Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

 

 

                                Dr. Eugenio Yáñez

                                                                                                                                                            

 

DE FALACIAS O MALOS ENTENDIDOS

 

Después de más de cincuenta años de dictadura cubana alguna prensa española, que se considera a sí misma como seria, nos cuenta en estos días que los presos de conciencia recientemente excarcelados y desterrados podrían regresar a Cuba –con el correspondiente permiso del régimen- si aceptan el estatus de “inmigrantes”, pero no podrían hacerlo si reciben el de “refugiado”.

 

Por si fuera poco, nos aclaran que eso es solo en el caso de los prisioneros excarcelados, pero que no se aplica a sus familiares, que podrían regresar a Cuba cuando deseen.

 

Es interesante cuantas inexactitudes e ignorancia se pueden expresar en breve notas de supuesta información, lo que demuestra que una buena parte de esa prensa que se supone seria y responsable no tiene la más mínima idea de cómo son las cosas bajo el castrismo, y no recientemente, sino a lo largo de cinco décadas.

 

En primer lugar, tanto para los prisioneros excarcelados como para sus familiares, lo de “regresar” a Cuba tiene que ser entre comillas, pues el tal “regreso” se refiere a la eventualidad ir de visita al país donde nacieron, pues no tienen derecho a residir en Cuba nuevamente el tiempo que deseen, ya que tal derecho lo perdieron, según el orden jurídico de los hermanos Castro, desde que optaron por vivir fuera de Cuba.

 

Y eso es así aunque la señora María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta del gobierno español, y el canciller Miguel Ángel Moratinos, aseguren lo contrario. E incluso aunque ahora pretendan “mejorar” el estatus de inmigrante que querían para los excarcelados, considerando otorgarles el de “protección internacional asistida”.

 

Un despacho de la Agence France Presse desde Kazajastán, donde se encontraba Moratinos participando en un evento internacional, señala:

 

Fuentes diplomáticas [españolas] explicaron a la AFP que este estatus “es igual que el estatuto de refugiado”, es decir, les permitiría residir y trabajar en España, pero además “pueden volver” a Cuba, mientras que siendo refugiado político no podrían”.

 

Absolutamente inexacto: ni siquiera los más connotados castristas que residen fuera de Cuba –y todos sabemos quienes son- pueden prescindir del permiso de entrada al país, a través de la llamada habilitación del pasaporte, para ir a Cuba de visita –y nunca a residir allá- aunque sea para participar en reuniones a favor del régimen, como las llamadas “La Nación y la Emigración”.

 

En Cuba, a diferencia del resto del mundo civilizado, poseer un pasaporte no es suficiente para que un cubano pueda salir del país o regresar: para salir necesita, además de un pasaporte, la célebre “tarjeta blanca”, y para regresar, la correspondiente habilitación del pasaporte.

 

De tales trámites se encarga, dentro de Cuba, la Dirección de Inmigración y Extranjería del Ministerio del Interior, y en el extranjero, los consulados cubanos en cada país, cumpliendo instrucciones de esa Dirección de Inmigración.

 

Aunque un grupo de familiares tienen categoría de emigrante estampada en el pasaporte, los prisioneros recién excarcelados y algunos de sus familiares tienen en su pasaporte el cuño que cientos de miles de cubanos conocen perfectamente, que dice muy claramente: salida definitiva.

 

A partir de ese momento, las reglas del juego las determina exclusivamente el régimen castrista, como siempre ha sido, y no lo que pueda pensar o decir cualquier funcionario o burócrata extranjero.

 

Para periodistas que no se hayan enterado todavía, y para funcionarios españoles no interesados en saberlo, la Dirección de Inmigración y Extranjería del Ministerio del Interior se define como un componente esencial del sistema cubano de seguridad del estado, igual que lo son los órganos de inteligencia, contrainteligencia, seguridad personal, identificación nacional y guardafronteras. Y estos órganos deciden per se lo conveniente o no para la situación operativa del país, con absoluta independencia de la legislación vigente y las normas establecidas.

 

En otras palabras, esas fuentes diplomáticas que dijeron a la AFP en Kazajastán que al aceptar el excarcelado cubano el estatus de “protección internacional asistida” tendría ventaja, pues “pueden volver” a Cuba, mientras que siendo refugiado político no podrían”, están en una de estas dos situaciones: o no saben lo que están diciendo, o se están prestando a una soberana inmoralidad. Naturalmente, la ignorancia en este caso sería menos bochornosa que la inmoralidad conciente, pero tampoco es un atributo que deban exhibir con orgullo los funcionarios diplomáticos de ningún país.

