Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

El futuro está llegando: Observaciones y reflexiones sobre Cuba

 

 Peter Hamkin, Washington, en Infolatam

 

Peter Hakim estuvo al frente del Diálogo Interamericano (un centro de estudios para Asuntos del Hemisferio Occidental, con sede en Washington) entre 1993 y 2010. Actualmente es su presidente emérito.

 

1: Los problemas económicos

 

Los asuntos económicos son la máxima prioridad y más profunda preocupación de casi todos los cubanos. Eso fue muy claro después de una semana en La Habana, donde participé en una conferencia patrocinada por el gobierno sobre las relaciones entre Estados Unidos y Cuba y donde tuve la oportunidad de reunirme con funcionarios públicos, diplomáticos extranjeros, académicos, periodistas y otros. Los cubanos estaban muy atentos a los cambios en curso en las relaciones de Estados Unidos con su país. La política de la nación estaba en la mente de muchos cubanos, pero era un tema difícil de discutir, no tanto por el miedo o represión como por que el sistema político de la isla es sumamente opaco.

 

Problemas Económicos

 

De acuerdo con estadísticas del gobierno, Cuba creció un cuatro por ciento en 2015, muy por encima del promedio de América Latina, de menos del uno por ciento. Pero las cifras son engañosas. Malamente servidos por la economía de su país, la mayoría de los cubanos parecen estar viviendo en o cerca de la pobreza. Cuba sigue siendo una de las economías menos productivas y más altamente problemáticas de la región.

 

El problema principal es que Cuba no produce mucho de nada. Importa una parte importante de lo que consume, pero no gana lo suficiente con sus exportaciones para pagar la factura. Año tras año, lo que el país importa cuesta alrededor de dos veces más que lo que se vende en el extranjero. Durante la última década, Venezuela ha cubierto la mayor parte del déficit, en gran medida, a cambio de los servicios de miles de médicos, enfermeras y otros profesionales cubanos enviados a trabajar en la República Bolivariana, pero también con los envíos subsidiados de petróleo.

 

Las otras dos fuentes principales de divisas son el turismo internacional y las remesas, dinero en efectivo y bienes, de los cubanos residentes en el exterior. Con sus cada vez mayores problemas económicos y políticos, Venezuela ha estado reduciendo su ayuda, y pronto se puede secar por completo. En el mediano a largo plazo, los cubanos tienen la esperanza de que la normalización de la relación entre Estados Unidos generará mayor inversión extranjera y traerá nuevos flujos de comercio y turismo. Tomará tiempo, sin embargo, y dependerá de cuando y si (1) los EE.UU. finalmente decidan levantar su embargo comercial y (2) Cuba lleve a cabo un programa serio de reforma económica.

 

El gobierno de Cuba también enfrenta un severo desafío fiscal. Un corto paseo por casi cualquier lugar en La Habana, dejando de lado los lugares turísticos y los espacios donde residen los diplomáticos extranjeros, ofrece una amplia evidencia de los problemas de presupuesto del país, su falta de recursos para mantener, reparar o reemplazar la infraestructura existente. Las calles, aceras y edificios (dentro y fuera) sufren prácticamente todos un grave deterioro. Muchos se están desmoronando. Todo a la vista necesita una mano de pintura o yeso. Cortes de agua y electricidad son frecuentes. Las calles están apenas iluminadas por la noche. Para la mayoría de los cubanos, el acceso a Wi–Fi está limitado a algunos parques públicos, donde multitudes de jóvenes pagan dos dólares la hora (o casi el diez por ciento del salario mensual promedio) para acceder a las señales no fiables. Es cierto que el uso de Wi–Fi se ha duplicado en el último año, pero Cuba, que cuenta con una de las poblaciones mejor educadas de América Latina, todavía tiene la tasa más baja de acceso a internet en el hemisferio.

