Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

El post-castrismo y la prensa

 

Sin prisa, pero sin pausa, se continúa preparando en silencio desde La Habana el paso al post-castrismo, esa etapa que debería desplegarse en su totalidad después del 24 de febrero del año 2018, cuando Raúl Castro ha prometido que se retiraría. De ser así, será la primera vez en casi sesenta años que la persona que ocupe, al menos en el aspecto formal, el cargo de gobernante cubano, no llevaría el apellido Castro.

 

Algunos, con todo su derecho, tendrán una opinión diferente, pero parece muy difícil que un descendiente de Raúl Castro, sean Alejandro o Mariela Castro Espín, pudieran hacerse cargo de la jefatura de la nación, independientemente de los cargos que ocupen en estos momentos. Mucho menos factible parece que la máxima autoridad recayera en vástagos de Fidel Castro, tanto de “Fidelito” Castro Díaz-Balart como de su medio hermano Antonio Castro Soto del Valle. Los otros ni siquiera cuentan.

 

Ese proyecto neocastrista, con la pretensión de crear un status quo de “aquí no ha pasado nada” y de que el crimen quede sin castigo, hace años se implementa ante la indiferencia, abulia, ignorancia y complicidad de muchos, lo que ha permitido que se hayan ido estableciendo lo que se podría llamar “verdades eternas” o “axiomas” alrededor del mito de la mal llamada revolución cubana, que se aceptan casi sin cuestionamiento por muchos, mientras los que saben que las cosas no son exactamente como las dibujan en La Habana no se interesan en combatirlas continuamente o a veces, simplemente, se agotan y no entran en el ruedo de las polémicas y choques de ideas en este sentido.

 

Estos axiomas que se mencionan no son solamente los más elementales y los que de alguna manera tienen un cierto sustrato material real y verificable en su fundamentación, como los clásicos mitos de la excelente calidad, sin ningún tipo de fisuras ni señalamientos, de los servicios de salud pública y educación en la Cuba de los Castro, sino otros muchos más sutiles y profundos, que se incorporan al imaginario popular y las leyendas urbanas casi sin cuestionamiento o como cosas hechas o actos de fe que no vale la pena si siquiera cuestionarse.

 

Por ejemplo, el mito de que el régimen subsidia a los cubanos, basado en todo lo que la población recibe a precios subsidiados y a la leyenda del Papá-Estado que se pasa el tiempo alimentando a los pichones, que solamente abren el pico para que les entreguen lo que “les corresponde”. Sin embargo, la realidad es exactamente lo contrario, porque es la población la que subsidia a un gobierno de parásitos ineptos que durante más de medio siglo han sido incapaces de tomar las indispensables medidas para elevar las condiciones de vida más elementales para la población.

 

Se repite continuamente, casi como un mantra, que el salario promedio de los cubanos se mueve alrededor de los 20 dólares mensuales, y no se asocia esa realidad al hecho de que aceptando, por las razones que sean y las culpas de quien sean, esos salarios de miseria, son los trabajadores cubanos los que están financiando a la camarilla del gobierno que se aferra a los mecanismos del poder y no pretende soltarlos hasta el fin de los tiempos.

 

¿Qué y cuánto producen instituciones parásitas como el Partido Comunista, los Comités de Defensa de la Revolución, la Central de Trabajadores de Cuba o la Federación de Mujeres Cubanas? ¿De dónde salen el dinero y los recursos para que esas instituciones existan y vegeten perennemente? ¿De dónde salen los recursos para mantener y hacer funcionar a las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior?

 

¿De dónde salen los recursos para que se den vida de reyes determinados inútiles parásitos de los que en algunas ocasiones se puede conocer algo, a pesar del cuidado que el régimen ha querido mantener siempre para proteger la vida “privada” de esos personajes? ¿Quién paga los gastos de los paseos de Antonio Castro o Mariela Castro por el mundo? ¿Quién paga por la afición fotográfica de Alex Castro, prácticamente devenido fotógrafo oficial de la momia de Punto Cero? ¿Quién paga por los antojos de Fidel Castro, sea sembrando moringa o recibiendo en su casa a un niño fanático que quiere ser como él? ¿Quién pagó la visita a New York de Vilma Rodríguez Castro, la nieta de Raúl Castro?

 

Todo eso y mucho más lo subsidian los cubanos con sus salarios de miseria y todos sus derechos coartados, mientras todos, en Cuba y en el extranjero, sea debido a buena fe, ignorancia, candidez o complicidad, repiten continuamente que el gobierno subsidia a los cubanos.

