Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

Cuba, Miami y la prensa cubana en LOS tiempos del cólera

 

Así son las cosas. Tanta insistencia del gobierno cubano en la necesidad de aumentar las exportaciones, y tras tantos fracasos resulta que lo que se está exportando últimamente es el cólera, enfermedad que había sido erradicada del país más de un siglo antes.

 

Los destinos de tales “exportaciones”, de acuerdo a lo que se sabe hasta el momento, han sido México, Venezuela y Chile. No hay dudas de su origen porque los casos detectados en esos países se manifestaron en personas procedentes de Cuba, a donde habían viajado por diferentes razones, o en cubanos arribados a esos países.

 

Es evidente que no existió intención alguna de que tal enfermedad traspasase las fronteras nacionales, pero la falta de información concreta y apropiada hacia los cubanos por parte del gobierno -que continúa con sus legendarios eufemismos, y habla de enfermedades de origen gastrointestinal, negándose de lleno a mencionar la palabra “cólera” o a reconocer públicamente su existencia extendida en el país-, la carencia de condiciones sanitarias adecuadas en muchas localidades del interior del país y hasta en la misma ciudad de La Habana, los continuos fallos de los sistemas de acueductos y alcantarillados y de recogida de basura, así como la ausencia de mecanismos apropiados de control y protección epidemiológica en los aeropuertos y puntos de salida del país, son problemas que vienen a facilitar la propagación internacional de la enfermedad, o al menos que no dificultan el control de ese proceso con la intensidad recomendable para situaciones de este tipo.

 

¿De qué habla la prensa en Cuba y en Miami?

 

Mientras esto sucede, un vistazo a la prensa oficialista cubana parece referirse a noticias de planetas lejanos: actos en La Habana para la celebración de los doscientos años de la entrada del Libertador Simón Bolívar en Caracas; declaraciones de grises personajes en Europa, Canadá o América Latina a favor de la liberación de los cuatro espías de la Red Avispa que quedan en las cárceles norteamericanas (aunque les siguen llamando “los cinco” por aquello del eterno divorcio de la propaganda del régimen con la realidad); las “hazañas” del traidor Edward Snowden en Moscú y las payasadas de Julian Assange en su cueva de la embajada ecuatoriana en Londres; el trigésimo aniversario de una batalla en Angola de la que parece que se recuerdan mucho más los cubanos que los angolanos; la “alegría” de la población por un próximo congreso de los CDR; o la celebración del Día Internacional de los Pueblos Indígenas por parte de los cubanos, que de indígenas no tienen nada.

 

Del otro lado, por aquello de que somos un solo pueblo a ambos lados del Estrecho de La Florida, la prensa escrita del área de Miami en estos días, con dos alcaldes acusados y detenidos por el Buró Federal de Investigaciones bajo diversos cargos, entre ellos los de corrupción y aceptar sobornos, no parece demasiado interesada en enfocarse en verdaderos asuntos de peso en la temática cubana. Además de que continuamente sigue confundiendo a Cuba como nación con la dictadura que se ciñe sobre ella por más de medio siglo, lo que también es común entre corresponsales extranjeros acreditados en la Isla, así como de buena parte de la prensa escrita, radial, televisiva y digital de Estados Unidos, tanto en español como en inglés.

 

De las definiciones y caracterizaciones anteriores no escapa tampoco la prensa digital, tanto la oficialista cubana como la “del exilio”. En este soporte tecnológico, donde se puede disfrutar del don de la ubicuidad y no se hace imprescindible identificarse ni tener que dar la cara como en televisión, o mostrarse públicamente en radio o en la prensa escrita, y donde a menudo se recurre al anónimo y se violan las más elementales normas de ética profesional y de decencia, se plagia, se reproducen materiales sin citar fuentes, se difama sin misericordia, se publica continuamente información sin confirmar, se inventan supuestas noticias, o se miente escandalosamente y sin pudor alguno, en aras de alcanzar determinada cantidad de hits o de asesinar la reputación de cualquier enemigo (entre los cubanos, de ambos lados, no parece aceptarse el concepto de adversario, y todo el que no piense igual a uno no puede ser más que un enemigo). Y no está de más repetir una vez más que estas lamentables características se dan en la prensa y publicaciones digitales originadas, al menos desde el punto de vista de las posiciones ideológicas, a ambos lados del estrecho de La Florida. No en todas las publicaciones, naturalmente, pero en no pocas de ellas.

