Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

 

 

                                Dr. Eugenio Yáñez

                                                                                                                                                            

 

CUENTAPROPISTAS, PEQUEÑAS EMPRESAS Y TONTERÍAS

 

Hace falta una gran imaginación para ver en un afilador de tijeras o una costurera en Cuba los gérmenes de una pequeña empresa cubana o de una economía de mercado, simplemente por el hecho de que esas personas no trabajen como asalariados del Estado totalitario, sino en el sector no estatal, tal como se define en la economía clásica y la académica.

 

Porque aun siendo informados por la siempre muy dudosa estadística oficial cubana como formando parte del sector “no estatal”, no son realmente productores “privados”, ni podrán serlo mientras se mantengan en el país una serie de mecanismos jurídicos y un gran número de arbitrariedades que convierten en más que precaria la dura vida de esos cuentapropistas que parte de la prensa europea, los liberales norteamericanos y muchos despistados intelectuales de izquierda latinoamericanos imaginan como los futuros Ford, Rockefeller, Vanderbilt, Mellon y Morgan de Cuba.

 

Tras el bochornoso “Pronunciamiento” de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), donde los supuestos representantes de los trabajadores se muestran como los fieles representantes del régimen contra los trabajadores, justificando el despido masivo más grande de la historia del país sin mínimas garantías de asistencia, un gran número de así llamados expertos quiso ver en el anuncio luces de apertura económica, al referirse el documento a que buena parte de los cesanteados en el “reducción de plantillas”, bello eufemismo, se integrarían al sector no estatal.

 

Diversos grupos de izquierda en todo el mundo han criticado la vileza de la central sindical cubana. ¿Y mientras tanto, qué esperaban los soñadores? ¿Qué la CTC declarara que el régimen no tiene nada que ofrecer al medio millón de ya casi cesantes, más allá de trabajos muy mal pagados en la construcción y en la agricultura? ¿Y que ni siquiera en esas condiciones el régimen puede garantizar que esos sectores de la economía funcionen eficientemente, sin descontrol, robos, negligencia y corrupción?

 

Cuando el paternalista gobierno totalitario, que se considera con absolutos derechos de vida y muerte sobre la población, señala que los despedidos podrán ir al sector no estatal (y obsérvese que el régimen nunca dice sector privado), no está señalando opciones de economía de mercado para todos esos cesanteados, sino simplemente desentendiéndose de tan escabroso asunto y dejando a su suerte a los trabajadores.

 

Desconociendo la realidad cubana, mucha prensa, demasiada, ha querido ver en esto un inicio de un proceso conducente a una apertura económica. Desconociendo, de paso, el verdadero funcionamiento de cualquier economía, identifican la existencia de propiedad privada en abstracto como “capitalismo”.

 

¿En que piensan los trasnochados? ¿En pequeños negocios? ¿En pequeñas y medianas empresas (PYMES)? Harían bien en ubicarse: en Estados Unidos un pequeño negocio (small business) puede facturar hasta 25 millones de dólares anuales y contratar hasta 500 empleados. En otros países desarrollados las cifras son más limitadas, aunque siempre colosalmente superiores a lo que significa un cuentapropista cubano, con menos facilidades que las que tiene un mexicano en su tianguis.

 

En Estados Unidos los small business son la columna vertebral de la economía porque constituyen más del 98% de los 25 millones de negocios que existen en el país. Desde 1953 fue creada la Small Business Administration para apoyarlos, y en estos mismos instantes está en proceso de aprobación un proyecto de apoyo a esos pequeños negocios por un monto total de 30,000 millones de dólares. No es ese el caso de Cuba, en ningún sentido, y no pretendiendo comparar, naturalmente, los volúmenes de dinero.

 

En Cuba, en tiempos del castrismo, ha habido campesinos privados desde 1959. Son trabajadores privados porque el Estado no es oficialmente dueño ni de la tierra ni de sus recursos. Sin embargo, ese mismo Estado establece precios arbitrariamente, constriñe la comercialización como desea, compra la parte del león de las cosechas a precios ridículos, asigna recursos y maquinaria a su indiscutida y única voluntad, establece innumerables prohibiciones y regulaciones con criterios arbitrarios, y reprime sin misericordia cuando lo considera necesario.

 

¿Han sido esos campesinos cubanos durante más de medio siglo bajo la cruel férula del régimen algún tipo de germen de un supuesto capitalismo cubano en la agricultura? Con esa experiencia acumulada por la nomenklatura, ¿es de esperar diferencias significativas en lo que se está gestando en estos momentos con la complicidad y apoyo de los sindicatos del régimen, los únicos permitidos?

