Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

El castrismo, un eterno período especial - I I -

 

La economía cubana está en un momento decisivo. Los mecanismos clásicos de la “dirección de la economía” según los preceptos comunistas, con la planificación centralizada y las empresas estatales como ejes fundamentales, están agotados desde hace mucho tiempo, y ya no dan más.

 

El régimen no tiene opciones, o al menos él mismo se las limita o elimina al aferrarse al modelo estatista que nunca ha funcionado y nunca funcionará. En los últimos años las exportaciones del país no alcanzan ni para pagar los alimentos que se necesitan, y la economía se mantiene en base a la explotación de los médicos en el exterior, las remesas de dinero y envíos de recursos y productos de “los gusanos” cubanos del exterior, los ingresos producto del turismo, y pequeñas y decrecientes cantidades de divisas que aportan la zafra azucarera -siempre en crisis- el tabaco, las bebidas, la biotecnología, y algunos productos artesanales.

 

Hay que olvidarse por completo de exportaciones de la industria alimenticia o la industria ligera, que hace años no aportan nada sustancial a la economía. En el caso de la industria alimentaria, es cierto que se exportan algunas cantidades de mariscos y peces de calidad, frutas tropicales, algunos cítricos y miel de abejas, pero se hace en base a no darle acceso a esos productos a los cubanos de a pie.

 

Y en la industria ligera las producciones, simplemente, no tienen la calidad requerida para competir no ya en el mundo desarrollado, sino ni siquiera en el tercer mundo. Cuando algunas naciones como Angola, Argelia, Irán, Siria, Vietnam o Bolivia, compran productos industriales cubanos, lo hacen más bien por “solidaridad” y como una manera de apoyar a la dictadura cubana, pero en realidad esos productos no soportan una verdadera competencia en los mercados de esos países, ni siquiera en los bazares árabes o los “tianguis” centroamericanos.

 

Entonces, ¿con qué ingresos puede contar la dictadura para sobrevivir? El señor Díaz-Canel repite que el país saldrá adelante y que no habrá otro “período especial”, como si ya se hubiera salido del primero. No por gusto los cubanos se refieren a sus discursos como los de “La Nueva Trova”, porque lo único que hace el presidente designado es decir con lenguaje diferente lo que en su momento dijeron los dirigentes “históricos” hace cincuenta, cuarenta o treinta años: palabras vacías y consignas que no resolvían ningún problema. Nada nuevo bajo el sol.

 

El escenario venezolano

 

Hay mucha especulación alrededor de la realidad venezolana: mientras muchos opinan que al gobierno de Maduro y su pandilla le queda poco en el poder, el castrismo apuesta a fondo por el respaldo absoluto a los narcogobernantes en Caracas, y por mantener y hasta ampliar hasta secarla la consiguiente succión de la ubre venezolana desde La Habana.

 

Y aunque es cierto que, en caso de necesidad, y si fuera imprescindible para su supervivencia, los castristas no vacilarían en incinerar a Nicolás Maduro ni a quien fuera necesario en el altar de los sacrificios revolucionarios, o hasta se lo entregarían al “imperialismo” envuelto para regalo y con un lacito en la cabeza si de ello dependiera  su permanencia en el poder, no parece que esa opción sea inmediata ni probable en estos momentos para la pandilla gobernante en La Habana.

 

Porque, aparentemente, las cosas en Caracas no son como se repite tanto en Miami y se discute en el teatro de operaciones militares de la cafetería El Arepazo, en El Doral, versión venezolana exiliar del teatro cubano de operaciones militares que se libran diariamente en el restaurante Versailles de Miami.

 

Es cierto que la economía venezolana es un desastre y se mueve de mal en peor, y entre la ineptitud de los “cuadros” designados para dirigir las actividades confiscadas por el chavismo -comenzando con el petróleo- y la malversación más descarada que corroe a los dirigentes y gerentes “bolivarianos”, las cosas van cuesta abajo en su rodada, y todos se preguntan cómo sería posible que Venezuela pudiera seguir manteniendo al “hijo bobo” cubano que tiene colgado a su espalda.