 

¿De qué habla por estos días la prensa en Miami? De un conjunto de cubanos detenidos en Bahamas entre maltratos y abusos del gobierno de ese país, y las sonadas protestas de la comunidad cubana en el sur de La Florida, para lo que noticias de última hora parecen indicar que se encontrará una solución decorosa gracias a la ayuda del gobierno panameño. De las visitas a Miami de disidentes que han podido salir de Cuba a partir de las modificaciones a las regulaciones migratorias de la tiranía, y de los grupos del exilio que apoyan a unos o a otros. Del armamento azucarado y no declarado encontrado en el desvencijado buque norcoreano Chong Chon Gang, retenido en Panamá (lo que llevó a algunas luminarias del disparate a comparar la situación con la Crisis de los Misiles nucleares de 1962, por aquello de que había un par de vetustos misiles antiaéreos en el cargamento de armas procedente de Cuba).

 

También de la batahola provocada por las nuevas declaraciones, que desmienten otras suyas anteriores, del joven ¿político? español Ángel Carromero sobre el accidente del año pasado en que perdieron la vida dos opositores cubanos que viajaban en auto con un sueco amnésico y con él, Oswaldo Payá y Harold Cepero. De los merecidos homenajes reconociendo la vida y la obra del recientemente fallecido maestro del arte, del humor y de la cubanía, Guillermo Álvarez Guedes. Y de un supuesto proyecto de colaboración entre una institución universitaria radicada en Miami para llevar a cabo investigaciones coordinadas con universidades cubanas en la Isla para proyectar conjuntamente nada menos que ¡la transición a la democracia y el post-castrismo en Cuba!

 

Después de tocar todos esos temas, esa prensa que leen los cubanos en el sur de La Florida habla por estos días, como uno de sus temas centrales, de la polémica alrededor de la celebración en Miami y Tampa de los cincuenta años de la fundación en Cuba del equipo cubano de béisbol “Industriales”.

 

Con motivo de ese aniversario, en Tampa se van a efectuar dos juegos entre exjugadores del equipo que residen en la Isla y Estados Unidos. Sin embargo, parece casi imposible que eso mismo pueda suceder en Miami: nada de partidos amistosos entre veteranos peloteros de ese equipo que vivan allá y aquí, y todo indica que la celebración prevista para esta ciudad podría reducirse quizás a un encuentro entre esos veteranos de ambos lados, pero sin jugar pelota. Aunque todavía queda una muy remota posibilidad de que se puedan celebrar uno o dos juegos en lugares más apartados y menos protagónicos de la llamada “capital del sol” -casi en la manigua- tratando que de esa manera los “duros” de Miami no se sientan tan mal con eventos de esa naturaleza.

 

Además, en los últimos días han sido noticia también en esa prensa para los cubanos de por acá (y de muchos otros lugares de Estados Unidos y de todo el mundo, gracias a las ediciones digitales de esa prensa) la permanencia y el uso de la patineta en Cuba y en la cultura popular cubana, así como los muertos e intoxicaciones que se produjeron entre la población de la capital por beber metanol (alcohol de madera) que había sido robado de un laboratorio.

 

Afortunadamente, también se han publicado en estos días dos interesantes artículos, uno sobre el barrio chino de La Habana, y otro sobre los lectores de tabaquería en Cuba, que si bien no puede considerarse que se refieran a temas de actualidad, resultan mucho más atractivos y animados que la infinidad de lugares comunes y aburridas reiteraciones que tanto abundan en esa prensa que combate diariamente a la dictadura castrista en frentes de batalla de la Calle Ocho y de Hialeah.

 

Como contraparte a lo que ocurre en Miami, en el campo de la intrascendencia noticiosa, en La Habana se publican historias sobre el cabaret Sans Souci, que resulta información novedosa para la enorme mayoría de la población de la Isla, que ni siquiera sabía de la existencia en su momento de tan famoso centro nocturno habanero, capaz de competir con Tropicana durante los años cincuenta del siglo pasado, mucho antes que llegara Fidel Castro al poder y toda la fabulosa y cosmopolita vida nocturna de La Habana se redujera a las guardias de los milicianos y de los CDR.

