Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

                                                                          Dr. Eugenio Yáñez

                                                                                                                                                            

 

CASTRO VERSUS CASTRO

 

La noticia realmente no es que Fidel y Raúl Castro tengan puntos de vista diferentes sobre algún tema, o sobre muchos: ha sido así durante cincuenta años. La noticia es que ya Fidel Castro no puede hacer prevalecer sus criterios en Cuba, y que tiene que recurrir al pataleo.

 

Lo anterior no puede llevar a la conclusión errónea de que Raúl Castro manda en Cuba, con la absoluta y total autoridad y “legitimidad” conferidas por la proclama de julio 31 del 2006, donde se le trasladaban todos los cargos vitalicios del Comandante, pero “con carácter provisional”.

 

Así las cosas, los mecanismos del poder en Cuba, hoy, podrían definirse como eso que los ajedrecistas llaman “tablas”, los encuestadores “empate técnico”, y los “aseres” en Cuba “ni pa ti ni pa mí”.

 

Si este mar de fondo se había venido haciendo evidente en los últimos meses, en la semana que termina se dispararon las alarmas, por haberse perdido las sutilezas en el enfrentamiento, a raíz de la inesperada noticia de que Cuba firmaría los Pactos Internacionales sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y sobre Derechos Civiles y Políticos, algo que el régimen, bajo la batuta de Fidel Castro, se había negado a aceptar durante años.

 

Y que haya correspondido a Felipe Pérez Roque, “el mejor intérprete” del pensamiento de Fidel Castro, anunciar una medida que en menos de 72 horas provocó la airada respuesta condenatoria del mejor interpretado, parece como una “venganza china” de Raúl Castro frente  a quién osó ver el futuro post-fidelista de Cuba sin los generales.

 

A lo largo del año que termina, los vaivenes en la salud de Fidel Castro podían detectarse no a través de los amanuenses oficiales, que siempre insisten en que el dictador “se está recuperando”, sino en la posición relativa de los más cercanos acólitos, que en ocasiones son figura de primera plana en Granma y en otras ocasiones desaparecen de la escena por semanas.

 

A finales del 2006 la salud de Castro se deterioró, y Felipe Pérez Roque, el flamante canciller, se ocupaba de los asuntos más insignificantes en los países más alejados del Movimiento No Alineado, mientras Fernando Remírez de Estenoz, a cargo de las relaciones internacionales en el secretariado del Partido, era quien atendía los asuntos más álgidos y complejos de la política exterior del régimen: una gélida amistad con Venezuela, un intenso intercambio con China y una oferta el 2 de diciembre de buscar dirimir el diferendo con Estados Unidos en la mesa de negociaciones.

 

La relativa recuperación de Castro a comienzos del 2007 se expresó en un relativo retorno de Pérez Roque a las candilejas gubernamentales, la visita de Hugo Chávez a La Habana, cuando su hermano era Embajador, y una súper-delegación cubana a Caracas a firmar convenios de colaboración por casi mil quinientos millones de dólares.

 

Las inversiones en el níquel por quinientos millones de dólares, asignadas a China anteriormente, fueron traspasadas a Venezuela, bajo el pretexto de que los chinos no habían hecho nada hasta entonces. La dependencia de la economía cubana hacia el caudillo venezolano se afianzó, y los intentos sucesorios de cuidar el petróleo, pero sin abrazarse ciegamente a Chávez y su locura “bolivariana”, a la vez que buscan alternativas sin depender de Venezuela ni de Estados Unidos, se vieron resentidos ante la aparente recuperación del Comandante.

 

Cubanálisis-El Think-Tank analizó detalladamente estos factores en “El Rey y los Delfines”, donde se vieron en detalle las distintas facciones que se disputaban el poder en Cuba a la sombra de una revolución y de un liderazgo decadente cada vez más alejados de la realidad.

 

Y se identificaron entonces al menos dos grupos disputándose el poder: los que se arropaban a la sombra del enfermo dictador para mantener el inmovilismo a toda costa, en un enfoque de “más de lo mismo”, y los que se agrupaban alrededor del Sucesor, sabedores de la urgente necesidad de reformas económicas para poder mantener el poder en medio de una relativa paz social (pax romana, más exactamente).

 

Aparentemente, ambos bandos mantienen una relativa fortaleza comparable mientras Fidel Castro continúe “reflexionando”, pues aunque el equipo de Raúl Castro puede barrerlos por la fuerza de manera relativamente fácil, esa acción no parece probable que se lleve a cabo mientras el dictador respire: es tarea inmediata post-funeral.

 

El 26 de julio del 2007 Raúl Castro pronunció un discurso en Camagüey que se consideró por las cancillerías extranjeras como su programa de gobierno, donde llamaba a llevar a cabo profundas reformas estructurales y “cambiar lo que deba ser cambiado”, pero sin salirse de los marcos del “sistema socialista”, a la vez que lanzó de nuevo una rama de olivo, oportunista, pragmática o lo que se quiera, hacia Estados Unidos, que una vez más se negó ni siquiera a interesarse en lo que los sucesores tendrían que decir.

