Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

Deshojando la margarita

 

Como un escolar sencillo impresionado por la muchacha de los ojos bellos que se sienta a su lado en el aula. Así parece estar el régimen, y principalmente su mascarón de proa, Miguel Díaz-Canel, ante los escenarios de los últimos días que tienen en jaque a la dictadura, desesperada por encontrar soluciones que le permitan no solamente mantenerse en el poder, sino además salvar la cara. El régimen, como el guapo del barrio, ve el peligro cuando muchos sectores del país, de una forma o de otra, cuestionan sus arbitrariedades y no parecen dispuestos a seguir haciéndole el juego mansamente.

 

La discusión de la “nueva” constitución

 

Las primeras señales de inconformidad aparecieron durante las asambleas para discutir la vergonzosa propuesta de nueva constitución, elaborada por una camarilla de burócratas bastante parcos en formación jurídica, El resultado, cocinado en un aquelarre comunista, es un engendro que se desea que sustituya lo que en cualquier lugar del mundo decente se lleva a cabo mediante una asamblea constituyente democráticamente electa.

 

Y aunque la convocatoria para analizar tal engendro no deja espacio para análisis en serio ni para someter a votación las opiniones de la población, el hecho mismo de la cantidad de planteamientos serios presentados por los participantes, que los tarugos a cargo del proceso estaban obligados a recoger para someter a las “instancias correspondientes” que ya tenían decidido de antemano lo que aprobarían y lo que no, ahora ya no les resultará muy fácil pretender ignorar olímpicamente las opiniones de los cubanos en tales asambleas.

 

Naturalmente, la siempre mentirosa prensa oficial castrista en ninguna de sus supuestas “informaciones”, ha reflejado realmente el espíritu de las opiniones que se han producido y siempre las presenta como expresiones de apoyo a eso que todavía llaman “la revolución”, pero que conllevan pequeños matices de cómo hacerlo mejor y más “revolucionario” aun, y nunca dejan ver el descontento implícito en todas las intervenciones y propuestas.

 

El único aspecto que no solamente ha generado fuerte polémica, y que la prensa no ha logrado -ni querido- acallar, ha sido el rechazo masivo a la propuesta del llamado “matrimonio igualitario”, porque aparentemente una buena parte de la población, y casi la totalidad de las iglesias del país, se han manifestado a favor del matrimonio en el sentido clásico como la unión de un hombre y una mujer, y no parecen estar dispuestos a aceptar ninguna otra definición del estado civil clásico, aunque eso no implica necesariamente un rechazo a la aceptación de uniones civiles entre personas del mismo sexo y con igualdad de derechos entre las parejas. Más bien parece ser que el rechazo generalizado, y muy evidente, es a llamar “matrimonio” a cualquier pareja que no esté conformada por un hombre y una mujer.

 

Veremos cómo actúa el régimen: si insiste en su propuesta inicial promovida por la Infanta Mariela Castro con sus demagógicas políticas, si echa abajo la propuesta del artículo 68 del proyecto de constitución y termina aceptando el criterio aparentemente mayoritario de la población, que en cierto sentido resultaría discriminatorio para personas con preferencias  sexuales alternativas, o si busca una solución salomónica manteniendo el criterio clásico de matrimonio pero legalizando algún tipo de unión civil con igualdad de derechos para cuando no se trate de uniones voluntarias entre un hombre y una mujer.

 

De cualquier manera, aunque esto resulte un asunto importante, no es lo más importante que habría que estar discutiendo, ni mucho menos, y no debería ser el centro del debate, aunque no son pocas las opiniones que consideran que este elemento se introdujo en la propuesta de constitución para desviar la atención de otros temas de importancia real, tales como el supuesto papel rector del partido comunista, partido único por demás, o el de la elección directa del presidente de la república. Sin dudas, hay mucha tela por donde cortar en todo esto.

 

En el resto de los temas, ni siquiera los comportamientos y acciones en las asambleas por parte de los guatacas de guardia y los siempre incondicionales militantes de la dictadura, permanentemente listos a aplaudir aunque se estén muriendo de hambre y se den cuenta de que todo lo que les rodea es un fracaso sin solución, logran acallar el malestar de los cubanos que se dan cuenta de que la propuesta constitucional del régimen pretende mantener las cosas como siempre, quizás con algunos adornitos muy superficiales para que parezca que se producirán cambios.

 

Entonces, el embalsamador oficial del cadáver constitucional, que resulta ser el Secretario del Consejo de Estado designado por el régimen -nunca electo- ofrece por la televisión enrevesadas explicaciones para tratar de convencer a los cubanos que aunque les quieren poner el yugo al cuello eso se hace solamente para poder liberarlos y para que puedan ser más felices, por lo que en vez de preocuparse por nimiedades y derechos deberían aplaudir y apoyar incondicionalmente a sus verdugos.

