Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

Decepciones migratorias a la vista

 

El lunes 14 de enero para los cubanos de la Isla puede ser el inicio de la Oda a la Alegría, el Día de los Inocentes, un día extremadamente triste, o un día común y corriente, en dependencia de las expectativas de cada cual con relación a la entrada en vigor de la nueva Ley Migratoria, aprobada en el 2012.

 

Entre las novedades que entrarán en vigor en esa fecha del 14 de enero se pueden citar, resumidamente, las siguientes: se eliminan los requisitos de los permisos de salida y las cartas de invitación, y solamente se exige pasaporte y visa; se autoriza la estancia en el exterior hasta 24 meses, sin necesidad de pagar prórrogas mensuales del permiso para estancia en el exterior; los menores de 18 años podrán salir, previa autorización de los padres ante notario público; se extiende hasta noventa días la duración de los permisos para los cubanos que residen en el extranjero para visitar su país de nacimiento; y quienes emigraron “ilegalmente” después de 1994 podrán visitar su patria nuevamente tras haber transcurrido al menos ocho años desde que ocurrieron los hechos, con excepción de los que lo hicieron siendo menores de 16 años, que no tendrán que esperar los ocho años de “castigo”. Hasta aquí las principales novedades en cuanto a la entrada y salida de los cubanos de su propia patria. 

 

No pretendo en este análisis detenerme en infinidad de detalles de estas nuevas regulaciones migratorias, ni en las modificaciones referidas a los derechos de propiedad y transferencia de propiedades de quienes emigran. Baste decir que las nuevas regulaciones que entran en vigor representan el cambio más radical en las múltiples, arbitrarias e injustas disposiciones migratorias de la tiranía en más de medio siglo, y el significado de cada uno de sus postulados y múltiples modificaciones ya ha sido señalado por diversos profesionales en diferentes ramas, tanto dentro de Cuba como en el exterior, que cubren desde excelentes y profundos análisis especializados hasta declaraciones apologéticas a favor del régimen o cavernícolas rechazos en contra de todo lo dispuesto.

 

Por lo tanto, en este trabajo pretendo, más bien, referirme a algunos detalles que tienen que ver con la forma en que los cubanos dentro de la Isla, y sus familiares en el exterior, van a tener que lidiar con las nuevas disposiciones, y como les pueden afectar prácticamente en un sentido positivo o negativo, así como las aparentes intenciones del gobierno cubano con algunas de las medidas contempladas en las nuevas regulaciones. Nada más que eso.

 

Los requerimientos de visado

 

A partir del 14 de enero del 2013 “lo único” que necesitarán los cubanos para viajar fuera del país es un pasaporte y una visa, como sucede en casi todas partes del planeta. Para cualquier persona que disponga de un pasaporte de algún país del mundo desarrollado (Estados Unidos, Canadá, Unión Europea, Suiza, Japón, Taiwán, Corea (Sur), Australia, Nueva Zelanda, y otros) los requisitos de visado para visitar otros países muchas veces no existen, o son mínimos en los casos que aun no se haya eliminado ese requerimiento para visitar algún país.

 

 

El hecho de disponer de un pasaporte de algún país del “Primer Mundo” ofrece a los países receptores de visitantes la relativa seguridad de que tales viajeros no vendrían a ese país con la intención de establecerse ilegalmente en él, y se supone que si alguno de esos turistas pretendiera establecer residencia permanente en el país visitado, simplemente solicitaría la autorización correspondiente del país receptor, que casi con seguridad la autorizaría.

 

Lo anterior resulta casi normal cuando viajeros del mundo desarrollado visitan los que podrían considerarse países del “Tercer Mundo” (no existe un “Segundo Mundo”), u otros países de ese misma parte desarrollada del planeta. Y digo “casi normal” porque, sin embargo, existen ciudadanos de esos países, muchos de ellos canadienses, que residen ilegalmente en Estados Unidos, aunque pareciera increíble.

