Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

         Eugenio Yáñez y Juan Benemelis

 

 

 

   

 

 

                               

                                                                                                                                                            

 

EL CASTRISMO Y LA VULNERABLE DEMOCRACIA LATINOAMERICANA ( I I I )

 

El eje Cuba-Venezuela y su importancia estratégica

 

El eje Cuba-Venezuela no es casual ni improvisado, sino un producto muy bien destilado por la mentalidad antiestadounidense de Fidel Castro.

 

Con el discreto pero efectivo apoyo chino. Fidel Castro se había dedicado a la tarea de afianzar una incipiente alianza más allá del hemisferio occidental, teniendo como objetivos Teherán, Damasco y los grupos islamistas extremos de Hamas y Hezbollah, con el objetivo de reconstruir globalmente un nuevo “imperio del mal” antiestadounidense y antidemocrático, que sustituyera a la desaparecida Unión Soviética y sus satélites.

 

En el 2001 el dictador cubano visitó Irán, al que consideraba “un bastión de dignidad e independencia”, con el objetivo declarado de incrementar la “cooperación” entre ambos países para enfrentar la “hegemonía” de Estados Unidos. Mientras el ayatollah Ali Khamenei, máxima autoridad del país islámico, declaraba ante Castro que “los Estados Unidos hoy son débiles y extremadamente vulnerables”, el cubano respondía que “Irán y Cuba, cooperando mutuamente, pueden poner de rodillas a Estados Unidos. Estados Unidos está muy débil, y nosotros somos testigos cercanos de esa debilidad”.

 

Exaltando los sentimientos nacionalistas de los jóvenes iraníes, Fidel Castro señaló entonces en la Universidad de Teherán que “en el mundo queda un Shah… el shah del imperialismo, que está entronizado muy cerca de mi patria… un shah explotador, que quiere imponer su sistema al mundo entero y forzarlo a la opresión. Pero, así como el shah de Irán fue derribado, este shah también caerá”.

 

El aliado iraní era vital para la dictadura cubana, pero insuficiente por sí solo para el proyecto estratégico “antiimperialista” de La Habana, desarticulado con la caída del Muro de Berlín y el imperio soviético. Pero tras el fallido y torpemente ejecutado golpe de estado que sacó a Hugo Chávez del poder por menos de 72 horas en el 2002, el Comandante en Jefe se dio cuenta de que, tras haberle restituido en el poder, podía contar abiertamente con la lealtad y los abundantes petrodólares del teniente-coronel venezolano para conformar una alianza “internacional” antiestadounidense con los radicales islámicos del otro lado del mundo, de manera que pudieran funcionar dos frentes antiestadounidenses perfectamente coordinados en ambas regiones del planeta, donde las caras principales fueran las de Venezuela e Irán, que tendrían también a su cargo todo el financiamiento del “antiimperialismo” gracias a los abundantes petrodólares.

 

Y esto es importante señalarlo para comprender como, tras la retirada pública de Fidel Castro del poder cubano “con carácter provisional” en el 2006, el papel visible del gobierno cubano en esta peculiar alianza ha sido extremadamente mucho más discreto y de muy bajo perfil, aunque no ha dejado de estar presente todo el tiempo en los resortes fundamentales y estratégicos de la alianza.

 

Irán puede aportar al proyecto castrista, además de sus abundantes recursos monetarios, tecnologías civiles y militares con las que no cuentan ni Cuba ni Venezuela, y una relativa capacidad de independencia internacional basada en el apoyo de muchas naciones islámicas (aunque la política demasiado agresiva de los ayatollahs le ha enfrentado a poderosas fuerzas islámicas de la zona, como Arabia Saudita y Turquía), además de una red terrorista no limitada por demasiadas consideraciones morales, capaz de actuar lo mismo en el medio oriente que en Suramérica, y eventualmente en Europa y Estados Unidos.