 

Los servicios públicos -incluyendo las escuelas y centros médicos, por los que Cuba siempre ha sido admirada y elogiada- se están deteriorando. Los hospitales, según me dijeron, solicitan a los pacientes llevar su propia ropa de cama, y ​​con frecuencia también los alimentos y las medicinas. Muchos dicen que la calidad de la educación ha caído de mala manera. Cuba no realiza encuestas sobre los hogares o publica datos sobre los ingresos y el bienestar de las familias, así que no hay información sólida sobre el alcance o la evolución en el tiempo de la pobreza y la desigualdad.

 

Pero nadie discute el hecho de que los sueldos de los maestros, los médicos, y la gran mayoría de los demás empleados estatales (que representan alrededor del 80 por ciento de la fuerza de trabajo) son extremadamente bajos. Las familias sin ingresos suplementarios, por las remesas o el empleo no autorizado, por ejemplo, viven en la pobreza y luchan para llegar a fin de mes. Las personas mayores y los discapacitados se encuentran en situaciones particularmente difíciles. Un golpe a la economía, por ejemplo, causado por los recortes en la financiación desde Venezuela, podría desatar una crisis humanitaria para una parte considerable de la población de Cuba.

 

Cambios demográficos importantes también amenazan el futuro económico del país. La tasa de natalidad de Cuba se encuentra entre las más bajas de las naciones en desarrollo del mundo, mientras que la emigración a gran escala de la isla ha continuado sin cesar desde hace muchos años, y ahora se está acelerando. El resultado es una fuerza de trabajo cada vez menor y una población cada vez más envejecida y dependiente, lo cual será un obstáculo para la mejora de la productividad y el crecimiento. Peor aún, muchos de los que salen son profesionales entrenados. La reciente prohibición del gobierno cubano para que los médicos viajen libremente es la evidencia del problema que se agrava por las políticas de inmigración de Estados Unidos que ofrecen un trato especial a favor de todos los inmigrantes cubanos y que reclutan abiertamente médicos cubanos que trabajan en el extranjero.

 

Casi todos los cubanos con los que hablé, incluidos funcionarios gubernamentales, están de acuerdo en que se necesitarían importantes flujos de inversión extranjera y de crédito para que la economía de la isla comience a crecer y prosperar. Se reconoce ampliamente que sin capital extranjero, debidamente invertido, la actividad económica de todo tipo seguirá siendo precaria, y el país en gran parte empobrecido.

 

Otro punto de consenso entre los cubanos de todos los colores políticos era que la economía de Cuba estaría ahogada hasta que el embargo de Estados Unidos se termine. La mayoría creía que el fin del embargo, por sí solo, traería beneficios inmediatos. Esto permitiría a Cuba legalmente usar el dólar en su comercio internacional, daría a todas las empresas de Estados Unidos el derecho a hacer negocios con Cuba, permitiría las ventas a Cuba a crédito, y abriría el camino para un aumento probable del turismo estadounidense. Los inversores, banqueros y comerciantes internacionales, que hoy están preocupados acerca de violar las leyes estadounidenses, tendrían la seguridad de que podían realizar transacciones comerciales con Cuba sin provocar sanciones de Estados Unidos.

 

Sin embargo, Cuba recibirá todos los beneficios de la eliminación del embargo sólo cuando el gobierno comience a renovar sus políticas y prácticas económicas. Sin duda, una serie de reformas se han introducido en los últimos seis  años por el gobierno de Raúl Castro. Estas han sido bienvenidas por la mayoría de los cubanos, pero son ampliamente vistas como insuficientes.

 

Las reformas son responsables del crecimiento del sector privado de Cuba. Más de un millón de cubanos, aproximadamente el 20 por ciento de la fuerza laboral, son hoy trabajadores por cuenta propia o trabajan en empresas privadas o cooperativas. Sin embargo, nadie está todavía muy seguro de cuán vibrante es esta economía independiente. Con estadísticas muy limitadas, la evidencia permanece en gran parte anecdótica. Está claro que hay muchas historias de éxito, pero las tasas de supervivencia y la rentabilidad de las nuevas empresas son desconocidas. La gran mayoría de las empresas tiene sólo uno o dos empleados y se enfrenta a una variedad de problemas, incluyendo la falta de mercados al por mayor, altos impuestos y regulaciones onerosas e inciertas.

