Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

DIEZ AÑOS SIN FIDEL CASTRO EN LAS CANDILEJAS

 

El 31 de julio del año 2006, en horas de la tarde, se conoció una noticia que en unos cuantos segundos ocupó espacios televisivos, radiales y de prensa escrita en todo el mundo: Fidel Castro se separaba del poder y delegaba todas sus funciones y cargos (con carácter provisional) por motivos de salud.

 

En un comunicado conocido como “Proclama del Comandante en Jefe al pueblo de Cuba” el tirano explicaba que el exceso de trabajo hizo que su salud “se sometiera a un estrés extremo y se quebrantara”. Y añadía: “Esto me provocó una crisis intestinal aguda con sangramiento sostenido que me obligó a enfrentar una complicada operación quirúrgica” que le forzaba “a permanecer varias semanas de reposo, alejado de mis responsabilidades y cargos”.

 

Por consiguiente, siempre con carácter provisional, delegaba en su hermano Raúl Castro los cargos y funciones de Primer Secretario del Partido, Comandante en Jefe de las FAR, y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, daba instrucciones sobre las tareas a atender prioritariamente, y designaba a las personas que serían responsables de acometerlas.

 

La provisionalidad de esa delegación, como todos sabemos, se ha extendido ya por diez años, y aparentemente continuará hasta el fin de sus días, puesto que su salud no le permite -aunque quisiera- volver a los trajines diarios del poder.

 

En aquella Proclama que recorrió el planeta los tres primeros acápites fueron para delegar todos sus cargos en Raúl Castro; a más nadie cedió una parcela de poder, ni siquiera provisionalmente. Cuando menciona a otros, lo hace asignándoles responsabilidades y tareas, dejando perfectamente claro que toda su autoridad formal, atribuciones y facultades pasaban íntegramente a su hermano menor.

 

A continuación algunos fragmentos:

 

4) Delego con carácter provisional mis funciones como impulsor principal del Programa Nacional e Internacional de Salud Pública en el Miembro del Buró Político y Ministro de Salud Pública, compañero José Ramón Balaguer Cabrera.

 

5) Delego con carácter provisional mis funciones como impulsor principal del Programa Nacional e Internacional de Educación en los compañeros José Ramón Machado Ventura y Esteban Lazo Hernández, Miembros del Buró Político.

 

6) Delego con carácter provisional mis funciones como impulsor principal del Programa Nacional de la Revolución Energética en Cuba y de colaboración con otros países en este ámbito en el compañero Carlos Lage Dávila, Miembro del Buró Político y Secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros.

 

Los fondos correspondientes para estos tres programas, Salud, Educación y Energético, deberán seguir siendo gestionados y priorizados, como he venido haciéndolo personalmente, por los compañeros Carlos Lage Dávila, Secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, Francisco Soberón Valdés, Ministro Presidente del Banco Central de Cuba, y Felipe Pérez Roque, Ministro de Relaciones Exteriores, quienes me acompañaron en estas gestiones y deberán constituir una comisión para ese objetivo”.

 

Diez años después de aquel documento, es de destacar que varios de los designados por Fidel Castro, y que constituían en ese momento la crema y nata de la nomenklatura que le secundaba totalmente en su rocambolesca gestión, posteriormente fueron separados de sus cargos por diferentes razones: Carlos Lage, Vicepresidente del Consejo de Ministros, y Felipe Pérez Roque, ministro de Relaciones Exteriores, fueron “tronados” tras haberse embriagado con “las mieles del poder”, y obligados a una autocrítica por escrito que se hizo pública y que recuerda los momentos más tenebrosos del estalinismo soviético. José Ramón Balaguer fue sacado a la carrera del cargo de Ministro de Salud Pública tras el escándalo de las decenas de pacientes que murieron de frío por abandono y negligencia en el Hospital Siquiátrico de La Habana, y acelerada y convenientemente trasladado a miembro del secretariado y jefe del departamento internacional del Partido Comunista. Y Francisco Soberón, ministro presidente del Banco Central, fue “liberado” de su cargo por solicitud propia.

 

De los mencionados en la Proclama quedan activos, y en posiciones superiores a las ocupadas en aquellos momentos, José Ramón Machado Ventura, actualmente segundo secretario del partido y vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, y Esteban Lazo, actualmente presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

 

De las tareas mencionadas en aquel documento actualmente no queda ni el recuerdo. No existen en estos momentos ni el Programa Nacional e Internacional de Salud Pública, ni el Programa Nacional e Internacional de Educación, ni el Programa Nacional de la Revolución Energética, y como ya mencionamos, los encargados de aquellos proyectos del “máximo líder” están fuera del juego desde hace algunos años.

 

Ese no significa que no haya tareas nacionales e internacionales de salud pública y educación, o que no se atiendan los temas relacionados con el sector energético en toda su extensión -no solamente en lo relativo al ahorro de electricidad- pero no se hace mediante los alocados “programas” entronizados por Fidel Castro ni se destina a ellos la cantidad de recursos que entonces se asignaban en detrimento de otros sectores de la economía. 

