me refiero a los intelectuales y profesores, no a Valdés Vivo y Hart, que nunca lo han sido, sabrían que los marxistas que agrupó Engels en la Segunda Internacional en París, en 1895, se mantuvieron más fieles al marxismo que Lenin y los bolcheviques, quienes forzaron las cosas para aplicar el socialismo leninista en “el eslabón más débil” y provocaron la matanza de millones de seres humanos, gigantescas hambrunas, represión ilimitada, escasez permanente, invasiones militares y destrucción a nombre de “una nueva era en la historia de la humanidad” que duró 74 años.

 

No se habla en La Habana, en el famoso “debate” que aparece parcialmente en páginas digitales en el extranjero, pues dentro de Cuba casi nada, de un pequeño folleto de Lenin titulado “La revolución proletaria y el renegado Kautsky”. ¿Lo recordarán los profesores e intelectuales?: es uno de los tantos donde Lenin explica la “traición” al marxismo en la llamada Segunda Internacional, para justificar la Tercera, comunista, bajo su férreo puño y el de Stalin posteriormente.

 

No se habla de que aquellos “traidores” orientaron sus esfuerzos y su ideología hacia una socialdemocracia que aprendió a moverse dentro del estado de derecho y el respeto a la voluntad de los votantes, y que fue dando prosperidad y progreso a sus naciones hasta nuestros días, apartándose por el camino de los desaciertos y garrafales equivocaciones de los fundadores, mientras el comunismo quebró en el Muro de Berlín aferrado a los dogmas revisionistas de Lenin y Stalin. Hitler y Mussolini no fueron consecuencia de esa socialdemocracia, como decían los soviéticos, sino variantes de tesis e ideologías totalitarias y antipopulares del mismo corte que el leninismo.

 

¿Recordarán esos intelectuales y profesores que coquetean con las momias ideológicas y posan de profundos para la prensa extranjera, nombres como los de Kautsky, Jaurés, Lafargue, Bernstein? ¿O en el campo de la teoría los nombres de Kosh, Preobazhenky, Bujarin, Luckás, Mendel, Sweezy, Althuser, Marcusse, de la Volpe, Bruz? No hay que pensar que la perspectiva de una semana en Caracas o una computadora con e-mail en casa compre todas las conciencias. Todos estos apellidos eran lectura y debate analítico común a finales de los sesenta y principios de los setenta, hasta que los soviéticos, para sacar a Cuba del abismo de la zafra de los diez millones que no fueron, exigieron, entre otras cosas, clausurar el pensamiento crítico y creativo en las universidades y pasar al dogmatismo leninista-brezhneviano, "bolo", tarea que le correspondió ejecutar personalmente a Raúl Castro.

 

Conocí personalmente a algunos de estos intelectuales y profesores que hoy giran alrededor de este debate, y en su momento, cuando vivía en Cuba, no vacilé para pedirle a algunos, individualmente, opinión y consejo en temas de la teoría, y casi nunca quedé decepcionado, pues en privado eran mucho más explícitos que en público. No me cabe duda de su capacidad y su experiencia: estoy seguro de que ellos no pueden ignorar estas realidades, pero entiendo que se encuentran en el dilema de ser a la vez marxistas, inteligentes y honestos, y eso es imposible: solamente se puede ser, a la vez, dos de esas tres categorías. Y siendo la inteligencia no negociable, queda la disyuntiva: honesto o marxista.

 

Si de verdad están convencidos que Adam Smith, John Locke, Friedrich Hayek, Ludwig von Mises, Joseph Schumpeter, Raymond Aron o Milton Friedman no tienen, sea por separado cada uno o de conjunto, una respuesta coherente para contribuir a forjar lo que estos intelectuales y profesores cubanos consideran un modelo justo de sociedad, hay que respetarles su derecho a formarse una opinión y expresarla libremente: respetárselo nosotros, porque el régimen no se lo respeta.

 

Pero si se trata de hablar con cierta prensa extranjera para dar la impresión de un debate abierto y profundo que no existe, o que se desarrolla con criterios policiales, o quieren quedar bien con el poder haciéndose que ignoran toda esa teoría que recorre el mundo contemporáneo con más fuerza que aquel fantasma del comunismo, o aceptan el juego-terror talibán de etiquetar como "veneno puro, superrevolucionario" todo lo no convenga, o quieren acusar a los que ya no viven y no pueden defenderse, pero solo para exonerar totalmente al que vive y "reflexiona" todavía, entonces estos marxistas, inteligentes, no se están comportando honestamente. El terror es lacerante.

 

Mucho menos quienes no son ni marxistas, ni inteligentes ni honestos, que abundan, conocí bastantes, y también posan como visionarios y críticos analistas, hablan del socialismo del siglo XXI cuando no han leído ni sobre el del XIX, resultan oportunistas permanentes que siempre tienen espacio en páginas de La Jornada y los medios digitales en español de la izquierda resentida: esos no cuentan en un análisis serio. Pero como dice el refrán francés: "un tonto siempre encuentra alguien más tonto que le admira". A lo que se puede añadir: "y le publica entrevistas".

