Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

Cuba a la deriva y sin capitán

 

Lo más grave de la actual situación cubana no solo es que como están las cosas el país esté pareciendo cada vez más un barco a la deriva, sino que aparentemente el capitán que debería estar dirigiendo esa nave -que, por otra parte, hace agua continuamente- no está cumpliendo sus obligaciones fundamentales. Como si todo marchase “viento en popa” Raúl Castro se dedica a actividades ceremoniales y de protocolo, pero sin que su impronta personal se sienta, no ya por los pasajeros (los cubanos de a pie), sino ni siquiera por la oficialidad y la tripulación (la nomenklatura y la burocracia) encargadas de operar medianamente el deteriorado navío.

 

Embelesados con la Infanta

 

Mientras esto ocurre, son muchos los periodistas de segunda y tercera categoría, entre los cuales destacan los españoles, además de algunos corresponsales extranjeros acreditados en La Habana, por su superficialidad, pretendiendo inventar una especie de “prensa rosa” política. Con ese estilo “periodístico”, cuando entrevistan a la infanta Mariela Castro, ya sea por ignorancia o complicidad, el resultado es que amplifican, multiplican y engrandecen las nimiedades que esa señora les responde o comenta en otro lugar, sin abordar temas serios para entender la realidad cubana.

 

Y una de esas cuestiones de vital importancia es que Mariela Castro ni pinta ni da color  en la política del país, y el hecho de que hable con “su papá” o comparta la mesa con él a la hora del almuerzo o la cena, no significa que tenga trascendencia alguna en las decisiones políticas que se tomen en el país, ni que su opinión sea tenida demasiado en cuenta. Tan es así, que a pesar de llevar años dirigiendo el CENESEX (Centro Nacional de Educación Sexual) y abogando por los derechos de la comunidad LBGTI (siempre que se trate de gays “revolucionarios” y no “disidentes”), no ha logrado siquiera que se discuta en el coro de focas amaestradas cubanas, conocido como Asamblea Nacional del Poder Popular, ninguna ley o reglamentación de cualquier tipo que tenga que ver con los intereses de ese grupo social, en un sentido o en otro. No ha intentado vencer el profundo machismo que permea a la sociedad cubana, y sobre todo a sus élites, criadas en la vieja cultura campesina con mucho de herencia española y africana, ni ha sabido ganarse para ese combate a una intelectualidad ajena a las realidades nacionales y más preocupada por sus prebendas que por su país.

 

Hay que recordar que tan corta es la memoria de estos periodistas de pacotilla que han olvidado que durante casi dos años después de la renuncia de Fidel Castro, le seguían preguntando a la infanta por la salud de su tío y se tomaban muy en serio sus respuestas. Hasta que un día alguien, un poco más avezado, tuvo a bien preguntarle cuándo había sido la última vez que había visto personalmente al comandante, y Mariela respondió que eso había sido antes de que enfermara y se alejara del poder “provisionalmente”. Es decir, que todas sus respuestas eran referenciales o anecdóticas, porque la señora tocaba de oídos, y había visto a Fidel Castro después de su enfermedad la misma cantidad de veces que cualquier cubano de a pie. Es decir, ni una sola vez.

 

Sin embargo, esos “detalles” no parecen tener demasiada importancia para esa prensa superficial y sus asalariados, que buscan más el espectáculo que el análisis, y “la primicia” antes que la información responsable, y que reducen el conocimiento de la realidad cubana a pasarse unos días en La Habana, pasear en un “almendrón”, visitar la Plaza de la Revolución y tal vez algún “paladar” de moda, además de El Floridita, La Bodeguita del Medio, la Plaza de la Catedral, caminar por la calle Obispo y otras atracciones de La Habana Vieja, y si queda tiempo darse un salto hasta Varadero, Viñales o tal vez Cayo Coco o Cayo Guillermo.

 

Y después regresan a sus países escribiendo reportajes y crónicas que sirven para que el régimen haga propaganda con sus bodrios, además de para entretener a despistados o para leerlas a los niños antes de irse a dormir, pero que no tienen nada que ver con lo que en realidad sucede en esa Cuba profunda que ellos ni conocen ni visitan, pero es la que late día a día bajo las botas de la dictadura castrista.