 

Parece que la prensa de la Cuba de este lado, que es la misma Cuba con casi los mismos cubanos en ambas partes, unidos y a la vez separados solamente por el Estrecho de La Florida, padece de los mismos males que la de la Isla, o al menos de algunos de los más graves y significativos de ellos, sin importar que de este lado existan libertad de prensa, pensamiento y expresión, y del otro todo lo contrario, de manera que lo publicado o divulgado de cualquier manera desde Cuba, tanto desde La Habana como desde cualquier otro lugar del país, siempre tenga que comenzar y terminar absoluta, total y férreamente controlado desde el lúgubre y tenebroso departamento ideológico del partido comunista.

 

No se trata de limitaciones periodísticas de la prensa de por acá, sino de la tremendísima carga ideológica que, quiérase o no, lastra el trabajo informativo cuando se refiere al tema cubano, que pretende enfrentar las permanentes ofensivas propagandísticas de La Habana con similares campañas a la inversa, que a la larga no benefician a nadie y, por lo tanto, solamente a los enemigos de la libertad y de la libre información.

 

Reiteraciones por convicción ideológica y sin necesidad de análisis, y mucho menos de evidencias y demostraciones, sobran en ambas prensas: en la oficialista de Cuba todo son maravillas en el país, problemas en todos los demás países -menos en los de los gobiernos aliados- y el futuro es más luminoso que nunca. Mientras tanto, desde la percepción de Miami todo son desastres en Cuba, el futuro es más sombrío que nunca, y el exilio se mantiene tan fuerte y unido como el primer día, aunque no esté muy claro cuál fue ni cómo fue ese primer día.

 

En ambos casos no existen puntos de vista intermedios o que al menos sean balanceados, no existen tonos grises para nada: todo es perfecto y estable de un lado, y del otro todo es un desastre en equilibrio inestable que solo subsiste de milagro.

 

Sin embargo, y es lo más patético del caso, ese discurso extremo y absurdo, que a fin de cuentas resulta muy poco serio y nada profesional, es el mismo de ambos lados. Basta sustituir donde dice ellos por nosotros, o donde dice nosotros por ellos, y prácticamente el mensaje es el mismo una vez que se desprende la hojarasca: ¡que buenos somos nosotros y que malos son ellos!

 

Necesidad de enfoques analíticos

 

Aparentemente, la mayor debilidad de esa prensa, a ambos lados de este mare nostrum, que a la vez une y divide a Cuba y Miami, es la escasez, y a veces la carencia absoluta, de enfoques analíticos serios de la realidad cubana, así como de propuestas o sugerencias específicas para modificar esa realidad en un sentido o en otro.

 

A manera de comparación, léase detenidamente el documento (en inglés) publicado por The Economist de Inglaterra, “Money starts to talk” (El dinero comienza a hablar) que se reproduce en esta misma sección de El Think-Tank. Además de su profundo contenido analítico y sus conclusiones de gran interés, la revista inglesa aclara, en consonancia con su legendario rigor periodístico y profesional, que las anteriores informaciones que identificaban al vicepresidente del gobierno cubano Marino Murillo como coronel de las fuerzas armadas eran erróneas, ya que realmente este señor era un profesor universitario.

 

Lo que indica, aunque no lo digan ahora los ingleses, que Raúl Castro repitió con Marino Murillo lo que ya había intentado antes con otro profesor, aquel de la Escuela del Partido, Humberto Pérez González, en los años setenta del siglo pasado, para establecer reformas económicas e implantar el Sistema de Dirección y Planificación de la Economía (SDPE) aprobado por el primer congreso del partido comunista cubano a finales de 1975.

 

Aquel intento de Raúl Castro entonces estuvo limitado por los poderes absolutos de Fidel Castro y la resistencia que a toda hora manifestaba contra cualquier intento de reformas. Acciones por parte del Comandante que finalmente “tronaron” en aquel 1986 a Humberto Pérez y a todos los que fueron etiquetados de “tecnócratas”, y cercenaron bruscamente todos los proyectos de regenerar la economía cubana, gracias al “proceso de rectificación de errores y tendencias negativas” promovido por Fidel Castro como su mejor y más eficaz antídoto contra la “perestroika” de Gorbachev que se atisbaba, y cuyo logro supremo fue ese “período especial” que aun no ha terminado para los cubanos de a pie, solamente comparable en toda la historia de Cuba con la “Reconcentración” del genocida Capitán General español Valeriano Weyler contra los mambises y contra todos los cubanos durante la Guerra de Independencia de 1895-98. La diferencia es que Weyler era un militar español que luchaba por su país, y Fidel Castro un cubano al que solamente le interesaba mantenerse en el poder. 

