Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

Cinismo castrista y médicos cubanos en Brasil

 

Según el muy ilustre ministro de Relaciones Exteriores de la finca privada de los hermanos Castro, conocida también como República de Cuba, el presidente electo brasileño Jair Bolsonaro no tiene moral alguna para criticar al gobierno cubano.

 

Pura lógica de Al Capone o Vito Corleone: un presidente democráticamente electo en unas elecciones presidenciales libres y abiertas donde compitieron varios candidatos, no tendría derecho de criticar a una brutal dictadura que está por cumplir sesenta años en el poder y que nunca, nunca, ha celebrado elecciones realmente libres ni permitido que sus ciudadanos puedan escoger al gobernante del país.

 

¿Cómo es posible que un mocoso designado ministro por un general sin batallas a cargo de una dictadura inepta y corrupta pretenda dictarle normas de moral y decencia a algún presidente democráticamente electo en cualquier país del mundo?

 

Eso solamente puede ocurrir porque en la lógica castrista los gobernantes con “moral” en el mundo son personajes tan desprestigiados como el narcotraficante Nicolás Maduro en Venezuela; el corrupto, ladrón y asesino Daniel Ortega, dictador nicaragüense; el cocalero boliviano Evo Morales que pretende eternizarse en el poder tergiversando las leyes y la voluntad popular; el “malandro” Lula da Silva que cumple prisión en Brasil por delitos de malversación y corrupción entre otros; el brutal tirano de Corea del Norte, Kim Jong-un, que abraza al presidente Díaz-Canel con la misma tranquilidad que fusila a sus propios familiares cuando los considera insuficientemente leales; el carnicero sirio Bashir el-Assad con miles y miles de muertos sobre su conciencia; los oscurantistas ayatolas iraníes que apoyan al terrorismo y viven empeñados en aplastar a su propio pueblo y a la vez destruir a Israel; y otros detritus humanos similares.

 

El resto, según La Habana, no tiene moral, dignidad ni vergüenza, porque los comunistas creen ser los únicos dueños y árbitros de la decencia y la asignan a conveniencia y en función de sus bastardos intereses.

 

Todo el cinismo y perversidad del régimen castrista, donde el actual presidente cubano Miguel Díaz-Canel hace de director de la comparsa, ha salido a flote con el episodio de los médicos cubanos en Brasil a través del programa “Mais Medicos”, cuando a raíz de la victoria de Jair Bolsonaro se decidió precipitada y temerosamente retirarlos del gigante suramericano antes del primero de enero del próximo año, cuando el nuevo presidente tome posesión.

 

Las exigencias del electo presidente brasileño

 

El pretexto de la dictadura para tal precipitado repliegue es que el futuro mandatario brasileño ha ofendido la “dignidad” de los médicos cubanos al considerarlos esclavos del régimen, y ha puesto en duda su calificación profesional, lo que crearía situaciones “inadmisibles” que no se podrían mantener.

 

Sin embargo, la realidad es muy diferente a lo que proclaman los castristas, y nada de lo planteado por el presidente electo brasileño va contra la supuesta “dignidad” de nadie ni  pone en duda la calificación de los galenos cubanos como si los discriminara y tratara de manera diferente a los del resto del mundo.

 

El programa “Mais Medicos” incluye a unos 18,000 trabajadores de la salud de todas partes del mundo, de los cuales en estos momentos unos 8,300 eran cubanos (aproximadamente un 46% del total). A todos los médicos integrantes del programa se les exige un ejercicio de revalidación de sus credenciales profesionales de acuerdo a los estándares médicos establecidos en Brasil para ejercer la profesión. Y todos los médicos en activo han pasado por tales exámenes. Todos menos los cubanos, que en virtud de convenios firmados entre ambos gobiernos, con marcados intereses políticos, no se veían obligados a pasarlos.

 

El presidente electo Bolsonaro en ningún momento ha dicho que los médicos cubanos no están calificados para ejercer la profesión en Brasil; lo que ha dicho, con mucha razón, es que esos médicos cubanos deberían, al igual que los galenos del resto del mundo, realizar los ejercicios de revalidación de credenciales antes de recibir el permiso gubernamental para ejercer en el país. Pero ese justo reclamo, que limitaría un privilegio del que hasta ahora han disfrutado los médicos cubanos en Brasil,  la dictadura castrista lo considera como un acto discriminatorio contra los cubanos, cuando en realidad la verdadera discriminación se produce contra los médicos del resto del mundo obligados a convalidar sus títulos mientras que a los cubanos se les permite ejercer sin tal requisito.

