Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                                                          Dr. Eugenio Yáñez

                                                                                                                                                            

 

DA IGUAL JUANA QUE SU HERMANA

 

Así definió el mismo Fidel Castro la opción de Lyndon Johnson o Barry Goldwater en las elecciones presidenciales de EEUU en 1964, pero es frase válida en estos momentos para Comandante en Cama o Sucesor en la “elección” del gobierno cubano el 24 de febrero.

 

Pues mientras el Magno Paciente siga siendo eso mismo, como en los últimos dieciocho meses, y el Sucesor no sea ni paciente ni impaciente, todos en el régimen seguirán apostando a no hacer nada, o casi nada (como diría Silvio Rodríguez, que no es lo mismo pero es igual), esperar a ver qué pasa, y contando irresponsablemente con que el carisma del máximo líder y su liderazgo de Rey Sol podrá contener las demandas de la población y seguir embaucando a los cubanos con promesas y demagogia.

 

Un millón doscientas mil propuestas se presentaron durante los dos meses de debate sobre los problemas del país, que cuando son agrupadas por contenidos afines y más globales se pueden reducir a algunas decenas, y entre las cuales sobresalen, y no hay que ser adivino para saberlo, seis que son fundamentales: las vinculadas con los problemas de la alimentación, transporte, vivienda, doble moneda, propiedad individual y derechos fundamentales.

 

Frente a lo cual el Comandante en Cama ya advirtió que sería un sueño pretender la solución de tales tareas de inmediato, el Sucesor proclama que son cosas que requieren tiempo, Carlos Lage habla del ahorro y de una supuesta “era post-dólar”, y Ricardo (Pericles) Alarcón, que califica todo concepto de democracia en la historia como utopía, al ser preguntado recientemente sobre la prioridad en la solución de tales problemas del país, respondió sencillamente que no sabía. (La entrevista completa de Alarcón puede leerla en la Sección “Cuba en la Prensa Mundial”).

 

Con semejante dirigencia no bastan ni cincuenta años más de totalitarismo para resolver uno sólo de esos problemas de los cubanos, y eso sin entrar a analizar las realidades de los prisioneros de conciencia, el salario que no alcanza, la corrupción, el despilfarro, el deterioro de la educación y los sistemas de salud, la pobreza extrema, las restricciones a los movimientos de las personas (nacional e internacionalmente), el amordazamiento y diversionismo de la prensa-propaganda, las tendencias a ceder a las presiones de Hugo Chávez para hipotecar la soberanía, la dependencia del capital extranjero, el apartheid contra los cubanos o la falta de verdadera libertad de expresión, para mencionar algunos temas acuciantes.

 

Para los que se preguntan si Castro permanecerá en el poder después del 24 de febrero, debía bastar la colosal ofensiva inmovilista que ha lanzado en los últimos días para comprender que no quiere que nada cambie, porque necesita que el país siga diseñado a su imagen y semejanza, como siempre ha sido, para poder “dirigirlo” mejor desde su lecho de perpetua convalecencia e interminable “recuperación”.

 

Y dirigirlo con mentalidad de guerra fría y socialismo inca, de finca de Birán donde por la noche se corren los linderos y cada día el mayoral controla más, desde el voto único a los impuestos a las propinas en moneda fuerte.

 

En el proceso "electoral" cubano, además de la forzada unanimidad del "voto unido", hay que destacar las "Comisiones de Candidatura", enfrascadas en estos momentos en "consultas" con los diputados para definir las propuestas al Consejo de Estado y la presidencia del Parlamento. "Consultas" en este caso, no tiene nada que ver con las "consultas" que realiza un Jefe de Estado europeo con los distintos partidos políticos del país: es solamente un eufemismo para referirse a un proceso más parecido a interrogatorios de tercer grado o "consultas" del instructor jurídico al detenido en Villa Marista.

 

Así, la inefable Presidenta de la Comisión de Candidaturas pregunta al diputado por Remanganagua: ¿Compañero Fulano, quién quisiera usted que fuera re-electo Presidente del Consejo de Estado? ... Y, además de Raúl, ¿a quienes otros quisiera ver como Vicepresidentes? ... Dicen que Mengano viene haciendo un trabajo excelente hace años: ¿sería un buen Vice según su opinión? ... Parece que Zutanito no anda muy bien de salud... claro, usted es el que decide, pero piense en eso... Como nota curiosa, la presidenta de la Comisión de Candidaturas es actualmente diputada a la Asamblea Nacional vigente.

