Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

El nuevo teatro de operaciones políticas (TOP) cubano - I -

 

Los anuncios del 17 de diciembre del 2014 sobre las intenciones del gobierno de EEUU y la dictadura cubana de restablecer relaciones diplomáticas, y todo lo que poco a poco, o a veces precipitadamente, se ha desprendido a partir de ese momento, ha sacado a la luz nuevos escenarios y nuevos personajes. Como resultado, también ha disminuido la relevancia de otros, y han cambiado los focos de atención de los análisis sobre el tema cubano, propiciando infinidad de declaraciones, algunas que obligan a meditar profundamente, y otras que darían risa si el drama cubano no fuera un tema tan sensible y hasta trágico para todos los que sienten por Cuba, sean de la posición que sean.

 

Indudablemente, los escenarios han cambiado, aunque todavía hay muchos que no se han dado cuenta. El teatro de operaciones políticas (TOP) sobre el tema Cuba, de la misma manera que el teatro de operaciones militares (TOM) cubano, ha cambiado drásticamente, lo que obliga a pensar, diseñar, poner en práctica y trabajar en nuevas estrategias, tácticas y formas de planificar y conducir las operaciones políticas teniendo en cuenta esos cambios.

 

Simplemente, lo que podía haber funcionado para cualquiera de las partes hasta el 17 de diciembre del 2014 ya no resulta necesariamente efectivo en las nuevas condiciones, y aunque algunos factores se modifican más rápidamente que otros, y algunos incluso todavía han podido mantenerse relativamente estáticos en estos meses, tarde o temprano evolucionarán también, y quienes continúen razonando como hasta el pasado año estarán cada vez más divorciados de la realidad.

 

Cuando la creatividad no aparece

 

La falta de creatividad e innovación conduce al estancamiento de las ideas y a aferrarse a repetir e intentar lo mismo que tantas veces se ha dicho y se ha hecho, aunque esté perfectamente claro que no funciona. Eso vale para el régimen, que insiste en que la empresa estatal “socialista” debe ser la base de la economía cubana para alcanzar un socialismo de feria “próspero y sustentable”, a pesar de que los reprimidos y súper-controlados cuentapropistas -individualmente o en cooperativas- y campesinos privados, demuestran diariamente ser más eficientes, pragmáticos y mejores gestores de sus pequeñísimos emprendimientos que la gigantesca e improductiva burocracia estatal y partidista.

 

Esa crítica también vale para eminentes “analistas” exiliares que repiten en televisión,   radio y prensa escrita, que el régimen no debería haber sido borrado de la lista de países patrocinadores del terrorismo, alegando como fundamento a sus criterios el barco chino capturado meses atrás en Colombia, con un cargamento de armamento (más bien de municiones) sin declarar en los manifiestos que deben elaborar y presentar todos los buques, carga que tenía a Cuba como destino final.

 

A ninguna de las lumbreras oficialistas o exiliadas que repiten dislates de ese tipo parece preocuparles demasiado, por una parte, que nunca en la historia la llamada empresa estatal socialista cubana ha resultado eficiente ni ha resuelto verdaderos problemas en la economía cubana, como tampoco lo hizo en cualquier país del llamado “socialismo real”, o, por la otra, que el delito de no declarar expresamente las cargas comerciales de un buque es el de contrabando, no el de terrorismo, y que, además, la fechoría la comete en este caso la parte china. El régimen siempre podría alegar, convincentemente, no saber ni poder influir de alguna manera en la documentación que elabore y presente el porteador. Sin embargo, ni los oficialistas ni los analistas “duros” parecen considerar la posibilidad de detenerse en minucias como las mencionadas, porque es más fácil, y ya están acostumbrados, repetir un guión que se conoce de memoria que dedicarse a analizar en profundidad para aportar nuevos criterios, estrategias y comportamientos.

 

Se ha convertido prácticamente en algo común que cuando aparecen los resultados de cualquier encuesta que no resultan agradables a las posiciones que sostienen y defienden algunos, lo primero que se hace es tratar de matar al mensajero, e inmediatamente, a continuación, desacreditar a la firma encuestadora, sea la que sea y con independencia del profesionalismo demostrado y el prestigio alcanzado anteriormente. Eso, como es lógico, no resuelve los problemas, pero aparentemente resulta muy gratificante para los que abordan el análisis de la temática cubana desde posiciones de autismo político.

