Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

El neocastrismo reciclando el fracaso

 

A falta de programas, proyectos serios, perspectivas e ideas frescas, al neocastrismo no le queda más opción que reciclar el fracaso, repitiendo una y otra vez las mismas acciones que han fallado tantas veces, con la esperanza de que esta vez todo resulte de manera diferente. En otras palabras, aquello que Albert Einstein definía como locura o estupidez, que en el caso del neocastrismo no pueden verse separadas de la mala fe y la maligna intención de sojuzgar cada vez más a los cubanos.

 

Por cierto, este concepto de “neocastrismo”, acuñado por primera vez por Cubanálisis hace ya muchos años, se utiliza cada vez con más frecuencia entre muchos que comentan y analizan la realidad cubana, y aunque no se nos otorga el crédito merecido al hacerlo, eso no nos preocupa, porque es mucho más gratificante el hecho de que se vaya entendiendo que lo que vive nuestra patria en estos tiempos es una variante diferente de brutal dictadura, tan criminal y totalitaria como la que encabezó Fidel Castro durante cuarenta y ocho años, pero esta vez en un estilo diferente, más sofisticado e hipócrita, pero dictadura castrista al fin y al cabo.

 

Cuando la colonia venezolana le complica la existencia a La Habana

 

Con una Venezuela en crisis, lo que supone que la colonia cada vez pasa más trabajo para regalar recursos a la metrópoli habanera, disfrazados de pagos por servicios técnicos y profesionales, y los precios del petróleo por el piso, la único que se le ha  podido ocurrir a La Habana es ordenar a sus peones en Caracas, encabezados por el ignorante Nicolás Maduro y sus narcogenerales, incrementar la represión y asesinar a quien sea necesario eliminar para mantenerse en el poder.

 

Hasta ahora en Venezuela se cuentan cerca de medio centenar de muertos en las diarias  manifestaciones contra la destrucción del orden constitucional y la imposición de la dictadura de facto. Llama la atención la no abundancia de trabajadores en las manifestaciones callejeras, así como que la oposición no haya intentado ganarse a los seguidores de Hugo Chávez enfrentándolos a Nicolás Maduro como “traidor” a las ideas originales del teniente coronel golpista de Barinas.

 

Al comienzo, la apuesta neocastrista fue que los estudiantes y los demás participantes en las protestas (amas de casa, retirados) se iban a desencantar, aburrir o agotarse. Por eso desde la metrópoli de La Habana habían apostado a que más tarde o más temprano los manifestantes venezolanos terminarían quedándose en sus casas sin salir a protestar, porque en algún momento confiarían en la supuesta “mediación” de organizaciones regionales como UNASUR, expresidentes desacreditados en estos menesteres como el dominicano Leonel Fernández o el español José Luis Rodríguez Zapatero, o los buenos oficios del Vaticano.

 

Sin embargo, en la vida real todos esos intentos “mediadores” han estado abiertamente inclinados a favor del gobierno de los “bolivarianos” y en contra de los opositores o la población que se rebela. Por si hubiera dudas sobre este aspecto, las decepcionantes palabras del Papa Francisco hace algunos días sobre la oposición venezolana no dejan lugar a dudas sobre qué papel juega el supuesto representante de Dios en la Tierra y heredero del trono de San Pedro ante la dramática crisis venezolana, donde la iglesia local se ha colocado claramente a favor del pueblo y frente a la dictadura.

 

Pero después de tantos días de protestas ininterrumpidas y de tantas personas asesinadas indiscriminadamente en las calles de toda Venezuela, ya los tenebrosos asesores cubanos en esa nación suramericana se han dado cuenta de que las fuerzas de la Guardia Nacional Bolivariana y de la policía, que son las encargadas por la ley para enfrentar este tipo de situaciones, resultan insuficientes y poco efectivas para detenerlas y, sobre todo, para impedirlas y eliminarlas de raíz, por lo que se están preparando para recurrir directamente al ejército para tratar de “neutralizarlas”, que es el eufemismo que se utiliza para camuflar el propósito de asesinar o herir de gravedad a los manifestantes.

