Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

El parasitismo y los pozos de petróleo de Raúl Castro

 

La isla-finca de los hermanos Castro es sin dudas algo muy peculiar. Durante mucho tiempo los cubanos decían -tirándolo todo a broma, como de costumbre-, que ese pequeño punto en el Caribe era el mayor país del mundo, porque tenía la capital en La Habana, el gobierno y las reservas monetarias en Moscú, la población en Miami y las fuerzas armadas en África.

 

Durante treinta años los hermanos Castro fueron parásitos de la Unión Soviética, succionando sin piedad la mayor cantidad de recursos de ese país para intentar cubrir la absoluta ineficiencia de la economía cubana y la ineptitud e inopia creativa de sus dirigentes.

 

Durante todo ese tiempo los llamados “logros de la revolución” se sustentaron en carencias, atrasos tecnológicos y necesidades insatisfechas que la población soviética cargaba a sus espaldas -impuestas inconsultamente por sus dirigentes- a nombre de un supuesto “internacionalismo proletario” que en realidad era el precio que el oso eslavo tenía que pagar para mantener un portaaviones anclado permanentemente en el mar Caribe a noventa millas de Estados Unidos, y un perfecto suministrador de carne de cañón para los teatros de operaciones militares de la guerra fría donde a Moscú no le convenía, o no le interesaba, involucrarse directamente. Esas eran las acciones a que recurrían los hermanos Castro para compensar su parasitismo tecnológico, económico y financiero.

 

En el año de mayor subsidio petrolero de la Unión Soviética se abasteció a la dictadura cubana con 13 millones de toneladas de petróleo, que llevados a barriles -sin olvidar que la cantidad de barriles por tonelada depende del peso y las características de los diferentes tipos de petróleo- representaban un promedio de 275,000 barriles diarios. No todo se consumía productivamente en la isla, gracias al despilfarro y el desastre económico del castrismo, y también porque una parte de ese petróleo se reexportaba, en muchas ocasiones sin llegar físicamente a Cuba.

 

Con la debacle del “campo socialista” y la desintegración de la Unión Soviética la geopolítica modificó la situación. Tras años de incertidumbre post-soviética en la década de los noventa del siglo pasado, cuando el castrismo se quedó bruscamente sin fuentes de financiamiento, la economía y la sociedad cubana vivieron momentos extremadamente difíciles hasta que, con el ascenso del golpista Hugo Chávez a la presidencia venezolana, la ecuación comenzó a modificarse poco a poco desde 1999 hasta llegar a ciertos extremos sorprendentes.

 

Si bien la capital se mantenía en La Habana, buena parte de la población cada vez más se decidía a vivir no solamente en Miami, sino en otras ciudades de Estados Unidos o en cualquier parte del mundo menos en Cuba. Por otro lado, las fuerzas armadas tuvieron que recogerse al buen vivir territorial cuando terminaron las aventuras militares y los cuerpos expedicionarios africanos, y una parte de su oficialidad comenzó a travestirse poco a poco en ejecutivos empresariales y hombres de negocios que en vez de charreteras utilizaban guayaberas o “safaris” (como se le llama en Cuba al “ensemble” tan utilizado en África).

 

Y quienes no tuvieron la suerte de ponerse la guayabera para dirigir empresas o trabajar en alguna “firma”, debieron continuar uniformados, como guardianes del “poder revolucionario”, dispuestos -a cambio de diferentes niveles de privilegios y facilidades- a pasar con las esteras de sus tanques sobre cualquiera que intentara poner en peligro o cuestionar la “revolución”, es decir, cuestionar a sus dueños, “los históricos”. Así, unos más y otros menos, los viejos guerrilleros y los altos oficiales medraban con la estafa “socialista” a costa de la población cubana, que entonces sufría lo más crudo del tenebroso “período especial”.

 

Si los tanques del régimen de los hermanos Castro -que estaban listos para hacerlo- no salieron a las calles a masacrar cubanos cuando el “Maleconazo”, como habían hecho los mandarines chinos en la Plaza Tiananmen en 1989 contra quienes protestaban, fue porque en La Habana los sucesos de agosto de 1994 en ningún momento adquirieron la duración, la organización, la fuerza, la dimensión ni el alcance de lo ocurrido en Beijing.

 

A su vez, las reservas monetarias y productivas de la isla-finca caribeña desde aquel 1999 se fueron consolidando en Venezuela, donde Hugo Chávez entregaba a Fidel Castro todo lo que fuera necesario para que pudiera sostenerse en el poder, a cambio de que los amos de Cuba, expertos en mantener una dictadura demagógica contra viento y marea, contribuyeran a crear el “mar de la felicidad” en la Venezuela chavista, que debería convertirse en una fotocopia de la “revolución cubana”.

