Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

Congreso comunista para el capitalismo de Estado

 

El Séptimo (¿y último?) congreso del Partido Comunista cubano fue convocado desde hace tiempo para realizarse en abril del próximo año 2016, en la fecha en que se cumplirían 55 años de la proclamación del “carácter socialista de la revolución”.

 

De acuerdo a lo que ha sucedido en los meses precedentes a los seis anteriores aquelarres partidistas, era de suponer que en la isla se “respirara” ambiente de Congreso, expresado en movilizaciones, declaraciones, asambleas, saturación de artículos y reportajes en la prensa oficial, tanto escrita como radial y televisiva.

 

Sin embargo, algo así no parece estar sucediendo, o al menos la prensa, controlada en su totalidad por ese mismo partido, no se está haciendo eco de las movilizaciones para la preparación del que sería, según declaran los mismos beneficiarios y usufructuarios del régimen, la reunión más importante del partido y del país.

 

Un rápido vistazo al periódico Granma, órgano oficial del partido, en su edición digital del viernes 23 de octubre, a menos de seis meses de la fecha anunciada de inauguración del Congreso, destaca entre sus titulares los siguientes:

 

“Evocan en Mangos de Baraguá trascendencia de la Invasión de Oriente a Occidente”; “Vicepresidente cubano denuncia vigencia del bloqueo de Estados Unidos”; “Leonardo: el rey Díaz del disco” (sobre el campeonato mundial de atletismo para discapacitados); “El precio de una política absurda” (La industria cubana de equipos médicos también sufre las afectaciones del bloqueo); “Que nuestro Norte sea el Sur” (sobre los procesos de integración en América Latina y el Caribe); “Potenciar el comercio con bases sólidas” (Foro empresarial entre Cuba y Sudáfrica); “Abierto a la circulación primer tramo del desvío de Cárdenas”; “¡A MEDIO SIGLO DE LA CRISIS DE OCTUBRE!”; “El sentido del teatro radica en darle al público algo distinto a lo que tienen en su vida diaria”; “Dos desvelos por una Isla” (sobre la Universidad de Isla de Pinos)”; “Argentina en la recta final hacia las presidenciales”; “DERECHOS HUMANOS. ¿Cuáles son los verdaderos?”; “55 SERIE NACIONAL. Cachorros muerden “callaos”; “Recibe Salvador Valdés Mesa las Cartas Credenciales de nuevos embajadores”; “OPERACIÓN DIGNIDAD. Para Argelia cualquier ayuda que necesite”. (Sobre ayuda militar cubana a Argelia en 1963); “Excepciones de Yaguajay”; “Puertas abiertas a la poesía libanesa”; “Alguien sigue escribiendo su ternura”.

 

Y del Congreso del Partido, ¿qué?  Pues no hay ni una sola mención al evento en la edición digital del órgano oficial del PCC. Este ejemplo es de la edición del día 23 de octubre, pero la del sábado 24 continúa con la misma tónica, y si se buscara en las anteriores la tendencia sería la misma: no se habla, o se menciona demasiado poco, sobre el séptimo congreso del partido comunista.

 

Es sabido que “Granma” no informa, sino “orienta”, es decir, transmite lineamientos políticos para los militantes y para el resto de la población. Es clásico y antiguo en Cuba el chiste de que Napoleón Bonaparte hubiera deseado poseer el periódico “Granma”, porque así nadie se hubiera enterado de su derrota en Waterloo. Sin embargo, no es posible pensar que esta situación ocurre por casualidad o porque alguien en ese libelo no está realizando adecuadamente su trabajo.

 

De ser así, ya el coronel Rolando Alfonso Borges, el Torquemada partidista, que ocupa el cargo de jefe del departamento ideológico del partido, y tiene la execrable misión de garantizar la censura y el sentido de “educación política” (es decir, desinformación) de todo lo que se escriba, radie o televise en Cuba, hubiera llevado a la hoguera al mediocre director del libelo. De haberlo hecho, hubiera tenido también que arrojar a esa pira a todos los directores de todos los libelos nacionales, provinciales y locales del país, de prensa escrita, radial y televisiva, pues estos solamente reproducen en menor escala lo que Granma expresa primero.

