Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

 

 

                                Dr. Eugenio Yáñez

                                                                                                                                                            

 

EL MENÚ DEL NEOCASTRISMO: PATO PEKINÉS Y HALLACAS VENEZOLANAS

 

Mariela Castro dice que no le interesa ser Presidente de Cuba, y el ciberespacio se alborota. ¿Qué hubiera sucedido si, por el contrario, hubiera dicho que le interesaría? Imposible imaginar la congestión de los cielos cibernéticos, mucho peor que la del espacio aéreo que anunciaba Ricardo Alarcón de autorizarse a viajar libremente a todos los cubanos.

 

En medio del alboroto en la farándula castrista, nos llega la noticia de la mayor inversión a realizar en cinco siglos de historia de Cuba: seis mil millones de dólares en tres años, para ampliar las capacidades, hasta más que duplicarlas, de la refinería petrolera de Cienfuegos, en la zona central del país, al suroeste de La Habana, propiedad conjunta de las estatales CUPET (Cuba) y PDVSA (Venezuela), así como la ampliación de las facilidades portuarias, la construcción de una planta de licuefacción de gas con una capacidad de dos millones de toneladas anuales, y de una planta eléctrica capaz de generar hasta 150 megavatios. Las obras deben comenzar en el primer trimestre del 2011, antes que se inicie el congreso del partido, sustentadas con el dinero y la tecnología que aportarán los camaradas chinos, con garantías petroleras de Hugo Chávez a Beijing.

 

La edificación corresponderá a la constructora Hauanqui Corporation, perteneciente a la estatal China Nacional Petroleum Corporation (CNPC), y hasta más del 90% de la inversión será financiada a través del Eximbank de China. La ingeniería del colosal proyecto corresponderá a la francesa Technip, a través de su unidad italiana, que también asesorará en la construcción. La estatal venezolana PDVSA garantizará la inversión a través del mecanismo de “petróleo a futuro” para entregar a China.

 

Los planes tienen amplitud de miras: convertir a Cuba en un enclave importante para el trasbordo de petróleo en la cuenca del Caribe, y aprovechar la ampliación en curso del canal de Panamá para el transporte de petróleo hacia China y toda el Asia.

 

Que no haya equivocaciones: nada de “solidaridad”; nadie está donando nada. Los chinos recibirán, a cambio de la tecnología y el dinero que inviertan, ingentes cantidades de petróleo venezolano, que les resulta imprescindible para mantener los vertiginosos ritmos de desarrollo de su economía.

 

Hugo Chávez recibiría la “colaboración” de profesionales cubanos, pagados a precio de oro, que le resultan imprescindibles para tratar de afianzar el apoyo popular a su disparatado proyecto bolivariano de socialismo del siglo XXI.

 

Y el gobierno cubano recibirá una importantísima inyección de tecnología de punta y recursos en un plazo relativamente breve, que le permitirían procesar el petróleo submarino que se encuentra en la Zona Económica Exclusiva que corresponde a Cuba.

 

Es decir, el régimen de La Habana –no el país- recibirá todos los beneficios de la colosal inversión asiática, mientras el tesoro venezolano gentilmente pagará la cuenta en especie: abundante petróleo venezolano hacia China, mientras desde Cuba seguirá el interminable flujo de médicos, entrenadores, segurosos y muchos otros profesionales hacia Venezuela, a precios de monopolio, para apuntalar al régimen “bolivariano” y así “pagar” la factura solidaria con servicios profesionales, ya que mercancías, bienes y recursos materiales exportables hay muy pocos en Cuba, y mucho menos dinero. Se trata de una operación de triangulización comercial casi perfecta.

 

El menos beneficiado es, sin dudas, el régimen venezolano, que aportará mucho más petróleo a cambio de los servicios profesionales de los cubanos. Y aunque en principio no hay nada malo en intercambiar recursos naturales por servicios profesionales, la maldad radica en los precios preferenciales del petróleo que se entrega a La Habana, y el costo elevadísimo que paga el pueblo venezolano por tales servicios, que aunque en su parte fundamental se refieren a médicos, diverso personal de salud, maestros y entrenadores deportivos, incluyen también la asesoría a los aparatos represivos, la creación de un clima de terror, y los mecanismos de propaganda política en los que La Habana acumula medio siglo de experiencia.