 

Sin embargo, aunque la economía “oficial” venezolana colapsa en los barrancos, y es un hecho innegable, y las sanciones económicas contra el régimen venezolano y sus personeros cada vez estrechan más el cerco, también es una realidad que el dinero mal habido del narcotráfico sigue fluyendo internacionalmente y hasta creciendo en las arcas de los “revolucionarios” venezolanos y sus compinches cubanos, y mientras eso sea así no se paralizará completamente la economía en la nación suramericana, aunque el pueblo siga padeciendo necesidades, penurias y calamidades incomparables, y la inflación en aquella nación crezca más y más rápido que el marabú en los campos cubanos, lo cual es ya mucho decir.

 

Desfile de pretendientes

 

Simultáneamente, no parece haber claridad, y mucho menos unidad, en la oposición venezolana, que lamentablemente se caracteriza por abundante y docta retórica pero a la vez muy pocos resultados prácticos. Según acaba de señalar el Secretario de Estado de Estados Unidos, parecen ser decenas los “opositores” venezolanos que están dispuestos a “sacrificarse” para sustituir a Nicolás Maduro al frente del país, y cada uno de ellos con puntos de vista, opiniones y programas de gobierno que, naturalmente, excluyen a los de todos los demás que no sean los que defienden ellos mismos, aunque a veces no tengan ni siquiera un programa coherente.  

 

Dijo el Secretario de Estado que suman alrededor de cuarenta los aspirantes a sustitutos del fantoche Nicolás Maduro, lo cual, como cifra, de por sí es una barbaridad. Pero lo más grave de todo es que, en la situación venezolana actual, incluso si fueran solamente dos los pretendientes a sustituir al dictador, serían  demasiados.

 

Porque lo que Venezuela y los venezolanos necesitan en estos momentos para salir de la dictadura “bolivariana” y sus mandarines cubanos, es un frente opositor sólido y sin grietas de ninguna clase, y si ese papel le correspondió -por lo que fuera- a Juan Guaidó, entonces lo único inteligente parecería ser apoyarlo como presidente interino, ya que ocupa ese cargo en base a la constitución venezolana, y bajo la dirección de ese señor erradicar la usurpación, establecer un gobierno de transición para sanear el país y preparar la celebración de elecciones democráticas, libres y justas.

 

Sería en ese momento en que esos cuarenta aspirantes que mencionó el Secretario de Estado de Estados Unidos, y los quizás más de cuarenta otros pretendientes que aun no han sacado la cara -ni las uñas- compitan en un ambiente libre y democrático donde todos los venezolanos puedan elegir como corresponde a su presidente y a todos sus dirigentes no solo nacionales sino también estatales y municipales.

 

De manera que la música que llega desde Caracas es mucho más dulce en el Palacio de la Revolución habanero que lo que parecería viendo y escuchando los programas de opinión de la televisión en español de Miami, donde ya tienen lista la funeraria para Nicolás Maduro y sus compinches.

 

Tambores de guerra desde el Potomac

 

Sin embargo, el suspiro de alivio del flamante presidente cubano Miguel Díaz-Canel se interrumpe por las noticias que llegan desde “la Yuma”. En primer lugar, ya la Ley Helms-Burton está en pleno vigor, y siendo Estados Unidos un país de leyes, es de esperar que cada vez sean más las demandas contra las compañías y personas que lucren con propiedades confiscadas sin compensación por el gobierno cubano.

 

A pesar del parloteo y del alboroto del presidente cubano y de su ministro de relaciones exteriores contra la decisión del presidente Trump, las posibilidades reales del régimen de “proteger” a inversionistas extranjeros cómplices de lucrar con propiedades confiscadas son mínimas, por no decir nulas.