 

¿Qué está sucediendo entonces? La paranoia o la desmedida ambición de ofrecer primicias y “dar el palo periodístico” nunca han sido buenas consejeras de los analistas, y si de algo nos hemos cuidado siempre en Cubanálisis durante los ya casi nueve años que llevamos on-line, ha sido de presentar hipótesis o especulaciones como si fueran verdades evidentes.

 

Y nos seguiremos manteniendo en esa línea. Por consiguiente, lo que vamos a destacar ahora se seguirá manteniendo dentro del marco de las conjeturas, aunque lo presentaremos con seriedad y tratando de explicar claramente por qué sostenemos estas ideas.

 

Partimos del supuesto de que existirían dos corrientes dentro de los centros de poder partidista en el país: una que quiere ver, abordar y analizar las nuevas realidades surgidas a partir del 17 de diciembre del 2014, que modificaron la dinámica toda de las relaciones del régimen con Estados Unidos; y otra partidaria de que todo siga igual y que los únicos cambios aceptables sean los de “más de lo mismo”, como había sido hasta ahora.

 

Sería exagerado señalar que se trataría de un “cisma” dentro del partido. Cuando se le ha preguntado eso a personas que residen en Cuba, y que se mantienen al tanto de lo que ocurre dentro de la isla, han señalado que afirmar tal cosa sería equivocado, aunque es evidente que existen posiciones diferentes no solamente con relación al congreso, sino más ampliamente, con relación a lo que debe ser el camino y el futuro no solamente del partido comunista, sino del país en general.

 

Otras voces claman que es imposible que en Cuba puedan surgir facciones, y que en caso de que alguna o algunas pretendieran levantar la cabeza, la maquinaria partidista se encargaría de decapitarla desde el primer momento.

 

Los seis congresos anteriores del partido comunista cubano

 

Sin embargo, hay antecedentes que refutan esa afirmación, al menos en términos absolutos:

 

No hubo demasiados choques abiertos preparando el Primer congreso del partido (1975) por la novedad que significaba un acontecimiento como ese después de 16 años de “revolución”, además de por la falta de experiencias en ese sentido. Durante los trabajos preparatorios del congreso las desavenencias fueron sordas y discretas, y se manifestaban en la práctica entre las propuestas que elaboraba el equipo de trabajo formado por un  grupo destacado de economistas de la vida civil, que Raúl Castro había concentrado para trabajar en las oficinas del Ministerio de las Fuerzas Armadas, y las contrapropuestas de Fidel Castro, quien al revisar todos y cada uno de tales documentos generalmente hacía señalamientos y acotaciones que restaban osadía, alcance y profundidad a las propuestas elaboradas por el grupo de trabajo.

 

Todavía para el Segundo congreso (1980) muchos creían en la posibilidad de mejorar las cosas. Las explicaciones oficiales eran que había que andar con cautela para no cometer errores. Por otra parte, la intempestiva y masiva participación de tropas cubanas en las guerras africanas, primero en Angola y posteriormente en Etiopía, habían descarrilado una serie de proyectos y programas de trabajo establecidos por el primer congreso cinco años antes, o al menos esas eran las explicaciones que se daban. De manera que este Segundo congreso fue visto como una continuidad de las tareas establecidas desde el congreso de 1975, y no hubo demasiados cuestionamientos entonces: el cheque en blanco seguía vigente por parte de la militancia hacia los cabecillas de la organización.

 

En el Tercer congreso (1986) las cosas fueron un poco diferentes: tras más de diez años sin resultados concretos ni mejoras significativas, las bases comenzaban a preguntarse qué era lo que andaba mal y cómo se podrían resolver todos los problemas, y primó la tendencia de llamar a la profundización del Sistema de Dirección y Planificación de la Economía y la utilización más amplia de los llamados “mecanismos económicos” para el funcionamiento de la economía y la sociedad. En el momento del congreso Fidel Castro, por alguna razón, no quiso actuar como retranca, quizás para no mostrarse públicamente como el reaccionario que siempre había sido. Sin embargo, dos meses después, en las celebraciones por el aniversario de la victoria sobre la invasión de Bahía de Cochinos, el Comandante desató sus furias.