 

Hay muchos países que no exigen visa para autorizar entradas turísticas a los mismos, aunque normalmente en estos casos se establecen límites a las estadías, muchas veces alrededor de los 30 días de permanencia sin visado, aunque algunos países limitan este tipo de estancias a 7 días, y otros lo extienden hasta los 90. En otras palabras, pasados los plazos que autoriza cada gobierno, la persona que permaneciera en ese país a donde ingresó sin necesidad de una visa lo haría ilegalmente.

 

Con un pasaporte cubano, como la inmensa mayoría de los cubanos residentes en la Isla debería hacerlo (aunque algunos miles disfrutan ahora de ciudadanía y pasaporte español gracias a la “Ley de Nietos”) las cosas no son tan sencillas para viajar al exterior. Con los antecedentes del último medio siglo, donde, aunque nunca se puede disponer de números precisos, por lo menos un 20% aproximadamente de la población del país ha establecido residencia en el extranjero (llámense exiliados, emigrantes, o lo que sea), muchos países lo piensan muy bien antes de autorizar la entrada libre (sin visado) de los cubanos, e incluso para otorgar visados acostumbran a revisar con lupa las solicitudes, en previsión de que los viajeros decidan “quedarse” y no regresar al paraíso caribeño del proletariado.

 

Como los requisitos para el visado suelen ser estrictos, aunque varían de país a país, muchos cubanos de la Isla estarían apostando a salir hacia alguno de los países que no requieren visado para entrar como “turistas” (nunca como residentes permanentes), con la intención de utilizarlos como trampolín hacia el destino final, generalmente “la yuma”, donde reside algo más del 85% de los cubanos que viven fuera del país, y a donde entrarían de manera ilegal -sin visado- con la intención de recibir un “parole”, es decir, una autorización temporal “bajo palabra”, y posteriormente acogerse a la “asesina” Ley de Ajuste Cubano para legalizar definitivamente su residencia en Estados Unidos.

 

En sentido estricto de regulaciones migratorias, deberían hacerlo dentro de los plazos en que podrían permanecer legalmente en alguno de esos terceros países que, como dijimos anteriormente, suelen ser de alrededor de treinta días, aunque algunos lo limitan a siete y otros lo extienden hasta noventa.

 

Naturalmente, lo anterior se mueve en el plano teórico, pues no resulta nada fácil ni barato en menos de treinta días organizar y llevar a cabo un peligroso “safari” desde lejanas naciones hacia las fronteras estadounidenses, sorteando estaciones migratorias, servicios policiales y requisitos de viajes a través de los países que involuntariamente actúan como trampolín hacia el destino final.

 

De manera que podríamos ver a muchos cubanos en situación de “ilegales” en diversos países del mundo, tratando de encontrar la mejor, más segura y más rápida manera de dar el tan ansiado salto hasta Estados Unidos. Insisto en el término de “ilegales” porque eso de pretender llamarles “indocumentados” a los que entran o se mantienen en un país sin autorización de las autoridades correspondientes es un intento de algunos periodistas que defienden a capa y espada a los mexicanos ilegales en Estados Unidos, para tratar de facilitar o legalizar su status. Todo el que esté en un país sin el correspondiente permiso de las autoridades de ese país está fuera de la ley, es un “ilegal”. Lo demás es retórica y demagogia.

 

¿A que países podrían viajar sin visa los cubanos en estos momentos? Para aquellos -que no son pocos- que están dispuestos a abandonar el país “hacia cualquier lugar” les puede parecer suficientemente largo el listado de posibilidades que veremos a continuación, (presentados en orden alfabético por cada continente) pero para los que lo piensen con más detalle y pretendiendo un mínimo de estabilidad en la aventura, tal vez la lista no les resulte demasiado alentadora.

 

En el continente americano podrían viajar sin visas a siete países: Dominica (no confundir con República Dominicana), Ecuador, Granada, Haití, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, y San Vicente y las Granadinas. En Europa solamente a cuatro países: Belarús, Montenegro, Rusia  y Serbia. En Asia las posibilidades son diez países: Cambodia, Georgia, Kirguistán, Laos, Malasia, Maldivas, Mongolia, Singapur, Timor Oriental e Indonesia. En África los posibles países son siete: Botswana, Guinea, Kenia, Namibia, Seychelles, Togo y Uganda. En Oceanía hay oportunidades también en siete países: Islas Cook, Estados Federados de Micronesia, Niue, Palau, Samoa, Tuvalu y Vanuatu.