 

Las recientes grabaciones conocidas en estos días de generales venezolanos, después de que la Fuerza Armada jurara “lealtad incondicional” a Nicolás Maduro, ordenando a sus oficiales la selección y preparación de francotiradores que serán ubicados en las azoteas de los edificios con mejor visión de las manifestaciones y los líderes que las encabezan, para poder eliminarlos con más facilidad, demuestran fehacientemente cuáles son los planes de la dictadura caraqueña, según las instrucciones (órdenes) recibidas desde La Habana: masacrar inmisericordemente a la población venezolana para mantenerse en el poder al precio que sea.

 

Llama la atención el hecho de que cuando algunos de los oficiales presentes en esas reuniones se han preguntado, o afirmado muy directamente, que esas acciones contra la población civil pudieran ser ilegales o inconstitucionales, la respuesta de los generales ha sido siempre la misma: que en una situación de estado de excepción prácticamente vale todo para “defender la revolución bolivariana”; y en este caso “todo” incluye el asesinato a mansalva, la violación de las leyes y de los más elementales derechos ciudadanos. Es decir, una explicación típicamente acuñada en su concepción por los hermanos Castro desde hace muchísimos años, como aquellas de que “dentro de la revolución todo; fuera de la revolución, ningún derecho”, o de “paatrás ni para coger impulso”.

 

Porque lo que no pueda resolver el funcionamiento efectivo y eficiente de la economía, ni en Cuba ni en Venezuela, se resolverá con las balas y los tanques, ya que para ambos regímenes “vale todo” cuando se trata de mantenerse en el poder. Y a esto se le suma en el caso de la camarilla gobernante venezolana que si pierden el poder algunos de sus cabecillas podrían terminar en las cárceles de Estados Unidos bajo acusaciones de narcotráfico o de lavado de dinero.

 

Se acabaron las hojas de parra en Cuba

 

Por eso en La Habana cada vez pierden más el pudor y se comportan desesperadamente, porque no ven -ni pueden ver- soluciones ni a corto ni a medio ni a largo plazo. Prueba de ello fue la reciente reunión donde Raúl Castro recibió a un enviado del corrupto presidente de Angola, mensajero que ocupa los cargos de Ministro de Defensa de esa nación africana y vicepresidente del partido Movimiento Popular de la Liberación de Angola.

 

¿Y quiénes acompañaron a Raúl Castro por la parte cubana? Pues el flamante e inefable primer vicepresidente Miguel Díaz-Canel, el vicepresidente y ministro de economía y planificación Ricardo Cabrisas, y el canciller cubano Bruno Rodríguez. ¿Y donde estaba el ministro de defensa cubano, o quien estuviese al frente de ese ministerio en estos momentos? Quién sabe. Porque es evidente que los temas a tratar no eran aspectos militares, sino de carácter monetario, como aquello de “aquí lo que importa es el cash”.

 

Tiempo atrás, en una situación similar, el ministro de las FAR hubiera estado presente, aunque fuera por aquello de guardar las formas. Pero cuando se pierde el pudor y ya no quedan hojas de parra para cubrirse, como le ha sucedido al régimen cubano, los valores que aparentemente constituían el sustento de la mal llamada revolución cubana se han ido a pique, poco a poco primero, y en estos tiempos cada vez más y más de prisa.

 

Otra muestra de la impudicia y vacilación neocastrista es la timorata respuesta del régimen a la felicitación del presidente Donald Trump a

 

“la comunidad cubano-americana y el pueblo de Cuba” con motivo del 20 de mayo, en la cual se refiere a honrar a “las generaciones de cubano-americanos que han hecho contribuciones destacadas a nuestro país al compartir su cultura y talentos. Los cubanoamericanos se han distinguido en la literatura, las artes, los negocios, los deportes, la justicia, el Congreso y dentro de mi Administración”.

