Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

    

                                                                         Dr. Eugenio Yáñez

                                                                                                                                                            

 

“algunos compañeros”: FANTASMAS EN LA CAVERNA CASTRISTA

 

Un fantasma recorre Cuba. El fantasma de un debate sobre los problemas que agobian a la nación cubana en el último medio siglo. Sobre cómo resolver las cosas. Sobre el tema se expresan marxistas y marcianos, cubanos de a pie y dirigentes, reformistas y cavernícolas, racionales y paranoicos, oportunistas y comisarios, escandalosos y mudos: casi todos… menos la prensa cubana, cuyo antológico autismo hace pensar que lo único importante en Cuba es la felicidad que sienten todos los cubanos por vivir en el paraíso, y su infinito amor por Fidel Castro… y Hugo Chávez.

 

Lo que se puede saber del debate, en serio, es por la prensa internacional. No por esa prensa europea o latinoamericana, que a partes iguales entre ignorancia y mala intención presenta una Cuba bucólica y falsa ideal para marketing de turismo barato. Sino por la prensa digital de izquierda, que oficialmente no forma parte del aparato de propaganda e inteligencia castrista, pero que casualmente se ocupa de los mismos temas que obsesionan al aparato de propaganda e inteligencia castrista.

 

Vista desde afuera, esta prensa de izquierda muestra un profundo debate en Cuba sobre los caminos y maneras de mejorar el socialismo cuartelario cubano, junto a la más variopinta cantidad de criterios anarquistas, guevaristas, anarquistas, bolivarianos, y cuanta “teoría” o “ideología” gire alrededor de la manera de hacer daño o destruir los avances de la civilización.

 

Sobre el tema cubano y el debate en el país alrededor del discurso de Raúl Castro el 26 de julio, comienzan a aparecer los marcianos, individuos sin rostro ni nombre, que torpedean el pensamiento y las ideas, “no personas” en positivo, que se definen genéricamente bajo la esotérica frase de “algunos compañeros”.

 

El 26 de julio del 2007 Raúl Castro expresó el equivalente a un programa de gobierno sin o post Fidel Castro: algunos de sus planteamientos recibieron una acogida positiva por parte de la población, que vio un rayito de esperanza en las palabras del Sucesor en Jefe, que habló de transformar y mejorar lo que no funcionaba y de resolver problemas acuciantes de la sociedad cubana, aunque fuera solamente en el campo económico.

 

Se ordenó debatir el discurso en los núcleos de base del Partido Comunista, y después en los centros de trabajo y las organizaciones de masas, es decir, en todo el país. Entonces, “algunos compañeros” presionaron y lograron que, junto a ese discurso, se discutieran dos “Reflexiones” del Comandante en Cama que no tienen nada que ver con los problemas que agobian a los cubanos, pero que resultaban una manera de castrar, en el doble sentido del término, el debate del discurso raulista.

 

Una parte del debate se expresó en el silencio: los que asistían, para no “marcarse” como indiferentes, pero que no expresaban palabra alguna, no fueron pocos. Raúl Castro tuvo que decir, al despedir al presidente angolano en el aeropuerto de Varadero, que los cubanos debían opinar valientemente sobre el discurso y expresar sus opiniones. Con la sutileza y habilidad que en Miami se niegan a reconocerle, Raúl Castro ignoró en ese llamado las dos “Reflexiones” que supuestamente se estaban discutiendo en ese debate, lo cual disgustó a “algunos compañeros”.

 

Las cosas no van cada una por su lado, sino entrelazadas. Traer al presidente angolano a Cuba, gestión a cargo de los generales “africanos”, no respondía tanto a la nostalgia de la celebración de treinta años de “internacionalismo proletario” (en Angola no hay “proletarios”) como a la realidad del enclave de Cabinda, donde se produce petróleo en grandes cantidades. Y que pudiera ser una alternativa al abrazo chavista mientras se logra concretar la prospección y extracción del petróleo cubano en tierra y en el mar.