 

Como puede verse, son en total treinta y cinco naciones a donde los cubanos podrían viajar sin visado, aunque otras versiones señalan que son solamente quince los países que los autorizarían. Solamente en una de esas naciones, Ecuador, se habla español como idioma oficial. En esa nación se calcula que ya hay más de 105,000 cubanos ilegalmente, y no sería de extrañar si el gobierno de ese país endureciera o modificara de alguna manera los requisitos para la entrada de los cubanos sin necesidad de visas.

 

Los posibles destinos más cercanos geográficamente para los cubanos en la Isla son Haití y pequeñas islas del Caribe, donde el español no es idioma oficial. Haití es la más cercana posibilidad a donde dirigirse sin visado, pero también una de las naciones más empobrecidas del planeta, y donde las condiciones sanitarias no son las más convenientes para nadie, mucho menos para cubanos que generalmente tendrían que viajar sin  mucho dinero en sus bolsillos y sin respaldo oficial para una aventura de “trampolín” hacia Estados Unidos, ya sea vía La Florida o vía República Dominicana-Puerto Rico.

 

Aunque en el desespero de cualquier cubano dentro de Cuba se pueda repetir continua y  tranquilamente que “en cualquier país se estaría mejor que aquí”, lo que tal vez podría ser cierto en algunas naciones de la lista, como Rusia (si se domina el idioma), o Singapur y Malasia, no parece muy fácil que un cubano, viaje solo o con familiares, pueda adaptarse fácil y rápidamente a las culturas y las condiciones materiales y sociales de naciones como Serbia, Kirguistán, Laos, Mongolia, Botswana, Togo, Palau, Tuvalu o Vanuatu.

 

No obstante, tratándose de cubanos, nada debería sorprendernos: se dice que ya estamos radicados en más de ciento cincuenta países, y mientras las condiciones dentro de la isla no evolucionen y ofrezcan mejores perspectivas -lo que no podrá resolver la tristemente célebre “actualización del modelo”, y mucho menos la represión constante y la miseria que mantiene la dictadura contra los cubanos-, no sería extraño que esas treinta y cinco naciones que podrían aceptar entradas de ciudadanos cubanos sin visas, o muchas de ellas, observen un aumento del flujo migratorio de cubanos en los próximos tiempos, así como un aumento de cubanos ilegales en su territorio.

 

Por otra parte, se dice que ya circula en Cuba (naturalmente, por debajo de la mesa, es decir, al margen del gobierno) un listado con los nombres de funcionarios corruptos en las diversas embajadas radicadas en Cuba y en cancillerías extranjeras, así como los precios que cobran en cada caso por otorgar visas mediante sobornos.

 

Obteniendo visas en estas condiciones -y no solamente visas de turistas, sino también de trabajo o de residencia permanente-, mediante el pago de sobornos a funcionarios corruptos -sobornos muchas veces financiados por familiares que radican en el extranjero, que ponen gustosamente el dinero para lograr la salida de sus seres queridos de la isla-prisión- muchos cubanos podrían estar legalmente radicados en determinados países, donde podrían quedarse a residir o podrían preparar con más calma el salto hacia Estados Unidos.

 

Es bueno aclarar que el párrafo anterior señala descriptivamente una eventual situación en que podrían estar -y están ya- muchos cubanos, pero en ningún momento constituye un juicio de valor ni una condena moral a esos familiares que recurren a tales procedimientos con la intención de lograr la salida de seres queridos. Si hay algo que condenar, es la conducta de los corruptos funcionarios “diplomáticos” y “consulares” que se enriquecen con el sufrimiento y las necesidades de los cubanos.

 

Es de esperar que con el aumento de la demanda que debe producirse a partir del 14 de enero esos precios del soborno puedan ajustarse a las nuevas realidades, aunque también sería de esperar un aumento de la oferta, con  muchos más “emprendedores” ofreciendo visas a cambio de un puñado de dólares, o de muchos puñados, según la situación, el país y las condiciones de las visas: por falta de funcionarios corruptos no quedará, sobre todo si se trata, como es generalmente el caso, de funcionarios de naciones de “nuestra América” o del Tercer Mundo en general.