 

Cuando una persona recibe estatus de refugiado político, la nación que ofrece ese refugio considera que, efectivamente, la persona corre riesgos de represalias, persecución, prisión o muerte si regresara a su país de origen: en cierto sentido, la nación que otorga el refugio político manifiesta su rechazo y desacuerdo con la conducta del gobierno del país del refugiado, desde el momento que considera que debe otorgarle asilo al solicitante.

 

Eso, precisamente, es lo que motiva la ambigüedad del gobierno español en el caso de los prisioneros de conciencia cubanos excarcelados y desterrados. Porque para el canciller Moratinos y el gobierno español sería pecado capital reconocer que el castrismo es un gobierno arbitrario que no se apega al estado de derecho ni respeta sus propias leyes, y que persigue, encarcela y reprime por el simple hecho de que las personas manifiesten opiniones contrarias a las que establece la voluntad o la soberbia oficial.

 

Porque para el gobierno español las excarcelaciones –que el inefable canciller se empeña en llamar “liberaciones”- constituyen “una nueva voluntad del gobierno cubano” para “cerrar de forma definitiva la liberación de presos políticos”, lo que a su vez sería la justificación para poder considerarlas “una oportunidad que no debemos desaprovechar para redefinir la relación de la Unión Europea (UE) con Cuba”.

 

Así las cosas, el canciller Moratinos pidió a los recién llegados “comprensión”, destacó la “generosidad” del gobierno y el pueblo españoles y recordó que los ex presos políticos “son libres de (...) buscar otro país donde se les acoja mejor”.

 

Tiene razón en esto el canciller: los recién llegados deben mostrar, y sin dudas que han mostrado, suficiente comprensión, y no han dejado de agradecer a los españoles por la acogida recibida, pero comprensión no significa dejarse manipular pasivamente por los intereses y actuaciones del gobierno y sus burócratas: no olvide el canciller que todos esos cubanos excarcelados, y que él considera liberados, estaban en la cárcel por el muy simple hecho de no dejarse intimidar por los aparatos represivos del castrismo, y que aún en la cárcel, sepultados entre inmundicias y arbitrariedades, eran mucho más libres que todos los que le temen al castrismo.

 

La generosidad del gobierno y el pueblo españoles es evidente y no admite discusión: 135 cubanos, entre excarcelados y familiares, respiran hoy aires de libertad en España, muchos de ellos por primera vez en su vida, y reciben ayuda de diverso tipo para su adaptación a las nuevas condiciones. En menos de cuatro meses todos tendrían residencia permanente y permisos de trabajo, y recibirán ayuda para homologar los títulos que hayan obtenido en la Isla, que no es poca cosa.

 

Y aunque el muy modesto hostal madrileño de Vallecas donde han sido instalados los cubanos no recuerda el Castellana Hilton o el Madrid Ritz, ni mucho menos, será siempre muy superior al “Canaleta Castro”, el Agüica-Ramiro Valdés”, o cualquier otra de las lúgubres ergástulas cubanas. Hay que darle muchas gracias a España por todo esto, y con absoluta sinceridad, sin por ello olvidar las muchas complicidades zapatero-socialistas con los Castro.

 

Es, en cierto sentido, la contrapartida de la generosidad con que los cubanos recibieron y admitieron plenamente a cientos de miles de españoles al terminar la guerra por la independencia cubana, muchos de ellos que habían combatido contra los mambises y que, sin embargo, pudieron integrarse a la sociedad cubana y labrarse un futuro mejor en nuestra tierra.

 

Nada más natural que entre la “Madre Patria” y “la hija más rebelde, pero la más querida” hubiera estas muestras de generosidad y aceptación de ambas partes.

 

Y no olvidemos que si España afronta una seria situación de fuerte crisis social y económica en momentos que recibe a decenas de excarcelados y sus familiares, cuando Cuba comenzó a recibir e integrar a tantos miles y miles de españoles venía de salir de una terrible y devastadora guerra que diezmó a su población y destruyó sus riquezas, lo cual no le impidió ser generosa con todos los españoles que llegaban, y sin necesidad de tener que pedirles comprensión.

 

Lo mismo sucedió tras la guerra civil española, cuando la Isla se debatía en la crisis económica provocada por la Gran Depresión, pero nunca dijo “no” a ningún español que pretendiera ir a vivir a nuestra patria.

 

Sin embargo, lo más incoherente de las confusas declaraciones del canciller Moratinos es la de que los excarcelados “son libres de (...) buscar otro país donde se les acoja mejor”. Parecería una redundancia: todos los hombres libres del mundo son libres de buscar otro país donde se les acoja mejor.

