Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                                                         Dr. Eugenio Yáñez

                                                                                                                                                            

 

CANCIÓN DE CUNA CASTRISTA

 

Poco después de conocerse de la conversación de siete horas de duración del actor Sean Penn (foto) con Raúl Castro, la noticia fue reproducida en miles de sitios digitales, con casi igual cantidad de títulos diferentes y análisis de “expertos” que comenzaron a ver el primer paso del largo camino hacia una normalización de relaciones en un conflicto que está por cumplir medio siglo.

 

Lamentablemente, esas predicciones y conclusiones tienen más que ver con el “ojalá” y el “que bueno sería si…” que con la cruda realidad de los análisis en profundidad. La interpretación correcta de premisas mal definidas lleva a silogismos de dudosos resultados en el mejor de los casos.

 

Contrariamente a lo que dicen “todos” en estos días, es posible pensar que la entrevista de Raúl Castro con Sean Penn no demuestra lo inminente de un acercamiento, al menos exploratorio, sino más bien todo lo contrario: no solamente por las lecturas subliminales que se desprenden de la conversación, sino también por las referencias directas que el general menciona clara y específicamente.

 

Si algo ha demostrado el castrismo durante cincuenta años es su capacidad de entender la estrategia y táctica para enfrentarse a Estados Unidos, tanto ante los presidentes más “duros” como Ronald Reagan, Richard Nixon y los Bush, como cuando son de los más “razonables” como Jimmy Carter, Bill Clinton o Gerald Ford.

 

Sin dudas, Barack Obama representa un cierto enigma y trae un estilo personal muy peculiar con el que todos los gobiernos del mundo, y no solamente el régimen cubano, tienen que aprender a lidiar, para bien o para mal. Y, también, sin dudas, el régimen y su nomenklatura están más entrenados para la confrontación bullanguera que para manejar un enfoque “soft” que venga del Potomac, pero eso no significa que estén desprevenidos o que puedan ser tomados por sorpresa si la nueva administración introdujera variantes novedosas en su enfoque de las relaciones hacia Cuba.

 

No por gusto en un momento de la conversación, tras la cena y los vinos, Raúl Castro menciona a Sean Penn la película “Being There”, (exhibida en Cuba bajo el título “Desde el jardín”, y magistralmente protagonizada por Peter Seller -en la foto en una escena del film- y Shirley McLaine, donde un jardinero de escasas luces llega a ser contemplado por algunos como una opción de candidato a presidente).

 

Dice el general que le gusta mucho: no le interesa hablar de cine, por supuesto, sino dejar claro su punto de vista: “en Estados Unidos cualquier posibilidad objetiva puede ocurrir” (“With the United States, every objective possibility exists”). Está diciendo que el presidente norteamericano, quien sea, siempre será reflejo del establishment,  -es decir de la clase dirigente tradicional y sus instituciones-,  mucho más que de su propia personalidad. Es decir, los Castro saben que hay que lidiar con el establishment, aunque ahora se presente con el rostro de un carismático afroamericano.

 

Hay que tener en cuenta esta realidad para aventurarse a definir los posibles pasos de Raúl Castro una vez que Barack Obama sea investido como presidente.

 

En primer lugar, no hay evidencia que demuestre que el régimen raulista, aunque tenga un verdadero interés en una normalización de las relaciones con Estados Unidos, lo intentaría de espaldas a la continua omnipresencia del enfermo y anciano dictador que desde su lecho de eterno convaleciente “reflexiona” sobre todo y sobre todos, y no daría su brazo a torcer al final de sus días.

 

En su "reflexión" sobre el presidente ruso Dimitri Medvedev, Fidel Castro expresó: "No dejé de abordar con él un solo punto esencial, desde nuestras posiciones, respecto a Estados Unidos, donde no cabe la idea de que aceptemos la política de garrote y zanahoria ni de que renunciemos a la devolución de hasta el último metro cuadrado del territorio de Guantánamo ocupado por la fuerza en nuestro país...Le reiteré nuestra política paciente y pacífica, pero sin descuidar nunca nuestra capacidad defensiva frente a un potencial agresor".
 