 

Algunos compañeros” se preocuparon, pero nadie más que Hugo Chávez. Podrá ser un payaso en su conducta y vulgar en el hablar, como tanto se repite en todas partes, pero no es un tonto ni mucho menos, y además de mantener cercanas relaciones con “algunos compañeros” en Cuba, cuenta con otros “algunos compañeros” cubanos ubicados en Venezuela que le ayudan a pensar.

 

Así que Chávez, aprovechando la celebración del 40 aniversario de la muerte-fracaso del Che Guevara en Bolivia, se fue a Cuba a transmitir un maratónico “Aló, Presidente”, para visitar una vez más al Comandante en Cama y ajustar coordinaciones con “algunos compañeros”. Con el bolsillo lleno, ofreció para Cuba el petróleo que necesitara en los próximos dos siglos si los yacimientos cubanos no lograban concretarse, firmó convenios y repartió promesas y petrodólares, puso a correr y a sudar, literalmente, al segundo al mando de la sucesión, Ramiro Valdés, y habló cuanto quiso y de lo que quiso, todo bajo el paraguas del homenaje a Guevara.

 

Raúl Castro se mantuvo al inicio con bajo perfil, dejándole la tarea a Ramiro Valdés, quien al intervenir en la transmisión junto al teniente coronel declaró la maravilla aritmética de que el imperialismo estaba acabando con decenas de miles de millones de seres humanos, que serían más que los que existen sobre la faz de la tierra. Chávez, por su parte, en un país donde se volvió a incumplir el plan de fabricación de viviendas de este año, prometió viviendas sintéticas a partir de gas venezolano y sal cubana, y se vio obligado en un momento a aclarar que “Evo (Morales) no es bruto”. ¿Por qué haría falta decir esto?

 

Como quiera que sea, “algunos compañeros” estaban felices con el espectáculo, como si Chávez hubiera logrado imponer su descocado bolivarianismo por sobre la cautela cuasi inmovilista que aparenta el régimen cubano, a espera de que la biología pueda desencadenar determinados cambios.

 

Vinieron los convenios y las ceremonias, y hablaron Chávez y Raúl Castro. No solamente “algunos compañeros” en esta ocasión, sino parte de la prensa internacional, nostálgico-castrista, se mostraron felices porque ambos líderes hablaron de integración y colaboración. Y no se dieron cuenta de que, aún hablando de lo mismo, Chávez y Raúl Castro hablaban de cosas diferentes.

 

El teniente coronel reiteró su oferta de un solo país con dos presidentes, desliz que al declararlo en su momento le costó al inefable Carlos Lage perder el poco favor que pudiera haber tenido por parte de los generales cubanos, y habló de la integración con criterios románticos y despistados, soñando una federación junto a Cuba, Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

 

Raúl Castro ignoró la monserga de Chávez: aunque hubiera querido sacarlo del salón protocolar no podía hacerlo, porque el “Big Brother” vigilaba desde su lecho reflexivo de enfermo, pero habló con el mismo esoterismo y generalidades con que se hablaba en las reuniones de alto nivel del desaparecido e ineficiente Consejo de Ayuda Mutua Económica soviético (CAME): dijo muchas cosas que podrían interpretarse de mil maneras, pero que no comprometen a nada en concreto.

 

Calificó al golpista de “querido hermano” y, según dijo la televisión oficial, aseguró sentir el mismo "cariño, respeto y admiración" que siente por él el reflexivo Comandante. Abrazó al teniente coronel que se rinde tan fácilmente cuando las cosas se ponen difíciles, y lo despidió en el aeropuerto.

 

La izquierda radical se alborotó, “algunos compañeros” festejaron su gran victoria, y cada cual volvió a lo suyo. Cuando la historia juzgue a Raúl Castro en su papel de sucesor podrá concluir con muy diversos juicios, pero no puede negarse su extraordinaria habilidad para manejar el fenómeno de Chávez, quien tiene la bendición de Fidel Castro y la chequera petrolera imprescindible para sostener a Cuba en esta etapa, pero no las simpatías de los militares cubanos. “Querido hermano”, sí, pero los hermanos los manda Dios… y los amigos los escoge cada quien.