 

O el otro mantra permanente de considerar al gobierno dictatorial como si dispusiera de suficiente legitimidad para aparecer como si fuera la nación cubana misma, y encabezar todas las informaciones con titulares tales como que “Cuba rechaza la pretensión de Estados Unidos de…”, o “Cuba condena a Israel por…” o “Cuba celebra con júbilo el aniversario de…” o “Cuba reclama la liberación de los cinco héroes antiterroristas…”.

 

Si al menos la mayoría de los quince miembros del buró político del Partido Comunista decide aprobar o condenar cualquier cosa, sobre cualquier asunto, ¿por qué tantos periodistas, cubanos y extranjeros, automáticamente consideran que esa decisión expresa la voluntad, el deseo o el sentir de la nación cubana en su conjunto, y publican que fue “Cuba” quien hizo o dejó de hacer algo? ¿Quién eligió a esa camarilla partidista para hablar a nombre de Cuba, representar a Cuba, y mucho menos para mancillar a Cuba?

 

Porque si se observa bien, todos los titulares anteriores se refieren en realidad a acciones que decide y ejecuta el gobierno cubano exclusivamente, sin contar para nada en ningún momento con la opinión o los intereses de la población, a la que nunca se preocupa de consultar para intentar la aprobación de sus proyectos, que impone por la fuerza, y mucho menos en las formas universalmente aceptadas en el mundo moderno a estos efectos, que es a través de la realización de elecciones democráticas periódicas, multipartidistas, libres y sin coacciones. 

 

A todo este complejo diseño que se ha forjado paso a paso, primero desde Punto Cero y ahora desde “La Rinconada”, contribuyen voluntaria o involuntariamente diferentes factores que giran alrededor del tema cubano. Y aunque son varios los frentes en que se libra esta contienda, que de pacífica no tiene mucho, uno de los más significativos y de los que más influencia puede ejercer en corazones y mentes y en la conformación de opiniones en todo el mundo, es el grupo integrado por los periodistas y la prensa en su sentido más amplio, es decir, en todas las variantes en que se puede expresar: escrita, radial, televisiva y digital.

 

La prensa extranjera acreditada en Cuba

 

Uno de esos frentes, bastante visible, es el que está formado por el colectivo de los corresponsales de prensa extranjera acreditados en La Habana. Está claro que el precio que deben pagar las agencias de prensa extranjeras y sus corresponsales para lograr obtener y posteriormente mantener su acreditación en La Habana -con la nada escondida intención de estar presentes sobre el terreno cubano “el día que…”- supone manejar con mucho cuidado las informaciones que se emiten y la forma en que se escribe, y todos saben perfectamente que todo el tiempo y en todas partes están bajo la rigurosa lupa del Centro Internacional de Prensa del gobierno cubano, institución que cuando considere conveniente revocarle la acreditación o no renovársela a cualquier agencia o periodista que “se porte mal” lo hará sin miramientos.

 

Sin embargo, si no en todas al menos en demasiadas ocasiones, el exceso de prudencia en los enfoques de muchos corresponsales termina, quieran o no, en elaborar informaciones que resultan muy gratas a la dictadura y que en muy pocas ocasiones hacen un esfuerzo para darle un sentido más balanceado a la información que manejan.

 

Antes que todo está el conocido caso de la señora Andrea Rodríguez, corresponsal de la Associated Press (AP) acreditada en Cuba. Se dice que está casada y tiene hijos con un oficial de la inteligencia cubana, lo que ya podría indicar la orientación ideológica de esta “periodista”. Sus trabajos se han caracterizado últimamente por continuas “denuncias” de las terribles maldades que el gobierno americano lleva a cabo permanentemente contra la angelical dictadura cubana, que de inmediato reproduce y multiplica con todos los medios de divulgación a su alcance esos textos de la señora Rodríguez. Aunque a falta de evidencias específicas no sea correcto decir que sea una agente de la inteligencia cubana, seguramente se podría decir sin temor a equivocaciones que las actividades de esta periodista son lo que más se parece a lo que haría una agente de la inteligencia cubana.

 

Sin embargo, aunque ella es la más destacada en este aspecto, donde continuamente gana la “emulación”, hay otros corresponsales acreditados en La Habana con posiciones muy significativas que, en última instancia, elaboran informaciones que al final del camino resultan convenientes al régimen, aunque no tan escandalosamente como el caso citado.