 

En base a todas estas consideraciones, después de abril del 2002 y el regreso del teniente-coronel al poder tras un fallido y ridículo golpe de estado, el castrismo se dedicó de lleno a fortalecer a Hugo Chávez y su régimen “bolivariano” con todos los medios a su alcance, tanto en los aspectos militares como los civiles, no solamente para asegurar el suministro continuo y estable de petróleo casi regalado a La Habana, sino para la reconstrucción a nivel mundial de una nueva alianza “Tricontinental” para enfrentar al “imperialismo” y promover en América Latina el así llamado “socialismo del siglo XXI”, mientras en el resto del mundo los radicales islamistas podrían imponer sus puntos de vistas sin entrar en contradicciones teóricas, ideológicas, políticas ni conceptuales con los “marxistas” de pacotilla de La Habana y los “bolivarianos” de Caracas.

 

En la actualidad hay 6 generales cubanos en Venezuela y varios cientos de oficiales colaboradores militares y de las fuerzas de seguridad. Además de haber creado hace años una Unidad Independiente de Contrainteligencia en ese país suramericano, subordinada directamente a La Habana, Cuba desarrolla en Venezuela una Escuela de Inteligencia y una Escuela de Tropas Especiales. Unidades de Tropas Especiales de Cuba están entrenando un cuerpo de tropas especiales venezolanas en el Estado de Cojedas, en las instalaciones del aeropuerto de San Carlos. Todo eso se inició bajo la supervisión del gobernador Johny Yanez Rangel. En el Estado de Cojedas están los yacimientos de uranio, donde se producirán los materiales derivados del uranio con fines de energía nuclear.

 

Otras unidades de Tropas Especiales cubanas, con dispositivos de la Guardia Nacional venezolana bajo entrenamiento, se hallan estacionadas en la zona de Guayana, donde se sabe que hay y que se extrae uranio. Las unidades cubanas garantizan la protección de las instalaciones de uranio venezolanas, parte de cuyas producciones tienen como destino final Teherán.

 

También hay unidades de Tropas Especiales destacadas en Puerto Cabello, territorio que es utilizado por Cuba para introducir personal militar y equipos militares. Las tropas especiales entrenan, además, a unidades especiales venezolanas en las bases militares de Guasdualito y Apure, fronterizas con Colombia.

 

Se dice que existe un pacto militar secreto entre Cuba y Venezuela, firmado en diciembre del 2005, entre Fidel Castro, Raúl Castro y Hugo Chávez, donde estuvieron presentes los tres comandantes de la revolución (Ramiro Valdés, Juan Almeida y Guillermo García) por el cual ambos mandatarios se comprometen en la defensa del otro país ante una agresión de Estados Unidos a cualquiera de las partes, aunque en realidad para esas acciones no sería necesario un pacto secreto ni mucho menos.
 
Cuba ayuda a Venezuela a lograr un nivel superior de equipamiento y entrenamiento militar, la creación y desarrollo de servicios de inteligencia y contra-inteligencia militar, y el desarrollo de fuerzas especiales. Asimismo, los cubanos “asesoran” al Comando Estratégico Operacional, así como a las actividades de inteligencia, ingeniería, recursos humanos, identificación nacional, comunicaciones, y armamento del ejército.
 

Un acápite de los acuerdos entre ambos gobiernos establece el diseño y la producción conjunta de armamentos, entre la Industria de Armamentos del MINFAR y el CAVIM de Venezuela. El objetivo primario es lograr la autosuficiencia a nivel de armamento de infantería, a través de la producción conjunta, utilizando la infraestructura industrial venezolana.

 

Bajo este acuerdo se fusionaron departamentos especiales de los servicios de seguridad e inteligencia de Venezuela en función de los de Cuba. Personal cubano está ubicado en cargos de “asesoría” clave con relación al mando y análisis en la DISIP. La Fuerzas de seguridad bolivarianas se hallan bajo supervisión de oficiales cubanos de la seguridad. Asimismo, personal de seguridad cubano asesora el sistema de comunicaciones digitales de radio para las fuerzas de seguridad, y para la ubicación de antenas y frecuencias de radio.

 

La oficial cubana Rosa Campoalegre supervisa actividades policiales y funciones de seguridad pública. Asimismo, los sistemas de digitalización y registro de la población e inmigración (SAIME) se supervisan por un equipo de 12 cubanos especializados. A cargo del oficial de inteligencia Felipe Gil Chamizo, un cuerpo especial cubano asesora a un equipo de la presidencia en tareas de estrategia y movilización política, además de guerra psicológica y guerra política.