 

Mientras tanto, el debate interno sobre los problemas de Cuba parece haber terminado. Hace casi tres meses del “discurso de la leche” de Raúl Castro el 26 de julio, y se conoce muy poco sobre lo debatido y las conclusiones, y mucho menos sobre los proyectos a partir de los resultados del debate.

 

La falta de información, cuando hay que analizar, se sustituye con análisis de la falta de información: no hay otra manera de hacerlo seriamente. Y algunas cosas están claras:

 

Se debate y se analiza para “cambiar todo lo que haya que cambiar”, menos el arcaico e ineficiente sistema socialista cuartelario creado por Fidel Castro y Che Guevara. En otras palabras, que se boten cuantos sofás sean necesarios, pero nunca a la esposa adúltera. ¡No faltaba más! Que eso no resuelva los verdaderos problemas del país es una cosa, pero que se deba o que se vaya a hacer es otra muy diferente. Eso lo entienden muy bien un grupo de “destacados intelectuales” que residen en Cuba y hablan del tema, pero siempre cuidándose con esmero de donde están los límites. No es lo mismo jugar con la cadena que con el mono, como se dice en Cuba.

 

Por eso se nos dice que “no hay una sola información de que en lugar alguno, alguien haya clamado por el capitalismo o los planes restauradores del enemigo imperialista”. Lo que demuestra esta frase no es que todos los cubanos adoran al régimen, sino que el sistema de información en el país funciona desastrosa y tendenciosamente, o que simplemente no funciona. Si hay tanto acuerdo, unanimidad, sobre el tema, ¿para qué discutir?

 

La teoría de sistemas en Cuba castrista es muy peculiar. Científicamente, un sistema tiene cualidades superiores a la suma de las cualidades individuales de cada uno de sus componentes. ¡Elemental, Watson! Pero aunque en las asambleas del debate en Cuba se mencionan una y mil dificultades, deficiencias e insuficiencias de todos y cada uno de los componentes del sistema en Cuba, resulta, sin embargo, según se dice, que el sistema resultante, el régimen castrista, no tiene más ni mayores dificultades, deficiencias e insuficiencias que los elementos del sistema por separado, sino todo lo contrario: es un paraíso.

 

Aparentemente, se dice, “el enemigo” ha querido introducir su agenda en el debate. Hasta donde se sabe, ninguna persona en Miami ha ido a Cuba a participar en los debates e introducir “la agenda del enemigo”. Ni en Madrid, New Jersey, Chicago, Los Ángeles o Hialeah. Mucho menos los agentes de la CIA desde Langley. Y, oficialmente, ni Tele Martí se ve en Cuba ni Radio Martí se escucha. ¿Cómo puede “el enemigo” tratar de introducir “su agenda” en el debate en estas condiciones?

 

Finalmente, ya se ha logrado identificar a varios de esos “algunos compañeros” de la retranca, que ponen zancadillas al debate y desean que todo siga como está, que nada se modifique, y que el Comandante dirija por ochenta mil años más, que no creen que nada esté funcionando mal, no soportan ideas nuevas ni están preparados para ellas, y que les parece una insensatez decir cualquier cosa en el debate que se aparte de la consiga de “socialismo o muerte”, aunque sea una redundancia.

 

Resulta que estos “algunos compañeros” ya identificados son nada más y nada menos que determinados Instructores del Partido y algunos burócratas en abstracto dentro del aparato partidista, sin nombre ni rostro, que representan posiciones socialistas, claro que sí, pero mientras más inmóviles y cavernícolas mejor, porque no ven ni pueden ver la necesidad de cambiar.

 

Con algunas excepciones, es perfectamente lógico que los Instructores del Partido o esos burócratas del aparato partidista, los llamados “cuadros profesionales”, actúen de esa manera: si tuvieran un poco más de talento, formación o capacidad se dedicarían a otras actividades más útiles y constructivas, o por lo menos no tan aburridas.

