Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

                                                                          Dr. Eugenio Yáñez 

                                                                                                                                                            

 

 

INVOLUCIÓN CASTRISTA: DEL FOCO GUERRILLERO AL FOCO FLUORESCENTE

 

Aunque los simpatizantes del Comandante no ocultan su alborozo con cada nueva edición del novelón por entregas titulado “Secreto de Estado. La salud de Fidel Castro”, que últimamente sale al público a finales de cada mes, deberían pensar antes de sonreír, pues lo significativo en estos instantes no es tanto la salud intestinal del Máximo Paciente como sus rasgos de senilidad cada vez más evidentes: con tantos problemas por resolver en Cuba, solamente habla del calentamiento global y la sustitución  de bombillos incandescentes por fluorescentes como la solución de todos los males del mundo...

 

A finales de enero definió a Hugo Chávez como un gran escritor (¿!!?), posteriormente conversó con el presidente haitiano René Préval como si él mismo fuera el alcalde de Port-au-Prince, y muy recientemente, como Periodista en Jefe, publicó en todos los órganos oficiales del país (¡no faltaría más!) unas “Reflexiones” que, de no ser por lo siniestro del asunto, recordarían aquellas satíricas “Riflexiones” que publicaba Héctor Zumbado en “Juventud Rebelde” todos los domingos… hasta un día.

 

Mientras el mundo busca alternativas energéticas al petróleo, por ser un producto no renovable y estar sometido a las veleidades políticas de muchos de sus productores, con gobiernos dictatoriales e irresponsables, que manejan los precios a su antojo o chantajean con interrumpir los suministros, Fidel Castro realiza un análisis que sin dudas pasará a la historia de la incongruencia. Es imposible decir más puerilidades en tan corto espacio: sin dudas, sigue siendo el maestro de Hugo Chávez.

 

Que la Mesa Redonda de la televisión cubana o Carlos Lage hayan alabado el discurso como visionario, no sorprende, pero harían bien en tomar nota todos esos periodistas y corresponsales extranjeros que mencionan a Lage como el “tercer hombre” del régimen y “cerebro de las reformas económicas”. Raúl Castro, mucho más comedido, señaló que “respecto al estado de salud del Comandante en Jefe, basta recomendarles que se lean y mediten su artículo publicado en el periódico Granma”.

 

Fidel Castro arremete indignado contra el hecho de convertir alimentos en combustible, ignorando que el combustible es vital en la producción de alimentos y su transportación. Le preocupa utilizar tierras agrícolas para producir combustible en vez de alimentos: pero si en Cuba se tomaran las tierras ocupadas por las 200 cárceles existentes, los polígonos de maniobras militares y los centros de entrenamiento de guerrilleros y terroristas de todo el mundo, habría tierra suficiente para producir todos los frijoles, las calabazas, las coles o los boniatos que tanto necesita el país.

 

Castro se preocupa, demagógicamente, por la propuesta del Presidente Bush a los productores automovilísticos de convertir más vehículos para funcionar con etanol a base de maíz, y pone el grito en el cielo cuando señala que se quieren producir 35 mil millones de galones de etanol: Entiéndase bien: ¡35 000 millones de galones significan un 35 seguido de nueve ceros!” Sin embargo, si se consideran 70 millones de automóviles en Estados Unidos (cifra conservadora), se trata de 500 galones anuales por vehículo, o sea, menos de 10 galones por semana, lo que equivale a 36.8 litros por semana: cifra escandalosa solamente en Cuba, donde desde 1967 se venden a los automovilistas privados, cuando se hace, 20 litros mensuales.

 

Pronosticando el fracaso, el Comandante señala: “Se requieren por tanto 320 millones de toneladas de maíz para producir 35 000 millones de galones de etanol. Según datos de la FAO, la cosecha de maíz de Estados Unidos en el año 2005 se elevó a 280,2 millones de toneladas”.

 

No puede concebir un aumento de la producción de maíz del 14%, pensando que en los Estados Unidos la ineficiencia agropecuaria es comparable a la castrista, que recibió en 1959 zafras azucareras promedio de más de 5 millones de toneladas anuales, y en este siglo XXI no rebasa niveles productivos de la Primera Guerra Mundial.

