Cubanálisis El Think-Tank 

 ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

E S P E C I A L

 

EGIPTO: LOS NUEVOS FARAONES EN LA SOMBRA

 

selección de textos por Cubanálisis-El Think-Tank

 

Del temblor de Túnez al tsunami de Egipto

 

§         Su ejemplo pondría en peligro a todos los regímenes autocráticos árabes

§         Afectaría al comercio a través del Canal de Suez y al precio del crudo

§         Israel quedaría totalmente aislado en Oriente Medio

 

ALBERTO FERNÁNDEZ, RTVE.ES

 

 La caída en cadena de los regímenes árabes. La subida del precio del petróleo ante el descontrol del Canal de Suez. La pérdida del principal aliado árabe de Occidente. Y, de rebote, el entierro del proceso de paz en Oriente Medio al dejar a Israel aislado del resto, favorecer la entrada de bienes a Gaza por el paso de Rafá y el ascenso de los islamistas.

 

Éstos son los motivos que tienen a buena parte de los líderes occidentales -y a buen seguro a todos los árabes- pendientes del televisor para saber qué ocurrirá en Egipto o, lo que es lo mismo, si una revuelta popular creada a través de Internet por un puñado de jóvenes y sin apenas líderes será capaz de tumbar al todopoderoso Hosni Mubarak, que lleva gobernando el país desde hace 30 años.

 

De ser así, la ola de acontecimientos que podrían seguir serían los siguientes:

 

1.      La crisis de las autocracias árabes

 

Si algo llamó la atención sobre la Revolución de los Jazmines en Túnez es su posible impacto en los países del entorno, además de que fuese la primera revolución democrática en un país árabe que consiguió derrocar a un Gobierno en décadas.

 

Los primeros síntomas aparecieron en forma de personas desesperadas que se quemaron 'a lo bonzo', imitando al mártir de Túnez Bouazizi. Argelia, Marruecos, Mauritania y Egipto vivieron casos similares.

 

Aunque los primeros países prometieron tomar medidas para aliviar las malas condiciones económicas de la población comprando trigo, por ejemplo, para bajar el precio de los alimentos básicos, Egipto negó desde un principio cualquier posibilidad de contagio.

 

El Gobierno de Mubarak contaba con un dato a su favor: frente a la pequeña Túnez, su país de más de 80 millones de habitantes es igual que la suma de las poblaciones de Marruecos, Argelia, Libia y Jordania. Es miembro del G20 y el principal aliado de Estados Unidos en la zona, que le da una ayuda militar de 1,3 billones de dólares.

 

O, lo que es lo mismo, es demasiado grande para caer.

 

El sistema político egipcio es una versión calcada del de otros como Túnez: regímenes formalmente democráticos en los que la oposición no tiene posibilidad real de gobernar y que son apoyados por Occidente gracias a su aire de estabilidad y por mantener bajo control la amenaza islamista.

 

Mubarak lleva treinta años en el poder y solo en 2005 se sometió a las urnas (con casi un 90% de los votos). Las elecciones próximas, previstas para 2011, han sido boicoteadas por destacados líderes opositores como el premio Nobel El Baradei.

 

Lo mismo que Mubarak se podía decir del presidente tunecino Ben Alí, elegido en 2009 con porcentajes similares, o del presidente argelino Buteflika. En Jordania y Marruecos, los monarcas son los encargados de designar a los primeros ministros y dominan la escena política. Gadafi en Libia ni siquiera se permite la vulgaridad de llamarse presidente.

 

2. El cuestionamiento de Occidente

 

Como señala el analista de riesgos políticos de la agencia Reuters, Peter Apps, la revuelta de Egipto ha atrapado a Occidente entre sus alianzas estratégicas, su retórica de defensa de la democracia y la simpatía que en sus propios países despiertan las revueltas.

 

La mejor síntesis es lo que ocurre con Estados Unidos que, como demuestran los papeles de Wikileaks hechos públicos este mismo viernes, era consciente desde hacía años de la brutalidad intolerable de la Policía egipcia e incluso había tratado de ayudar tímidamente a movimientos opositores de cara a la difícil sucesión de Mubarak.

 

Ese asunto, la sucesión de un Mubarak que se ha empeñado en colocar a su hijo Gamal, mal visto por la población y por el ejército, como su sucesor, es un dolor de cabeza recurrente para Washington.

 

Una eventual caída de Mubarak podría dar lugar a dos escenarios: o bien un Gobierno de transición con miembros del antiguo régimen, que ya ha sido rechazado en Túnez y que sería visto con buenos ojos por Occidente con la complacencia del ejército; o bien una ruptura total que llevase incluso al poder a los Hermanos Musulmanes, la organización islamista más importante del mundo.

 

El segundo escenario aterroriza a todas las cancillerías occidentales, aunque en un eventual escenario democrático no les quedase más remedio que aceptar su concurrencia a las elecciones.

 

Para liderar el Gobierno de transición se ha ofrecido El Baradei, pero es mal visto por Washington por su posición poco contundente frente a Irán cuando era director del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA).

 

3. Las consecuencias económicas

 

Pero el mundo se juega en Egipto mucho más que la estabilidad del mundo árabe. La presencia del Canal de Suez en un contexto en el que además se está produciendo una subida mundial del precio de las materias primas puede ser decisiva.

 

Una revuelta o un ambiente de guerra civil podría ser letal, más aún cuando la propia ciudad de Suez es uno de los núcleos de las revueltas.