 

Sin embargo, limitar el criterio de “algunos compañeros” a este reducido, o no tan reducido, grupo de ineptos, no hace justicia a las realidades del régimen ni a la forma en que funcionan todos los mecanismos de poder en el manicomio-cuartel de la Cuba contemporánea.

 

Si se identifica a “algunos compañeros” como “las voces que trataron de mediatizar el debate y mellar su filo cortante contra el sistema burocrático, tratando de convertirlo en monserga, a lo que apostaron juntos, confundiéndose, contrarrevolución, oportunismo e inmovilismo”, a los que no dicen nada nuevo, quieren castrar el debate y mantenerse en el inmovilismo, para ser justos hay que incluir en ese grupo de “algunos compañeros” a muchos más, pero esta vez con nombre y apellidos, con rostros, para que no se disuelvan en lo etéreo de las no-personas revolucionarias, en los fantasmas de la caverna comunista:

 

Carlos Lage Dávila, miembro del Buró Político del Partido, Vicepresidente y secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, identificado como el “arquitecto de las reformas” por la prensa nostálgico-castrista española.

 

A estas alturas, declara, en una reunión para chequear el (in)cumplimiento de los planes económicos y sociales, que la solución de los problemas es el ahorro de recursos. En cualquier ejemplar del periódico Granma, órgano del Partido Comunista, desde 1965 hasta la fecha, podrá encontrarse la misma declaración para la solución mágica de todos los problemas.

 

Si lo que declara el “arquitecto de las reformas” es lo mismo que se viene declarando en los últimos cuarenta y tantos años, y no funciona, hay que estar de acuerdo en dos puntos: uno, que ese “ahorro” en abstracto no resuelve nada, y dos, que el “arquitecto” no tiene ideas nuevas.

 

Más bien su discurso permanente califica en el grupo de “las voces que trataron de mediatizar el debate y mellar su filo cortante contra el sistema burocrático, tratando de convertirlo en monserga, a lo que apostaron juntos, confundiéndose, contrarrevolución, oportunismo e inmovilismo”

 

Felipe Pérez Roque, Ministro de Relaciones Exteriores, miembro del Comité Central del Partido. Hace pocos días declaró, en una reunión con estudiantes en la Universidad de La Habana, que el problema principal de la economía cubana era “el bloqueo imperialista”.

 

Desde Cuba, el periodismo independiente estelar recordó que en diciembre del 2005, en su apogeo oportunista apostando para sucesor, el canciller expresó todo un absurdo programa de continuidad inmovilista que garantizaría el avance revolucionario a pesar del “bloqueo imperialista.

 

Además de contradecirse con su declaración en la Universidad, Pérez Roque se aferra a ideas y declaraciones que pueden encontrarse en la prensa cubana desde 1962, cuando el “bloqueo imperialista” comenzó a implementarse.

 

De seguir la opinión del canciller, siendo el “bloqueo” el problema principal, no tiene sentido hacer más nada que “resistir” y rezar, pues la solución del “problema principal” no está en manos de los cubanos, sino en la administración de Estados Unidos.

 

Esta posición de Felipe Pérez Roque califica también entre “las voces que trataron de mediatizar el debate y mellar su filo cortante contra el sistema burocrático, tratando de convertirlo en monserga, a lo que apostaron juntos, confundiéndose, contrarrevolución, oportunismo e inmovilismo”.

 

Otto Rivero, Vicepresidente del Consejo de Ministros a cargo de la Batalla de Ideas (batalla sin enemigos definidos y con muy pocas ideas). Con pocas batallas y muchas menos ideas, declaró en la misma reunión para chequear el (in)cumplimiento de los planes económicos y sociales, que uno de los problemas principales de los incumplimientos era debido a la falta de fuerza de trabajo calificada.