 

La incertidumbre del referéndum a realizar

 

Habrá que ver lo que presentará la dictadura como elementos a incorporar al proyecto constitucional a partir de las propuestas y opiniones de los cubanos en los miles de reuniones celebradas para la consideración de la siempre unánime Asamblea Nacional del Poder Popular, coro de focas amaestradas que votan o aplauden cuando se les ordena.

 

Naturalmente, la opinión de los “parlamentarios” no cuenta para nada, como nunca ha contado en los 42 años de existencia de ese bochornoso cónclave de títeres siempre cómplice de todas las arbitrariedades e ilegalidades impuestas por el régimen, pero lo verdaderamente interesante será cuando la propuesta de la dictadura, después que tenga la segura bendición de los “parlamentarios”, sea sometida a plebiscito el 24 de febrero del 2019.

 

No porque el régimen no lograría obtener la aprobación, puesto que el proceso electoral preparatorio se hará sin permitir expresiones contrarias de ningún tipo y con toda la carga propagandística, represiva e intimidatoria de la dictadura a favor de la aprobación, sino porque la población tendrá oportunidad de votar en contra y de que quedara constancia, aunque reprimida e incompleta, del descontento de los cubanos.

 

No tiene sentido hacerse demasiadas ilusiones de que el rechazo de la población podrá ser muy evidente, teniendo en cuenta que tanto los opositores internos en la isla como muchas de las organizaciones en el exilio están haciendo todo lo posible por no ponerse de acuerdo entre ellos y por no presentar un frente común frente a la dictadura, y todavía a estas alturas, aunque no faltan las declaraciones altisonantes ni los proyectos utópicos, no tienen definido ni siquiera si sería más conveniente abstenerse de participar, participar anulando las boletas o dejándolas en blanco, o participar para votar abiertamente en contra.

 

Entre otros problemas, no todos los opositores parecen entender realmente todos los perversos mecanismos y vericuetos del sistema electoral cubano, donde, por ejemplo, las boletas anuladas o dejadas en blanco no se consideran “votos válidos” y, por lo tanto, no influyen en los resultados numéricos finales de cantidad de votos, cuántos por el SÍ y cuántos por el NO. Así, para que se entienda, si de un total de 8.5 millones de votantes no participara en la votación medio millón, y asistieran a las urnas en total 8 millones de cubanos, votando 3 millones por el SÍ y 2.5 millones por el NO, y quedando 1.5 millones de boletas anuladas y un millón en blanco, aunque los votos contrarios en total serían 5 millones, de acuerdo al sistema electoral vigente las boletas anuladas y en blanco no se considerarían “votos válidos” ni se contarían.

 

De manera que el total de votos válidos que se computarían sería de 5.5 millones, de los cuales habría 3 millones por el SÍ y 2.5 millones por el NO, y el resultado “limpio” y “legal” sería favorable al SÍ, es decir, al régimen. Pero, a pesar de esta realidad, son muchos los opositores y exiliados todavía que debaten si se debería participar o no en la farsa electoral, o participar pero anulando la boleta o dejándola en blanco

 

La venganza del burócrata y la algarada de los “cuentapropistas”

 

En medio de todas estas complejidades, ha estallado inesperadamente en Cuba, y de manera fundamental en La Habana, el tema de las restricciones contra los trabajadores privados, que el régimen insiste en llamar cuentapropistas continuando con su costumbre de ignorar lo que está delante de sus narices, pero que en realidad se trata de actividades y personas que no necesitan subordinarse de manera obligatoria al Estado totalitario para obtener su sustento y se las ingenian para subsistir sin depender absolutamente del Big Brother.

 

En el pasado mes de julio se habían dado a conocer lo que serían nuevas disposiciones para el sector privado que entrarían en vigor a comienzos de diciembre, y que aunque el régimen insistía en que se trataba de medidas para el “reordenamiento” y el eterno y falso “perfeccionamiento” de las actividades privadas, lo que en su momento sería conocido como “la venganza del burócrata” en realidad constituían solamente medidas represivas y de control destinadas a asfixiar la iniciativa particular.

 

Porque aunque la “nueva” constitución la reconocía en el papel como algo necesario de manera complementaria a las actividades estatales, en realidad constituye una dura piedra en el zapato que la tiranía ha logrado soportar a duras penas, pero que no logra digerir, y lo que se buscaba con estas medidas es que esas actividades privadas nunca salieran de los límites de subsistencia y mínima supervivencia, porque en la medida que funcionan son una denuncia permanente de la perpetua ineficacia de las actividades estatales y del continuo fracaso de la economía “socialista”.