 

En las “reflexiones” que se publican actualmente bajo el título de “Lula”, que de acuerdo a los temas que trata podría haberlas titulado igualmente “Randy Alonso” o “Mickey Mouse”, y dicho esto con todo el respeto para el presidente de Brasil, convierte en simples “errores” los abominables y paranoicos crímenes de Stalin contra al alta oficialidad de las fuerzas armadas soviéticas, donde no fueron “purgados”, sino ejecutados con pistoletazo en la cabeza, mariscales, almirantes, generales de ejército, comisarios y jefes de unidades, así como su irresponsabilidad de desconocer los reportes de inteligencia de Richard Sorge, agente soviético, que indicaban claramente que Hitler invadiría la URSS en la segunda quincena de junio de 1941, con un millón de hombres y en la dirección estratégica Moscú.

 

Si este crimen que costó a los soviéticos millones de muertes es definido como “errores”, el fusilamiento del general cubano Arnaldo Ochoa y otros tres oficiales en la Causa Número 1 de 1989 no sería más que un jueguito de computadora para niños.

 

Ahora resulta, según cuenta en las mencionadas “reflexiones”, que en Cuba “para producciones comerciales de granos en gran escala, como requieren las necesidades de una población de casi 12 millones de personas, nuestras tierras no son aptas y el costo en máquinas y combustibles que el país importa, con los actuales precios, sería muy alto”.

 

Porque, a pesar de la interminable propaganda y el gigantesco culto a la personalidad, no tiene tanto talento como se proclama, y malvive con esquemas de hace casi un siglo.

 

La región de Velasco, en Holguín, no muy lejos de las tierras natales del Comandante en Cama y su hermano el Sucesor, era considera un granero cubano, de excelentes tierras para la producción de frijoles, que se consumían en todo el país. En las regiones montañosas del centro del país los campesinos sembraban los frijoles en las laderas de las elevaciones “a punta de machete”, y obtenían rendimientos de 100 a 1, es decir, 100 sacos de frijoles por cada saco sembrado. Y así podría decirse de cada producto y cada región.

 

Los problemas de la agricultura cubana no son de calidad de las tierras, aunque casi medio siglo de explotación irracional han reducido su fertilidad y elevado peligrosamente la salinidad. Ni son de maquinaria o transporte, que hubo de sobra sin que la producción avanzara. Ni tienen nada que ver con los precios del petróleo, ni mucho menos “el bloqueo imperialista”. Ni son problemas de agua, pues hay embalses suficientes para administrarla adecuadamente, aunque existan años más secos y años más lluviosos, como ha ocurrido en todo el mundo durante la historia de la humanidad.

 

Los campesinos privados y cooperativas, disponiendo de menos de la tercera parte de las tierras y a pesar del tremendo dogal de los mecanismos estatales y las imposiciones cuasi-feudales sobre ellos, producen el 88 por ciento del maíz y los frijoles, el 36 por ciento del arroz, el 71 por ciento de la carne porcina, el 62 por ciento de las hortalizas y el 60 por ciento del café. Y aquí no se incluyen los datos de la producción lechera, avícola y carne vacuna.

 

El estado cuenta con gigantescas empresas arroceras (Los Palacios, Norte de Matanzas, Sur del Jíbaro, Vertientes, Valle del Cauto) para producir menos del doble de lo que producen los privados; el estado administra un Combinado Porcino Nacional con empresas en todas las provincias, plantas de “pienso líquido”, centros genéticos, y cientos de ingenieros pecuarios y veterinarios, para producir menos de la mitad de la carne porcina que producen los privados.

 

El estado administra empresas de “cultivos varios” en todas las provincias para producir viandas y vegetales, más la llamada “agricultura urbana” de mini-parcelas alrededor de las poblaciones, pero aún así su producción es solamente un poco más de la mitad de lo que logran los campesinos privados sin tanta parafernalia.

 

Donde único las tierras del estado superan muy amplia y decisivamente a los campesinos privados y las cooperativas es en el marabú, el gran logro de la reforma agraria, la planta maldita que parece ser genéticamente anticomunista y antitotalitaria.

 

Más de la mitad de las tierras del país están infectadas por la plaga, pero no hay que confundir el promedio nacional con la realidad: las tierras privadas tienen mucho menos de la mitad de sus áreas con marabú, pero las estatales mucho más: por eso el régimen menciona los promedios nacionales en las informaciones de la prensa-propaganda.