 

Cualquier cosa convenía a los hermanos Castro siempre que pudieran vivir de parásitos de un suministrador exterior que sustituyera a la desaparecida Unión Soviética; y Venezuela, con sus colosales reservas de petróleo y disponibilidades monetarias, además de con un relativo nivel de producción y servicios que podría ser muy útil a los cubanos de la cúpula gobernante, reunía esas características.

 

En estos momentos somos testigos de lo “felices” que son los venezolanos entre las miserias de ese mar de felicidad a que los tienen sometidos los herederos de Chávez, con un inepto en la presidencia y una pandilla de cómplices que continuamente hablan tonterías e inventan conspiraciones y golpes de estado contra ellos, que no respetan ni la constitución ni las leyes, que ni siquiera saben mentir, y que cada vez que establecen un plan -de cualquier cosa- con el supuesto objetivo de “salvar al país”, resulta peor que el anterior.

 

El mecenas petrolero está en crisis

 

Esa colonia en que el castrismo convirtió a Venezuela fue la garantía del suministro de petróleo a precios subsidiados -eufemismo para no decir “regalados”- durante casi quince años con los “chavistas” y “bolivarianos” en el poder en Caracas. Lo que comenzó con unos 50 mil barriles diarios llegó en sus momentos más altos a alrededor de 110 mil barriles por día, y aunque con relación a ese tema siempre ha existido un secretismo paranoico por parte de La Habana, se sabe que con la crisis de la economía venezolana,  la reducción de su producción petrolera debida a la ineptitud de los “revolucionarios” que dirigen PDVSA, así como con la brusca caída de los precios del barril de petróleo, los suministros han descendido. Según algunos cálculos públicos, el suministro diario a Cuba estaría rondando unos 87 mil barriles diarios en estos momentos, pero otras cifras supuestamente procedentes de Venezuela y que veremos más adelante sugieren que se podría tratar de una cantidad diaria menor todavía.

 

Pero en el caso venezolano el suministro de petróleo no sería considerado tampoco un parasitismo absoluto, porque los hermanos Castro ofrecieron a cambio algo demasiado importante para los “bolivarianos” en Caracas, contribuyendo en gran medida con un aporte fundamental, que era el conocimiento práctico, el “know-how” imprescindible para quebrantar sistemáticamente las instituciones y los mecanismos de la democracia y garantizar la conservación del poder en manos de los chavistas y sus cómplices.

 

El “asesoramiento” castrista comenzó desde la asunción de Chávez a la presidencia de Venezuela, pero se incrementó sustancialmente a partir del ridículo intento de derrocarlo mediante el golpe de estado, organizado y ejecutado por una banda de mamarrachos en el 2002. No obstante, la asesoría de los especialistas de los aparatos de seguridad y militares cubanos no alcanzó nunca las cantidades absurdas que repitieron y todavía repiten a gritos algunos exiliados venezolanos -que dicen que son “miles” o “decenas de miles” de “tropas” cubanas- a las que acusan, entre otras cosas, pero sin haberlo podido demostrar, de haber participado directamente en la represión callejera del gobierno de Maduro contra los venezolanos.

 

Tampoco esos asesores en ningún momento llegaron a situaciones absurdas que también se han repetido en la radio y la televisión de Miami por algunos “iluminados” que aseguran que en el país sudamericano había sargentos cubanos dando órdenes a coroneles y hasta a generales, como si una operación estratégica de esa magnitud y alcance se manejara como un video-juego, o como si el régimen cubano no tuviera generales y coroneles de sobra para enviar a Venezuela en condición específica de asesores, sin pretender asumir directamente el mando de tropas no cubanas, y sin tener necesidad de humillar o menospreciar a la alta oficialidad venezolana.

 

Simultáneamente, Venezuela fue también receptora de decenas de miles de médicos y técnicos de la salud, así como de maestros y entrenadores deportivos, que el gobierno venezolano paga a La Habana a precio de oro, y que le ha permitido a “la revolución cubana” subsistir y disponer de recursos financieros para evitar que la raquítica economía de la isla vuelva a entrar en una bancarrota tan pronunciada como la del “período especial”.