 

No se trata de que todo lo que plantee la prestigiosa revista inglesa en ese documento tengamos que aceptarlo como catecismo inapelable, pues ese no es el caso. Pero lo que resulta verdaderamente interesante es la manera de enfocar los temas que se analizan, y las conclusiones en las que se mueve la publicación, en un estilo diametralmente opuesto al de tantas publicaciones de los cubanos, allá o aquí.

 

Esos análisis y conclusiones que presenta The Economist resultan mucho más útiles y prácticos para la interpretación de las realidades de nuestro país que todo lo que aporte un mediocre miembro del buró político del partido comunista en Cuba alabando en cualquier momento o en cualquier lugar la esotérica, absurda y confusa “actualización del modelo” cubano supuestamente socialista.

 

Sin embargo, tampoco hay demasiada diferencia ni creatividad cuando se escucha a un congresista cubano-americano, a un “líder” del exilio, o un político local, pidiéndole al gobierno de Obama que corte las remesas y los viajes a Cuba cada vez que en La Habana sucede algo o se declara algo que no sea del agrado de las comunidades cubanas en Miami o New Jersey (aun cuando esta última comunidad decrece significativamente año tras año, por imperativos de la biología y muchos traslados y movimientos de cubanos hacia el sur de La Florida).

 

Además, se sabe perfectamente que todo lo que se diga en La Habana o lleve a cabo el gobierno cubano no será nunca del agrado de esas dos comunidades, al menos mientras el castrismo puro y duro, o la variante del neocastrismo, se mantenga en el poder, como hasta ahora. Por consiguiente, esos pedidos al presidente Obama han sido, son y serán casi permanentes y constantes.

 

Disparos contra los mensajeros

 

Cuesta trabajo encontrar, cuando se encuentran, análisis realmente serios sobre la marcha del proceso de reformas económicas, o actualización, según el lenguaje del régimen, del supuesto modelo cubano, que de lo que menos tiene es de modelo, pues resulta una suma constante y permanente de improvisaciones, prejuicios, lugares comunes, temores y tibias curitas de mercurocromo para tratar de mantener con vida un cadáver que ya lo es desde hace mucho tiempo, y que se llama revolución socialista cubana de los humildes, por los humildes y para los humildes. Ese lenguaje de guerra fría que se utilizó entonces en 1961 no funciona de ninguna manera en este globalizado siglo 21, cuando se cae a pedazos hasta la histórica esquina habanera donde se proclamó aquel supuesto y falso socialismo cubano.

 

Sin embargo, las pocas veces que aparece algún trabajo serio sobre Cuba en la prensa, generado desde el interior de la Isla, como en el caso de entrevistas o estudios publicados por economistas cubanos con un alto nivel profesional y práctico, pero que tienen que ser muy cuidadosos al analizar y criticar la realidad del país, así como cuidar en extremo sus propias expresiones, por razones elementales de supervivencia, muchas veces reciben de este lado del Estrecho subestimación, desprecio o burla, aun sin ni siquiera conocer los contenidos de esos trabajos o de esas entrevistas. Y los sesudos de turno -y hasta los permanentes, porque hay de todo- se refieren peyorativamente a esa obra y sus autores porque, según los puntos de vista de los exponentes desde este lado, los del lado de allá no acaban de ser todo lo “duros” contra la tiranía que deberían ser.

 

Todos sabemos perfectamente lo fácil, motivante y glorioso que resulta poder ser, más que duros, durísimos contra la dictadura de los hermanos Castro en Cuba desde Miami, sobre todo si se combate desde el “Versalles” o “La Carreta”, entre pastelitos de guayaba, croquetas y café cubano.

 

Por acá no sucede de manera muy diferente con lo que ocurre aquí de este lado, como cuando recientemente se celebró en Miami el evento anual de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana (ASCE por sus siglas en inglés). Y debe tenerse en cuenta que si las informaciones brindadas por la prensa sobre esa reunión no fueron tan analíticas y profundas como hubieran debido y podido ser si se hubiera trabajado el periodismo en serio, hay criterios que podríamos llamar colaterales alrededor de esa actividad que resultan aun mucho menos esperanzadores.

