Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

Año nuevo, problemas viejos, excusas de siempre

 

Terminan otros doce meses más con los Castro en el poder, como ha sucedido durante los últimos 57 años.

 

Y, como también se ha hecho costumbre, las perspectivas no son nada halagüeñas para los cubanos de a pie, cuando el país continúa viviendo una crisis económica, social y política de proporciones gigantescas de la que no se vislumbran posibilidades de salida ni en el corto ni en el medio plazo, y de mantenerse la obstinación y el inmovilismo característicos del régimen, tampoco en el largo plazo.

 

La camarilla en el poder, contando con que su legitimidad “histórica” le permite prácticamente cualquier cosa, y creyendo equivocadamente que le sobra el tiempo, continúa dándose el lujo de no tener un programa coherente para nada más que para la represión, y a menos de cuatro meses de la celebración del congreso del Partido Comunista, que se supone que sea la reunión más importante del partido y del país, ni siquiera los militantes saben exactamente qué van a discutir ni cuales son las ideas y proyectos que los máximos dirigentes del país presentarán a los delegados del congreso para su aprobación meramente formal, ya que considerar la posibilidad de  que ese cónclave pueda decidir democráticamente cualquier cosa sería de una ingenuidad mayúscula.

 

Véase la información que Granma, el libelo que se presenta como órgano oficial del Partido Comunista cubano, publicaba en su primera plana el lunes 28 de diciembre del 2015 (no por casualidad el Día de los Inocentes en Cuba) relacionada con esas tareas:

 

Sesionó XII Pleno del Comité Central del Partido

 

Presidido por su Primer Secretario, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, evaluó este sábado la propuesta de Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista, y el informe de cumplimiento de los objetivos de trabajo aprobados en la Primera Conferencia Nacional del Partido

 

El XII Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, presidido por su Primer Secretario, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, evaluó este sábado la propuesta de Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista, y el in­forme de cumplimiento de los objetivos de trabajo aprobados en la Primera Conferencia Nacional del Partido.

 

Varias intervenciones hicieron mención a la influencia positiva en el trabajo cotidiano de la organización y a la continuidad que se le ha dado a las directrices trazadas por el Primer Secretario del Comité Central del Partido en las conclusiones de la mencionada Conferencia.

 

En la reunión se constató que se ha avanzado en el funcionamiento de las estructuras del Partido a todos los niveles y se puso de manifiesto cómo las organizaciones partidistas han dado en sus reuniones y plenos un lugar preferente a la implementación de los Linea­mientos de la Política Económica y Social.

 

No obstante, se reconoció que todavía persisten insuficiencias en el trabajo de la organización, las cuales deben rectificarse en el menor plazo de tiempo posible.

 

El Pleno consideró conveniente continuar profundizando en los temas asociados a la Conceptualización y retomar su análisis en enero del próximo año.

 

Los miembros del Comité Central analizaron, además, el comportamiento de la economía cubana en el año 2015, así como los informes del Plan de la Economía y el Presupuesto del Estado para el 2016, los cuales serán sometidos a la aprobación de la Asamblea Nacional del Poder Popular el próximo martes.

 

Como se dice popularmente en Cuba, con esos truenos ¿quién duerme?

 

Cuestionable crecimiento

 

Se pregona impúdicamente un crecimiento del 4% de la economía nacional, cifra que resulta ocho veces mayor que la anunciada de crecimiento promedio de toda América Latina durante 2015, dudoso guarismo oficialista cubano que cuenta con el desvergonzado aval de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), institución que parece cada vez más limitarse a aceptar mansamente y repetir las (des)informaciones emitidas por la Oficina Nacional de Estadísticas del régimen, ya que ni en las mesas de los cubanos a la hora de comer, ni en los agromercados, ni en ninguno de los lugares donde la población tiene que comprar lo que necesita para alimentarse, vestirse, calzarse, ni en los servicios de transporte o las actividades de construcción, se materializa ese supuesto crecimiento.

 

Sería más objetivo tratar de medir el decrecimiento, ya que ni hay más alimentos, ni más vestuario, ni más calzado, ni más ni mejor transporte, ni más construcción de viviendas, ni precios más asequibles, ni nada que haga presagiar que los cubanos vivan mejor ahora que hace doce meses. El anuncio de que el salario medio ascendió a 696 pesos mensuales (menos de 28 dólares) no es nada significativo si en el país una libra de carne de puerco cuesta cerca de dos dólares por estos días festivos.