 

Y quiérase o no, y aunque esto a los que residen en Miami no les guste oírlo ni en El Versailles ni en El Arepazo, cuando la población de cualquier país sin acceso a servicios médicos comienza a recibir médicos, técnicos y enfermeros en su propio barrio, y tienen acceso a servicios básicos que hasta ese momento nunca habían disfrutado, esos trabajadores de la salud, así como esos profesores o entrenadores deportivos, no son vistos por la población beneficiada como propagandistas de una ideología ni como ogros comunistas que llegan a devorar a los niños, sino como profesionales que contribuyen a atender médicamente y curar hijos, hermanos, padres o abuelos enfermos, o a ellos mismos, a vecinos y conocidos, y lejos de maldecir al gobierno que lleva esos médicos y profesores a los barrios, lo agradecen y lo aplauden.

 

Eso lo aprendió Fidel Castro cuando llevaba poco tiempo en el poder y ha sido desde entonces una política del régimen. No se trata de que en esa colaboración no esté presente la ideología y la propaganda política, que lo están, pero de manera sutil y sofisticada, que muchas veces tienen mucho más efecto que la propaganda de barricada o las arengas directas. Por eso para el Castro mayor primero, y desde el 2006 para Raúl Castro, esas acciones sirven para alardear de que el régimen no es parasitario de ningún país extranjero, sino que se trata de “colaboración” e “intercambio” justo y equitativo, aunque callan la parte en la que se apropian del grueso del salario de esos cooperantes.

 

Los recortes a los suministros petroleros

 

El hecho cierto es que la producción petrolera venezolana anda por el piso, lo que ha provocado, lo quiera Caracas o no, que existan afectaciones y recortes en los suministros petroleros a Cuba. Como ya se mencionó anteriormente, se hablaba de que las cifras de suministros diarios a la isla rondarían 87 mil barriles diarios, pero según informaciones internas más recientes, originadas en la mismísima empresa estatal venezolana PDVSA, los envíos de petróleo durante el primer semestre de este año 2016 se habrían reducido  en un 40%. Si se utiliza para el cálculo esta última cifra cuasi-oficial conocida, habría que de los 107 mil barriles diarios que anteriormente se enviaban de Venezuela hacia Cuba, los recortes que se mencionan situarían los envíos durante ese período del año 2016 en unos 64-65 mil barriles diarios. Lo que complicaría aun más las cosas para el régimen.

 

Esos recortes -sean las cantidades que sean- han provocado en la isla diversas medidas de “ahorro” -que siempre se basan en castigar a los más débiles restringiéndoles el consumo- y plañideras peticiones de ayuda a países “amigos” como Rusia y Argelia, en un intento de volver a los mejores tiempos del viejo parasitismo.

 

Sin embargo, tales medidas de “ahorro” están más limitadas en estos momentos, porque de cortarse el suministro eléctrico al sector privado -que fue lo más común durante el “período especial”- se estaría dejando sin posibilidades de funcionamiento a las “casas particulares” que alojan aparentemente hasta al 20% de los turistas extranjeros en condiciones de bed and breakfast, y a los paladares (restaurantes privados), donde cada vez son más los visitantes extranjeros que acuden porque esas instalaciones privadas disponen de ofertas de más calidad, mejor servicio y precios más competitivos que los establecimientos estatales. No olvidar que por esos paladares han pasado, entre otros, el presidente Barack Obama, la Reina Sofía de España, Jack Nicholson o Madonna. Por otra parte, el “ahorro” de combustible para el transporte se logra solamente a costa de hacer más ineficiente, más demorada y poco práctica la transportación de pasajeros y carga.

 

Actualmente las cosas no pueden ser iguales que cuando existía la Unión Soviética ni cuando la economía en Venezuela funcionaba aceptablemente bien y su producción petrolera continuaba siendo robusta, aunque se hubiera venido debilitando en tiempos de “la revolución bolivariana”.

 

Se calcula que en la actualidad Cuba consume unos 140 mil barriles diarios de petróleo, de los cuales unos 50 mil son de producción nacional, de un crudo con elevadísimo contenido sulfúrico y por lo tanto de utilización más limitada y restringida, pues no puede utilizarse en todos los sectores de la economía, sino solamente para la generación de energía eléctrica o la producción de determinados derivados. Y el complemento, que serían unos 90 mil barriles diarios, se recibía fundamentalmente de Venezuela, además de algunas exiguas cantidades procedentes de otros suministradores, pero sin demasiado peso específico en el balance energético del país.