 

Porque Cuba hoy en día es una sociedad que gracias a la “visión” y “sabiduría” de la entronizada camarilla dirigente se ha quedado sin pasado, sin presente y sin futuro. Sin pasado que mostrar, porque todo ha sido reducido al culto a la personalidad del “invencible comandante” que destrozó no solamente la economía y el país, sino también el tejido social y la mismísima nación.

 

Sin presente, porque lo que ha quedado tras casi seis décadas de castrismo es solamente destrucción, miseria, hambre, frustraciones y falta de oportunidades, para una población que malamente consigue sobrevivir en precarias condiciones, y que muchas veces, de hecho casi siempre, tiene que escoger entre comer o vestirse, comprar medicamentos o calzado, reparar la vivienda o transportarse para ir a trabajar, y que sin recibir remesas del exterior o “inventar” frente al estado totalitario moviéndose en el campo de la ilegalidad, no tiene oportunidades de progresar y mejorar sus condiciones de existencia.

 

Y sin futuro, porque simplemente la pandilla dirigente ni sabe donde está parada ni le interesa más nada que mantenerse en el poder y asegurarse que las cosas no se escapen de su control para no tener que pararse frente a un tribunal de justicia a responder por sus crímenes de lesa humanidad y por los múltiples abusos y extorsiones contra la población cubana. Y como ya no bastan las tonterías que repiten los ineptos “dirigentes” cubanos para justificar el brutal descalabro, mientras la Venezuela explotada desde La Habana cada vez tiene menos posibilidades de subsidiar y mantener al “primer territorio libre de América”, ahora más que mentir alevosamente se trata de deformar la realidad -autismo político mediante- para mantener sojuzgada y embrutecida a la población.

 

Hasta el extremo que, en el Día Internacional de la Libertad de Prensa, la dictadura no tuvo mejor idea -mezcla de estulticia y mayúsculo cinismo- que condecorar al esbirro que durante más de veinte años dirigió el Departamento Ideológico del Partido Comunista, es decir, el departamento encargado de establecer la censura, autorizar o prohibir la publicación de todas y cada una de las informaciones, tanto en prensa escrita como en radio, televisión, cine e internet, además de autorizar o vetar a cada uno de los periodistas del país y solicitar la represión y persecución de los que resultan “incómodos” a la dictadura. Tal personaje, gris, mediocre y funesto -como debería ser para ocupar ese cargo por más de veinte años- y preferido del tirano Fidel Castro, fue condecorado en Cuba el día de la libertad de prensa. ¡Mayor desvergüenza, imposible!

 

Aquelarre de incompetentes

 

En medio de ese descalabro generalizado en que vegeta el país, a finales de abril se celebró en La Habana una reunión (más) del consejo de ministros del régimen. El titular del periódico Granma, órgano oficial del desprestigiado partido comunista cubano, desinformando como siempre, dijo, en su primera página: “Aprueban Plan de Estado para el enfrentamiento al cambio climático”. Según lo que se mencionó en este apartado, se discutió sobre un “Plan de Estado para el enfrentamiento a este fenómeno, que como aseguró la ministra-burócrata de la dictadura, «viene agravando y agravará los problemas ambientales, convirtiéndose en un factor determinante del desarrollo sostenible».

 

Es decir, declaraciones abstractas y anodinas sobre un cambio climático que el régimen es incapaz de definir cómo se manifiesta en el país y cómo se manifestará, aunque eso no es óbice para una gerontocracia que, aunque no sabe cómo producir boniatos, perejil o calabazas para alimentar a la población en las próximas semanas, se da el lujo de elaborar planes para los cuales “su implementación requerirá de un programa de inversiones progresivas que se irán ejecutando a corto (año 2020), mediano (2030), largo (2050) y muy largo (2100) plazos”.