 

Castro ignora, o tal vez oculta, que si Estados Unidos dedicara toda su producción de maíz a la producción de etanol daría un tremendo impulso a la producción mundial de maíz, donde los productores correrían a suplir la demanda de maíz norteamericana con el incremento de sus producciones nacionales. ¿O acaso el Economista en Jefe supone que entonces en Estados Unidos el maíz sería racionado o destinado solamente a hoteles para extranjeros? Ni el racionamiento ni los hoteles para extranjeros existen, ni en Estados Unidos ni el resto del mundo: son un aporte cubano al Socialismo del siglo XXI que ni Corea del Norte puede emular: no tiene hoteles para extranjeros, ni muchos extranjeros.

 

Castro se rasga las vestiduras deportivas que actualmente utiliza en televisión: “Otros países del mundo rico tienen programado usar no sólo maíz, sino también trigo, semillas de girasol, de colza y otros alimentos para dedicarlos a la producción de combustible. Para los europeos, por ejemplo, sería negocio importar toda la soya del mundo a fin de reducir el gasto en combustible de sus automóviles y alimentar a sus animales con los residuos de esa leguminosa, especialmente rica en todos los tipos de aminoácidos esenciales”.

 

Convertir soya, girasol, o colza, en combustible para mover automóviles, trenes, aviones y camiones, y además alimentar la ganadería para producir carne, leche y huevos con los cuales alimentar a sus pueblos y, además, exportar y donar alimentos a esos productores de soya, o girasol, o cajú (marañón), o clavo, o especies, sería verdaderamente darle un valor agregado a los productos primarios de la agricultura, y una ayuda a los países subdesarrollados, que no se soñaba ni el los manuales de marxismo leninismo que explicaban la revolución científico-técnica del socialismo real. ¿Por qué molestarse?

 

Aunque Castro no lo señala en sus “Reflexiones”, Estados Unidos es el primer productor agropecuario mundial, el primer exportador agropecuario, y también el mayor donante de productos agrícolas a los programas de la FAO y organizaciones privadas que contribuyen a la alimentación de los menos favorecidos en todo el mundo. ¿Por qué el escándalo?

 

¿Cuál es origen de esas cifras señaladas por el Máximo Paciente? “Condenados a muerte prematura por hambre y sed más de 3 mil millones de personas en el mundo. No se trata de una cifra exagerada; es más bien cautelosa. En eso he meditado bastante después de la reunión del presidente Bush con los fabricantes norteamericanos de automóviles”. ¿Quiénes son esos 3,000 millones de personas que menciona Castro?

 

Los pueblos subdesarrollados. Lo que Castro sugiere es que Estados Unidos y los países desarrollados suspendan todas las inversiones en busca de alternativas energéticas, y destinen todos esos colosales recursos a la ayuda a los países pobres del planeta. Millones  de millones de dólares para todo el Tercer Mundo, de los que buena parte terminarán utilizados para que los Ahmadinejad y Kim Jon Il continúen fabricando armas nucleares, para que Daniel Ortega organice la próxima piñata, para que Correa destituya arbitrariamente a los congresistas opositores, para que al-Qeida y Al-Fatah tengan más misiles y más suicidas, para que los narcoguerrilleros colombianos tengan más recursos.

 

Y que los países dependan del chantaje petrolero de la OPEP: que los corruptos en Nigeria pidan elevar los precios del barril cuando necesiten más dinero que robar, que Hugo Chávez amenace continuamente a Estados Unidos con que le corta el suministro, o para que Saddam Hussein pagara a las familias de los terroristas suicidas por matar israelíes.

 

De hacerle caso a Fidel Castro, el mundo desarrollado dependería eternamente del petróleo, hasta que le impusiera una reducción de la producción de automóviles, ómnibus  y camiones para evitar el calentamiento global: “camellos” y bicicletas en New York, París, Berlín, Sydney o Sao Paulo, quedando exceptuada de este diseño diabólico nada más que su flotilla de Mercedes Benz, que se dice son más de treinta, sus dos yates y su avión particular.