 

Criticó a los que muy pronto llamaría “tecnócratas”, porque según él daban demasiada importancia a los “mecanismos económicos y los estímulos materiales”, y lanzó, inconsultamente, lo que se conocería como el “Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas”, exaltó los estímulos morales y “el espíritu del Che” como los mecanismos fundamentales (y casi únicos) para “construir el socialismo”. Todos esos “tecnócratas” menospreciados por Fidel Castro fueron destituidos de sus cargos y reemplazados por personas ineptas pero de indiscutible lealtad (es decir, sumisión) al Comandante en Jefe, se proclamó que “ahora sí vamos a construir el socialismo”, prácticamente fue enterrado el Sistema de Dirección y Planificación de la Economía, y la economía nacional entró en una picada en barrena de la que más nunca se resarciría, pues muy poco tiempo después se produjo el derrumbe del socialismo y el fin de los subsidios de los “países hermanos”.

 

El proceso preparatorio para el Cuarto congreso del partido, que se celebró en octubre de 1991, conoció de fuertes tendencias empeñadas en modificar las líneas dogmáticas tradicionales de la organización, líneas que copiaban rigurosamente las experiencias soviéticas. Pero hay que tener en cuenta que ya para la fecha en que se celebraría ese cuarto congreso el llamado “campo socialista” había dejado de existir tras fracasar rotundamente. Fue aquel un acontecimiento trascendental que la historia y la conciencia mundial han preservado en la memoria colectiva como el estrepitoso derribo del Muro de Berlín que sepultó bajo sus escombros las mentiras de las “democracias populares” y el “internacionalismo” que ocultaban el brutal imperialismo soviético sobre sus “hermanos socialistas”.

 

Por si fuera poco, en octubre de 1991 la Unión Soviética vivía sus últimos estertores, entre la perestroika, la glasnot y el fallido golpe de estado de los elementos más trogloditas del comunismo soviético contra Mijail Gorbachov. Menos de tres meses después del cuarto congreso comunista cubano la Unión Soviética dejaba de existir -para bien de la humanidad- y comenzaba a desaparecer el “imperio del Mal”, aunque posteriormente intenta resurgir con ropaje nuevo.

 

Cuba vivía la crisis desatada por el absurdo “Proceso de rectificación de errores y tendencias negativas”, que había lanzado la economía en picada y sin señales de recuperación con la pretensión de que todo se resolviera con “trabajo político” y “estímulos morales”, desmotivando a los trabajadores y desestimulando el avance en todos los sectores económicos y sociales. Encima de todas esas desgracias, comenzadas en 1986, mucho antes de la caída del Muro de Berlín, el país se abocaba en 1991 al llamado “período especial en tiempo de paz”, otra maniobra de Fidel Castro para conservar el poder, imponiendo a los cubanos condiciones de miseria y necesidades que nunca antes se habían conocido en la historia del país, ni en tiempos de la llamada “reconcentración” impuesta por el capitán general español Valeriano Weyler en medio de la guerra de independencia cubana.

 

Fidel Castro ordenó entonces detener el conato contestatario dentro de la militancia y de la población a como diera lugar, y el esbirro-burócrata partidista José Ramón Machado Ventura, siempre a cargo de mantener la disciplina de la militancia y controlar a “los cuadros”, se encargó de que los criterios que no se adaptaran estrictamente a la línea establecida desde el Palacio de la Revolución no pudieran, simplemente, no ya prosperar, sino ni siquiera expresarse.

 

El resultado fue un cuarto congreso partidista en nada diferente a los aburridos congresos de los partidos comunistas en la Unión Soviética y en sus “repúblicas”, o en los países del desaparecido “campo socialista”. Incluso, comparado con los tres anteriores congresos del partido cubano bajo la coyunda de Fidel Castro, resultó un congreso soso, aburrido y nada original, que ratificó, simplemente, las estrategias del fracaso y el estancamiento.

 

En la preparación del quinto congreso, que se celebraría en octubre de 1997, volvieron a surgir opiniones contestatarias y “reformistas”. El país estaba sumido y aplastado por el “período especial”, no se veía ninguna luz al final del túnel, y muchos militantes, así como la población en general, deseaban experimentar nuevos rumbos para solucionar los terribles problemas y angustias que se padecían.