 

La semana que ha finalizado se presentó en la televisión en español del sur de Florida un conocido opositor residente en la Isla, que siempre ha mantenido un lenguaje claro y directo contra la dictadura, y que insiste en que no tiene miedo, que no abandonará el país y que seguirá luchando dentro de la Isla. En su comparecencia fue muy crítico con la política hacia Cuba del presidente Obama y la presente administración estadounidense, algo que tiene perfecto derecho a expresar si así lo piensa. Sin embargo, uno de sus puntos más enfáticos fue molestarse porque Obama llame “presidente” a Raúl Castro, en vez de dictador. Evidentemente, esta persona no tiene el más mínimo sentido de cómo  funcionan las relaciones internacionales y los requerimientos del protocolo.

 

El problema más serio se presentó cuando se le preguntó al opositor, en su opinión, qué debería hacer el Presidente de Estados Unidos para actuar correctamente, teniendo en cuenta que había señalado su inconformidad con palabras y acciones de Obama. Y ahí se le complicaron las cosas, y no lograba concretar ideas. Preguntado varias veces, este fue el momento de su comparecencia donde pareció más inseguro y perdido. Finalmente, después de balbuceos y cacofonías, terminó diciendo que el presidente no debería ignorar a los opositores cubanos ni otorgarle tantas concesiones al régimen, y tenerlos a ellos muy en cuenta a la hora de negociar con la dictadura.

 

Al parecer, nadie había sentido la necesidad o la cortesía de explicarle a ese valiente opositor, aunque fuera por una sola vez, que cuando un presidente de Estados Unidos es elegido por los votantes y jura su cargo, se compromete a proteger y defender los intereses de los Estados Unidos de América, no los de los grupos opositores cubanos. Intereses que en el caso de Cuba habría que definir exactamente cuáles son, porque no sería nada extraño que cada grupo, o hasta cada persona, considerara los propios como los fundamentales y más importantes y prioritarios, por encima de los del resto de sus colegas o compañeros de actividades.  

 

El Cardenal Jaime Ortega y Alamino

 

El Cardenal Ortega declaraba recientemente a una estación de radio de España que, en ocasión de la próxima visita del Papa Francisco a Cuba, tal vez se pueda producir algún gesto del régimen liberando presos, y señala que “cuando vino el papa Benedicto hubo un indulto de presos comunes, porque ya en Cuba no quedan presos políticos”.

 

Indudablemente, el Cardenal Ortega no es ningún ingenuo, y tiene toda la información necesaria cuando habla con un medio español, por lo que no hay que pensar que esas frases se le escaparon. Sin embargo, tampoco implica que las diga por cinismo o complicidad con la tiranía. El Cardenal se esfuerza porque la visita del Papa Francisco resulte exitosa, y a la vez quiere mantener las relaciones con el régimen en un nivel aceptable de supervivencia y espacios y oportunidades para la Iglesia, y de ahí el extremo cuidado con que utiliza sus palabras.

 

Sin embargo, una “objetividad” demasiado fría y desapasionada quizás no sea la mejor manera de expresarse por parte de la máxima autoridad católica en el país, hacia la que tantos cubanos -creyentes y no creyentes- dirigen vista y oídos cada vez que se expresa, y siempre lo hacen con la esperanza de escuchar palabras que den mayor sentido a sus vidas y sus futuros. Lamentablemente, en demasiadas ocasiones se frustran o decepcionan con el Cardenal, a veces porque no lo entienden, otras porque lo entienden demasiado bien.

 

Por otra parte, aunque las palabras del Cardenal resulten chocantes para muchas personas, hay que aceptar, aunque no siempre sea agradable, que no todos los que son considerados actualmente por muchos opositores y exiliados como “presos políticos”, clasificarían fácilmente en este concepto en la medida en que se entiende internacionalmente en la actualidad. En los listados que en estos momentos manejan algunos opositores hay presos por cargos que no necesariamente se consideran “delitos políticos” en muchos países y organizaciones, y mucho menos se pueden valorar como prisioneros de conciencia, lo que no quita dolor a su sufrimiento ni exonera al régimen por tan prolongados y crueles encarcelamientos.

 

Por eso la no oficial Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN), con experiencia de sobra en estas lides, calcula que en estos momentos en Cuba hay por lo menos 71 presos por “razones políticas o mediante procedimientos políticamente condicionados”. Con ese cuidadoso lenguaje expresado por la CCDHRN sería erróneo establecer axiomáticamente que en el país “existen” 71 “presos políticos” registrados, y mucho menos basarse en esas cifras para acusar al Cardenal de ignorar las realidades o hacerle el juego a la dictadura.

 

Es cierto que el régimen siempre condena a los opositores por delitos comunes como desacato, atentado, violencia doméstica o escándalo público, en un intento de restarle carácter político a los “delitos” supuestamente cometidos por los que considera enemigos. O algo más indignante aun, que es enviar personas a prisión bajo cargos de “peligrosidad predelictiva”, ficción jurídica típica del Macondo cubano, que se aplica para privar de libertad, no cuando se juzga a alguien que haya cometido un delito, sino al que la dictadura y su aparato represivo consideran que podría cometerlo.