 

Tal es la situación del señor Carlos Batista, de la Agencia Francesa de Prensa (AFP). El señor acostumbra reforzar sus informaciones desde La Habana ofreciendo criterios de académicos sobre el tema en cuestión, ya sea porque les pregunta directamente o porque cita textos de algunos de ellos.

 

Nada malo habría en esa práctica si el periodista fuera un poco más equitativo en la selección de sus fuentes de apoyo, pero el problema del corresponsal de AFP en La Habana es la frecuencia con que recurre a un pequeño grupo de peculiares personajes, donde se destacan especialistas  calificados como Carlos Alzugaray y Jesús Arboleya, a quienes se refiere siempre como académicos y ex-diplomáticos del gobierno cubano, lo cual es absolutamente cierto, pero parece que continuamente se obvia el hecho y no se hace referencia ni se menciona nunca ni de pasada que muchos consideran que también esos individuos con una extenso currículum en el servicio exterior cubano tienen que tener también una interesante hoja de servicios en el aparato de inteligencia del régimen.

 

Cita igualmente, con bastante frecuencia, al también académico Esteban Morales, un graduado de la Universidad Lomonosov, veterano investigador y fundador del Centro de Estudios sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana, institución que dirigió entre 1980 y 1999, y de la cual continúa siendo presidente honorario en estos momentos. ¿Puede alguien en su sano juicio creer que quien dirija ese Centro de la Universidad de La Habana que tributa todos sus resultados investigativos, de estudios y de contactos con personal norteamericano al Partido Comunista cubano, se podría limitar estrictamente a actividades de investigaciones académicas puras, sin ninguna relación con funciones de inteligencia y contrainteligencia a favor del gobierno cubano?

 

Para “balancear” el enfoque ideológico de sus informaciones, el corresponsal de la AFP no se limita a los funcionarios cubanos en el país, y busca también académicos cubanos en Estados Unidos. Pero, ¡oh sorpresa!, muchas veces utiliza a profesores cuyas opiniones son bastante coincidentes con las del gobierno cubano, y continuamente se decanta, demasiado, nada menos que por el profesor Arturo López-Levy, eterno aspirante a un doctorado que no acaba de culminar en Denver, Colorado, graduado del Instituto Superior de Relaciones Internacionales en Cuba, y a quien muchos consideran que nunca ha dejado de ser oficial de la inteligencia cubana.

 

Sin entrar en detalles que en estos momentos no conducirían a mucho más con relación al tema que se aborda, baste señalar que este académico, cuando se le consultó su criterio sobre el hecho de que la infanta Mariela Castro había votado en contra de la aprobación del Código del Trabajo en la Asamblea Nacional del Poder Popular, por considerar que no garantizaba adecuadamente protecciones para personas con orientación sexual alternativa, definió ese voto en contra de la hija de Raúl Castro como “un acto auténtico de la sociedad civil cubana”. Escandaloso. Algo que ni él mismo se lo debe creer.

 

Otros corresponsales, en posiciones menos evidentes que los mencionados anteriormente, también pueden contribuir y contribuyen a la distorsión de las realidades cubanas hiperbolizando el alcance de las “reformas” raulistas y, por ejemplo, dándole a quienes rellenan fosforeras, pasean perros, forran botones o pelan frutas, la categoría de “pequeños empresarios privados” o “emprendedores”.

 

En cierto sentido este es el caso de algunos corresponsales de Reuters en La Habana, que aunque elaboran trabajos muy interesantes y fundamentados, también se están refiriendo continuamente a la cantidad total de personas que han solicitado la licencia para trabajar por cuenta propia durante todo el tiempo que ha existido esa posibilidad en los últimos años, información que resulta algo muy conveniente, pero nunca mencionan cuántos de aquellos terminan devolviendo su licencia por la cantidad de limitaciones, extorsiones y coyundas, tanto de inspectores venales como de policías corruptos, bajo las que tienen que trabajar, lo cual termina reduciendo la cifra real -y nunca mencionada por el régimen- de los que ejercen la actividad por cuenta propia en un momento determinado a muchas menos personas que el número total de las que hayan solicitado la licencia.

