Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

         Eugenio Yáñez y Juan Benemelis

 

 

 

   

 

 

                               

                                                                                                                                                            

 

EL CASTRISMO Y LA VULNERABLE DEMOCRACIA LATINOAMERICANA ( I V )

 

Venezuela, Hugo Chávez y el nacionalismo petrolero

 

En palabras de Heriberto Auel:

 

“A fines del 2007, las empresas petroleras internacionales controlan sólo el 15% de las reservas mundiales comprobadas, estando el 85% restante en poder de las empresas nacionales, que no cuentan con conocimientos y tecnologías para la extracción en zonas difíciles de explotar”.

 

Hugo Chávez, con sus petrodólares, ha interrumpido los procesos de integración regional y continental, en especial el ALCA, y aupado por Cuba se lanzó a la búsqueda de alianzas más estrechas con Irán, China y Rusia.

 

El eje Caracas-Teherán ha dado sentido a las nuevas izquierdas del continente, con el “nacionalismo energético”, como le llama el geoestratega Heriberto Auel, alineando a un grupo de países en contra de la política anti-terrorista de Estados Unidos y Europa. China y Rusia buscan acceder a las reservas de América Latina utilizando a La Habana y a Caracas.

 

Con asesoría de Fidel Castro, Hugo Chávez, de conjunto con Ahmadineyad, ha adoptado una política dentro de la OPEP que atenta contra el liderazgo de Arabia Saudita, entorpeciendo los esfuerzos de Riad de aumentar la producción y bajar los precios del petróleo. En ello, y por medio de Cuba, Chávez ha logrado sumar a Angola, y convenció a Rafael Correa para que reingresara en la OPEP, en un esfuerzo concertado contra las democracias occidentales.

 

Hay que ver hasta dónde el cáncer que afecta en estos momentos a Hugo Chávez puede interrumpir la ejecución de los megaproyectos castro-chavistas diseñados para el control del petróleo a escala mundial, manipular los precios del crudo, favorecer a China, y afectar seriamente a Estados Unidos en este sentido.

 

Chávez logró que las empresas petroleras norteamericanas Exxon-Mobil y Conoco-Phillips se retirasen de la Franja del Orinoco. Durante la visita del presidente iraní Mohamed Katami, en marzo de 2005, Irán fue incorporado en la explotación de los crudos extra pesados de esa Faja del Orinoco, lo que elevaría su valor estratégico.  

 

Las relaciones de Cuba, Venezuela, Rusia e Irán, se basan en una consideración geopolítica basada en el petróleo, con Venezuela de líder en el Hemisferio Occidental, y que busca engarzarse con polos tecno-económicos fuera de Estados Unidos. Irán se ha mostrado interesado en explotar los yacimientos de materiales radioactivos en Bolivia, sobre todo el litio y el uranio en Potosí. Se considera ya que el litio reemplazará al uranio para la obtención de energía nuclear.

 

Las giras del presidente iraní Ahmadineyad, del presidente ruso Medvedev y de la flota rusa al Caribe, fueron organizadas por Caracas. PDVSA sostiene relaciones estratégicas con Irán y Rusia, y abre sus contactos con China, pues quiere sustituir a Estados Unidos como comprador, por China, y crear una nueva OPEP. Las crecientes demandas chinas sobre el petróleo seguirán presionando en el alza del precio.

 

La política de Rusia hacia la América Latina se lleva a cabo con el apoyo de La Habana y Caracas. La relación de Chávez con Putin es de tipo estratégica. Así, Venezuela adquirió 100,000 fusiles AK, 15 helicópteros, 78 aviones de combate, 3 submarinos y abundante material blindado.

 

Se acaba de conocer que el régimen cubano, tras una visita de una delegación suya a una fábrica rusa de cartuchos militares en Venezuela, se interesó en adquirir maquinaria y tecnología para la modernización de la fábrica soviética instalada en Cuba desde finales de los años setenta, para fabricar proyectiles 7.62 mm. para fusiles AKM, AK, y otras armas del mismo calibre.

 

Rusia se ha interesado en el petróleo pesado de la Faja del Orinoco, cuyas reservas califican como las mayores del mundo, de llegar a explotarse. Incluso Rusia ha solicitado participar como “oyente” en UNASUR. Rusia busca conformar un cartel internacional del gas, y apoya la política petrolera iraní, amén de ser el proveedor de la tecnología nuclear a Teherán.

 

Brasil se ha aventurado a la explotación petrolera en aguas profundas en la costa de Santos, pero que conlleva un alto costo. Argentina ha dejado de explorar y perforar debido a problemas financieros y también técnicos, aunque muy recientemente se descubrieron importantes yacimientos en su territorio.

 

Hasta aquí hemos analizado con cierto detalle a lo largo de este trabajo la posición de Venezuela bajo el caudillismo de Hugo Chávez. Veamos ahora brevemente las posiciones de algunos de sus satélites “bolivarianos”, aliados y clientes políticos en América Latina, para posteriormente realizar, como conclusiones, un balance global de los retos a la seguridad nacional del continente y cada uno de sus países, y del papel del neocastrismo como combustible intelectual del bolivarianismo descocado y de su alianza con Teherán.