No parece probable que la gerontocracia en el gobierno se arriesgara a contradecir esa declaraciones, que torpedean cualquier intento de acercamiento aún antes que Barack Obama asuma la presidencia, sobre todo cuando las relaciones internacionales de Cuba con el resto del mundo se han diversificado y fortalecido en los últimos dos años, y son muy cálidas con jugadores clave que garantizan la actividad económica para la supervivencia y para afianzar el poder, como Venezuela, Brasil, España, Rusia y China, además de las que se mantienen estables desde hace mucho tiempo, como Canadá, Japón, Sudáfrica, México (a pesar de contratiempos), Argentina y diversas naciones europeas.

 

El enfrentamiento con Estados Unidos, que tan convenientemente ha servido para justificar un fracaso de cincuenta años, no puede ser apartado y dejado en el olvido en un instante, cuando el único factor de legitimidad de la actualmente mal llamada “revolución” cubana en la actualidad es insistir en la unidad de su pueblo para defender la soberanía nacional frente "al enemigo común de todos los pueblos del mundo".

 

Naturalmente, una distensión real frente a Estados Unidos sería conveniente para el régimen en el caso de que tal distensión no suponga compromisos que hagan peligrar el poder de la gerontocracia compuesta por el tirano vitalicio y los “líderes históricos”, y que a la vez pudiera ser utilizada para obtener determinadas ventajas o confort para mantener el status quo con más o menos maquillaje.

 

A la pregunta de Sean Penn de cual sería la “primera prioridad” de los cubanos en eventuales conversaciones con el nuevo presidente, la respuesta inmediata de Raúl Castro fue “normalizar el comercio” (normalize trade). Lo que se debe traducir a “levantar el bloqueo”, es decir, otorgar créditos a Cuba para comprar en Estados Unidos.

 

¿A cambio de qué debería Estados Unidos levantar el embargo? A cambio de nada. Raúl Castro es enfático  en el planteamiento desde posiciones de carácter moral e ideológico: la única razón del bloqueo es hacernos daño. Nada puede detener la revolución. Dejen a  los cubanos visitar a sus familiares. Dejen a los americanos venir a Cuba” (The only reason for the blockade is to hurt us. Nothing can deter the revolution. Let Cubans come to visit with their families. Let Americans come to Cuba).

 

Es cierto que en diferentes ocasiones Raúl Castro ha manifestado públicamente el deseo de su gobierno de conversar con el gobierno de Estados Unidos, pero cuando se comienza a profundizar en los temas de conversación que están preparados en la agenda cubana puede verse que se trata de una serie de exigencias para Estados Unidos a cambio de concesiones superficiales y menores, o posibles acuerdos sobre temas evidentes o que requieren imprescindiblemente una solución, como el narcotráfico o la seguridad de la navegación.

 

En ningún momento Raúl Castro anticipa soluciones definitivas en tales eventuales conversaciones: las buenas relaciones serían mutuamente ventajosas. Tal vez no podremos resolver todos nuestros problemas, pero podemos resolver muchos de ellos.  (Good relations would be mutually advantageous. Perhaps we cannot solve all of our problems, but we can solve a good many of them).

 

En ningún momento el régimen pretende conversar sobre prisioneros políticos “que no existen”, ni elecciones multipartidistas que resultan “multiporquería” y que además se considera que no son necesarias en el país de la democracia más perfecta del mundo. Quienes quieran ver esos puntos en las agendas de las conversaciones pueden llevarse la gran decepción, porque el régimen cubano no está dispuesto a incluirlos en un futuro inmediato, y la disposición a discutirlo en un futuro lejano estaría por verse.

 

Raúl Castro muestra una imagen mucho más pragmática que la de Fidel Castro en su larga conversación con el actor cuando señala, refiriéndose a la Base Naval de Guantánamo: “la Base es nuestro rehén. Como Presidente, digo que los EEUU deben irse. Como militar, digo que los dejen estar ahí” (The base is our hostage. As a president, I say the US should go. As a military man, I say let them stay). O sea, dos discursos a la vez: uno, antiimperialista y soberano, para la galería; otro, pragmático y negociable, para el gobierno.