 

La noticia, sin embargo, no recibe demasiada atención en la prensa que supuestamente se especializa en el tema cubano, que se vuelca en temas relacionados con el inicio de la Serie Nacional de Béisbol; en las trasnochadas declaraciones de Leo Brower, un maestro cubano y universal de la música clásica, pero que sabe tanto de política como cualquier  analfabeto sobre música clásica; en la “descarga” filosófica del cineasta Alfredo Guevara, que tiene fama de amigo de Fidel Castro, pero que en la vida real, más allá de poder opinar sin demasiado temor sobre lo que entienda pertinente, tiene menos poder práctico que un secretario municipal del partido; y en las continuas reiteraciones, tanto en La Habana como fuera de Cuba, de que nada de lo que se haga por parte del régimen en materia de economía, nada, serviría para nada.

 

LOS NEOCASTRISTAS NO SON TONTOS

 

Aunque es importante señalarlo, y es absolutamente cierto y más allá de toda duda, sin incluir ningún tipo de reformas democráticas en los actuales proyectos económicos del neocastrismo es imposible sacar al país definitivamente de la crisis estructural en que se encuentra en estos momentos. Pero repetirlo se va convirtiendo en un lugar común.

 

Sin embargo, ese criterio supondría que el régimen tendría como objetivo sacar al país de la crisis. Quienes consideren eso podrían comenzar a escribir su carta a Santa Claus o a los Reyes Magos antes de que se les haga tarde.

 

Porque el régimen lo que pretende es simple y llanamente ganar el tiempo necesario para asegurar la transición a los sucesores de los históricos, y lograr un mínimo de estabilidad en el país para que la gerontocracia pueda terminar sus días sin necesidad de sacar los tanques a la calle y provocar un baño de sangre, no porque les interese para nada la suerte de los cubanos, sino por el temor a que tal aventura podría terminar en un “escenario rumano” como el de 1989, que no les interesa para nada, y que, por otra parte, no le convendría a nadie más que a los que apuestan a la explosión social sin preocuparse de los costos y consecuencias de tal contingencia.

 

No estaría mal preguntarse si los neocastristas son tontos y no tienen sentido de la economía y la política, o si, por el contrario, tienen perfectamente definido lo que pretenden y el camino para lograrlo.

 

¿Serán tan ignorantes los asesores económicos del régimen para no saber que un impuesto del 40% a los cuentapropistas no daría ninguna oportunidad a tal sector de contribuir a resolver problemas elementales de la vida cotidiana que el Estado paternalista es incapaz de resolver?

 

¿O serán lo suficientemente calculadores para suponer que, descontando a todos los que trabajarán sin la licencia correspondientes, más las inevitables omisiones presentes en las declaraciones de ingresos que deberán realizar los cuentapropistas, los números finales se convertirán en guarismos aceptables tanto para los trabajadores por cuenta propia como para el fisco estatal, y las condiciones de vida de los cubanos cambiarán para mejorar, aunque solamente fuera porque podrían forrar los botones de su ropa, amaestrar a sus perros o afilar sus tijeras?

 

No venga nadie a decir que “eso solamente sucede en Cuba”. Quienes lo crean, harían muy bien en informarse un poco durante los primeros meses del año en Miami y muchos lugares más, cuando llega la época de preparar y enviar las declaraciones de impuestos al gobierno estadounidense.

 

Que no son tan tontos en el régimen, como suponen muchos, se evidencia cuando acaban de anunciar que se destinarán 130 millones de dólares el año próximo a la importación de insumos para uso de los cuentapropistas, aunque en este momento resulta imposible venderlos a precios mayoristas.