 

Un caso aparte es el de Fernando Ravsberg y sus Cartas desde Cuba. Colaborador de la BBC londinense venido a menos, después de casi veinte años residiendo en La Habana y tras haber fundado una familia en la Isla, actualmente no está demasiado claro su estatus como corresponsal extranjero de alguna agencia de prensa, periodista freelancer, o simplemente un extranjero residiendo en Cuba que además de eso publica su propio blog.

 

Algunos cubanos que aparentemente le han seguido la pista señalan que en realidad no es un uruguayo, como se presenta, sino un salvadoreño, y además afiliado al Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) -ahora en el poder en ese país- aunque eso no cambia su categoría profesional ni la calidad de su trabajo, ampliamente demostrada. Intenta ser “objetivo” en sus informaciones, con todos los riesgos que eso significa intentarlo desde La Habana, y muchas veces lo logra, aunque no es muy bien recibido desde las filas del anticastrismo, y otras veces parece estar tan interesado en quedar bien con la dictadura que propone absurdos tales como una especie de quid pro quo que implique liberar los presos políticos en la Isla a cambio de los terroristas detenidos por Estados Unidos en Guantánamo, a los que también sindica como presos políticos. Sin embargo, a pesar de esas veleidades y muchas otras, tiene un profundo conocimiento de la situación cubana y siempre resulta una fuente importante de información sobre las realidades de la Isla, más allá de los permanentes delirios de La Habana y Miami.

 

Otro grupo interesante de corresponsales escribe desde La Habana para Inter Press Service Cuba (IPS), mantienen un alto nivel periodístico en sus informaciones, trabajan en detalle temas de sociología, medio ambiente, cultura, género y población, salud y ciencia, y acostumbran dar participación en sus páginas a plumas respetables como la del laureado escritor cubano Leonardo Padura.

 

Sin embargo, siempre suelen quedarse cortos en los temas que ellos mismos clasifican como “política” y “economía”, donde, aunque trabajen con mucha seriedad, como es habitual en ellos, no pueden ocultar sus inclinaciones de simpatías hacia la izquierda, lo cual no es nada negativo per se, pero que terminan siempre, cuando quieren ser críticos y analíticos, como dicen los cubanos, jugando con la cadena, pero nunca con el mono.

 

La prensa extranjera fuera de Cuba

 

Es abrumadora la cantidad de información que se produce sobre Cuba desde el extranjero por parte de cubanos y no cubanos interesados en el tema, tanto en español e inglés como en muchos otros idiomas, y tanto en medios “clásicos” como prensa escrita, televisión y radio, como en formatos digitales, tanto páginas web como blogs. Hay trabajos en todos estos medios realmente profundos, bien pensados, bien escritos y muy interesantes. No demasiados ni todos los que debería haber, pero hay muchos que valen la pena.

 

Igualmente al mismo tiempo también resulta abrumadora la cantidad de superficialidades, disparates y banalidades que se publican sobre el tema cubano.

 

Desde los que consideran que Cuba se reduce a automóviles antiguos, mulatas, mojitos, jineteras, playas, baile, guayaberas y sol, hasta los que juran y perjuran -sin más fuentes de información que la mismísima propaganda castrista- que Cuba antes de 1959 no era más que un gigantesco prostíbulo al servicio de los norteamericanos -a quienes llaman despectivamente como “gringos” o “yankis”- y después de Fidel Castro se convirtió en el paraíso en la tierra hasta nuestros días, donde si hay algunos problemitas es a causa “del criminal bloqueo imperialista”.

 

Tienen un papel señalado en este grupo de tontos útiles e inútiles los que realmente creen que a Fidel Castro le realizaron seiscientos cuarenta y tantos atentados, que los máximos dirigentes cubanos viven tan modestamente como los proletarios que dicen representar, que Estados Unidos pretende invadir a Cuba constantemente, que Gorbachov era agente de la CIA, o que los espías convictos de la Red Avispa son luchadores antiterroristas.

 

A la conformación de este grupo de apologistas sin talento, sentido crítico ni profundidad analítica ni profesional contribuye, de todas las formas posibles, el periodismo oficialista y todos sus cipayos de todos los medios de prensa, que se comportan mucho más como propagandistas y dóciles funcionarios del aparato ideológico del partido comunista que como verdaderos profesionales del periodismo, lo cual tiene sentido para ellos, porque saben que ese partido comunista, como instrumento de la gerontocracia en el poder, es el que controla todos los órganos de prensa en el país y el que autoriza o censura lo que se puede publicar y lo que no, y propone promociones o sanciones de los informadores y gacetilleros, y saben perfectamente que al partido comunista le interesan mucho más los propagandistas obedientes y anodinos que los verdaderos periodistas con talento.