 

No se trataba de posiciones “contrarrevolucionarias” ni favorables al “imperialismo”, para decirlo en lenguaje oficialista cubano, sino posiciones encaminadas a buscar más eficiencia y resultados ante el marasmo burocrático y el estancamiento del país, la economía y la sociedad. Planteamientos muy razonables teniendo en cuenta que no se avistaban soluciones a ninguno de los grandes problemas que enfrentaban los cubanos, ya que la línea oficialista de Fidel Castro y la camarilla en el poder continuaba apostando al “más de lo mismo”, la palabrería hueca y absurda, y las promesas de siempre para un futuro luminoso cada vez más lejano, como de costumbre.

 

Muchos cubanos estaban a favor de una línea más adecuada y efectiva dentro del partido, de darle a la organización una inspiración martiana y democrática de la que siempre careció, y de facilitar relevos generacionales reales y no los que fomentaba el Comandante con los “canchanchanes” jóvenes que le caían bien. En algunos casos hubo propuestas que intentaban incluso la creación de más de un partido “revolucionario”, y de modificaciones orgánicas en las estructuras de gobierno, la economía y la sociedad, en busca de un “socialismo” más atractivo, enriquecedor y con futuro, lo que sutilmente implicaba desechar la testarudez y el empecinamiento que enarbolaban Fidel Castro y quienes junto a él disfrutaban de “las mieles del poder”.

 

Sin embargo, los propios títulos de los documentos del quinto congreso revelan muy claramente cuál fue la línea que se impuso, que en definitiva no era otra que la de “más de lo mismo”, como siempre.

 

El documento central fue titulado “El Partido de la unidad, la democracia y los derechos humanos que defendemos”, y según la propaganda oficial la idea central del documento era que “de nuestra gloriosa historia brotaron y brotan los principios emancipadores por cuya victoria han luchado sucesivas generaciones. La Revolución es una sola”.

 

En ese congreso se adoptaron cuatro resoluciones: “La revolución cubana es una sola”, “El partido de la unidad”, y “La democracia que defendemos”. Como puede verse, estas resoluciones veían a ratificar los lineamientos establecidos en el documento central.

 

La cuarta resolución adoptada fue la resolución económica. Evidentemente, viendo los títulos de las tres primeras debe quedar claro para cualquier observador atento que el contenido de la resolución económica no aportaba nada de interés, cambio o ni siquiera modificaciones inteligentes o proyectos razonables, por lo que no vale la pena siquiera detenerse en ella.

 

Raúl Castro asume el poder

 

Tendrían que pasar entonces catorce años para que se celebrara el Sexto congreso del partido, en abril del 2011. Con Fidel Castro fuera del juego por enfermedad desde julio del 2006, y con Raúl Castro al frente del Estado y del Gobierno, primero “con carácter provisional” hasta el 2008, y desde entonces como titular de tales cargos, sería el sexto congreso el encargado de entregarle la máxima dirección del partido, al designarlo Primer Secretario.

 

Desde Lenin hasta nuestros días, en las camarillas comunistas siempre ha funcionado el principio de que, aunque exista el comité central y el buró político, quien dirige el partido (y por lo tanto el país) es el “primer secretario” del partido, aunque en ocasiones el cargo ostentado por esa máxima figura ha sido llamado “secretario general” o incluso “presidente”. Con independencia del nombre del cargo, el máximo jerarca es quien ordena y manda, y todos los buroes políticos, comités centrales, o comisiones de esto o aquello, son simplemente paisaje para decorar el escenario con escenografía partidista.

 

Era tanta la desorganización dejada por el Comandante tras cuarenta y siete años de poder omnímodo e incontestado, que las tareas a desarrollar eran monumentales, y los entuertos a “desfacer” resultaban colosales. De manera que fue necesario hacer algo insólito: celebrar el congreso en el 2011 y convocar para el año siguiente la realización de una Conferencia Nacional del Partido que debería discutir y llegar a conclusiones sobre los problemas inherentes a la organización, sus estatutos y lo que se conoce como “vida interna” del partido.

 

Teniendo en cuenta el ascenso de Raúl Castro, el que hubiera eliminando algunas medidas como prohibiciones absurdas y totalitarias establecidas por su hermano mayor de a porque sí, la implantación de algunas nuevas ideas para modificar de forma modesta y controlada el funcionamiento de la economía (como la autorización del trabajo por cuenta propia), se crearon expectativas entre la militancia y entre la población de que ese sexto congreso pudiera traer algo nuevo.