 

En Uganda, Papua-Nueva Guinea, o Haití, también hay propiedad privada, y existe desde hace muchísimos años, pero están muy lejos de ser sociedades capitalistas, al menos en el sentido moderno de este término, que actualmente hay que vincular con la globalización, el Estado de Derecho, un poder judicial verdaderamente independiente y honesto, códigos laborales y de comercio, contratos mercantiles, mecanismos impositivos claros y precisos, responsabilidad para evitar la contaminación ambiental, absoluta transparencia y muchos factores más.

 

De estas condiciones mínimas mencionadas en el párrafo anterior, ¿cuáles se dan en Cuba en estos momentos o pueden darse en un futuro relativamente inmediato? Ninguna.

 

En Cuba no se perfila con las medidas que se avecinan con la ampliación del llamado sector no estatal ni siquiera un capitalismo tipo China o Vietnam de nuestros días; ni en el aspecto represivo se parecerá, porque al poder ofrecer solo circo, sin pan de ningún tipo, y mucho menos esperanzas realistas, el régimen se verá obligado a endurecer el control sobre la población, tratando de impedir que los que puedan prosperar al mínimo en las condiciones de cuentapropista se vayan a convertir en una opción político-social frente al estatismo descontrolado e ineficiente.

 

Chinos y vietnamitas comenzaron sus reformas económicas convencidos de que podrían dar resultados sin que tuviera que peligrar el poder absoluto del Partido Comunista, y lo intentaron cuando los patriarcas revolucionarios, Mao Tse Tung y Ho Chi Minh en cada caso, habían fallecido y estaban plasmados en mausoleos.

 

La gerontocracia cubana, por el contrario, teme con pánico que el poder político vaya a estar en peligro, porque ese poder se ha basado durante más de medio siglo, y sobre todo desde el llamado período especial, en someter a la población a las más difíciles y duras condiciones de vida y limitaciones personales para poder coartar cualquier tipo de aspiraciones contestatarias o políticas que resultarían contraproducentes.

 

Ese más de un millón de trabajadores estatales que ahora se declara sobrante (aunque siempre lo ha sido), y a pesar del absoluto desorden de la economía cubana, está sin embargo bajo un férreo control del partido y el sindicato oficialista, además del que se ejerce por parte del compañero del aparato que está a cargo de proteger cada centro laboral. Si parte de ese más de un millón de personas fueran cuentapropistas, ¿cómo organizaría el régimen el núcleo del partido y el sindicato para estas personas? La seguridad tendría que pasar al control territorial sobre esos cuentapropistas, en vez de por centros de trabajo, como ha hecho hasta ahora cuando son empleados.

 

Por otra parte, los generales de la camarilla del poder no están convencidos de que el trabajo por cuenta propia pueda ser más efectivo que el estatal: lo han considerado siempre como “chinchaleo” o “meroliqueo”. Lo están aceptando a regañadientes ahora porque no les queda otra opción. Y si han permitido que se cree un estado de opinión relativo al bochornoso desastre de la así llamada ofensiva revolucionaria de Fidel Castro en 1968, es simplemente mucho más por oportunismo para poder actuar en estos momentos que por convicción.

 

Porque la camarilla en el poder, en el fondo de sus corazones, sigue compartiendo los criterios que aplaudieron a rabiar el 13 de marzo de 1968, cuando el Comandante en Jefe declaró en la escalinata de la Universidad de La Habana:

 

¡Señores, no se hizo una revolución aquí para establecer el derecho al comercio!  Esa revolución ya la hicieron en 1789, fue la época de la revolución burguesa —el que más y el que menos leyó algo de eso—, fue la revolución de los comerciantes, de los burgueses.  ¿Cuándo acabarán de entender que esta es la Revolución de los socialistas, que esta es la Revolución de los comunistas? ¿Cuándo acabarán de entender que nadie derramó aquí su sangre luchando contra la tiranía, contra mercenarios, contra bandidos, para establecer el derecho a que nadie ganara, vendiendo ron, 200 pesos, o 50 pesos vendiendo huevos fritos o tortillas, mientras las muchachas que trabajan en esos lugares ganan el modesto salario, el modesto ingreso, que le permite hoy la economía de nuestro país y el desarrollo de nuestra economía?  ¿Quién ha dicho eso?

