Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

Cuba: parálisis al borde del abismo

 

Continúa pasando el tiempo y los únicos lugares donde se habla de avances evidentes de la economía cubana es en la prensa oficialista y, más destacadamente que en los libelos escritos, en el Noticiero Nacional de la Televisión Cubana, así como en los discursos del mal llamado por la prensa extranjera “zar de la economía cubana”, el siempre inefable Marino Murillo, burócrata con más cargos que libras de peso, y no pesa poco.

 

El 4% de crecimiento de la economía, anunciado en la reunión de la Asamblea Nacional del Poder Popular (en realidad un coro de “diputados” amaestrados que en casi cuarenta años de parlamentarismo nunca ha votado en contra de ninguna propuesta o decisión del régimen) es difícil de aceptar como cifra respetable, teniendo en cuenta que, según el mismo Murillo que anunció ese “crecimiento”, renglones fundamentales de la economía retrocedieron o, al menos, se mantuvieron estancados, sin avances significativos, tanto en la agricultura como en la industria y el comercio.

 

En estos días se ha hecho referencia por la prensa extranjera (silencio absoluto entre los oficialistas y voceros del régimen) a que hace veinticinco años Fidel Castro habló por primera vez públicamente sobre lo que sería conocido como “Período Especial en Tiempo de Paz”, un engendro draconiano y totalmente abusivo a implantar en el país, bajo el pretexto de la heroica resistencia del pequeño David contra el malvado Goliat.

 

Para resumir muy brevemente lo que significó ese Período Especial, baste comparar el fenotipo promedio (altura, peso, composición corporal, masa muscular) de los deportistas de élite cubanos, a quienes el régimen aseguraba mejor alimentación y condiciones que al resto de la población en general, de los años 1989-1990 con el de los años 2014-2015, y será evidente no solamente el estancamiento, sino también el retroceso. A lo que habría que añadir el tremendo daño antropológico, cívico y espiritual que ha sufrido la población cubana en la isla durante este último cuarto de siglo.

 

Ya las cosas venían de mal en peor tras cuatro años del establecimiento a la cañona del llamado “Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas”, desatado inconsultamente por Fidel Castro en 1986 para aniquilar el Sistema de Dirección de la Economía (SDPE), después de haberlo estado torpedeando desde el primer congreso del partido comunista en 1975.

 

Según el Comandante, ese sistema se basaba fundamentalmente en la utilización de mecanismos económicos fundamentalmente, y desconocía por completo el papel del partido y de su liderazgo personal en la conducción de la economía. Consiguientemente, era el responsable de las muchas deformaciones ideológicas en que incurrían los trabajadores en ese período, que estaban interesados solamente en la estimulación material y el dinero que ganaban con su trabajo, y no en los factores y estímulos “morales” que resultaban imprescindibles para la formación del utópico hombre nuevo.

 

Y aunque Castro I no comulgaba con ninguno de los acuerdos de 1975 y los métodos y mecanismos que se anunciaron entonces, elaborados por un notable grupo de economistas cubanos que habían recibido la tarea de diseñar un sistema donde la voluntad y caprichos de una sola persona no pudieran imponerse sobre los criterios de las instituciones y de los verdaderos especialistas y conocedores de sus profesiones, hizo como si estuviera de acuerdo, y desde el primer instante comenzó a sabotear, lenta y calladamente, todo el proceso.

 

Recuérdese que en la clausura del primer congreso del partido, en diciembre de 1975, Fidel Castro prácticamente no hace referencia a los acuerdos adoptados con relación al funcionamiento de la economía, y en dos intervenciones, una ante los delegados al congreso, y posteriormente otra en la Plaza de la Revolución, en una concentración popular “en apoyo a los acuerdos del congreso”, acuerdos que la población no conocía todavía, dedica buena parte de sus palabras a exaltar las emociones con relación a la intervención armada que las tropas cubanas habían comenzado masivamente en Angola varios meses antes.

 

Y aunque no tuvo la necesidad de mencionarlo, y ni siquiera de sugerirlo explícitamente, ante la prioridad de las batallas por el “internacionalismo proletario” que se comenzaban a desarrollar con miles de hombres en lo que constituiría el primer cuerpo expedicionario cubano en África, (el segundo sería posteriormente en Etiopía), el funcionamiento de la economía nacional pasaba a segundo plano. Ya lo había demostrado semanas antes, cuando ordenó descargar y vaciar a la carrera todos los buques mercantes cubanos que estaban atracados en la isla o cerca de ella, en el puerto más cercano posible, sin importar el destino ni la conservación de las cargas de cada buque, para disponer de esas embarcaciones en el transporte masivo de tropas hacia Angola.