 

No nos detendremos en el análisis sobre Antigua y Barbuda, Dominica, y San Vicente y las Granadinas, por ser tres pequeñas naciones-islas del Caribe vinculadas a la Alianza Bolivariana de los Pueblos de América (ALBA) básicamente por sus necesidades de petróleo, que reciben de la Venezuela chavista en condiciones preferenciales, pero que en general mantienen gobiernos con comportamientos democráticos y que no representan conflictos significativos en el continente.

 

Bolivia, el cocalero Evo Morales y la utopía del pasado perfecto

 

Las empresas privadas en el continente se hallan altamente reguladas, y las estatales acaparan los sectores claves. Las empresas más grandes de América Latina son monopolios estatales, sobre todo los dedicados a la esfera petrolera. Si en México el petróleo implica el 40 % de sus ingresos, Bolivia, con Evo Morales, no logra explotar a plenitud sus 52,000 millones de metros cúbicos de gas natural.

 

Evo Morales es el caudillo bolivariano con menos formación escolar, y vive envuelto en un manto místico de adoración de un pasado perfecto encarnado por una idealizada civilización precolombina y su apego por la Pacha Mama (la Madre Tierra). Son dignos de una antología sus dislates sobre el papel de la carne de pollo en el fomento de la homosexualidad masculina, o el de la vinculación de la calvicie con el imperialismo.

 

Curiosamente, Evo Morales, que se proclama “revolucionario”, no busca su utopía en un futuro luminoso, como es lo común en todos los “iluminados” al “servicio del pueblo”, sino en un pasado brillante, lejano y remoto, que la conquista española habría destruido en su avance por la América del Sur. Para Morales, los marxista-guevaristas frustrados que le acompañan en la aventura, y los oportunistas de siempre, su paraíso soñado se ubica en las civilizaciones precolombinas que poblaron las regiones de lo que hoy es Bolivia, aunque tales civilizaciones hayan estado muy lejos del nivel de desarrollo alcanzado por los incas en los territorios peruanos, e incluso por los aztecas y los mayas en lo que sería la América del Norte y Central.

 

Hace varios años estableció un nuevo calendario histórico para fundamentar su desfasada ideología, donde asignó arbitrariamente nada menos que cinco mil años de existencia a la supuesta civilización precolombina antecedente de la moderna Bolivia, milenios a los que sumó los quinientos y tantos años transcurridos desde la llegada a América de los españoles. De tal forma, entre otros absurdos, concede a la civilización “occidental” solamente una décima parte del tiempo de “civilización” de los precolombinos.

 

La Bolivia de Evo Morales, con su inculta utopía, imitó a la Venezuela de Chávez y a la Cuba de los hermanos Castro en muchos aspectos desde que llegara al poder. Uno de ellos fue, tomado de Venezuela, claro, la “reforma constitucional”, casi un protocolo obligado de cualquier país latinoamericano en el camino hacia el “bolivarianismo”. Es notorio que todos los participantes latinoamericanos del ALBA han planteado, desde el mismo momento en que asumieron el poder, llevar a cabo reformas constitucionales, ya que de tal manera logran anular el fundamento democrático de la división de poderes del Estado.

 

Otra de las copias fotostáticas del modelo cubano-venezolano fue la irresponsable estatalización de muchos medios de producción. La nacionalización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) no representó ningún aumento de la efectividad, de la tecnología ni de la eficiencia del sector petrolero en el país, pero, sin embargo, le permitió al presidente Evo Morales repartir jugosas mesadas a toda su clientela política.

 

Pero Morales se enfrenta a crisis internas difíciles, como la escisión social y política que en 2006 casi lleva al país a una guerra civil: un Estado de prebendas, centralizado y basado en La Paz, capital administrativa, que se enfrentaría a los reclamos de autonomía por parte de las regiones de Santa Cruz, Beni y Pando, donde se genera el grueso del PIB boliviano y donde existen ricos yacimientos de petróleo. A ellos se unirían en el esfuerzo autonómico los departamentos de Cochabamba y Chuquisaca.

 

Evo Morales, de inmediato, planteó la vieja querella de una salida al Océano Pacifico a través de Chile, lo que se sumó al diferendo territorial con el Perú. Entonces Morales supeditó la venta de gas a Chile a la solicitud de una franja territorial que le permita una salida al mar, viejo reclamo boliviano. Argentina y Brasil, por su parte, siempre se muestran nerviosos con estas posiciones de Morales, pues ambas naciones tienen intereses en el gas de Bolivia y no les interesan para nada conflictos fronterizos en este sentido.

 

El gobierno de Irán mira con mucho interés los yacimientos bolivianos de uranio, pero también los de litio, ya que se considera que este mineral tendrá un papel fundamental en el desarrollo de la energía nuclear, y resultará más importante que el uranio en el futuro. Debido a ello, y teniendo en cuenta la proclividad y dependencia de Evo Morales hacia el chavismo, y la dependencia de Bolivia al “socialismo del siglo XXI” proclamado por el teniente-coronel en Venezuela, Teherán busca estrechar continuamente sus relaciones y su “amistad” con el gobierno boliviano.