 

¡Visionarios que son los burócratas de la nomenklatura del castrismo! Mirando casi un siglo por delante, aunque cuando ocurrió la reunión no sabían si al día siguiente sería necesario cortar el suministro eléctrico porque fallaran los envíos de petróleo venezolano. Posteriormente se supo de un salvavidas ruso de 250,000 toneladas de petróleo y diesel que, tras un acuerdo de urgencia, comenzarían a llegar a la isla el 10 de mayo. Ese tonelaje representa alrededor de 1.8 millones de barriles (a un promedio de 7.2 barriles por tonelada), lo que con el nivel de consumo en la isla (ahorrando al máximo) permite cubrir aproximadamente 33 días.

 

Después de eso, la dictadura cubana volverá a depender de los envíos desde Caracas, donde la situación de crisis absoluta y total en la nación suramericana, lejos de perfilarse con señales positivas, resulta todo lo contrario y cada vez se complica más. En ese sentido, después de la reunión del Consejo de Ministros se pudo conocer que desde Venezuela se había retomado el suministro de petróleo para la refinería de Cienfuegos, que llevaba meses paralizada por falta de materia prima. Y resulta interesante que el petróleo enviado por Caracas es de la variedad Mesa 30, el mismo que necesita PDVSA en Venezuela para mezclar con el petróleo ultra-pesado de sus campos y así poder venderlo directamente a sus principales clientes, EEUU y la India, que pagan al contado, y China, país al que se le paga con petróleo la colosal deuda contraída por los créditos recibidos y ya gastados, y que aunque no contribuyeron al desarrollo del país, sí enriquecieron a la pandilla que gobierna en Caracas.

 

En otras palabras, el régimen de Venezuela afecta su capacidad de producción y exportación y renuncia a obtener divisas y cumplir sus compromisos internacionales, en aras de servir lacayuna y diligentemente a la metrópoli cubana. Mientras, los venezolanos sufren sin alimentos, medicamentos y una serie interminable de productos de primera necesidad, pero la falaz camarilla “bolivariana” de Nicolás Maduro responde primero a sus mayorales en La Habana antes que a su propio pueblo.

 

Las cantaletas de siempre y el cuento de la buena pipa

 

Por supuesto que de esos acuerdos urgentes y sus consecuencias, nada se dice en la prensa castrista. Por eso, el panfleto castrista que se vende como periódico -y al que los cubanos en la isla le dan una utilización mucho más personal e íntima- enmascara los aspectos más importantes de esa reunión de finales de abril a la que nos hemos estado refiriendo, donde, entre otros elementos y divagaciones, se anunciaron medidas de recortes en el presupuesto para el año 2018, porque las cosas no mejorarán en el presente año, y entonces lo único que les ocurre a tales “iluminados” dirigentes castristas es pretender que para el próximo año se hagan mejor las cosas con menos recursos (¿suena conocida esta absurda cantaleta?).

 

De ahí que Ricardo Cabrisas, el flamante ministro de economía del régimen, haya dicho tranquilamente que “la premisa esencial [para el plan del año 2018] está en la capacidad de cumplir los compromisos productivos y de servicios, con el ahorro eficiente y reajuste de los indicadores de gastos en niveles inferiores al Plan 2017”.

 

Según el ministro, será prioritario

 

el respaldo de niveles productivos e inversiones asociadas a las exportaciones, sustitución de importaciones, programas de desarrollo e infraestructuras y las demandas del turismo; la producción e importación de alimentos; el aumento de la producción de materiales de la construcción e insumos agrícolas; y el aseguramiento de las actividades de educación, salud, servicios básicos a la población”.

 

Por si fuera poco, el libelo Granma señala que

 

el Ministro de Economía recalcó la necesidad de que la elaboración del Plan 2018 se distinga por la búsqueda de soluciones coherentes y sostenibles, con el propósito de conformar un plan que asegure el crecimiento, el mantenimiento de los equilibrios macroeconómicos, la continuidad de los programas de desarrollo fundamentales y un ligero avance en el proceso de transformación de la estructura económica del país”.

 

Ni Cantinflas podría haberlo dicho mejor.