 

El Comandante, tras toda una vida de proclamarse revolucionario, llega a sus finales en las posiciones más reaccionarias y retrógradas que se puedan concebir, condenando el progreso y el desarrollo: “Vendrán después bellos ejemplos de lo que en la productividad por hombre y por hectárea alcanzan los experimentados y bien organizados agricultores de Estados Unidos: el maíz convertido en etanol; los residuos de ese maíz convertidos en alimento animal con 26% de proteína; el excremento del ganado utilizado como materia prima para la producción de gas”.

 

Sería para emular por el resto del mundo tamaño desarrollo científico, no para condenar: a partir del maíz, obtener combustible automotor, alimentación del ganado, fertilización de los suelos, producción de gas: una verdadera revolución científico técnica, en la que Cuba debería participar, pues sus suelos permitían obtener, antes de Castro, tres cosechas anuales de maíz.

 

Antes de Castro, porque después todo cambió. Desde finales de la Segunda Guerra Mundial se producían en Cuba alcoholes combustibles derivados de la caña de azúcar. El mismo Periodista en Jefe lo señala: “En Cuba, los alcoholes se producían como subproducto de la industria azucarera, después de hacerle tres extracciones de azúcar al jugo de caña”. ¡Después de tres extracciones de azúcar al jugo de la caña! Y además, desde hace varias décadas existe en el país el Instituto Cubano de Investigaciones de Derivados de la Caña de Azúcar (ICIDCA) que se supone se dedica a investigaciones de este tipo. ¿Entonces? ¿No debía estar Cuba en primera línea en estas actividades?

 

Castro justifica el por qué no: “El cambio de clima está afectando ya nuestra producción azucarera. Grandes sequías se vienen alternando con lluvias récord, que apenas permiten producir azúcar durante cien días con rendimientos adecuados en los meses de nuestro muy moderado invierno de modo que falta azúcar por tonelada de caña o falta caña por hectárea debido a las prolongadas sequías en los meses de siembra y cultivo”. Una maravilla retórica: todo es culpa del cambio climático.

 

A comienzos de los años ochenta la ineficiente producción cañera cubana pasó del Ministerio de Agricultura al Ministerio del Azúcar: cambio administrativo nada más, pero eufemísticamente presentado en la prensa oficial y la retórica de nomenclatura como la creación de los Complejos Agroindustriales Azucareros.

 

El Director del Complejo Agroindustrial “Antonio Guiteras” (antiguo Central Delicias) en Las Tunas, uno de los más grandes del país, pidió al autor de estas líneas que colaborara con él como consultor para la creación de un verdadero complejo industrial, teniendo en cuenta los trabajos teóricos y libros publicados por el autor sobre el tema. Allí se producía, además de azúcar, alcoholes, mieles, tableros de bagazo, ron, electricidad, producciones y reparaciones mecánicas de gran envergadura, aceites básicos para medicamentos, viandas, ganadería, vegetales, y se movían cientos de camiones y un ferrocarril cañero, que movían desde la caña para siembra hasta el azúcar para exportar.

 

Conociendo la extraordinaria capacidad de trabajo del director, y su interés por convertir esa fábrica ineficiente en un verdadero y moderno complejo agroindustrial, se acometió la tarea, trabajando frenéticamente: el consultor viajaba desde La Habana a Las Tunas los fines de semana, y se trabajaba entre doce y catorce horas diarias. El equipo de dirección del “Guiteras” se motivó totalmente con la tarea, y se puso manos a la obra.

 

Se estableció como condición que todo el trabajo de reestructuración que se llevaría a cabo debería basarse en medidas organizativas y de eficiencia, sin solicitar nuevas inversiones o recursos financieros que se sabía de antemano que no se podrían obtener. Se utilizaron las técnicas más modernas de entrenamiento en el puesto de trabajo, análisis y solución de problemas, de trabajo en grupos, brainstorming, entrevistas, dirección estratégica y administración.

 

Es significativo señalar que en todos los análisis, en que participaron más de cincuenta personas en una u otra forma y momento, jamás se señalaba la sequía, la lluvia excesiva o los problemas climáticos como impedimentos para alcanzar los objetivos de elevar la producción, desarrollar los productos derivados, y aumentar la eficiencia empresarial, sino la desorganización establecida por el Ministerio, la intromisión “desde arriba” y la inútil burocracia y controles excesivos con que había que lidiar diariamente.