 

Además de los mencionados que ya no están en el poder, sin prisa pero sin pausa ha ido siendo separado de cargos un grupo de cortesanos de menos categoría y dirigentes de determinado nivel que gozaron de la bendición del Comandante, que los había  promovido simplemente por capricho o delirios, aun cuando no tuvieran la calificación requerida.

 

Entre los cortesanos y dirigentes separados por diferentes razones vienen a la mente ahora, sin consultar notas ni determinados documentos o prensa, entre otros: Otto Rivero, quien fuera Vicepresidente del Consejo de Ministros para la Batalla de Ideas; Hassan Pérez, “dirigente” juvenil en la Unión de Jóvenes Comunistas y la Federación Estudiantil Universitaria; José Miyar Barruecos, Secretario del Consejo de Estado; Carlos Valenciaga, secretario particular de Fidel Castro y quien leyera la “Proclama” en la televisión nacional aquel 31 de julio del 2006; el Dr. Eugenio Selman Hussein-Abdo, médico personal de Fidel Castro; Ricardo Alarcón, miembro del buró político del partido y presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular; Fernando Remírez de Estenoz, a cargo de las relaciones internacionales del partido comunista; Yadira García, miembro del buró político y ministra de Industria Básica; Pedro Ross, miembro del buró político, exsecretario general de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y exembajador en Angola; el general Rogelio Acevedo, separado de la dirección de la Aeronáutica Civil tras un escándalo de corrupción y desfalco; el general Fernando Vecino, quien fuera ministro de educación superior y fue pasado a retiro; Misael Enamorado, miembro del buró político; y Pedro Sáez, miembro del buró político.

 

Naturalmente, quedan por mencionar muchos nombres que no vienen a la mente de inmediato, así como personas fallecidas en estos diez años que nunca engrosaron las filas de los “tronados”, pero el hecho cierto es que el equipo de dirección que rodea a Raúl Castro es completamente diferente al que acompañaba de cerca a Fidel Castro.

 

Los cambios de Raúl Castro

 

Es risible cuando personas en Miami o en otros lugares, o en la misma isla de Cuba, insisten en que “nada ha cambiado” en el país. Es risible porque, gusten o no los cambios, y tengan la resonancia o trascendencia que puedan o no tener, no tiene sentido pretender ignorar todas las cosas que han sido modificadas en Cuba, ya sea para bien o para mal.

 

Así que, una vez mencionados los “movimientos de cuadros” de la era de Raúl Castro, que ya cubre una década, es conveniente revisar cuáles han sido las medidas tomadas por el hermano menor, tanto durante su época “con carácter provisional” como durante su período oficial, comenzado el 24 de febrero del 2008, y deslindar cuáles han sido los cambios introducidos en el país y cuáles han sido las verdaderas reformas desde el punto de vista del funcionamiento de la economía. Es decir, que no todos los “cambios” pueden ni deben ser considerados “reformas”, aunque se lleven a cabo en el campo de la economía.

 

A continuación presentamos una lista de los principales cambios llevados a cabo durante esta década “raulista”, y dejamos claro a los lectores que aunque hemos tratado de ser lo más exhaustivos posible, pueden haber quedado algunos cambios sin señalar.

 

Por otra parte, la lista no tiene un orden cronológico ni de importancia, ni se han hecho agrupaciones por temáticas o sectores de la economía, sino simplemente se han ido listando a través del tiempo y colocándolos de forma aleatoria, sin más pretensión que dejarlos registrados para futuros análisis:

 

RESUMEN DE LOS CAMBIOS FUNDAMENTALES INTRODUCIDOS EN CUBA

DURANTE LA ERA DE RAÚL CASTRO

 

  • Autorizar el trabajo privado a casi 500,000 cuentapropistas, aunque algunos rellenan fosforeras o pasean perros, y otros muchos miles han devuelto sus licencias

 

  • Entregar a trabajadores privados tierras estatales en usufructo para la agricultura y la ganadería

 

  • Anunciar el proyecto de desaparición del peso cubano convertible (CUC) y volver a establecer el peso cubano (CUP) como única moneda circulante en el país, aunque las cosas no han pasado de esporádicos anuncios y silencios prolongados

 

  • Autorizar el pago con pesos cubanos en el 90% de las Tiendas Recaudadoras de Divisas

 

  • Autorizar a los trabajadores privados a contratar empleados

 

  • Permitir y fomentar el establecimiento de cooperativas no agropecuarias

 

  • Aprobar una nueva ley de inversión extranjera

 

  • Restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos

 

  • Emisión de bonos para financiar la deuda generada por el déficit presupuestario

 

  • Comenzar a desactivar las paraestatales Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC)

 

  • Creación de la Zona Económica Especial de El Mariel

 

  • Reforma de la Ley Electoral, aunque hasta el momento constituye más anuncios y rumores que resultados concretos y tangibles

 

  • Disolución o reestructuración de Ministerios y creación de Organizaciones Superiores de Dirección Empresarial (OSDE)

 

  • Creación de puntos Wi-Fi en ciudades, municipios y lugares específicos de la isla para ampliar el acceso a Internet