 

Es cierto también que en este grupo de prisioneros considerados políticos podrían señalarse algunas personas que se destacaban como opositores o al menos como disidentes en la Isla, a las que evidentemente no se les pudo demostrar con claridad el supuesto delito común por el que fueron condenados. Sin embargo, eso no da derecho absoluto a pretender razonar que, dada la terrible situación económica y social en que viven los cubanos bajo el castrismo, cualquier delito que se cometa pueda ser considerado como delito político, alegando que habrían sido provocados por las circunstancias. Ni es lo mismo, para esta clasificación, el intento de “abandono ilegal” del país que el “hurto y sacrificio de ganado mayor”. Con esa “lógica” los únicos presos comunes posibles serían los sicópatas.

 

Para algunos opositores y exiliados, las medias tintas no existen ni pueden existir, y todo hay que verlo en blanco o en negro, porque los tonos grises no cuentan: exigen que hay que estar con Dios o con el Diablo, nada más, sin opciones intermedias. Por eso muchos reaccionaron explosivamente a las declaraciones del Cardenal y lo han demonizado.

 

Tras conocerse las palabras de Jaime Ortega, de inmediato ardió Troya en Cuba, Miami, España y prácticamente todos los lugares donde existan concentraciones de cubanos en el mundo, que son bastantes. Opositores, exprisioneros políticos y exiliados manifestaron indignación y disgusto con las palabras del prelado, algo que tenían perfectamente derecho a hacer para expresar sus puntos de vista diferentes a los de la autoridad eclesiástica cubana.

 

Sin embargo, en diversas ocasiones el tono de las quejas, y lamentablemente también el lenguaje desafortunado, alcanzó demasiados decibeles y hasta lenguaje soez, y se transformó en una cadena de insultos e infinidad de epítetos despectivos hacia la máxima jerarquía católica en la Isla, lo que lejos de servir para reforzar los argumentos de quienes manifestaban su descontento, restaban credibilidad y simpatías a algunos de los que con razón se quejaban, pero no solamente por todo lo que decían, sino también por la forma descompuesta y el tono irrespetuoso en que descalificaban las declaraciones de Ortega Alamino.

 

Con posterioridad a estos eventos el Cardenal dijo que sus palabras fueron sacadas de contexto y pidió que quienes defienden que sí hay presos políticos le presenten el listado de esas personas. “Estamos recibiendo centenares de cartas por el indulto que se espera que pueda haber y ni una de ellas indica delitos políticos. Sí hay muchos delitos económicos pero ninguna sobre delitos políticos. Si llegan, perfecto, pero que nos hagan saber, que nos la entreguen”. Y añadió más tarde: “Es tan difícil la interpretación de qué es preso político, uno dice es, otro dice no es” (…) “Yo realmente no los conozco”.

 

Y dio su punto de vista sobre el porqué de esas tensiones: “Yo creo que esto se mueve siempre alrededor de cuando va a haber una visita del Papa. Hay muchos que la desean, que la promueven (...) y hay otros que se sienten mal ante la visita del papa a Cuba y les parece que tiene connotaciones políticas”. (…) “Pero estas cosas se superan siempre”, dijo, agregando que la visita papal “tiene un profundo mensaje pastoral y un sentido muy específico de acentuar el espíritu de diálogo en la iglesia y fuera de la iglesia”. Finalizó Ortega esta aclaración destacando que la visita del Papa Francisco “no es esencialmente política” aunque pondrá en evidencia las posibilidades que el diálogo tiene para el encuentro y la negociación entre pueblos y países.

 

Las exigencias del régimen y el incremento de la represión

 

El régimen de La Habana sabe perfectamente que la nueva situación de relaciones con el vecino del Norte ha creado euforia en todos los cubanos, fundamentalmente los de a pie, esperanzados en que eso conlleve que la situación económica pueda mejorar, y que sus penurias, aunque no se resolviesen totalmente, al menos podrían ser paliadas de alguna manera. Ese optimismo es lógico, considerando que durante más de medio siglo el régimen ha culpado a Estados Unidos de todas las privaciones y miserias de los cubanos, un viraje en positivo en las relaciones entre ambos países podría augurar mejores tiempos por venir.