 

Casi inmediatamente, en una de sus continuas y descabelladas “Reflexiones”, que se fueron incrementando en la segunda mitad del año, Castro enfrentó a su hermano menor, cuando advertía que del “imperialismo” no se podía esperar nada bueno, e insistía en la necesidad de aferrarse a “los principios revolucionarios”, es decir, al inmovilismo, para mantener la Revolución.

 

Raúl Castro aprovechó entonces la visita del presidente angolano para volver a referirse a un debate que se estaría llevando a cabo en las bases para analizar las necesarias reformas económicas, y pidió a la población participar sin miedo ni limitaciones: era su respuesta al hermano mayor.

 

Se ha analizado poco por los “expertos” sobre el tema las posibilidades de Angola, con recursos petroleros y económicos, para convertirse en una alternativa viable de sostén económico de Cuba en lugar de Venezuela. Poco antes de la visita del Presidente José Eduardo Dos Santos a Cuba, el embajador cubano en Luanda, Pedro Ross, miembro del buró político del partido y hombre de Raúl Castro, declaró que Cuba estaba dispuesta a contribuir en la reconstrucción de Angola en todos los órdenes y temas, y solamente le faltó decir “como estamos haciendo ahora en Venezuela”.

 

Aunque el presidente angolano no sienta hacia Cuba las mismas simpatías casi eróticas que Hugo Chávez profesa al enfermo líder, las deudas de gratitud de Angola hacia el régimen cubano son enormes, y muy especialmente las de su corrupto líder, incluida su permanencia en el poder: no por gusto las delegaciones gubernamentales cubanas que se mueven continuamente hacia la nación africana incluyen siempre “diplomáticos” con estrellas de generales, muy especialmente a “Polo” Cintras Frías.

 

Con la carta angolana en la mano, los sucesores pueden ser “hermanos” de Chávez, pero no necesariamente ser amigos. Al fin y al cabo, los hermanos los manda Dios, pero los amigos los escoge uno mismo: eso pudo verse claramente cuando se firmaron en La Habana los convenios de colaboración con Venezuela hace un par de meses, y mientras Chávez hablaba hasta de fundir las dos naciones en una entidad “bolivariana” supranacional, Raúl Castro le respondió hablando de la integración “de América Latina y el Caribe”, sin tomarse en serio ni darle demasiado énfasis al proyecto imperial chavista.

 

El tiempo sigue corriendo, y los sucesores saben que tienen que hacer cosas concretas para evitar el estallido social y la bancarrota económica, pero Castro, el hermano mayor, sigue interrumpiendo.

 

Con los canales informativos controlados por los “fidelistas”, los mensajes de tímidas reformas y las magras esperanzas se diluyen entre los llamados a la batalla de ideas y la defensa de los “cinco héroes prisioneros del imperio”, obsesión de Fidel Castro por violentar el sistema judicial y penitenciario norteamericano, que no se deja presionar de esa manera.

 

La válvula de escape informativo de los “reformistas”, buscada a través de Kaos en la Red y otras páginas digitales de izquierda donde exponían sus criterios, al menos para consumo externo, han sido invadidas por los ideólogos de siempre y cada vez reflejan menos opiniones sólidas de reformas y transformaciones.

 

Cuando la izquierda marxista comenzó a desentenderse del enfoque fidelista-estalinista-brezhneviano, que no lleva a ningún lado, y comenzó a coquetear con los “reformistas” cubanos y el “socialismo del siglo XXI” en Venezuela, Fidel Castro lanzó su reflexión titulada “Los Superrevolucionarios” para llamarlos a capítulo: entre la advertencia del Big Brother y quien sabe si alguna demora en ejecutar las nóminas de la inteligencia para “ayudar” a algunos “amigos solidarios”, unos se desentendieron más aún de Fidel Castro y otros volvieron al redil, enrevesando el discurso en un “sí, pero no” y un “no, pero sí” que les ha caracterizado por medio siglo de defender lo indefendible.

 

Las momias ideológicas de Raúl Valdés Vivó y Armando Hart Dávalos siguen a la carga, y aunque ninguno de los dos se destacó nunca en el campo intelectual en serio, continúan “iluminando” el camino del inmovilismo con un lenguaje agotado y vacío, pero cerrando el paso a las ideas más novedosas que se estaban expresando por esas vías.

 

Por su parte, la “intelectualidad” y la “inteligentsia” hablan de la necesidad de cambios… pero nada más:  cuando se trata de proponer caminos específicos y soluciones concretas no van más allá de Mariela Castro, que reconoce las inocultables barbaridades de su tío y su padre en años anteriores, aunque las despersonaliza, pero las define como inevitables, embobece a corresponsales latinoamericanos y españoles, y hace proyectos para los próximos cincuenta años como si este medio siglo no contara para nada y la nación cubana pudiera darse el lujo de repetir otras cinco décadas de castrismo.