 

Con la cooperación de Cuba se desarrolla la pistola “Zamorana” 9mm, la escopeta “Soberana” calibre 12, la sub-ametralladora “Orinoco II”, el lanzacohetes “Nilangal”, y el vehículo cubano MRAP (Iguana), mejorado en Venezuela con un cañón de 90 mm. Se está trabajando febrilmente en producir de conjunto vehículos blindados ligeros. Se construyó un astillero militar cubano-venezolano en Maracaibo, y se le modernizó a Venezuela el buque ligero de guerra LST. Cuba mejora la lancha venezolana de intercepción Dianca P-698.

 

Aparentemente, habría pedidos secretos por parte de Irán para la fabricación por Cuba-Venezuela de cañoneras rápidas, y aviones pequeños a partir del modelo Helo boliviano. Se ha enviado a Irán, construido en Venezuela, el lanzagranadas cubano ASG-17.

 

Sin embargo, el proyecto estratégico ha tenido como adversario fundamental la salud de sus integrantes: primero fue Fidel Castro en el 2006, con su salida del poder “con carácter provisional” que resultó permanente y definitiva, y posteriormente Hugo Chávez, a quien en junio de este año s ele diagnosticó un cáncer del que todavía no hay información ni suficiente ni confiable.

 

Mientras el oficialismo chavista, en boca del propio Chávez, asegura que ya todo quedó atrás, diferentes criterios en la propia Venezuela y en Estados Unidos aseguran que la enfermedad es mucho más grave de lo que se ha declarado oficialmente, que el peligro no está erradicado ni mucho menos, y que al mandatario le quedarían solamente meses de vida.

 

Aunque Chávez ha hecho todo lo posible por desmentir esos criterios, con declaraciones y actuaciones, su imagen física, marcada por el uso de esteroides en los tratamientos de quimioterapia, no contribuye a tranquilizar a sus simpatizantes, ni a convencer del todo a quienes analizan la situación sin las cargas emocionales de la militancia política.

 

De manera que la incertidumbre y la ambigüedad signan el futuro inmediato venezolano. Con unas elecciones presidenciales fijadas para el mes de octubre del 2012, donde, según las encuestas, Chávez podría ganar con relativa comodidad, de acuerdo a sus índices de popularidad en estos momentos, tanto el oficialismo como la oposición se preguntan si el caudillo realmente estará en condiciones de salud para presentarse a la contienda, y, en caso de poder presentarse, si estará en condiciones de llevar a cabo el esfuerzo físico que requiere una campaña presidencial.

 

La oposición, por su parte, agrupada en torno a la Mesa de Unidad Democrática (MUD), está enfrascada en la tarea de seleccionar un candidato único en las elecciones primarias que deben celebrarse en el mes de febrero, para enfrentar a Hugo Chávez, o quizás a otro candidato oficialista, en el mes de octubre.

 

Como quiera que fuese, queda también pendiendo sobre la sociedad venezolana la gran incógnita sobre cual sería la actitud del estamento militar y diversos grupos paramilitares armados en caso de una victoria electoral opositora. Mientras parte de la oposición considera que la fuerza armada venezolana respetaría cualquier resultado electoral, otros criterios señalan que no parece probable que los altos mandos militares aceptarían tranquilamente renunciar a sus privilegios y prebendas, logrados bajo Chávez, en el hipotético caso de que el candidato opositor fuera el triunfador.

 

Terrorismo e insurgencia

 

En general, todos los gobiernos democráticos latinoamericanos tienen demasiados “parches porosos” e insuficiencias en lo referente a la organización, financiamiento y funcionamiento de sus mecanismos de seguridad nacional, además de una falta de comprensión por parte de sus élites sobre el peligro del terrorismo y la subversión después de la desaparición del imperio soviético.

 

Cada vez más, América del Sur es terreno propicio para el asentamiento de bases y campos al servicio de los terroristas. Y si, en los tiempos de la abierta subversión castrista, el régimen cubano necesitaba del “oro de Moscú” para materializar sus planes, tanto Venezuela como Irán disponen en estos momentos de miles y miles de millones de petrodólares, que resultan más que suficientes para llevar a cabo aventuras violentas en todo el continente, desde el Río Bravo al Cabo de Hornos, y en el resto del mundo.