 

Aunque este aspecto de la felicitación podría quedar dentro del plano de la retórica intrascendente o las declaraciones protocolares, otros aspectos de la declaración del Presidente son mucho más directos contra el régimen, tales como los siguientes:

 

“Estamos especialmente agradecidos a los cubanoamericanos que sirven en nuestro ejército y que se han sacrificado en defensa de nuestra libertad”.

 

“El pueblo cubano merece un gobierno que de manera pacífica defienda los valores democráticos, las libertades económicas, las libertades religiosas y los derechos humanos. Y mi Administración está comprometida con el logro de esa visión”.

 

Sin embargo, frente a tal arremetida, la respuesta del régimen, a través de su prensa controlada, se reduce a considerar el mensaje como “controvertido” y “ridículo”, y destacar “los contradictorios y torpes pronunciamientos del magnate millonario convertido en presidente en temas de política tanto exterior como interior”, con lo cual no se ataca la esencia de sus palabras, sino la forma en que se han pronunciado.

 

Curiosa situación. Si se comparan los ataques de la prensa del régimen contra Donald Trump y sus políticas durante los primeros cuatro meses de su administración, con los que se realizaron contra Barack Obama después de su visita a Cuba, donde ofreció enterrar el hacha de la guerra y fumar la pipa de la paz, especialmente durante sus últimos cuatro meses de gobierno, es evidente que el expresidente fue atacado con mucha más saña, vileza y reiteración que lo que se hace ahora con el actual mandatario, a pesar de que éste ha dado señales más que claras de su rechazo y repugnancia hacia la dictadura cubana.

 

Ni planes ni proyectos, solamente demagogia

 

Lo cual demuestra tanto la desesperación actual como la impudicia moral del régimen neocastrista, atrapado entre la crisis y la ineptitud, y sin soluciones a la vista: estando al borde del abismo, como ha reconocido el mismo Raúl Castro, el único proyecto que la dictadura es capaz de presentar es el de dar un paso al frente, es decir, terminar cayendo en el abismo.

 

La apuesta a que aumente el precio del petróleo en el mercado mundial para que así mejorase la economía cubana -paradojas de esa “revolución”, cuando tiempo atrás lo que necesitaba era que descendiera el precio del petróleo- es demasiado arriesgada y de largo plazo. Y mientras tanto ha habido que subsistir malamente -apretando más aun a la población- con limosnas petroleras de Argelia y Rusia. Y tal vez ahora, tras la presencia del heraldo africano recibido en La Habana, pretendan obtener otra limosna, la de Angola.

 

La estrategia de apoyarse en el turismo para utilizarlo como pivote para el desarrollo de otros sectores de la economía es más fantasiosa que la nueva versión de “La guerra de las galaxias”. Porque aunque es cierto que los turistas aumentan cada año, no aumentan en la misma proporción los ingresos netos que produce el turismo.

 

Con los abrumadores niveles de ineficiencia que funciona la economía castrista, que requiere importar hasta una gran parte de los vegetales y las frutas que se consumen en las instalaciones turísticas del país, que a pesar de ser una isla ofrece demasiado poco pescado a los clientes, y se limita más bien a camarones y langostas, y que debe importar lencería, vajillas y una gran cantidad de artículos ornamentales para acondicionar las habitaciones hoteleras, porque la industria nacional prácticamente no produce nada con la más mínima calidad, el hecho de que visiten el país más turistas cada año no garantiza necesariamente mayores ingresos netos para el régimen.

 

Prueba de ello es que hace pocas horas se acaba de hacer público un informe de la organización no gubernamental de ayuda al desarrollo Mundubat, radicada en el País Vasco, España, sobre el sector agropecuario cubano. Tal informe dice muy clara y crudamente que el 57% de los alimentos producidos en la Isla se pierde entre las fases de cosecha-postcosecha y de distribución a los mercados interiores y las ciudades.