 

En el grupo de los que generan disparates, superficialidades y banalidades tampoco se puede olvidar a lamentables personajes de signo contrario, aquellos convencidos de que antes de 1959 todo en Cuba, absolutamente todo, era una maravilla donde no existía ni el más mínimo problema, y siempre fue así hasta que llegó el maligno Fidel Castro con su camarilla y lo echó a perder todo.

 

Ese grupo, en cuanto a las intenciones y estilos con los que funciona, se comporta casi igual que el de los propagandistas al servicio del régimen, pero un con signo inverso, naturalmente. Aunque, a diferencia de los castristas, acepta, aunque no fuera por otra cosa que porque no les queda más remedio, que hay que respetar las reglas del juego de la democracia y la libertad de expresión, y que acciones tales como los mítines de repudio o la difamación abierta no se pueden llevar a cabo en naciones democráticas y civilizadas.

 

Muchos de los integrantes de estos grupos están convencidos de que basta con mostrarse “anticastrista” furibundo para ser reconocido como periodista o como experto en el tema cubano, y lo mismo son capaces de participar en un escándalo que en un homenaje, y mientras más bullanguero el evento pues mucho mejor.

 

Para estos personajes, bastan algunas estadísticas de la etapa republicana -que pueden ser y son ciertas, evidentemente- para en base a ellas olvidarse de que en la etapa republicana también existió analfabetismo, pobreza, desempleo, miseria, corrupción y discriminación. Como también les basta simplemente mencionar la Constitución de 1940 para olvidarse de los “generales y doctores”, los golpes de estado, y los dictadores y hombres fuertes de nuestra historia republicana anteriores a la llegada de los hermanos Castro.

 

Y todo lo anterior solamente se refiere a los extremos del espectro. Desde el castrista intoxicado que asegura en un bodrio que publica que el curso escolar del 2014 en Cuba comenzó con educación de calidad y gratuita, sin prácticamente ningún problema, con lo que pretende negar las enormes carencias materiales y escasez de profesores que el mismo gobierno cubano reconoce, o el hecho que se ha conocido recientemente de los miles de uniformes escolares para los niños de Cuba que son adquiridos en tiendas de Miami y Hialeah y se le hacen llegar a familiares y amigos dentro de la Isla para que los muchachos puedan asistir a clases en mejores condiciones.

 

A lo que se enfrentan, desde el otro extremo virulento del espectro político, todos los anticastristas furibundos que utilizan su derecho a la libertad de expresión desde pasar una aplanadora sobre discos de algún intérprete no bienvenido por algunos en el sur de La Florida, o darle martillazos a esos mismos discos si no hay aplanadora a mano, hasta los que acusan al régimen, desde el nicho intelectual y periodístico, de haberle cambiado el nombre a la Calzada de Jesús del Monte por el de Calzada del Diez de Octubre, aunque ese cambio de nombre haya ocurrido muchos años antes de la llegada de Fidel Castro al poder.

 

Entre ambos extremos, pueden encontrarse todo tipo de variantes posibles de los más excelsos disparates, superficialidades y banalidades. Y sin que exista un signo ideológico determinado para ello, pues florecen tanto desde ambos lados del espectro político como desde ambas costas del Estrecho de La Florida.

 

Pueden ser trabajadores de los órganos de prensa oficiales del régimen, tanto en los nacionales como en los locales, órganos que se caracterizan porque permanentemente están ajenos a las realidades del país y del cubano de a pie, viviendo en el triunfalismo, las consignas, las cifras falsas y las promesas que nunca serán cumplidas.

 

Con sus dizque periodistas más interesados en ganarse la palmadita en la espalda que le daría el director o el secretario del partido, el viaje al extranjero, la reservación para el campismo o sencillamente la “jabita” de estímulo (desodorante, jabón, shampoo, talco) que una reputación y reconocimiento profesional que solamente se labra con constancia, esfuerzo y sistematicidad durante mucho tiempo y no de un día para otro.

 

Lamentablemente, estos personajes son de los que acostumbran a mentir impúdicamente, tergiversar la realidad, ocultar verdades, confundir constantemente a los lectores con hipérboles y eufemismos, y que difaman e insultan sin el más mínimo sentido del decoro y la ética profesional, aunque a la larga todo el mundo termina identificándolos como los verdaderos mediocres y miserables que son.