 

Este coqueteo del gobierno de Morales con los iraníes se ha desarrollado sin control ni demasiada responsabilidad, lo que llevó hasta la presencia en actos oficiales en instituciones militares bolivianas de funcionarios de la inteligencia de los ayatollahs acusados de vínculos y ejecución de los atentados terroristas contra instituciones israelíes y judías en la Argentina, lo que de inmediato tensó las relaciones del país con el gran vecino del sur y obligó a la salida precipitada de Bolivia de los visitantes indeseables.

 

Otro serio problema con la Bolivia de Evo Morales ha sido su política de expandir los terrenos de cultivo de la coca (de 12,000 hasta 30,000 hectáreas), especialmente en al región del Chapare, sobre todo por la porosa frontera con Brasil, por la cual se mueven con libertad absoluta los narcotraficantes y los encargados del tráfico humano moviendo inmigrantes ilegales. De esta manera, todo el programa anti-narcótico norteamericano se complicó, a lo que se suma la expulsión del territorio boliviano de los funcionarios de la agencia antidrogas norteamericana, la DEA, bajo pueriles pretextos.

 

Se conoce que en los últimos tiempos en las selvas bolivianas se han multiplicado los laboratorios cocaleros, cuyo producto luego se reexporta a Europa. Las rutas de los narcotraficantes que parten desde Bolivia se interesan y se concentran más en el mercado europeo -vía Brasil, Haití, Jamaica, Senegal, y naciones africanas del Golfo de Guinea- que en el de los Estados Unidos.

 

Políticas no bien pensadas ni calculadas han creado conflictos de todo tipo en el país, como el provocado por el aumento del precio de la gasolina, alegando que de otros países venían a Bolivia a obtener gasolina más barata para los autos y camiones. Fueron tantas y tan fuertes las protestas de los conductores bolivianos que el gobierno debió dejar sin efecto los aumentos, a los pocos días de haberlos establecido.

 

La política irresponsable e insensata del presidente Morales ha conllevado conflictos hasta con los mismos indígenas que se supone son la base de apoyo al presidente: su proyecto de construir una carretera a través de la selva que atravesaba territorios ancestrales de grupos indígenas, provocó el rechazo de los pobladores, que argumentaban confusos criterios referentes a los ecosistemas y la conservación de su habitat, y que terminaron con represión policial contra los manifestantes, muertes y detenidos, lo que terminó creando tales niveles de rechazo en el país que Morales debió ceder a la presión de los indígenas.

 

En estos momentos la Central Obrera Boliviana (COB), que resulta  la mayor central sindical del país, y varias asociaciones de pueblos indígenas, se han distanciado del presidente y ya en estos momentos no pueden  considerarse instituciones aliadas. Y muy recientemente, el pasado día 29, la policía reprimió con gases lacrimógenos y mangueras de agua violentas protestas de los estudiantes de la Universidad de El Alto, vecina de La Paz, que protestaban por las alzas en los costos de la educación. La brutal represión dejó un saldo de veinte heridos y cincuenta y cuatro detenidos, balance nada favorable para un gobierno que se las da de popular y revolucionario

 

Mientras todas estas tensiones sociales suceden en el país, el presidente Hugo Chávez continúa proveyendo a Evo Morales no solo de petrodólares, como son los mil quinientos millones de dólares para financiar plantas de procesamiento de gas, sino que soldados venezolanos han sido emplazados en Bolivia mediante acuerdos de Defensa y Seguridad entre ambos gobiernos; la guardia cubana de seguridad personal de Hugo Chávez ha sido extendida también al presidente boliviano, así como se tomó la decisión de facilitarle sus viajes al exterior en aviones venezolanos.

 

Según Heriberto Auel, en el aeropuerto de Santa Cruz, en el año 2007, aterrizaron sin supervisión alrededor de 330 aviones no comerciales, de los cuales 237 eran venezolanos, 62 cubanos, y 13 aviones militares bolivianos.

 

El control sobre las fuerzas armadas y los organismos de seguridad y orden interior, sobre la estructura judicial, sobre el cuerpo legislativo, y sobre la prensa, resultan parte del modelo extraído y diseñado a partir del experimento de Hugo Chávez.

 

Nicaragua y Daniel Ortega: a caballo entre Somoza y Sandino

 

El caso de Nicaragua con Daniel Ortega no resulta tan nítido como el de Venezuela con Hugo Chávez. En 1990, tras la victoria electoral de Doña Violeta Barrios de Chamorro, el fracaso del sandinismo en Nicaragua era evidente, y los “nueve comandantes” quedaron fuera de juego con el arribo de un gobierno democrático en la nación centroamericana, debiendo conformarse con “la piñata” en la que se apropiaron de enormes riquezas mal habidas, pero absolutamente fuera del poder político.

 

Solamente Humberto Ortega, hermano de Daniel, se mantuvo como Jefe del Ejército, a petición de la presidenta, con el objetivo de desmantelar la descomunal institución armada creada por los guerrilleros sandinistas, y reconvertirla en un ejército de dimensiones apropiadas al tamaño de la nación, pero en ningún caso mantuvo poder político en la nueva administración de la Sra. Chamorro.