 

Desde hace muchos años existen extensos territorios en poder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) -a pesar de los contundentes golpes recibidos en los últimos tiempos-, así como las facilidades que la Venezuela chavista ha otorgado a los diferentes grupos de narcoguerrilleros colombianos en las zonas fronterizas, a los vascos revoltosos de ETA y los irlandeses del IRA, y, más recientemente, al gobierno iraní y a los grupos de Hezbollah, hechos denunciados recientemente, pero que todavía no han recibido toda la atención, ni mucho menos la respuesta, que merecen.

 

A esto hay que sumar el absoluto descontrol gubernamental existente en la zona de la llamada “triple frontera” suramericana (Argentina-Brasil-Paraguay), donde es sabido desde hace varios años que los simpatizantes de al-Qaida y otros grupos fundamentalistas islámicos han encontrado terreno fértil para asentarse con carácter permanente, sin que los gobiernos correspondientes hagan demasiado por evitarlo.

 

La zona de la “triple frontera” resulta un extenso territorio casi anárquico que comparten alegremente fundamentalistas musulmanes, contrabandistas, narcotraficantes, lavadores de dinero y traficantes de armas, con grupos insurgentes en entrenamiento o recuperación (como los guerrilleros paraguayos y rezagos del grupo armado peruano Sendero Luminoso), territorios que actúan como bases para el reclutamiento, entrenamiento y planificación de acciones terroristas no solamente contra Estados Unidos y los países desarrollados, sino también contra las propias naciones latinoamericanas, como las llevadas a cabo en Argentina por los servicios de inteligencia iraníes contra instalaciones de instituciones judías y la embajada israelí hace varios años.

 

En honor a la verdad, hay que señalar que La Habana ha logrado encubrir hábilmente cualquier eventual participación de apoyo directo a estos grupos y actividades terroristas, y aunque nunca ha ocultado ni oculta su apoyo e injerencia en todas las actividades de la insurgencia y la lucha guerrillera suramericana (información de inteligencia, logística, comunicaciones, entrenamiento, servicios médicos, educación, y cobertura diplomática), pocas veces se ha podido vincular convincentemente al régimen cubano con el apoyo directo, complicidad o cobertura a grupos abiertamente terroristas, como ha sido posible hacerlo con la Venezuela de Hugo Chávez (tanto con relación a las FARC colombianas como con el grupo islámico Hezbollah, la ETA y el IRA) y la Bolivia de Evo Morales (con los servicios de inteligencia iraníes que perpetraron los atentados anti-judíos en Argentina).

 

Aparentemente, en estos momentos el régimen neocastrista no facilita las cosas a los etarras que se encuentran en Cuba como parte de un conjunto de acuerdos con el gobierno español para su control. Una representación del Centro Nacional de Inteligencia español (CNI) ha estado presente en La Habana con la intención declarada de vigilar los movimientos de los etarras en el país, y ha sido así durante muchos años, con excepción del lapso que se produjo cuando la detención en La Habana del cubano Conrado Hernández, representante de los intereses del País Vasco en Cuba a través de la “Sociedad para la Promoción y Reconversión Industrial” (SPRI), y también informante de la inteligencia española, lo que provocó el retiro temporal de los representantes del CNI en La Habana.

 

Además de las quejas de algunos de estos terroristas en reposo de la ETA sobre la negativa del gobierno cubano a facilitarles pasaportes y cobertura oficial para viajar al extranjero -es decir, encubrirles sus acciones ilegales-, al extremo de señalar que se sentían casi prisioneros en el país, es muy reciente el intento de “balseros” etarras, que abandonaron Cuba en un yate -no en una balsa, claro- y terminaron encallados en las costas venezolanas, desde donde fueron enviados de regreso a Cuba

 

Lo que en los años sesenta del siglo pasado se veía como parte del romanticismo utópico de convertir a la cordillera de Los Andes en la Sierra Maestra latinoamericana, no se ve de igual manera en el siglo XXI, sino todo lo contrario, por lo que el neocastrismo de nuestros días, bajo la dirección de Raúl Castro, ha sido extremadamente cuidadoso en este sentido.

