Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

Chusmería en Lima y secretismo en La Habana

 

Delegación oficial y “sociedad civil” castrista: el mismo perro con un solo collar

 

Un antecedente para meditar

 

En los primeros tiempos de Ronald Reagan como presidente de Estados Unidos, se organizaba en Cancún, México, una reunión sobre comercio y cooperación económica internacional, en la cual participarían unos veinticinco países de todo el mundo.

 

Por alguna razón, Cuba estaba incluida entre las naciones que deberían ser invitadas a participar en ese evento. Estados Unidos no deseaba la presencia de la dictadura cubana en ese cónclave mundial, pero aparentemente razones de protocolo, representatividad territorial, o por su papel en aquellos momentos en el Movimiento de Países No Alineados, hacían prácticamente imposible no invitar a La Habana.

 

Así las cosas, el presidente de Estados Unidos tomó una decisión precisa, clara y radical que comunicó a los organizadores del evento: si se invitaba a Cuba a participar en esa reunión, entonces Estados Unidos no asistiría. Así de sencillo.

 

Francamente, una decisión prepotente que tomaba “el imperio” para cerrarle el paso a Fidel Castro y la posibilidad de que formara su acostumbrado circo en cónclaves internacionales. Una actitud, si se quiere, de superpotencia imponiendo su voluntad en el escenario mundial. Todo lo que se desee expresar como calificativo.

 

Y escándalo superlativo en La Habana, naturalmente, protestas de “los pueblos” y grandísimo alboroto propagandístico con el apoyo financiero y mediático del “campo socialista” y todo el comunismo internacional. Pero ni Cuba ni el dictador Fidel Castro recibieron invitación para participar en esa reunión, donde en realidad no tenían nada que hacer, y tuvieron que conformarse con ver por televisión informaciones sobre la misma.

 

En un enfoque absolutamente inverso, siendo Barack Obama presidente de Estados Unidos, en el año 2009 se celebró en Trinidad y Tobago la quinta Cumbre de las Américas. Hugo Chávez, Evo Morales, Lula da Silva y otros “malandros”, disfrazados todos de presidentes democráticos, utilizaron el cónclave para presionar al presidente de Estados Unidos para que aceptara la participación en esas cumbres de la dictadura cubana, a pesar de ni ser miembro de la Organización de Estados Americanos, de donde fue expulsada en 1962, ni mucho menos signataria de la Carta Democrática aprobada en la cumbre de Quebec, Canadá, en 2001, que fundamentaba tales cumbres.

 

A diferencia de Ronald Reagan, Barack Obama quiso confraternizar con los dictadores y los autócratas de la región y dar una imagen noble del “imperio” ante los países latinoamericanos y caribeños, pensando tal vez que en algún momento se lo agradecerían, y no opuso demasiada resistencia a una eventual futura participación cubana. En la sexta cumbre, celebrada en Cartagena, Colombia, en el 2012, a las presiones se sumaron Nicolás Maduro (en ausencia de Chávez), Cristina Kirchner de Argentina, Dilma Rouseff (sustituta de Lula), el paraguayo delincuente Fernando Lugo, y los gobernantes de varias isletas caribeñas beneficiarias de los petróleos del ALBA.

 

Y Barack Obama, lamentablemente, otorgó de hecho durante la cumbre de Cartagena la bendición para la participación castrista en las Cumbres de las Américas, lo que debería concretarse en la siguiente, a realizarse en Panamá en el año 2016.

 

La dictadura castrista en las Cumbres de las Américas

 

Con lo que, de hecho, Obama facilitó las condiciones imprescindibles para que esas reuniones cumbres de gobernantes latinoamericanos, caribeños, y de EEUU y Canadá, comenzaran su declive y su camino barranca abajo, que era en definitiva la estrategia castro-chavista de siempre. De la misma manera se había recurrido a fundar el ALBA para hacer añicos el ALCA propuesto por Estados Unidos, y la CELAC con la intención de reducir a nada a la OEA, y siempre con el objetivo estratégico de separar a Estados Unidos -y de paso a Canadá- de las organizaciones panamericanas y limitarlas a un latinoamericanismo extremo, estrecho y rencoroso, encabezado por la izquierda carnicera continental bajo pretextos del antimperialismo y los supuestos sueños y mandatos de los próceres continentales.

 

En la Cumbre de Panamá en el año 2016 el comportamiento de régimen neocastrista resultó totalmente esquizofrénico: mientras por una parte intentó presentarse como nación civilizada y respetuosa de las reglas del juego -culminando con una reunión “no oficial” entre Barack Obama y Raúl Castro- por otra parte soltó sus jaurías de “la genuina sociedad civil cubana” en todos los eventos paralelos a las reuniones de los jefes de Estado o gobierno, para enfrentarse a base de escándalos, guapería de barrio, puñetazos, griterías y agresiones físicas y verbales con los cubanos verdaderamente libres que asistían a los eventos de la cumbre sin formar parte de la delegación oficial cubana.