 

El reporte coloca a Cuba “entre los países con una agricultura con más bajos rendimientos en América Latina”, y señala que los sistemas productivos del campo cubano

 

“Heredan sistemas intensivos de producción que poco a poco en las dos últimas décadas se han ido reorientando hacia la sostenibilidad, pero que han dejado problemas importantes en el ecosistema agrario; suelos degradados y con bajos índices de materia orgánica, elevada incidencia de plagas y enfermedades, alta salinidad, compactación del suelo y sobrepastoreo en determinadas áreas e invasión de malezas y zonas arbustivas (marabú) en otras zonas de pastizal, contaminación por purines (desechos orgánicos) y una mala gestión energética de las fincas tanto agrarias como ganaderas”.

 

Es decir, ineficiencias del modelo de gestión y de la administración de los recursos por parte del omnipresente e ineficiente Estado socialista supervisado por el inútil y bueno para nada partido comunista: deficiencias que no se pueden achacar ni al “criminal bloqueo imperialista” ni al “calentamiento global”.

 

En definitiva, se trata de una nación surrealista, donde después de más de medio siglo de una supuesta reforma agraria, la mitad de las tierras del país están invadidas por el marabú y la otra mitad se administra ineficientemente, pero la dictadura prefiere que sea así antes que permitir que los campesinos y trabajadores privados las pongan a producir competentemente y obtengan beneficios cuando lo hagan. En una nación así, versión cubana del mítico Macondo, cualquier cosa puede suceder.

 

Por otra parte, después de quejas y lamentos oficiales sobre una supuesta sequía que era la más terrible del último siglo, han comenzado las lluvias en la isla, y ya apareció la primera noticia surrealista sobre este tema, en este caso en un reportaje de Frank Correa aparecido en Diario de Cuba el sábado 20 de mayo:

 

“Luego de una fuerte sequía que ha roto récords históricos, las primeras lluvias de mayo llegaron a la capital el jueves, provocando inundaciones en varios puntos, y continuaron el viernes.

 

En Jaimanitas, Playa, el agua entró en viviendas de las calles Tercera, Primera, Primera B, Primera A, 236 y 238. Afectados en el poblado costero del noroeste de La Habana coincidieron en que la falta de alcantarillado público y el mal estado de las calles empeoró la situación”.

 

De ahí que las pocas opciones que le van quedando al neocastrismo se basen en reciclar los fracasos de los últimos 58 años, sin aportar nada nuevo, ni siquiera a la historia de la infamia y la ineficiencia.

 

Prueba de ello fue la reciente reunión del pleno del comité central del tan desprestigiado partido comunista cubano, donde se aprobaron -después de años de consultas, ajustes, marcha atrás, marchas al lado, y otras acciones inútiles y sin sentido- los famosos “tres documentos rectores” para la “actualización del modelo” quién sabe de qué, que Raúl Castro definió como “los documentos más estudiados, discutidos y rediscutidos de la historia de la Revolución”.

 

Cargados de retórica y frases vacías, al no tener nada concreto que mostrar y ni siquiera prometer, los documentos aprobados por ese Pleno partidista reciben los pomposos nombres de Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista; las bases del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030: Visión de la Nación, Ejes y Sectores Estratégicos; así como nuevas modificaciones a los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.

 

¿Para qué sirven esos tres documentos? Evidentemente, para nada. Repiten las mismas consignas y lugares comunes que han fracasado durante más de medio siglo, y se aferran a las mismas ideas ridículas y caducas que han estado destruyendo la economía y hasta la misma sociedad cubana desde el comienzo de la funesta “revolución” en enero de 1959, pero que a la vez son las ideas y estrategias que han garantizado la represión y el aplastamiento de cualquier posición opositora o de enfrentamiento a la locura castrista durante cincuenta y ocho fatídicos años.