 

Y así, desde la sombra y mediante su poder absoluto, se mantuvo contra el SDPE durante diez años, hasta que en 1986, cuando comenzaban a soplar los vientos de la perestroika y la glasnot de Mijail Gorbachev en la Unión Soviética, consideró que era el momento oportuno para lanzar la campaña contrarrevolucionaria que bautizó como el Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas. Y aunque el tirano anunció la gran barbaridad de que “ahora sí vamos a construir el socialismo”, ignorando los 27 años anteriores de “revolución socialista” cubana, en realidad le dio el tiro de gracia a lo que en esos momentos quedaba en Cuba de aquella “revolución”.

 

El “Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas”

 

Entonces, rodeado de un rebaño de ineptos y un enjambre de oportunistas, acusó de tecnócratas a los dirigentes, economistas y contadores que se esmeraban en la aplicación del SDPE, los insultó abiertamente en cada intervención pública que realizaba, y desató los perros de la guerra contra todo lo que tuviera que ver con “mecanismos económicos”, para exaltar y glorificar el “trabajo político” y la supuesta estimulación moral de los trabajadores y de toda la población.

 

Convencido de que bastaban su voluntad y sus deseos para hacer funcionar la economía cubana -de la cual cada vez sabía menos y había dañado más-, aplicó todos los frenos al sistema de dirección de la economía, que aunque no era perfecto ni mucho menos, ni siquiera todo lo eficiente que podría haber sido hasta ese momento, había estimulado y hecho avanzar la economía. Mucho más en comparación con los años finales de la década de los sesenta y los iniciales de la de los setenta, cuando ocurrieron los desastres de la Ofensiva Revolucionaria de 1968 y la zafra de los diez millones en 1970, que lastraron la economía y la sociedad por la arrogancia, el desmedido ego, el voluntarismo y la intransigencia del máximo líder, hasta que el primer congreso del partido comunista en 1975 intentó sin éxito comenzar a poner las cosas en su lugar.

 

Con el liderazgo del dictador y la gestión de los ineptos y demagogos durante la atroz demencia de la “rectificación” fueron desapareciendo hasta llegar a no existir las ventas “liberadas” (sin necesidad de la libreta de racionamiento) de productos agropecuarios e industriales. Así, entre interminables “colas” y constante desabastecimiento se fueron extinguiendo los llamados mercados libres campesinos, mercados agropecuarios estatales (que aunque menos abastecidos que los de los productores privados también vendían ese tipo de productos sin necesidad de la libreta de racionamiento) y los llamados mercados paralelos estatales de productos alimenticios y bebidas (como el Mercado Centro [antigua Sears] en La Habana y muchos pequeños “mercaditos” en todo el país) y de productos industriales, que ofrecían ropa y calzado para hombres, mujeres y niños, productos electrodomésticos, joyería, adornos y artículos para el hogar. Desapareció también entonces la venta sin racionamiento de determinadas cantidades de gasolina que por esos años se vendían en determinados servicentros.

 

Esos mercados “paralelos” estatales estaban mal abastecidos, siempre con productos de calidades inferiores y a precios demasiado elevados para quienes vivían exclusivamente de los magros ingresos estatales y dependían de la libreta de abastecimiento, pero como quiera que fuera permitían adquirirlos a quienes obtenían mayores ingresos por trabajar tiempo extra o recibir salarios superiores a través de los pagos por rendimiento y resultados que había establecido el SDPE.

 

Durante la “Rectificación” prácticamente se prohibió trabajar tiempo extra y se establecieron límites muy severos a los ingresos posibles en los pagos por rendimiento y resultados, se resucitaron las llamadas microbrigadas para construir viviendas a través del “plustrabajo”, se inventaron los “contingentes” productivos para la construcción de proyectos estatales y otras “tareas de choque”, y volvieron las “campañas políticas” de movilizaciones absurdas hacia la agricultura y cualquier tipo de trabajo voluntario para mantener “entretenidos” y cada vez más explotados, a los trabajadores. Prácticamente se echaron abajo las limitadas y parciales ventajas que se habían obtenido con la aplicación del SDPE, y se pretendió regresar al trabajo voluntario, los “estímulos morales” y el “trabajo político” como los únicos mecanismos motivacionales para los trabajadores.