 

Tras Violeta Barrios, ganó la presidencia Arnoldo Alemán, y posteriormente Enrique Bolaños, ambos de Partido Liberal Constitucional, derrotando en ambas ocasiones al Frente Sandinista (FSLN) de Daniel Ortega.

 

El resurgimiento de Ortega en la política nicaragüense tuvo que ver con las inmoralidades e irregularidades de un delincuente que le antecedió, Arnoldo Alemán, quien como presidente nicaragüense malversó más de cien millones de dólares del tesoro nacional, y si no está cumpliendo prisión fue por la presión combinada de los diputados liberales y sandinistas contra el presidente Bolaños y la venalidad de algunos jueces del sistema judicial nicaragüense, que consideraron que no había elementos probatorios suficientes para enviar al malversador a la cárcel, y a pesar de que merecería por lo menos veinte años de privación de libertad por sus delitos, no solamente le dejaron en libertad, sino le posibilitaron regresar a la vida política y a sus desmanes, inmoralidades y conductas al margen de la ley.

 

Tras este episodio, Arnoldo Alemán quiso asegurarse la impunidad permanente y agradecer el favor al ex-comandante sandinista, y pactó con Daniel Ortega, quien estaba desesperado por regresar al poder, de tal manera que el grupo liberal de Alemán apoyaría al “sandinista” Ortega a cambio del compromiso de éste de, en ninguna circunstancia, exigir cuentas al ex-presidente malversador por todos sus delitos y comportamiento irregular, no solamente pretérito, sino también presente y futuro.

 

Con esa componenda, donde ni siquiera necesitó la mayoría absoluta en una segunda vuelta electoral para ser proclamado en primera vuelta con el 37.99% de los votos en 2006, Daniel Ortega regresó a la presidencia de Nicaragua. Este triunfo podría casi considerarse un “accidente político” al ser ampliamente facilitado por la desunión del bloque anti-sandinista, que le permitió la victoria electoral con menos del 38% de los votos, a partir de una peculiar regla de que si quien terminaba en primera posición sacaba más del 15% de ventaja a quien iba en segunda posición, no sería necesario acudir a una segunda vuelta electoral.

 

Daniel Ortega, a pesar de su autoritarismo mesiánico, no disponía entonces de la mayoría política de la población o del parlamento, por lo que tuvo que basarse en el hecho de que sus oponentes estaban desunidos, y aprovechar la escandalosa complicidad del bloque de Arnoldo Alemán, la generosidad de los petrodólares de Hugo Chávez que fluyeron sin límites ni control, y el asombroso apoyo del Cardenal Obando y Bravo -antiguo Némesis- para no tener demasiados problemas para mantenerse en el poder durante 2006-2011.

 

Sin embargo, Ortega ha confrontado dificultades para mantener a Nicaragua en el grupo “de la izquierda” extrema, en el plano interno, aunque en el externo apoyó abiertamente a las tiranías en la Libia de Gadafi y la Siria de al-Assad, y estrecha filas continuamente con los hermanos Castro en Cuba, Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, y Rafael Correa en Ecuador.

 

Por tal razón no puede analizarse la política de Ortega en la realidad nicaragüense como un conflicto polarizado entre “derecha anti-sandinista” versus “izquierda sandinista”, porque ya el sandinismo dejó de existir en Nicaragua hace años -como dejó de existir el “fidelismo” en Cuba- como ha sido tan común entre muchos académicos europeos y norteamericanos, y hay que plantearse el conflicto como entre la dictadura del orteguismo versus la democracia anti-orteguista.

 

Por ello, el ex-comandante manipuló todas las elecciones a través de su influencia en las magistraturas de la Corte Suprema de Justicia, en el Consejo Supremo Electoral y en la Contraloría General de la República. Con otro birlibirloque de tipo “jurídico” (una muy peculiar interpretación constitucional por los magistrados orteguistas en el tribunal), Ortega pudo presentarse nuevamente en las elecciones del 2011 y, gracias al “enjuague” constitucional, podrá hacerlo sucesivamente cada vez que lo desee.

 

Para las elecciones de noviembre del 2011, no conforme con el control y la manipulación de los mecanismos electorales que le garantizaban la “victoria”, y gracias a los casi infinitos recursos financieros que continuamente le hace llegar Hugo Chávez por diversos mecanismos que escapan a los controles institucionales y que se administran en un marco cuasi familiar-cuasi mafioso, Daniel Ortega repartió dinero y recursos fundamentales entre los nicaragüenses, en el mejor espíritu y prácticas de Somoza.

 

Muchas familias campesinas recibieron gratuitamente vacas, corderos y gallinas, aperos de labranza, semillas, fertilizantes y pesticidas, o hasta maquinaria agrícola. Las familias urbanas recibieron facilidades y ayudas económicas, créditos, recursos habitacionales, y promesas de todo tipo, para asegurar la reelección de Ortega.