 

Era tanto el desorden y tan gigantesca la falta de rumbo y de sentido de orientación que hasta sencillas medidas de sentido común establecidas bajo el mando de Raúl Castro, como la entrega de tierras ociosas en usufructo para que fueran trabajadas, eliminar las absurdas e improductivas Escuelas en el Campo, o no seguir dilapidando recursos y tiempo en una incoherente e irracional “Batalla de Ideas”, podrían parecer a primera vista “reformas” significativas o en ocasiones hasta “revolucionarias”, cuando en realidad no iban mucho más allá del sentido común. Sin embargo, no debe olvidarse que dentro de un manicomio la sensatez es algo no solamente revolucionario, en el sentido que conmueve las formas tradicionales de comportamiento, sino también puede ser hasta subversivo.

 

De manera que puede decirse que la militancia partidista, y hasta una parte de la población, entregó a Raúl Castro lo que sería un voto de confianza -aunque con reservas- en ocasión del sexto congreso del partido. Sin embargo, como de costumbre, con el casi omnímodo burócrata Machado Ventura a cargo de preparar y organizar el congreso, sus resultados no fueron demasiado diferentes a los de los congresos anteriores. Las únicas diferencia significativas fueron el “pase a retiro” definitivo de Fidel Castro y las esperanzas difusas de que con Raúl Castro al timón de la nave se pudieran lograr determinados avances, reducir en algo el dogmatismo del régimen y el agobio de los cubanos.

 

Han pasado hasta ahora cuatro años y medio de ese congreso del 2011 y ya Raúl Castro prácticamente ha consumido la débil confianza que recibió en aquel momento, y aunque se pudieran señalar determinados cambios significativos en el país, como la reforma a la ley de inmigración que eliminó prohibiciones absurdas y totalitarias vigentes prácticamente desde 1959, o la nueva ley de inversión extranjera, que ofrece facilidades nunca antes brindadas a los inversores extranjeros, arrastra tareas pendientes que por una razón u otra no se acaban de materializar, como la urgente elevación de la producción nacional de alimentos -declarada por él mismo como asunto de seguridad nacional- o la eliminación de la doble moneda, que tantos problemas crea al gobierno, a la población, las empresas y hasta a los turistas.

 

Graves problemas que es necesario resolver

 

De manera que en el Séptimo congreso, que por imperativos biológicos debería ser el último para la camarilla “histórica” aferrada al poder desde 1959, será necesario discutir y decidir, durante el proceso preparatorio, sobre una serie de temas de verdadera trascendencia. Eso, si es que pretenden navegar en la barca de Caronte con la tranquilidad de no haber dejado a sus sucesores -sean quienes sean- y a sus familiares, un país inestable donde los conflictos internos y las batallas por el poder puedan convertir a la nación en un estado fallido a noventa millas de las costas de Estados Unidos, algo que esa nación no se puede dar el lujo de permitir.

 

El país enfrenta en estos momentos complejos y peligrosos problemas y tareas muy concretas de carácter económico y social, que se tienen que resolver de una manera o de otra en los plazos más breves posibles, y no parece que el partido comunista o el gobierno -al fin y al cabo, en Cuba ambas cosas son lo mismo, aunque en tiempos de Raúl Castro se guarden más las formas- tengan claro cuáles son estas tareas ni, sobre todo, cuáles son las estrategias y medidas más apropiadas para lograrlo. Entre estos complejos problemas están:

 

  • Falta de liquidez, que se expresa en una significativa reducción de importaciones de alimentos durante este año 2015, mientras que la producción agropecuaria nacional en el mejor de los casos se mantiene estable o decrece en determinados renglones, mientras los crecimientos son contados y pequeños

 

  • La sequía reduce áreas de siembra y rendimientos de cultivos. A pesar de la temporada de huracanes y las abundantes lluvias de las últimas semanas en la cuenca del Caribe y el sur de Florida, la isla es el único país que sigue reportando agobiante sequía y que prácticamente se beneficia muy poco de las lluvias y la utilización de sus embalses

 

  • Continúa decreciendo la masa ganadera a causa de las muertes por hambre y sed de muchos animales y por el mal manejo de los mismos en áreas estatales, así como por un descontrolado “hurto y sacrificio ilegal de ganado” por parte de la población para resolver sus necesidades alimenticias