 

Como Venezuela enviaba más de 90,000 barriles diarios a Cuba, y además se refinaba petróleo venezolano en la refinería de Cienfuegos, el régimen estaba en condiciones de exportar petróleo crudo y algunos derivados procesados en Cienfuegos. De ahí la aparente paradoja del lamento de La Habana sobre la caída de los precios del petróleo, siendo prácticamente el único país al que no le conviene que tales precios suban o bajen, ni tampoco que se mantengan estables (¡¿?!).

 

Si los envíos venezolanos se redujeron o se reducirían a unos 65 mil barriles diarios, de acuerdo a las últimas cifras conocidas originadas por PDVSA, se estaría hablando de un déficit en Cuba de 25 mil barriles diarios, equivalentes a unos 750,000 mensuales o 9 millones de barriles anuales, e n el caso de que Venezuela no redujera aún más las cantidades que envía hacia la isla.

 

En las condiciones actuales de consumo, según cifras conocidas hasta estos momentos, hablándose de una importación de 90 mil barriles diarios, el régimen necesitaría importar unos 2’700,000 barriles mensuales, lo que equivaldría a algo más de 32 millones de barriles anuales. Indudablemente, para La Habana es imprescindible y sin opciones,  obligada por las realidades y las circunstancias, reducir el consumo energético y, por lo tanto, las importaciones del hidrocarburo.

 

Supongamos que con verdaderas medidas que busquen la eficiencia y una utilización más racional de los portadores energéticos, las cosas pudieran funcionar “normalmente” con una importación de 65 mil barriles diarios, que sería la última cifra conocida de suministros diarios según PDVSA. Es difícil pensar que el régimen sería capaz, en medio de la incompetencia, desidia, ineptitud y corrupción en que se mueven la burocracia y la nomenklatura cubanas, de lograr mantener el funcionamiento relativamente estable del país con menos de esa cantidad de barriles importados, cuando ya recibiendo la cantidad mencionada los estertores de la crisis han comenzado a verse de inmediato. Y todo eso suponiendo, claro está, que se mantenga estable la producción nacional o que no aparezcan nuevas fuentes con petróleo de más alta calidad que permita su utilización en otras actividades económicas o sociales.

 

A ese ritmo de importación de 65 mil barriles diarios se estaría hablando de que estarían entrando a la isla cerca de 2 millones de barriles mensuales, casi 24 millones de barriles anuales.

 

Por otra parte, ha estado circulando un rumor, sin confirmación, sobre una compañía australiana relativamente pequeña que habría descubierto un gigantesco yacimiento de petróleo de alta calidad en el centro de la isla, en la zona de Motembo, donde desde finales del siglo 19 se extrajo petróleo y gas por compañías estadounidenses hasta comienzos de los años sesenta del siglo pasado aproximadamente, cuando esos yacimientos se consideraron agotados. (En la actualidad todavía los residentes de la zona utilizan rústicos procedimientos de sacar gas con tuberías rústicas y mangueras de goma enterradas en los patios de sus casas para cocinar o alumbrarse).

 

Las arcas del régimen no alcanzan para pagar la factura petrolera

 

Ahora bien, según expertos petroleros, si no cuajara el “milagro” de Motembo, lo que, en el hipotético caso de suceder tomaría su tiempo, y el gobierno cubano perdiera todo el petróleo venezolano, en un mercado petrolero mundial con los precios estabilizados y no deprimidos como ha sido en los últimos tiempos, el régimen necesitaría unos 1,300 millones de dólares anuales para poder pagar la factura petrolera. Y la situación real y concreta se expresa de manera breve y clara: el régimen no dispone de esa cantidad de dinero para pagar por el petróleo.

 

Aunque tal crisis no ha sucedido, hay que prevenirla, lo que explica el pedido de ayuda a Vladimir Putin por parte de Raúl Castro, donde no solo le solicita petróleo sino también precios preferenciales y condiciones de financiamiento. Y además le asegura que la isla cumplirá con sus obligaciones de pago de esos suministros.  ¿Qué clase de cliente es ese que tiene que dar seguridades al vendedor de que pagará lo que compre?  No obstante, y para complicar las cosas, recordemos que el costo de transportar petróleo desde Rusia hasta Cuba es mucho mayor que si se transportara desde Venezuela, México o los propios Estados Unidos.

 

¿Qué cantidad y en qué condiciones estaría dispuesto a suministrar Putin? Todavía no está claro, pero lo que ya se sabe es de comunicaciones interministeriales dentro del gobierno ruso alertando del peligro potencial de que los cubanos no cumplan con sus obligaciones de pago, algo sobre lo cual los rusos tienen bastante experiencia desde la época soviética, cuando La Habana no pagaba y las facturas pendientes fueron quedando en una cuenta que nunca pudo ser cobrada y que finalmente tuvo que ser borrada de los libros (“condonada”).