 

La construcción de un sector privado es sólo uno de los muchos desafíos que enfrenta Cuba. Se requerirán muchos otros cambios desgarradores. Mientras que no todos los desacuerdos se han resuelto, se ha formado una convergencia emergente entre los analistas económicos (nacionales y extranjeros) sobre los ajustes fundamentales necesarios para atraer la inversión y estimular el crecimiento en Cuba.

 

Estos incluyen la sustitución del tipo de cambio dual del país por una moneda de un solo valor; terminar con el altamente centralizado control del gobierno sobre la economía y dando a las agencias gubernamentales y a las empresas administradas por el Estado, así como a inversionistas y empresarios privados, mayor autonomía en sus operaciones; la adopción de normas y reglamentos para la economía que sean transparentes y coherentes, y que no puedan ser interpretados o alterados de manera arbitraria; y el establecimiento de mecanismos independientes para la resolución de controversias comerciales.

 

La adopción de estas y otras reformas requerirá decisiones difíciles de las autoridades cubanas, que han rechazado siempre las limitaciones en el poder económico del gobierno central. Por otra parte, algunos de los cambios conducirán, en primer lugar, al menos, a una mayor desigualdad en Cuba y supondrán una dificultad extrema para algunos ciudadanos.

 

Una cuestión crítica de considerable discordia es si el gobierno cubano debe iniciar algún tipo de consultas con el FMI, el Banco Mundial y otras instituciones financieras internacionales y regionales, y explorar la idea de finalmente unirse a estas organizaciones. La idea es resistida por muchos en Cuba, que desconfían profundamente de estas instituciones y se resisten a sus prescripciones. A menudo se presentan como instrumentos del poder de Estados Unidos, así como amenazas a la soberanía de Cuba y de su orden socialista. Pero incluso aquellos cubanos que se oponen a la membresía en el FMI y otros organismos financieros internacionales reconocen que podrían proporcionar acceso al capital necesario y podrían ser una fuente de consejos útiles sobre algunas cuestiones.

 

Muchos cubanos están convencidos de que el presidente Obama, por decreto, puede deshacer la mayor parte, si no todas, las restricciones impuestas por el embargo económico. De acuerdo con un considerable número de abogados de Estados Unidos, puede que tengan razón. Pero también existe una considerable opinión legal de que el presidente de Estados Unidos ha hecho todo lo que está permitido por la ley, y que una nueva flexibilización del embargo requerirá acción del Congreso (a lo que el presidente ya ha instado). Por otra parte, cómo el presidente trate con el embargo no es meramente una cuestión de interpretación jurídica. La política es papel central, y el embargo es una parte crucial de las negociaciones en curso entre Estados Unidos y Cuba. Lo que sí parece cierto es que la desaparición del embargo proporcionará un impulso a la economía cubana y mejorará la vida de la mayoría de los cubanos. También puede ayudar a evitar una posible crisis económica en la isla, que supondría para Washington un complicado conjunto de decisiones sobre cómo responder.

 

Nadie puede predecir la reacción del gobierno cubano al término de las restricciones económicas estadounidenses. Puede alentar al gobierno a acelerar el ritmo de sus reformas, lo que daría un nuevo impulso considerable a la economía. Pero podría, del mismo modo que, al proporcionar una medida de alivio en el frente económico, darle un respiro gobierno para aplazar los cambios necesarios.

 

2: Cuba y Estados Unidos

 

Un año después de que los presidentes Obama y Castro hicieron su anuncio histórico, los EE.UU. y Cuba han recorrido un largo camino hacia la reparación de su rota relación. No, todavía no son especialmente amistosos o de apoyo de unos a otros. Pero hoy  son mucho más cordiales y respetuosos el uno del otro que en cualquier otro momento desde la revolución cubana.