 

Y de nada valen advertencias, y de nada vale esa realidad.  Están apurando la última gotica.  Mientras subsista el privilegio, aferrados al privilegio hasta el último día, y el último día está próximo, ¡el último día está próximo!  De manera clara y terminante debemos decir que nos proponemos eliminar toda manifestación de comercio privado, de manera clara y terminante.  A quien pueda trabajar le daremos trabajo y a quien no pueda trabajar le daremos lo que necesite, porque aquí no se le niega a nadie el sustento.  ¡A cuántas decenas de miles de personas la Revolución, cuantas veces se nos solicita, las ha ayudado, y las ayuda no como una concesión sino como un deber de la Revolución!  Se ha planteado que hoy nadie tiene razón para estar desamparado, ¡nadie! Todo el mundo tiene derecho a que se le ayude, se le dé un trabajo y si no le podemos dar un trabajo, le damos una ayuda al que no le podemos dar un trabajo.  Esperamos ir encontrando cada vez más trabajo para todo el mundo, el trabajo es lo que a la larga se sobrará y solo con trabajo ganaremos la batalla del subdesarrollo. [El subrayado es nuestro]

 

Y añádase a eso que el patriarca acaba de resucitar y que, de no llegar el invierno nuclear o el fin de la humanidad por el calentamiento global que temerariamente pronostica, va a mantener más vigilancia y control sobre la gerontocracia en el gobierno que el que le ha dado ahora por mantener sobre los delfines del acuario.

 

¿Qué puede hacer creer a alguien que ya la camarilla de la gerontocracia ya no piensa de esta manera o que podría pretender actuar de forma diferente? ¿Quién puede imaginarse a Raúl Castro, Ramiro Valdés o el gris Machado Ventura proponiendo crear un fondo estatal de fomento para otorgar créditos, asesoría y ayuda a los trabajadores por cuenta propia?

 

Lo que se perfila no debería sorprender a nadie con un mínimo conocimiento de la realidad cubana.

 

Antes de conocerse muchos más detalles, ya parece claro que cada cuentapropista deberá pagar 25% de impuestos por la seguridad social, y entre un 10 y un 40% por impuestos sobre los ingresos obtenidos. Lo que significa que, en el mejor de los casos, el cuentapropista deberá pagar un 35% de impuestos totales, y en el peor, un 65%.

 

Es decir, entre una y dos terceras partes de sus ingresos totales deberán terminar en las arcas del Estado parasitario. A ello hay que sumar el arbitrario precio que establece el gobierno para licencias y permisos, además de las regulaciones arbitrarias.

 

Lo más probable, entonces, y no es un caso único para Cuba, es que la evasión de las obligaciones fiscales será significativa.

 

¿Cuánto pagan en impuestos al Estado las empresas estatales cubanas? La mayoría de ellas, irrentables por naturaleza, nada. Las poquísimas rentables, cantidades infinitamente menores.

 

Porque la filosofía se basa en castigar a los cuentapropistas por el mero hecho de serlo, no en establecer los impuestos con fundamentos económicos. Siempre se estará previniendo la posibilidad del enriquecimiento ilícito de cualquiera que no sea parte de la nefasta camarilla del poder.

 

A ello hay que añadir que quienes contraten fuerza de trabajo –todavía habría que ver en qué condiciones y con cuales regulaciones- deberán descontar y entregar al Estado el 25% de los salarios de sus empleados como contribuciones a la seguridad social. Esto es algo común en muchos países, pero los niveles de contribución se establecen por ley y no solamente por una decisión arbitraria e inconsulta del gobierno. A manera de comparación, sépase que en Cuba antes de la revolución los empleados pagaban el 11.9% de sus ingresos como impuestos, con lo que se cubrían hasta 30 días de vacaciones anuales, hasta 9 días de ausencia por enfermedad, y el derecho de las mujeres a percibir salario por 90 días en los casos de maternidad.

 

A estas normas que serían oficiales hay que añadir otra sangría sobre los cuentapropistas que se llevará a cabo por un corrupto ejército de “inspectores”, que se ensañará sobre los trabajadores por cuenta propia no para defender los intereses de Papá-Estado y mantener la disciplina comercial, sino para llenar sus bolsillos personales de “comisiones”, tajadas y arreglos que funcionan normalmente como alternativa para las abusivas multas que pueden imponer casi sin necesidad de demostrar incumplimientos, y sin que exista institución arbitral alguna que pueda dirimir conflictos de este tipo.

 

Si 250,000 personas más comienzan a funcionar como cuentapropistas en los próximos meses, ¿cuántos nuevos inspectores serán necesarios? ¿quiénes serán y como se seleccionarán esos nuevos inspectores? ¿a cuánto se va a cotizar una plaza de inspector en las nuevas condiciones?