 

La sociedad civil en Cuba puja por avanzar entre la represión oficial, la indiferencia de muchos y una casi congénita incapacidad de encontrar una plataforma común, aunque fuera nada más que eso, para enfrentar al régimen, pero a pesar de que, al menos en la teoría, tienen un excelente momento para marcar la diferencia, todavía el régimen puede aplastar una pacífica manifestación de una docena de personas el pasado 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos, con más fuerza de lo que lo hizo el año anterior.

 

El gobierno de Estados Unidos no parece interesado, tanto la actual administración como los que se van perfilando como posibles candidatos presidenciales, en negociar con nadie de apellido Castro en Cuba, y parecen todos apostar al relevo generacional que es biológicamente inevitable, pero que no puede saberse con exactitud cuándo se producirá. Lo que, por otra parte, no garantizaría necesariamente una negociación exitosa, y ni siquiera una negociación inmediata.

 

Dadas las circunstancias, ambos bandos en pugna dentro de Cuba todavía tienen fuerza suficiente para impedir que el otro equipo avance, pero insuficientes para avanzar por sí mismos hacia sus objetivos: curiosa manera de ser “revolucionarios” y “progresistas”, cuando se lucha para que no se haga nada por el otro bando, no para poder hacer algo en el propio. Y a ello hay que sumar una imposibilidad casi natural de los cubanos para negociar, al menos en este siglo XXI, para no ser absolutos.

 

Y de nuevo se repite ahora la situación de “impasse”, cuando el régimen habla de firmar un par de Pactos Internacionales relacionados con los derechos humanos, y de inmediato el Comandante “reflexiona”, pide información, y hace público por su vía, la Mesa Redonda, su rechazo a la idea.

 

No se trata de que al régimen se le haya despertado en este mismo momento una veta democrática que mantenía dormida por muchos años; eso es imposible, porque tal veta no existe: pero se trata aparentemente de un cambio de estrategia para enfrentar el asunto tan espinoso y molesto de los derechos humanos en un régimen totalitario. Una reforma cosmética, pero reforma al fin, o “reformita” si se quiere.

 

A lo que Fidel Castro se opone con su total inmovilismo absoluto, como se ha opuesto durante medio siglo a todo lo que él interprete como una amenaza a su omnímodo poder unipersonal, y se opondrá hasta el último instante de su vida.

 

Por eso la noticia no es que Fidel Castro se oponga, sino si el régimen cubano firmará finalmente tales Pactos Internacionales o no. Que los cumpla o no es otra cosa, mucho más lejana y más difícil, pero el solo hecho de firmarlos sería un mensaje muy interesante para el análisis de los actuales mecanismos de poder en Cuba.

 

Raúl Castro ha querido dirigir el país en las actuales circunstancias manteniendo lealtad al legado ideológico y conceptual de su hermano mayor: eso es políticamente absurdo, pero sin embargo comprensible para quien por medio siglo ha estado a la sombra del tirano y no quiere posar, a los setenta y seis años de edad, de revolucionario de verdad, sino solamente de nombre.

 

Sin embargo, el tiempo se le está agotando, como las ideas y las alternativas, que de nada valen si se quedan en el tintero, como se decía anteriormente, o en el disco duro de la computadora, como se debería decir en estos tiempos.

 

Esta semana será, el día 21, la inauguración de la refinería de Cienfuegos, proyecto del ALBA chavista de interés para Cuba y todo el Caribe, que el caudillo venezolano anunció que inauguraría junto a Fidel Castro. La próxima semana Raúl Castro deberá enfrentar una sesión de la Asamblea Nacional, la última de la actual legislatura, y decir a los cubanos lo que piensa hacer para el 2008, año que viene cargado de muchas expectativas y de demasiadas esperanzas después de las promesas del también ahora censurado “discurso de la leche” el pasado 26 de julio en Camagüey, pero también cargado de muchas frustraciones y devastadores daños y tragedias en las regiones orientales provocadas por la tormenta “Noel”.

 

Porque es algo que no puede seguir dejando para después. Es muy triste que los destinos de toda una nación dependan de la testarudez reaccionaria de un anciano enfermo y megalómano, y de las hormonas políticas de su hermano menor, que tiene que definir si realmente quiere pero no puede o puede pero no quiere, o es que tal vez ni puede ni quiere.

 

Seguir esperando a ver qué ocurre es un suicidio, y provocar que las cosas ocurran será un enfrentamiento total con Fidel Castro: pero algo debe hacer.

 

Si en definitiva, los McDonald’s o los McCastro’s se inauguran en La Habana en locales adjuntos a los servicios médicos, escolares y deportivos gratuitos, y “Granma” o la Mesa Redonda quiere declarar que ese era el sueño y el objetivo del Comandante en Jefe Fidel Castro, nadie dejará de comerse una hamburguesa por eso.

 

Pero si no hay hamburguesas, ni boniatos, ni frijoles, y se pretende que todo siga igual, Granma no podrá declarar nada, porque dejará de existir junto al régimen que se desploma.

 

Y nos vamos a enterar de la noticia por los reportes de los periodistas independientes dentro de Cuba. Porque entonces, afortunadamente, todos serán independientes.