 

El pensamiento económico del Che

 

Se quiso resucitar un supuesto “pensamiento económico del Che Guevara” como sustento teórico de la “Rectificación”, que en realidad no expresaba más que un conjunto de incoherencias sustentadas por el aventurero argentino, un médico frustrado, sin experiencia laboral alguna, utópico político y pésimo ejecutivo tanto en la administración pública como en la economía, que en unos cuanto artículos dispersos y discursos había resumido, tras algunas lecturas y la discusión de ideas con algunos asesores extranjeros, la crítica al enfoque soviético (y por lo tanto “socialista” del funcionamiento de la economía). Ese nefasto personaje tuvo la osadía de proponer un supuesto sistema de financiamiento presupuestario brutalmente centralizado, que resultaba una mala caricatura de algunos mecanismos de dirección, básicamente contables, de las grandes empresas americanas y multinacionales de aquellos tiempos, una propuesta que nunca había demostrado efectividad en las diversas empresas consolidadas donde se aplicó, ni demostró posteriormente, ni siquiera la más elemental utilidad práctica en la economía real.

 

Sin embargo, al calor del alboroto, rebaños de intelectuales y periodistas oportunistas escribieron libros, ponencias para eventos científicos, reportajes, ensayos, y notas en la prensa, “demostrando” la superioridad conceptual de la “Rectificación” desatada por el invencible Comandante y asegurándonos que ahora sí, que esta vez era diferente, y por consiguiente todo marcharía “por el camino correcto”.

 

Lo que nadie era capaz de decir, fuera por ignorancia, por temor, o por ambas cosas a la vez, hacia donde conducía ese camino supuestamente correcto, más allá de a un abstracto futuro luminoso que todos sabemos como terminó.

 

Porque efectivamente, la “rectificación” terminó con todas las desigualdades y con el consumo diferenciado de quienes obtenían más ingresos. Y así el pueblo quedó sumido, igualitariamente, sin distinción, en las escaseces, la miseria y la falta de oportunidades para progresar. Y no por la caída de subsidios ni falta de “ayuda fraternal ejemplar” del mundo comunista hacia el régimen, pues en aquellos momentos todos estaban muy lejos de imaginarse lo que sucedería pocos años después. Todos los cubanos fueron víctimas de la profunda genialidad y exuberante visión del máximo líder. Todos, a excepción de los sospechosos habituales: la camarilla de dirigentes y todos sus compinches, los privilegiados de siempre y sus familiares, amigos y amantes.

 

Si me he extendido en estos detalles sobre el llamado Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas han sido para señalar inobjetablemente que la bancarrota de la economía cubana no comenzó con la caída del Muro de Berlín y la debacle del llamado “campo socialista”, la pérdida de los subsidios, el “desmerengamiento” de la Unión Soviética y la implantación del brutal Período Especial, pues ya en septiembre de 1990, cuando Fidel Castro mencionó por primera vez en público la posibilidad, aunque era casi una certeza, de que se implantaría ese inhumano mecanismo draconiano, ya la economía y todo el país iban en picada durante los últimos cuatro años, producto de la tozudez, soberbia e ignorancia de Fidel Castro, siempre creyéndose un ser superior a todos los demás y escuchando solamente a los aduladores y guatacas de turno que se le acercaban para susurrarle alabanzas al oído, para cantarle vítores por su talento y visión, o para hacerle saber lo felices que estaban los trabajadores con las medidas “rectificadoras” que se estaban aplicando, destacar la genialidad del proyecto castrista, y el éxtasis infinito de todos los cubanos, que crecía en la misma medida que disminuían sus niveles de vida, los bienes que podían adquirir, y sus posibilidades de prosperidad, aunque fueran lejanas y raquíticas.