 

¿Por qué la tiranía castrista se ofende y habla de “dignidad” cuando se le exige cumplir con una norma establecida para todos los profesionales extranjeros que desean ejercer la medicina en Brasil? ¿Acaso se preocupa de que determinada cantidad de los integrantes del contingente cubano pueda obtener resultados insuficientes en esos procesos de revalidación? No sería sensato, puesto que en esas reválidas lo que se exige son los conocimientos y la preparación necesarios para ejercer la medicina en cualquier parte del mundo en las condiciones actuales, y los cubanos deberían poder satisfacer esas demandas igual que los médicos de los demás países según los títulos que ostentan. ¿O es que hubo deficiencias e insuficiencias en su preparación en Cuba que podrían afectar que pudieran pasar satisfactoriamente la reválida?

 

El otro elemento que el régimen de La Habana considera “inadmisible” de las exigencias del futuro presidente brasileño es que este consideró a los cubanos como “esclavos” por las características de los contratos con los cuales funcionan en Brasil. De acuerdo a lo establecido en ellos, los médicos cubanos en Brasil reciben solamente entre un 25-30% del salario que el país paga por cada uno (unos 3,300 dólares mensuales), quedándose la dictadura con el resto del pago, es decir, entre un 70-75%. La Habana justifica este escandaloso abuso alegando que a esos profesionales que sirven en Brasil se les paga su salario completo en Cuba en moneda nacional (que en realidad oscila entre el equivalente a 40 y 60 dólares mensuales), y que por consiguiente esos cubanos obtienen, además de su salario “normal” en la isla, estipendios suficientes para poder mantenerse durante su estancia en Brasil, y no pagan por los pasajes aéreos desde y hacia Cuba. Curioso concepto de la equidad y del valor del dinero que maneja el régimen.

 

Además, el régimen alega que ese dinero que esquilma a los médicos cubanos que prestan servicio en Brasil y los demás países donde se encuentran ubicados se invierte en el sector de la salud en Cuba para mantener y elevar los servicios sociales en todo el país. Sin embargo, las cifras oficiales de los presupuestos de salud en Cuba y de la disponibilidad de hospitales, centros médicos y camas hospitalarias demuestra que se van venido reduciendo en los últimos veinte años, precisamente cuando más médicos se han estado enviando al exterior.

 

El tercer argumento que “indignó” a la dictadura es que Bolsonaro considera que los médicos deberían tener derecho a que sus familiares pudieran permanecer en Brasil mientras dure su contrato en el país, y no solamente durante 3 meses como máximo, como ha decretado el régimen. Para el presidente brasileño electo, tener a madres médicos en Brasil separadas de sus hijos u otros familiares durante tanto tiempo debería ser considerado como una especie de “tortura” a la que no deberían ser sometidos los profesionales cubanos.

 

Naturalmente, de aprobarse ese requisito, la presencia en el país del médico con sus familiares podría ser un elemento facilitador para que desearan permanecer en el gigante suramericano y no regresar a la isla esclava, y eso no le puede interesar a la dictadura en ninguna circunstancia. Además de que, si eso sucediera, sería evidente que el monto del supuesto “estipendio”, es decir, la parte del salario del médico que no se puede robar el régimen,, sería evidentemente insuficiente. Eso requeriría que el gobierno comunista recibiera menos ingresos para que sus profesionales pudieran subsistir decorosamente con sus familiares.  Y es obvio que los castristas no están dispuestos a ceder la más mínima parte de lo que se roban para dar solución a una situación de esa naturaleza.

 

Con tales cínicos argumentos La Habana se mostró “ofendida” y decidió retirar a la carrera a todos los médicos del programa “Mais Medicos”, para que estén en la isla antes del 25 de diciembre, en un cronograma de retirada que más bien parece de desbandada. Porque llevar de regreso a la isla a unos 8,000 galenos en un mes aproximadamente le costará a la dictadura unos 7 millones de dólares, ya que el actual gobierno brasileño de Michel Temer, no el de Bolsonaro que no ha asumido todavía, se negó a pagar esos pasajes de regreso al considerar que la parte cubana incumplió el contrato al interrumpir de manera unilateral la presencia de los cubanos en Brasil.  