 

El canal sigue siendo una importante vía de comunicación en las importaciones marítimas hacia Europa de combustible y bienes baratos procedentes de Asia.

 

El Canal sigue siendo la ruta más rápida entre Asia y Europa. Es uno de los siete puntos clave en el mundo para la Administración para la Información sobre Energía y por él pasó el 8% del tráfico marítimo mundial en 2009.

 

4. Y el caos regional

 

Por último, pese al cuestionamiento interno, Mubarak es una figura internacional reconocida, que ha jugado un papel decisivo de mediador en conflictos como el bloqueo de Gaza, las conversaciones de paz entre Israel y la ANP o los problemas entre Siria y Líbano.

 

Como recuerda en la BBC Roger Hardy, analista del Woodrow Wilson Center para Oriente Medio, Egipto fue el primer estado árabe en firmar un tratado de paz con Israel, que mantiene buenas relaciones con Egipto y a cuyo Gobierno le aterroriza la posibilidad de que el mayor país árabe caiga en manos de islamistas hostiles a su país.

 

 

Egipto: preguntas y respuestas de las protestas

 

Claves de las protestas en Egipto que exigen la renuncia del presidente Mubarak y que han causado más de cien muertos

 

El Nacional

 

El presidente de Egipto, Hosni Mubarak, está enfrentando su peor crisis en los casi 30 años que lleva en el poder en el país árabe.

 

Desde hace una semana cientos de ciudadanos han salido a las calles para protestar en contra de su gobierno y las manifestaciones ya han provocado más de cien muertos y miles de heridos.

 

¿Qué está pasando en Egipto?

 

Desde el 25 de enero se están desarrollando en diversas ciudades de Egipto una serie de protestas para exigir la renuncia del presidente Hosni Mubarak que está en el poder en el país árabe desde 1981.

 

En respuesta a las protestas, el gobierno sacó a los efectivos de la policía y a las tropas del ejército a patrullar las calles y posteriormente decretó el toque de queda en las ciudades de El Cairo, Alejandría y Suez.

 

En su primera aparición pública en medio de la crisis, el presidente defendió el papel de las fuerzas de seguridad en las protestas y anunció el cambio de todo su gabinete pero no dio señales de abandonar el poder.

 

Las revueltas están frenando uno de los principales ingresos de la economía egipcia:el del turismo. Y es que se ha cerrado el acceso a las emblemáticas pirámides de Giza y miles de turistas han cancelado sus viajes al país o intentan salir de él.

 

¿Qué piden los manifestantes?

 

Los ciudadanos que han salido a las calles piden la renuncia de Mubarak.

 

Además, quieren más libertades, más democracia y empleos.

 

Egipto tiene muchos de los problemas sociales y políticos como el aumento del precio de los alimentos y del desempleo, así como la indignación ciudadana por la corrupción política.

 

Además, según apuntó el corresponsal de la BBC en El Cairo, Jon Leyne, a eso hay que añadir la "profunda frustración en gran parte de la sociedad, que ve que el país ha perdido poder, estatus y prestigio internacional en las tres décadas del gobierno de Mubarak".

 

¿Qué tuvieron que ver las revueltas en Túnez?

 

Las revueltas populares que provocaron la salida del poder y del país del ex presidente tunecino Zine al-Abidine Ben Ali el pasado 14 de enero prendieron la mecha de la población de otros países árabes que salieron a las calles para protestar contra sus gobiernos.

 

En Túnez, Ben Ali llevaba 23 años en el poder y era apenas el segundo mandatario desde la independencia de Francia en 1956. Tras su caída, las manifestaciones se intensificaron en Egipto y en otros países árabes como Yemen y Argelia.

 

Muchos analistas piensan que si el gobierno de Egipto, el país más populoso de la región, sucumbe ante el levantamiento popular, las repercusiones se sentirían más allá del Norte de África y el Medio Oriente.

 

¿Quién es Mubarak?

 

Hosni Mubarak, de 82 años, es el presidente de Egipto desde 1981. Llegó al poder después de que su antecesor Anwar Sadat fuera asesinado por radicales islámicos en un desfile militar en El Cairo.

 

En las casi tres décadas que ha ocupado la presidencia de su país, Mubarak se ha posicionado como un aliado de confianza para Occidente y ha luchado contra un poderoso movimiento de oposición dentro de sus fronteras.

 

Ex comandante de la Fuerza Aérea, Mubarak ha gobernado como un líder casi militar desde que asumió el poder.

 

Mubarak ha presidido durante un período de estabilidad interna y desarrollo económico que significa que la mayoría de sus compatriotas han aceptado su monopolización del poder. Sin embargo, en los últimos años Mubarak ha sentido por primera vez presión para fomentar las reformas políticas, tanto desde el interior de Egipto como de su aliado más poderoso, Estados Unidos.

 

¿Cómo reaccionaron otros países?

 

Egipto es el país más populoso en el mundo árabe, con una de las economías y ejércitos más grandes de la región.

 

Y aunque tal vez ya no ejerce la misma influencia en el Medio Oriente de décadas pasadas, su importancia no se discute y la crisis egipcia ha provocado reacciones en el resto del mundo.

 

La reacción más esperada era la del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que tras conversar con el presidente Mubarak llamó al gobierno egipcio y a los ciudadanos al diálogo y a evitar la violencia.

 

Además, en un discurso público el mandatario estadounidense pidió a su homólogo que tome medidas concretas hacia la reforma política y social y defendió el derecho de los ciudadanos a ser oídos.