 

Aunque ya muchos cubanos van poniendo los pies sobre la tierra, y entienden que es absolutamente imposible que llegue al país un millón de turistas americanos por semana, como se comentó en los primeros momentos -como si hubiera capacidad e infraestructura para recibirlos- de todas formas hay expectativas que son mucho más realistas. Como el hecho, por ejemplo, de que si arribara a la Isla una mayor cantidad de turistas americanos, muchos “paladares”, dueños de “casas particulares” que se alquilan a turistas extranjeros, taxistas de autos antiguos clásicos como los que se ven en La Habana alrededor de las zonas turísticas, artesanos, artistas populares, y otros grupos de trabajadores independientes, podrían encontrar muchos más clientes entre los visitantes de Estados Unidos, los que, además, y eso también beneficiaría a trabajadores estatales en contacto con ellos, dejan mejores propinas que otros visitantes considerados más “tacaños” por los cubanos.

 

Como quiera que sea, esas posibilidades de negocios privados, aunque de momento parezcan solamente gotas que golpean las paredes, o el clásico grano de mostaza que al principio resulta molesto pero no fatal, son previstas por el régimen, que de otras cosas podrá tener conocimientos limitados, pero no de represión masiva. De ahí que inmediatamente haya ajustado su diseño represivo en varias direcciones.

 

Por una parte, aumentó el carácter y el tono de las demandas a Estados Unidos para “normalizar” las relaciones, que no es visto por La Habana como algo similar al  restablecimiento de embajadas en EEUU y Cuba. Algunas de las exigencias son absurdas y con poquísimas probabilidades de poderse materializar, como el reclamo de una “compensación” de muchos miles de millones de dólares por supuestos daños provocados a los cubanos por “el bloqueo y las políticas hostiles” de Washington contra Cuba -nunca dirán que contra los Castro- durante más de cincuenta años. Como si el régimen fuera experto en contabilidad y estadísticas para calcular adecuadamente esas cifras.

 

Otras podrían parecer de pronto más realistas o con más posibilidades de concretarse, como las de pretender el cierre de las emisoras de Radio y TV Martí o el corte de todo tipo de ayuda y relaciones con disidentes y opositores dentro del país, aunque no serían acciones tan fáciles ni sencillas para la administración, aun en el caso de que tuviera interés en realizar algunas concesiones en este sentido.

 

Sin embargo, lo importante para el régimen es mantener el lenguaje fuerte y tenso hacia el frente interno, aunque con “el imperio” utilice lenguaje meloso y pacífico y se compartan mojitos y “coffees”, en La Habana o Washington. Porque es crucial para la dictadura que los cubanos de a pie -habitualmente muy mal informados por el régimen, aunque cada vez más consiguen enterarse mejor por sus propios medios y burlar la censura gubernamental a la información- continúen creyendo que si las cosas no mejoran no es porque el amoroso gobierno neocastrista no tenga interés en lograrlo, sino por la persistencia y maldad intrínsecas en “el vecino del norte”, que es como le llaman al “imperialismo” en la prensa oficial en estos tiempos.

 

De esa manera se seguirá justificando el restringido acceso a Internet, que aunque parezca que se va flexibilizando, al menos en el papel, y que se realizan “aperturas” en estos servicios, se continúa regulando brutalmente mediante la imposición de precios prohibitivos a las conexiones que se ofrecen, que además de censuradas constantemente por los esbirros cibernéticos del “Gran Hermano”, son extremadamente lentas y de baja calidad, no por culpa del “bloqueo imperialista”, como siempre dice la dictadura, sino de la censura gubernamental y sus infinitos mecanismos de represión y control.

 

Aparentemente, con Internet podrían comenzar a estar aplicando una estrategia similar a la utilizada para la venta de automóviles modernos, que a pesar de ser “liberada” implica un nivel de precios que pocos pueden o desean pagar por esos autos. Al extremo de que, según números confiables, en el primer año de este proceso solamente se vendieron en el país 14 automóviles.

 

A la vez, el régimen no pretende dejar espacio a resquicios o grietas que puedan resultar peligrosas desde sus puntos de vista. De ahí el incremento de la represión dominical contra las Damas de Blanco. Logrado el propósito de la dictadura de penetrar y dividir esa organización, con lo cual, como quiera que se mire, lograron debilitarla, se trata ahora de evitar a toda costa que otros grupos o personas independientes se sumen a las marchas que efectúan. Por eso domingo tras domingo ha habido represión, cada vez con más fuerza y ensañamiento, y no parece haber indicaciones de que tal conducta dictatorial amainará próximamente.

 

No solamente se incrementa la represión contra esos grupos en La Habana, sino también en todo el país. Y no se limita el castigo a las Damas de Blanco, sino se extiende a todos los opositores en general, sobre todo contra los más activos.