 

Sin embargo, las desgracias implantadas durante el Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas entre 1986 y 1990 parecerían paradisíacas comparadas con los infiernos que debieron vivir los cubanos a partir de 1991. A manera de breve resumen, recordemos algunas de las limitaciones impuestas al pueblo cubano, sin contar con sus opiniones ni con su disposición, durante la brutal aplicación del llamado “Período Especial en Tiempo de Paz”, período que hasta nuestros días en ningún momento el régimen ha dicho que haya terminado, aunque evidentemente muchas cosas en estos momentos no resultan tan catastróficas como entonces, aunque otras han evolucionado positivamente demasiado poco.

 

Y no olvidemos que los delirios del Comandante de resolver los problemas que se venían encima del país con la caída del Muro de Berlín recurriendo al “heroísmo” de los cubanos, el turismo de países occidentales, e ingresos fabulosos a partir de la industria farmacéutica y de biotecnología, no fueron más que eso mismo: delirios.

 

El “Período Especial en Tiempo de Paz”

 

Veamos la realidad del “período especial” en esos años hasta el 2006:

 

·         El PIB llegó a caer hasta en un 38 %.

 

·         Se realizaban cortes de electricidad a los centros de trabajo y las viviendas de hasta 16 horas diarias, programados y avisados por la prensa, “rotándose” los municipios donde se aplicaban durante las mañanas, las tardes o las noches.

 

·         Las importaciones de petróleo se redujeron al mínimo, y prácticamente se paralizaron el transporte urbano y el intermunicipal e interprovincial; se repartieron masivamente millones de bicicletas, para que los trabajadores y estudiantes acudieran al trabajo o a los centros de estudio tras kilómetros de pedaleo para desplazarse, con las secuelas de accidentes y fallecidos por falta de iluminación y de elementales medidas de seguridad en la vía.

 

·         Se redujo al mínimo la asignación de productos alimenticios a disposición de la población, y lo poco que el Estado o los campesinos pudieran producir con las múltiples carencias de fertilizantes, herbicidas y pesticidas, y prácticamente con posibilidades mínimas de bombeo motorizado de agua, chocaba con la falta de combustible y transportes para su distribución, lo que provocaba innumerables pérdidas de cosechas,  además de continuos robos de productos, malversaciones y “desvíos” de recursos. Comenzaron a aparecer los cocimientos de cáscaras de plátano o de otras viandas y frutas que se consumían como “desayuno” antes de salir a pedalear o a caminar interminables distancias, así como para el almuerzo y la comida (cena), y la estafa o la necesidad llevó al consumo incluso de los ya legendarios “bistés” de frazadas de piso, el “picadillo” de cáscaras de toronja, y las “pizzas” de condones; las leyendas urbanas hablan de sándwiches de “pavo” elaborados, distribuidos y vendidos por personas inescrupulosas, conocedoras de que en realidad se confeccionaban con carne de aura tiñosa; se dice que desaparecieron los perros callejeros y los gatos de las calles de las ciudades y pueblos del país; y son muchos los testimonios de que en las ciudades los cubanos criaban cerdos dentro de la bañadera de su casa.

 

·         Las fábricas y oficinas se paralizaban por falta de materias primas, de combustible, o de transportes para el personal, y eran cerradas “temporalmente”, enviándose para sus casas a los trabajadores, a quienes en esos casos se les pagaba el 60 % de su salario. En aquellas que permanecían abiertas no funcionaban ni los pocos equipos de aire acondicionado disponibles ni los elevadores, por orden estricta del gobierno, con el objetivo de ahorrar energía y combustible.

 

·         La producción y la importación de medicamentos se redujo al mínimo, y se paralizaron los planes utópicos del “médico de la familia” y la construcción de centros médicos y asistenciales. Se privilegió la utilización de la llamada “medicina verde”, a partir de productos naturales, y se presionaba a los médicos para que recetaran éstos antes que medicamentos elaborados, y sobre todo ningún medicamento importado.

 

·         La construcción de viviendas se paralizó en prácticamente todo el país, y si alguna se mantuvo quedó reducida al mínimo, por la absoluta falta de materiales de construcción y de combustible y energía para el funcionamiento de los equipos, además que con los trabajadores mal alimentados la productividad y eficiencia que pudiera lograrse en las construcciones dejaba mucho que desear. De manera que principalmente se mantuvieron las construcciones para el turismo y otras consideradas imprescindibles para mantener funcionando el país aunque fuera a un mínimo de sus capacidades.