 

En el periodo entre el diktat del mes de julio y la aplicación de las nuevas medidas que entrarían en vigor en el mes de diciembre se organizaron seminarios y actividades de “capacitación” con los trabajadores autónomos o privados -que el régimen continúa llamando cuentapropistas”- para “enseñarlos” a doblegarse y soportar los yugos, y como entrar en el redil del llamado reordenamiento, pero la resistencia que opusieron fue evidente y no había perspectivas de que se lograría imponer el control total a estas actividades.

 

Eran medidas de control que limitaban el funcionamiento de las “paladares” (restaurantes) a 50 sillas, o restringían la cantidad de licencias para trabajar privadamente a una sola por cada persona, con lo que se evitaría, por ejemplo, que una costurera o una peluquera en sus casas pudieran simultáneamente vender refrescos naturales a sus clientes, porque requerirían dos licencias para hacerlo. Se complicaban así tanto las cosas que provocaron el rechazo de muchos privados, los que lejos de tratar de adaptarse a lo que pretendía la tiranía, manifestaron de manera abierta que si les dejaban sin opciones entregarían sus licencias y cerrarían sus negocios porque no les resultarían rentables.

 

Y eso sería funesto para el régimen, porque a pesar de que no es capaz de reconocerlo abiertamente ni de admitir la importancia de las actividades privadas para el país, está perfectamente claro, por ejemplo, que sin  la existencia de las “paladares” la oferta que el régimen puede ofrecer a los turistas en las actividades gastronómicas estatales no logra ni la calidad del servicio ni la variedad de la oferta ni la dinámica que esas actividades requieren y que los privados sí saben cómo hacerlas funcionar evidentemente.

 

Avanzando indeteniblemente... hacia la retaguardia

 

Esta situación trajo por consecuencia una evidente marcha atrás pública, cuando el dice que presidente cubano se reunió en la Universidad de La Habana con profesores y alumnos de la Facultad de Derecho y surgió el problema, entre otros muchos, de las limitaciones de las “paladares” a cincuenta sillas por establecimiento, y de las licencias a otorgar a solamente una por persona. Se dice que en medio del análisis de la situación Díaz-Canel dijo que eso era un sinsentido que no tenía pies ni cabeza y que “lo iba a derogar”.

 

Es aparentemente significativo que el heredero no declarase que “lo íbamos” a derogar, en plural, como es lo habitual en el hipócrita lenguaje de funcionamiento de la dictadura cubana, sino lo expresó en singular, lo que se dice que provocó que todo su auditorio se pusiera de pie y aplaudiera entusiasta y calurosamente las palabras del presidente. Esa forma de hablar automáticamente representó para él un avance en la percepción de la población sobre su legitimidad, y menos de cuarenta y ocho horas después, la marcha atrás sobre esas y otras medidas fue publicada nada menos que en la Gaceta Oficial, cosa que habitualmente no sucede de esta manera tan expedita.

 

Pero hay que andar con calma: ¿lo dijo así concientemente, o se le escapó? ¿Fue un rapto de valor personal de Díaz-Canel, o parte de una “pantalla” anteriormente consensuada al menos con Raúl Castro para maquillar la imagen del delfín? Aunque, evidentemente, como quiera que haya sido, esa marcha atrás en las medidas no puede haber sido del agrado de José Ramón Machado Ventura y los otros dinosaurios del poder cubano que apostaron por asfixiar a los privados aunque hicieran pasar más hambre y muchas más necesidades a los cubanos.

 

Porque las cosas que se “rectificaron” no se limitaron a las “paladares” y las licencias por persona, y ahora la capacidad máxima de las “paladares” estará determinada por las condiciones físicas del establecimiento, mientras las licencias por persona estarán determinadas por la capacidad de cada persona de ejercer tales licencias. Además, entre el conjunto de medidas que fueron echadas abajo figuran también la eliminación de la obligatoriedad a todo trabajador privado de mantener una cuenta bancaria para el desarrollo de sus actividades, la restitución de la autorización para funcionar a 26 de las 27 actividades que habían sido suspendidas (congeladas) en el mes de julio, la unificación de algunas licencias y la ampliación del contenido de otras, así como modificaciones en el sistema tributario, y muchas más.