 

“En este momento” es un concepto tan indefinido que podría significar seis meses o cuarenta años, pero ya el hecho de que “Granma” haga referencia al tema indica perfectamente que la gerontocracia sabe muy bien que para que el trabajo por cuenta propia tenga reales posibilidades tiene que recibir los insumos a precios que le posibiliten generar excedentes monetarios suficientes para poder mantenerse en el intento.

 

Si el desarrollo de los acontecimientos les permite mantener las cosas bajo control, o el desarrollo, quiérase o no, de las relaciones mercantiles, crea problemas con los que el régimen no es capaz de lidiar, o ni siquiera controlar, es otro asunto.

 

Y tampoco sabemos lo que se pueda estar cocinando en la mente de los sucesores, pues ni siquiera podemos saber en estos momentos quienes serán tales sucesores, aunque puedan intuirse.

 

Así que dejemos las profesiones de fe momentáneamente a un lado, y veamos con un poco más de detalle los proyectos económicos del neocastrismo para los próximos años, los estratégicos de verdad, y no las medidas puntuales que aparecen como consecuencia y no como causa, en los Lineamientos económicos y sociales de los que tanto se habla en estos días.

 

EL ALCANCE DE LAS INVERSIONES

 

Seis mil millones de dólares a invertir en tres años representan dos mil millones anuales. Incluso suponiendo, como es habitual, que los proyectos se retrasen, y demoren hasta cinco años, sigue siendo una impresionante cifra de cien millones de dólares mensuales, lo que nunca estuvo en el juego económico cubano ni con la construcción de la central electro-nuclear soviética de Juraguá ni con los proyectos del fenecido CAME de ampliar las capacidades de producción de níquel cubano, que son hasta el momento las mayores inversiones que se recuerdan.

 

Este es, sin dudas, el mejor proyecto inversionista de que ha podido disfrutar el régimen totalitario cubano en más de medio siglo: beneficios netos gigantescos y absolutos, pero sin deber un solo centavo: Hugo Chávez desde Venezuela garantiza el “colateral”, con petróleo de la nación sin que los venezolanos tengan una sola palabra en el tema. Y Cuba no debe nada en ninguna circunstancia. El gran sueño de Fidel Castro, pero materializado en la era del general-presidente Raúl Castro y su gerontocracia. Ironías de la vida de los dictadores.

 

Comparadas con las cifras que están ahora en juego, la inversión en el fallido proyecto de la planta de fertilizantes de Cienfuegos, para el que Fidel Castro creó una infausta y absurda “brigada comunista”, o todas las inversiones para la fracasada Zafra de los Diez Millones, ambas en la década de los sesenta del siglo pasado, representan solamente calderilla y menudeo.

 

No es de extrañar que la antigua ministra del ramo, Yadira García, persona de confianza del Comandante en Jefe y miembro del Buró Político del partido, haya sido “tronada” recientemente: son demasiados recursos estratégicos en juego para dejarle la tarea a alguien fuera del círculo íntimo del neocastrismo.

 

Si era responsable o no de los pecados que se le señalaron tal vez podrá saberse algún día, pero es intrascendente comparando con la necesidad para los raulistas de que los proyectos estuvieran bajo el control de alguien de absoluta lealtad, y que en última instancia supervisa y controla, como todas las inversiones estratégicas, el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés.

 

En el análisis en tres partes titulado “Biología y sucesión”, publicado hace pocas semanas en Cubanálisis-El Think-Tank, enfocábamos la posibilidad de que el futuro de la muy maltrecha economía cubana estuviera vinculado a infinidad de fábricas de industria ligera internacionalmente conocidas como “maquiladoras”, con una fuerza de trabajo dócil y barata que garantizaría a los inversionistas extranjeros cuantiosos beneficios:

 

“No hay nada que objetar a la industria maquiladora siempre y cuando se concreten acuerdos satisfactorios, particularmente en materia salarial, régimen laboral, protección del trabajador y seguridad en el puesto de trabajo. Fuentes de trabajo, nuevas habilidades técnicas, tecnológicas y gerenciales, crecimiento de ingresos personales y de la riqueza social, son algunas de las ventajas que representan para los países receptores estas oportunidades, despectivamente denominadas “maquiladoras”. (…)

 

“Todo quedaría así “atado y bien atado”. Control con zanahorias, maquiladoras y cuentapropistas, y los segurosos y los tanques siempre listos. Carnaval a todo trapo, pan y circo, y los herederos administrando el negocio familiar, mientras los mausoleos se mantienen muy bien cuidados, con las flores correspondientes”.