 

·         Se estableció un mercado “doble”, como si fuera “esquizofrénico”: una parte vendía productos en moneda “dura” o libremente convertible, y la otra en moneda nacional, sin que existieran relaciones comerciales entre ambos. El mercado en divisas que existía anteriormente, muy controlado, para los diplomáticos acreditados en el país, los escasos turistas y los técnicos extranjeros, durante los años setenta y ochenta, ahora se extendió a todo lo largo del país. Naturalmente, la cantidad, calidad y variedad de las ofertas en el mercado en divisas para esos extranjeros, aunque muy lejana de los estándares de oferta y servicios del mundo desarrollado, o incluso de países tercermundistas que no integraban la retaguardia del pelotón, era sin embargo muy superior a lo que se ofrecía a la población que solamente contaba con los devaluados pesos cubanos para consumir, y casi siempre a través del macabro sistema de racionamiento establecido desde 1962 e incrementado durante la “rectificación”, y mucho más durante el “período especial”.

 

·         Se autorizó la tenencia de dólares por parte de la población, lo que produjo una brutal devaluación de la moneda nacional, el peso cubano, que se agregó a la que ya había comenzado cuando las escaseces y limitaciones del período de la “Rectificación de Errores” habían disparado la inflación en todo el país. La posterior creación del “peso cubano convertible” (CUC) traspasó el protagonismo del dólar al nuevo signo monetario, pero el peso cubano, ahora llamado CUP, no incrementó su valor. Si antes del Período Especial se canjeaba a razón de entre 3 y 10 pesos por un dólar, antes de la legalización de la tenencia de dólares llegó a canjearse a hasta 150 pesos cubanos por un dólar, hasta que finalmente, con la circulación del llamado peso cubano convertible (CUC) con un supuesto valor equiparable al dólar, y la creación de un mercado controlado de cambio de moneda para la población, se mantiene relativamente estable el cambio de 24 ó 25 pesos cubanos CUP por cada CUC, y algunas incursiones de cambio que algunos intentan fuera de las llamadas CADECA (Casas de Cambio) no aportan demasiada diferencia con los niveles de cambio existentes en el mercado oficial, y añaden el riesgo de estafas, robos y falsificaciones.

 

·         Las necesidades y miserias, sumadas al creciente arribo de turistas, ahora prácticamente todos del mundo “occidental”, pues ya no quedaban “socialistas” provocaron un “boom” de la prostitución y la pornografía, no solamente femenina sino también la masculina. Después de Fidel Castro haber alardeado durante tanto tiempo que la revolución había terminado radicalmente con la prostitución, la lacra resurgía, ahora con más fuerza y desenfado que nunca, y lejos de ser vista como algo degradante, en ocasiones se consideraba algo positivo que posibilitaba niveles de consumo superiores, y por lo tanto era felicitada y estimulada por amigos, vecinos, y hasta familiares cercanos. Cientos de profesionales y técnicos de nivel medio, fueran hombres o mujeres, abandonaban sus trabajos para el gobierno, donde solamente recibían algunos pesos cubanos sin valor y sin poder adquisitivo real, para dedicarse a “hacer la calle”, fundamentalmente enfocados hacia los turistas como “clientes”, y en ocasiones hasta para intentar encontrar pareja y matrimonio y poder emigrar hacia cualquier país. De manera que Fidel Castro, con su característico cinismo inaudito e inigualable, proclamó públicamente, como si fuera algo para sentirse orgulloso, que las prostitutas cubanas, llamadas “jineteras” por la población, eran las más cultas e instruidas del mundo. Lo cual, mientras más cierto fuera resultaba más vergonzoso y denigrante para la dictadura.

 

Cifras dudosas

 

Sería interminable este listado si hubiera que narrar todas las penurias y miserias que vivieron los cubanos durante todos esos años, mientras que los hermanos Castro y todos los afortunados que por entonces integraban la alta dirección del país, tanto los que estaban en niveles nacionales como en los locales, así como la mayor cantidad de sus familiares, veían la tormenta desde lejos y tal vez se salpicaran un poco, pero absoluta y  seguramente la pasaban mucho mejor que la mayoría de la población. Y este será uno de los escarnios permanentes que deberán cargar Fidel y Raúl Castro hasta el fin de sus días y aun después: someter a los cubanos, como si fueran esclavos o siervos de la gleba, a privaciones y miserias que ni ellos ni los suyos serían capaces de soportar ni soportaron, y todo esa horrenda injusticia en nombre de una quimera que había dejado de existir desde mucho antes.