 

¿Cuántas veces se ha intentado esto antes? Muchísimas. Casi todos los años, para no decir absolutamente que “todos”. ¿Cuántas veces se ha logrado? Nunca. Entonces, seguir intentando lo mismo una y otra vez pretendiendo obtener alguna vez resultados diferentes es lo que Albert Einstein definía como locura. Pero que en el caso de la dictadura cubana, más que locura, debería definirse como desfachatez, cinismo y mala fe. Porque ellos saben que eso no funciona ni funcionará, pero al proclamarlo continuamente pretenden hacer creer a la población que puede haber luz al final del túnel, a no ser que sea la que anuncia el fin de la existencia.

 

Por si no resultara desastre suficiente lo expuesto por el ministro de economía, a continuación habló la burócrata que ocupa el cargo de ministra de finanzas y precios, quien según Granma,

 

presentó un informe sobre el comportamiento de las cuentas por pagar y por cobrar vencidas con cierre del año 2016, así como el correspondiente análisis de la evolución y tendencias de los impagos por organismos.

 

Precisó que se mantiene alta la concentración de deudas vencidas entre entidades del mismo sector de la economía, con las consecuentes cadenas de impagos, lo cual constituye un reflejo de los incumplimientos de los contratos económicos y la falta de liquidez de algunas empresas”.

 

Curiosamente, estas dificultades no se producen entre los llamados “cuentapropistas”, trabajadores privados que no “disfrutan” de las bondades de las empresas “socialistas”, ni pueden perder su tiempo repitiendo eufemismos para no llamar las cosas por su nombre y no resolver los problemas, pero que tienen que trabajar en serio y con resultados para poder sobrevivir, y por lo tanto se ocupan de cobrar y pagar sus deudas para poder funcionar adecuadamente, a pesar de las innumerables trabas, dificultades y extorsiones que el régimen les impone para tratar de asegurar que no puedan prosperar como corresponde a la naturaleza humana en todas partes y en todos los tiempos. Pero ya sabemos que el castrismo, como el comunismo en general, es un sistema contra natura.

 

Más fácil y corto para la ministra-burócrata hubiera sido declarar que las relaciones monetario-mercantiles entre las privilegiadas, priorizadas y absolutamente ineficientes “empresas estatales socialistas” simplemente no funcionan -como no lo han hecho en más de medio siglo en el país- y no funcionarán mientras se insista en que sean la clave de la economía cubana. Pero como en definitiva ninguno de los tantos incompetentes presentes en esa reunión sufre las miserias, escaseces y dificultades que padece la población producto de la ineptitud de sus “dirigentes”, seguirán con la misma cantinela de casi sesenta años para justificar lo injustificable y para marear y confundir a los cubanos, que no pueden protestar ni responder a tales estupideces del gobierno porque son brutalmente reprimidos cuando lo intentan.

 

El resto de la reunión, que debe haber resultado bastante aburrida en sentido general, se dedicó a hablar de varios temas, entre ellos el control interno. Curiosamente, en este tema la Contralora General de la República no hizo mención, ni siquiera de casualidad, a los innumerables casos de corrupción entre los dirigentes que pululan en el país, en todos los sectores de la economía y en todos los territorios.

 

Tampoco la señora dijo nada de los omnipresentes “inspectores” que continuamente extorsionan a cuentapropistas y cooperativistas, les esquilman y les exigen “mordidas” y privilegios a cambio de no imponerles leoninas multas que desbaratarían los presupuestos de estos cubanos que intentan sobrevivir sin tener que subordinarse a las arbitrariedades, abusos, y salarios miserables que pagan las instituciones estatales.

 

El general ya no tiene ni laberinto

 

Mientras tanto, ¿a qué se dedica Raúl Castro? A recibir a líderes de potencias mundiales como el presidente de las Islas Seychelles, (país con una población total de 100,212 habitantes, es decir, 20 mil menos que el municipio habanero de El Cerro); o a “presidir” reuniones del consejo de ministros como la que referimos, donde el periodicucho Granma no hace mención a que el general sin batallas haya abierto la boca ni una sola vez, aunque fuera para preguntar qué hora era o para ordenar un receso para tomar café e ir al baño.