 

Se anuncia un crecimiento en la producción agropecuaria y en la azucarera, cuando casi durante todo el año que termina se estuvo hablando de una terrible sequía que provocó que se dejaran de sembrar significativas cantidades de hectáreas de arroz, viandas,  vegetales, frijoles, y caña de azúcar. Se sigue persiguiendo con saña paranoica lo que el código penal define como “hurto y sacrificio ilegal de ganado”, pero en el país continúan muriendo cada año más cabezas de ganado por falta de alimentos, agua y mal manejo de los rebaños que por el supuesto hurto y sacrificio ilegal, y se continúa prohibiendo a los campesinos y usufructuarios de tierra sacrificar su propio ganado vacuno para consumo o venta. De la misma manera, en una isla rodeada de agua por todas partes, y donde el régimen no puede garantizar el consumo de pescados y mariscos a la población, se acosa a los pescadores particulares y cooperativistas, y cuando se considera conveniente hacerlo se les confiscan tanto sus capturas como sus embarcaciones, en nombre del socialismo (¿?).

 

La involución castrista

 

La inmensa mayoría de los ciudadanos continúa comiendo mal y consumiendo productos de baja calidad. Tal vez en comparativos números fríos de consumo de proteínas, calorías y carbohidratos la situación de los cubanos no aparezca tan dramática como la de los haitianos, hondureños o la de muchísimos países africanos, pero se trata de un país que, “gracias” a la falsa revolución de los hermanos Castro, disponía casi de una cabeza de ganado vacuno por habitante en 1958 y hoy, con cerca del doble de la población, no sobrepasa los cuatro millones de cabezas de ganado bovino, y con un peso promedio por animal que no supera el 60% del que tenían los que se enviaban al sacrificio antes de la llegada de los guerrilleros al poder.

 

Desde aquel momento empezó un proceso que ha alcanzado en el 2015 el logro de que un país actualmente con más de 11 millones de habitantes produzca solamente la mitad de la leche de vaca que producía en 1958, hace 57 años, cuando había 6 millones de cubanos en la isla, muchos menos avances tecnológicos en el mundo, y la emigración de la población era insignificante en términos absolutos y relativos.

 

Un país donde las zafras azucareras anuales se movían entre los 5 y 6 millones de toneladas, que se producían en no más de 4 meses, y que ahora, después de enormes esfuerzos, inversiones y “trabajo político” del partido comunista, alcanza a duras penas menos de 2 millones de toneladas anuales en zafras de más de 6 meses de duración, y a unos costos incomparablemente superiores.

 

Un país con un enorme potencial para la producción agrícola y ganadera, pero donde más de la mitad de las tierras productivas están cundidas de marabú y malas hierbas, o son graciosamente declaradas como “ociosas” sin mucha más explicación y sin que ningún “dirigente” del sector tenga que responder por tal desastre.

 

Y no puede olvidarse que todos estos pésimos resultados mencionados ocurren en un país donde se hicieron dos leyes “revolucionarias” de reforma agraria, que despojaron de sus tierras y sus propiedades a grandes y medianos agricultores y ganaderos, que eran sus legítimos dueños, para pasarlas a manos del Estado, que sería el encargado de convertirlas en “Granjas del Pueblo” y supuestamente administrarlas en beneficio de la población y del país.

 

Por eso, y tras tener que importar cerca de 2 mil millones de dólares anuales en alimentos para la población y el ganado (y finalmente lo que consume el ganado debería revertirse también en alimentos, como huevos, carne, leche y grasas), el régimen ha sido incapaz de garantizar la existencia de mercados de productos alimenticios que se vendan sin racionamiento y a precios razonables en dependencia de los ingresos de la población.

 

Las excusas de siempre

 

Las excusas de siempre pretendiendo justificar los fracasos y desastres son cada vez menos creíbles. El embargo de Estados Unidos contra la tiranía, que el régimen cínicamente llama “bloqueo contra Cuba”, es cada vez más poroso y menos efectivo, y el Presidente Obama durante el 2015 se ha encargado de que cada vez sea más distendido y relajado, bajo el pretexto de que se trata de ayudar al pueblo cubano, aunque en realidad se pretende buscar una supuesta estabilidad en el país, inducida por el vecino del norte, para evitar potenciales estallidos sociales.