 

Sin embargo, el neocastrismo tenía sus planes de supervivencia enfocados en otra dirección: colosales inversiones extranjeras en la industria básica, fundamentalmente energética y de infraestructura, basadas en el respaldo financiero del chavismo  venezolano, con la misma fuerza de trabajo dócil y barata, generada por una masa de población calificada, pero conciente y sistemáticamente empobrecida durante medio siglo, y ahora reforzada por todos esos cientos de miles de cubanos expulsados de las “plantillas infladas” de la antológicamente ineficiente economía estatal.

 

Todo parece indicar que el menú principal del neocastrismo se basa en estos momentos en el pato pekinés en salsa china y las hallacas venezolanas. Nada de sopa borsh rusa por ahora, y mucho menos hot dogs yankees. Ni kuzkús argelino, ni pollo angolano. Ni feijoada brasilera, aunque venga en cierto sentido como acompañante.

 

Porque Brasil, antes que surgiera la inversión cienfueguera, está invirtiendo trescientos millones de dólares en el puerto del Mariel, al occidente de La Habana, para la ampliación y modernización de las instalaciones portuarias. A cargo de esta compleja tarea está el coronel Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, anteriormente director ejecutivo del grupo empresarial militar “GAESA”, y “casualmente” el yerno de Raúl Castro.

 

Para completar estos proyectos, aunque en escala más modesta (si se compara con los de Cienfuegos y El Mariel), se está llevando a cabo con financiamiento venezolano la ampliación del puerto y la refinería petrolera de Matanzas, al este de La Habana, así como la reconstrucción del antiguo oleoducto (de la era soviética) Matanzas-Cienfuegos, para conectar nuevamente ambos puertos y refinerías.

 

EL PETRÓLEO DE LA CUENCA SUBMARINA

 

¿Por qué todas estas inversiones? Pues porque se espera que el próximo año comience la prospección y extracción del petróleo submarino en el Golfo de México, lo que sumado a la producción en tierra y en aguas poco profundas generaría un volumen de hidrocarburo a procesar que resultaría considerable.

 

Los planes de extracción de petróleo submarino no se han detenido: experimentaron sus dificultades por la disponibilidad de tecnologías que no resultaran afectadas por las disposiciones del embargo de Estados Unidos contra el régimen, pero aparentemente ya se han resuelto esos problemas y las plataformas necesarias deben estar disponibles en pocos meses.

 

China y Venezuela están terminando de negociar su participación conjunta en uno de los bloques submarinos de la Zona Económica Exclusiva cubana. Por su parte, Gazprom, de Rusia, se asoció a otras compañías para explotar también los yacimientos submarinos, y acaba de adquirir el 30% del proyecto operado por la compañía de petróleo y gas de Malasia, Petroliam Nasional Berhad, para explorar cuatro bloques submarinos en el Golfo de México.

 

La española Repsol anunció recientemente que regresará en el 2011 a las prospecciones, que ya había comenzado años atrás, tan pronto esté lista la plataforma que se construye en coordinación con la ENI italiana –lo que no estaría en conflicto con las regulaciones del embargo-, y tanto hindúes como brasileros, a través de sus compañías petroleras, también anuncian la próxima participación en los proyectos.

 

Además de los beneficios netos futuros para el régimen totalitario del colosal proyecto chino-venezolano, que se obtienen a un costo relativamente insignificante (mano de obra cubana barata y sin derecho a huelga) y en un plazo acelerado de tres años, aunque resulta casi una eternidad para la gerontocracia, hay que considerar la cantidad de puestos de trabajo que generarán estas gigantescas inversiones, en momentos en que el desempleo crece como la espuma y se riega como la pólvora, con todos los riesgos que conlleva.