 

Para que se tenga una idea, la demanda contra la empresa canadiense Sherrit, que explota minas de las provincias orientales cubanas que fueron confiscadas sin compensación por Fidel Castro, asciende a 83 millones de dólares. Esa cifra es superior al valor de mercado de la empresa Sherrit en estos momentos, en lo que a minería se refiere. ¿Qué tipo de protección a los inversionistas cómplices puede brindar la dictadura comunista en un caso como este? Sin olvidar que, por muy importantes que sean las operaciones cubanas de la Sherrit, sus negocios en Estados Unidos son mucho más amplios e importantes que todos los que pueda tener en Cuba.

 

Por otra parte, y guerra avisada no debería matar soldados, se ordenó la interrupción de golpe de los viajes de cruceros a Cuba y todas las visitas turísticas que caían en la categoría “pueblo a pueblo”, inventada por la administración Obama para enmascarar el turismo que llevaba subrepticiamente dinero al régimen castrista. Tan solo con esta medida, fue necesario dejar si efecto 800,000 reservaciones en cruceros que ya estaban hechas para visitar la isla acaparadas en la categoría suspendida.

 

Y esa es una de las doce categorías autorizadas por el gobierno de Estados Unidos, gracias al señor Obama, que están en revisión por la administración Trump, por lo que no debería nadie extrañarse porque puedan venir medidas adicionales contra cualquiera de las once restantes. Se calcula que el año pasado visitaron Cuba 639,000 americanos, y las visitas en crucero no eran la mayoría ni las que más ingresos dejaban al régimen. De manera que si en Washington pretenden seguir apretando el gaznate a la dictadura cubana serán de esperar más acciones en este sentido.

 

No son todos los que están…

 

Las decisiones tomadas por la Casa Blanca han revelado también que los cuentapropistas cubanos están desnudos políticamente. Los que hablaban de una “incipiente clase media” y de “embriones de democracia” anidados en los emprendimientos cubanos, deberían revisar con  atención las declaraciones de muchos cuentapropistas “indignados” por las medidas del presidente de Estados Unidos contra la dictadura cubana.

 

Incluso una señora cuentapropista declaró que los cubanos en Estados Unidos deberían votar para presidente en el 2020 por cualquiera menos por Donald Trump, pues éste le hacía daño a los negocios de los cubanos. La señora, muy preocupada ella por su emprendimiento y sus ingresos -lo cual es legítimo- no parece sin embargo atormentarse para nada por la democracia, el Estado de derecho y el respeto a los derechos humanos en Cuba.

 

Para ella, Washington lo que necesita es un presidente que le permita a ella -y a los que están en su misma situación- ganar bastante dinero y prosperar con  sus negocios, y nada más. Este es un claro ejemplo de cubanos cuyos intereses coinciden con los de la dictadura y para los que cuestiones como la libertad y la democracia parecen ser secundarios y pueden esperar.

 

¿Y con personas así se espera que se desarrolle una clase media que en un momento determinado sea capaz de cuestionar al totalitarismo y reclamar libertades democráticas? ¿Con personas así se puede aspirar a que en un momento surjan cambios “desde adentro” que den al traste con el totalitarismo y el capitalismo de estado castrista?

 

Entonces, nos guste o no, hay que decir las cosas claramente: a pesar de las dificultades económicas de la dictadura cubana, que no son pocas, no puede decirse que el régimen se esté tambaleando ni que parezca que colapsará, y cuando se le aprieten más las clavijas recurrirá a medidas puntuales de apertura con los cuentapropistas y hasta con la perversa “diáspora cubana” -ya no somos la maldita gusanera- para paliar la situación.

 

Por eso no debe sorprendernos que precisamente ahora la dictadura haya declarado que los “cubanos emigrados” pueden invertir en la isla como cualquier otro extranjero, sin más limitaciones que las que señale la ley para todos los inversionistas. Incluso ofrecen a esos eventuales emigrados cubanos que se decidan a invertir, una “protección” -no se sabe cómo- frente a posibles acciones futuras de reclamación amparadas en la ley Helms-Burton.