 

Por otra parte, líderes de Francia, Alemania y Reino Unido instaron en un comunicado conjunto al presidente egipcio a evitar la violencia "a toda costa".

 

¿Qué pasará después?

 

Si, como demandan los ciudadanos que salieron a manifestarse, el presidente y su gobierno renuncian, se abren una serie de dudas sobre qué sucedería después.

 

En la actualidad, la oposición en Egipto está fraccionada pero, según la corresponsal de BBC en El Cairo, Yolande Knell, "si hubiera elecciones libres y justas, es muy probable que ganasen los Hermanos Musulmanes", un partido oficialmente ilegal pero tolerado en el país y el movimiento opositor a Mubarak mejor organizado. Sin embargo, Mubarak siempre ha apelado a la llegada de un grupo islamista al poder en Egipto para asustar a sus aliados internacionales.

 

Por otra parte, en el último año se ha sugerido desde diferentes ámbitos que el ex el director General de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), Mohamed ElBaradei, como un líder adecuado para dirigir la transición en Egipto y que cuenta con

 

Otros nombres que suenan como posibles futuros líderes incluye al secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa, al recién nombrado vicepresidente, el general Omar Suleiman, un militar - como todos los líderes de Egipto desde que el rey fue derrocado en 1952.

 

 

La alternativa militar

 

«Lo que las manifestaciones están planteando a la oficialidad es la conveniencia o no de dar un nuevo golpe de estado»

 

Florentino Portero, El Mundo

 

Tanto en Túnez como en Egipto estamos asistiendo a la erupción de unas tensiones que sólo podremos comprender si las enmarcamos en un entorno regional. Los regímenes que han ocupado el poder en las últimas décadas no han sido capaces de resolver los grandes problemas que el desarrollo natural de sus sociedades planteaba: educación, sanidad, trabajo… un futuro para los jóvenes que de forma masiva acceden a un mercado de trabajo mortecino. Si a ello le sumamos el escándalo que produce la corrupción, la incompetencia gubernamental y el efecto que provocan unos medios de comunicación masivos integrados en un mercado global disponemos del cocktail explosivo.

 

Primero fue Túnez, luego Egipto y ahora la mecha se ha encendido en otros países vecinos. Los problemas de fondo son los mismos, pero no así sus experiencias históricas. Si en Túnez fueron las Fuerzas Armadas las que resolvieron en primera instancia la crisis, al rechazar enfrentarse con su propia gente y forzar la salida del presidente Ben Alí, en Egipto el escenario es bien distinto. Aquí el régimen establecido por Nasser, tras el golpe de estado que puso fin a la experiencia monárquica, es básicamente una dictadura militar. Nasser, Sadat y Mubarak son militares, como militares son muchos de los miembros más destacados de la oligarquía que se reparte el poder y protagoniza una masiva corrupción. Lo que las manifestaciones están planteando a la oficialidad es la conveniencia o no de dar un nuevo golpe de estado, en esta ocasión contra sus generales.

 

Para un coronel egipcio el dilema se hace aún más complejo si tenemos en cuenta una segunda diferencia con el caso tunecino: el peso del islamismo. Allí donde hay musulmanes hay fundamentalistas, pero en proporciones muy distintas. El riesgo de que Túnez tenga un gobierno islamista en el medio plazo como resultado de unas elecciones limpias es alto. En Egipto, por el contrario, es muy alto. La dictadura nasserita, ese gobierno «moderado» al que se referían políticos y medios en Occidente, se ocupó eficazmente de aniquilar a la oposición democrática, al auténtico islam moderado y modernizador. No eran muchos y no tenían mucho arraigo social porque el escaso desarrollo no facilitaba su labor propagandística. Eliminarlos resultó mucho más fácil que acallar a los islamistas, renacidos en Egipto con los Hermanos Musulmanes, dotados de un pensamiento actualizado y de un programa de acción cultural, social y político adecuados para permear la sociedad hasta lograr un indiscutible liderazgo. Si los militares se retiran a sus cuarteles y permiten que el régimen político se desmorone estarán, de hecho, entregando el poder a los Hermanos Musulmanes con todo lo que ello implica.

 

La guerra civil argelina, la tensión nuclear con Irán o la evolución política en el campo palestino son ejemplos que estarán muy presentes en la oficialidad egipcia. Es posible que la mayoría sienta tanto desprecio por sus gobernantes como los manifestantes, que tengan una natural empatía con esos miles de jóvenes que se están jugando la vida en las calles para sacar a su país del atolladero en que lo han metido… pero la solución puede ser aún peor.

 

Desde Marruecos hasta Irak la tensión entre islamismo y modernización es el eje de la vida política y social. Cuando la segunda se envuelve de corrupción e incompetencia abre el camino para que el primero acceda al poder e imponga regímenes fanáticos. Desde Marruecos hasta Irak la alternativa a la corrupción es el fundamentalismo. No tenía por qué haber sido así, pero no quisimos defender a los demócratas para asegurarnos más fácilmente contratos y buenas relaciones. Los Ben Alí, Mubarak y compañía, amparados por europeos y norteamericanos, han preparado el camino a los fanáticos y ahora sólo queda el uso de la fuerza para contener a unas masas indignadas. Cuanta más fuerza se emplee más se asociará dictadura y corrupción con Occidente y más fácil será el trabajo de los agitadores, alimentados desde Irán o el Golfo, en Francia o en Egipto.