 

  • Retirar al Estado de la administración de restaurantes, cafeterías y servicios personales (barberías, peluquerías, zapaterías, reparación de electrodomésticos, taxis, relojerías)

 

  • Ofrecer créditos a la población para construcción y reparación de viviendas

 

  • Autorización de ventas a crédito para adquirir en las tiendas que venden en CUC ollas de presión eléctricas, arroceras, y de presión convencional, y cocinas eléctricas y su equipamiento

 

  • Autorización a deportistas a contratarse en otros países

 

  • Establecer niveles de pago diferenciado a los deportistas de acuerdo a sus resultados, acabando el mito del “deporte aficionado”

 

  • Reconocer la propiedad de autos y viviendas, y permitir su compraventa

 

  • Comenzar la venta de vehículos nuevos y de uso, aunque a precios astronómicos cuando se trata de autos puestos a la venta por las entidades estatales

 

  • Autorización a inmobiliarias estatales y mixtas para rentar locales y viviendas a cubanos

 

  • Resoluciones para ampliar los marcos de la autonomía empresarial y deslindar y segregar funciones estatales y empresariales

 

  • Permitir el acceso de la población a “casas de visitas” mediante pago de los precios establecidos. Hasta ese momento, eran para disfrute exclusivo de determinados funcionarios de cada sector o territorio, o permanecían ociosas, sin que la población pudiera utilizarlas

 

  • Establecer y proclamar algunas medidas dirigidas a poner fin del igualitarismo social

 

  • Proclamar que cada cual reciba de acuerdo a lo que se gane con su trabajo

 

  • Restablecimiento de un sistema de impuestos para todos los trabajadores privados y estatales

 

  • Tendencia a sustituir las largas sentencias de prisión en casos de corte político por detenciones breves (de unos pocos días) y golpizas callejeras, en ocasiones bastante brutales, pero en realidad sentencias larguísimas como las dictadas en ocasión de la llamada “Primavera Negra” del 2003 contra opositores, disidentes y periodistas independientes han sido en esta década cada vez más escasas

 

  • Eliminar las escuelas en el campo

 

  • Eliminar las microbrigadas

 

  • Eliminar la “revolución energética”

 

  • Eliminar los “trabajadores sociales”

 

  • Eliminar la “batalla de ideas”

 

  • Eliminar el Grupo de Apoyo al Comandante en Jefe

 

  • Autorizar a un grupo empresarial extranjero (brasileño) a administrar un central azucarero en Cuba

 

  • Reducir drásticamente el “trabajo voluntario” y los “domingos rojos”

 

  • Eliminar prohibiciones de acceso a hoteles y centros turísticos

 

  • Permitir a los cubanos poseer computadoras y teléfonos celulares

 

  • Autorizar acceso (restringido y de mala calidad) a Internet (a precios abusivos)

 

  • Estudios para modificar los sistemas de gobierno y administración provinciales y municipales y deslindar funciones ejecutivas y legislativas, aunque se han prolongado demasiado y han podido mostrar pocos resultados específicos y positivos

 

  • Créditos bancarios a cuentapropistas

 

  • Autorizar retorno a Cuba de médicos y demás profesionales de la salud que hubieran emigrado, prometiendo garantizarles sus antiguos puestos de trabajo

 

  • Realización de negociaciones secretas con Estados Unidos que culminaron tras dieciocho meses con el anuncio público del inicio del proceso para restablecer las relaciones diplomáticas entre La Habana y Washington

 

  • Declarar las intenciones de ambos gobiernos (Cuba y EEUU) de discutir todas sus desavenencias y reclamos para “normalizar” las relaciones entre ambos países.

 

  • Autorizar a (cantidades limitadas de) emigrados a regresar a vivir a Cuba. Permitir el regreso a vivir en el país a personas que anteriormente habían salido a vivir al exterior mediante la opción llamada “salida definitiva del país” muchos años antes, que como dice el nombre implicaba la imposibilidad de regresar

 

  • Haber negociado con el gobierno español y con mediación de la Iglesia Católica cubana la excarcelación-destierro casi forzado en el 2011 de la casi totalidad de los prisioneros de la “Primavera Negra” del 2003

 

  • Haber realizado el Sexto Congreso del Partido Comunista en 2011 y el Séptimo en abril del 2016, aunque en ambos casos los acuerdos y resultados han consistido en proyectos poco críticos de la realidad y programas imprecisos, demasiado abstractos y poco prácticos, y las realidades de la economía y las condiciones de vida de los cubanos de a pie no se han modificado demasiado

 

  • Anuncio reiterado por parte de Raúl Castro de que el actual sería su último período de ejercicio en el poder (Estado y gobierno), que culminaría el 24 de febrero del 2018, aunque nunca se ha referido a sus proyectos con relación al cargo de primer secretario del partido, que es donde verdaderamente radica el poder

 

  • Establecer que ningún dirigente pueda estar más de diez años en el cargo

 

  • Nombrar a un civil “no histórico” segundo al mando nominal en el Estado y el gobierno, en condición de primer vicepresidente, y que es también miembro del buró político del partido

 

  • Renegociar satisfactoriamente el financiamiento de la deuda externa con diversos países europeos, latinoamericanos y Japón

 

  • Eliminar sistemáticamente la cantidad de productos de consumo popular que se venden a la población a precios subsidiados a través de la libreta de racionamiento

 

  • Remover prácticamente al 100% de los secretarios generales provinciales y municipales del Partido Comunista, los jefes de gobierno provincial y municipal y los dirigentes de “organizaciones de masas” que estaban en esos cargos cuando Fidel Castro entregó el poder “con carácter provisional” en julio del 2006

 

  • Autorizar a la casi totalidad de los cubanos, incluidos muchos opositores, a viajar al extranjero y regresar posteriormente a su país.