 

En honor a la verdad, hay que reconocerlo, esta sí es una idea nueva, aunque sea un absurdo total. Con más de un millón de graduados universitarios, más de millón y medio de técnicos de nivel medio, cientos de miles de estudiantes, y un sistema de enseñanza gratuito y universal, uno de los “logros” de la revolución, para alegar escasez de fuerza de trabajo calificada hace falta ser un alienado o un cínico. O quizás las dos cosas a la vez.

 

Lo que queda claro, a pesar de la novedad de estas ideas del encargado de la batalla de ídem, es que entonces el problema no se podría comenzar a resolver antes de los próximos cuarenta y ocho años, creando más fuerza de trabajo calificada.

 

Si eso es “cambiar todo lo que deba ser cambiado”, entonces ya no hay nada que hacer. El vicepresidente Otto Rivero califica por derecho y extraordinarios méritos propios en el selecto grupo de “las voces que trataron de mediatizar el debate y mellar su filo cortante contra el sistema burocrático, tratando de convertirlo en monserga, a lo que apostaron juntos, confundiéndose, contrarrevolución, oportunismo e inmovilismo”.

 

José Ramón Machado Ventura, miembro del Buró Político, Vicepresidente del Consejo de Estado, encargado del aparato de organización del Partido. El absoluto decano del inmovilismo en Cuba, hace más de treinta años que representa por derecho propio las posiciones más conservadoras, inmovilistas y cavernícolas del aparato partidista.

 

Habló en Cienfuegos el 5 de septiembre, en representación de Fidel y Raúl Castro, y se las arregló, como siempre, para no decir nada en concreto mientras hablaba demasiado, aunque algún ignorante intuyó señales de cambio en sus palabras. Es el encargado de “los cuadros” del partido, desde esos “algunos compañeros” instructores y cuadros de base hasta las más altas jerarquías de la nomenklatura. Sabe perfectamente lo que está sucediendo, lo que “algunos compañeros” están planteando, la forma en que actúan, pero no hace nada.

 

Cuenta en su haber con el oprobioso record de haber castrado y manipulado las discusiones en 1991 cuando los debates previos al Congreso del Partido, que cuando empezaron a tomar un cariz contestatario asustaron a la jerarquía castrista, hasta que el Comandante en Jefe dio la orden de acabar con aquello, y “Machadito” la ejecutó pronta y gustosamente.

 

José Ramón Machado ventura siempre ha sido, por década, una de las más destacadas “voces que trataron de mediatizar el debate y mellar su filo cortante contra el sistema burocrático, tratando de convertirlo en monserga, a lo que apostaron juntos, confundiéndose, contrarrevolución, oportunismo e inmovilismo”.

 

Ricardo Alarcón de Quesada, miembro del Buró Político del Partido, Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Conoce perfectamente todo lo que se habla y se dice en todos los aparatos del Poder Popular en los 169 municipios y 14 provincias, sabe sin lugar a dudas que esos mecanismos son ineficientes e infuncionales, y conoce de la manipulación partidista de las nominaciones en el proceso de elecciones de base, así como que, no importa lo que suceda o su estado de salud, Fidel Castro es, de forma vitalicia, el Presidente de los Consejos de Estado y Ministros, además de Primer Secretario del Partido y Comandante en Jefe.

 

No dice nada, sin embargo. “Intelectual” a cargo muchas veces de las relaciones con la prensa extranjera y la política con estados Unidos, declara continuamente que ningún proceso electoral es más democrático ni perfecto que el cubano, que todos se sienten muy bien con esta situación y que no hay nada que cambiar, que el resto del mundo está equivocado en el concepto de democracia.

 

Sin duda, otra de “las voces que trataron de mediatizar el debate y mellar su filo cortante contra el sistema burocrático, tratando de convertirlo en monserga, a lo que apostaron juntos, confundiéndose, contrarrevolución, oportunismo e inmovilismo”.

 

Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, segundo al mando de facto de la sucesión, Ministro de Informática y Comunicaciones, dícese que Ministro del Interior virtual a cargo de la represión.