 

Las cosas han llegado al extremo de que incluso el señor Pedro Campos, persona pensante y decente que se identifica claramente como revolucionario y socialista cubano, pero con ideas que él mismo define como  socialismo participativo y democrático, sin nada que ver con el modelo estalinista del régimen, y que las escribe y publica continuamente, denunció en estos días una “campaña de hostigamiento” por parte de la Seguridad del Estado, con la intención de neutralizarle y acallar sus análisis políticos y económicos de la realidad cubana.

 

El mismo Campos señaló que oficiales de la Seguridad del Estado visitaron el edificio donde reside, indagando sobre él y explicando a los vecinos que pertenecía a “los derechos humanos” (que es la forma más habitual en que los cubanos identifican a los opositores).

 

El ex-diplomático considera que se trata de “una acción encaminada a tratar de desacreditarme, de crear condiciones para actos y nuevos pasos hostiles contra mi persona, en busca de aislarme en mi familia y en mi barrio”. (…)

 

Como no pueden acusarme de traición, ahora están  buscando otra forma para tratar de sacarme de circulación, preferiblemente por acción de algún incauto ciudadano, de los que se prestan a los actos de repudio fanáticos”.

 

Si eso ocurre con quienes se consideran a sí mismos  revolucionarios cubanos críticos del gobierno y de sus fracasados métodos, ¿qué puede quedar para los opositores abiertamente enfrentados a la dictadura?

 

La prensa cubana

 

En este escenario, cuando se producen cambios es para peor. En la prensa oficialista cubana, por mucho que se repitan consignas vacías sobre la necesidad de un periodismo crítico y objetivo, que deseche el triunfalismo y la superficialidad, las cosas, lejos de mejorar, empeoran continuamente.

 

Dígase lo que se diga, muchos “dirigentes” se niegan a dar informaciones sobre sus actividades con el pretexto de que divulgarlas podría ser de utilidad para “el enemigo” o de que no están autorizados a hacer públicas determinadas informaciones. Naturalmente, una parte lo hace para que no salgan a la luz pública insuficiencias, ineptitud o hasta delitos que se cometen bajo su jurisdicción, pero también es cierto que divulgar determinadas informaciones sin la aprobación de “las instancias correspondientes” puede ser complicado, e incluso motivo de destitución o hasta cárcel para quien hable lo que se entiende que no se debía haber hablado.

 

De manera que esos “cuadros” que pudiéramos llamar anti-transparencia cargan con sus pecados, que a veces no son pocos, pero también con la experiencia de trabajar en un sistema donde siempre desde “arriba” le dicen lo que tienen que hacer y lo que no, y donde el primer enemigo de la transparencia y de divulgar la información no se esconde para declarar, como ha hecho muchas veces, que se debería decir la verdad, pero no necesariamente toda la verdad.

 

De ahí resultan las características de todas las informaciones sobre reuniones del gobierno o el partido que se publican en la prensa oficial: no se mencionan asuntos de importancia, dan datos sin precisar las fuentes o las posibilidades de comparación, y abundan las estadísticas incompletas y otras técnicas de desinformación. De manera que, aunque todo lo que se diga en esa prensa oficialista fuera verdad -y no siempre lo es- como no se está diciendo toda la verdad, se induce al error o las malas interpretaciones, a suposiciones o especulaciones, y aunque no se pudiera decir “técnicamente” que no se está diciendo la verdad, decir solamente una parte, a la vez que se ocultan elementos importantes para conformar esa verdad, resulta, al menos moralmente, lo mismo que decir mentiras o engañar a las personas.

 

Casi toda la prensa independiente en la Isla, con muy contadas excepciones, pasa por muchas dificultades, represivas, técnicas y económicas. A pesar de eso, se mantienen funcionando, a veces prácticamente de milagro, y se destacan y ya se conocen hasta internacionalmente destacados cubanos que merecen todo nuestro respeto y admiración por su labor, y que en ocasiones hasta hacen a la vez de periodistas, analistas, reporteros, comentaristas y estudiosos de muchos temas de la realidad cubana que el régimen se empeña en no divulgar o divulga de acuerdo a sus intereses dictatoriales.

 

En ese periodismo se dedica mucho tiempo a la denuncia de arbitrariedades y acciones represivas del régimen, cosa que es necesario divulgar para que se conozca en Cuba y en el mundo la maldad de los represores y de los aparatos represivos, las arbitrariedades de los funcionarios y los abusos contra la población, pero a la vez es necesario abordar otros temas que también pueden constituir denuncia y alertas para todos. Se trata de la divulgación de los problemas sanitarios y de higiene y epidemiología de la población, el estado constructivo de las viviendas, las carencias habituales de alimento, vestuario, calzado y transporte, la “propagandización” de la educación y el bajo nivel de preparación de muchos maestros improvisados, la falta de motivación de todos los trabajadores estatales del país, y las dificultades económicas de la población para poder sobrevivir con los salarios de miseria que paga el gobierno.

