Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                                                          Dr. Eugenio Yáñez

                                                                                                                                                            

 

CUANDO LOS CALVOS PELEAN POR UN PEINE

 

Lo que tiene que hacer la comunidad cubana exiliada en este momento es ponerse en pie de lucha”, acaba de declarar el senador cubano-americano “Bob” Menéndez, un “peso pesado” en el Senado de EEUU, demócrata por New Jersey, aunque en realidad no queda claro en qué consiste “ponerse en pie de lucha”, sobre todo si se piensa que tal lucha debería pretender obtener determinados resultados.

 

Más práctica parece la dura frase con la que el senador Menéndez continuó describiendo a la comunidad cubana exiliada: “tengo la impresión de que está resignada”. Y es que, aparentemente, en cierto sentido, la resignación gana terreno continuamente entre los cubanos de a pie a ambos lados del estrecho de La Florida.

 

Pueden de inmediato saltar quienes quieran, todos los verticales de ambas orillas, en Miami o La Habana, comisarios de izquierda a derecha, a desmentir este aserto, mencionar trayectorias de lucha, sacrificios y combatividad, que nadie tiene que poner en duda, pero que no cambia para nada la dura realidad: una manifestación en Miami contra el salsero de segunda Paulito FG, o una recogida de boniatos en Güira de Melena, contribuyen demasiado poco, si algo, a sacar a la nación cubana del marasmo en que se encuentra, gravemente enferma de inmovilismo puro y duro.

 

El inmovilismo es una enfermedad político-social terminal, aunque no fulminante. No puede destruir un régimen o un exilio de la noche a la mañana, pero avanza lentamente y sin escándalo, sin síntomas inmediatos, haciendo cada vez más lentos y menos eficaces los movimientos del organismo y su capacidad de respuesta a los estímulos externos, perdiendo la capacidad de percibir la realidad circundante y la subjetiva propia, y al mismo tiempo aferrándose a lo mejor de la  historia anterior como justificación del presente y creación de un futuro nebuloso y confuso, que es todo lo que se puede percibir en determinado momento.

 

Ejemplos magistrales del inmovilismo pueden encontrarse en el comunismo soviético que se encarna en la era de Brezhnev, pero también en los exilios polaco y armenio contemporáneos, que a pesar de sus glorias pasadas tienen cada vez menos capacidad de influencia en los acontecimientos de la nación que los acoge y en sus patrias de origen.

 

La nación cubana está padeciendo de una fuerte crisis de inmovilismo: en La Habana, un gobierno de ancianos, bajo la sombra de un anciano mayor, enfermo y testarudo, tiene que contemplar las tierras agrícolas cubiertas de marabú, extraordinarias limitaciones alimenticias de la población, y las arcas vacías para poder comprar los alimentos en el exterior al terrible imperialismo, cuarto socio comercial de Cuba, y es evidente que no alcanzan las hormonas para tomar decisiones, hacer lo que haya que hacer, y poner esas tierras a producir.

 

Se contentan con la retórica y las frases huecas: así, el ministro de agricultura cubano, quien es miembro del Buró Político del partido comunista y general de división, no tuvo nada mejor que decir en la celebración del 50º aniversario de la Ley de Reforma Agraria que esta maravilla que informa el periódico “Granma”:

 

“En las conclusiones del acto, desarrollado bajo una pertinaz pero bienvenida lluvia, Ulises Rosales del Toro destacó que fue el 17 de mayo de 1959, con la firma en La Plata de la Ley de Reforma Agraria, el día en que el campesinado cubano fue definitivamente dueño de la tierra que trabajaba.

 

Esbozó el papel protagónico de los guantanameros en las luchas campesinas en el país y puso como ejemplo las peleas libradas por Lino de las Mercedes Álvarez en el Realengo 18, las de los lugareños en el Valle del Caujerí, y en la Sabana del Vínculo por Niceto Pérez”.

 

Nada se habló de resultados productivos, productividad, mecanización, fertilizantes, riego, agricultura orgánica, utilización de la tierra o la tecnología, cincuenta años después de que supuestamente “el campesinado cubano fue definitivamente dueño de la tierra que trabajaba”.

 

De la realidad bastó esta frase del general-ministro, que reseña “Granma”:

 

“Rosales del Toro reconoció que se observan algunos resultados en las producciones agrícolas, pero significó que en este vital campo queda mucho por hacer, y exhortó a redoblar los esfuerzos para reducir importaciones al país y continuar mejorando la alimentación del pueblo”.