 

En los tiempos que comenzaron con las aventuras de Che Guevara en América Latina el régimen cubano apoyó en su momento las guerrillas del Frente de Liberación Nacional de Venezuela, el Ejército de Liberación Nacional colombiano las FARC (estas últimas más limitadamente, por desavenencias) , las guerrillas de Luis de la Puente Uceda y el Movimiento Tupac Amaru en Perú, el gobierno de Salvador Allende en Chile y los grupos anti-Pinochet tras el derrocamiento del presidente socialista chileno, el Ejército de Liberación Nacional boliviano y las aventuras de Che Guevara en Bolivia, los dispersos grupos insurgentes ecuatorianos, las guerrillas del Ejército de Liberación Nacional argentino y los Montoneros, el grupo de lucha armada urbana de los Tupamaros en Uruguay, las guerrillas urbanas de Carlos Marighela y Carlos Lamarca en Brasil, los grupos insurgentes de Francisco Caamaño en República Dominicana, los Macheteros de Puerto Rico, los grupos subversivos del “Black Power” de Estados Unidos, el movimiento de la Nueva Joya en Grenada, el Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua, el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional en El Salvador, los diferentes grupos guerrilleros en Guatemala, las actividades subversivas de Genaro Vázquez y Víctor Rico Galán en México, así como a grupos de menor impacto en Honduras, Belice, Panamá, Haití, Paraguay, Costa Rica, Guyana y Suriname.

 

Toda esta ingerencia y continua actividad subversiva contribuyeron a fomentar la leyenda del “antiimperialismo” castrista y el romanticismo “revolucionario” que tanto alimentó los sentimientos anti-Estados Unidos en el continente, no solamente entre las masas populares, sino también entre las élites y los gobiernos, que veían a la pequeña Isla del Caribe como el valiente Robin Hood que le decía y hacía al “imperialismo” lo que ellos mismos sentían en lo más profundo de sus corazones, pero no se atrevían a decir ni hacer.

 

Pero tras la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética el régimen no podía continuar sustentando su impunidad de cuarenta años por toda América Latina basado en los acuerdos Kennedy-Jrushov, y por otra parte, las vías violentas para derribar por la fuerza los poderes establecidos dejaron de verse como legítimas y aceptables, sobre todo cuando los regímenes democráticos comenzaron a extenderse por América Latina y las dictaduras militares fueron quedando como temas de la historia. De manera que el siglo XXI requería nuevas estrategias y discursos.

 

Fue necesario, entonces, reciclarse y transmutarse para transitar del “guerrillerismo” guevarista al “bolivarianismo” chavista. Bajo la batuta de Fidel Castro, Hugo Chávez hizo en Venezuela lo que no pudo lograr Salvador Allende en Chile: tras su triunfo electoral, procedió casi de inmediato a disolver el congreso nacional y convocar elecciones para una asamblea constituyente, donde, gracias a la gran popularidad de que disfrutaba en ese momento la promesa de un “nuevo comienzo”, los candidatos del “cambio” bolivariano obtuvieron cómoda mayoría para diseñar una nueva Constitución, que facilitaría la instauración del caudillismo en el país.

 

Y con esta experiencia ya asentada en Venezuela desde 1998, y la abundancia monetaria que garantizan los petrodólares, la fórmula se repitió en Bolivia, Nicaragua y Ecuador, y si no pudo materializarse en Honduras en el 2009 no fue por falta de intentos por parte de los “bolivarianos”, sino por la oportuna intervención de los poderes legislativo y judicial hondureños, en coordinación con las fuerzas armadas del país, que sacaron del poder -de forma legal, pero demasiado torpemente- al presidente de turno y aspirante a la reforma constitucional que conllevara la reelección “bolivariana” permanente.