 

En la medida que se iba definiendo un programa de transformaciones organizativas que posibilitaban vislumbrar una empresa más eficiente, donde la mejor ubicación de los trabajadores garantizaba una mayor producción y eficiencia sin “terapia de choque” ni desempleo, salían a la luz los complejos problemas creados no solo por la ineficiencia de la dirección centralizada, sino también por la intromisión ministerial, partidista y sindicalista oficial, quedaba claro que todos esos aparatos, tareas y funcionarios eran no solamente superfluos, sino también entorpecedores.

 

Burócratas y nomenclatura en la superioridad comenzaron a “preocuparse”: no podían alegar nada serio contra el equipo del “Guiteras” que trataba de mejorar su gestión y desarrollar el complejo industrial, supuestas tareas priorizadas del sector azucarero y el país, dentro de las normas establecidas y los cánones de las directivas administrativas vigentes.

 

Había que detener aquella herejía de alguna manera, pero no había un pretexto creíble. Entonces, ¡oh, nomenclatura!, se encontró la perfecta solución totalitaria: el director del complejo agroindustrial fue “promovido” a un cargo superior por su excelente trabajo en el “Guiteras”, pero hacia donde no tenía nada que ver con la administración de centrales azucareros. El nuevo director recibió instrucciones de paralizar el trabajo re-organizativo que se venía desarrollando y “priorizar las tareas más urgentes”.

 

Así terminó esa historia. Si el régimen intenta desmentirla es su problema. Muchos la conocen lo suficiente para saber que es cierta. Y con el director “promovido” el autor de estas líneas no ha tenido conversación ni contacto de ningún tipo al menos en más de quince años. ¿Cambio climático? ¿Calentamiento global? Ineficiencia castrista, nada más, pero la suficiente para frenar el desarrollo técnico y económico.

 

Todas esas oportunidades se perdieron en Cuba por la obstinación del Economista en Jefe y los “camaradas” soviéticos que veían en la Isla una productora de azúcar y cítricos, y nada más. Cuando el socialismo real estalló en pedazos y fue necesario producir en condiciones reales, sin subsidios y compitiendo con el resto del mundo, el Comandante en Jefe llegó a una conclusión genial: el azúcar era la desgracia de Cuba, la maldición desde la colonia, la dependencia del imperialismo, el desastre.

 

Podía haber ordenado, todavía entonces, lo sensato, el desarrollo agroindustrial de la producción azucarera, incluida la producción de etanol en un mundo cada vez más agobiado por la dependencia casi exclusiva del petróleo. Se sabe que hubo intentos de capitales norteamericanos en este sentido, y que establecieron contactos exploratorios con Cuba. Sin embargo, ordenó todo lo contrario: el desmantelamiento de la industria azucarera, incluidas líneas férreas y tierras agrícolas, y la reubicación o capacitación (desempleo disimulado) de los trabajadores del sector, donde la tradición y experiencia son fundamentales.

 

El general de división que era en esos momentos Jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas fue designado Ministro del Azúcar. Los centrales fueron convertidos en chatarra, y algunos fueron enviados a la Venezuela chavista. La multicentenaria tradición y cultura azucarera cubana desaparecieron, y los bateyes construidos desde siempre alrededor de los centrales azucareros fueron pueblos muertos de la noche a la mañana. Las producciones de derivados, naturalmente, se resintieron o desaparecieron. La energía eléctrica producida desde los centrales a través de la quema del bagazo ya no se producía. Las terminales portuarias de exportar azúcar a granel, diseñadas para producciones mucho mayores, quedaron sin actividad en zafras que no alcanzan el millón y medio de toneladas.

 

¿Cambio climático? ¿Calentamiento global? ¿Mejoramiento del entorno, de la calidad medioambiental? ¿Ecología?

 

No es el cambio climático ni el calentamiento global lo que ha destruido la agricultura cubana, la producción azucarera, la ganadería y toda la economía nacional.