 

Las acusaciones de algunos sectores del gobierno y los congresistas norteamericanos pretendiendo cuestionar la legitimidad de las elecciones nicaragüenses tienen muy pocas posibilidades de prosperar, porque, con independencia de las muchas manipulaciones que se hayan producido no solamente en el momento de las elecciones, sino en todo el proceso que llevó hasta ellas, incluyendo la peculiar interpretación de “jurisprudencia” justificando la presentación de Ortega a la reelección, es evidente que éste, contando voto a voto, ganó las elecciones, porque, simplemente, las compró, pagando a buena parte de los votantes con los dineros recibidos de Hugo Chávez.

 

La clave de la viabilidad del proyecto autoritario de Daniel Ortega -siguiendo las instrucciones del enfermo Fidel Castro desde La Habana- siempre ha estado basada en la generosa mano petro-financiera del presidente Hugo Chávez, mediante un sofisticado mecanismo que se ha montado fuera de las estructuras estatales tanto de Venezuela como de Nicaragua, en una miríada de empresas regidas por las familias de ambos círculos del poder, y que escapan al control de los mecanismos estatales de ambos países, donde los sistemas judiciales dependen de la voluntad de los caudillos y no son realmente instituciones independientes. Ese perverso subsidio chavista no solamente ha entronizado a Daniel Ortega en el poder, sino que ha terminado dando al traste con la integridad del sistema electoral nicaragüense.

 

Tras las elecciones del 2011, a Daniel Ortega, de “sandinista”, no le queda más que la leyenda y el pasado, pues su actuación, su conducta, y sus pretensiones, son más cercanas en la actualidad al régimen de los Somoza que imperó por más de veinte años en Nicaragua que al supuesto espíritu de Augusto César Sandino con que la “novena” de los comandantes -con el “manager” en La Habana- dirigió el país entre 1979 y 1990, hasta que fueron derrotados en las urnas por Doña Violeta Barrios de Chamorro, y terminó de una vez por todas no solamente la leyenda de la invencibilidad del FSLN, sino hasta el sandinismo como ideología revolucionaria centroamericana.

 

Ecuador y Rafael Correa: el despotismo ¿ilustrado?

 

Una serie de factores de seguridad nacional y debilidad institucional, un terremoto, la caída de los precios del petróleo, y el fracaso del intento de dolarización de la economía, provocaron la profunda crisis que posibilitó la victoria de Rafael Correa en Ecuador, con su Socialismo del Siglo XXI, al estilo de Hugo Chávez.  Pero sobre todo fue el conflicto limítrofe con Perú, que provocó una absurda guerra de varias semanas de duración que desequilibró la economía ecuatoriana, provocando una enorme inflación.

 

La dolarización ecuatoriana, que tantos contratiempos planteó, en realidad se estableció a partir del éxito argentino en su política de convertibilidad, y ante la incapacidad de los países latinoamericanos en manejar sus políticas monetarias. En la práctica, en muchos casos solo se formalizó una realidad existente, pues en muchos casos ya se hallaban extraoficialmente “dolarizados”.

 

Rafael Correa, un economista guayaquileño con formación superior en Europa y Estados Unidos, y el más académicamente capacitado de los caudillos “bolivarianos”, fue electo inicialmente por 4 años, pero a través de una forzada asamblea constituyente se anularon de la cuenta sus dos primeros años, viabilizando su reelección y estancia en el poder para un período de once años. En el financiamiento de su campaña electoral estuvieron presentes no solamente muchos petrodólares chavistas, sino también existen acusaciones de la presencia de narcodólares de las FARC.

 

De inmediato, implementó el proteccionismo, la intervención estatal, el rechazo al pago de la deuda externa, la extensión de subsidios a empresas en crisis, el rechazo a las bases militares norteamericanas (Manta), y la oposición a un tratado de libre comercio con Estados Unidos.

 

La doctrina del socialismo del siglo XXI y el modelo del ALBA nada nuevo aporta que no se halla experimentado anteriormente, ya fuese en el socialismo real del ex bloque soviético, o en las demagógicas repúblicas liberales. Su política atenta contra la seguridad nacional de su propio país, al estar cuajada de “ideología, juicios de valor e intereses particulares”, como apunta Chiriboga. El socialismo del siglo XXI de Rafael Correa, copia del chavismo, en nada representa una mejoría cuando se compara con el desordenado neo-liberalismo de su antecesor Lucio Gutiérrez.

 

A diferencia del gobierno conservador de León Febres Cordero, quien en 1984 favoreció financieramente al desarrollo de las empresas privadas y posibilitó disminuir sus obligaciones con la banca acreedora internacional, Correa ha revirtió el principio de la Constitución de 1998 que reducía el papel del Estado en la economía y la sociedad.

 

Asimismo, violó la nueva orientación del papel de los bancos centrales en América Latina, que se apartaban de la dirección de la política fiscal y, de esa manera, disminuían el abultado poder en manos del ejecutivo. Sin embargo, Correa anuló esta pérdida de poder presidencial, al transgredir la autonomía del Banco central, obligar a que se le concediesen créditos al gobierno, y frenar la capacidad de la institución para controlar los precios. Como consecuencia de estas acciones, el gasto público se duplicó, y con ello la burocracia estatal.