 

  • Comenzar la construcción de marinas y campos de golf de lujo, que incluyen hasta viviendas, en función del crecimiento de turismo “high-end”, es decir, para turistas adinerados

 

  • Realizar periódicamente reuniones del gobierno (consejos de ministros ampliados) e informar sobre ellas y sus acuerdos en la prensa, aunque muchas veces con información incompleta y confusa

 

  • Pedir a los dirigentes que no se sientan capaces de cumplir sus obligaciones que renuncien, sin que hacerlo se considere vergonzoso

 

  • Experimento para autorizar a algunas empresas a vender sus excedentes en el mercado interno

 

Hasta aquí el listado. Repetimos, puede haber omisiones, no por otra razón que por olvido o descuido, nunca por alguna razón metodológica o ideológica.

 

De todos esos cambios, ¿cuáles son verdaderas reformas económicas o sociales?

 

Indudablemente, no todos los “cambios” señalados o los que puedan haberse “escapado” en esta relación, pueden ser considerados como “reformas económicas”.

 

Si dijimos anteriormente que era risible la posición de algunos aquí y allá de negar que en Cuba se hubieran producido cambios, es igualmente risible la posición de otros, allá y aquí, que ven en cada movimiento o acción del gobierno de Raúl Castro una “reforma” o una señal inequívoca de que una reforma se producirá.

 

Sin embargo, actuando de manera racional y analítica, es difícil poder considerar que el derecho a entrar en los hoteles y otras instalaciones turísticas y a utilizarlas por parte de los cubanos sea una “reforma económica”, aunque en la práctica influya en la forma en que se mueva el dinero circulante en el país, tanto en divisas como en moneda nacional. Y lo mismo sería válido con relación a la posibilidad de que los cubanos utilicen teléfonos celulares o adquieran computadoras.

 

Como todo en la vida, la realidad habrá que localizarla entre ambos extremos, y mirando los hechos con toda la frialdad analítica posible, para no caer en los errores clásicos de las sobreestimaciones, ilusiones, o eso que los americanos llaman “wishful thinking”, que es el pensamiento basado en los deseos y no en las realidades. Y por otra parte, tampoco se trata de adoptar posiciones nihilistas y negarse a ver o a darle carácter de reformas, al menos incipientes, a acciones específicas que se hayan aplicado o se estén aplicando en estos momentos.

 

Para no perdernos en el análisis, vamos a destacar, de la lista de cambios señalados anteriormente, cuáles medidas pueden ser consideradas razonablemente como intentos de reformas en la economía y el país, o al menos cuáles podrían constituir aunque fuera mínimamente la semilla para eventuales reformas futuras si se dieran determinadas condiciones.

 

Cuando hablamos de reformas en estos casos no estamos pensando en mover la economía hacia mecanismos capitalistas, de economía de mercado y de propiedad privada, que sería la verdadera solución, pero que no harán con Raúl Castro, al menos mientras su hermano esté vivo, sino de reformas en el ámbito de lo que se consideraría una economía socialista tal como la define el mismo régimen, es decir, una economía donde impera la propiedad estatal y la planificación centralizada, pero que se complementa con la existencia de pequeña propiedad privada y cooperativas que asumen todas las tareas y actividades en las cuales el Estado no puede garantizar una eficiencia mínima ni un funcionamiento adecuado de las empresas estatales para estos menesteres.

 

Veamos la lista de cambios revisada anteriormente, y cuáles acciones podrían quedar en estos campos “reformistas”. Comentaremos brevemente sobre las que consideramos que tienen un verdadero carácter reformista, y las trabas y limitaciones que deben enfrentar para materializarse realmente. Evidentemente, este listado será muchísimo más breve que la lista de los cambios llevados a cabo. Las verdaderas acciones de reformas no son muchas:

 

ü      Autorizar el trabajo privado a casi 500,000 cuentapropistas, aunque algunos rellenan fosforeras o pasean perros, y otros muchos miles han devuelto sus licencias

 

ü      Autorizar a los trabajadores privados a contratar empleados

 

Estas dos acciones son complementarias, aunque se materializaron en momentos diferentes. Evidentemente, cuando por primera vez se autorizó el trabajo por cuenta propia en la era de Raúl Castro, fue para poder reducir la carga y presión a las nóminas estatales, donde sobraban los trabajadores (se estima que más de un millón todavía no tienen actividades especificas para cubrir completamente su jornada laboral). Y se buscaba que los cientos de miles de futuros cesantes pudieran buscarse la vida dedicándose a realizar algún oficio, aunque muchos de los que fueron aprobados parecían copiados de un poblado medieval, como pelador de frutas, amolador de tijeras, carpintero, cerrajero, vendedor de libros de uso, cuidador de animales, desmochador de palmas, forrador de botones, o zapatero remendón, entre otros.