 

Ambos presidentes se han reunido dos veces en conversaciones prolongadas y sus gobiernos han restablecido relaciones diplomáticas normales y abrieron embajadas de pleno derecho en sus capitales. Washington ha eliminado a Cuba de su lista de países patrocinadores de terrorismo, y aliviado un gran número de restricciones económicas y de viajes. Las dos partes se mantienen ocupadas en debates y negociaciones de amplio alcance sobre los múltiples problemas que afectan a sus relaciones.

 

Sin embargo, todavía hay mucho por hacer. Aunque expresan regularmente su satisfacción por el progreso que se ha hecho, los dos gobiernos se han criticado mutuamente por no actuar en cuestiones clave. Al hacer claro su interés en viajar a Cuba este año, su último en el cargo, el presidente Obama, en una entrevista reciente, dijo que quería el derecho “a hablar con todo el mundo” [en Cuba]. También declaró que quería aprovechar la visita para destacar los avances hacia “la libertad y las posibilidades de los cubanos“, mientras da cuenta de su  preocupación de que Cuba puede haber ido “hacia atrás” en ese aspecto.

 

Si el presidente Obama decide hacer el viaje, lo cual parece que ahora se inclina a hacer, seguramente impulsaría las negociaciones en curso entre Estados Unidos y Cuba. Aparte de poner fin al bloqueo, no podría hacer nada más para contribuir a la buena voluntad de los EE.UU. entre los cubanos de a pie y así elevar sus ánimos. Daría a los cubanos la oportunidad de demostrar el alto valor que le dan a una relación cálida y fuerte con su vecino más cercano. Una visita exitosa ayudaría a cimentar el progreso hacia los lazos normales y haría más difícil un retroceso, tanto en los EE.UU. como en Cuba,  independientemente de cómo resulten las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016.

 

Al día siguiente de la entrevista de Obama, la principal negociadora de Cuba, Josefina Vidal, respondió a sus comentarios. En un discurso en el Ministerio de Relaciones Exteriores, hizo hincapié en que eran los EE.UU. quienes estaban violando la soberanía de Cuba, no al revés. Su objetivo principal era el embargo comercial, pero también condenó la continua ocupación estadounidense de la Bahía de Guantánamo y el daño que se está haciendo por las leyes de inmigración de Estados Unidos, que ofrecen un conjunto único de incentivos y beneficios a los migrantes cubanos, no disponibles para los de cualquier otro país.

 

Subrayó la decepción del gobierno cubano de que Washington no había alterado su antiguo objetivo de cambio de régimen en Cuba, afirmando que los EE.UU. simplemente habían cambiado la táctica, mientras que persiste en su estrategia para reemplazar el sistema socialista del país. (Sin mencionar la diferencia entre la invasión o el bloqueo de un país para renovar su política, y los esfuerzos de Obama para fomentar el cambio a través de gestos pacíficos y conciliadores, incluyendo una visita prospectiva a la isla.)

 

La subsecretaria Vidal, sin embargo, estaba en lo cierto acerca de la importancia central del levantamiento del embargo, que ha sido y sigue siendo un obstáculo importante para el comercio y el crecimiento de la isla y contribuye en gran medida a la pobreza generalizada en Cuba. Razones humanitarias son una justificación suficiente para poner fin a las restricciones comerciales del embargo sobre Cuba, sobre todo porque el embargo nunca ha tenido éxito en la promoción de los intereses u objetivos estadounidenses. Tampoco quedan muchas razones para que los EE.UU. mantengan las normas de inmigración especiales para los cubanos. Y la ocupación estadounidense de la Bahía de Guantánamo, que los EE.UU. utiliza como una prisión fuera de sus fronteras, contraviene las normas mundiales y regionales y tiene la oposición de casi todos los países del mundo.

 

Pero Obama también tiene razón. Cuba, no menos que los EE.UU., tiene la responsabilidad de alinear sus políticas y prácticas a las normas internacionales. Cuba es el único país del hemisferio occidental que rechaza elecciones libres para elegir a sus dirigentes. Aunque la práctica democrática y el Estado de Derecho se violan con regularidad en muchos países de América Latina y, a menudo también en los EE.UU.,  el historial de Cuba en materia de derechos humanos,  libertad de expresión e independencia judicial sigue siendo especialmente deplorable y debe ser mejorado.