 

Los requerimientos del pasaporte

 

Cuando en 2012 se anunciaron las nuevas regulaciones migratorias que entrarían en vigor el 14 de enero de este año, la prensa extranjera se pudo dar suculento banquete hablando innumerables incoherencias y confundiendo los términos.

 

Se destacó, muy reiteradamente, que esas medidas anunciadas, cuando entraran en vigor,  servirían para evitar o restringir peligrosos intentos de salidas por mar en las famosas balsas, esas precarias embarcaciones rústicas en que se juegan la vida los cubanos para escapar de Cuba, lo cual podría ser exacto, pero solo parcialmente.

 

Las nuevas disposiciones, a pesar de ser las transformaciones más radicales de las disposiciones migratorias cubanas en el último medio siglo, establecen determinadas modificaciones y alivian y abaratan determinados requisitos, pero eso no significaba que se pasaría a un sistema verdaderamente libre de entrada y salida del país para los cubanos, como proclama la Declaración Universal de los Derechos Humanos para todos los habitantes del planeta.

 

Se repitió hasta la saciedad, desde el primer momento, que Cuba eliminaría la necesidad del permiso de salida, de la tarjeta blanca, y del requisito de disponer de una carta de invitación para poder viajar. Tal despiste no se limitó a las agencias de prensa. Hace muy poco la página digital de Radio y Televisión Martí, del gobierno de los Estados Unidos, señalaba, refiriéndose a las regulaciones migratorias que entrarían en vigor en Cuba unos días después, que

 

la vocera del departamento de Estado, Victoria Nuland, declaró en nota de prensa el viernes [11 de enero] que el Gobierno de los Estados Unidos acoge positivamente cualquier reforma que les permita a los ciudadanos cubanos salir y regresar a su país libremente”.

 

Lamentablemente, tales declaraciones no reflejan la realidad con exactitud, aunque vengan del mismísimo gobierno de Estados Unidos. Desde las interpretaciones de mucha prensa superficial al hacerse pública la noticia hasta las recientes declaraciones ya citadas de la vocera del Departamento de Estado norteamericano, se enfoca la situación de manera incorrecta: disponer de una carta de invitación, un pasaporte y una visa, fue durante mucho tiempo en Cuba una condición necesaria, pero no suficiente, para poder viajar al exterior, como en casi cualquier otro país del mundo. Sin embargo, en la Cuba propiedad de los hermanos Castro, para lograr finalmente tener autorización para salir del país, definitiva o temporalmente, se dependía además de la autorización de las “instancias correspondientes” (eufemismo abstracto para referirse al aparato de la seguridad del estado) para poder recibir el permiso de salida y la engorrosa “tarjeta blanca”.

 

Eso ha cambiado, pero solamente en el aspecto formal. Ya no se exige el permiso de salida, la “tarjeta blanca” o la carta de invitación, es cierto, pero todavía las “instancias correspondientes” se reservan el derecho de “habilitar” el pasaporte o no hacerlo, en dependencia de que esas “instancias” consideren que la persona que lo solicita puede mostrar comportamientos suficientes para “merecer” recibir el “privilegio” de viajar.

 

Es decir, viajar libremente y regresar o no regresar al país en determinado plazo, algo completamente natural y común en los países libres, no es todavía, con las nuevas regulaciones, un derecho para los cubanos, sino solamente un privilegio, una autorización -con determinadas limitaciones- que se otorga o deja de otorgarse en virtud de diversas disposiciones totalitarias.

 

Ya se sabe, por ejemplo, que para deportistas de alto rendimiento o determinados profesionales de elevada calificación y especialización esas autorizaciones serán mucho más restringidas, o pueden ser negadas, si la tiranía considera que tales individuos resultan “vitales” para el país, lo que se establece y se justifica por parte del régimen como un intento de evitar la “fuga de cerebros”. Porque para la dictadura de los hermanos Castro el talento y las capacidades de los cubanos no pertenecen a las personas y los ciudadanos cubanos que los posean a base de esfuerzos, sacrificios o condiciones naturales, sino que se considera un “medio básico”, propiedad exclusiva del inventario dictatorial.