 

Para colmo, ya se anunció en el mencionado pleno partidista la intención de “someter a la consideración de la Asamblea Nacional [del Poder Popular] la Conceptualización del Modelo y los Lineamientos, así como informar a los diputados acerca del proceso de conformación de las bases del Plan Nacional del Desarrollo Económico y Social hasta el 2030”.

 

En otras palabras, se ordenará al coro de focas amaestradas que se reúnen en el mal llamado parlamento cubano, la aprobación unánime de tales documentos, permitiéndose solamente, antes de tal masiva aprobación, cuando más alguna que otra pregunta superficial y de carácter intrascendente durante el cónclave, o proponer dos o tres ajustes formales de palabras o terminología, pero nada más allá de eso, y sin utilizar demasiado tiempo. Así será esa “consideración” de la Asamblea Nacional sobre tales inoperantes documentos.

 

O sea, que lo único que realmente se pretende es continuar reciclando el fracaso.

 

Previendo para dentro de nueve meses

 

Sin embargo, hay que seguirlo haciendo: se supone que dentro de nueve meses, en lo que resultará un aborto más que un parto, Raúl Castro se retirará de sus cargos en el Estado y el gobierno (aunque no en los del partido, que le confieren el verdadero poder), para dar paso a una “nueva generación de revolucionarios”, que será la encargada de mantener en alto las maltrechas banderas de la ya inexistente revolución.

 

Eso explica en parte que, para que no existan sorpresas ni sobresaltos cuando llegue ese momento, se haya incrementado al máximo y con mucha menos hipocresía o recato la represión contra todo tipo de oposición o disidencia, y la “neutralización” de sus líderes más conspicuos, enviándolos al exilio, a la cárcel o hasta a la otra vida si hiciera falta.

 

Aunque se sabe perfectamente que, por infinidad de razones, una de las más importantes la labor de zapa y penetración de los órganos de la seguridad del estado castrista, esa oposición no constituye una verdadera y efectiva alternativa de poder o gobierno frente al régimen, y que de entrada ninguno de esos grupos o personas, que además viven perennemente divididos y peleando absurdamente entre ellos, puede mostrar proyectos realistas y plataformas concretas que puedan resultar alternativas reales a los proyectos de reciclaje del fracaso que enarbola la dictadura cubana, y lamentablemente no logran arrastre de pueblo suficiente para poner en jaque a la tiranía, la gerontocracia enquistada en el poder no quiere enfrentar ni el más mínimo riesgo contra su torre de marfil, y se ha propuesto de aquí a febrero del 2018 -la fecha que supuestamente marcaría el comienzo del “retiro” estatal y gubernamental de Raúl Castro- reducir esa oposición al mínimo, al precio que sea, incluyendo la posibilidad de recibir condenas o hasta sanciones internacionales por eso.

 

Esa versión cubana de modelo para mantener a toda costa el poder en la isla tiene su expresión venezolana en el llamado “Plan Zamora” y en esos generales “bolivarianos” ordenando a sus oficiales subordinados comenzar a preparar francotiradores dispuestos a asesinar a mansalva a los que protesten en las calles y se enfrenten a la dictadura. Porque como en ambos países los fracasos son los mismos, entonces se requiere que las supuestas soluciones que se pretenden aplicar sean las mismas, variando solamente los niveles de sofisticación o tosquedad de las mismas.

 

Como quiera que lo intenten, en realidad esos proyectos serían más o menos lo mismo que pretender inyectar a un cadáver descompuesto para resucitarlo.

 

Porque lo que a fin de cuentas ocurre es que los verdaderos cadáveres (políticos e ideológicos) son quienes están en el poder.

 

Y a falta de ideas, experiencias positivas, o proyectos realistas y concretos, solamente son capaces de pretender intentar las soluciones que les brindan su escaso intelecto, su falta de imaginación, y su temor a la libertad de sus ciudadanos.


Por lo que no tienen más opciones que continuar reciclando su dictadura y sus fracasos todo el tiempo que puedan, hasta que los pueblos sean capaces de liberarse de esas tan funestas camarillas que los masacran y destruyen sus países.