 

Y se trata de hacerlo, además, con calidad y amenidad suficientes para interesar a los lectores en los contenidos. Y junto con las informaciones y denuncias proponer soluciones, mostrar experiencias diferentes donde problemas similares se han solucionado en otras partes del mundo, recoger opiniones de profesionales cubanos honestos y calificados, residentes en el país, con conocimiento sobre los temas que se abordan, y cuidar mucho el lenguaje, para evitar inexactitudes y errores que quitan rigor y credibilidad a lo que se escribe, como eso de calificar como “desaparecido” a un opositor porque no se sabe exactamente en qué lugar está detenido durante algunas horas.

 

La prensa extranjera dentro y fuera de Cuba

 

En la prensa de Miami se padece en muchas ocasiones de despistes imperdonables y de falta de foco en los problemas verdaderamente importantes, dedicándole mucho tiempo a cuestiones realmente intrascendentes e ignorando otras que no deberían pasar casi inadvertidas. Por ejemplo, a la noticia del reconocimiento por el régimen de la deuda con el Club de París, pendiente desde 1986, no se le dio demasiada importancia, mientras se destacan informaciones sobre bellezas naturales de Cuba que interesan al turismo extranjero, pero ese tipo de artículos en realidad no interesan mucho ni a los cubanos de la Isla ni a los que viven fuera del país.

 

Otras veces se cometen pifias por falta de profesionalismo, no solamente en Miami sino en muchos lugares por parte de la prensa en español, como destacar la información sobre el reporte de la CCDHRN sobre los prisioneros políticos, que ya analizamos, bajo titulares de que una organización disidente calcula que en Cuba hay 71 presos políticos, lo que no dijo ese reporte de esa manera, como mostramos anteriormente. Además, un periodismo serio debe tener en cuenta que a la CCDHRN no es fácil etiquetarla como “organización disidente”, porque en realidad es otra cosa.

 

Las páginas de opinión de la prensa miamense en muchas ocasiones no llegan a profundizar suficientemente en los temas, mientras que las presentaciones en televisión y las entrevistas radiales locales muchas veces se convierten en polémicas estériles donde los participantes se interrumpen unos a otros y repiten los argumentos de siempre sin aportar nada nuevo, como si fueran revelaciones divinas o axiomas matemáticos. Ejemplos de esas revelaciones abundan, como aquellas de que en Cuba no se ha producido ningún cambio en todos los años de Raúl Castro en el poder; o de que Obama está dando todo a la dictadura cubana sin recibir nada a cambio; o de que el régimen continúa entrenando terroristas en estos momentos. Aseveraciones que si se analizaran un poco más detenidamente quedaría perfectamente claro que son tan certeras y exactas como los criterios de que el sol giraba alrededor de la Tierra, de que todos los dinosaurios eran carnívoros, o de que la Tierra era plana.

 

Una buena parte de la prensa extranjera, por su parte, parece continuar empeñada en no entender lo que sucede en Cuba. Los periodistas acreditados en La Habana hacen todo lo posible por evitar publicar informaciones que disgusten al régimen y que puedan provocar su expulsión del país, una actitud que puede comprenderse cuando se sabe  que la dictadura no vacila en expulsar periodistas que les resulten desagradables cada vez que lo considera necesario.

 

Sin embargo, eso no explica que cada vez que se escriba sobre determinados temas se recurra a los mismos especialistas, y que se insista en llamar “académicos” a personas que todos sabemos que, mucho antes que académicos, son oficiales de los servicios de inteligencia y que a ellos responden. No se trata de que identifiquen como oficiales de inteligencia a quienes entrevisten, o de que entrevisten a disidentes o exiliados para opinar sobre determinados temas como las relaciones EEUU-Cuba o la economía mundial, pero hay muchos asuntos en los que serian muy bien recibidas opiniones de especialistas y profesionales cubanos en la Isla con experiencia y dominio en esos temas, como podrían ser personas dedicadas al estudio de la historia universal contemporánea o la geografía económica, por ejemplo, especialidades que no aparecen mucho en los reportajes de esos corresponsales extranjeros en La Habana.

 

Los periodistas extranjeros acreditados en Cuba, después de mucho tiempo embelesados con las superficialidades de Mariela Castro y su CENESEX, ahora parecen comenzar a enterarse de que Alejandro Castro, el único hijo varón de Raúl Castro, es coronel del ministerio del interior, trabaja cercano a su padre en coordinación de labores de seguridad y contrainteligencia, y generalmente lo acompaña en todos sus viajes al exterior, al igual que hace también el encargado de su seguridad personal tanto en Cuba como en el extranjero, Guillermo Raúl Rodríguez Castro, nieto del general-dictador (hijo de Déborah Castro y el General Luis Alberto Rodríguez López-Callejas).