 

Líbano ya ha caído en manos de Hizboláh, una organización creada y dirigida por el gobierno iraní. Jordania y Egipto van a pasar por momentos muy difíciles. Israel puede quedar aislado en un estado prebélico de imprevisibles consecuencias. Si la democracia no es viable en el corto plazo y el riesgo del islamismo es evidente, lo más probable es un endurecimiento de las dictaduras árabes, aislando a las Fuerzas Armadas de sus propias sociedades ¿Por cuánto tiempo?

 

 

Afirman que llegó la hora del Ejército en la crisis de Egipto

 

Una posición respetada por muchos egipcios. Porque al contrario que la policía, considerada en todas partes brutal y corrupta, el Ejército tiene una relativa buena consideración en Egipto. Y ello pese a que algunos oficiales en los años posteriores a la revolución de 1952 se hicieron con propiedades estatales.

 

  EL UNIVERSAL

 

El Cairo. - Cientos de manifestantes volvieron a concentrarse hoy en la céntrica plaza de Tahrir en El Cairo, exigiendo la dimisión del presidente, Hosni Mubarak, de 82 años: "Han robado y saqueado el país" y por ello, el presidente debe ser llevado a los tribunales, gritaban.

 

Algunos de ellos intentaban entablar conversación con los soldados que tomaron posiciones en todas las plazas centrales de la capital. Pero los militares no se dejaban llevar. "Estamos aquí sólo para proteger al pueblo y la propiedad del Estado", decían, informó DPA.

 

Una posición respetada por muchos egipcios. Porque al contrario que la policía, considerada en todas partes brutal y corrupta, el Ejército tiene una relativa buena consideración en Egipto. Y ello pese a que algunos oficiales en los años posteriores a la revolución de 1952 se hicieron con propiedades estatales.

 

Pero al mismo tiempo impera la desconfianza. Muchos egipcios con formación se preguntan cómo es posible que el jefe del Estado Mayor, el teniente general Sami Hafis Anan precisamente se encuentre en Washington en un momento en el que en su país el pueblo está saliendo a la calle.

 

De ahí que muchos egipcios no descarten que esta revuelta impulsada por la oposición, a la que después se unieron los Hermanos Musulmanes y jóvenes violentos de asentamientos ilegales, sea en realidad un golpe de Estado encubierto del Ejército con la bendición del gobierno estadounidense.

 

Y es que no es ningún secreto que el presidente estadounidense, Barack Obama, y algunos otros socios occidentales de Egipto no están satisfechos con la actitud del presidente egipcio y su séquito respecto a la democracia y los derechos humanos. Además, el apoyo de Washington al premio Nobel de la Paz Mohammed el Baradei, quien llegó el viernes a El Cairo, fue muy evidente.

 

Posiblemente, los estadounidenses hayan encontrado aliados en la cúpula militar egipcia que quieran también echar al anciano Mubarak por su insistencia en volver a ser candidato en las presidenciales del próximo otoño o intentar imponer la candidatura de su hijo Gamal. Sobre el estado de salud de Mubarak padre se especula desde hace mucho tiempo. Y Gamal, considerado amigo de la elite empresarial de los nuevos ricos, no es especialmente popular en círculos militares.

 

De momento, sólo algo es seguro: si el ejército y el nuevo gobierno del país no logran poner fin a los saqueos y la violencia rápidamente, Egipto vivirá una huida masiva de las clases altas. Una parte de los empresarios que no lloraría la caída de Mubarak está desde hace tiempo con las maletas a medio hacer por la inestabilidad de los últimos meses.

 

El empresario turístico Samih Sawiris, un copto cristiano, trasladó por ese motivo hace tiempo la sede de su empresa a Suiza.

 

La gran cuestión es ahora si Mubarak se exiliará y si el ejército lo apoyará, o al menos una parte de los militares. ¿Cómo son, entre bambalinas, las luchas de poder internas en El Cairo? La situación es aún poco clara y quizá se precipite quien ya esté celebrando la caída de otro régimen que no organiza elecciones limpias y permite la tortura.

 

 

El Ejército egipcio o la llave del futuro de Mubarak

 

reuters

 

§         Las fuerzas armadas han apuntalado el régimen autoritario de Mubarak

§         Su intervención en los enfrentamientos será crucial para el futuro del país

 

El Ejército de Egipto, que acaba de intervenir por primera vez en los enfrentamientos entre la Policía y los manifestantes para imponer el toque de queda, podría decidir el destino del país, tal y cómo ocurrió hace tan sólo unos días en la vecina Túnez.

 

El rechazo de un general del Ejército tunecino a reprimir los manifestantes fue un punto de inflexión que obligó al expresidente Zine Al Abidine Ben Alí a abandonar el país el pasado 14 de enero. ¿Es posible que ocurra esto también en Egipto?

 

Por el momento, los militares no han reaccionado de la misma manera, pero después de ver la lucha de la policía del Ministerio del Interior y de las fuerzas de seguridad para contener cuatro días de revueltas populares sin precedentes, los generales podrían considerar sus opciones.

 

"Los indicadores confirman que las fuerzas armadas egipcias están listas para intervenir en Suez y otras partes de Egipto si es necesario", ha confirmado a Reuters una fuente de seguridad en El Cairo.

 

Desde que los militares derrocaran en 1952 la monarquía del rey Faruk I, los cuatro presidentes que ha tenido Egipto han provenido de la jerarquía militar, ahora ahora dirigida por el mariscal de campo Mohamed Hussein Tantawi de 75 años, actual ministro de Defensa y comandante en jefe.