 

La sequía, excusa permanente para el permanente desabastecimiento de agua a las viviendas y centros de trabajo, así como para justificar el fracaso agropecuario castrista, no soporta el más sencillo análisis. Más de la mitad del agua que se bombea por los acueductos se desperdicia por roturas y salideros en las líneas, que no han sido reparadas durante mucho tiempo, y hace más daño a la población que la falta de agua disponible en las presas.

 

Por otra parte, esa sequía parecería afectar nada más que a las tierras estatales, porque tanto los campesinos privados como los cooperativistas y usufructuarios de tierras continúan produciendo y obteniendo resultados favorables, mientras las empresas del Estado y las falsas cooperativas conocidas como Unidades Básicas de Producción Cooperativa, que son en realidad apéndices disfrazados de las empresas estatales, se mantienen en el perenne fracaso y sin perspectivas de superar ese estancamiento, debido a la falta de gestión y voluntad política, pues todos los demás factores que les afectan, como la escasez de equipos, falta de mantenimiento, mal manejo del ganado, marabú y hierbas malas reduciendo constantemente las áreas agrícolas, o la baja productividad del trabajo y el desastroso aprovechamiento de la jornada laboral en las dependencias estatales, no son problemas que caen del cielo, sino resultado de mantener contra natura la propiedad estatal sobre la tierra y los recursos, la absurda gestión socialista, y el empecinamiento en demostrar que la producción estatal socialista es superior a la privada y la cooperativa, lo que durante ya casi cien años de experimentos marxistas-leninistas han demostrado no solamente que es absurdo, sino también imposible.

 

Mientras todo involuciona, desde la producción a la calidad de la educación o de los servicios médicos “gratuitos”, el régimen se aferra a cifras abstractas para marear la perdiz y entretener a los ilusos, y repite continuamente palabras vacías, proyectos absurdos y periodismo de tercera categoría, donde priman las palabras “actualización” ,“perfeccionamiento” y “crecimiento”, pero donde no puede mostrarse ningún resultado concreto.

 

En el campo internacional, los farsantes y apologistas del neocastrismo se pasan la vida hablando de “el pueblo” y repitiendo que todo se hace para “el pueblo”, pero cuando ese mismo pueblo se cansa de las mentiras y fracasos de mediocres gobernantes que quieren eternizarse en el poder, y pasa la cuenta masivamente a tiranos y corruptos, entonces ese supuesto pueblo mágicamente deja de existir, y en la propaganda oficial se convierte en un fantasma abstracto y difuso para los llamados “revolucionarios”. De esa manera, de acuerdo a sus versiones, no fue el pueblo venezolano quien expulsó contundentemente a los llamados bolivarianos de la Asamblea Nacional (poder legislativo) de su país, sino el imperialismo, la burguesía y la derecha internacional.

 

Tampoco fue el pueblo argentino el que dio la espalda recientemente al candidato oficialista a la presidencia, que representaba el continuismo de los Kirchner, y votó a favor del cambio y de la alternativa democrática , sino nuevamente el imperialismo, la burguesía y la derecha internacional que actuaron en Argentina contra no se sabe exactamente qué o quién. Porque la torcida lógica supuestamente revolucionaria emanada desde La Habana, que resulta en realidad la posición más retrógrada, tarada y reaccionaria que pueda concebirse, siempre señala y repite que si los castristas y sus lacayos ganan algunas pocas elecciones es porque los elige “el pueblo”, pero cuando las más de las veces las pierden es porque intervinieron alevosamente los chicos malos de siempre.

 

Lo que “garantiza” la dictadura a los cubanos

 

Por eso la dictadura castrista continúa con la perenne cantaleta de siempre de que garantiza a todos los cubanos una “canasta básica” subsidiada, aunque nunca aclara que cada día es menos “básica” y de menor calidad, por lo que muchos periodistas de segunda, turistas superficiales, y extranjeros mal informados o desinteresados en informarse correctamente, repiten tontamente que todos los cubanos tienen la alimentación básica “garantizada”, sin saber ni en qué consiste eso ni tener la más mínima idea de la calidad de lo que se “garantiza” por el régimen. Y mucho menos que ellos aceptarían voluntariamente vivir diariamente con esa alimentación “garantizada”.