 

En general las reglas que entraron en vigor modificando “la venganza del burócrata” no resuelven algunos de los problemas más preocupantes de los trabajadores privados, porque no existen canales legales que les permitan realizar importaciones ni exportaciones directas, no se reconocen sus negocios  privados como entidades legales con personalidad jurídica propia, como el régimen ha prometido hacer desde hace más de dos años, y continúan sin crearse ni permitir funcionar mercados mayoristas para el suministro de estos empresarios.

 

Sin embargo, el enfoque de los privados frente a estas decisiones del régimen parece ser, al menos de inmediato, aceptar aquello de conformarse con lo de del lobo un pelo, a la espera de momentos más apropiados para arrancar al gobierno otras concesiones. Lo que demuestra, en última instancia, que el terror continúa definiendo las relaciones de trabajo del régimen con los trabajadores autónomos.

 

Transporte: pan para hoy y hambre para mañana

 

En un sector muy complejo como el transporte de pasajeros la respuesta del régimen fue diferente: el mismo día que estaba supuestamente prevista una huelga de transportistas privados (boteros), frente a la que el gobierno desplegó policías y “segurosos” por los principales puntos de la ciudad, además de visitar a esos transportistas para informarles que si se sumaban a la huelga sus carros serían decomisados, el ineficiente ministro de transportes del régimen anunció la adquisición de unos 400 microbuses de 12 plazas cada uno y de 90 autobuses (50 articulados y 40 rígidos) que ya estarían en camino hacia la isla y entrarían en servicio entre finales de diciembre y comienzos de enero.

 

Ese alto funcionario además  informó que antes de fin de año se cumpliría el plan de producción nacional de ómnibus Diana y el de triciclos destinados al resto de las provincias, y de que se había incrementado hasta 700 la cantidad de ómnibus que circulan en la capital. También dijo que se había decidido poner en función del transporte urbano medios alternativos para refuerzo, como los ómnibus escolares y los de  Transmetro (que es la empresa estatal que agrupa a los vehículos de transporte obrero de los centros de trabajo).

 

Así son las cosas: a pesar del deterioro del transporte en el país, fundamentalmente en la capital, el régimen no ofrecía soluciones viables de ningún tipo y solamente anunciaba medidas represivas contra los transportistas privados. Pero cuando el fantasma de una huelga de transportistas conocida como El Trancón tomó fuerza, a pesar de que tal huelga sin liderazgo y sin objetivos concretos estaba mal y poco organizada, pretendía abarcar a transportistas privados, choferes de ómnibus estatales y hasta bicitaxistas, y naturalmente sus posibilidades de éxito eran mínimas en el mejor de los casos, aparecieron apresuradas soluciones, se importaron vehículos, se cumplieron planes nacionales y se destinaron a reforzar el transporte público de pasajeros vehículos de transporte de trabajadores a los centros de trabajo, y ómnibus escolares, que en realidad, en ambos casos, tienen horarios de actividad muy específicos y pueden reforzar al transporte público urbano a determinadas horas del día y de la noche.

 

Creadores y artistas “se tiraron al piso”

 

El otro punto explosivo en el país y con gran repercusión internacional surgió en el sector de la cultura alrededor del Decreto 349, que los creadores y artistas cubanos consideraron, con razón, que restringía la capacidad de creación y de expresión de los cubanos y limitaba la posibilidad de hacer públicas sus obras al tener que moverse entre las intrincadas madejas de la ineficaz burocracia estatal y los censores de la tiranía.

 

El decreto 349, firmado por Miguel Díaz-Canel tan solo 24 horas después de su designación como presidente, pretendía actualizar el decreto 226 de 1997 y definía las “Contravenciones de las regulaciones en materia de política cultural y prestación de servicios artísticos” clasificándolas en dos categorías, graves y muy graves, y autorizaba a las autoridades a interrumpir las actividades artísticas, multar a sus organizadores y presentadores, y hasta decomisar sus recursos, además de que estaba escrito en un lenguaje tan ambiguo que permitiría a las autoridades actuar arbitrariamente contra los creadores y artistas cada vez que les diera la gana.

 

Como respuesta al “decretazo” se organizaron protestas, “sentadas” de decenas de trabajadores del arte y la cultura en la calle frente al mismo ministerio del ramo, hubo declaraciones, más declaraciones y contradeclaraciones, redadas represivas, detenciones de participantes en las protestas, e incluso críticas de algunos de los artistas oficiales más emblemáticos hasta entonces caracterizados por el apoyo a la tiranía. Por eso el régimen no tuvo más remedio que comenzar a adecuarse a la realidad, al darse cuenta de que con la fuerza bruta y las amenazas alcanzaría muy poco y no podría resolver prácticamente nada.