 

Los asuntos militares, un tabú

 

Las fuerzas armadas han sido numéricamente eclipsadas por las fuerzas internas de seguridad del ministro del Interior, Habib el-Adli, de 72 años. Estas han crecido de forma exponencial desde la fallida revuelta islámica de la década de 1990 hasta convertirse en una gran fuerza de 1,4 millones, según han revelado los cables diplomáticos estadounidenses de Wikileaks.

 

Los militares y las fuerzas internas de seguridad, junto con la maquinaria del partido gobernante y la emergente élite empresarial, constituyen el núcleo que ha sostenido el régimen de Hosni Mubarak durante 30 años.

 

¿Podrán los violentos disturbios populares romper o agrietar la unidad de este aparato que ha apuntalado de forma pétrea un régimen autoritario durante tres décadas?

 

El Ejército es notoriamente opaco. Informar sobre él sigue siendo tabú, incluso a pesar del espectacular florecimiento del sector de los medios de comunicación en los últimos años. Poco se conoce acerca de sus intereses económicos, su presupuesto o su postura en aspectos sustanciales.

 

"La idea de que el Ejército sigue siendo una fuerza política y económica clave es algo que todo el mundo sabe aquí", señala un cable de EE.UU. de julio de 2009 publicado por WikiLeaks este viernes.

 

Baño de sangre o motín

 

"Sin embargo, otros observadores nos dicen que los militares han crecido de forma menos influyente, más fracturada y su liderazgo es más débil que en los últimos años", indica el cable de la embajada de EE.UU. en El Cairo.

 

Una fuente cercana al Ejército ha revelado a Reuters que los militares intervendrán si Egipto cae en el caos, ya que están observando con desprecio la forma en la que están conteniendo las revueltas.

 

"El Ejército ha retrasado su respuesta, al igual que en Túnez", afirma la fuente, que prefiere no ser identificada.

 

La prioridad de los militares es la defensa externa, no el trabajo policial, pero los expertos esbozan un escenario en el que el Ejército actuará con decisión para sofocar los disturbios, imponer toques de queda y, tal vez, tomar decisiones radicales sobre el futuro político de Egipto.

 

Tal escenario, que habría parecido poco probable hace apenas unas semanas, parece una propuesta no tan descabellada tras el derrocamiento de Ben Alí y las revueltas sociales que sacuden Yemen, el propio Egipto y otros países árabes.

 

Hossam Hamalawy, un activista opositor egipcio, considera que la intervención del Ejército conduciría a un baño de sangre o a un amotinamiento de las tropas, que rechazarán disparar a sus compatriotas.

 

 

Los egipcios pierden el miedo

 

Agustín de Gracia, EFE

 

EL CAIRO.- Cinco días de protestas y decenas de muertos en las calles han envalentonado al pueblo egipcio, que ha perdido el miedo frente a un régimen vigente desde hace 30 años y que está dando señales de que se está desmoronando.

 

Las calles de El Cairo se han convertido en un reflejo de que las advertencias de utilizar la fuerza contra los manifestantes hechas por el presidente Hosni Mubarak han caído en saco roto, y pareciera que al gobernante cada día se le hace menos caso.

 

Anciano, rodeado siempre de una lealtad política que raya el servilismo, con numerosos frentes abiertos en el plano político y económico, Mubarak, de 82 años, se está convirtiendo en los últimos días en un líder autista.

 

"El presidente Mubarak no está entendiendo el alcance de la situación'', declaró el profesor universitario egipcio Abdalá Al Ashal. "Todo el pueblo egipcio está temblando, y quiere cambio'', agregó Al Ashal en declaraciones a la cadena Al Yazira.

 

El cambio se viene pidiendo en las calles desde el martes pasado, día en el que la policía, uno de los pilares más importantes que sustentaba a Mubarak, cedió terreno ante miles de manifestantes que ocuparon la céntrica plaza de Tahrir, epicentro de las protestas.

 

La historia juzgará si esa decisión fue acertada. Pudo tener el propósito de evitar un baño de sangre parecido al que sufrió Túnez, pero hizo pensar a muchos egipcios que las calles podían ser conquistadas si se perseveraba en el intento.

 

Hoy, cinco días después, las calles de El Cairo tienen un nuevo dueño, miles de ciudadanos que, en abierto desafío al toque de queda que está vigente desde las 16.00 hora local (14.00), invaden el centro de la ciudad para pedir el final del régimen.

 

Y la policía, acusada de prepotencia por todos los egipcios y presente en muchas esquinas de esta ciudad, ahora está prácticamente ausente, acosada por el sentimiento público generalizado y dependiendo de que el Ejército garantice su seguridad.

 

El régimen de Mubarak comenzó a perder pie cuando en las últimas elecciones parlamentarias el gobernante Partido Nacional Democrático (PND) se reservó casi todos los escaños en unas elecciones con descaradas maniobras de fraude.

 

El principal grupo de la oposición, los Hermanos Musulmanes, que hasta entonces ocupaban la quinta parte de la cámara baja del Parlamento, se convirtió en una fuerza extraparlamentaria, quedándole sólo la calle como tribuna de expresión.

 

Y a la calle han salido sus partidarios desde el martes, a pesar de que ayer, viernes, la policía detuvo a siete dirigentes de ese grupo islámico con la aparente intención de descabezar un movimiento popular que había adquirido ritmo propio, y no necesitaba líderes.