 

Según las cifras oficiales, hacia el año 1997, había comenzado a mejorar ligeramente la grave situación, gracias al desarrollo del turismo extranjero en el país, y posteriormente con la cada vez más creciente ayuda al régimen entregada por Hugo Chávez desde Venezuela, -fundamentalmente de petróleo gratuito o a precios subsidiados que nunca serán cobrados- sobre todo después del fallido y ridículo golpe de estado contra Chávez en el 2002, donde Fidel Castro jugó un papel importante en la restitución del teniente-coronel en el poder. Pero hay que dudar de la afirmación del régimen de que en el 2004 se había vuelto a alcanzar el mismo nivel del Producto Interno Bruto que en 1989, cuando todavía se recibían los subsidios de los “países hermanos”.

 

¿De dónde salen entonces esas cifras? Como la metodología “socialista” para la contabilidad y las estadísticas no se correspondían ya con las realidades del mundo, Fidel Castro, con la colaboración de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina) procedió a una “adecuación” y “actualización” de sus sistemas de cuentas nacionales, fundamentalmente a partir del año 2002, en un extraño cocimiento contable y estadístico que no lo entiende casi nadie -ni siquiera destacados especialistas de organizaciones e instituciones internacionales- donde se tienen en cuenta supuestos valores atribuidos a los servicios y otros intangibles que no está claro sobre que bases se les asignan volúmenes y de dónde salen las informaciones primarias que sustentan las cifras que se publican por la oficial Oficina Nacional de Estadísticas.

 

Es con esa discutible y poco transparente información, surgida en todas las instituciones de base del país, -donde oficialmente se reconoce que se trabaja con “contabilidad no confiable” (¡!)-, con lo que se puede contar para tratar de comprender las realidades de la economía cubana. Realidades que, por otra parte, son unas en los documentos oficiales, otras más optimistas en las medios de difusión y propaganda del régimen, y otras más realistas y depauperadas en las mesas de los cubanos a la hora de desayunar, almorzar y cenar.

 

Así se siguieron moviendo las cosas hasta el 31 de julio del 2006, cuando Fidel Castro se vio forzado a abandonar el poder por motivo de una grave enfermedad, y muy a su pesar no pudo nunca regresar a ocuparlo, cediendo tarde o temprano todos sus cargos a su hermano menor. Hasta ese momento ya Cuba había vivido cuatro años de “rectificación” y dieciséis de “período especial”, todos bajo la férula del Comandante, cada vez más alejado de la realidad, entre falsas promesas, proyectos descabellados, capitalistas de pacotilla buscando su agosto entre la miseria cubana, represión creciente, y salidas del país, tanto legales como ilegales, cada vez más masivas, desde la crisis de los balseros del 2004 hasta un flujo silencioso pero constante e interminable en la actualidad, dentro de una tendencia migratoria en desarrollo que no solamente se extiende hasta nuestros días sino que se espera que se incremente en los próximos años, y que ya se ha convertido en un problema preocupante y que hipoteca estratégicamente el futuro de la nación cubana.

 

Porque mientras los jóvenes cubanos de ambos sexos emigran en cuanto pueden, quienes quedan en el país no muestran demasiado interés ni en prepararse educacional ni profesionalmente, ni en reproducir a sus familias, al no ver perspectivas halagüeñas ni para obtener oportunidades de trabajo de acuerdo a las capacidades especializadas que pudieran alcanzar, ni condiciones de vida adecuadas para sus potenciales descendientes, por lo que el país envejece de prisa perdiendo continuamente trabajadores calificados, sea por emigración, retiro o fallecimientos.

 

Una comparación que dice mucho

 

Para quienes no lo sepan, es bueno destacar que Cuba, con 110,860 kilómetros cuadrados de superficie, contaba con 11.047 millones de habitantes y su crecimiento poblacional se estanca junto con su economía, mientras la vecina República Dominicana, con una superficie menor que la mitad de la cubana (48,670 kilómetros cuadrados) cuenta ya con 10.350 millones de habitantes, y continúa creciendo, por lo que se calcula que en el 2018 ya sobrepasará a Cuba en cantidad de habitantes.