 

  • La crisis demográfica adquiere características permanentes, con una proporción cada vez más creciente de cubanos de la tercera edad, mientras infinidad de jóvenes y personas en edad laboral tienen como objetivo principal de sus vidas emigrar, a donde sea y como sea. Al dificultarse las entradas a Estados Unidos por mar, las que hay por vías terrestres desde Ecuador y Colombia, Centroamérica y México se han multiplicado, y miles de compatriotas arriban ahora por la frontera sur de EEUU después de viajes de miles de kilómetros por diferentes países en muy difíciles condiciones

 

  • Las epidemias se mantienen endémicas en el país, principalmente las de dengue y cólera, y continúan surgiendo nuevos casos constantemente sin que se puedan eliminar definitivamente, como si esto ocurriera en África, por las deficientes condiciones sanitarias de la población y las infraestructuras

 

  • Los salarios estatales tienen cada vez menos poder adquisitivo, y los cubanos que no pueden contar con remesas de familiares en el extranjero saben que para poder sobrevivir con los precios del mercado tienen que incorporarse al trabajo por cuenta propia, fuera de los mecanismos estatales, o dedicarse a “resolver”, que es la manera eufemística que se utiliza en Cuba para nombrar al robo y la malversación

 

Compare el lector los problemas mencionados, que están muy lejos de ser un listado exhaustivo ni mucho menos, con los titulares del diario “Granma” del 23 de octubre, señalados más arriba, y trate de establecer una correlación entre los problemas y los retos reales que enfrenta el país con las “informaciones” que refleja la prensa partidista a menos de seis meses de la fecha anunciada para el congreso del partido, y no será nada difícil llegar a la conclusión de que esa prensa mantiene una conducta políticamente autista con relación a las necesidades de la población y del país.

 

¿Qué podría traer el Séptimo congreso del PCC;

 

Siendo así, ¿qué se podría esperar de ese próximo cónclave comunista? Evidentemente, no demasiado. Más bien muy poco. Y como si no bastara con “tarde, mal y nunca”, da la apariencia que la pandilla en el poder y muchos de los militantes no logran alcanzar un mínimo consenso sobre qué sería lo que deberían proponer no ya solamente para avanzar, sino incluso para no continuar retrocediendo.

 

Todo lo poco que se sabe, o que aparentemente se sabe, sobre los proyectos que se están manejando para el Séptimo congreso del partido, se mueve en los niveles de rumores, suposiciones, chismes cortesanos, intrigas palaciegas y comentarios entre tragos de ron y masas de “puercoasao”, pero realmente no hay demasiadas indicaciones oficiales de qué se estaría haciendo o cuándo se podría conocer sobre eso.

 

Sin embargo, parece evidente que hay diferentes puntos de vista en colisión, aun dentro de quienes defienden lo que queda de la llamada “revolución”, entre los que pretenden profundizar y llevar mucho más lejos lo que se conoce como “actualizar el modelo”, con la intención de hacerlo más eficiente, efectivo, productivo, atractivo y útil, y los que insisten en aferrarse a las ideas retrógradas y trogloditas defendidas por Fidel Castro en ocasión de aquel fatídico y lamentable Cuarto Congreso, que impuso y defendió el criterio de que “de nuestra gloriosa historia brotaron y brotan los principios emancipadores por cuya victoria han luchado sucesivas generaciones. La Revolución es una sola”.

 

Y estas diferencias de opinión son las que parecen estar trabando las tomas de decisiones sobre los documentos preparatorios del congreso que ya a estas alturas deberían estar dándose a conocer y debatiendo entre la militancia y la población, como se ha hecho siempre, aunque eso constituya una ceremonia formal y protocolar para dar la imagen de una “democracia” que en realidad ni existe ni ha existido nunca.

 

Se habla de una reforma constitucional que se propondría, pero no está claro si tienen que ver con la separación de cargos al máximo nivel estatal -actualmente el Presidente del Consejo de Estado es también Presidente del Consejo de Ministros- que fue como se estableció en la Constitución “socialista” de 1976 para que Fidel Castro controlara ambos cargos.