 

Frente a esta reivindicación de las calles, el PND parece estar desmoronándose tanto como su sede central, que desde anoche es pasto de las llamas por un incendio que se desató durante las protestas públicas.

 

Las manifestaciones de El Cairo han sido protestas sin tribunas públicas, con mensajes espontáneos y dirigentes políticos mezclados entre los manifestantes, recibiendo, como ellos, los golpes de la policía y los gases de la policía antidisturbios.

 

Mubarak, en un intento por atajar la ofensiva, anunció poco después de esta medianoche un relevo en el Gobierno, pero ignoró completamente la principal razón de las protestas, su renuncia, ya sea porque no quería decir nada, o por simple autismo.

 

Según declaró el analista Mustafa Kamel, Mubarak está sinceramente convencido de que las protestas están siendo manejadas por los Hermanos Musulmanes, y que su obligación es seguir en el poder para evitar el avance del islamismo.

 

Mientras tanto, Egipto se encuentra ahora frente al desafío de buscar líderes que puedan reunir el clamor popular, a corto plazo, y una figura que, en caso de caída del régimen, pueda hacerse cargo del enorme poder que hasta hace poco ostentaba Mubarak.

 

El premio Nobel de la paz Mohamed el Baradei, que vive fuera del país más que dentro de Egipto, llegó tres días después de que comenzaran las protestas, y su figura como líder político tiene más eco en el mundo internacional que entre el pueblo egipcio.

 

De momento, en círculos políticos se apuesta por la posibilidad de que, si cae Mubarak, pueda surgir un poder transitorio liderado por alguna figura militar, con un programa a corto plazo que le permita al país superar los últimos traumas y fijar una nueva senda.

 

De cualquier forma, la suerte parece estar echada para Mubarak.

 

"Mi impresión es que este es el último día del presidente Mubarak'', agregó Kamel.

 

 

Israel "vigila de cerca" la situación en Egipto

 

EUROPA PRESS

 

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha asegurado que "vigila estrechamente" la evolución de las protestas en Egipto contra el presidente Hosni Mubarak, y ha ordenado a sus ministros que no realicen comentarios al respecto a los medios de comunicación debido a la "extrema sensibilidad" del tema.

 

"Nuestro objetivo", apuntó en declaraciones recogidas por el diario israelí 'Yedioth Aharonoth', "es el de mantener la estabilidad y asegurarnos de que la relación entre nosotros (Israel) y Egipto prosigue independientemente de cualquier tipo de acontecimientos". Netanyahu recordó que "la paz entre ambos países se ha prolongado durante tres décadas".

 

De hecho, Egipto fue el primer país árabe en firmar un tratado con Israel en 1979. Hubo que esperar quince años antes de que Jordania se convirtiera en el segundo, en 1994.

 

A pesar de la orden de silencio, el primer ministro sí informó de que ya se ha puesto en contacto con la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, así como con líderes políticos israelíes, para coordinar esfuerzos, comenzando por la evacuación de sus ciudadanos en el país árabe.

 

EVACUACIONES

 

La aerolínea de bandera israelí, El Al, evacuó el sábado en un avión a unos 200 ciudadanos israelíes, la mayoría diplomáticos y familiares de los mismos, después de ordenar el cierre de la Embajada hebrea en El Cairo ante la oleada de protestas contra el régimen del presidente Mubarak.

 

El vuelo de emergencia se realizó por orden del ministro de Asuntos Exteriores israelí, Avigdor Lieberman, quien el viernes decidió la evacuación de las familias de los diplomáticos. Sin embargo, permanece en la capital egipcia el embajador israelí, Yitzhak Levanon.

 

 

Israel ordena dejar Egipto y teme un cambio de régimen

 

Shlomo Sltuzky, Tel Aviv. Especial para Clarín

 

Detrás de una cortina de silencio oficial, Israel presenciaba inquieto ayer el agravamiento de la situación en Egipto, temeroso de que las violentas protestas callejeras logren derrocar a su más importante aliado en el mundo árabe.

 

El primer ministro Benjamín Netanyahu ordenó guardar silencio. Pero en un claro reflejo de la preocupación israelí, Sun D’Or, una subsidiaria de la aerolínea de bandera El Al, trasladó a decenas de israelíes, incluso familiares de diplomáticos, fuera de Egipto en un vuelo de emergencia.

 

La estabilidad del régimen de Hosni Mubarak es de sumo interés para Tel Aviv. Luego de años de guerra, Egipto fue el primer país árabe que hizo las paces con el Estado judío, y desde que sucedió al asesinado Anwar Sadat tras el histórico tratado de paz de hace tres décadas, Mubarak ha cumplido con su compromiso. Aunque las relaciones fueron a menudo frías, fue un intermediario clave con el mundo árabe, y medió entre Israel y los palestinos, con cuya Franja de Gaza también limita. Y cooperó con Israel para contener a Hamas, que gobierna en la Franja.

 

Funcionarios hebreos, a quienes se ordenó hablar con la condición del anonimato, manifestaron preocupación por la posición vulnerable de Mubarak. Algunos temen que la violencia pueda propagarse a la vecina Jordania, el otro país árabe que tiene un tratado de paz con Israel. También hubo preocupaciones de que grupos de oposición antiisraelíes, incluso la fundamentalista Hermandad Musulmana, puedan tener una voz más prominente en Egipto, quizá con 40% de votos si hubiera elecciones libres. Y se escucharon críticas a EE.UU.