 

Más aún, las “instancias correspondientes” pueden denegar la habilitación del pasaporte a cualquier persona por “razones de interés público”, concepto absolutamente esotérico y abstracto, que en el caso de un gobierno de un país totalmente plagado de arbitrariedades y sin obligación de responder ante sus ciudadanos, como es el caso de Cuba, puede abarcar un amplio espectro de razones (o más exactamente sería decir de sinrazones) para no habilitar los pasaportes de muchos cubanos por cualquier motivo, entre los que hay que señalar principalmente porque se trate de opositores, disidentes, periodistas independientes, o cualquier otra persona que por una razón u otra no le resulte agradable al régimen.

 

El régimen justifica esa disposición basado en el bienestar de la “mayoría”, según dijo recientemente en la televisión oficial cubana (única que existe) el coronel segundo jefe de Inmigración y Extranjería.

 

“Son razones que tiene el Estado, razones de la mayoría, las regulaciones que se tomen en beneficio de la mayoría, aunque algunas personas puedan sentirse limitadas en sus derechos”.

 

“Desde el punto de vista del Derecho Administrativo y desde el punto de vista de la doctrina jurídica, son disposiciones abarcadoras de los intereses fundamentales, de los intereses mayores del Estado y de los intereses de la población”.

 

Como puede comprobarse muy fácilmente, en el reino de la arbitrariedad, cualquier cosa puede suceder. Hasta que los intereses de “la mayoría” se determinen quién sabe cómo y cuándo, y sin tener que someterse a procesos electorales libres y competitivos para que esa “mayoría” exprese claramente su punto de vista: basta que un coronel uniformado lo diga en la televisión para que se considere un axioma (revolucionario, no científico).

 

El regreso a Cuba

 

Para los cubanos que residen en el exterior el regreso de visita a su propia patria sigue teniendo el requisito de una autorización del gobierno cubano, con un tiempo de estancia limitado -ahora ampliado hasta noventa días-, y la obligación de hacerlo con un pasaporte cubano, aunque se disponga de cualquier otra nacionalidad y pasaporte.

 

La “habilitación” del correspondiente pasaporte cubano -con los inevitables pagos arbitrariamente establecidos por las autoridades de la tiranía- para que un cubano viaje de visita a su patria resulta, de hecho, en una autorización gubernamental, que se entrega o se deniega a voluntad del régimen totalitario, bajo el sutil disfraz de la habilitación del pasaporte.

 

Así, cualquier persona que la dictadura considere que es un “enemigo de Cuba”, ya que el régimen y sus cabecillas pretenden verse a sí mismos como si fueran Cuba, la patria o la revolución, puede no recibir la habilitación de su pasaporte.

 

Incluso, en la variante más cruel de esta modalidad represiva, al solicitante se le entrega en un consulado cubano en el exterior su pasaporte supuestamente habilitado, solamente para que se entere, al arribar a un aeropuerto cubano, que se trató de un “error”, que no está autorizado a entrar a su país de nacimiento, y que deberá ser devuelto a su lugar de procedencia en el primer vuelo disponible, sin ni siquiera poder salir del aeropuerto. Mientras tanto, sus familiares que le esperan afuera -en Cuba no todos pueden entrar a las instalaciones de los aeropuertos- se consumen entre la ansiedad, la espera y la falta de información, para terminar desilusionados y abatidos al enterarse de que no podrán ver al ser querido que esperaban después de tanto tiempo sin verle.

 

Por otra parte, la obligación para los nacidos en Cuba de tener que entrar a su país de nacimiento con un pasaporte cubano, aunque posean ciudadanía de cualquier otro país, además de ilegal y arbitraria, es amenazante. En caso de cualquier dificultad durante la visita, ese ciudadano de otro país -pero nacido en Cuba- tiene limitadas sus posibilidades de dirigirse a solicitar ayuda a lo que sería su embajada, consulado, u oficina de intereses, porque es tratado por las autoridades cubanas como cualquier ciudadano cubano sin otra nacionalidad, y no como lo que realmente es y se acepta en todas partes por haberse acogido a un proceso de naturalización: norteamericano, europeo, mexicano, argentino, ruso, español, venezolano, o de cualquier otra nacionalidad.