 

Veamos entonces cómo es que se reflejan esas realidades poblacionales en la economía de ambos países, comparando el Producto Interno Bruto, la tasa de crecimiento anual y el comercio internacional de Cuba y República Dominicana, y utilizando solamente como elemento de referencia algunos de esos mismos datos anuales para el Condado Miami-Dade, en el sur de Florida:

 

PRODUCTO INTERNO BRUTO (MILES DE MILLONES US$)

 

AÑO            CUBA        REP. DOMINICANA      CONDADO MIAMI-DADE

 

                                2012              123.5                      122.7                                     124.0

                                2013              126.9                      128.6                                       ¿?

                                2014              128.5                      138.0                                     138.3 

 

TASA ANUAL DE CRECIMIENTO DEL PRODUCTO INTERNO BRUTO ( % )

 

AÑO            CUBA        REP. DOMINICANA      CONDADO MIAMI-DADE

                                 2012                3.0 %                     2.6 %                                     3.5 %

                                 2013                3.7 % +                  4.8 %                                    ¿?

                                 2014                1.3 %                   7.3 %                                      ¿?

 

IMPORTACIONES Y EXPORTACIONES (MILES DE MILLONES US$)

 

AÑO            CUBA        REP. DOMINICANA      CONDADO MIAMI-DADE

 

                                 2012                 ¿?                           ¿?                                          70.42

                                 2013              20.34                      26.31                                       69.84 ↓

                                 2014              20.32                    27.08 ↑                                       ¿?                            

 

Conclusión: Con menos de la mitad de la superficie de Cuba, y todavía con menos habitantes, y sin las “maravillas y ventajas” de una revolución socialista, un invencible máximo líder, un inmortal partido comunista, un hermano dictador designado a dedo dinásticamente, un “proceso de rectificación de errores y tendencias negativas” y un “período especial en tiempo de paz”, República Dominicana, con muchos menos recursos naturales, desde el 2013supera a Cuba en Producto Interno Bruto, en tasa de crecimiento anual del PIB y en volumen de comercio internacional. Y en el 2018 ya superará también a Cuba en cantidad de habitantes. Todo ello dentro de una democracia, imperfecta y con muchas desigualdades sociales todavía, pero democracia al fin.

 

No hace falta decir más nada. Sin comentarios.

 

La era de Raúl Castro

 

Raúl Castro heredó de su hermano una economía dislocada, desorganizada, prácticamente sin controles, disciplina ni productividad, y donde todo se basaba en campañas políticas y movilizaciones absurdas. Recuérdese que una de las últimas actividades públicas de Fidel Castro en la televisión cubana, en medio de una absurda “revolución energética” que fue establecida a la fuerza y acabó con los pocos productos electrodomésticos americanos o del campo socialista de que disponían los cubanos y los cambió por productos chinos de ínfima calidad, vendidos a precios leoninos y que en poco tiempo dejaban de funcionar o se rompían definitivamente, fue explicarle a las amas de casas cómo se cocinaba el arroz con las “ollas arroceras” que se estaban vendiendo en el país.

 

Consiguientemente, las primeras medidas de Raúl Castro tuvieron que ser de sentido común y racionalidad elemental para lograr mantener el barco a flote, a la vez que dejaba sin efecto prohibiciones absurdas establecidas por el Comandante contra los cubanos, como la prohibición de entrar a los hoteles donde se alojaban extranjeros o la compra y utilización de teléfonos celulares y computadoras, que provocaron expectativas tal vez demasiado exageradas en muchos cubanos y en la prensa extranjera, que comenzó a expresar casi como un mantra referencias al “pragmatismo” de Raúl Castro y a su voluntad reformadora, dándole carácter casi de revolución estilo Deng Xiaoping a lo que fueron medidas de supervivencia elementales.