 

¿Acaso el “bloqueo imperialista” no afecta a los campesinos? ¿Solamente llueve, y además en términos de “media histórica”, en las tierras privadas y cooperativas? ¿Las tormentas y huracanes atacan solamente a las tierras estatales?

 

La destrucción de la otrora eficiente y productiva agricultura cubana, a pesar de las injusticias y necesidades sin resolver, no es obra del imperialismo ni de la naturaleza, sino de las políticas sin sentido del Comandante, desde que culpó al latifundio de la pobreza y estableció una falsa reforma agraria, desde que en 1963 convirtió las cooperativas cañeras en granjas estatales y llevó a cabo la llamada segunda reforma agraria, lanzó los planes de “especialización” productiva que obligaban a la empresa cañera a sembrar caña y solo caña, y a las arroceras a sembrar arroz y solo arroz, aunque hubiera tierras ociosas y mano de obra desocupada.

 

¿Nadie recuerda en la nomenklatura el “Cordón de La Habana” y la siembra de café “Caturra” bajo el sol? ¿Ni aquel 31 de diciembre, cuando se “celebró” el fin de año en el campo, llenando bolsitas con posturas de café para su siembra en los alrededores de La Habana? ¿Ni los cruce de Cebú con Holstein para crear los F-1 que serían en 22 años la raza “Caribe”, obra del Comandante, con la resistencia del Cebú y la producción lechera de las Holstein? Ni las vacas enanas?¿Ni los pastos contra los piensos, cuando Cuba pretendía producir “más leche por caballería, no por vaca” que Estados Unidos?

 

¿Nadie recuerda las cortinas rompe-vientos? ¿Las escuelas en el campo? ¿Ni los planes de “malanga isleña japonesa” en los setenta o los del plátano “micro-jet” en los ochenta-noventa?

 

¿Ni cuando el Comandante prometió los diez millones de toneladas de azúcar en la zafra  de 1970? “Ni una libra menos”, “Los diez Millones van”, y “…de que van, van” no fueron consignas de la “mafia de Miami”, sino del régimen.

 

¿Es que la culpa de todo es del período especial y la “traición” de Gorbachov, unidas ambas cosas al “bloqueo”? ¿No tienen nada que ver con los problemas actuales la “ofensiva revolucionaria”, los “planes especiales” ni el “proceso de rectificación de errores y tendencias negativas”?

 

¿Nadie en la nomenklatura, ni los intelectuales orgánicos ni los académicos en Cuba recuerda cuando se desapareció el ineficiente Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) para crear el aún peor “Puesto de Mando de la Agricultura”? ¿O cuando el equivalente al ministerio de agricultura fue trasladado de Ciudad de La Habana a la localidad de Menocal, en el campo habanero, “para estar más cerca de la realidad”? ¿Ni cuando el Comandante declaraba que la capital del país debería estar en Guáimaro y no en La Habana, para que el gobierno pensara con mentalidad agropecuaria?

 

Los problemas de la zafra azucarera no son diferentes. Se habla de tierra, mecanización, sequía, transporte, combustible e tutti quanti para justificar el fracaso: los abominables capitalistas cubanos lograron en 1951-52 una zafra de 7.2 millones de toneladas de azúcar entre enero y abril, sin escándalo ni Mesa Redonda. El régimen solo superó esas cifras en contadísimas ocasiones, moliendo durante siete u ocho meses, con costos gigantescos, y movilizando medio país para la zafra, fuerzas armadas incluidas.

 

De 156 centrales azucareros quedan moliendo actualmente unos 61, las cifras exactas en este tema tienen que ver con mística y esoterismo. Desde 1980 se pasaron las tierras cañeras a los centrales azucareros, creándose de manera impensada y forzada los así  llamados “complejos agroindustriales azucareros”, entonces muy alabados por el régimen, con el supuesto de buscar más eficiencia.

 

Pero los avances productivos fueron limitados, a pesar de los enormes recursos de que dispusieron, y en realidad solo lograron marabú, ineficiencia, elevación de costos y despilfarro de esfuerzos y fuerza de trabajo.

 

La agricultura y la industria azucarera cubana, sumidas en la bancarrota en lo más profundo del abismo, son el resultado de la “lucidez” y la “visión” del Agricultor en Jefe, quien ahora pretende culpar a la naturaleza, la tecnología, la globalización y los precios internacionales de tal desastre.