 

Personas informadas dicen que la salud del dictador en estos momentos no es la mejor. Aparentemente, padece de escoliosis que le dificulta sus movimientos y provoca dolores e incomodidades que pudieran estar influyendo en su rendimiento físico. Súmese a eso que la muerte de su mentor y guía desde pequeñito, el comandante en jefe, le podría haber afectado sicológicamente, más su agotamiento físico en general después de casi sesenta años desempeñando funciones más allá de su nivel de incompetencia.

 

El país está literalmente paralizado. La llamada “fuerza dirigente superior de la sociedad”, es decir, el Partido Comunista, no sabe qué hacer, y los aparatos del gobierno, que siempre han respondido mansamente a ese partido, dan constantes tumbos entre ineficiencias, insensateces y boberías, sin poder lograr que el país no ya avance, sino que al menos no continúe retrocediendo.

 

Estaban pendientes, según los proyectos, acuerdos y resoluciones de los congresos del partido, modificaciones constitucionales y en la legislación para asumir la nueva realidad de una Cuba donde supuestamente el jefe de Estado y gobierno no llevara el apellido Castro. Sin embargo, todo eso se ha paralizado, o al menos no se habla sobre el tema ni en los centros espirituales.

 

Raúl Castro reitera que no ocupará más los cargos de presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros a partir de febrero 24 del 2018. Lo cual no significa, como dijo un despistado dizque periodista de la Agencia Francesa de Prensa, que el primero de mayo que acaba de quedar atrás haya sido “el último con Raúl Castro en el poder”. Alguien podría explicarle a ese esclarecido periodista -y de paso a sus jefes- que el poder en Cuba no reside ni en el Estado ni en el gobierno, sino en el Partido Comunista, que Raúl Castro fue electo primer secretario de ese partido en el 2016 y hasta el 2021, y que hasta el momento no ha mencionado ni jugando que pretenda dejar ese cargo junto con los de jefe de Estado y Gobierno. De manera que el primero de mayo del 2018, si no ocurren acontecimientos inesperados, será otro primero de mayo con Raúl Castro -si está vivo- en el poder.

 

A la velocidad que se mueven las cosas en la Cuba castrista, parece imposible que todos los ajustes que habría que hacer a la legislación puedan lograrse en los menos de diez meses que faltan hasta febrero de 2018. La Asamblea Nacional, que debería “tomar las decisiones” sobre estos temas -en realidad, aprobar lo que le imponga el partido comunista- no estaría en condiciones de propiciar y ejecutar tales cambios. De manera que, aparentemente, el supuestamente próximo dirigente cubano tendría que ocupar simultáneamente los cargos de presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, además de ser considerado el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas.

 

El presunto sustituto y los sospechosos habituales

 

¿Quién podría ser esa persona? Posiblemente, la única cosa cierta que haya dicho Mariela Castro en sus divagaciones de las últimas semanas es que ella no tiene la menor idea de quién podría ser. Pero en la misma situación de ella son muchos los cubanos que tampoco tienen la menor idea de quién podría ser. Y no solamente los cubanos de a pie. Con total seguridad puede afirmarse que ni en la nomenklatura ni en la burocracia esa respuesta se conoce. Más aún, podría afirmarse sin demasiado riesgo que ni en el mismísimo Comité Central del Partido se deba saber algo con un mínimo de certeza, y las cosas no deben ir más allá de corrillos de chismosos y cotilleos de pasillo.

 

Más otra pregunta fundamental: ¿Cuántas personas dentro del estrecho círculo de los privilegiados del régimen estarían verdaderamente preparadas para ocupar esa tarea? Ni el mismo Miguel Díaz-Canel, que ha sido presentado como el eventual sustituto para el 2018, muestra ninguna incidencia dentro de los sectores de la economía ni entre los de defensa y orden interior, todos elementos fundamentales que debería tener bajo control la persona que ejerza el gobierno de cualquier país. Entonces, en estos momentos, la posible definición del sustituto parecería mucho más un ejercicio esotérico o de adivinación que de análisis y pronóstico. Siempre contando, además, con que Raúl Castro cumpliría su palabra de que se retira de esos cargos en el 2018, cosa que en estos momentos parece ser bastante posible.