 

También se dice que se propondrían modificaciones para la formación y determinación de la cantidad de diputados a la llamada Asamblea Nacional del Poder Popular, y se rumora que podrían reducirse la cantidad de integrantes -en definitiva, para aprobarlo todo unánimemente no hacen falta tantas manos alzadas a la vez- alegándose para sostener ese criterio que la capacidad del Capitolio Nacional, que se está restaurando para que funcione como sede de esa Asamblea, no permite albergar en sus hemiciclos a los más de seiscientos inútiles “diputados” actualmente existentes.

 

Otros rumores se refieren a modificaciones para la elección directa por parte de la población de los cargos más importantes del país, y se rumora que hay criterios de que así debería elegirse hasta el propio Presidente del Consejo de Estado, que a partir del 2018, si Raúl Castro cumple su palabra de no mantenerse en el cargo por más de dos períodos consecutivos, habría que elegir (designar) a un nuevo personaje.

 

También hay que tomar decisiones trascendentales en el campo de la economía. La insistencia en apostarlo todo por las empresas estatales “socialistas”, cuando durante más de medio siglo han resultado ineficientes y fuente de gigantescas pérdidas, no puede sostenerse por mucho más tiempo. Si se mantiene el temor del régimen a la privatización deberá recurrir al menos a autorizar la formación inmediata de verdaderas cooperativas, tanto agropecuarias como no agropecuarias, para desarmar los mastodontes estatales que no son más que sacos sin fondo por donde se escapa continuamente la riqueza de la nación. Y habrá que decidir si continuar aplastando sin misericordia al pequeño sector de trabajadores por cuenta propia, que prácticamente ya no puede crecer más en las condiciones actuales, sintiéndose agobiados por las cargas fiscales y los abusos de un ineficiente sistema de inspectores estatales corruptos cuya única preocupación y objetivo es el enriquecimiento personal mediante la extorsión a los cuentapropistas.

 

Habrá que decidir hasta dónde y hasta cuándo se deben y se pueden mantener las así llamadas “unidades presupuestadas”, que se financian a través del presupuesto y que, por regla general, aportan demasiado poco a la nación en comparación con lo que cuestan y con lo que gastan. Y entre este grupo que aporta poco hay que destacar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias en lo que se refiere al ámbito estrictamente castrense, así como el ministerio del Interior con todo su aparato represivo y de orden interior, donde la tarea de la represión no solamente es la prioritaria, sino que se lleva la parte del león en los recursos que consume, quedando otras actividades de ese ministerio, como prevención y extinción de incendios, organización y control del tránsito, o registros vehiculares, con muchos menos recursos.

 

En lo referente a las FAR lo señalado no atañe al ámbito económico-comercial que funciona a través del “Grupo de Administración de Empresas, Sociedad Anónima”, conocido como GAESA, emporio económico y financiero que se dirige como fuero exclusivo de las Fuerzas Armadas y donde la economía “civil” no tiene nada que hacer ni puede hacerlo aunque quisiera.

 

Y dentro de esas instituciones cuyos gastos se cargan al presupuesto, hay que incluir a las ahora llamadas “organizaciones no gubernamentales” y unidades de la “sociedad civil revolucionaria”, maquinarias para gastar dinero y entretener a tontos, que van desde el mismísimo partido comunista hasta las organizaciones o entidades más insulsas y poco significativas, aunque todas por igual constituyen un permanente desperdicio de recursos y dinero con reiterativas campañas de propaganda, reuniones, llamamientos, viajes, y actividades absolutamente intrascendentes en todas los ámbitos de la vida nacional.

 

Como puede verse, son muchos los problemas a resolver y las tareas estratégicas a acometer para intentar -aunque nunca podrán lograrlo- establecer un socialismo próspero y sustentable, como anuncia en los últimos tiempos la propaganda del régimen.

 

Porque con ese desorden, esa falta de objetivos y esa cantidad de problemas, es imposible que pueda existir la prosperidad. Y mucho menos que pueda existir en Cuba la economía sustentable, cuando ni siquiera es suficiente para la supervivencia más elemental.

 

Sin embargo, y es lo más importante a destacar, porque en Cuba, sencillamente, ni ha habido, ni hay, ni habrá socialismo.

 

De manera que el próximo Congreso del Partido Comunista -que ojalá sea el último- tratará de darle forma al capitalismo de Estado que se está diseñando en Cuba para que quede como herencia de más de medio siglo de dictadura castrista y totalitarismo.