 

En otro grupo entre los extremos se pueden encontrar periodistas con títulos de tales limpiamente obtenidos en universidades de países de América Latina, Estados Unidos, Canadá o Europa, o profesores y profesionales universitarios de cualquier especialidad o carrera graduados en algunos de esos países mencionados, pero que lamentablemente consideran que les basta con algunos clicks en Google, Yahoo o Wikipedia y un par de conversaciones con algún cubano sobre un tema cualquiera de la realidad en la Isla, o una semanita en Varadero o Cayo Coco, con quizás un par de visitas como turistas (con moneda dura en el bolsillo) a La Habana Vieja, unos minutos de conversación con un guía turístico oficial (que sería muy raro que no fuera un colaborador de los aparatos de seguridad del Estado), almorzar o cenar en algún paladar, entrar a alguna discoteca de moda, o tener un encuentro amoroso furtivo y breve, para conocer la problemática del país y a los cubanos y sus problemas.

 

Otro grupo que se coloca entre ambos extremos del espectro ideológico estaría integrado por los inefables y abundantes “analistas políticos” y “expertos” en el tema cubano, que se multiplican a la velocidad de las plagas en estos tiempos que corren. Se trata nada más y nada menos que de un peculiar conjunto de personajes sin relación entre ellos, al menos conocida, que se auto-asignaron esas clasificaciones de analistas y expertos sin haber hecho en su vida demasiados análisis sobre las realidades cubanas, o a veces hasta sin haber hecho ninguno.

 

Son personajes que confunden el análisis con la opinión festinada, que se consideran capacitados para opinar sobre cualquier tema que tenga que ver con Cuba, ya sea biotecnología, organización del partido, desarrollo de la zafra azucarera, represión contra la disidencia, tendencias políticas en los partidos de Estados Unidos con relación al drama cubano, inversiones en el puerto de El Mariel, abastecimiento de agua en ciudades del interior del país, estado epidemiológico de las distintas regiones de la isla, deportes, ballet, ecología y tutti quanti.

 

Personajes que lo mismo escriben un par de cuartillas para un periódico o revista que dan una opinión en radio o televisión, publican cualquier cosa en una página digital o postean en uno cualquiera de los miles de blogs que en todo el mundo e infinidad de idiomas  abordan la temática cubana.

 

Los periodistas independientes dentro de Cuba

 

Sin embargo, en este grupo, lamentablemente, también pueden ser encontrados y se encuentran diversos periodistas independientes que no hacen el mejor homenaje a la profesión. No hacen ese homenaje que han hecho durante tantos años y siguen haciendo tantos otros con su profesionalismo, integridad y solidez de sus trabajos, y que les han costado golpizas, encierros, cárcel, vejaciones, brutales represalias contra ellos y contra la familia, desempleo, y hasta destierros. Y si no se mencionan ahora algunos de los muchos que merecerían ser mencionados entre esos profesionales íntegros es para evitar el riesgo de omitir por olvido o descuido a cualquiera que debería estar en ese listado.

 

Aquellos que no hacen homenaje a la profesión -y esto es en referencia específicamente al aspecto profesional del periodismo, pues en ningún momento cuestiona ni plantea dudas de ningún tipo sobre sus intenciones políticas ni tampoco sobre su carácter, honestidad e integridad personal- muchas veces se muestran mucho más interesados en publicar sus trabajos a la carrera y en cualquier lugar que en revisar y comprobar lo que intentan publicar, sin asegurarse si los datos o fechas que mencionan, las citas que ofrecen, o las cifras que utilizan, han sido verdaderamente revisadas y comprobadas, y si tienen sustrato bibliográfico o científico para ser tomadas en serio.

 

En Cubanálisis-El Think-Tank, donde desde hace muchos años, casi desde el inicio de nuestro sitio digital, comenzamos a reproducir trabajos de los colegas dentro de Cuba, en diversas ocasiones hemos tenido que decidir no publicar uno u otro trabajo con un tema interesante e importante, debido a que en su contenido aparecen imprecisiones históricas, estadísticas, geográficas, bibliográficas, de nombres y fechas, o por estilos de redacción o lenguaje poco profesional o ramplón -que no es lo mismo que satírico o irónico, que sería otra cosa.