 

En el discurso del 8 de octubre, por el 40 aniversario de la muerte-fracaso de Che Guevara en Bolivia, insistió en que la discusión se refería a las “reflexiones de Fidel” y “el discurso de Raúl”, en ese orden, y declaró:

 

“Lo que estas discusiones abiertas y francas pueden darnos como saldo principal es una mayor comprensión de los problemas, la búsqueda colectiva de soluciones, que no podrán ser nunca mágicas, que tienen que basarse en el trabajo, en la capacidad del país para generar recursos, y que tampoco pueden ignorar el bloqueo, sus costos y las posibilidades reales que este nos deja”.

 

Poco original el Comandante, más especializado en tareas de “control” que en oratoria, dice que en definitiva todas esas discusiones del llamado debate darán como “saldo principal” comprensión y búsqueda, no soluciones mágicas, y que no se puede ignorar “el bloqueo”. Algo así como que una catarsis colectiva, un círculo de innovadores y racionalizadores, o una tertulia intelectual en “El Hurón Azul”

 

Todo parece indicar, sin lugar a dudas, que este mensaje califica como una de “las voces que trataron de mediatizar el debate y mellar su filo cortante contra el sistema burocrático, tratando de convertirlo en monserga, a lo que apostaron juntos, confundiéndose, contrarrevolución, oportunismo e inmovilismo”.

 

Hasta donde se conoce, ninguno de estos “algunos compañeros” es marciano, sospechoso de actividad enemiga ni de tener agendas ocultas al servicio del imperialismo. Miembros del Buró Político del Partido, Ministros, se supone que representan a esa “monolítica” dirección revolucionaria que enrumba al país hacia el paraíso socialista, y que ha convocado al debate valiente, franco y abierto para “cambiar todo lo que deba ser cambiado” y resolver los problemas que agobian a la nación.

 

Ninguno de ellos es, ni ha sido nunca, Instructor del Partido o “cuadro profesional” en la base. Ramiro Valdés es un “histórico” desde el cuartel Moncada y uno de los únicos tres Comandantes de la Revolución que existen en Cuba. José Ramón Machado Ventura es un comandante médico del Segundo frente de Raúl Castro en la lucha guerrillera, Ricardo Alarcón proviene de la Universidad, y ha sido embajador en Naciones Unidas, Viceministro y Ministro de Relaciones Exteriores, antes de dirigir la Asamblea Nacional del Poder Popular.

 

Carlos Lage, Felipe Pérez Roque y Otto Rivero son de los “Castro Boys” del grupo de Apoyo al Comandante en Jefe, que pasaron por la Federación de Estudiantes Universitarios y cayeron en gracia del Comandante, que los promovió aceleradamente.

 

Juntos, constituyen la flor y nata del liderazgo castrista, la combinación de la historia y la experiencia con la juventud y la calificación, lo mejor de ambos mundos, algo así como el “dream team” del castrismo.

 

No se pueden lanzar los caballos contra modestos Instructores del Partido o cuadros profesionales de base para identificar a los cavernícolas, cuando en esta élite se escuchan continuamente “las voces que trataron de mediatizar el debate y mellar su filo cortante contra el sistema burocrático, tratando de convertirlo en monserga, a lo que apostaron juntos, confundiéndose, contrarrevolución, oportunismo e inmovilismo”.

 

Un fantasma recorre Cuba. Muchos fantasmas. Mientras el tiempo se va acabando.

 

¿Veremos realmente que se “cambia todo lo que deba ser cambiado”, incluyendo no solo los mecanismos absurdos, las arbitrariedades, la ineficiencia y la demagogia, sino también a los cavernícolas del inmovilismo, y no solamente a unos pocos Instructores del Partido y cuadros de base?

 

¿O es que acaso Cuba seguirá escuchando eternamente, o al menos hasta los límites de la biología, a todos estos aparentes marcianos sin nombre ni rostro y con disfraz de líderes que encarnan “las voces que trataron de mediatizar el debate y mellar su filo cortante contra el sistema burocrático, tratando de convertirlo en monserga, a lo que apostaron juntos, confundiéndose, contrarrevolución, oportunismo e inmovilismo”?