 

Entonces, si estos intelectuales y profesores serios realmente consideran que el estado de derecho y la economía de mercado no van a solucionar los problemas del país, y quieren ser fieles a un socialismo que, por otra parte, no se permite cuestionar, tienen que ir a las raíces para entender el problema, y buscarle solución, no a justificar la barbarie ni creer que realmente fue solo un quinquenio el gris, y por culpa de los ejecutores y no de los autores intelectuales de la represión: la “guerrita de los e-mails” estuvo bien, al igual que los chistes de Pepito, pero así no se elabora teoría mientras los niños se quedan sin tomar leche a los siete años.

 

No es cuestión de reírle la gracia a Celia Hart y su intento “teórico” de construir un trotskismo-guevarismo ya fracasado antes de nacer, ni creerse lo que dice Mariela Castro: hay que entenderlas, pues como hijas respetan a sus padres y no los enfrentarán ni quieren hacerlo. Eso es diferente a ser pasivos ante el anacronismo mentiroso de un Raúl Valdés Vivó, quien menciona a Gramsci o a Mariátegui para olvidarse convenientemente de Yagoda y de Beria, o el de Armando Hart queriendo sustituir malangas y gallinas por ética y educación.

 

El tiempo sigue avanzando, nunca se detiene, y no se puede seguir pensando que los cubanos esperarán eternamente a que las cosas se resuelvan solas o que no se resuelvan nunca: la biología sacará del escenario, en algún momento, a los “históricos” del régimen, y también a los “históricos” que le hacen el juego, y a los que se le oponen. Cada vez más, hay nuevas generaciones en todas partes que se preguntan que si "ellos" no han podido, por que no intentarlo con "otros".

 

La nación cubana no puede quedarse sin alternativas. Si la solución no está en Caracas ni en Washington o Miami, ni en Beijing ni en Hanoi, ni en la ONU ni en las Cumbres Iberoamericanas, como no estuvo antes en Moscú ni en Luanda, ni en Berlín ni en Vallegrande, ni puede estar en Pyongyang ni Teherán, y además sería una terrible alternativa que estuviera en los marines, o solamente en las esteras de los T-72 o los T-55 y los Migs, hay que crearlas seriamente y con inteligencia y valor, allá y aquí.

 

La solución hay que buscarla donde esté, y no hacer como el cuento del borracho que buscaba bajo el farol la llave de la casa que se le perdió en la oscuridad, porque era debajo del farol donde único había luz.

 

El destino de Cuba y los cubanos es demasiado trascendente para dejarlo solamente en manos de un liderazgo absolutamente inmóvil, una intelectualidad vacilante, un puñado de opositores en algunas ocasiones con más hormonas que ideas nuevas, autistas políticos de toda laya y en todas partes, gobiernos indiferentes, izquierda "progre" resentida, o dos millones de cubanos dispersos por el mundo con casi dos millones de criterios diferentes sobre cómo habría que hacer las cosas.

 

Con liderazgos incapaces de generar nuevas ideas, y mucho menos de encontrarle soluciones al drama de la nación, los imprescindibles cambios trascendentes nunca aparecerán. Anunciando miedos que no tienen fundamento, o pidiendo paciencia al infinito, nada hará la diferencia.

 

Si alguien en Cuba realmente cree que, de producirse los cambios, llegarán los pelotones de fusilamiento de “la mafia de Miami” con tres días de licencia para matar, los caseros a desalojar inquilinos, o los Hialeah-boys neoliberales a sacar a los pacientes de los hospitales para privatizarlos, realmente su propuesta de cambio no tendrá ningún interés ni importancia. Y si alguien de este lado del estrecho de La Florida pensara, igualmente, que habrá tres días de licencia para fusilar, que los caseros deben tener actualizados sus documentos para poder desalojar a los inquilinos, o que hay que organizar temprano a los muchachones para desalojar los hospitales, tampoco su programa de “liberación” tendría interés ni importancia.

 

Si el futuro de Cuba corresponde definirlo a la biología, tanto en Cuba como fuera de Cuba, tendremos que acostumbrarnos a la idea de que un nuevo caudillo autoritario y testarudo, nacido en Cacocum o Hialeah, podría estar dirigiendo los destinos del país dentro de algunos años, como si este medio siglo no hubiera existido, ni para bien ni para mal. Y con muchas posibilidades de que, para lograrlo, ese gorila en ciernes o ese demagogo oculto en lenguaje altisonante, pase sobre el cadáver de muchos,  compre lealtades a vil precio, o ambas cosas a la vez. No sería la primera vez en la historia de Cuba, ni del mundo.

 

Los "iluminados" aparecen siempre en los momentos de vacíos de liderazgo y de naciones paralizadas sin saber encontrar alternativas: pueden llamarse Vladimir, Mao, Adolfo, Benito, Francisco, Rafael Leónidas, Anastasio, Nicolae, "el tío" Ho, Fidel, Idi, Sadam, Augusto, Mengistu, Osama, Hugo, Daniel, Evo, Yasser o Mohamed: dejan tras de sí, irremediablemente, fracturas irreparables, dolor y muerte, tragedia y caos, independientemente de las estadísticas en la economía del antes y el después de...

 

Con dos "iluminados" de este tipo en Cuba durante los 55 años que se extienden desde 1952 hasta hoy, arriesgarse a un próximo-tercero por no poder encontrar las soluciones ahora, cuando son imprescindibles, además de inmoral sería absurdo.

 

¿Merecemos eso?