 

Lo que La Habana se ocupa de que el pueblo no conozca

 

El supuesto orgullo herido del régimen por exigencias “inaceptables” contra la dignidad de sus profesionales esconde, cuidadosamente, otros detalles que resultan escandalosos para la dictadura y que la desnuda ante el mundo.

 

El más importante es que el futuro presidente ofreció asilo en Brasil a todos los médicos cubanos que desearan permanecer en el país, y dijo que trabajarían en su profesión con el sueldo correspondiente una vez que vencieran los requisitos de reválida. Quienes por alguna razón no revalidaran sus títulos podrían trabajar como enfermeros, técnicos o alguna otra especialidad acorde con sus calificaciones, o incluso en algún otro tipo de actividades, sin ningún tipo de discriminación, basados solamente en sus calificaciones demostradas y con los sueldos establecidos en el país para los trabajos que lleven a cabo, sin ningún tipo de discriminación.

 

El Vicepresidente electo ha considerado que aproximadamente la mitad de los médicos que en estos momentos se encuentra en Brasil estarían dispuestos a acogerse a la oferta de asilo disponible para ellos. Sin embargo, cualquier cifra que se maneje sería especulativa en estos momentos, y habría que tener en cuenta que independientemente de las opiniones, intereses y deseos de los galenos cubanos en Brasil, no puede subestimarse la larga mano represiva del castrismo y todas las presiones y las coacciones que realizará sobre “sus” médicos y familiares para obligarlos a regresar a la isla. De manera que la cifra real de los que finalmente decidirán no regresar solamente podremos conocerla dentro de algún tiempo y no en estos momentos.

 

Ya se sabe que junto al tratamiento de héroes con que reciben a los que ya comenzaron a “regresar a la patria”, como el primer contingente de 200 galenos recibidos directamente por el tarugo presidencial Díaz-Canel, los jenízaros del régimen están visitando las casas donde residen familiares de médicos que todavía se encuentran en Brasil, para “explicarles” por qué deberían regresar sus seres queridos y los supuestos “peligros” a los que se exponen en caso de no hacerlo. Simultáneamente, y con poco disimulo, se hace saber a todos en Cuba que los que no regresen serán considerados “desertores” y automáticamente recibirían una sanción de ocho años sin poder regresar a su país, como una muestra más de la “libertad” de esos médicos en Brasil y del carácter “voluntario” de su regreso a la finca de los hermanos Castro.

 

Pero es que la dictadura rompe marcas de desvergüenza “indignándose” cuando el presidente electo brasileño señala que los médicos cubanos están en el gigante suramericano en condiciones de esclavos y que él no está dispuesto a permitir tal abuso. Y entonces el libelo “Granma” publica continuamente en primera plana maravillas desinformativas como esta:

 

Cuba ofrece médicos dispuestos a luchar contra la muerte. A pocos días de que Cuba decidiera no participar más del programa Más Médicos en Brasil, luego de que su presidente, Jair Bolsonaro, colocara en tela de juicio la profesionalidad de los galenos cubanos e impusiera condiciones a la Isla para la continuidad de este servicio, Granma comparte fragmentos de discursos del Comandante en Jefe sobre la Salud en nuestro país, una de las mayores conquistas de la Revolución”.

 

Según el surtidor de mentiras del Partido Comunista cubano, ha sido el presidente electo brasileño quien “colocara en tela de juicio la profesionalidad de los galenos cubanos” y que además “impusiera condiciones a la Isla para la continuidad de este servicio”. Sin embargo, habría que preguntarse: ¿dónde existe una sola frase del presidente electo brasileño en que se coloque en tela de juicio la profesionalidad de los médicos cubanos? ¿O que exija que se retiren del país y que abandonen el programa “Mais Medicos”?

 

Y además, ¿cuáles son esas supuestas condiciones inaceptables planteadas por el presidente electo? Pedirles que venzan los exámenes de reválida, como están obligados a hacer todos los médicos extranjeros que laboran en Brasil, no es ninguna condición abusiva ni discriminatoria, sino un proceso normal de validación de conocimientos y capacidades, que no resulta “indignante” para ningún médico extranjero que labora en Brasil, sino solamente para la dictadura cubana que teme que se pueda saber si los médicos que envía a ese país están realmente calificados o no para las labores que desempeñarían o si fueron formados a la carrera como parte de una gigantesca “misión” para cobrar por sus servicios.