 

De manera que comenzaron las “aclaraciones” y ajustes, y las declaraciones de que el gobierno no había informado “adecuadamente” a los artistas ni a la población de las características del Decreto ni tampoco de las intenciones del mismo y de su alcance con la claridad necesaria, y bla, bla, bla, como siempre.

 

Por lo que, aparentemente, el régimen tratará de atemperar el decreto para hacerlo más digerible para creadores y artistas, y no se debe descartar la posibilidad de que algunas de las cláusulas más abusivas puedan ser si no eliminadas al menos atenuadas. Eso es lo que parece derivarse de las promesas de “consensuar” la aplicación del decreto y de aplicarlo “paulatinamente”, que son las dos palabritas que los comisarios culturales han utilizado últimamente para referirse a la forma en que se implementará un decreto que muchos de los trabajadores del arte y la cultura en el país consideran de carácter “fascista”, y que internacionalmente ha provocado rechazo absoluto en muchas partes.

 

Veremos lo que ocurre en los próximos días sobre este espinoso asunto.

 

Deshojando la margarita: ¿nos quieren, no nos quieren?

 

De todas estas situaciones, ¿qué puede desprenderse? Si comenzáramos a especular de manera apresurada sería relativamente sencillo concluir que el régimen está a la defensiva porque tiene miedo, y que ya se avizora el final de la tiranía.

 

Afortunadamente, ni las especulaciones ni las conclusiones apresuradas y tremendistas constituyen la especialidad de Cubanálisis-El Think-Tank.

 

Es cierto que este conjunto de escenarios sorprendió a la dictadura, que aparentemente consideraba que podría imponer todas sus arbitrariedades con la relativa facilidad con que lo ha hecho siempre. Sin embargo, ya en estos momentos no se puede dirigir la finca privada de los hermanos Castro, llamada también República de Cuba, como cuando Fidel Castro estaba en el poder o mientras Raúl Castro administraba la plantación sin prisa, sin pausa, y sin resultados.

 

Ya no existe ni una personalidad carismática para adormecer a los cubanos, ni tampoco un fantasmal Big Brother vestido de verde olivo capaz de sacar los tanques a las calles y masacrar a los cubanos, y aunque no se haga público ni se comente tanto todavía, es evidente que los años y los múltiples achaques de salud están pasando la cuenta no solamente al general sin batallas sino también al parque jurásico en su totalidad, y ya cuando lo que queda de los llamados históricos, que en realidad a estas alturas ya han pasado a ser prehistóricos, más que un equipo constituyente de una gerontocracia general parecen más bien una colección de ancianos con pañales impermeables en un asilo para personas de la tercera edad con dificultades mentales, es casi imposible creer que un mediocre Miguel Díaz-Canel jugando a ser presidente pueda mantener un control tan férreo sobre la totalidad de la sociedad como lo ha sido durante casi sesenta años de dictadura.

 

Por otra parte, a pesar de las cantaletas de siempre, se trata cada vez más de un régimen que funciona sin ideología, porque carece de ella, y lo de “socialismo” en Cuba solamente se lo creen a estas alturas unos cuantos trasnochados en la “culta” Europa, diversos oportunistas latinoamericanos, y algunos  académicos americanos a veces con mucha cultura pero demasiada poca vergüenza.

 

Podríamos estar en estos momentos, y digo solamente “podríamos estar” sin pretender realizar una afirmación definitiva de que “estamos”, ante una bola de nieve que comienza a rodar cuesta abajo y a ganar en volumen y velocidad, lo que complicaría mucho más las cosas al flamante presidente Díaz-Canel.

 

O quizás podremos ver relativamente pronto un brutal contragolpe dictatorial incrementando las medidas represivas para afianzar el poder, aun a costa de aumentar las dificultades, miserias y limitaciones de los cubanos, porque si algo está demostrado es que a los dictadores en Cuba nunca les ha interesado para nada el sufrimiento de los cubanos, sino solamente mantenerse en el poder para poder disfrutar de sus mieles.

 

De cualquier forma, al menos por el momento, la aparente tranquilidad patibularia en el paaíso castrista ha desaparecido, y ya no pueden ni estar tan serenos ni imponer sus criterios con la seguridad de que los cubanos aceptarán todo los que les quieran obligar a aceptar por la fuerza o el terror.

 

Por eso estarán continuamente deshojando la margarita, en este caso con el “nos quieren, no nos quieren”, sabiendo que cada vez les queda menos margen para el error, y que en el casino de la vida y el poder que ahora están jugando no tienen opciones para perder, porque en ningún caso les van a devolver su dinero a la salida.

 

Suponiendo que pudieran salir.