 

Algunos comienzan a asignarle cada vez más importantes papeles futuros al coronel, y ya un corresponsal en La Habana entrevistó a un académico-oficial de inteligencia que fue profesor de Alejandro Castro en una maestría, quien destacó que su ex alumno “está abierto a ideas diferentes… no es una persona que no escuche”. Sin embargo, eso no es lo que parece desprenderse de los conceptos vertidos por el hijo de Raúl Castro en el prólogo a la segunda edición de su bodrio titulado El Precio del Poder, cuando define a los líderes estadounidenses como “aquellos que buscan subyugar a la humanidad para lograr sus intereses y objetivos económicos”.  

 

Una evaluación detallada del lenguaje del personaje en cuestión y de sus conocimientos y actualización de información sobre problemas del mundo moderno permite darse cuenta fácilmente que aparentemente no ha superado la etapa histórica de la guerra fría ni el lenguaje de confrontación más sarampionado típico de los primeros años de la revolución cubana. Aquella fue una época que él no vivió a plena conciencia debido a su edad, pero indudablemente, le han contado o habrá leído de ella, aunque no está claro que sea un insaciable lector ni mucho menos.

 

Parte de la prensa extranjera fuera de Cuba tampoco parece demasiado interesada en ir mucho más allá de la banalidad o el turismo: se admira y emociona cuando aparecen en la Isla “celebridades” artísticas o algunas personas que no tienen absolutamente nada útil que hacer en la vida pero les sobra el dinero, o con los “almendrones”, esos automóviles de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado que los cubanos hacen funcionar gracias a la inventiva, la adaptación de partes y piezas no siempre compradas legalmente, y a las necesidades de subsistir en condiciones tan difíciles como las impuestas por el castrismo. O nos hablan de las maravillas del Valle de Viñales, Trinidad o las playas cubanas, o de la ropa vieja, los mojitos, y la arquitectura colonial de La Habana Vieja (sin hacer caso a las viviendas de la población que se mantienen en pie gracias a un equilibrio milagroso), de la cordialidad de los cubanos, o de lo exótico de los coco-taxis y las bici-taxis, como si Cuba fuera un paraje remoto de alguna de las islas más pequeñas y alejadas del Océano Índico.

 

Pocos reportajes destacan la baja calidad de los servicios en las instalaciones turísticas cubanas, que aunque sea muy superior a la que reciben los cubanos en cualquier establecimiento estatal en el país, dejan mucho que desear cuando se comparan con cualquiera de los competidores caribeños.

 

Y lo mismo podría decirse con relación a las ofertas de comidas y bebidas, que igual que sucede con los servicios al turista, resulta mucho más amplia y de mayor calidad de a la que pueden aspirar los cubanos en cualquiera de los establecimientos estatales donde consigan que los atiendan malamente, pero que si se comparan con las ofertas y servicios de restaurantes de Cancún, Punta Cana, Bahamas, Riviera Maya, Puerto Rico, Islas Vírgenes, Martinica, Grenada o cualquier isla caribeña, las ofertas cubanas palidecen por ridículas, insuficientes, poco variadas y de baja calidad.

 

Con los precios de las instalaciones del turismo internacional sucede lo mismo: la oferta cubana, a pesar de las deficiencias anteriormente señaladas, no resulta la más económica de la región. No es necesario abundar demasiado en este aspecto.

 

La prueba de todo lo anteriormente señalado es un dato que nunca se publica y que parece que tampoco se hurga demasiado para encontrarlo: ¿cuántos turistas repiten la visita al país, y cuántos están dispuestos a repetirla después de la primera experiencia? De eso no se habla.

 

Y he destacado lo referente al turismo porque es uno de los temas que más se mencionan en mucha prensa superficial que escribe sobre Cuba. En Cubanálisis-El Think-Tank se  reproducen cada semana tres artículos en inglés sobre el tema cubano, generalmente publicados en la prensa extranjera. Los lectores tal vez no tengan idea de las dificultades que pasamos para encontrar y seleccionar algo que valga la pena. Como promedio, cada semana es necesario revisar más o menos unos cien artículos para seleccionar los tres que se reproducirán en Cubanálisis, y no siempre quedamos satisfechos con lo que podemos presentar.

 

La prensa en español sobre temáticas cubanas en ocasiones muestra trabajos interesantes, pero en otras hay inexactitudes que en el mejor de los casos provocan risa, pero que pueden llegar hasta la preocupación, por el nivel de despiste o irresponsabilidad que se nota tras lo que se escribe en algunos lugares.