 

Si pedir que se pague a los médicos cubanos los salarios establecidos en el país para su actividad, sin que la dictadura se apropie de buena parte de ese dinero, es una condición “inaceptable”, lo será para la dictadura, pero no para los propios médicos a los que el régimen esquilma hasta un 75% del sueldo que les corresponde. Si es inaceptable  facilitar que los médicos puedan estar en Brasil con sus familiares todo el tiempo que deseen y no solamente por tres meses como máximo, lo será para la dictadura que quiere a esos familiares de rehenes en la isla, pero no para los médicos que desarrollan su trabajo en ese gigantesco país.

 

Si decir que los médicos cubanos que trabajan en Brasil como parte del programa “Mais Médicos” están prácticamente en condiciones de esclavitud moderna en el país resulta inaceptable, lo será para la dictadura cubana, que representa a los esclavistas, no para los médicos cubanos que sufren tal esclavitud, les roban su salario, les imponen condiciones onerosas y humillantes, les vigilan como si fueran presidiarios y controlan sus movimientos y sus actividades.

 

¿Cómo terminará esta historia?

 

El desenlace final es difícil de predecir en estos momentos. Naturalmente, la dictadura tratará de llevar de regreso a la isla la mayor cantidad posible de esos médicos que se encuentran dislocados en Brasil. ¿Cuántos de esos casi ocho mil regresarán antes del 25 de diciembre de este año?

 

Habrá que esperar al final del proceso para poderlo saber, porque si grandes son y serán las presiones del régimen contra esos colaboradores y sus familares radicados en Cuba, grandes serán también los incentivos que tendrían esos galenos para escapar de la esclavitud castrista. Habría que ver el balance que hará cada uno de ellos de lo que podrían ganar y perder en caso de regresar a la finca de los hermanos Castro o de acogerse a la generosa oferta de asilo de presidente brasileño y permanecer en el país sudamericano trabajando como profesionales verdaderamente libres.

 

Sin olvidarnos de un problema práctico: el nuevo presidente de Brasil asumirá su cargo el primero de enero del 2019, por lo que los médicos que decidan no regresar a Cuba en esta tan precipitada campaña de retorno (des)organizada por la tiranía cubana, deberían permanecer durante algunas semanas en ese país en una especie de limbo migratorio, aunque no parece probable que el actual gobierno, que cesa en sus funciones el día 31 de diciembre de este año, vaya a entregar a las garras del régimen a los cubanos que no desearan regresar. Podría ser una situación relativamente incómoda por algunas semanas para esos cubanos que decidan quedarse en Brasil, pero no deberían ser situaciones de consecuencias fatales ni mucho menos. Esperemos que así sea.

 

¿Qué le cuesta esta crisis al régimen?

 

Sencillamente, al régimen esta crisis le cuesta mucho dinero, ya que según se calcula esos colaboradores cubanos en el programa “Mais Medicos” representaban un ingreso anual de unos 330 millones de dólares, que ahora dejarán de ingresar en las arcas de la tiranía.

 

Esa cifra, téngase en cuenta, es superior a lo que recibe anualmente el gobierno castrista por las exportaciones de tabaco, o de azúcar, o de níquel, o de biotecnología y farmacia, o de bebidas. Y para compensar esa falta de ingresos a través del turismo, las entradas de ese sector deberían crecer aproximadamente un 10% anual. Pero no debe olvidarse que lo que debería crecer un 10% anual serían los ingresos netos del turismo, no la cantidad de visitantes al país, y esa cifra de ingresos netos parece casi imposible debido a la proverbial ineficiencia de la gestión turística en la Cuba de los hermanos Castro.

 

Como nota al margen, sería positivo tener en cuenta lo siguiente: si con más de 8,000 médicos en Brasil el régimen obtenía unos 330 millones de dólares anuales, si en total tuviera en el exterior unos 48,000 médicos al mismo tiempo, seis veces más que los que había en Brasil, ¿cuánto pudiera obtener como ingresos la dictadura? Si se hiciera un cálculo de extrapolación lineal, una cantidad seis veces superior de médicos produciría 330 X 6, unos 2,000 millones de dólares anuales.