 

Esta diatriba sin sentido, contra todo y contra todos, se produce pocos días después que Cuba y Venezuela firmaran un convenio para producir caña de azúcar en Venezuela y construir once plantas productoras de etanol, y Estados Unidos y Brasil llegaran a acuerdos para el desarrollo y producción de etanol a partir del maíz y la caña de azúcar respectivamente.

 

Aunque Castro avisa que “En Venezuela, tengo entendido que usarían el alcohol no para exportar, sino para mejorar la calidad medioambiental de su propio combustible”, frena inmediatamente las posibilidades cubanas: “Por ello, independientemente de la excelente tecnología brasileña para producir alcohol, en Cuba el empleo de tal tecnología para la producción directa de alcohol a partir del jugo de caña no constituye más que un sueño o un desvarío de los que se ilusionan con esa idea. En nuestro país, las tierras dedicadas a la producción directa de alcohol pueden ser mucho más útiles en la producción de alimentos para el pueblo y en la protección del medio ambiente”.

 

Se suponía que el desmantelamiento azucarero mejoraría y aumentaría la producción agropecuaria del país. Resulta, sin embargo, que de unas 700,000 hectáreas donde se dejó de producir caña para fabricar azúcar (unas 52,000 caballerías en medida española, o un millón setecientas cincuenta mil acres en medidas inglesas), según dice el periódico “Granma”, ¡más del 40% están en la actualidad improductivas o plagadas de marabú! A lo que se suma, días antes en el mismo periódico, la bochornosa declaración pública de una viceministra de Economía que señaló que en la actualidad Cuba importa el 84% de los alimentos que se consumen en la canasta familiar.

 

En sus desvaríos, Castro apunta que para comprobar todo lo que él escribe “basta una computadora y el creciente número de redes de Internet”. Tal parece que no sabe que en Cuba las computadoras no se venden a particulares n se les permite importarlas, que ese “potro salvaje” de la computación y la Internet está siendo fuertemente embridado por el Comandante Ramiro Valdés, junto con las antenas parabólicas, y que varios economistas independientes y otros “hombres de ciencias socioeconómicas y políticas honestos que en el mundo abundan” están tras las rejas desde la “Primavera Negra” de 2003 por llegar a conclusiones diferentes a las del Máximo Científico.

 

Todo tiene solución en la fábula castrista, hasta el problema del etanol, la energía y la alimentación de los pobres. “En eso he meditado bastante después de la reunión del presidente Bush con los fabricantes norteamericanos de automóviles”. El Presidente Bush habló el día 26, y Castro escribe el 28: menos de setenta y dos horas, pero dice que ha meditado mucho. Medita aceleradamente, o tiene pocas otras cosas que hacer.

 

Por eso la genial propuesta del Comandante en Jefe como solución alternativa a la propuesta del Presidente de Estados Unidos: “Todos los países del mundo, ricos y pobres, sin excepción alguna, podrían ahorrarse millones de millones de dólares en inversión y combustible simplemente cambiando todos los bombillos incandescentes por bombillos fluorescentes, algo que Cuba ha llevado a cabo en todos los hogares del país. Eso significaría un respiro para resistir el cambio climático sin matar de hambre a las masas pobres del mundo”.

 

En los inicios era el caos, la oscuridad, pero el foco guerrillero alumbraría a las masas de desposeídos. Ahora es el hambre y la sed  de miles de millones, que se puede evitar con  el foco fluorescente: en el evangelio según Fidel Castro, basta cambiar bombillos incandescentes por fluorescentes (“luz fría”) para resolver los problemas más terribles que agobian a la humanidad.

 

Y disponer de abundantes alimentos y agua potable, transporte y medio ambiente saludable… como en Cuba.

 

No solo los admiradores del Comandante en Jefe debían alegrarse de sus tele-apariciones y ahora de sus “Reflexiones”. Los adversarios también. Pues debía estar claro para todos, cada vez que habla o escribe últimamente, que ningún problema se puede resolver en Cuba mientras Fidel Castro controle el poder, pues está racionalmente disminuido para dirigir adecuadamente el país.

 

Resulta muy interesante, es este contexto, el criterio de Raúl Castro mencionado anteriormente: “respecto al estado de salud del Comandante en Jefe, basta recomendarles que se lean y mediten su artículo publicado en el periódico Granma”.