 

Y como sigue viviendo en 1950, y él no puede hacer nada para cambiar ni la naturaleza, ni la tecnología, ni la globalización ni los precios internacionales, entonces llega al más profundo de los resultados, fruto de la sabiduría del sovjós estalinista después de la colectivización forzada: “nuestras tierras no son aptas”.

 

Y al calor de ese profundísimo criterio hacen coro y eco generales y doctores: nuestras tierras no son aptas… no son aptas… la solución a los problemas no está a la vuelta de la esquina… a la vuelta de la esquina…

 

Así repite Raúl Castro, Sucesor en Jefe, Carlos Lage, el del ahorro “post-dólar”, Felipe Pérez Roque, vendedor ambulante de soberanía, José Luis Rodríguez, ministro de Economía Virtual, la inteligentsia que tanto gusta de responder entrevistas (bajo control, por supuesto) y casi todos los demás que siguen pensando que tienen algo que perder después de haberlo perdido todo.

 

Y ante cualquier propuesta de cambio recomiendan paciencia. De los chinos dicen que no les gusta “el modelo”, pero sí la paciencia… de los demás. Porque todos son, o dicen ser, antes que todo, guardianes de los textos sagrados del socialismo, aunque de tales textos se pueda decir hoy, utilizando la frase del mismísimo Karl Marx, que están sometidos hace tiempo “a la crítica demoledora de los roedores”.

 

No es, después de todo, tan complejo el problema inmediato de la agricultura para resolver necesidades básicas de alimentación. No es cuestión ni siquiera de darles más tierras a los campesinos.

 

Basta con eliminar los mecanismos restrictivos feudales que rigen el acopio y la venta obligatoria de productos al estado, a precios que el estado establece arbitrariamente so pretexto de subsidiar a la población, y dejar funcionar libremente los mecanismos de oferta y demanda en la producción agropecuaria cubana, y los resultados se comenzarán a ver en pocas semanas. Mucho más rápido que con un “modelo chino” o el socialismo para-yugoslavo que ahora se menciona como “autogestión”.

 

Los campesinos ganarían más, ciertamente. Y la abundancia de la oferta haría bajar los precios, de manera más efectiva y permanente que cuando el Comandante Ramiro Valdés “visitaba” los mercados libres campesinos para confiscar productos y regular los precios, como preludio para clausurar tales mercados. Por lo que, al bajar los precios, los consumidores no campesinos verían aumentar el poder adquisitivo de sus salarios, sin necesidad de reforma de salarios ni inflación, y podrían consumir más. ¡Elemental, Watson!

 

No podrán decir que esto va contra las ideas de Marx o de Martí, del que celebran su aniversario culpándolo del desastre nacional como “autor intelectual” del totalitarismo. Ni contra el socialismo o el bienestar de los trabajadores, sino todo lo contrario.

 

No lo inventaron en Miami ni los “Chicago Boys”: así funcionó la agricultura entre la llegada de Cristóbal Colón y Diego Velázquez hasta la llegada de Fidel Castro y la reforma agraria. ¿La práctica sigue siendo el criterio de la verdad?

 

Va solamente, eso sí, contra las ideas del Comandante y de Ché Guevara: pero es que, en definitiva, ninguno de los dos demostró nunca saber un ápice de economía, nunca tuvieron experiencia de trabajar por un salario ni demostraron eficiencia en nada de lo que acometieron, y resultaron más utópicos que el Pericles de Alarcón.

 

Uno de ellos falleció hace más de cuarenta años, el otro hace ya dieciocho meses, al menos en cuanto a su capacidad de gestión diaria. ¿Hasta cuando deberán o querrán continuar los sucesores aferrados a ideas anacrónicas, fracasadas y sin futuro, que crean necesidades y privaciones a los cubanos, para complacer el ego, la testarudez y la megalomanía de un solo hombre en Cuba, al que sitúan por encima de la nación y las leyes?

 

Las ideas sobre la democracia serán una utopía al decir de Ricardo Alarcón, pero las de la revolución inmovilista del castrismo son una estafa.

 

Por eso, el 24 de febrero, re-elegirán una vez más al Comandante. Quien después renunciaría o no, a favor del Sucesor: no tiene importancia en estas condiciones.

 

Da igual Juana que su hermana.