 

Tras un enfrentamiento casi paranoico con la prensa ecuatoriana, a la que el presidente ha establecido coyundas de todo tipo, legislaciones tendenciosas y acusaciones sin fin, el papel del “cuarto poder”, como se le llama muchas veces a la prensa, se ha debilitado fuertemente en Ecuador. Las acusaciones de enriquecimiento ilegal y cohecho contra el hermano del presidente por disfrutar de contratos privilegiados del gobierno llevaron el enfrentamiento del presidente y la prensa al extremo. Multas arbitrarias y abrumadoras contra las instituciones periodísticas, establecidas por tribunales complacientes al servicio del Ejecutivo, ponen en peligro la existencia de los órganos de prensa independientes que existen en el país.

 

La economía ecuatoriana no ha sido capaz de crear nuevos empleos luego de que el presidente Correa le propinara el golpe de Estado al Banco Central. Ecuador perdió con el gobierno de Rafael Correa su competitividad en los mercados internacionales. El peso empresarial en la economía nacional ha ido en descenso. De no ser por los petrodólares y los altos precios del petróleo en los años recientes, el régimen político en Ecuador, así como el de Venezuela, ya se encontraría en un estado de pauperismo solo comparable al de Cuba.

 

El enfoque demasiado emocional y populista a una sublevación de policías en Quito, que el presidente Correa pretendió presentar como un golpe de estado y una conspiración “imperialista” contra su gobierno, sin serlo, contribuyó a polarizar aún más la sociedad ecuatoriana y elevar las tensiones y enfrentamientos. De la misma manera, la reciente grosería del presidente en la Cumbre Iberoamericana de Asunción, de retirarse de la sala para no escuchar la intervención de la representación del Fondo Monetario Internacional y la banca mundial, lejos de aportar algún entendimiento o soluciones a las dificultades, agrega tensiones innecesarias y no contribuye para nada a mejorar las condiciones de su propio pueblo.

 

El “socialismo del siglo XXI” en países como Bolivia, Venezuela, y Ecuador, ha logrado mantener cierto apoyo popular debido al elevado precio del petróleo en los últimos años, que ha permitido afrontar una alta deuda interna. Petroecuador se ha transformado en el actor económico y político principal, sobre todo cuando el ingreso estatal anual es de 20 mil millones de dólares.

 

El presidente Rafael Correa no ha reconocido el derecho de propiedad de la tierra a las comunidades indígenas, y en el 2009 su gobierno negoció préstamos en condiciones desfavorables con China al 7.25%, garantizados por petróleo, 6 puntos por encima de la tasa internacional.

 

Despreciando el pasado no se construye el futuro. Lo que en Venezuela, Ecuador y Bolivia se está haciendo es el conocido, típico y fracasado procedimiento marxista: borrar el pasado, pretender cambiar al ser humano, y controlar la familia.

 

Pero las sociedades no pueden conformarse a partir de su manipulación desde el Estado. Esta visión autoritaria y centralizadora no reconstruye la sociedad. Aunque el pasado esté lleno de errores, también es un error la concepción de que todo lo que sucedió en ese pasado fue negativo.

 

Argentina, Paraguay y el chavismo: cálidos desencuentros, frías afinidades

 

Ambos países del cono sur enfrentan una disyuntiva: no son tan proclives como el resto de los “bolivarianos” a besar la mano chavista, pero le deben demasiados favores al líder revoltoso de Caracas para darle la espalda.

 

Chávez prácticamente eliminó la deuda externa argentina al comprar gran parte de ella y garantizarla con petrobonos venezolanos, mientras que contribuye generosamente al suministro petrolero de Paraguay a precios preferenciales. Eso provoca que ambas naciones deban mantener un muy precario equilibrio entre el compromiso democrático y el “antiimperialismo” chavista.

 

Naturalmente, hay diferencias sustanciales entre Argentina y Paraguay: mientras la primera es una potencia regional en Suramérica, con un extenso territorio, una economía que supera con creces a sus más cercanos vecinos -con excepción de Brasil- y un desarrollo tecnológico e industrial significativo, Paraguay es una pequeña y empobrecida nación, con una masa significativa de pobladores rurales guaraníes, que en muchas ocasiones ni siquiera hablan español, y donde la agricultura tiene un peso fundamental en la economía nacional.

 

Mientras la dinastía Kirchner es sólida en Argentina, la posición del ex-obispo y actual presidente Fernando Lugo se ha debilitado mucho con las continuas acusaciones de madres que le señalan una paternidad no reconocida de sus vástagos, a lo que se suma la detección de un cáncer linfático que le debilitó grandemente la salud y redujo sensiblemente su capacidad de trabajo, aunque aparentemente ha logrado sobreponerse poco a poco a la enfermedad, o al menos no experimentar dañinas recaídas en los últimos tiempos.