 

Lo que menciona el Ministro de Exteriores no es ninguna parte del “paquete de ayuda” español a los excarcelados, sino una condición inherente del ser humano cuando vive en libertad y democracia: de la misma manera que les damos las gracias al gobierno español por la ayuda a tantos cubanos recién llegados, no tenemos que dársela por el derecho de estos cubanos, ya viviendo en libertad, de buscar otro país donde se les acoja mejor.

 

Tanto el canciller español como María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta del gobierno, han hecho énfasis en las palabras “voluntariamente” y “de forma voluntaria” para destacar que los excarcelados cubanos han ido a España por voluntad propia y no obligados por nadie.

 

Técnicamente, puede ser así como dicen ambos funcionarios españoles: a ninguno de los excarcelados lo montaron en el avión a punta de pistola ni amarrado. Lo cual no significa necesariamente que lo hayan hecho de forma voluntaria.

 

Omar Ruiz, de 63 años, uno de los excarcelados recién llegado a España con sus familiares, dijo claramente, sin preocuparse demasiado si sería políticamente correcto o no: “Si uno está en la cárcel y le preguntan ‘¿Quiere salir e irse para otro país?', es muy difícil decir que no, porque es la libertad o la cárcel”. Inconveniente declaración para el gobierno español empeñado en demostrar otra cosa. Declaración que fue remarcada inmediatamente: “Yo no puedo decir que me obligaron a salir de Cuba. Yo lo acepté”. Es decir, fue una salida voluntaria como dice el gobierno español, pero en realidad tan “voluntaria” como el trabajo voluntario en un Domingo Rojo cubano.

 

Más allá de la discusión semántica sobre lo voluntario, Ruiz señaló otro punto álgido en el tema: “Tengo hermanos, presos políticos, que no quieren salir de Cuba”, señaló, añadiendo: “Estoy preocupado por ellos”.

 

Y está preocupado, como lo están todos los encarcelados, porque no está claro el destino ni las opciones de los prisioneros de conciencia que no deseen acogerse voluntariamente a la excarcelación-destierro que se les propone: ¿serán mantenidos en las cárceles más pequeñas en que se encuentran hace más de siete años, o podrán trasladarse a la cárcel más grande que es el archipiélago cubano? Y en caso de que pudieran, ¿en qué condiciones estarían? ¿Tendrían derecho a trabajar y ganarse la vida? ¿Qué pasaría si se mantienen en posiciones contestatarias? ¿Volverían a la cárcel? ¿O si, tiempo después, se deciden a solicitar la salida del país?

 

Quedan muchos puntos oscuros e indefiniciones en la situación de los prisioneros de conciencia cubanos, tanto de los que se mantienen en la cárcel –que son más de los 52 mencionados continuamente en estos días- como de los excarcelados y desterrados.

 

Lo que si está muy claro es que los criterios del honorable canciller español, de que se trata de “una nueva voluntad del gobierno cubano” para “cerrar de forma definitiva la liberación de presos políticos” resulta, en el mejor de los casos, un malentendido, y en el peor, una falacia.

 

Si alguien lo duda, queda otro punto por aclarar, que no se analizó porque sería demasiado risible si no fuera tan trágico: la peregrina declaración inicial del gobierno español de que los que serían “inmigrantes” (en aquel momento no se hablaba todavía de “protección internacional asistida”) además de que podrían regresar cuando lo desearan podrían también mantener sus propiedades.

 

¿Mantener sus propiedades? ¿Qué propiedades en un país sistemáticamente empobrecido hasta la desesperación? ¿Qué propiedades en un país donde el salario promedio de los cubanos de a pie no sobrepasa los veinte dólares mensuales?

 

Por definición, Cuba es un país socialista y por lo tanto sus trabajadores solamente poseen su fuerza de trabajo, nada más. Como proletarios, hubieran dicho Marx o Lenin, los cubanos no tienen otra cosa que perder que sus cadenas.

 

¿De qué propiedades hablaba el gobierno español al decir eso? ¿Estaría pensando tal vez en las propiedades de la nomenklatura cubana? ¿O las de los inversionistas españoles en Cuba?

 

El gobierno español evidentemente padece de autismo en el tema cubano.

 

El importante diario francés Le Monde acaba de señalar, en un editorial titulado “Apertura cubana bajo presión internacional”, que la Unión Europea “no debería precipitarse” decidiendo un cambio en sus relaciones con Cuba por la excarcelación de los disidentes exiliados en España, a la vez que recuerda que “las fuertes presiones acaban por dar frutos, al menos en el terreno de los derechos humanos'”.

 

Y concluye señalando algo que todos conocemos: “La historia demuestra que el régimen se tensa cuando se agravan las dificultades. Deshaciéndose de sus opositores, invitados a exiliarse”.

 

Es una pena que tantos funcionarios españoles lean solamente periódicos en español.