 

Por si fuera poco, está también la policía, que se siente con derecho a la cortesía de recibir gratuitamente un sándwich, jugo o batido de los vendedores de alimentos, o dinero en efectivo de cualquier cuentapropista, como una cuota de protección y no denuncia de cualquier actividad que arbitrariamente el policía pretenda declarar como ilegal.

 

Hablemos claro: los cuentapropistas, de por sí, no nacieron arcángeles: como en todas partes del mundo, incluyendo Estados Unidos, intentarán declarar la menor cantidad de ingresos posible, con vistas a minimizar sus obligaciones impositivas. Por su parte, los gobiernos, en todas partes del mundo, tienen derecho a fiscalizar la contabilidad de tales personas para comprobar que se está realizando la contribución adecuada al fisco. Todo esto es parte de la vida normal de cualquier negocio en el mundo.

 

La diferencia está en las relaciones del gobierno con los productores en cada país. El organismo a cargo de los impuestos en Estados Unidos, el IRS (Internal Revenue Service) parte del principio de que los contribuyentes declaran lo cierto, pero como sabia medida de control cada año audita el 2% de las declaraciones de impuestos, al azar. En otros países hay similares o parecidos mecanismos de comprobación. El Presidente de EEUU, el Rey de España y muchos jefes de Estado en naciones democráticas pagan impuestos, y sus declaraciones impositivas son de conocimiento público. En Estados Unidos todos los contribuyentes tienen derecho a cuestionar las decisiones del IRS, incluyendo acusarlo y discutir los casos en los tribunales.

 

En la Cuba pre-castrista hubo escandalosos casos de evasión fiscal en complicidad con las autoridades encargadas de controlar los pagos de impuestos, generalmente mediante el expediente de compartir con el evasor los “ahorros” generados por el fraude, menos el porcentaje que ambos “beneficiados” pagaban al contador encargado del maquillaje de la contabilidad.

 

No es caso único de Cuba, tampoco. En América Latina, Asia y África estas realidades siguen siendo en nuestros días business as usual. En Estados Unidos también ocurre, pero con menos frecuencia, y cuando se detectan las sanciones son muy severas, incluyendo multas y penas de cárcel. En 1973 el vicepresidente de EEUU, Spiro Agnew, tuvo que renunciar a su cargo cuando se conocieron situaciones de evasión de impuestos siendo gobernador de Maryland.

 

El problema que se avecina, en el caso de Cuba, es la completa y absoluta indefensión del cuentapropista ante los organismos recaudadores y sus funcionarios, y ni soñar con una posibilidad de acudir a los tribunales en casos de desavenencias. La palabra de todos los reguladores estará siempre por encima de las reclamaciones de los afectados, y siempre terminará imponiéndose la arbitrariedad y los deseos del régimen.

 

En otro tema, ¿hay que hablar de la posibilidad de los cuentapropistas de adquirir en un mercado libre nacional –olvídense del internacional- los insumos y equipamiento necesarios para llevar a cabo su producción y servicios? El fantasma de la adquisición ilegal en el mercado negro siempre será la clásica espada de Damocles sobre sus cabezas.

 

Como hoja de parra, el régimen establecerá tiendas para vender a los cuentapropistas insumos y equipos que necesitarían para su actividad. Como en el caso de las tiendas para los campesinos, venderán en moneda dura, estarán desabastecidas, con precios inflados arbitrariamente, productos de baja calidad y pésimo servicio.

 

Como tales instituciones no resolverán los problemas de los cuentapropistas, éstos tendrán que recurrir al mercado negro para mantener sus actividades, por lo que la corrupción, el robo y el desvío de recursos seguirán a la orden del día, no porque los cuentapropistas sean los malos de la película, sino porque Papá-Estado no sabe hacer más nada. A nadie se le ocurriría comprar en el mercado negro, arriesgando multa o cárcel, si pudiera adquirir los productos en el mercado legal a precios razonables.

 

En cuanto a la comercialización de sus productos, las reglas del juego se enfocan hacia el menudeo, o venta minorista en el mejor de los casos, no más allá. La posibilidad de que puedan comercializar sus productos hacia las unidades estatales, más que una buena noticia, es un peligro de que tal comercialización se tendría que realizar en las condiciones leoninas que impondría el gobierno.