 

El estrepitoso silencio sobre Cuba en Washington

 

Por si todo lo anterior fuera poco, está el factor Donald Trump y la posible política de su administración frente a la dictadura. Algunos se quejan de que han pasado más de cien días desde su toma de posesión y no se ha pronunciado ni una palabra sobre el tema. Lo cual es cierto, pero no definitorio ni mucho menos.

 

Trump tiene enfrente un maniaco dictadorzuelo norcoreano que busca ganar legitimidad y poder interno en su país a base de bravuconadas y amenazas de guerra nuclear. Y nada más peligroso que un mocoso acomplejado disponiendo de un arsenal nuclear. Por otra parte, el Estado Islámico sigue expandiendo el terrorismo, y en estos momentos tiene a Europa en crisis, aunque muchos europeos y no pocos gobiernos de ese continente no estén dispuestos a aceptar esa realidad y mucho menos a reconocerla públicamente.

 

Continúa también el enfrentamiento con Rusia y la confrontación militar en Siria; el silencioso reto del Irán fundamentalista que tomó más fuerza aun tras el muy lamentable tratado nuclear firmado con EEUU y varias potencias europeas bajo los auspicios de Obama, que entre los obsequios que realizó a los ayatolas fueron 150 mil millones de dólares de cuentas iraníes que estaban congeladas, más el levantamiento de sanciones que presionaban enormemente a su economía; la crisis migratoria en Europa, que lejos de amainar se hace más compleja cada día con la continua llegada al viejo continente de ciudadanos del Medio Oriente, las ex-repúblicas soviéticas, y de naciones del norte del África y África subsahariana. A esto hay que añadirle los intentos geopolíticos chinos en el Océano Pacífico, que aunque hayan sido colocados en segundo plano por las tensiones en la península coreana no pueden desconocerse ni mucho menos olvidarse.

 

En nuestro continente, la crisis venezolana, el país de mayores reservas petroleras en todo el mundo, requiere mucha atención por parte de Washington. Además Estados Unidos tiene que lidiar en América Latina con naciones de mayor calibre, economía y población, como Brasil, Argentina, México y Colombia, esta última con la situación agravada por la presencia de las narcoguerrillas y un acuerdo de paz cuyos posibles resultados finales y trascendencia para esa nación todavía se desconocen. Y con naciones pequeñas pero que influyen de una manera u otra en los intereses americanos, como Panamá con su canal, y los países del llamado Triángulo Norte centroamericano, con todas las presiones de tipo migratorio que suponen para Estados Unidos.

 

Cualquiera de esos temas puede tener mucha más importancia para Washington que Cuba, una pequeña republiqueta bananera sin bananas en una isla caribeña, parecida en extremo al mítico Macondo, en crisis económica aguda, permanente e insuperable, sin tecnología ni infraestructura para subsistir sin ayuda exterior, sin fuerza militar para amenazar la seguridad de Estados Unidos, y con una población que decrece al mismo tiempo por la falta de oportunidades en la isla y la continua emigración de sus ciudadanos hacia cualquier país del mundo que no sea donde nacieron.

 

Y no vengamos ahora, una vez más, con el cuento de que La Habana podría desatar una crisis migratoria de balseros que pusiera en peligro la seguridad de esta gran nación. Después de la crisis de los balseros de 1994 esa opción quedó cerrada para siempre, y la dictadura lo sabe perfectamente. De manera que Raúl Castro no se arriesgará, bajo ninguna circunstancia, a intentar un chantaje como ese, cuyo resultado final podría ser fatal para él mismo y para su dictadura.

 

Entonces, el mismo hecho de que la administración Trump no haya pronunciado una sola palabra concreta con relación a su política frente a la dictadura, lejos de una eventual debilidad, como especulan algunos, se convierte en un colosal elemento de presión para La Habana, que en realidad no puede saber cómo y por dónde vendrían los tiros -en el sentido retórico lo de “tiros”- en la complejísima relación Estados Unidos-Cuba.