 

“Un Egipto estable con un tratado de paz con Israel significa una frontera tranquila. Si hay un cambio de régimen, tendremos que revaluar la estrategia para proteger la frontera de una de las fuerzas militares más modernas de la región”, dijo un funcionario que pidió no ser identificado.

 

El tema dominó ayer la edición de los diarios y los programas de tv. En Haaretz, el columnista Aluf Benn conjeturó que el “poder declinante’’ de Mubarak deja a Israel con pocos amigos en el Oriente Medio. Y sobre la peor hipótesis -la llegada al poder de los Hermanos Musulmanes- el estado mayor israelí está listo para una “revolución de la doctrina estratégica del país”, dijo otra fuente anónima al diario Yediot Ahronot.

 

 

El Cairo se convierte en un campo de batalla

 

Guillaume Lavallee, AFP

 

EL CAIRO — El Cairo parecía un campo de batalla este sábado, con restos de coches quemados y escombros en las calles y un espeso humo negro que se elevaba de la sede del partido gubernamental, tras saqueos y manifestaciones reprimidas contra el presidente egipcio, Hosni Mubarak.

 

"¡Fuera Mubarak!" o "el pueblo quiere que caiga el presidente", seguían coreando cientos de manifestantes en la mañana de este sábado en la plaza Tahrir, en el centro de El Cairo, y miles más afluían hacia las partes más céntricas de la capital egipcia.

 

"El presidente se tiene que ir, es lo único que queremos", dice Hasan. "Hace treinta años que está en el poder. Es más que suficiente", agrega este manifestante de unos treinta años de edad. "Egipto tendría que ser una potencia industrial y agrícola, pero estamos rezagados", prosigue.

 

"Nos quedaremos en la calle hasta que (Mubarak) deje el poder. Tal vez se necesite esperar uno o dos años, pero nos quedaremos", afirma Alí Barra, joven estudiante de medicina.

 

"Queremos más libertad, reformas económicas y la anulación de las últimas elecciones legislativas. Queremos que se nos escuche. No somos animales. Somos seres humanos", dice Mohamed Raban, otro manifestante.

 

"El pueblo superó el miedo, ya nada podrá detenerlo. Espero que no haya saqueos", declara un taxista.

 

Jóvenes opositores y habitantes de suburbios pobres se agolpaban en el centro de la capital, que cuenta con 20 millones de habitantes.

 

Habitantes de la ciudad intentaban despejar la gran plaza de El Cairo, sacando barreras de metal, y otros juntaban carrocerías calcinadas que bloqueaban calles céntricas. La sede del partido gubernamental, incendiada el viernes por la noche, seguía en llamas.

 

La policía, que reprimió a los manifestantes desde el martes, estaba ausente de las calles de la capital en la mañana de este sábado.

 

El viernes, Mubarak ordenó a los militares apoyar las tareas policiales en las manifestaciones. Algunos tanques estaban desplegados en la plaza Tahrir y decenas de ellos se encontraban alineados frente a los estudios de la televisión estatal.

 

Por otra parte, un supermercado fue saqueado el sábado por la mañana en un suburbio de El Cairo, indicaron testigos a AFP.

 

Decenas de personas corrían por la calle con artículos del supermercado situado justo a la salida de Maadi, un barrio donde reside una importante comunidad de extranjeros, contaron testigos.

 

Este supermercado, de una firma francesa, se encuentra en un centro comercial que también alberga otras tiendas occidentales.

 

El presidente Hosni Mubarak, cuya renuncia exigen los manifestantes, anunció en un discurso pronunciado el viernes por la noche la formación de un nuevo gobierno el sábado, tras cuatro días de manifestaciones sin precedentes en sus treinta años de presidencia que se saldaron con más de 40 muertos y cientos de heridos.

 

 

Pueblos árabes encuentran una causa común

 

Anthony Shadid, The New York Times

 

BEIRUT.- En Yemen, las consignas invocaban a Túnez, país ubicado a un continente de distancia. Un diario libanés declaró que todo el Oriente Medio observa a Egipto. El poema más famoso de un poeta del Norte de África fallecido hace mucho se ha convertido en el himno del momento y su más entusiasta llamado revolucionario.

 

Desde el 11 de septiembre del 2001, los conflictos han colocado al Occidente contra el mundo árabe, cuando las guerras en Irak y el Líbano, el conflicto israelí-palestino y las políticas de la administración Bush forjaron grandiosas narrativas de "ellos contra nosotros''. La semana pasada, mientras surgían más protestas en Yemen, Jordania y Egipto, y mientras Estados Unidos se mantenía básicamente al margen, la lucha en el Oriente Medio se volvió claramente un asunto de "nosotros''.

 

Por primera vez en una generación, no son la religión, ni las aventuras de un líder solitario, ni las guerras contra Israel las que han vigorizado a la región. A lo largo de Egipto y el Medio Oriente, una noción algo nostálgica de una identidad árabe común, entrecruzándose con un sentido visceral de lo que representa tener una vida decente, está alimentando las protestas que han unido a la región en un sentimiento de destino compartido.

 

"La experiencia de Túnez se mantendrá como la guía para Egipto y puede serlo también para las personas en Yemen, Sudán y el resto del mundo árabe que busca cambios, con una disposición a aceptar el riesgo, especialmente porque incluso las peores posibilidades son mejores que el status quo'', escribió el viernes Talal Salman, director del diario libanés Al Safir.

 

Una consigna en Egipto lo deja más en claro. Imitando la antigua consigna islámica de que el "Islam es la solución'', los manifestantes gritaban "Túnez es la solución''.