 

Porque los esbirros del régimen, no contentos con emplear la fuerza dentro del país y someter a la represión, el silencio y el desprecio a todo quien no piense como quiere la dictadura, pretendían también imponer por la fuerza sus criterios en todas partes del mundo, sea en un evento de la Cumbre de las Américas, un juego amistoso de béisbol en Baltimore, un desfile en Madrid, una presentación de un libro en Buenos Aires, una feria del libro en México, o cualquier evento donde La Habana y sus esbirros consideren que se están afectando sus espurios intereses.

 

Y siempre bajo el principio de que quienes no comulguen con su miserable y fracasado credo son depravados que no tienen vergüenza ni moral alguna para criticar a la dictadura que ha oprimido a los cubanos durante casi sesenta años ya, los llama impúdicamente mercenarios, asalariados del imperio, o lo que se les ocurra, porque en la lógica castrista el régimen no puede tener ni enemigos ni adversarios decentes, porque los únicos personajes honorables son ellos mismos y sus compinches.

 

Así, mientras ejecuta asesinatos de reputación contra cubanos dignos y respetables que se han opuesto al régimen tiránico, premia con la Orden Nacional José Martí, la más alta condecoración cubana, a delincuentes internacionales y asesinos de la talla de Mengistu Haile Mariam, Robert Mugabe o Erich Honecker.

 

La chusmería desbocada en Lima

 

Pero lo que en Panamá fue un anticipo del elefante en la cristalería que representaba la delegación castrista en citas de ese tipo, lo que se preparó desde La Habana para la Octava Cumbre de Lima sobrepasó todos los límites que habían supuesto erróneamente quienes todavía consideran que en Cuba hay un gobierno normal y no una camarilla de delincuentes dirigiendo una turba que se hace llamar gobierno.

 

Porque, aparentemente, el régimen no tenía ningún interés en nada positivo que se pudiera lograr en esta Cumbre de Lima, pues saben que hay un nuevo presidente de Estados Unidos que no está dispuesto a reírle las gracias ni darle palmaditas en los hombros. Y eso incluye no solo a Raúl Castro y a Nicolás Maduro, a quienes llama abiertamente “dictadores”; sino también a los “revolucionarios” de la izquierda que está retrocediendo y perdiendo posiciones en la región: Venezuela en irreversible crisis terminal y sus gobernantes absolutamente desprestigiados, Dilma Rousseff expulsada de su cargo, Rafael Correa rechazado en el plebiscito ecuatoriano, Lula da Silva en la cárcel, Cristina Kirchner enfrentando acusaciones de corrupción, Evo Morales rechazado por su pueblo en el referéndum sobre reelección, y Daniel Ortega absolutamente desprestigiado. Mientras hay cada vez más gobernantes democráticos de derecha ganando elecciones o avanzando en todas las encuestas, que muestran que las posibilidades “revolucionarias” del continente son cada vez más limitadas y están en franco retroceso.

 

Imposible esperar por parte de La Habana que en el cónclave de Lima sus representantes fueran a recibir muestras de simpatía o apoyo por parte de los gobernantes presentes. Si recibirían sin dudas condenas por las violaciones de derechos humanos y por la falta de libertades para los cubanos. Si acaso, en el mejor de los escenarios, tendrían que escuchar llamados a realizar cambios y aperturas reales en el país para beneficiar a su población, y ofertas de ayuda y colaboración para lograrlo.

 

Pero ya han terminado los tiempos del apoyo incondicional y el cheque en blanco a favor de la dictadura castrista, y el régimen no puede seguir pretendiendo imponer su voluntad sobre bases testiculares, no solamente porque el continente no está dispuesto a soportarlo sino también porque los eventuales testículos que sustentarían su política podrían estar en entredicho cuando el poder castrista y su economía se desmoronan a pedazos y sin ningún síntoma de mejoría ni pronóstico optimista.

 

Por eso lo único que pudo hacer en Lima la “genuina sociedad civil cubana” enviada por el régimen fue escándalo y chusmería, interrumpir y boicotear los eventos, vociferar como energúmenos, repetir sandeces y consignas, y recibir el apoyo de una pandillita comunistoide de peruanos y de chavistas enviados desde Caracas, que entre sus múltiples “hazañas” vandalizaron y destruyeron una valla propagandística que criticaba al régimen por la falta de libertad de los cubanos, y trataron de golpear, para amedrentar, a varios opositores cubanos y venezolanos que criticaban a sus respectivas dictaduras en las calles libres de Lima.