 

Apostándolo (casi) todo a Venezuela

 

Por eso La Rinconada se la está jugando en Venezuela para garantizar su subsistencia en la isla. Si en Cuba podría ser más difícil ordenar la salida de los tanques a la calle en caso de protestas populares que pusieran en peligro la estabilidad del régimen, aunque fuera solamente por un lejano temor a cómo podrían reaccionar todos esos cubanos de las fuerzas armadas que serían encargados de reprimir, a la tiranía castrista no le preocupa ordenar sacar las tropas venezolanas a las calles de esa nación y reprimir a quien haya que reprimir: la culpa de la masacre, al final, quedaría entre las filas venezolanas y no en los mandos cubanos, al menos para los efectos de la opinión mundial. Aunque la orden haya sido dada en La Habana y miserablemente ejecutada por los títeres y sicarios que detentan el poder en Venezuela.

 

Pero tampoco vengamos ahora, como pretenden algunos, a proclamar que las “avispas negras” cubanas se pasean por las calles venezolanas dando golpes y reprimiendo manifestantes, ni que entre los represores y asesinos contra quienes protestan en las calles se ha escuchado “acento cubano” en el hablar. Lamentablemente, en Venezuela sobran criminales, no es necesario importarlos desde Cuba para reprimir a quienes se oponen a la dictadura de Maduro.

 

Y con esto no pretendo señalar que en Cuba no existan miserables que gustosos irían a Venezuela a reprimir a la población: sin son capaces de golpear mujeres indefensas o acosar a los hijos de las mismas para doblegarlas serían capaces de cualquier cosa. Ese es otro de los sórdidos legados del castrismo sobre nuestra patria.

 

Sin embargo, el régimen castrista tiene experiencia suficiente para encargar esos trabajos sucios a esbirros locales y no tener que desenmascararse públicamente. Así que los que deseen “demostrar” presencia castrista reprimiendo en las calles de Venezuela, en vez de repetir “rumores” no demostrados, tienen una manera muy sencilla de hacerlo: en el país suramericano hay suficientes teléfonos celulares y cámaras fotográficas para filmar a los eventuales esbirros cubanos ejecutando tales vandálicos actos, y poner esa información a circular por las redes sociales en todo el mundo. Mientras no logren presentar eso ante la “opinión pública”, tales reclamos no pasarán de los clásicos pataleos de ahorcados que lamentablemente pululan en los enfrentamientos políticos en todo el mundo.

 

Ahora con el engendro madurista de la Asamblea Constituyente Comunal los chavistas y los neocastristas pretenden dar el tiro de gracia a los últimos vestigios de democracia que quedan en el país suramericano, liquidando para ello las instituciones sobre las cuales todavía no se ejerce pleno control totalitario absoluto, como la Asamblea Nacional Legislativa y algunos órganos de prensa. Al mismo tiempo se proponen implantar el terror de los “colectivos” de malandros (delincuentes) sobre todo vestigio de oposición, disidencia o protesta, a balazos, sangre y fuego. Y no tienen ninguna otra opción más que hacerlo así, porque de lo contrario perderían el poder y muy fácilmente podrían verse ante tribunales que les exigirían cuentas por todos sus delitos, incluyendo los de Estados Unidos, ante los que algunos tendrían que responder por delitos de narcotráfico y lavado de dinero.

 

Es cierto que en Cuba la situación actual, a pesar de todas las dificultades, no es tan grave ni tan explosiva como lo es en Venezuela en estos momentos. Pero eso no quiere decir que las cosas anden bien en la isla, o que tengan perspectivas reales de solución. No puede haber soluciones mientras no cambien las causas que las crean, y esas causas el régimen que las ha creado no va a cambiarlas, porque de ellas depende mantenerse en el poder.

 

Eso explica que el liderazgo se dedique a repetir consignas e inventar tonterías, en vez de desarrollar visiones de futuro para el progreso del país que solo les ha servido de pedestal.

 

Por eso todo seguirá su curso, es decir, empeorando poco a poco cada vez más.

 

Cuba seguirá siendo una nave a la deriva y sin capitán.

 

Hasta un día…