 

Sin embargo, si se observa detenidamente, mientras Hugo Chávez, Evo Morales, y hasta Luis Inazio Lula da Silva, se han abrazado con el presidente iraní en diferentes visitas de éste a la América del Sur -como mismo hicieron en diferentes ocasiones con el libio Muamar el Khadafi-, Mahmoud Ahmadinejad solamente ha estado en La Habana en ocasión de la Cumbre de los No Alineados en el 2006, semanas después de la salida de juego “provisional” de Fidel Castro por su enfermedad. El gobierno cubano nunca lo ha invitado oficialmente como presidente iraní, y el general Raúl Castro nunca ha visitado Irán -aunque Fidel Castro sí lo hizo en el año 2001-, a pesar de que hace años que existen estrechas relaciones comerciales, económicas y de colaboración entre ambos países, y la Isla se beneficia de continuos y generosos créditos iraníes.

 

¿Está América Latina, como un todo, conciente del peligro que representa para la seguridad nacional del continente y de cada uno de sus países esta alianza de Chávez con Ahmadinejad, apoyada por Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa, y donde Cuba participa de manera discreta, pero básicamente aportando su experiencia y su “seniority” (antigüedad) como elemento subversivo e injerencista?

 

Algo que no se sabe demasiado, y que mencionamos anteriormente, es el papel que desempeñan hace tiempo las tropas especiales cubanas en la protección de los yacimientos y extracción de uranio en tierras venezolanas, uranio que tiene como destino la teocracia iraní, a través de vuelos directos Caracas-Teherán. Aunque no resulta ni lo más significativo ni lo más escandaloso o lo más “denunciable” de esta operación, la protección de las tropas especiales cubanas de la extracción de uranio en Venezuela garantiza que el mineral radioactivo extraído llegará a su destino.

 

Contrabando y lavado de dinero

 

¿Qué peligro puede representar para la seguridad nacional de cualquier país de América Latina una empresa privada que se llame, por ejemplo (y es un nombre hipotético), “Alternative Technologies and Systems, Inc.” (ATS), y que desee ubicarse en Manaos, Nassau o Bonaire? Aparentemente, ninguno.

 

Ahondando un poco en la información sobre esta (hipotética) compañía, sabremos que ATS se dedica a elaborar aplicaciones de computación que puedan sustituir a las elaboradas por las grandes compañías establecidas en el mercado, que es una corporación por acciones que fue registrada en 1993 en Liechtenstein, que tiene su oficina principal en Santiago de Cuba, y oficinas de representación en Colón (Panamá), Tampico (México), Punta del Este (Uruguay), Santo Domingo (República Dominicana), Durban (África del Sur) y Guayaquil (Ecuador).

 

Bien, pero aun así, ¿cuál es el problema? De nuevo, aparentemente ninguno, pues se trata de una compañía privada establecida legalmente, que se registra como corresponde en los países donde se establece, y que realiza negocios compitiendo en el mercado.

 

Esta empresa aparentemente inocua la dirige un señor muy calificado, que cuenta con un Master en Business Administration en la Universidad McGill de Canadá, y una Ingeniería en Sistemas Computacionales por la Universidad Complutense de Madrid, y que antes de pasar a la vida civil tenía grados de teniente-coronel en la Dirección de Informática del Ministerio de las Fuerzas Armadas cubanas, donde trabajó en la informatización de la gestión de las empresas militares del país.

 

Y además de todos los negocios perfectamente legales en los que participa, “Alternative Technologies and Systems” se dedica muy discretamente a hacer llegar a su oficina principal en Santiago de Cuba copias ilegales de los sistemas y aplicaciones de software más avanzados que se utilizan en todo el mundo, convenientemente adecuados para que puedan ser utilizados en los sistemas cubanos sin tener que pagar por su utilización, lo que no se considera como hurto o plagio, sino simplemente como una forma honesta de “romper el bloqueo imperialista”.

 

Se puede conocer también que, a través de ATS, una firma de software radicada en Sao Paulo, llamada “Pesquisas”, se hará cargo de procesar la información de las células de identidad y los carnets de votantes de toda la población de Bolivia, así como de todos los sistemas de licencia de conducir y las nóminas de los empleados estatales de Nicaragua, además de continuar manteniendo el contrato para la gestión y control de los sistemas de inmigración y emigración de Venezuela.