 

El actor dice quedar sin aliento cuando Raúl Castro le menciona que desde hace años se realizan conversaciones mensuales con militares de la Base Naval de Guantánamo. Como tantos otros del medio hollywoodense, tiene conocimiento superficial de muchas cosas en el terreno de la política internacional, y desconoce otras importantes, aunque parece mostrar buenas intenciones y determinada objetividad en sus propios pensamientos, como cuando piensa que si él fuera cubano y estuviera pretendiendo realizar un trabajo así sobre el liderazgo del país podría ser encarcelado (I could be jailed). El acuerdo que años atrás estableció tales entrevistas mensuales fue secreto, pero la información de su realización periódica no lo es desde hace mucho tiempo.

 

El punto que más ha llamado la atención de lo que ha contado Sean Penn es la frase de Raúl Castro relativa a la supuesta disposición a reunirse con Barack Obama en un lugar neutral. En primer lugar, Raúl Castro no dice estar dispuesto a hacerlo, sino que tendría que pensarlo (“I would have to think about it”). Y a continuación señala que podrían reunirse en un lugar neutral (We should meet in a neutral place).

 

En términos diplomáticos un lugar neutral para conversaciones entre los gobernantes de Estados Unidos y Cuba podrían ser plazas como Canadá, México, Bahamas o Panamá, por ejemplo, cuyos gobiernos mantienen buenas relaciones con ambos implicados y que podrían garantizar las condiciones de seguridad necesarias.

 

Lugares neutrales podrían ser hasta un monasterio en Bután o una sinagoga en Camerún, pero Raúl Castro dice, después de una pausa, “Perhaps we could meet at Guantánamo”, o sea, “quizás podríamos reunirnos en Guantánamo”. ¿Lugar neutral un territorio en el que Cuba no ejerce soberanía, pero no reconoce la de Estados Unidos? Parecería broma si no supiéramos que la pretensión es seria.

 

Y la visión de Raúl Castro sobre la reunión es muy clara de su percepción de las relaciones realistas y respetuosas: We must meet and begin to solve our problems, and at the end of the meeting, we could give the president a gift...we could send him home with the American flag that waves over Guantánamo Bay. [Debemos reunirnos y comenzar a resolver nuestros problemas, y al final de la reunión podríamos dar al presidente un regalo… podríamos enviarlo de regreso a su país con la bandera americana que ondea sobre la Bahía de Guantánamo].

 

No hay razón para confundirse: el planteamiento es muy claro. Allá los que no puedan o no quieran entenderlo. Pero si hubiera dudas, hay una frase de Raúl Castro que esclarece más que las siete horas de su conversación con Sean Penn, cuando antes de comenzar le dice:

 

“Fidel called me moments ago… He wants me to call him after we have spoken… He wants to know everything we speak about”. [Fidel me llamó hace un momento. Quiere que lo llame después que hayamos conversado. Quiere saber sobre todo lo que hablemos].

 

Refiriéndose al general, dice Sean Penn, ya sentado en su carro para regresar a donde pernoctaba: “Smiling, he says, "I will call Fidel now. I can promise you this. When Fidel finds I have spoken to you for seven hours, he will be sure to give you seven and a half when you return to Cuba." We share a laugh and a last handshake”. [“Sonríendo dijo, “voy a llamar a Fidel ahora. Puedo prometerte esto: cuando Fidel sepa que he estado hablando contigo siete horas, se va a asegurar de dedicarte siete horas y media cuando regreses a Cuba”. Ambos nos reímos y nos dimos un último apretón de manos”.]

 

Raúl Castro y Sean Penn podrán reír el comentario. Para quienes saben lo que significa la sombra perenne del convaleciente sobre sus actuales administradores del régimen día por día, no hay motivo alguno para risas.

 

Es un alerta muy claro. Fidel Castro ha estado todo el tiempo detrás de todo esto. Se sabe perfectamente como entiende el Comandante las relaciones con Estados Unidos. Allá quienes quieran tomarse el tema como canción de cuna castrista.