 

La otra opción conocida ha sido Argelia. Se acaba de informar que la nación del norte africano entregará a Cuba durante el último trimestre del año algo más de medio millón de barriles como ayuda para paliar los recortes de los envíos venezolanos. Con los números que se muestran más arriba, la ayuda argelina al régimen alcanzaría para paliar la escasez durante unas tres semanas: no es demasiado, pero algo ayuda.

 

¿Cuánto podría enviar Rusia como ayuda al régimen en estas condiciones? Por cada millón de barriles que llegaran por ayuda rusa habría respiro durante seis semanas. Visto así, si Putin decidiera ayudar a Raúl Castro con 2 millones de barriles, que no sería una cifra significativa dentro del volumen anual de producción de los rusos, esa cantidad serviría para paliar el déficit por unos tres meses.

 

Las opciones de Raúl Castro

 

En resumen, entre Rusia y Argelia Raúl Castro podría obtener el petróleo que necesita para completar el año 2016 sin demasiados sobresaltos. Y le quedarían como reserva al menos dos grandes productores “amigos” a quienes intentar parasitar: la corrupta Angola de José Eduardo dos Santos, donde el régimen tiene bastante penetración en todos los sectores del país, y el Irán terrorista de los ayatolas, donde sería mucho más difícil intentar colocar médicos, profesores o “entrenadores deportivos” por muy diferentes razones -entre ellas idiomáticas y religiosas-, y tal vez lo mejor que la dictadura pueda ofrecer serían informaciones de inteligencia para la expansión persa en Latinoamérica, o transferencias de tecnología e introducción de productos médico-farmacéuticos cubanos en el mercado iraní.

 

No se sabe todavía si ya La Habana contactó con Luanda o Teherán, o con ambos países, aunque sería de suponer, como hasta ahora se han desarrollado las cosas con Rusia y Argelia, que si lo haya hecho. Recientemente el canciller iraní visitó La Habana para conversar sobre temas de “cooperación”, y se anuncia que el presidente de la nación persa visitará La Habana tras participar en la Cumbre del Movimiento de Países No Alineados en Venezuela.

 

Sin embargo, hay aspectos que no deben olvidarse, porque las cifras arriba analizadas que sugerirían que la dictadura cubana podría terminar el año sin demasiados sobresaltos por una inconfesada crisis energética en el país suponen:

 

1)      Que el régimen será capaz de garantizar una utilización racional y eficiente de los recursos energéticos disponibles y reducir los niveles de consumo petrolero que han primado hasta ahora, sin afectar los servicios fundamentales a la población y la economía, hechos de lo que hasta estos momentos no ha mostrado evidencias de saber o poder hacerlo; y

 

2)      Que los suministros de petróleo venezolano se mantengan estables en las cifras que aparentemente funcionaron en el primer semestre del año 2016, es decir, alrededor de unos 65 mil barriles diarios enviados hacia Cuba.

 

Si La Habana patinara en garantizar la explotación energética eficiente y racional, o Caracas en mantener un suministro estable aunque fuera en un nivel ya reducido, los escenarios podrían cambiar drásticamente.

 

Teniendo en cuenta que ni el gobierno cubano se caracteriza por su efectividad y eficiencia, ni el venezolano ha demostrado la más mínima capacidad para detener la crisis generalizada en el país y garantizar los procesos productivos más elementales ni los estratégicos, no sería de extrañar que la isla necesitara, por cualquiera de esas dos razones apuntadas de fracaso -en La Habana y en Caracas, o en ambos polos a la vez-, mayores cantidades de suministros, que tendrían que llegar a través de mayores “ayudas” de países “amigos”.

 

Es decir, el régimen y Raúl Castro tendrían, una vez más, que depender al máximo posible del parasitismo que siempre ha caracterizado a “la revolución” cubana, y de los pozos petroleros en el extranjero -los de Cuba parece que ya no dan mucho más-,  para poder continuar repitiendo la cantaleta de un “socialismo próspero y sustentable” en el que nadie cree, y menos que nadie la camarilla en el poder alrededor de Raúl Castro.

 

El año 2017, que ya está casi a la vuelta de la esquina, aparentemente resultará muy interesante en el tema energético para la dictadura, y ofrecerá numerosas variantes para analizar las realidades cubanas y venezolanas, y con ellas, los destinos del socialismo del siglo 21 en Caracas y del socialismo medieval en La Habana.