 

Recientemente, en Paraguay aparecieron guerrillas de un llamado “Ejército del Pueblo”, que aparentemente no tenía nada que ver directamente ni con la Habana ni con Caracas, no solamente por estar desfasado en el tiempo, sino porque no parece probable que el eje castro-chavista tuviera interés en crearle dificultades al obispo devenido presidente, que mantiene excelentes relaciones con Cuba y Venezuela y ha dado amplia entrada en el país a los “colaboradores” cubanos de la salud y la educación.

 

Argentina todavía vive su mito peronista -del cual los Kirchner se declaran herederos- y en cierto sentido “antiimperialista”, sin querer reconocer que ese peronismo fue la base de la decadencia argentina desde la década de los cuarenta del siglo pasado hasta nuestros días, castrando las fabulosas y únicas oportunidades de desarrollo con que el país había comenzado el siglo XX.

 

En base a esa leyenda absurda, las élites argentinas se sienten obligadas a mostrar cercanía con el “antiimperialista” Hugo Chávez y simpatías hacia los hermanos Castro, así como “independencia” y “dignidad” frente al “imperialismo”, lo cual explica un reciente enfrentamiento no solamente irracional, sino también improcedente, con Estados Unidos, a causa de un embarque de material policial enviado a la Argentina para utilización en exposición y entrenamiento, y que las aduanas argentinas alegan que no fueron declarados como correspondía hacer, por lo que confiscaron el embarque, sin que el gobierno federal diera muchas muestras de pretender resolver el problema, sino más bien todo lo contrario, a juzgar por las declaraciones del Ministro de Relaciones Exteriores argentino.

 

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner acaba de ganar la reelección por “goleada” absoluta, sin necesidad de una segunda vuelta, lo cual legitima tanto su mandato como sus posiciones ideológicas, y las perspectivas de la economía argentina para el futuro más inmediato no son desalentadoras, lo cual parece augurarle un segundo mandato favorable.

 

Habrá que ver si estas perspectivas le mueven a intentar una reforma constitucional que le posibilite una segunda reelección, para lo que necesitaría dos tercios del Congreso, que no los tiene, o si decidirá pasar al retiro al concluir su mandato, dejando el paso a otros más jóvenes de su partido, que consideran que ya con la de Néstor primero y las dos de Cristina después son demasiadas presidencias para la familia Kirchner.

 

Doña Cristina empezó su primer gobierno en 2007 asesorada por Néstor Kirchner y enfrentada con EEUU, pero comienza el segundo como viuda de Kirchner, más cerca que nunca de Obama, y buscando las mejores relaciones con los industriales nacionales y la empresa privada. A pesar de su contundente triunfo electoral no parece tener interés en mostrarse demasiado radical en la arena internacional ni regional, ni en favorecer enfrentamientos “antiimperialistas”, ni con las posiciones democráticas en boga en el continente.

 

Prueba de ello fue su discreta presencia en la recién realizada Cumbre de la CELAC en Caracas, donde no participó durante todo el tiempo, y de donde se retiró demasiado pronto, a pesar de haber llegado a Venezuela con anticipación suficiente. En este aspecto estuvo mucho más cercana a su colega del Brasil, Dilma Rouseff, quien se comportó de igual manera.

 

Brasil, Lula y Dilma Rouseff: una izquierda “elegante”

 

Brasil es, sin dudas, una de las potencias emergentes con mejores posibilidades de lograr asentarse a nivel mundial en todos los ámbitos, al igual que sus colegas del BRIC (Brasil, Rusia, India y China). A su enorme territorio (quinto a nivel mundial) y una población que sobrepasa los ciento noventa millones de habitantes, une un respetable desarrollo tecnológico y un crecimiento económico que proyecta al país hacia niveles cercanos a los de los países más desarrollados.

 

Sin embargo, Brasil aun debe resolver complejos problemas sociales, de corrupción, y de seguridad nacional, para estabilizarse como una nación del Primer Mundo, aunque no está en este sentido demasiado distante de Rusia, India y China. Pero desde el punto de vista militar se encuentra muy lejos todavía de las otras naciones co-integrantes del BRIC, las tres con poderío atómico y militar -a diferentes escalas- mientras que la nación suramericana ni siquiera se ha planteado seriamente esa perspectiva nuclear, y a nivel continental, a pesar de contar con las fuerzas armadas más grandes y poderosas, no es vista como una seria amenaza para sus vecinos.

 

Aunque mucho del mérito del crecimiento del Brasil se asigna superficialmente al ex-presidente Lula da Silva, quien abandonó el cargo muy recientemente, y quien en realidad contribuyó bastante a la presencia de la nación en los primeros planos que hoy se encuentra, en realidad el desarrollo sostenido de Brasil comenzó con los gobiernos dictatoriales militares de la década de los sesenta del siglo pasado, con su énfasis en las construcciones y la infraestructura, en el desarrollo de los sistemas computacionales y de software, y de la industria militar, además de la estabilización de la economía y el enfrentamiento a la guerrilla urbana, que finalmente derrotaron.