 

Amén. Y a otros temas, que este de la alimentación puede ser demasiado conflictivo si la prensa oficial abunda demasiado en él, aunque lo haga con los colores rosados con que se acostumbra “informar” a la población. Mejor hablar de las declaraciones del trovador-diputado Silvio Rodríguez, a quien no le concedieron visa para viajar a Estados Unidos al cumpleaños de Pete Seeger, sin mencionar para nada la inmensidad de cubanos que, aún teniendo visa, no reciben el “permiso de salida”.

 

Mejor hacer como se hizo al informarse del extraordinario sobre-consumo de petróleo en el primer cuatrimestre del 2009, declarando que ese fenómeno “es una expresión de que muchos compatriotas no están viviendo en este planeta”. Ciertamente, ni el gobierno ni la nomenklatura viven en este planeta, sino en el mundo virtual del periódico “Granma”.

 

Sin embargo, las empresas productivas y de servicios no mostraron en este período aumentos de consumo significativos; el despilfarro estuvo en las así llamadas “unidades presupuestadas”, que incluyen escuelas, hospitales, centros de investigación y deportivos, fuerzas armadas, ministerio del interior, cárceles, ministerios, “organizaciones de masas”, instalaciones del partido, trabajos “voluntarios”, movilizaciones, marchas combatientes, entrega de medallas, actos de reafirmación revolucionaria, exigencia de que liberen a los cinco espías, publicación de “reflexiones”, denuncias del “criminal bloqueo imperialista”, y muchas otras tareas “políticas”, que resultan imprescindibles cuando no se pueden mostrar resultados en la agricultura, un transporte aceptable y viviendas decorosas para la población.

 

Pero la prensa oficialista desvirtúa las realidades, como siempre: “Juventud Rebelde” señala: “Si el consumo en las entidades estatales se mantiene dentro de los planes, disminuirá la amenaza de afectar a la población con apagones”, afirmó Marino Alberto Murillo, ministro de Economía y Planificación".

 

Todas las entidades son “entidades estatales” en Cuba, pero no son las empresas quienes incumplen, sino las “unidades presupuestadas”. Y el descontrol y desorden en el sector residencial es antológico: “También en el sector residencial se aplicarán fuertes sanciones a personas implicadas en el fraude eléctrico, violación que hoy afecta al diez por ciento de las viviendas inspeccionadas en el país”.

 

La situación es tan grave, que hasta “Granma” debe abandonar el enfoque triunfalista y clamar por medidas urgentes: la agencia española EFE señala: “Medios informativos oficiales han calificado de muy grave la crisis económica y de liquidez, hasta el punto de que el diario Granma, portavoz del gobernante Partido Comunista, anunció que la situación es de “ahorro o muerte”, parodiando el lema del ex presidente Fidel Castro de "patria o muerte”..

 

“Parodiando” es palabra adecuada: porque el régimen cubano es hoy una parodia de gobierno responsable y serio.

 

Del otro lado, el presidente Barack Obama, desde que asumió la presidencia el 20 de enero de este año, lo hizo con un estilo diferente y novedoso, y con relación al régimen cubano declaró y mostró su disposición a entablar conversaciones y buscar nuevos caminos para dejar atrás un impasse de casi medio siglo en las relaciones bilaterales: “Sé que hay un largo camino por delante para acabar con décadas de desconfianza, pero hay pasos decisivos que podemos tomar hacia un nuevo día”.

 

Frente a tales declaraciones, ¿cuál ha sido la respuesta del régimen? Evasivas, rodeos, el bochornoso silencio de Raúl Castro, decir algo para que sea desmentido después por haber sido “mal interpretado”, las ahora casi diarias “reflexiones” de Fidel Castro poniendo en duda la capacidad del presidente de Estados Unidos y creando dificultades en las relaciones con los países latinoamericanos, hablar de los cinco espías o pretender una reunión con el presidente Obama en la Base de Guantánamo.

 

Casi todos los gobiernos del planeta, y la aplastante mayoría de la prensa, vieron tras el levantamiento de las prohibiciones a viajes y remesas de los cubanos, y los discursos en la Cumbre de las Américas en Trinidad-Tobago, una oportunidad dorada para iniciar un proceso de conversaciones y acercamiento que abriera esperanzas al establecimiento de nuevas relaciones bilaterales, respetuosas y aceptables, con concesiones mutuas, que por seguro beneficiarían a ambos pueblos.

 

Sin embargo, el régimen no parece pretender aprovechar esa oportunidad, no le interesa, le teme como el diablo a la cruz, quiere solamente todas las ventajas a cambio de nada. Afortunadamente, ya muchos gobiernos y la prensa más seria se han ido dando cuenta de estas realidades, y comienzan a poner en duda si verdaderamente el régimen cubano, que ya muchos entienden que depende de los caprichos de Fidel Castro y la inercia y timidez de su hermano, el así llamado “general-presidente”, realmente querrá seguir adelante en un proceso de distensión, o seguirá apostando a la confrontación en aras de mantener el falso escenario de la “plaza sitiada” para justificar la falta de libertades y el poder totalitario.