 

En vez de publicar un listado con las actividades que estarían prohibidas, se optó por la variante burocrática de publicar aproximadamente 200 actividades que se permitirían. En algunas de ellas, sin embargo, los trabajadores privados -que el gobierno sigue llamando “cuentapropistas” contra toda lógica y evidencia-, necesitaban mano de obra de apoyo para poder desarrollar sus actividades. El ejemplo típico es el de los “paladares”, restaurantes privados que necesitan cuando menos de cocineros y meseros, y en ocasiones también cantineros y lavadores de vajillas y calderos, además de personas que suministren insumos, productos alimenticios o de limpieza. En el mismo sentido, aunque menos evidente, los taxistas privados intermunicipales e interprovinciales (“boteros”) recurren a personas que se encargan de identificar clientes en las terminales o en las calles aledañas a los estacionamientos de tales taxistas -las “piqueras”- y llevarlos hasta los “boteros”, y así otros ejemplos, que implicaban en realidad que el “cuentapropista” pagara a otras personas por su trabajo, y de ahí la evidente autorización para contratar empleados.

 

Este hecho de aceptar la existencia de trabajadores privados en Cuba, aunque tozuda y eufemísticamente sigan siendo llamados “cuentapropistas” por el gobierno, es una evidente manera diferente de enfocar un conjunto de actividades de servicios y producción, y si menciono los servicios delante de la producción, contrariamente a lo que se utiliza comúnmente, es porque la mayoría de las actividades autorizadas tienen más que ver con los primeros que con lo segundo, y por esa manera diferente de acometer estas actividades es que estas disposiciones pueden ser consideradas como una de las medidas de “reforma económica” tomadas por Raúl Castro.

 

La “contrarreforma”, sin embargo, iba a surgir en los congresos del partido comunista, tanto en el sexto como en el más reciente, el séptimo, donde la traba ha sido mucho más evidente y explícita, ya que se prohibió la posibilidad de “concentración de la propiedad y de la riqueza”. Pero como nadie define exactamente qué se considera “concentración”, queda para la interpretación del burócrata de turno en el partido comunista o el gobierno determinar cuándo existe concentración de propiedades y riquezas y cuándo no, o qué volúmenes de propiedades y riquezas son excesivos y cuáles no.

 

Y persiste otra traba evidente que al gobierno no le interesa relajar: la no existencia de mercados mayoristas, lo que obliga a los cuentapropistas a obtener sus recursos a precios minoristas o en el mercado negro. En el primer caso eso implica que los precios de venta de los productos y servicios de esos cuentapropistas serán mayores de lo que deberían ser en condiciones normales, que no existen en Cuba, lo que termina afectando a la población como consumidores finales.

 

En el segundo caso, la dependencia del mercado negro crea una cruda situación de dependencia sicológica del cuentapropista con el régimen, pues sabe que se está moviendo en un terreno de ilegalidad que facilita al gobierno en cualquier momento tirar de la alfombra y dejarlo en el aire, con las consiguientes multas, sanciones, o hasta severas condenas de cárcel. Y hay veces que el régimen desea realizar “escarmientos” para eliminar determinada actividad privada que por alguna razón no le interesa que se mantenga, como ha hecho con las salas de proyecciones en tercera dimensión y las tiendas privadas de venta de ropa traída desde el extranjero.

 

En otras palabras, la economía -como siempre en los regímenes totalitarios- en manos de la burocracia partidista y gubernamental. Lo que limitará todas las posibilidades reales de progresar hasta que, en algún momento, este absurdo pueda quedar a un lado para poder dinamizar la economía realmente con la participación de empresarios privados que sean limitados solamente por las exigencias de la legalidad y la competencia, y no de los humores o hemorroides de los burócratas parasitarios.

 

Veamos otras “reformas”:

 

ü      Retirar al Estado de la administración de restaurantes, cafeterías y servicios personales (barberías, peluquerías, zapaterías, reparación de electrodomésticos, taxis, relojerías)

 

ü      Permitir y fomentar el establecimiento de cooperativas no agropecuarias

 

ü      Comenzar a desactivar las paraestatales Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC)

 

ü      Entregar a trabajadores privados tierras estatales “ociosas” en usufructo para utilización en la agricultura y la ganadería

 

En cierto sentido, se trata de situaciones similares a las de los cuentapropistas, solo que en este caso se trata de cooperativistas y no de productores independientes. El gobierno reconoce -aunque no lo diga abiertamente- que es absurdo pretender gestionar desde el Estado un conjunto de actividades agropecuarias, industriales y de servicios, y que es mucho más conveniente y productivo que sean cooperativas quienes se encarguen de estas tareas, y entonces promueve estos enfoques.