 

Basta con revisar los muchos comentarios on-line de quienes opinan festinadamente en la prensa digital sobre tales estudios y eventos, en ocasiones sin saber ni siquiera sobre lo que están comentando, para poder darnos cuenta de cómo la intolerancia, la indigencia intelectual, la estulticia y la más absoluta ignorancia, expresadas en lenguaje más propio de presidiarios, de piratas al momento del abordaje, o del “hombre nuevo”, echan al piso una oportunidad de conocer e intercambiar criterios sobre temas importantes que tienen que ver, para bien o para mal, con el futuro de nuestro país, mucho más allá de los corrillos académicos, científicos, o de algunas reuniones de diletantes que, aunque no se conozcan demasiado por el gran público, se realizan continuamente en el sur de la Florida y otros lugares de Estados Unidos y otros países, que contribuyen de manera significativa a mantener y fortalecer algunos soplos de cordura y esperanza frente a los vociferantes y las aplanadoras libertarias de la Calle Ocho y de tanta prensa mediocre, escrita y digital, o de radio y televisión en español.

 

Sin embargo, en eso no tenemos en Estados Unidos el monopolio ni mucho menos. Hay que ver los comentarios -dentro de las limitaciones y censuras que se imponen a quienes desean hacerlo en la prensa oficial de la Isla- que se expresan casi exactamente de formas similares, pero a la inversa de los de aquí. Mientras desde aquí se insulta a las personas llamándoles comunistas, tontos útiles o agentes del castrismo, a quienes critican aunque sea levemente algunas políticas y resultados desastrosos de las decisiones y acciones del régimen, se les insulta como gusanos, sabelotodos, o agentes del imperialismo. Porque en Cuba también existen “duros” por cuenta propia y que realizan su trabajo voluntario, además de los duros oficiales que cobran por eso y viven de eso, tanto en la Plaza de la Revolución como en el “protestódromo” habanero.

 

También sobre Venezuela

 

Sin embargo, no solamente en el tema de Cuba se produce este fenómeno que ha sido referido en este trabajo, tanto en Cuba como en Miami. Ese enfrentamiento absurdo e insensato de posiciones se repite también cuando se aborda el tema de Venezuela. La prensa oficialista en Cuba solamente habla de la grandeza (casi mística y divinizada) del Mesías Hugo Chávez, las maravillas del chavismo, las culpas del imperialismo en las dificultades por las que transita Venezuela en estos momentos, el extraordinario apoyo y cariño de la población hacia los cubanos en aquel país, y el contundente y permanente apoyo de todos los venezolanos a Nicolás Maduro y a su gobierno.

 

Desde Miami sucede todo lo contrario: se destacan permanentemente todos los aspectos negativos del gobierno del diablo Hugo Chávez y el chavismo, la profunda crisis económica en que está sumido el país, la inflación galopante y la escasez, se repite como un mantra que las últimas elecciones presidenciales fueron fraudulentas (algo que aunque muchos lo consideren no se ha podido demostrar con evidencias más allá de convicciones morales). Y que el autobusero Maduro y sus cómplices no son más que una pandilla de ineptos y corruptos que no merecen gobernar, mientras que Henrique Capriles encarna el non plus ultra de la grandeza política y la sabiduría contestataria, aunque no haya podido lograr demasiado frente a la maquinaria chavista apoyada por La Habana.

 

Si un extraterrestre tuviera acceso a la prensa escrita, radial, televisiva y digital, tanto de Cuba como de Miami, le costaría mucho trabajo tratar de definir la realidad sobre Cuba y Venezuela a partir de lo que pueda leer, escuchar o ver en la televisión. Podría pensar que se trata de lugares diferentes con nombres que suenan parecidos, o que el idioma español no establece sutiles diferencias para distinguir algunos conceptos que resultan confusos, porque debería ser imposible que se puedan elaborar dos enfoques tan diferentes sobre los mismos temas, sobre todo cuando no se presentan al mismo tiempo análisis sólidos y contundentes, o las demostraciones y evidencias requeridos para dar sentido a lo que se expresa a favor o en contra de una posición o de la otra.