 

¿Como se puede aspirar a perspectivas amplias de comercialización en un país donde la movilidad interna de la población está restringida por arbitrarias leyes que permiten hasta la deportación de los cubanos hacia sus provincias de origen si no cuentan con la debida autorización para trasladarse? ¿Con qué transporte se puede aspirar a una comercialización eficiente, en un país que prefiere que los alimentos se pudran antes de permitir a los campesinos llevar sus productos directamente al mercado?

 

Los despistados y los liberales alegarán que también se van a crear cooperativas, donde las cosas no serán igual. Optimistas que son. ¿Estarán pensando en las UBPC (Unidades Básicas de producción Cooperativa) o en cooperativas de verdad?

 

¿O en las peluquerías y barberías puestas recientemente en arriendo? ¿O los taxistas que reciben el taxi en usufructo? Ya se sabe que es un éxito lo de los taxistas, pero si no es el hombre el que muerde al perro no hay noticia: está sucediendo lo que todo el mundo, menos Fidel Castro y los fanáticos de Che Guevara, sabía que sucedería.

 

Las llamadas cooperativas “leninistas” que existieron en la Unión Soviética, el mundo comunista, y Cuba, como todo lo de Lenin, son una farsa. En una cooperativa real los integrantes se incorporan voluntariamente y cada uno aporta determinado capital, sea en forma de dinero o de recursos. Su aporte determina su participación al distribuirse los beneficios, como ganancias de capital, independientemente de si existe o no compensación en dependencia de la cantidad y calidad del trabajo realizado (salario).

 

Como quiera que puedan funcionar esas futuras cooperativas que el régimen organizaría en Cuba, no estarán exentas de la misma infinidad de controles burocráticos, regulaciones, entorpecimientos y arbitrariedades por parte del gobierno que se impondrán a los cuentapropistas por separado. Que piense otra cosa quien no conozca como funcionan estas cosas en Cuba.

 

¿Cuáles son las perspectivas del régimen con este proceso de ampliación del llamado sector no estatal? En términos de macroeconomía y cifras absolutas los resultados no serán significativos en los primeros tiempos, y tal vez poco a poco puedan mostrarse algunas cifras alentadoras, pero que no serán significativas en la economía en su conjunto. Y las cosas se van a complicar mucho más cuando lleguen los segundos y terceros escalones de cesantías, pues no puede olvidarse que la cifra total de trabajadores a despedir supera el millón doscientos mil trabajadores.

 

Más rápidamente percibirá la población una determinada mejoría en la oferta, cuando comiencen a aparecer en las calles infinidad de productos que no estaban disponibles anteriormente, a causa del “bloqueo imperialista”, la “crisis mundial” o “los huracanes”, según se decía, desde sencillos cepillos de dientes y aretes plásticos a herramientas o vestuario, productos alimenticios, artículos para el hogar, servicios de reparaciones, y productos industriales, incluyendo, lamentablemente, cabezas de indios norteamericanos con sus penachos de plumas, peces y elefantes de artesanía, que se sumarían a la actual oferta de productos, legal, semi-legal o ilegal, que ya existe en la economía sumergida del país.

 

El problema inmediato para la población será la subida inmediata de los precios de esos productos, al menos antes que la oferta y la demanda se puedan balancear. No sería nada extraño que la prensa oficial comience a publicar quejas de la población sobre lo abusivo de los precios y absurdas propuestas para establecer topes de precios, solución tan querida por la burocracia comunista aunque nunca haya resuelto nada.

 

Más temprano que tarde se harán evidentes las incongruencias entre el trabajo por cuenta propia y cooperativo y los rígidos controles del régimen, de donde se producirá de seguro un retraimiento inmediato de la actividad cuentapropista y cooperativa afectando a la población, a menos que el régimen, temeroso de las consecuencias políticas y sociales de tal situación, y cuando vea que la crisis económica nacional no muestra evidentes señales de mejoría con sus absurdas actualizaciones del modelo cubano, se decida por seguir ampliando espacios a los productores no estatales y se pueda producir una real apertura en determinados aspectos de la economía.

 

Si así fuera, téngalo en cuenta los ingenuos y los malintencionados, no sería gracias al régimen, sino a pesar del régimen.

 

Los soñadores, los jerarcas socialistas españoles y los cripto-castristas seguirán hablando de signos de apertura y de las reformas de Raúl, pero la nación cubana tiene más perspectivas de progreso y prosperidad en todo lo que puedan aprender y ejecutar los cubanos que no trabajarán para el Papá-Estado totalitario y parásito, que con una supuesta y muy abstracta voluntad de apertura de la gerontocracia, el partido comunista, la vil dirigencia sindical oficialista, y los históricos.