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ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

Españoles jubilados en Cuba:

“Tengo cartilla de racionamiento y sanidad gratis”

 

Su apartamento reclama alguna que otra capa de pintura y el barrio en el que vive (con sus edificios al mejor estilo soviético) no tiene nada que ver con las casas elegantes del oeste de La Habana

 

El Confidencial, España

 

El día en que decidieron asentarse en Cuba, su esposa Carmen puso una sola condición. “No venimos para vivir como extranjeros, sino como cubanos”. Así recuerda aquella tarde de 2007 José Ignacio Pérez, un español que desde entonces reside en la Isla, haciendo una vida que en muchos aspectos no difiere de la de cualquier nacional.

 

“Tengo libreta de abastecimientos (para la distribución de productos alimenticios) y me atienden gratis en el hospital. En la mayoría de las cosas soy tan cubano como el que más, hasta hago mis colas para comprar viandas o me quejo de lo malo que está el transporte”, agrega con una sonrisa.

 

Como viniendo a respaldar lo que dice, su apartamento reclama alguna que otra capa de pintura y el barrio en el que vive (con sus edificios al mejor estilo soviético) no tiene nada que ver con las elegantes casas del oeste de La Habana, donde por lo regular se asientan los empresarios y emigrados de mayor poder adquisitivo.

 

“Acordamos mudarnos para acá cuando los muchachos se independizaron y nos vimos solos en casa. Carmen ya se había retirado de la escuela y yo estaba a punto de hacerlo de la empresa de muebles en la que trabajaba como electricista. Habíamos viajado a Cuba en un par de ocasiones y nos había encantado, por eso no nos resultó tan difícil dar el paso”.

 

A su favor tenían tres cartas: la nacionalidad de Carmen (que había nacido en Cuba y emigrado a los diez años de edad), los más de 1.500 euros de pensiones que cada mes sumaban entre ambos y su militancia en varias organizaciones de solidaridad con la Isla, referencias que hacían mucho más fácil el traslado. Aun así, el desafío de conseguir residencia permanente no resultó tan fácil de solucionar como esperaban, y tuvieron que emplear bastante tiempo y dinero para triunfar en su empeño.

 

“La ley cubana es muy estricta en cuanto al otorgamiento de la residencia permanente a extranjeros”, explica Nacho, como le conocen todos en su barrio, en La Vigía, ubicado en la central ciudad de Santa Clara. “Aunque Carmen nunca había renunciado a su ciudadanía cubana y por años mantuvo relaciones con la familia que tenía aquí, nos costó bastante trabajo conseguir que la aprobaran. Después ya todo fue sobre ruedas, pues como éramos esposos mi condición era mucho más fácil de solucionar”.

 

Casi ocho años más tarde, aquella decisión le sigue pareciendo una de las más acertadas que ha tomado. “Carmen pensó lo mismo hasta su último día (falleció en 2013, a causa del cáncer). No es solo que el dinero se multiplique por 25 o 30 al cambiarlo en pesos, o que en las calles haya una tranquilidad tan grande que solo puede compararse con la del mejor país de Europa; lo que de verdad te arraiga es la forma de ser de la gente, que con todo y sus necesidades es más abierta y solidaria que en cualquier otro lugar que conozca”.

 

Vivir en la Isla

 

En los últimos años ha crecido de forma exponencial el número de ciudadanos españoles asentados en Cuba. Si nos atenemos a las cifras del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, ya superan los 2.700 (sobre un total de poco menos de 7.000 extranjeros de todas las nacionalidades radicados en la Isla). Además, entre 2007 y 2011 otras 117.000 personas obtuvieron el pasaporte hispano al amparo de la llamada Ley de los Nietos.

 

Estos últimos, sin embargo, no son vistos en el contexto local como verdaderos españoles, sino como “gente con la doble ciudadanía”, una condición jurídica que no está contemplada en la legislación de La Habana, pero ante la cual sus autoridades llevan años haciéndose de la vista gorda. El título de “gallegos” queda sólo para los nacidos en la Península, con independencia de la región de la que procedan.

 

“Yo lo discutí durante algún tiempo, pero al final me di cuenta de que no importaba”, comenta Nacho. “Por mucho que repetía que venía de Castilla-La Mancha, una comunidad que está bien lejos de Galicia, nadie se interesaba en hacerme caso. Al final me acostumbré y cuando me llaman '¡gaito!' respondo sin complejos, como si hubiera nacido en la misma Santiago de Compostela”.