 

En algunas ocasiones hay temas que se manejan sin dejar claras las fuentes donde se obtienen las informaciones, lo que posibilita dudar de la veracidad y precisión de lo que se publica.

 

En los últimos días circuló una información que señalaba que el exdirector del Fondo Monetario Internacional y ahora personaje venido a menos tras varias acusaciones por dudosa conducta social, Dominique Strauss-Kahn (DSK), había sido contratado para actuar como asesor financiero de Raúl Castro, y que se trasladaría a La Habana. Aunque Raúl Castro no es reacio a recibir asesoría de personas capacitadas, no es fácil imaginarse a DSK caminando por los pasillos del MINFAR, del Palacio de la Revolución, del Ministerio de Finanzas y Precios, o del Banco Central, solicitando informaciones de la balanza de pagos, las reservas de divisas, el cumplimiento de los planes de producción, los criterios para establecer la paridad de la moneda cubana (o de las monedas cubanas) con el dólar, los presupuestos del MINFAR, MININT o ICAP, el Balance de Pérdidas y Ganancias del CIMEX, o el reporte del flujo de caja de GAESA (el Grupo de Administración de Empresas controlado por el MINFAR, del que se dice que maneja más del sesenta por ciento de la economía cubana). Sin embargo, por ahí estuvo la información, aunque cada vez se ha ido hablando menos de eso.

 

Otra especulación que ha tomado fuerza últimamente surgió tras la reunión de Diosdado Cabello y la canciller venezolana con Thomas Shannon, funcionario del Departamento de Estado de Estados Unidos y consejero del Secretario de Estado John Kerry, encuentro que fue propiciado por el presidente haitiano y efectuado en Puerto Príncipe.

 

La noticia sorprendió a todo el que ignoraba por qué había sucedido eso, por no tener en cuenta que si la metrópoli (La Habana) trataba de mejorar sus relaciones con “el vecino del norte”, la colonia (Caracas) podría haber recibido instrucciones para hacer lo mismo. Y la sorpresa surgía por el hecho de que Diosdado Cabello está sometido a investigación por la justicia estadounidense por presuntas responsabilidades y vínculos con el narcotráfico, por lo que no tenía sentido que un funcionario de la administración de Obama se reuniera con él. Aunque no necesariamente ambos eventos tendrían que resultar incompatibles y excluyentes, sino todo lo contrario.

 

Pero lo que en realidad tomó fuerza tras la noticia era la suposición, otra vez sin ninguna confirmación ni fuente específica, de que Cabello habría participado en una operación de narcotráfico hacia Estados Unidos vía Cuba, y que con esa carta bajo su manga pretendía advertir que la podría hacer pública si actuaban contra él, lo que pondría en peligro la política de acercamiento diplomático del presidente Obama con Raúl Castro, y daría pie a sus adversarios para dificultarla y hasta impedirla.

 

Podría ser cierto, pero no tiene que serlo necesariamente. Hay muchas más lecturas posibles de esa reunión y de otras que pudieran producirse posteriormente, sin olvidar que ya Shannon había estado en Caracas en dos ocasiones en los últimos meses, por lo que su reunión de Haití no fue la primera con funcionarios venezolanos ni mucho menos.

 

Para añadir más morbo a la especulación, la prensa oficial en Cuba publicó el domingo 21 de junio una información de que Cabello había visitado La Habana y había sido recibido por Raúl Castro el sábado en la noche, sin especificar la duración de la visita del venezolano, que no había sido anunciada, y mucho menos sus objetivos o asuntos tratados, que es la forma habitual en que el régimen “informa” a los cubanos: diciendo parte de la verdad, pero nunca toda la verdad. Por su parte, Diosdado Cabello anunció en su cuenta de Twitter, que había estado en Cuba “revisando tareas pendientes”, y que además de reunirse con el “insigne guerrero” Raúl Castro había conversado también con Fidel Castro, “fuente viva de sabiduría, de nobleza, de amistad eterna”.

 

Como tantas veces, tratándose de la Cuba de los hermanos Castro, o de Macondo, que para el caso es lo mismo, parece que nadie considera importante profundizar demasiado en las informaciones que se divulgan, pues todo ocurre como si se tratara de un cuento de hadas, o uno de terror, ¿cuál sería la diferencia?

 

Y aunque el teatro de operaciones políticas (TOP) cubano continúa modificándose continua e ininterrumpidamente, muchos se siguen comportando como si no sucediera nada y como si ya no quedara nada que aprender de nada, porque todo se comprende y puede explicarse fácilmente.

 

(continuará)