 

3.-  Cambios sociales y políticos

 

Sería un error  ignorar los importantes cambios sociales y políticos que han tenido lugar en Cuba en los últimos años. El cambio de más impacto ha sido la sorprendentemente rápida expansión de una rica diversidad de instituciones semi-autónomas. Estos grupos, en su mayoría pequeños, con sede en La Habana, han creado oportunidades para el debate y la promoción de una serie de cuestiones sociales, políticas y económicas fundamentales, incluyendo relaciones raciales, derechos de las mujeres y de LGBT, desafíos ambientales, creatividad cultural y libertad de expresión.

 

Convocan reuniones y foros, organizan debates, preparan y distribuyen artículos e informes, publican blogs y boletines  regularmente, y patrocinan eventos culturales. Muchos están en comunicación regular con grupos homólogos de otros países. El deshielo de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba ha incrementado la confianza de estos grupos y les ha dado un mayor grado de optimismo sobre el futuro. Muchos, me dijeron, se han vuelto más audaces y más innovadores en su trabajo.

 

Sin embargo, todos ellos son frágiles y vulnerables. Ocupan un espacio indefinido en Cuba. No están autorizados por el gobierno, pero tampoco son ilegales. Ni permitidos ni prohibidos, a veces son acosados por las autoridades y están preocupados por la posibilidad de ser clausurados en caso de que violen  límites no específicos de expresión o de promoción. Pero sus miembros y personal dicen que ahora ya no tienen mucho temor a la detención o encarcelamiento.

 

A pesar de los riesgos, el hecho de que existan estas instituciones y operen abiertamente, y que sus números estén creciendo es una gran razón para tener cierto optimismo sobre las perspectivas de llegar a una sociedad más abierta en Cuba. El gobierno se ha comprometido a crear una ley de asociaciones, que se espera sea aprobada este año, lo que daría a estas organizaciones una base legal y, presumiblemente, una mayor protección. Podría también, sin embargo, suponer un nuevo conjunto de condiciones onerosas a las asociaciones. Las perspectivas de una apertura política genuina y sostenida en Cuba serían mucho mejores si las autoridades cubanas se limitaran a estipular lo que está prohibido y permitieran que todo lo demás operase libremente, pero siguen insistiendo en la definición de qué es exactamente lo que está permitido, dejando todo lo demás bajo riesgo.

 

Cubanos de todos los colores políticos, incluso los defensores más fuertes de una transición democrática plena, expresan ansiedad frente a la enormidad del cambio que enfrentará el país en el próximo período. Sus aprensiones y preocupación son comprensibles. Son conscientes de los costos, potencialmente altos, asociados al cambio que tendrán que soportar los cubanos. Su historia ofrece razones para desconfiar y temer tanto a Washington como a su propio gobierno.

 

En cambio, pocos estadounidenses llegarán siquiera a darse cuenta de los cambios producidos por la apertura de su país a Cuba. El impacto en la economía de Estados Unidos será mínimo (mucho menos que el de la crisis de deuda de Puerto Rico, por ejemplo). Cuba no es un asunto político en los EE.UU.; es poco probable que tenga algún tipo de impacto en la carrera presidencial de 2016. Tampoco el acercamiento entre Estados Unidos y Cuba, aunque sea apaludido por todo el mundo, afectará mucho las relaciones internacionales de Estados Unidos, ni siquiera en América Latina, donde el desagrado por las políticas de Washington hacia Cuba ha sido más intenso. Hoy en día, las agendas bilaterales y no las concernientes a toda la región, son el eje principal de las relaciones de Estados Unidos en América Latina.