 

Poder, poder, poder…

 

Todo lo que sea necesario por tal de mantenerse en el poder, que es la única razón de ser del actual gobierno cubano. Aquello que se llamó “revolución cubana” desapareció hace muchísimo tiempo, y lo que ha quedado después de la caída del muro de Berlín -hace ya treinta años, no debe olvidarse- es una caricatura de socialismo cuartelario que solamente existe en función de la gloria de los hermanos Castro y el enriquecimiento de sus descendientes y su camarilla.

 

Por eso las cosas no mejorarán mientras la dictadura castrista -con o sin los hermanos Castro- pueda mantenerse en el poder sin realizar concesiones significativas que alivien las penurias de los cubanos. Y si el nivel de miserias de esa población cubana en la isla aumenta hasta alcanzar lo que podría llamarse “período especial”, o se mantiene sin llegar a esos niveles extremos de degradación y sinsentidos que ha logrado mantener en determinados momentos, es solamente cuestión de retórica y discusiones académicas, y no de relaciones económicas.

 

Porque las carencias y necesidades de los cubanos no son el resultado de que Cuba sea un pequeño país pobre y sin muchos recursos naturales: más de ochenta países en el mundo son más pequeños que Cuba y no necesariamente sufren las miserias y carencias del comunismo cuartelario. Por otra parte, tampoco tienen demasiados recursos naturales países como Singapur, Hong Kong o Japón, por ejemplo, y República Dominicana, para poner un ejemplo muy cercano, con pocos recursos naturales, y menos de la mitad del territorio cubano, tiene un PIB superior al castrista desde hace años.

 

Tampoco es válido el sofisma de que un “criminal bloqueo imperialista” le impida progresar a Cuba, porque en realidad su atraso y su miseria actual tiene que ver con un muy maligno y macabro esquema de poder diseñado por Fidel Castro desde 1959 -o tal vez antes- para poder someter  a la población a sus designios y eliminar totalmente su capacidad de resistencia y rechazo.

 

Y ese esquema de reducir al mínimo las condiciones de vida de los cubanos en la isla no fue modificado ni cuando la neuritis óptica afectaba a los cubanos por las deficiencias alimentarias en la década del noventa del siglo pasado, ni en los momentos más difíciles de la economía ni durante los más bajos estándares de vida de la población, así que no habría ninguna razón de modificarlo en estos momentos, cuando las presiones de la actual administración americana contra la dictadura cubana y sus aliados venezolanos permiten al régimen llamar a los cubanos a unirse frente a “la agresión imperialista” y a luchar por sus “conquistas revolucionarias”, que cada vez son más lejanas y más abstractas, pero que persisten en el imaginario popular, las leyendas urbanas y el discurso oficial.

 

Por lo que suponer que tal vez podría evitarse o no un “período especial” en Cuba en la actualidad es pura discusión bizantina, y no dependerá de las condiciones económicas. En estos mismos momentos el régimen está “resucitando” la cartilla de racionamiento -que eufemísticamente llama “libreta de abastecimientos”- y distribuyendo bajo condiciones normadas no solamente productos alimenticios, sino también otros de primera necesidad, como los de higiene y aseo, porque simplemente no dispone de recursos suficientes para mantenerlos en venta en un mercado “libre”, es decir, sin racionamiento.

 

Entonces, una situación de este tipo, ¿debe considerarse característica distintiva de un nuevo período especial” en la isla? ¿y la aceptación de que en algún momento terminó ese primer período especial comenzado en los años noventa del siglo pasado?

 

No caigamos en la trampa del castrismo ni en las discusiones bizantinas de académicos sin demasiadas ocupaciones o diletantes al servicio de las causas más espurias:

 

El castrismo siempre ha sido un eterno período especial. Y lo sigue siendo. Porque no puede dejar de serlo. Y todo eso por una razón muy sencilla: porque es fundamental que pueda ser así para que la camarilla se mantenga en el poder.

 

Y lo único que le interesa a la camarilla gobernante cubana, desde hace sesenta años, es mantenerse en el poder.

 

Y no existe ni se vislumbra ninguna razón que vaya a obligarle a cambiar esa estrategia de poder con la que se ha mantenido hasta ahora.

 

Así que no lo hará.