 

Sin embargo, como siempre ocurre, lo promueve dentro de limitaciones y restricciones realmente “contrarrevolucionarias”, como poner trabas innecesarias a los miembros de las cooperativas no agropecuarias, a quienes no se les venden los locales donde desarrollarán sus actividades, sino solamente se les arriendan, manteniendo el Estado la propiedad de los mismos. Sin embargo, corresponde a los cooperativistas, con sus propios recursos y gastos, las actividades de mantenimiento, conservación y acondicionamiento de los locales, suministros de insumos y demás operaciones fundamentales para mantener el negocio funcionando.

 

La desactivación de las llamadas Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), es evidentemente un paso de reforma, porque de cooperativas tenían solamente el nombre, siendo en realidad instituciones controladas no tan solapadamente por empresas estatales agropecuarias, que en Cuba siempre han sido las más ineficientes dentro del universo de ineficiencia constante y permanente de las empresas estatales.

 

Pero si esa desactivación no se lleva hasta el final y se permite una verdadera y clara producción cooperativa en esas tierras, todo fracasará y seguirá siendo un gran engaño. El gobierno demostrará, en estos casos, si tienen verdaderamente intenciones de reformar la economía dentro de las condiciones del socialismo, o si se trata de un alboroto más para marear la perdiz y continuar en la misma situación improductiva y absurda.

 

Igualmente se actúa con el problema de las tierras ociosas. Si el gobierno en realidad no está dispuesto a dejar trabajar libremente a los usufructuarios para aumentar la producción agrícola y ganadera y no deja de controlarlos en exceso y hacerles más difícil la vida, todo terminará en un gran fiasco.

 

Afortunadamente han ido quedando atrás absurdos iniciales como impedirles construir viviendas en las tierras asignadas, para poder permanecer junto a sus terrenos, cosechas y animales, pero todavía continúan otras trabas burocráticas como la ausencia de mercados mayoristas, las obligaciones de los usufructuarios frente a los siempre ineficientes organismos estatales de Acopio, la coyunda de tener que vincularse a cooperativas o empresas estatales aunque no les interese, y la pretensión de obligarles a sembrar o criar lo que interesa a la burocracia territorial y no a los productores y, en última instancia, al mercado.

 

Otra “reforma” más:

 

ü      Aprobar una nueva ley de inversión extranjera

 

Indudablemente este es un serio intento reformador que pretende dejar atrás tabúes “antiimperialistas” sobre la inversión extranjera, y buscar en ella fuentes de financiamiento imprescindibles para el desarrollo de la economía nacional. Según fuentes del mismo gobierno, se requieren inversiones anuales por un monto de entre 2,000 y 2,500 millones de dólares para lograr un crecimiento de entre 5 y 7% anual, que sería lo que permitiría materializar los planes gubernamentales para alcanzar lo que llaman un socialismo “próspero y sustentable”, cualquier cosa que eso signifique y que nadie acaba de definir concretamente.

 

Sin embargo, el supuesto intento reformista se limita por el propio gobierno, con extensas demoras para conocer, estudiar y dar aprobación a proyectos inversionistas que se le presentan, además de que la falta de una legislación clara y precisa sobre la inversión extranjera, y de garantías para los inversionistas, no los anima a arriesgar su dinero en la isla.

 

Adicionalmente, la no existencia de un poder judicial independiente -pues es obvio que en el castrismo no existe separación de poderes- ni organismos independientes donde dirimir diferencias de interpretación contractuales y comerciales -situaciones normales en cualquier país- no facilita que los dueños de los capitales que requeriría el país estén dispuestos a arriesgarlos en medio de una nebulosa conceptual y jurídica que garantiza cualquier cosa menos equidad y sentido de justicia y legitimidad.

 

Si el gobierno no es capaz de resolver esta situación -y no parece demasiado dispuesto a ello- la ley de inversión extranjera aprobada a comienzos del 2014 quedará como otra de las utopías “revolucionarias” que no fue capaz de materializarse.

 

Otra de las “reformas”:

 

ü      Restablecimiento de un sistema de impuestos para todos los trabajadores privados y estatales

 

El pago de impuestos por parte de los trabajadores fue eliminado en la década del sesenta del siglo pasado, bajo el peregrino criterio de que sería como sacar dinero de un bolsillo del Estado para pasarlo al otro, y desconociendo a propósito que el pago de una parte del salario de los trabajadores para financiar la acumulación de vacaciones y otras varias prestaciones, como eran las de contribuir a la protección de la maternidad de las mujeres trabajadoras, o al futuro retiro de todos los trabajadores asalariados, hombres y mujeres.

 

Esas contribuciones, además del factor puramente económico que representaban, daban al trabajador un sentido de responsabilidad con su propio futuro y reconocían el valor del trabajo como mecanismo de obtención del sustento personal y familiar, valores todos que terminaron desapareciendo cuando el Estado asumió el pago de salarios donde ya venían descontados los correspondientes impuestos, pero que al no mencionarse ni cuantificarse terminaron desapareciendo como categorías económicas y contables palpables tanto por los trabajadores como por las administraciones de las entidades estatales.