 

“Eso es algo que te va quedando claro con el tiempo: hay cosas con las que los cubanos no se calientan demasiado la cabeza. Su razonamiento es sencillo pero eficaz: si diciéndote gallego resuelven, ¿para qué ponerse a buscar variantes? A veces me parece que los únicos lugares que les importa distinguir de nuestra geografía son Madrid y Barcelona, y eso por el fútbol”.

 

“Lo otro es comprender que no estás aquí para dar lecciones. En Cuba los 'yumas', como les dicen a los extranjeros en general, podemos encontrar muchas personas que nos adulen por razones materiales, pero a la gente que sirve de verdad sólo consigues conquistarla con respeto y comportándote con la mayor naturalidad posible”.

 

“Aquí mismo nosotros nos pasamos tres meses para ganarnos la confianza de los vecinos, ¿y sabes cómo la logramos? Pues la vez que me vieron cargando agua en cubos (baldes) de una pipa (camión cisterna) que había mandado la empresa de Acueductos. El reparto no recibía agua debido a una rotura y a todo el mundo no le quedó más remedio que arrimar el hombro y ponerse a crear sus respectivas reservas en tanques y cuanto recipiente hubiera”.

 

“¡Imagínate cómo terminamos subiendo y bajando hasta el tercer piso!, pero la gente lo vio y ya ese mismo día empezaron a tratarnos de otra forma, con más sinceridad. Hoy por hoy hasta me mandan a los vendedores que pasan por los edificios o yo hago lo mismo si me encuentro con una oferta que me parece buena. ¿Que tienen sus cosas en política o de carácter? ¿Y qué?; los españoles tenemos también las nuestras y no nos gusta que vengan de fuera a darnos clases. Tal vez eso sea en lo que más nos parecemos a los cubanos, la terquedad”.

 

¿Tierra para negocios?

 

La legislación cubana contempla tres tipos de residencia a las que pueden aplicar los ciudadanos extranjeros (permanente, temporal para trabajo y de estudiantes). Entre ellas, la más favorecida es la que tiene por límite un año y puede ser prorrogada periódicamente, sobre todo cuando se compra una vivienda o se alquila por un período largo de tiempo.

 

Así lo estableció una reforma jurídica del Gobierno de Raúl Castro, firmada en mayo de 2014. Sus objetivos fundamentales son ampliar el mercado para los condominios que construyen empresas estatales en varios puntos del país y favorecer la llegada de empresarios atraídos por la nueva Ley para la Inversión Extranjera.

 

A su amparo también deberá crecer la Asociación de Empresarios Españoles en Cuba (AEEC), un emprendimiento único en la Isla que desde 1994 agrupa a los hombres de negocios ibéricos y actualmente es dirigido por el gallego (este sí legítimo) Xulio Fontecha.

 

En la actualidad España es el tercer socio comercial de La Habana, sólo antecedido por las omnipresentes Venezuela y China, aunque la Península consigue diversificar su presencia, con más de 200 sucursales de empresas y casi una treintena de corporaciones mixtas, establecidas en colaboración con el Gobierno cubano en ramos tan diversos como la hotelería, la producción y comercialización de alimentos, y el sector inmobiliario.

 

“Es que para el empresariado nacional es más fácil comunicarse con socios españoles que con colegas de otros países”, ha resaltado Fontecha, quien lleva un cuarto de siglo radicado en la Isla y se desempeña como titular de Epromext S.L., una distribuidora de maquinaria pesada y equipos de construcción. “España no es un país cualquiera para Cuba. Más allá de situaciones coyunturales, tiene una importancia específica, no sólo en el terreno cultural, histórico, familiar, sino también en el plano empresarial y económico”, agrega.

 

Con un intercambio que supera los mil millones de euros al año y ubicados entre los principales grupos de atracción de inversión hacia la Isla, los españoles tienen a su favor la existencia del Comité Empresarial Cuba-España, que cada año se reúne para analizar el estado de las relaciones comerciales mutuas.

 

“En realidad se trata de un proceso poco menos que natural, si se tienen en cuenta los tradicionales vínculos entre ambos países, que no se interrumpieron ni durante la etapa de Franco”, señala el economista y profesor universitario Esteban Aguirre. “No es casual que el primer Acuerdo de Promoción y Protección Recíproca de Inversiones (APPRI), suscrito por La Habana en 1994, tuvo como contraparte a Madrid, y en sectores como el turismo, la presencia española sea poco menos que arrolladora”.

 

“Es que es como estar en casa”, afirma Antonio, un turista que repite por tercera vez su estancia en las paradisíacas playas de Jardines del Rey, al norte de la región central del país. “Si no fuera tan complicado el proceso de obtener la residencia aquí, me quedaba. Cuba es poco menos que unas Canarias de precios baratos y buen clima: ¿acaso alguien puede resistirse a algo así?”