 

Entonces, por muy escandaloso que fuera lo que paga la narcodictadura de Venezuela a la dictadura cubana por sus médicos en ese país, no parece fácil alcanzar la cifra de 8 ó 9 mil millones de dólares anuales en ingresos por servicios médicos en el exterior, una cifra que se repite a menudo cuando se intenta analizar desde fuera de Cuba los ingresos de la dictadura, y que podría llevar a conclusiones inexactas sobre este tema.

 

Mucho menos parece realista la cifra de 11,379 millones que se señala para el año 2017, puesto que, aunque actuaran simultáneamente en el exterior 60,000 médicos cubanos, para alcanzar ese volumen de ingresos deberían cobrar per cápita casi 190,000 dólares anuales, un poco más de 15,800 dólares mensuales.

 

Naturalmente, habría que analizar más detalladamente esta hipótesis, pero nunca estará de más insistir en estos aspectos, porque al castrismo, además de con argumentos morales, también debemos combatirlo con evidencias concretas y con cifras realistas lo más exactas posible.

 

¿Qué le queda al régimen?

 

No son muchas las opciones sensatas y prácticas que quedan para los opresores en La Habana. El supuesto proyecto, que más que de contingencia debería considerarse de indigencia, de ubicar masivamente médicos en Rusia no parece que pueda materializarse tan rápidamente, ni con tal exagerada cantidad de médicos, ni mucho menos con los niveles de salarios que se establecieron dentro del programa “Mais Medicos” con el contubernio entre la dictadura cubana y los corruptos gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rouseff, arropados todos con la vergonzosa complicidad oportunista de la Organización Panamericana de la Salud.

 

De manera que las posibilidades reales de que el régimen se recupere de lo perdido tras su fracaso en Brasil, son muy difíciles. No solo la imposibilidad de superar a corto plazo esa merma de ingresos sino también el incremento de su desprestigio político por el fracaso de su campaña para presentar como “altruismo” y generosidad el envío forzoso de sus médicos a cualquier lugar del mundo.

 

Finalmente, el recurso del chantaje también le estalló en la cara a la dictadura. Tras desgañitarse formando escándalo y lamentos con el tremendismo apocalíptico de que los pobres brasileños se quedarían totalmente desamparados y sin asistencia médica por la terrible maldad y el desinterés por su propio pueblo del “fascista” Jair Bolsonaro, ya se supo que las cosas no serán así ni mucho menos. Ese es el riesgo de creerse el ombligo del mundo.

 

A los cubanos en la isla se les ocultará y no serán informados de esa realidad, pero ya el Ministerio de Salud de Brasil informó públicamente que en los primeros cuatro días de convocatoria oficial para cubrir en todo el país las plazas de médicos que dejaban vacantes los cubanos, se presentaron solicitudes de médicos brasileños y extranjeros que resultan suficientes para cubrir más del 90% de las plazas disponibles.

 

De manera que, teniendo en cuenta que la convocatoria que abrió el ministerio brasileño se extiende hasta el día 14 de diciembre, es de suponer que prácticamente la totalidad de las plazas que dejan vacantes los cubanos podrán estar cubiertas al comenzar el año 2019, y que los brasileños no sufrirían afectaciones por la intempestiva retirada de los galenos cubanos por órdenes de la “altruista” dictadura desde La Habana.

 

Entonces, la ridiculez del mequetrefe Miguel Díaz-Canel de escribir en Twitter que el “regreso a la patria” de los médicos cubanos se producía “con la dignidad como escudo y bandera”, y que constituía “el mejor homenaje a #FidelCastro en sus dos años de ausencia presente”, viene a resultar algo tan cursi y caricaturesco como aquella noticia de octubre de 1983, ¿recuerdan?, sobre aquellos últimos cuatro combatientes envueltos en la bandera cubana que supuestamente se habían inmolado frente al ejército americano en la pista aun sin construirse totalmente del aeropuerto de Grenada.

 

Porque el castrismo, a pesar de todo lo que gasta en propaganda y cantaletas para ocultar las verdades, nunca ha logrado verdaderas victorias, ni mucho menos convertir un revés en victoria.

 

Sin embargo, debemos reconocer que si en algo son expertos es en presentar cualquiera de sus múltiples fracasos de la manera más cursi posible, y mientras mayor sea el fracaso mayor será la cursilería y la ridiculez.