 

Sería muy bueno que supieran que esa “garantía” a través de la cartilla de racionamiento, cínicamente llamada Libreta de Abastecimientos, consiste en una asignación mensual que se vende a precios mucho más que módicos, casi insignificantes, que posibilita adquirir a cada persona, cada mes, 7 libras de arroz; 5 libras de azúcar (en una combinación de blanca y turbinada); 12 onzas de frijoles (del tipo que sean); media libra de aceite vegetal de baja calidad; 4 onzas de café mezclado con chícharos; 5 huevos; 1 libra de pollo congelado, muchas veces importado; menos de 1 libra de pescado, que muchas veces termina siendo sustituido por pollo (el famoso “pollo por pescado”); y 1 libra de jamonada “enriquecida” (cuyo enriquecimiento consiste en mezclarla con soya y quién sabe qué más); así como una libra de sal cada tres meses.

 

Ocasionalmente, no todos los meses, se vende también 1 libra de espaguetis o cualquier otra pasta alimenticia por persona. Se vende, diariamente, para cada persona, 1 pan fresco de dos onzas, de pésima calidad. Además, de acuerdo a las edades, se venden compotas para niños menores de dos años; el equivalente a 1 litro de leche diario para niños menores de 7 años (en ocasiones es leche en polvo), y 1 litro de yogurt de soya para los menores que tienen entre 7 y 13 años. A los mayores de 65 años se les vende un llamado suplemento alimenticio cuyo contenido incluye leche en polvo, otros supuestos nutrientes y sabores artificiales.

 

Además de esa “canasta básica garantizada”, existen mercados agropecuarios estatales y privados o cooperativos, donde los precios se determinan por oferta y demanda. En los estatales los precios son un poco más bajos (por aquello de que el Estado siempre está preocupado por “el pueblo”), pero la variedad de la oferta, y la calidad y frescura de los productos, es muy inferior a la de los mercados privados y cooperativos. Existen además, complementando las ofertas de los agromercados, los llamados “carretilleros”, que son  vendedores ambulantes particulares que pregonan sus productos de puerta en puerta y sufren el permanente acoso de inspectores y policías, cada vez más corruptos.

 

La otra oferta de productos alimenticios sin racionamientos, a precios muy superiores, aparece en las llamadas Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD), controladas por los militares a través de las empresas del Grupo de Administración Empresarial, Sociedad Anónima (GAESA), dirigido por el general Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, yerno de Raúl Castro. En esas tiendas, desde sus inicios, por orden de Fidel Castro cuando era el jefe máximo de todo y de todos, los precios de los productos vendidos deberían ser por lo menos el 240% de los precios de costo, y hasta más, gracias a un peregrino criterio de “impuesto revolucionario”. En ocasiones, los abusivos precios representan hasta el 700% del precio de costo. De manera que en una tienda en un barrio periférico de La Habana, Santiago de Cuba o Cienfuegos, por decir algunos ejemplos, determinados productos alimenticios, electrodomésticos, elecrtónicos, o de vestuario, pueden costar lo mismo o más que en tiendas de la Quinta Avenida en Manhattan, la Magnificient Mile en Chicago, o en Las Vegas Strip. Mientras que la calidad de los productos ofrecidos a los cubanos es infinitamente inferior a la de lo que se vende en esos emporios “imperialistas” mencionados.

 

Balance de la gestión de Raúl Castro

 

En muchas ocasiones, el balance final de la gestión de Raúl Castro como gobernante puede ser sencillamente el de las oportunidades perdidas. Tras la rimbombante y muy anunciada aprobación de la Ley de Inversión Extranjera a comienzos del 2014, los resultados prácticos son más promesas o ilusiones que aspectos concretos. El régimen declaró que necesitaba entre 2,000 y 2,500 millones de dólares anuales en inversiones extranjeras para poder crecer a un ritmo del 5 al 7% anual y así poder garantizar un supuesto socialismo próspero y sustentable que nadie sabe exactamente en qué consiste o cómo se define, pero durante los dos primeros años de vigencia de la ley esas cifras siguen siendo absolutamente utópicas. En las informaciones a los diputados para la sesión de la Asamblea Nacional de finales de diciembre del 2015 se repiten una vez más las ya famosas, por reiteración, ocho empresas, contando las cubanas (del gobierno), autorizadas a funcionar en la tristemente famosa zona de El Mariel, pero de ese ridículo numero no se ha salido durante meses.