 

Aunque no todos los trabajadores y burócratas desplazados de las infladas plantillas gubernamentales podrán ser asimilados por estas actividades, ni tampoco todos estarían en condiciones físicas, edad y experiencia profesional para realizar tales trabajos, decenas de miles de cubanos jóvenes están desesperados por ocupar las miles de plazas que surgirán en Cienfuegos y dispuestos a trasladarse hacia allí desde sus provincias.

 

Es de suponer que los sistemas de salarios y estimulación en estos proyectos serán más realistas y acordes al sentido común, con vinculación del pago a los resultados del trabajo y los plazos establecidos, y que el legendario desvío de recursos en las construcciones cubanas podrá disfrutar de un poco más de control, estando de por medio los vigilantes ojos oblicuos de los inversionistas chinos y de los experimentados italianos y franceses que tienen que ver con la ingeniería del proyecto y la construcción.

 

A todo esto hay que sumar el efecto multiplicador que generará en la actividad en los sectores no estatales de la economía, tanto dentro de las filas del cuentapropismo como de las cooperativas que se crearán, en la elaboración, oferta y venta de servicios de apoyo tales como alimentación (desayuno, almuerzo, meriendas, cenas), transporte de personal, lavado, planchado y arreglo de ropa, capacitación y entrenamiento, reparación de relojes y espejuelos, y muchas otras actividades, estén comprendidas en las 178 recientemente autorizadas o no, pues la demanda creará las que no fueron previstas por la gerontocracia, con licencias o sin ellas.

 

Todo ello, unido a las medidas elementales de racionalidad y control que se están poniendo en práctica, sin esperar al congreso del partido, cambiará sustancialmente el escenario económico del país y creará nuevas condiciones para las que todos tenemos que preguntarnos si estamos realmente en condiciones de analizarlas racionalmente y llegar a conclusiones aceptables y realistas.

 

UN FINAL ABIERTO

 

Si algo está perfectamente definido en los análisis de la situación económica cubana en estos momentos, con todos los factores que están participando en el juego, es que no hay nada perfectamente definido.

 

Es una gran “fiesta del Guatao” de la economía, que se sabe como comienza, pero no como termina. Y que puede depender también,  además de los aspectos internos analizados, de otros factores que no son totalmente previsibles, como la política que finalmente imponga el establishment de Estados Unidos hacia Cuba, la definición de las posiciones de la Unión Europea, la evolución de la salud de Fidel y Raúl Castro y el resto de la muy deteriorada gerontocracia cubana, o las posibilidades de Hugo Chávez de afianzarse en el poder.

 

En Cubanálisis-El Think-Tank no nos gusta para nada ser aves negras del infortunio, pero nuestra obligación elemental es presentar las cosas como las vemos, sin pasiones ni mucho menos conclusiones predeterminadas, aunque no nos resulte agradable ni a nosotros mismos.

 

Y en estos momentos todo parece indicar que el régimen tiene posibilidades –aunque no necesariamente todas y cada una de las probabilidades- de capear con relativo éxito el temporal político, económico y social que enfrenta, y de esa manera garantizarse plazos imprescindibles para poner a punto la sucesión.

 

Ojalá que estuviéramos totalmente equivocados, y el camino hacia la democracia y el Estado de Derecho fuera mucho más expedito y menos complicado de lo que parece en estos momentos.

 

Que lo que se puede vislumbrar ahora cuando escribimos este análisis no sea ni lo más conveniente para el futuro de los cubanos, ni lo que deseamos todos, no nos da derecho ni a tergiversar las conclusiones ni a cargarlas con factores pasionales que podrían resultar muy gratificantes, pero poco profesionales.

 

Porque nuestra función no es reproducir noticias, sino analizar información.

 

Y, para esa tarea, las opiniones o deseos personales resultan absolutamente irrelevantes.