 

Todo esto que se ha mencionado anteriormente no agota de ninguna manera el universo de la información de que se puede disponer a ambos lados del estrecho de La Florida, que si este mundo fuera realmente justo debería ser rebautizado como el Mar o el Estrecho de los Balseros Cubanos, después de más de medio siglo de castrismo en todas sus variantes.

 

La prensa independiente dentro de Cuba

 

Sin embargo, queda otra prensa, fundamentalmente digital, que nace dentro de Cuba: la prensa independiente.

 

Reúne a un valioso conjunto de cubanos de ambos sexos que durante muchísimos años ha luchado contra viento y marea para poder informar y expresar sus opiniones libremente. Constituyen la cara verdaderamente libre y democrática del periodismo alternativo dentro de Cuba, no tienen que someterse a la dictadura partidista para expresar sus criterios, y muchos han recibido golpizas, represión, desprecio, y hasta muchos años de cárcel, por ejercer su vocación en medio de una dictadura totalitaria como la castrista.

 

Sin embargo, no todo son maravillas en ese valiente conjunto de cubanos y cubanas que forman parte de la ya brillante y respetable prensa independiente cubana, y no solamente a causa de los despreciables chivatos que se infiltran constantemente entre sus filas justificándose con la absurda intención de conocer desde adentro lo que no es ni nunca ha pretendido ser un secreto para nadie, sino todo lo contrario: transparencia y rigor profesional. Lo hacen con la misión de debilitar a esa prensa independiente, de enfrentar posiciones de los comunicadores independientes, de fomentar rencillas. Pero a pesar de toda la maldad y la represión del régimen, la prensa independiente cubana sigue gozando de buena salud y cada vez logra mucha más admiración y respeto por parte de los cubanos en todas partes.

 

Tal vez en demasiadas ocasiones buena parte de las informaciones de comunicadores independientes son las denuncias sobre atropellos, represión, golpizas, arbitrariedades, amenazas, abusos y maltratos contra la población, así como manifestaciones de exceso de poder, arbitrariedades y corrupción por parte de funcionarios del régimen.

 

Sin embargo, no siempre son todo lo bien fundamentadas que deberían ser como para constituir un elemento decisivo de denuncia contundente y eficaz. No siempre, tampoco, y no se puede pretender culpar únicamente a los comunicadores independientes de esta debilidad, se demuestra dominio suficiente del lenguaje, de la ortografía y del idioma a la hora de escribir informaciones para ser publicadas, algo que no quita valor informativo a las denuncias, pero sí la fuerza periodística necesaria para impactar a la mayor cantidad de lectores.

 

En otras ocasiones, pretendiendo dar profundidad al análisis, se utilizan en los trabajos nombres, datos, cifras, estadísticas, fechas, puntos geográficos, que no han sido revisados cuidadosamente antes de la publicación y que dejan escapar errores que restan brillo y mérito al resultado final. O se recurre a un lenguaje chabacano o innecesariamente soez bajo el criterio de que eso es lo “popular” en el hablar de los cubanos.

 

También, y todo hay que decirlo, se dan a conocer informaciones dudosas o que son muy difíciles de comprobar de manera independiente, que pueden llevar a preguntarnos si realmente conllevan toda la ética, amor propio, seriedad y rigor profesional que debería corresponder a cualquier informador preocupado seriamente de ejercer su responsabilidad como tal.

 

A veces, muy lamentablemente, hay quienes consideran sus actividades en la prensa independiente sólo como un medio para darse a conocer rápidamente y para poder aspirar posteriormente a obtener la aprobación de una visa como refugiado político en Estados Unidos o en cualquier otro país. Puede entenderse esa posición ante la realidad del que ve casi todos los caminos cerrados en Cuba, pero no necesariamente justificarse.

 

¿De qué podríamos hablar?

 

Son muchos los temas que se podrían mencionar como convenientes de analizar, pero eso depende también de la actualidad noticiosa que va surgiendo día tras día. Así, en la semana que comienza cuando este análisis esté on-line serán noticia la llegada a Panamá de la comisión de expertos de la ONU encargada de evaluar el armamento procedente de Cuba que venía escondido bajo sacos de azúcar en las bodegas del barco norcoreano; la celebración del cumpleaños número 87 de Fidel Castro, de lo que a veces se está mucho más pendiente en Miami que en Cuba, al menos por los cubanos de a pie; la solución definitiva del caso de los balseros cubanos detenidos en Bahamas, si Panamá finalmente  concede el asilo; y lo que pueda suceder en la evolución de las nuevas declaraciones del español Ángel Carromero sobre la muerte de Oswaldo Payá y Harold Cepero.