 

Ah, pero con esa información todo cambia en un momento, porque resulta que la aparentemente inofensiva y muy respetable ATS controla información sensible de países latinoamericanos, viola leyes de derechos de autor y copyright trasladando ilegalmente a Cuba sistemas comerciales e informáticos protegidos por las leyes, viola disposiciones del embargo norteamericano contra el régimen cubano, mueve recursos y dineros al margen de los sistemas aduanales, bancarios y comerciales de los países donde funciona, y utiliza recursos de software y “técnica operativa” para controlar todos los desplazamientos de funcionarios de los gobiernos donde está ubicada la compañía o donde sea necesario hacerlo, así como controlar a líderes políticos latinoamericanos que no simpaticen con el gobierno cubano.

 

Y, aunque sería mucho más difícil poderlo saber, por su carácter altamente secreto, tales empresas también coordinan e intercambian información sensible con las embajadas cubanas, las misiones comerciales de la Isla en los países del continente, y hasta con los aparatos de inteligencia establecidos en todos esos países tras un laborioso y concienzudo trabajo durante casi medio siglo.

 

El ejemplo es hipotético, lo señalamos desde el comienzo, pero lo hipotético está en el nombre y la ubicación de la compañía y sus oficinas, no en el modus operandi ni en las estrategias de trabajo que se han mencionado en este ejemplo.

 

Y la pregunta fundamental vuelve a ser, en este caso y siempre, continuamente: ¿los gobiernos latinoamericanos están realmente en condiciones de poder detectar, controlar y neutralizar la actividad y acciones de operaciones como las mencionadas, que funcionan al margen de la ley de los gobiernos y las instituciones de los países donde están radicadas, y que lo hacen, concientemente y por misión establecida, a favor del régimen cubano y sus aliados estratégicos, a la vez que ponen en peligro la seguridad nacional de los países latinoamericanos?

 

Y, una vez más, la respuesta es que aparentemente la gran mayoría de los gobiernos latinoamericanos no está en condiciones técnicas ni de recursos humanos para enfrentar y derrotar amenazas de este tipo. Porque no existe ni tradición ni entrenamiento para ello.

 

Lamentablemente, una parte de los recursos de los servicios de inteligencia de Chile y Perú, por ejemplo, se dedican a tratar de obtener mutuamente información sobre las supuestas intenciones de la otra parte en caso de un hipotético enfrentamiento entre ambos países. Lo mismo puede suceder a Ecuador con relación a Perú y Colombia, a Bolivia con Argentina, a Guyana y Colombia con relación a Venezuela, a Costa Rica con relación a Nicaragua, a  El Salvador y Honduras mutuamente, entre ellos, a Guatemala con relación a México, a Santo Domingo con relación a Haití, y viceversa.

 

Mientras esto sucede y consume una parte de los limitados recursos de las naciones del continente, ¿de Cuba quién se ocupa? ¿quién se encarga del seguimiento, control y neutralización de las diversas “ATS” que ya existen en el continente desde hace mucho tiempo? Y que nadie vaya a creer que existiría una sola de estas empresas en todo el extenso territorio de América Latina y el Caribe: desde el norte de Canadá hasta los extremos sur de Chile y Argentina son muchas las instituciones al servicio del régimen cubano.

 

En todo ese inmenso territorio se mueven esas y muchas otras instituciones del gobierno cubano, “rompiendo el bloqueo”; enviando hacia la Isla productos y equipos de alta tecnología a los que el país no tiene acceso por las limitaciones establecidas por el embargo norteamericano; dando cobertura a “compañeros” que se tienen que mover y se mueven en la sombra o al margen de la ley; reclutando nuevos agentes para la causa “revolucionaria” y atendiendo a los ya existentes; recopilando información política, militar, económica y comercial sobre todos los países del continente; elaborando perfiles psicológicos de los funcionarios del gobierno y líderes opositores, dirigentes cívicos, comunitarios y sociales; y hasta llevando a cabo operaciones especiales si es que acaso resultara necesario.

 

Lamentablemente, la tarea de enfrentar tales amenazas no puede dejarse solamente en las manos de las fuerzas armadas de los países del continente, sin que ninguno de los gobiernos y las élites de cada nación se consideren directamente responsabilizados con esa tarea, o piensen que es algo que se puede desempeñar a tiempo parcial o con un insignificante puñado de recursos financieros, materiales y humanos. 

 

(continuará)