 

Exiliiados y opositores cubanos en Lima

 

La prensa oficial castrista en Cuba ha querido presentar la miserable actuación de su “sociedad civil” en Lima como una nueva “victoria de Girón” en Perú, pero eso no se lo cree ni quien haya redactado esa “información” para los libelos del totalitarismo, pues la opinión general, tanto de los funcionarios asistentes al cónclave como de la población peruana en general es que los vándalos fueron unos maleducados, groseros, intolerantes y alardosos pretendiendo amedrentar a las personas decentes. Y los supuestos “amigos de Cuba”, como define el régimen a su grupúsculo de mercenarios peruanos que odian la democracia, la tolerancia y la higiene personal con la misma intensidad, lo único que representan para la sociedad peruana es la morralla y la indecencia, nada más.

 

Por su parte, y frente a tanta estulticia y chusmería, los exiliados y opositores cubanos residentes tanto en Cuba como en el exterior que pudieron participar en actividades de esta Octava Cumbre, lograron avances significativos: durante su estancia en Lima Rosa María Payá fue recibida por diversos gobernantes, diplomáticos y funcionarios latinoamericanos, así como por el Vicepresidente de Estados Unidos en un encuentro entre ellos dos solamente; opositores cubanos colocaron ofrendas florales ante el busto de José Martí en Lima sin que los sicarios del régimen y sus secuaces pudieran atacarlos y golpearlos, como habían hecho en Panamá en 2016; opositores cubanos hablaron públicamente en actos masivos en Lima, donde las voces de miles de asistentes coreaban por una Cuba libre; y realizaron declaraciones y entrevistas ante diversos medios de radio, televisión, y prensa escrita y digital.

 

Pero si esa fue la mediocre y ridícula actuación de “la genuina sociedad civil” castrista, la delegación oficial no resultó ni menos grotesca ni más ineficiente. En primer lugar, en un cónclave de jefes de Estado y gobierno, la representación de la dictadura cubana estuvo encabezada por su canciller, lo que significa prácticamente un bajo nivel comparativo. Menos que eso, debería haber presidido la delegación el embajador del régimen en Perú, ese de la guapería de barrio de “no te metas con Cuba” como si Cuba fuese la horda de delincuentes que la dirige.

 

Silencios sibilinos en La Habana

 

Aparentemente, a Raúl Castro no le alcanzaron las hormonas para irse a Lima, aunque se alegará que no estuvo presente en solidaridad con el narco-presidente venezolano que no fue invitado a la reunión por sus acciones vandálicas contra las elecciones de su país, entre otros delitos. Por lo tanto, el general sin batallas no quiso utilizar la oportunidad de esta Cumbre para despedirse de los gobernantes del continente ni para tratar de exponer lo que serían sus argumentos finales para intentar justificar su mediocre legado después de doce años de dictadura. Pero hubiera sido utópico esperar de él algo más que lo que ha hecho.

 

Tampoco fue el flamante y actualmente en el centro de atención Vicepresidente primero, Miguel Díaz-Canel, quien sería supuestamente el designado presidente dentro de unos cuantos días. Y hay que decirlo así, sin una certeza absoluta, porque en aquella democracia que dicen que es la más completa y perfecta del mundo mundial, de toda la historia histórica, y del universo universal, a pocos días de un supuesto cambio de cargos formales en el país -nunca será cambio de poder, aunque así insisten en decir agencias de noticias como Sputnik, Associated Press, AFP y EFE, entre otras- ni siquiera los militantes del partido conocen exactamente quién será el nuevo presidente de los consejos de Estado y de Ministros del país, y mucho menos cuál sería su programa, si es que acaso tiene alguno.

 

De manera que tampoco se utilizó la Cumbre de Lima para “presentar en sociedad” a quien sería el nuevo y resplandeciente presidente cubano de los Consejos de Estado y de Ministros, cualquiera que fuese, y que debería estar actuando con todos esos gobernantes presentes en la Cumbre durante los próximos años; lo cual demuestra, entre otras cosas, el absoluto temor del régimen y su desprecio por eventos como la Cumbre de presidentes y jefes de gobierno democráticos.

 

Prueba de ello fue el desplante de la delegación oficialista cubana, que al comenzar la inauguración oficial de la Cumbre se retiró del salón donde se desarrollaba el evento, y se lanzó con todo su odio contra el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), alegando los manidos pretextos de siempre cuando el régimen pretende crear crisis sobre cualquier tema:

 

«Estuvimos prestando atención y escuchando con mucha seriedad el discurso del presidente del Perú, Martín Vizcarra, a quien deseamos éxitos en su nueva gestión», dijo el representante del régimen. «Pero cuando se anunció el uso de la palabra por parte del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, hemos decidido retirarnos de la sala». Según ese esbirro porque Almagro había pronunciado el día anterior palabras «muy ofensivas sobre Cuba y sus autoridades», y «la delegación cubana no tenía por qué admitir esas declaraciones y sencillamente en un acto de dignidad nos hemos retirado».