 

Las intenciones del régimen con las nuevas regulaciones

 

¿Qué busca la dictadura cubana con las nuevas regulaciones migratorias? Ha habido muchas y muy diversas interpretaciones. Sin dudas, las regulaciones que se establecen no tienen la intención de democratizar un poco la vida de los cubanos dentro del país y de los que residen en el exterior y piensan visitarla: la declaración Universal de los Derechos Humanos no tiene demasiado que ver con las nuevas disposiciones migratorias.

 

Los apocalípticos de siempre han declarado que la aplicación de las nuevas regulaciones migratorias está relacionada con la evolución de la enfermedad de Hugo Chávez y las agudas necesidades monetarias que sobrevendrían de desaparecer el chavismo, pero ese análisis no parece muy sensato, en primer lugar porque hace mucho tiempo que se viene trabajando en las reformas al sistema migratorio, y además, incluso un eventual deceso de Chávez no significaría automáticamente la desaparición del chavismo en Venezuela, ni tampoco de la relación privilegiada de que disfruta el neocastrismo en estos momentos con relación a Caracas.

 

El objetivo inmediato más aparente de las nuevas regulaciones migratorias es la búsqueda de recursos financieros por parte del régimen, la demanda imperiosa de moneda fuerte procedente, básicamente, de los cubanos residentes en el exterior, que serían quienes, en su mayoría, harían llegar dinero a sus familiares en el país para la tramitación de los pasaportes y la compra de pasajes, así como para el pago de los correspondientes impuestos de aeropuerto, más todos los gastos colaterales que generan tales viajes, como el vestuario adecuado de acuerdo al clima a donde se viaje (¿Port-au-Prince o Moscú?, o con un mínimo de calidad para viajar decorosamente, así como continuas llamadas telefónicas de coordinación con los familiares, dinero para algunos sobornos menores -y en ocasiones no tan menores- a funcionarios gubernamentales que puedan y deban agilizar determinadas gestiones, tales como certificados de estudios, diplomas, o relación de asignaturas y calificaciones por año escolar de determinada especialidad, documentos de propiedad de viviendas o vehículos automotores, licencia de conducir, gastos para taxis, sellos del timbre (impuestos), antecedentes penales, certificados de nacimiento, defunción, matrimonio o divorcio, y otros documentos de registros legales, certificados médicos, y tutti quanti: en Cuba, en estos momentos, todo está en venta; solamente se necesita conocer el precio exacto de lo que se desea, y disponer del dinero suficiente para comprarlo: desde una vivienda hasta un funcionario.

 

Otra vía de ingresar dinero al país vendrá a través de la ampliación a veinticuatro meses del permiso para radicar en el exterior sin perder los derechos en Cuba. Ya las cuentas se han sacado por muchos, demasiados cubanos: hay tiempo de estar en un país-trampolín durante tres o cuatro meses, hasta poder presentarse en una frontera estadounidense cualquiera y recibir un “parole”, y al año y un día solicitar la residencia estadounidense. En estos momentos la residencia se recibe en aproximadamente cuatro o cinco meses después de  solicitarla. Una aritmética elemental enseña que se puede estar 4-5 meses en un país-trampolín, 12 meses y un día en Estados Unidos con un “parole”, y 6 más esperando la residencia después que ha sido solicitada, y todo eso suma menos de los veinticuatro meses que los cubanos pueden permanecer ahora en el exterior sin perder los relativos “derechos” que disfrutan en Cuba.

 

Lo que traería por resultado cubanos con doble ciudadanía, cubana y americana, que podrían entrar y salir legalmente de Estados Unidos cuando quisieran, y que muy bien podrían representar un importante incremento en el flujo de dólares desde Estados Unidos hacia Cuba, es decir, en última instancia hacia las arcas de los hermanos Castro y las camarillas que se han adueñado del poder.