 

Cuando los gobiernos civiles se hicieron cargo del país, a partir de la década de los noventa, ya existía una impresionante infraestructura en el país, gigantescas inversiones extranjeras que propiciaron el desarrollo de la industria automovilística, el transporte, y las telecomunicaciones, la producción de electricidad, la fabricación de variados equipos electrónicos y computadoras, y masivos e importantes renglones de la industria ligera para el consumo nacional.

 

Los dos gobiernos de Fernando Henrique Cardoso, reputado economista, trajeron la estabilidad monetaria al país, después de la terrible experiencia de los años de inflación descontrolada y las medidas de choque del gobierno de Collor de Melho. De manera que cuando Lula da Silva alcanzó la presidencia estaban creadas bases fundamentales para el fortalecimiento económico, lo que se potenció además con importantes descubrimientos de yacimientos petroleros que dan tranquilidad al país en cuanto a la dependencia energética, fantasma que atenazaba al Brasil de los generales que se hicieron con el poder en 1964 y lo mantuvieron por un cuarto de siglo.

 

Bajo los dos gobiernos de Lula recibió un fuerte impulso tecnológico la inversión en la agricultura y la producción agroindustrial, con el desarrollo de la producción de alimentos transgénicos que han permitido mitigar grandísimos bolsones de hambre y miseria en el país y han actuado a favor de la alimentación de la población brasileña y la exportación no solamente de alimentos, sino también de tecnologías productivas, así como la gigantesca transformación para la conversión de la producción azucarera como base productiva para la elaboración de etanol.

 

Hay que señalar que mientras para Brasil ambos experimentos científicos resultaron destacados éxitos productivos y económicos en función del bienestar del país, en esas mismas fechas Fidel Castro se opuso radicalmente tanto a la producción de alimentos transgénicos como a la utilización del azúcar para la producción de etanol, y los lamentables resultados para Cuba se conocen demasiado bien: la industria azucarera cubana fue destruida y el país debe importar el 80% de los alimentos que consume.

 

Mientras Brasil miraba al horizonte mundial y pretendía un papel protagónico que siente que no disfruta, aspirando, entre otras cosas, a un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, no parece haberse preocupado lo suficiente para poder establecer un liderazgo continental que no solamente le pertenece, sino que merece, y al estar demasiado atento en ser potencia mundial no se preocupó lo suficiente para establecerse definitivamente como potencia continental.

 

Algo que le ha faltado a Brasil, definitivamente, es poderío militar capaz de hacerse sentir a nivel mundial, si realmente aspira a ser considerado potencia mundial. De lo contrario, de la misma manera que Japón -limitado en su desarrollo militar por los acuerdos del fin de la Segunda Guerra Mundial-, podrá ser reconocido como potencia económica, productiva y tecnológica, pero no como potencia mundial.

 

A ello hay que sumar los graves problemas de inseguridad en la nación suramericana, que datan desde el siglo pasado, cuando con el crecimiento desmesurado de las ciudades creció también la miseria, y con ella la delincuencia y la inseguridad. Con los proyectos futuros del Mundial de Fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos en 2016 en tierras brasileñas, el país se ha lanzado desde ahora a una campaña de “saneamiento” urbano, que ha destapado las enormes brechas de seguridad y bolsones de drogadicción existentes, y detectado las extendidas redes de narcotráfico que funcionan no solamente para el tránsito transcontinental, sino también para el consumo nacional.

 

Sigue lacerando al país y su gobernabilidad el elevado nivel de corrupción existente en las esferas gubernamentales, que pudo tomar fuerza por la hostilidad del presidente Lula contra la prensa y las denuncias en este sentido, aunque esa beligerancia contra los medios de información en Brasil nunca alcanzó los niveles que se han visto en Venezuela y Ecuador. Y hay que señalar que con la presidenta Dilma Rouseff las medidas contra la corrupción se han incrementado y se han reducido los márgenes de tolerancia hacia los transgresores.

 

Aunque en el plano superficial se sitúan al ex-sindicalista de izquierda Lula da Silva y a la ex-guerrillera urbana Dilma Rouseff como ideológicamente afines con Hugo Chávez, en realidad la comparación es inexacta, pues ambos mandatarios brasileños -a pesar de su militancia socialista, cierta demagogia y populismo, y otros deslices “brasileiros”, como la contemporización con la corrupción por parte de Lula- han mostrado su apego a las normas democráticas y el Estado de derecho, mientras Chávez ha sido todo lo contrario desde su ascenso al poder.

 

Por mucho que tanto Caracas como La Habana han hecho énfasis en las supuestas afinidades ideológicas con Brasilia, los mandatarios latinoamericanos no han dudado en marcar las diferencias esenciales entre la izquierda “elegante” carioca y el bolivarianismo belicoso de Chávez, decantándose por los brasileños, como hicieron en su momento el salvadoreño Mauricio Funes y el peruano Ollanta Humala cuando eran aspirantes a la presidencia de sus países, fundamentalmente el peruano, quien aprendió en las elecciones presidenciales anteriores, que perdió en segunda vuelta ante el aprista Alan García, que el chavismo tal vez podría dar dinero, pero con seguridad que no daba votos, por el temor de los pueblos a las conductas dictatoriales que saben que existen en Cuba y Venezuela.

 

(continuará)