 

La falta de garantías debido a la ausencia de un poder judicial independiente, y la obligatoriedad para los inversionistas extranjeros de tener que contratar la fuerza de trabajo que necesiten a través de una agencia empleadora del Estado cubano no son condiciones que les estimulen a arriesgar su dinero. Los claros ejemplos de empresarios extranjeros con acusaciones rocambolescas que culminan en años de cárcel y confiscación de sus propiedades en la isla no resultan factores atractivos para que otros emprendedores extranjeros se decidan a arriesgar allí determinadas cantidades de capital.

 

El proyecto de la Zona de Desarrollo Especial de El Mariel (ZDEM), variante criolla de las zonas francas chinas que comenzaron a dar entrada a los capitales extranjeros, no logra prosperar adecuadamente. Desde enero del 2014 a la fecha se han hecho múltiples intentos por parte del régimen, pero, como ya se mencionó, no llega a una decena de emprendedores (incluyendo al propio gobierno) quienes han invertido su dinero en la ZDEM, y todos son modestos capitales atraídos por las facilidades que se ofrecen para los primeros años de inversión, ninguno de ellos en operaciones de alta tecnología o elevado volumen de producción, servicios y mano de obra: intentos casi insignificantes en función de una inversión en el puerto y la ZDEM que en conjunto representó más de mil millones de dólares, cuyo retorno cada vez aparece más alejado y difícil.

 

Las nuevas realidades

 

La situación de Venezuela, principal sostén económico del régimen, se ha complicado grandemente durante todo el 2015 y muy especialmente al final del año. Con los precios del petróleo en declive permanente, la economía del benefactor del castrismo cae en picada, sus arcas se vacían, la inflación se multiplica, y las carencias y necesidades de los venezolanos crecen exponencialmente. Por si fuera poco, la contundente y aplastante victoria de la oposición democrática venezolana en las elecciones legislativas a comienzos del mes de diciembre complica y limita la capacidad de maniobra del gobierno “bolivariano”.

 

Su posición de avestruz, al pretender desconocer la importancia de esa derrota, y creer que todo puede seguir igual que hasta ahora, con el poder ejecutivo haciendo lo que le da la gana y desconociendo la legalidad y el Estado de Derecho, provocará conflictos de gobernabilidad casi desde el comienzo del 2016, cuando la nueva Asamblea Nacional de mayoría calificada opositora tome posesión. Y sea como sea que evolucionen los acontecimientos ante esa nueva realidad, la estabilidad y garantía de las ayudas del chavismo al régimen de La Habana, tanto en recursos como en dineros, será mucho más precaria que lo que ha sido hasta ahora.

 

A ello se le suma la complicación extra de la elección de un nuevo gobierno argentino, interesado en borrar las huellas y desastres del kirchnerismo durante doce años en el poder, y la precaria situación de la presidenta brasileña, cercada entre acusaciones de corrupción y malos manejos monetarios y políticos tanto de ella como de su corrupto antecesor. De manera que dos fuentes de apoyo y financiamiento importantes para el régimen, como eran las dos grandes economías suramericanas de Argentina y Brasil, están en una condición diferente a como estaban hace un año, y los recursos con que puede contar La Habana provenientes de ambas naciones son mucho más inestables en estos momentos.

 

Los miles de millones de dólares que entran por la venta de médicos en el exterior (que el régimen llama venta de servicios médicos) seguirán siendo decisivos para el gobierno cubano, aunque los ingresos provenientes por este concepto desde Venezuela y Brasil se complicarán en 2016, y podrían reducirse más o menos significativamente en dependencia de cómo evolucionen los acontecimientos en ambos países.

 

El turismo sigue siendo una fuente de divisas importantes para la dictadura neocastrista, aunque todavía no puede contar con el turismo americano como quisiera, lo que le garantizaría una entrada de varios miles de millones de dólares adicionales al menos durante los primeros años del descubrimiento de la fruta prohibida y la aventura de visitar el Parque Jurásico del comunismo tropical. Y mientras la proverbial ineficiencia del régimen se mantenga como hasta ahora, y no están haciendo demasiado por modificar esa situación, el ingreso neto que representan los casi 3.3 millones de turistas recibidos durante este 2015 no bastarán para resolver los ingentes problemas acumulados en el país durante más de medio siglo de gestión irresponsable e improvisada por parte de los hermanos Castro, a pesar del cacareado supuesto “pragmatismo” raulista.