 

Habría que ver como responde Estados Unidos a esta nueva situación, teniendo en cuenta además que, al tratarse de un instrumento legislativo, como es la Ley de Ajuste Cubano, las modificaciones no están en manos de ningún presidente, sino del congreso, y ese organismo, a diferencia de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba, no se caracteriza por votar por unanimidad ni mucho menos.

 

Otro objetivo no menos importante de las nuevas regulaciones es trasladar parte de la presión migratoria hacia el resto de los países, y principalmente hacia Estados Unidos. Tras la supuesta liberalización de las restricciones existentes para viajar, gracias a las nuevas medidas, y tras una continuada campaña para pretender restarle el sentido político a la salida permanente del país y disfrazarla de emigración económica, el régimen podrá decir a los cubanos frustrados que no logren obtener las tan ansiadas visas, y no le faltará razón al decirlo, que ya no es La Habana quien les impide viajar, sino los países que no desean otorgarles visas.

 

Lo anterior no vale para disidentes, opositores, periodistas independientes, a los que no se les habilitará el pasaporte por “razones de interés público”, así como tampoco para los profesionales y especialistas considerados “vitales” o para personal altamente calificado, incluyendo deportistas de alto rendimiento, a los que no se les permitirá viajar para poder proteger al país de la “fuga de cerebros”.

 

Ya Estados Unidos acaba de declarar, a través de la anteriormente mencionada vocera, que

 

“La política migratoria de Estados Unidos, regulada por la Ley de Inmigración y Naturalización (INA), no se modificará. Los ciudadanos cubanos aún requieren visa o permiso de entrada válidos para ingresar a los Estados Unidos.”

 

¿Cuántas visas de turistas podrán obtener -sin tener que pagar sobornos- los ciudadanos cubanos dentro de la Isla? Hablando en términos totales y generales, es decir, pensando tanto en las personas que realizan las gestiones como en sus familiares, podría decirse que tal vez dos o tres mil visas de turista al año -pensando de manera optimista- sumando todos los países que entregaran visas de ese tipo a los cubanos.

 

Lo que resulta una cantidad insignificante si se compara con los ¿cuántos? cubanos y sus familiares deseosos de emigrar: decir que serían alrededor de un millón los que lo deseen, contando solicitantes y sus familiares (y no limitándonos en esta cuenta solamente a los que tengan condiciones económicas para hacerlo) puede ser un cálculo conservador.

 

En las mismas declaraciones, la señora Victoria Nuland, vocera del Departamento de Estado de Estados Unidos, especificaba que aún es muy pronto para predecir cambios en el patrón migratorio desde la isla, pero adelantó que el Gobierno de Estados Unidos está trabajando para garantizar los mecanismos necesarios para responder a cualquier aumento en la cantidad de solicitudes de visa o migración no documentada.

 

Lo cual, como se puede comprender muy fácilmente, no significa en ningún momento que se ampliaría la cantidad de visas o permisos de entrada que se entregarían a los cubanos simplemente porque el régimen de La Habana haya eliminado determinadas restricciones migratorias.

 

Es decir, la entrega de visas a los cubanos, aún cuando algunos países, incluyendo a Estados Unidos, incrementen en alguna medida, aunque limitada, la cantidad que entregan, como manera de solidarizarse con los cubanos de a pie, no puede resolver el problema ni mucho menos. En cierto sentido, tal vez, podría acrecentarlo.

 

Por cada cubano feliz de haber obtenido una visa habrá cientos, miles, frustrados por no poder obtenerla.

 

Sin embargo, esta vez no culparán de sus desgracias y sus frustraciones a “esta gente” del régimen que no les dan el permiso de salida, sino a “esos tipos” de la embajada que les negaron la visa para ellos y sus familiares, sean americanos, chinos, egipcios, uruguayos, japoneses, canadienses o surafricanos.

 

Entonces veremos para quienes, y cómo, el lunes 14 de enero será visto como el inicio de la Oda a la Alegría, el Día de los Inocentes, un día extremadamente triste, o un día común y corriente.

 

Aunque, sin dudas, serán muchos más los frustrados que los satisfechos con las nuevas regulaciones migratorias del régimen.