 

Resulta que, dicen, tienen dignidad los representantes de la dictadura. Interesante noticia esa. Si fuera cierta sería maravilloso. Pero todos sabemos que no lo es.

 

No se sabía todavía en esos momentos si quedaría pendiente algún otro gran show circense por parte de la delegación oficial castrista antes del final de la Cumbre de Lima, o si el discurso oficial se limitaría a las cantaletas que se repiten siempre y continuamente sobre “el criminal bloqueo imperialista”; la “solidaridad absoluta con el pueblo de Venezuela” (es decir, con Maduro y su pandilla); el desprecio a todos “los que no tienen moral para juzgar a Cuba” (que son todos los que se atrevan a criticar a la dictadura).

 

Así como sobre el futuro luminoso que espera a los cubanos de la isla con el así llamado “perfeccionamiento” del sistema para lograr un “socialismo próspero y sustentable”; el ejemplo de democracia que representará la siguiente semana la designación a dedo de un nuevo presidente no electo por el pueblo; el supuesto legado eterno de Fidel Castro y su visión de la unidad latinoamericana y antimperialista de los pueblos de “nuestra América” (que excluye, naturalmente, a Estados Unidos y Canadá); y cualquier otra cosa que se les pueda ocurrir y que ya venga escrita en el discurso que le aprobaron en La Habana antes de salir rumbo a Lima.

 

Evidentemente, el discurso oficial finalmente presentado fue precisamente de este tenor, con lo que el canciller castrista perdió una magnifica oportunidad de haberse quedado callado, pues hubiera reproducido una grabación de cualquier discurso de cualquier funcionario del régimen durante las últimas décadas, que hubiera dicho lo mismo.

 

Mientras tanto, la “genuina sociedad civil cubana” enviada por el régimen a boicotear los eventos paralelos, aprovechará los pocos ratos que le queden libre para escaparse -si es que los dejan alejarse del control de los “segurosos”- hasta tiendas como La Quinta, Gamarra, Polvos de Higuereta, Surprice, Polvos Azules, o cualquier otra en Lima donde oferten productos a precios relativamente económicos, para “pacotillear” y obtener un poco de ropa, zapatos, sencillos electrodomésticos, o cualquier otro producto de primera necesidad que nunca podrían conseguir dentro de la isla esclava en la que supuestamente viven tan felices, y que consideran que se han ganado merecidamente el derecho a comprarlos con los escándalos y chusmerías que ejecutaron como se les ordenó durante toda la semana.

 

Futuras Cumbres

 

En cuanto a los encargados de organizar las próximas Cumbres de las Américas -si en definitiva se fueran a mantener, lo que no puede darse por absolutamente seguro- deberán pensar seriamente si para los próximos encuentros continentales tendrían que establecer un reglamento bastante definido para regular la participación de las delegaciones de “la sociedad civil” de cada país en eventos de ese tipo, y tomar medidas preventivas de orden y seguridad para cuando surjan casos de actitudes delincuenciales, como las provocadas por los esbirros del régimen en los eventos paralelos a esta Cumbre de Lima, que sean controladas y restringidas como quiera que sea necesario para garantizar el éxito y los objetivos reales de tales eventos y no permitir por ninguna circunstancia que se impongan las intenciones de los pandilleros cubanos enviados para sabotearlos y boicotearlos.

 

Estados Unidos, por su parte, debería estar en condiciones de tomar decisiones concretas y no dejar pasar las cosas como esta vez, cuando su aparato de relaciones exteriores está incompleto y todavía en formación. Washington tendría en sus manos opciones muy concretas para actuar en caso de que cuando llegue la fecha de la Novena Cumbre, donde quiera que se vaya a realizar, la esencia, o al menos la conducta del régimen cubano, no se haya modificado y pretenda sabotear nuevamente la próxima reunión:

 

Tiene ante sí dos modelos de actuación: como hizo el presidente Barack Obama, considerando que la contemplación y las concesiones harán reaccionar positivamente a la dictadura cubana y enmendar su conducta, y que ese gesto de Washington sería realmente admirado y agradecido por los demás países de América Latina.

 

O como hizo el presidente Ronald Reagan, y decir, sencillamente, que la Cumbre de las Américas es un evento solamente para naciones democráticas del continente, y que si se invitara a participar a la dictadura cubana en un cónclave donde no tiene razón de estar, entonces Estados Unidos no participaría.

 

Y ya veremos lo que sucede en un caso así.