 

Al autorizarse nuevamente el trabajo por cuenta propia en la etapa “raulista”, para esos nuevos “cuentapropistas” se establecieron impuestos, tanto en registros de inscripción y licencias como sobre los ingresos, y posteriormente sobre salarios pagados y otros aspectos de las actividades económicas. Esto, de por sí, no es condenable, y resulta una actividad práctica que se desarrolla en todos los países.

 

De la misma manera, se supone que las empresas estatales están sujetas también al pago de contribuciones fiscales y otros aportes al presupuesto, pero como en su gran mayoría son ineficientes, a pesar de los birlibirloques contables con que funcionan muchas de ellas para endulzar las cuentas nacionales, los indicadores globales y las estadísticas en detalle que deben ser publicadas, en realidad sus aportes fiscales resultan inexistentes o mínimos y no contribuyen realmente al desarrollo de la economía. En otras palabras, terminan resultando parasitarias de lo que aportan fiscalmente los empleados estatales, los trabajadores privados y las cooperativas, sectores donde sí se les exigen operaciones contables claras y el pago exacto de sus obligaciones, tanto en cantidades como en plazos y formas de cumplimiento.

 

Sin embargo, lo realmente lamentable en los nuevos mecanismos fiscales instituidos es el abusivo exceso de contribuciones que se establecen para los llamados cuentapropistas, impuestos que no tienen un sentido verdaderamente económico o fiscal, sino simplemente represivo, pues están encaminados a la aberrante política de no posibilitar la concentración de la riqueza ni de la propiedad en manos de cuentapropistas. Para el neocastrismo implantado durante la década de Raúl Castro, aparentemente los únicos autorizados a enriquecerse concentrando no solamente las riquezas y las propiedades, sino también los privilegios y el disfrute de “las mieles del poder”, son los integrantes de la camarilla que se ha apropiado de manera vitalicia del poder, así como sus familiares y cómplices.

 

Igualmente inmorales resultan las imposiciones fiscales para los empleados asalariados, no porque deban contribuir al fisco, lo que sucede en los países serios en todo el mundo, sino porque los volúmenes de contribuciones son escandalosos comparados con las cifras escuálidas del monto de los salarios pagados por el gobierno.

 

Para que esas reformas de los mecanismos fiscales tengan una verdadera utilidad y una verdadera contribución al mejor funcionamiento de la economía, deberá eliminarse toda consideración ideológica a la hora de definir el tipo de impuestos que se establece en cada caso y el monto de los mismos, de acuerdo a la racionalidad económica y a las necesidades de desarrollo del país, y no a los requerimientos del partido comunista para curarse en salud de la paranoia que le produce pensar que pueden perder el poder, que es lo único que verdaderamente les interesa, porque no les importa una mejor marcha de una economía socialista, ni la efectividad y la eficiencia de sus instituciones productivas, tanto estatales como privadas y cooperativas.

 

A continuación, una semilla de “reforma”:

 

ü      Comenzar la construcción de marinas y campos de golf de lujo, que incluyen hasta viviendas, en función del crecimiento de turismo “high-end”, es decir, para turistas adinerados

 

Aquí existe, sin dudas, el embrión de una reforma, en la medida que se comienza a pensar no en la tontería de ofrecer turismo “para conocer los logros de la revolución”, que le interesa a algunos pocos trasnochados, sino en turismo al servicio de visitantes con amplias posibilidades económicas, a los que se le ofrecerían marinas y campos de golf de lujo, como los que ya se han comenzado a construir en diversos lugares como Varadero o el este de La Habana, que conllevan a la vez la construcción de viviendas que podrían ser arrendadas a extranjeros, o incluso vendidas en determinadas condiciones, lo que constituye un cambio significativo en cuanto a las políticas en el sector turístico que han funcionado hasta ahora.

 

Un serio problema en estos aspectos, a los que aparentemente el gobierno no ha prestado toda la atención requerida, tiene que ver con el alto consumo de agua que requieren los campos de golf, y más aun los de gran lujo, en un país donde prácticamente todas las redes de acueductos en ciudades y poblados, así como las de regadíos en la producción agropecuaria, están colapsadas por antigüedad y falta de mantenimiento y reparaciones, llegándose al extremo de que se haya tenido que recurrir a préstamos otorgados por ¡países desérticos! como Arabia Saudita y Qatar para intentar mejorar -que no resolver- los serios problemas existentes de abastecimiento de agua.

 

El futuro de las reformas bajo Raúl Castro

 

Es muy difícil hacer predicciones, sobre todo cuando se trata del futuro”, dice un viejo proverbio chino que resume en pocas palabras un universo de sabiduría.

 

Y eso es lo que está presente cuando se trata del futuro de las reformas de la economía cubana, inmersa en una profunda crisis estructural y de funcionamiento, con muy pocos recursos financieros y de liquidez disponibles, una economía cuasi colapsada, y con sus fuentes de ingresos cada vez colgando más de un fino hilo, en la medida que la suerte del ineficaz y corrupto gobierno venezolano se complica ante la presión popular que pretende desbancarlo del poder, y los gobernantes brasileños son aplastados con acusaciones y evidencias de corrupción que pueden no solamente expulsarlos del poder, sino también enviarlos a la cárcel por un buen tiempo.