 

A riesgo de equivocarme totalmente en el pronóstico, me atrevo a asegurar que de todo lo mencionado lo más importante será la concesión del asilo a los cubanos detenidos en Bahamas. La comisión de expertos de la ONU que viajará a Panamá para inspeccionar el armamento decomisado al final dirá que es tecnológicamente obsoleto, y todo terminará, cuando más, en un halón de orejas al régimen de La Habana con un “no lo hagas más” por parte del Consejo de Seguridad de la ONU. Las nuevas declaraciones de Carromero a la prensa no lograrán mucho más en una España consumida por la crisis y los escándalos de corrupción de sus políticos, sus hombres de negocios, y hasta la propia casa real. Y el cumpleaños de Fidel Castro no debe interesar a muchas más personas que su propia familia y un grupo de acólitos desvergonzados que mientras más miserables se comportan mejor se sienten.

 

Sin embargo, son muchos los temas que se pudieran abordar analíticamente por parte de una prensa responsable, a ambos lados del Mar de los Balseros Cubanos, si partiera desde verdaderos enfoques analíticos y profesionales de la realidad cubana, y renunciara a las descalificaciones apriorísticas, los insultos, la prepotencia y la soberbia.

 

Entre ellos valdría la pena mencionar:

 

Un análisis de los viajes de los disidentes cubanos al exterior, lo que promete cada uno en esos viajes y lo que verdaderamente han hecho o están haciendo al regresar. De conjunto, el análisis de las posiciones de los grupos del exilio con relación a los disidentes, quiénes se inclinan hacia quiénes y por qué, cuáles son las posiciones comunes y cuáles no entre todos esos grupos.

 

Un análisis del verdadero alcance y profundidad de las reformas económicas que se están llevando a cabo en Cuba, más allá del relleno de fosforeras, pelar frutas y sacar de paseo a los perritos. Hasta que punto lo que se ha hecho ha permitido modificar las actividades económicas en el país, y cuáles son las tareas pendientes si verdaderamente el gobierno pretende dinamizar la evolución y desarrollo de las fuerzas productivas.

 

Un análisis de lo que puede representar en un futuro próximo lo que ahora se ha dado en llamar la profundización de la actualización del modelo. ¿Hasta que punto la redefinición de las relaciones del estado y del gobierno con las empresas representan un verdadero traslado de poder de decisión hacia esas empresas? Y de ser así, ¿quienes dirigen tales empresas? ¿Vamos hacia el post-castrismo con el poder en manos de los militares y una gran concentración de riqueza y recursos económicos en empresas que ya dirigen y van a seguir dirigiendo cada vez más los militares, mientras el gobierno central vaya quedando para temas de institucionalidad, protocolo y actividades representativas?

 

Un análisis sobre como debería y podría evolucionar la política exterior del régimen en los próximos años, sobre todo tras la eventual muerte de Fidel Castro, o en el caso de que Raúl Castro falleciera antes que su hermano. Y ya que se entra en este tema, también el análisis de quiénes se harían cargo del poder tras la desaparición de los hermanos Castro y los escasos “históricos”. ¿Será el aparente “delfín” designado, o alguien con apellido Castro? ¿O quizás un militar que todavía no logramos identificar en esa posición?

 

Temas para análisis profundos, evidentemente, hay muchos, suficientes para tenernos en actividad permanentemente. Los mencionados son solamente unos pocos y los primeros que pueden venir a la mente, pero buscando detenidamente pueden aparecer seguramente decenas de ellos que requieren y merecen estudios en profundidad.

 

Lo que no garantiza que tales estudios serán abordados. Al fin y al cabo, somos cubanos.

 

En el clásico film “Casablanca” Rick (Humprey Bogart) le dice a Inge (Ingrid Bergman) en el momento de la despedida: “siempre nos quedará París”.

 

A los cubanos no nos quedará París, pero siempre en la prensa nos quedarán las historias de Tropicana y Sans Souci, el barrio chino y los lectores de tabaquería.

 

Además de que a ambos lados del Mar de los Balseros Cubanos también nos quedarán para siempre los cuentos de Guillermo Álvarez Guedes.