 

Evidentemente, en los nueve años que ya lleva el llamado general-presidente en el poder se han aplicado medidas que han transformado el funcionamiento y los resultados de la economía y del país en sentido general, algunas más radicales, otras más cosméticas, y se han diseñado y establecido proyectos mucho más realistas y profundos que aquellos que resultaban característicos del máximo líder, entre los cuales podrían destacarse, a pesar de todas las cortapisas y coyundas establecidas junto con tales medidas, y señalando con mucha claridad que no todas han logrado los resultados que se esperaban y otras han producido efectos contrarios a los diseñados, las siguientes:

 

La autorización del trabajo por cuenta propia y el consiguiente surgimiento de un grupo de trabajadores, que en estos momentos rondarían el medio millón, que no resultan empleados del gobierno; la entrega en usufructo a particulares de tierras estatales que el gobierno simplemente no está en condiciones de cultivar; el desprenderse del sector de servicios a la población  administrado por el gobierno, que durante toda su existencia “revolucionaria” se había caracterizado por ineficiencia, pérdidas, robos y maltrato a los clientes, y entregarlo en usufructo a cooperativas de trabajadores; eliminar todas las campañas sin sentido de tiempos del Comandante, como la batalla de ideas, las microbrigadas, las escuelas en el campo, los “trabajadores sociales”, y la revolución energética, entre otras; y una reforma de las leyes migratorias que, en honor a la verdad, pocos esperaban que tendría el alcance y la extensión que tiene en estos momentos.

 

Otras, demasiado importantes, no acaban de aplicarse por diferentes razones, o no acaban de dar los resultados requeridos, por diferentes razones. Entre ellas habría que señalar las siguientes:

 

·         La aplicación de una reforma monetaria que elimine la llamada “doble moneda” que tantas dificultades representa para la población y para la actividad contable de las empresas estatales y los trabajadores por cuenta propia, porque es imposible que un país pueda funcionar efectiva y eficientemente cuando existen diferentes tipos de cambio para la moneda nacional con respecto a las monedas extranjeras.

 

·         El funcionamiento adecuado de un programa de atracción de las inversiones extranjeras, que aunque se anunció a bombo y platillo hace ya un año y medio, ni atrae suficientes inversionistas ni se acerca a los 2,500 millones de dólares de inversiones anuales que el régimen proclamó como imprescindibles para crecer entre un 5%-7% anual. Según los análisis, y a pesar del los más de doscientos proyectos ofrecidos por el régimen y que alcanzan un valor superior a los 8,700 millones de dólares, y del súper-puerto de El Mariel, donde no se avanza demasiado y ahora se ha conocido que existen problemas e insuficiencias constructivas que comprometen su adecuado funcionamiento y explotación, existen dos factores que limitan muy seriamente el interés de potenciales inversionistas para comprometer sus capitales en Cuba:

 

ü      uno es la falta de seguridades jurídicas claramente establecidas y de un sistema de tribunales y un poder judicial independiente en el que se pueda confiar para la resolución de lógicos conflictos que pueden surgir en cualquier país del mundo donde se realizan inversiones extranjeras;

 

ü      y el otro es la obligatoriedad para el inversionista extranjero de contratar la fuerza de trabajo cubana a través de empresas estatales del régimen, que se sabe perfectamente que cobran al inversionista en moneda fuerte mientras pagan a los trabajadores en la devaluada moneda nacional, y a una tasa de cambio muy inferior, lo que provoca un pago abusivo y explotador contra los cubanos, lo que puede constituir delitos reconocidos por instituciones y organismos internacionales, y que resultan punibles y condenados en el ámbito internacional, lo que además afectaría la imagen de los inversionistas y de los nombres de sus empresas en todo el mundo.

 

Estos problemas son reales, están presentes en el entorno económico, inversionista y comercial de Cuba, y mientras no se resuelvan de una vez por todas van a influir decisivamente en el funcionamiento y los resultados de la economía cubana y de sus perspectivas.

 

Mientras estos temas estén pendientes sobre el tapete cubano, todas las demás medidas que pueda haber tomado el gobierno de Raúl Castro en estos nueve años serán solamente pequeños pasos acertados comparados con todo lo que podría lograr si se decidiera a dar pasos más completos y profundos, comenzando por la solución de las limitaciones jurídicas y legales que, en un país como Cuba, se pueden resolver en un instante si el gobierno da las órdenes correspondientes, pues los “legisladores” tendrán que aprobar unánimemente, como de costumbre, lo que desee el dictador.

 

Hasta que eso ocurra, el Sucesor solo seguirá dando pequeños pasos hacia el cambio. Pero tenemos que recordar que fue él mismo el que dijo no hace tanto tiempo que la economía se encontraba al borde del abismo.

 

Por lo que cualquier paso adelante equivocado, en esas condiciones, puede ser definitivamente catastrófico.