 

Al contrario de Europa Oriental, cuyo viejo orden se disolvió con una velocidad vertiginosa en 1989, los países árabes son distintos en sus ideologías y gobiernos, aunque a menudo comparten las mismas quejas de sus ciudadanos y cierto grado de apoyo de Estados Unidos. Pero raramente ha habido un momento en que el Oriente Medio se sienta tan interconectado, los gobiernos sean tan impopulares y los árabes estén tan ampliamente de acuerdo en la demanda de cambios, incluso aunque a algunos les preocupa el período posterior en un lugar en el que las alternativas a una dictadura han sido despiadadamente aplastadas.

 

El Oriente Medio se ha unificado alrededor de los problemas económicos y un resentimiento compartido de que se les ha negado dignidad y respeto a las personas. Desde Arabia Saudita hasta Egipto y más allá, dicen muchos, hay un amplio sentido de fracaso y frustración.

 

"Después de tantos años de estancamiento político, nos dejaron con una elección entre lo malo y lo peor'', dijo Fadel Shallak, un escritor libanés y ex ministro del gobierno. "Ahora sucede algo en el mundo árabe. Una voz colectiva se oye de nuevo''.

 

El antiguo Oriente Medio tenía como fuerza unificadora la Voz de los Arabes, la muy popular estación de radio de Gamal Abdel Nasser, el carismático pero represivo líder egipcio de 1956 a 1970. Su programación consistía en discursos, propaganda y música, sobre todo de Umm Kulthum, la icónica diva egipcia. Hoy en día, es Al Jazeera, y aunque su popularidad palidece ante la de la cantante, el trabajo del poeta tunecino Abul-Qasim al-Shabi parece definir las protestas y sus ambiciones.

 

Pero incluso Al Jazeera ha vuelto su mirada hacia adentro. Siempre provocadora y crítica de Estados Unidos e Israel, ha cubierto incansablemente las protestas en Egipto, así como lo hizo con las de Túnez, algunas veces incluso azuzando a los manifestantes a que siguieran adelante. Se ha unido a Facebook y Twitter, que han acercado a lugares dispares unidos por una lengua común.

 

Egipto cerró el viernes los servicios de internet en el país, en una clara demostración de lo poderosas que se han convertido esas herramientas. El presidente de Yemen, Ali Abdullah Saleh, volvió a una táctica más a la antigua que recordó a los enfrentamientos de Nasser con sus colegas árabes: se quejó al líder de Qatar, donde tiene su sede Al Jazeera. El canal, dijo, ayuda a esos que "buscan crear el desacuerdo''.

 

Esto, sin duda, es verdad. Describe también los mensajes de Facebook y Twitter, algunos de los cuales se han convertido en una versión de propaganda de agitación para el Oriente Medio en el Siglo XXI.

 

En Facebook, un grupo en Jerusalén prometió apoyo a Egipto y Túnez. El mundo árabe, dijo, "se mueve de la oscuridad hacia la luz ... de la dictadura hacia la libertad''.

 

Los cambios podrían tener amplias repercusiones para Estados Unidos. Mouin Rabbani, un analista en Jordania, dijo que las frustraciones económicas trajeron resentimientos en gobiernos percibidos como agentes de Estados Unidos y sus aliados. En realidad, un mundo árabe más democrático, según encuestas recientes, es probable que sea mucho más hostil a la política estadounidense.

 

Pero la preocupación es ahora interna.

 

"Si hubieran sido capaces de resolver los temas económicos subyacentes, las personas hubieran pasado por alto la corrupción, la mala administración, el gobierno autocrático'', dijo Abdel Aziz Abu Hamad Aluwaisheg, un economista saudita que habló desde Riyadh. "Pero cuando fallaron en cumplir con los temas del pan y la mantequilla, las personas comenzaron a mirar a sus gobiernos''.

 

Eso pudo haber forjado una idea de causa común, cuando los manifestantes en las localidades más remotas toman sus ideas de personas con ideas semejantes en lugares lejanos.

 

El viernes en Túnez, un grupo de manifestantes tunecinos se reunió a las afueras de la embajada de Egipto en solidaridad. "¡Fuera Mubarak!'' coreaban. Un diario libanés citó a activistas tunecinos que ofrecían consejos a sus contrapartes egipcias: hagan las manifestaciones de noche, usen bolsas plásticas para evitar descargas eléctricas, lávense la cara con Coca-Cola para evitar los efectos de los gases lacrimógenos y traten de rociar pintura negra en los limpiaparabrisas de los vehículos de la policía.

 

"Ojalá pudiera unírmeles, y quisiera que estas protestas lograran deshacerse de estos regímenes'', dijo Mona Sibai, una egipcia que vive en Beirut. "Me siento orgullosa''.

 

Laith Shbillat, un veterano disidente en Jordania, dijo: "Las personas quieren su libertad, las personas quieren su pan. Las personas desean evitar que estos asquerosos dictadores sigan saqueando a sus países. Seguiría a cualquiera. Seguiría a Vladimir Lenin si viniera y me guiara''.

 

Shbillat mencionó al poeta Shabi, quien murió joven en 1934. "Si un día, una persona desea vivir, entonces el destino responderá a su llamado'', dice su poema más famoso. ‘‘Y su noche comenzará a desvanecerse, y sus cadenas comenzarán a romperse y a caer''.

 

"El nos guía desde su tumba'', dijo Shbillat.