 

Fidel Castro y Raul Castro en el Congreso PCC abril 2011 que puso en marcha las reformas

 

Los próximos años serán un período complejo, incierto y potencialmente peligroso para Cuba y los cubanos. Raúl Castro ha declarado públicamente que la calamidad financiera de Venezuela podría ser muy perjudicial para Cuba el próximo año. Al mismo tiempo, sin embargo, la relajación continua o, aún mejor, el levantamiento del embargo de Estados Unidos podría traer beneficios sustanciales a la economía cubana y al bienestar de la mayoría de sus ciudadanos. Los beneficios se multiplicarían en la medida en que el gobierno cubano comience a reestructurar la economía del país para sacar el máximo provecho de la desaparición del embargo. Sin embargo, el gobierno sigue siendo opaco respecto a los temas de la reforma económica, excepto para reiterar, una y otra vez, que Cuba modernizará y ajustará su economía, pero sin cambiar su sistema socialista.

 

Sean cual sean los cambios que el gobierno cubano decida emprender, no hay duda de que la reforma económica producirá ganadores y perdedores. La reforma producirá un orden social que puede ser más próspero, pero probablemente también más desigual y quizás menos atento a las necesidades sociales, al menos en el corto plazo. Aún así, la mayoría de los cubanos está esperanzada, incluso optimista, respecto a que los cambios sustanciales se llevarán a cabo y harán que ellos y sus familias y niños estén en mejor situación. Pero muchos, incluso los que expresan esa esperanza y el optimismo, están justificadamente inquietos frente al futuro.

 

La dimensión menos conocida y más impredecible de Cuba es el curso político del país en el próximo período. Raúl Castro, quien asumió los poderes presidenciales de su hermano Fidel hace casi una década, ha anunciado que se retirará en 2018, y permitirá que un nuevo presidente asuma el control. El principal candidato para el puesto es Miguel Díaz Canel, quien fue nombrado primer vicepresidente del país hace tres años. Sin embargo, ya que Cuba no tiene establecida una tradición o proceso definido para la selección de la dirección del país, nadie puede estar seguro de que la transferencia de poder, de hecho, se produzca en 2018, de quién será el sucesor, o cómo él o ella será seleccionado. Cuba también enfrentará el problema fundamental de otros regímenes autoritarios con líderes no electos: cómo asegurar que su nuevo presidente, que no llevará el nombre de Castro, no será un héroe de la revolución cubana, y no será ampliamente conocido- se hará acreedor de la autoridad y la legitimidad necesaria para gobernar con eficacia.

 

Es bastante posible que el nuevo líder de Cuba pueda llegar al poder a través de una transición pacífica y ordenada. Pero también es posible imaginar una lucha rencorosa y perjudicial para el liderazgo entre grupos e individuos de poder. El ejército cubano podría emerger como el actor dominante en el próximo período. Liderados por Raúl Castro desde hace muchos años, los militares ya jugaron un papel enorme en la economía del país, incluido el sector turístico de vital importancia, y es considerado mayoritariamente como la institución más poderosa del país. La perspectiva de disturbios civiles y protestas callejeras tampoco se puede descartar.

 

La actual dirigencia cubana podría aumentar las probabilidades de un cambio ordenado de gobierno con pocas iniciativas necesarias. La más importante sería establecer un proceso claro para la selección y la transferencia del poder al próximo presidente. Otras medidas podrían incluir la puesta en marcha de una serie de reformas económicas fundamentales, aflojando los controles del gobierno central sobre la economía, y el reconocimiento de la legitimidad y el valor de una sociedad civil vibrante. Washington podría hacer más para facilitar una transición ordenada en Cuba mediante la adopción en breve de una decisión para levantar el embargo económico.

 

Dos fuerzas han dado forma a la política y la sociedad cubana en el último medio siglo, el liderazgo de Fidel y Raúl Castro y la amarga hostilidad de los Estados Unidos hacia la isla. En los próximos años, ambos habrán pasado a la historia. Será un período de incertidumbre. El futuro de Cuba es impredecible. Aunque la mayoría de los cubanos están anticipando cambios importantes, pocos esperan alteraciones radicales en un corto período de tiempo. Nadie espera que la democracia o la prosperidad surgirán rápidamente. Pero la mayoría de los cubanos tienen la esperanza de que ambas están en alguna parte de su futuro.