 

Sería éste un momento ideal para que los liderazgos de la comunidad exiliada presentaran una estrategia sólida y convincente frente a un régimen sin programa ni estrategias, que inevitablemente está en sus finales y depende únicamente de la capacidad biológica de su gerontocracia para sobrevivir, aunque, lamentablemente, tal comunidad muchas veces todavía parece moverse como si tanto el tiempo como  los escenarios no hubieran evolucionado, sobre todo en los últimos casi tres años en que Fidel Castro tuvo que alejarse del poder al enfermar de “secreto de estado”.

 

Y también parecería el momento para que la prensa digital que puede escribir en libertad sobre el tema cubano no destacara solamente a la desquiciada que optó por desnudarse en plena calle, muy cerca de la esquina de Cuatro Caminos, en La Habana, o proclamara y repitiera hasta la nausea convocatorias a acciones que no se pueden materializar y terminan en frustración y fracaso.

 

El senador Bob Menéndez, en las declaraciones mencionadas al inicio de este análisis, señalaba que diversos intereses norteamericanos, entre los que mencionó a los petroleros, la ADM (Archer, Daniels, Midland), Caterpilar y otros, deseaban el levantamiento del embargo “no porque crean que esa es la vía para llevar la democracia al pueblo cubano, sino porque lo que quieren es comerciar con Cuba y hacer dinero”.

 

Menos mal que las cosas son así. Porque en estos tiempos de crisis económica mundial y dificultades en los negocios, tales corporaciones, creadas desde hace mucho tiempo con la declarada intención de hacer dinero y no de ocupar espacios de liderazgo político, ni de ser sucursales del Ejército de Salvación o la beneficencia pública, se preocupan y piensan en cómo hacer dinero, y no de otros temas que corresponden a instituciones políticas, que son las que deberían pensar en las vías “para  llevar la democracia al pueblo cubano, y básicamente, las instituciones de los cubanos dentro y fuera de la Isla.

 

¿Nos preocupan realmente en Estados Unidos los derechos de los seres humanos chinos cuando se les compra "pacotilla" barata a las empresas de ese país para desbordar los estantes de tiendas norteamericanas? ¿O los derechos de las mujeres sauditas cuando se les compra petróleo a los jeques que financian "madrasas" anti-norteamericanas? ¿O es que chinos y sauditas son seres menos "humanos" que los cubanos?

 

Con relación a las evidentes intenciones de muchos mandatarios latinoamericanos de echar al piso la Carta Democrática de la OEA para posibilitar el re-ingreso de Cuba a la organización, el senador Bob Menéndez expresó su disposición a liderar una iniciativa para que EE.UU. retire su contribución a la OEA, que representa el 60 por ciento de los ingresos de ese foro interamericano.

 

Muy bien por el senador Menéndez en este punto: los contribuyentes norteamericanos no tenemos que estar manteniendo instituciones donde se veneran dictaduras y se abjura de los principios democráticos. Sin embargo, vale preguntarse: si se trata de la ONU, donde las cosas son peores que en la OEA, que sería un solo caso, ¿deberíamos hacer lo mismo, o tal vez mirar hacia otro lado?

 

Pero hay algo interesante que parece que no se acaba de entender: independientemente de lo que decida la OEA, y de todo lo que hable el señor José Miguel Insulza, su secretario general, que  parece no entender los reiterados y claros mensajes que emite La Habana continuamente: el régimen cubano ha manifestado terminante y reiteradamente que no tiene la menor intención de regresar a esa organización, para la que no escatima ni insultos ni epítetos despectivos, y nada hace pensar que, al menos mientras Fidel Castro respire, ese regreso podría verse, aunque lo pidieran de rodillas las 34 naciones que integran la ahora polémica organización.

 

Hay que decirlo francamente: Cuba no tiene interés en regresar, porque sabe que la valla de la Carta Democrática no puede superarla, y no piensa que, a pesar de toda la conducta abyecta demostrada por tantos respetables mandatarios, interesados en el regreso de Cuba para “marcar” su antiimperialismo y congraciarse con sus izquierdas, llegarían al extremo de desechar tal Carta Democrática, tal vez el documento más digno que haya elaborado la organización en sesenta años de existencia, en medio de una historia de desatinos e iniquidades que en nada es gloriosa.