 

Las remesas de dinero y productos que los cubanos en el exterior envían a familiares y amigos seguirán siendo una fuente importante de subsistencia para los cubanos de a pie en la isla, aunque sus volúmenes no llegan a alcanzar las cantidades que declaran algunos “expertos” de pacotilla sobre el tema, que llegan a los montos que anuncian a partir de técnicas demasiado primitivas o científicamente dudosas, aunque en muchas ocasiones la tan abundante prensa superficial sobre temas cubanos las acepta como verdades absolutas y las repite continuamente.

 

El deshielo” y lo que viene

 

Es cierto que las renegociaciones de la deuda con el Club de París, sumadas a las generosas condonaciones de deuda por parte de Rusia, México, España y otros países, otorgan un poco de oxígeno al régimen, que ahora aspira a los créditos del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, que solo llegarán en la medida en que Estados Unidos afloje todavía más las clavijas, gracias a la bastante generosa política del presidente Barack Obama. Extraña política exterior por parte de una gran potencia, consistente en dar todo lo posible sin exigir nada a cambio, y que hasta el momento solamente ha logrado más y mayores exigencias desde La Habana.

 

Esto último hace que los funcionarios americanos se pregunten, y le pregunten a diplomáticos europeos, asiáticos, canadienses y latinoamericanos, por qué el régimen no es capaz de agradecer lo que se ha hecho desde Washington hasta ahora, y continúa queriendo morder la mano que les podría dar de comer. Evidentemente, quienes están elaborando las recomendaciones sobre la política cubana del Presidente de Estados Unidos no acaban de entender que el alacrán clava el aguijón no porque quiera ser un asesino en serie, sino porque eso va en su condición genética, y por ello lo hará y lo seguirá haciendo cada vez que pueda.

 

Para Raúl Castro y la camarilla en el poder lo importante no es mejorar las relaciones con Estados Unidos, ni las condiciones materiales y de vida de los cubanos, ni lograr la tranquilidad y la prosperidad de los ciudadanos, ni terminar de una vez por todas con las divisiones familiares y la crispación social, y mucho menos colaborar para que Barack Obama pueda establecer y dejar tras de sí su “legado” como el Presidente que normalizó de las relaciones con Cuba después de más de medio siglo de enfrentamientos, desencuentros y choques.

 

Para Raúl Castro y su pandilla lo verdaderamente importante es mantenerse a toda costa en el poder, indefinidamente, reprimiendo y aplastando a cualquiera que pretenda oponerse a esa intención, y todo con el pretexto de derrotar “al imperialismo”, así como manteniendo una posición supuestamente “negociadora” que posibilite obtener el máximo rédito político factible para el régimen en ese proceso, y al mismo tiempo intentando siempre entregar a cambio lo mínimo posible y a regañadientes.

 

Consiguientemente, la camarilla en el poder seguirá actuando de la misma forma en que lo ha hecho hasta ahora mientras tenga enfrente a un gobierno americano que confíe en que por alguna vía, tal vez divina o mágica, podría lograr algo positivo del régimen de La Habana, lo que vendría a ser casi lo mismo que considerar la posibilidad de que el alacrán pueda vivir sin clavar el aguijón.

 

De manera que si Washington no termina de comprender eso y continúa sin cambiar su forma de actuar frente a la dictadura castrista, no veremos cambios significativos en la situación interna cubana, ni en las relaciones entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, al menos hasta enero del 2017, cuando una nueva administración se instale en la Casa Blanca.

 

O tal vez ni siquiera en ese momento. Porque La Habana entonces  tampoco  tendría intenciones de modificar sus posiciones por razones de buena voluntad simplemente, y solamente lo intentaría si las circunstancias le obligaran a hacerlo.

 

Así que, incluso después del 20 de enero del 2017, para el tema de las relaciones entre La Habana y Washington, todo dependerá  de quién ocupe entonces la presidencia de Estados Unidos, y de cómo actúe.