 

Algo que realmente tenemos que hacer con pesar, pero que no dejaremos de hacer en aras de mantener el rigor profesional y la seriedad tanto de nuestra publicación como de las firmas de los tantos periodistas independientes dentro de Cuba que tenemos el honor de reproducir en nuestras páginas.

 

En el periodismo independiente cubano no es suficiente la denuncia por la denuncia de los abusos y arbitrariedades del régimen. Está claro que la denuncia constante y aguda va mostrando al mundo la verdadera entraña de una “revolución” que dejó de serlo hace tiempo, pero los cubanos dentro y fuera de la isla necesitan también ideas, programas y proyectos que les ayuden a salir del abismo en que nos ha lanzado una dictadura de más de medio siglo.

 

Y se necesitan análisis de los temas que el régimen oculta, disimula o tergiversa, porque no le conviene que se sepan determinadas realidades. Se necesita saber si realmente las cosas avanzan o están estancadas en el proyecto del megapuerto del Mariel. Saber como se ha ido comportando la aplicación de la ley de inversión extranjera recién aprobada, cuántos proyectos realmente se discuten, se aprueban o rechazan, si en realidad está funcionando o no y cuáles son sus perspectivas reales para lo que resta de este año y para el siguiente.

 

Y saber como anda la preparación de la próxima zafra azucarera y como se comportan la producción de frijoles, arroz, viandas y vegetales, de leche y carne, cómo funcionan las cooperativas agrícolas y las no agrícolas, el decrecimiento de la masa ganadera en todo el país, el comportamiento del abastecimiento de agua potable y la disponibilidad del líquido para la agricultura, los niveles de delincuencia e inseguridad en las diferentes provincias, ciudades y pueblos del país, cómo se manejan los problemas de la igualdad de género y la discriminación y represión en base a las orientaciones sexuales de las personas, para cuánto y para qué alcanzan realmente los salarios y pensiones en pesos cubanos que recibe la población, cómo se están comportando las epidemias y la lucha contra los vectores de las mismas, qué se está haciendo con los salideros de aguas albañales y con la contaminación de los ríos y los lagos y los puertos y bahías del país.

 

Y así con toda una serie de problemas de la vida cotidiana de la población, que si no es informada por el periodismo independiente verdaderamente libre, no el de mentiritas, la única fuente de información que le quedaría a los cubanos dentro del país, al menos abrumadoramente, sería la propaganda oficial y tendenciosa del régimen, y ya sabemos lo que eso significa y representa.

 

Sin embargo, no basta solamente con informaciones. También son necesarios los análisis, análisis serios y profundos, sobre todos los temas anteriormente mencionados y muchos más

 

Naturalmente que eso no es fácil para los periodistas independientes dentro de Cuba, por las dificultades en el acceso a la información que ello supone, y por el secretismo y la censura que establece el régimen para que no se puedan conocer detalles de la realidad en que vive la población.

 

El acceso a las páginas en Internet donde buena parte de esa información tan necesaria podría ser obtenida es también difícil, y a veces hasta imposible, dentro de Cuba, por las mismas razones de represión y censura que ya han sido mencionadas.

 

La prensa en todos sus formatos en Miami

 

Una solución, al menos parcial, para poder apoyar al verdadero periodismo independiente y combativo dentro de Cuba, sería la coordinación y colaboración con los cubanos fuera de la Isla, que disfrutan de extraordinarias facilidades de obtención de información de todo tipo cuando se comparan fundamentalmente con las posibilidades que tienen los cubanos dentro de su país.

 

Y donde mayor concentración existe de cubanos con estas posibilidades, y muy cercanos geográficamente a Cuba, es en Miami, definiendo en este caso “Miami” no solamente como la ciudad de ese nombre específico, sino abarcando la extraordinaria concentración de cubanos (ciudadanos, residentes legales, refugiados, “parolees”, “quedados”, de visita familiar, y hasta ilegales si los hubiera) que se pueden encontrar en el área comprendida en el triángulo entre West Palm Beach, Tampa y Key West (Cayo Hueso), en lo que administrativamente serían por lo menos sesenta ciudades de La Florida con presencia de cubanos a veces mayoritaria, y otras veces importante, que representan una concentración de más de un millón de personas de origen cubano en la región.