 

Es interesante constatar que aun sabiendo a ciencia cierta desde hace tiempo, y prácticamente mejor que nadie, las dificultades por las que atravesaba el inepto gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, la profunda crisis económica y de legitimidad que atenaza a la pandilla gobernante en Caracas, y la gran presión que ejerce la oposición democrática para remplazar al corrupto gobierno “bolivariano”, en La Habana, más que preocuparse de tomar medidas a tiempo y establecer reformas económicas para dinamizar la economía, apostaron, bajo las presiones de Fidel Castro y los cavernícolas del partido, a apuntalar al incompetente Nicolás Maduro y sus pandilleros, y mantenerlos en el poder hasta las últimas consecuencias, como han estado haciendo hasta ahora.

 

Sin embargo, precisamente teniendo en cuanta todas estas realidades, la única posibilidad efectiva del raulismo para disponer de grandes cantidades de recursos materiales y financieros en breve tiempo radica en Estados Unidos y sus grandes capitales, y en los “cubanos de ultramar”, como le llamarían los chinos a los cubanos en la diáspora en todo el mundo (y principalmente en Estados Unidos), que podrían inyectar rápidamente las cantidades de dinero imprescindibles para un despuntar acelerado de la economía cubana, que aunque no se transformara en una economía de mercado donde la propiedad privada tenga un papel importante, y continuara manteniéndose dentro de determinados cánones “socialistas”, podría sin embargo avanzar comparativamente con relación a los niveles actuales de estancamiento e ineficiencia.

 

Para eso, sin embargo, hacen falta dos cosas muy importantes: una verdadera voluntad de cambio, y una transformación de la legislación y los mecanismos económicos que pueda ofrecer seguridad y tranquilidad a los eventuales inversionistas extranjeros, y también cubanos.

 

No porque se les garantizaría utópica y falsamente que sus inversiones producirán extraordinarios beneficios en poco tiempo, sino demostrándoles que tanto ellos como sus capitales que arriesguen podrán moverse en un escenario de absoluta transparencia y respeto a la legalidad, donde sus intereses no estarían sujetos a los caprichos o “necesidades” de un gobierno arbitrario y corrupto, y donde todos los conflictos comerciales y diferencias de interpretaciones en cuanto al funcionamiento de los negocios podrán resolverse, mediante los trámites necesarios, ante instituciones y tribunales absolutamente profesionales, justos e imparciales, que dictarán sentencia en tiempo y forma en función exclusivamente de lo legal y no de favorecer por cualquier medio al gobierno por sobre los inversionistas privados, los cooperativistas de todo tipo o los trabajadores por cuenta propia.

 

Para que exista ese nuevo clima que favorezca las inversiones, y para el cual ya están creadas las condiciones necesarias para ello, es IMPRESCINDIBLE detener las olas contrarrevolucionarias que se mueven dentro del partido y el gobierno en contra de todo cambio o reforma en el país, que aunque venían expresándose sutil y tenebrosamente en vergonzoso silencio, se manifestaron abiertamente y sin edulcorantes durante el séptimo congreso del partido comunista en el mes de abril, espoleados por los temores que desataron entre la nomenklatura y los privilegiados los fantasmas liberados por la visita del presidente Barack Obama semanas antes de ese congreso.

 

Para todos resulta evidente que esa ola reaccionaria, conservadora y cavernícola, es encabezada, desde su aparente retiro, por un Fidel Castro que ni está muerto ni está vivo, y que aunque prácticamente no tiene nada positivo que aportar al país desde hace muchos años, mantiene un extraordinario poder de veto ante las inconsistencias y temores de su hermano menor, que impiden cualquier avance reformista más allá de tímidos maquillajes y promesas abstractas.

 

En definitiva, todos saben en Cuba, tanto los cubanos de a pie como los opositores y los disidentes, pero muy especialmente los dirigentes y funcionarios del partido comunista y el gobierno, que en Cuba no se podrán producir reformas significativas capaces de sacar al país del abismo permanente donde le tiene hundido el castrismo, y mejorar de una vez por todas las condiciones de vida y las expectativas de los cubanos, mientras la sombra funesta de Fidel Castro siga marcando la actividad de la camarilla dirigente del país.

 

Consiguientemente, todos concuerdan -aunque no alcancen las hormonas para señalarlo públicamente- en que en Cuba no habrá reformas significativas mientras Fidel Castro esté en este mundo proyectando sus garras y sus lúgubres ideas sobre todo y sobre todos.

 

Por eso todos están ansiosos de que se acaben de celebrar, lo más rápido posible y con los mayores faustos, los Grandes Funerales del tirano que ha depauperado al máximo al país y ha hecho tan terrible daño antropológico a la nación cubana que serán necesarias varias generaciones de compatriotas para volver a convertir a Cuba en un país donde valga la pena vivir.