 

Por eso hay que preguntarse si una parte de la comunidad exiliada (llamarle “exilio” a secas, como acostumbra alguna prensa en Miami, podría ser exagerado) puede haber estado, sin darse cuenta, desperdiciando capital político, cuando dirigió una carta a la OEA, a pesar de todos los respaldos que tuviera, rechazando la “posible inclusión del régimen castrista” en esa organización.

 

Sobre todo, cuando bastó una declaración sensata y realista de Hillary Clinton, Secretaria de Estado de Estados Unidos, para que el circo del “regreso” de Cuba  a la OEA se desinflara: un país no democrático no tiene cabida en la OEA, aunque la OEA deje mucho que desear y su historial no sea nada glorioso, porque existe una Carta Democrática aceptada por todos sus miembros en el 2001. ¿Es inteligente desperdiciar pólvora solicitando que no se apruebe algo que no podría ser aprobado en ninguna circunstancia?

 

Si el régimen castrista no tiene intención ni interés en re-ingresar a la OEA, y además la Carta Democrática se lo impide, el único sentido de tal demanda hubiera estado basado en la muy lógica sospecha de que los gobiernos latinoamericanos estarían dispuestos a olvidarse de la Carta Democrática para suplicarle a Cuba que regrese a la organización.

 

Y si parece que sería así, ¿merece tal rebaño de amanuenses gobernando las naciones latinoamericanas que se les tome en serio y se pretenda apelar a sus sentimientos democráticos y de compromiso con las libertades y los derechos humanos, cuando no vacilarían en echarlos a un lado en aras de sus egoístas intereses y un afán de protagonismo miserable e indecoroso?

 

Por otra parte, en realpolitik no bastan la dignidad y la verticalidad para lograr los objetivos deseados: cuando se declara que “si el gobierno de Cuba es readmitido en la OEA, nosotros, como exilio, no vamos a descansar hasta que el Congreso de Estados Unidos retire todos los fondos destinados” a esa institución, más allá de una digna declaración de intenciones, las posibilidades de éxito de tal intención son limitadas.

 

La comunidad cubana en Estados Unidos, “como exilio”, tiene limitada toda su representación ante el Congreso de Estados Unidos en Florida, Miami-Dade y New Jersey, que en total son dos senadores y cuatro congresistas, más las alianzas que estos líderes electos puedan construir y consolidar: poderosa fuerza comparativa frente a otras comunidades de inmigrantes en este país, pero frente a un cuerpo legislativo de cien senadores y alrededor de quinientos congresistas, las posibilidades matemáticas de éxito en tales circunstancias son limitadas.

 

Ciertamente, como señala el senador Bob Menéndez, las restricciones que establecen el embargo contra el régimen cubano están codificadas en la legislación norteamericana, y corresponde al congreso de Estados Unidos, y no al gobierno, su levantamiento o modificación. “Y esa es la batalla en la que podemos tener éxito”. Entonces, ¿vale la pena dispersarse en tantas otras cosas? ¿O concentrarse en las que pueden tener éxito?

 

No es lo mismo en lo referente a la entrega por Estados Unidos de fondos anuales para el funcionamiento de la OEA, que depende de otros mecanismos, y donde los argumentos morales no serían de tanto peso frente a los demás colegas del legislativo, incluidos aquellos de origen latino, que no necesariamente apoyarían a Menéndez y los demás congresistas cubano-americanos, pues deberían tener en cuenta los intereses y demandas de sus propios votantes; o de los representantes y senadores que representan estados de la Unión donde la producción agropecuaria es sustancial, y el comercio con Cuba una opción y una oportunidad que no estarían dispuestos a rechazar por consideraciones de carácter “patriótico”.

 

Entonces, es paradójico el enfoque inmovilista y nada creativo que, lamentablemente, se percibe en ambas orillas del Estrecho de La Florida: Entre la nomenklatura, sería normal esa conducta de eunucos, pero no así en los cubanos libres.

 

Lamentablemente, para la nomenklatura cubana valdrían perfectamente las palabras del senador cubano-americano Bob Menéndez sobre la comunidad exiliada: “tengo la impresión de que está resignada”, porque también para algunas posiciones del exilio valdrían las del periódico “Granma” sobre el descalabro organizativo y conceptual en la Isla: “muchos compatriotas no están viviendo en este planeta”.

 

Tales similitudes no son, ni pretenden ser, ni nunca serían, equiparaciones o comparaciones morales de ambos grupos, pero sí de los resultados prácticos que se han obtenido y se pueden obtener con estas posiciones, y de los enfoques conceptuales que se manifiestan y han manifestado día tras día por mucho tiempo.

 

Porque, en definitiva, en ambos casos, se trata de posiciones propias de calvos peleando por un peine.