 

Quienes quieran aferrarse al criterio, hábilmente fomentado por la tiranía, que ahora estos son territorios repletos de inmigrantes en busca de avances económicos para ellos y sus familias, y no de refugiados políticos que vinimos a Estados Unidos en busca de la libertad antes que del bienestar y las comodidades, y que ya en la diáspora cubana no existen los compromisos con la democracia, la libertad, los derechos humanos y el futuro de nuestra patria, estarán en todo su derecho a creerse esa narrativa, así como a soñar despiertos y escribirle cartas a Santa Claus en Navidades, pero esos no seremos nosotros aquí en Cubanálisis-El Think-Tank.

 

Tenemos las mejores posibilidades para plantearnos y para apoyar sólidamente -no para pretender dirigir ni mucho menos, que no nos corresponde por ningún motivo- a los periodistas independientes dentro de Cuba, de manera que pudiera desarrollarse una estrategia informativa y de divulgación objetiva, coordinada y compatible, sin intentar una estrategia uniforme o unánime, que de nada serviría.

 

Sin embargo, lamentablemente, cuando miramos alrededor en periódicos, revistas, televisión, radio, blogs y páginas digitales, nos damos cuenta tristemente que, para decirlo de manera resumida, concreta y políticamente incorrecta, en Miami se baila muchas veces con la música que toca la Orquesta de los hermanos Castro en La Habana.

 

Y Miami, con tantos temas importantes y profundos relacionados con el tema cubano que se podrían y se deberían discutir y analizar con seriedad, se desgasta discutiendo, declarando, escribiendo cartas abiertas, comunicados, artículos de opinión, memorias, reportajes, crónicas, y hasta insultos y diatribas que nadie ha solicitado, sobre temas tan “estratégicamente importantes” con relación a la problemática de Cuba, los cubanos y nuestro futuro, como los que en estos días están en el centro del tintero o del disco duro en el tema que nos ocupa.

 

Entre esos temas de estos días los hay tales como el planeado concierto del dúo Buena Fe en Miami, las boberías que dijo Descemer Bueno sobre el embargo y los jugos que su familia no pudo tomarse, las sandeces del llamado médico de la salsa, el viaje de Pancho Céspedes a cantar en Cuba después de veinte años (como si fuera Plácido Domingo, Nat King Cole, Enrico Carusso o Tom Jones), las tonterías que menciona el régimen sobre el supuesto costo que provoca a los cubanos “el bloqueo imperialista” (cuando se sabe que la dictadura es absolutamente incapaz de generar estadísticas y contabilidad confiable, decente y creíble con relación a ningún tema), las congas de la infanta Mariela Castro con la comunidad gay en La Habana, o los peloteros que cada vez en mayor cantidad y frecuencia escapan del paraíso socialista para poder jugar en las ligas profesionales de Estados Unidos, y fundamentalmente en las Grandes Ligas.

 

También se habla con mucho énfasis de las carencias de papel sanitario en Venezuela o las absurdas y risibles explicaciones del Ministerio de Comercio Interior del régimen de La Habana sobre el supuesto por qué de las carencias de veinticinco artículos en el mercado liberado, es decir, que se podrían adquirir sin necesidad de la llamada libreta de abastecimientos, que en realidad es de racionamiento, y carencias que afectan incluso el mercado en moneda fuerte, mientras ignora olímpicamente la desaparición de otros cientos y miles de productos durante muchos años en el país, en los mercados en todas las monedas, desde CUC hasta pesos cubanos, dólares o euros, desde alcaparras, mostaza y Ketchup, hasta zapatos de calidad, bombillos, anzuelos, merucos, puntillas y tornillos, pasando por helados, condones, analgésicos y piezas de automóviles, juguetes sencillos y baratos para niños hasta pececitos de colores o calandracas.

 

De manera que mientras la prensa oficialista cubana vive en su burbuja políticamente autista, mucha prensa en el sur de La Florida tiene una burbuja de diferente signo político e ideológico, pero tan superficial, intrascendente y alejada de la realidad cotidiana y las necesidades de los cubanos de la diáspora y de la isla como la que se elabora dentro de la isla bajo la severa mirada de los macabros funcionarios del departamento ideológico del partido comunista.

 

Y si no somos capaces de cambiar de una vez por todas estas realidades, no nos quedará más remedio que tener que ver la implantación completa y generalizada de las estrategias del neocastrismo en todas sus variables a lo largo del país y en el extranjero, junto con la inauguración, establecimiento y consolidación de un sibilino post-castrismo que sería el legado más dañino, absurdo y funesto que podríamos dejar a nuestros hijos y nietos, tanto dentro de Cuba como en todo el mundo.