Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

El azaroso vuelo de Evo Morales por Europa

y la competencia por el despropósito mayor

 

Carlos Malamud, Especial para Infolatam

 

El viaje de regreso de Evo Morales a La Paz desde Moscú, donde había participado en una reunión de países productores de gas, se convirtió en una cadena de despropósitos, tanto de actos como de palabras, cometidos por todos los actores involucrados en el conflicto. Para comenzar, la urgencia de Estados Unidos por capturar Edward Snowden, el ex contratista de la Agencia Nacional de Seguridad, llevaron a su gobierno a presionar más de la cuenta a otros colegas europeos (Francia, Italia, Portugal y España), que terminaron adoptando ciertas medidas extemporáneas. Esto se combinó con una serie de declaraciones disparatadas de algunos mandatarios latinoamericanos, especialmente aquellos más próximos al proyecto bolivariano. Y todo esto dio por resultado un cóctel verdaderamente explosivo.

 

Es obvio que todo este embrollo viene generado por las prisas de Estados Unidos para capturar a Edward Snowden y también por las posturas de Ecuador, Venezuela y Bolivia, partidarios de protegerlo de las persecuciones sufridas. A esto se agregaron las declaraciones de Evo Morales en Moscú diciendo que “debatiría y consideraría” un pedido de asilo del ex espía. El precedente de Julián Assange, todavía refugiado en la embajada ecuatoriana en Londres, pesaba como una losa en las reacciones del gobierno de Obama. Es en este contexto que hay que entender las declaraciones del ministro venezolano de Exteriores, Elías Jaua, que tachó de “fascistoide” la presión de Washington para “cazarlo”.

 

Hay una cuestión importante sobre el origen de las informaciones que apuntaban a la presencia de Snowden en el avión de Morales y a las histéricas reacciones posteriores. ¿De dónde salió la información? ¿Es posible que la inteligencia rusa propalara falsas informaciones al respecto? ¿Qué objetivos buscaría con una medida semejante? Con independencia de los móviles perseguidos, lo cierto es que las acciones desencadenadas a partir de las injustificadas acciones contra la aeronave de Morales (que debería gozar de todos los atributos de inmunidad de un jefe de estado), han perjudicado básicamente las imágenes de Estados Unidos y los países europeos implicados.

 

Como bien ha señalado Fernando Molina en estas mismas páginas: “Este episodio ha cargado de municiones a todos los escépticos de la democracia y de la posibilidad de construir una comunidad internacional regida por reglas… Más allá del susto que debió haber pasado Morales, [es] un gran espaldarazo a su política: no sólo le permite aparecer en la primera línea de la lucha antiimperialista mundial, sino que corrobora sus convicciones más profundas. Si andamos mal es por culpa del imperio. Para estar mejor, entonces, hay que fortalecer los Estados nacionalistas de modo que pueden enfrentar en mejores condiciones a este poderoso y criminal poder externo”.

 

Esta idea fue rápidamente confirmada por las palabras del mismo Morales. Tras afirmar que no era “un criminal”, agregó: “Estados Unidos y casi todos los países de Europa tienen servicios de inteligencia y este señor [Snowden] no es una maleta… o una mosca que yo pueda meter en el avión y llevármelo a Bolivia. Es un pretexto para amedrentar, para intimidarme un pretexto para tratar de acallarnos en nuestra lucha contra las políticas económicas de saqueo…, de dominación y de intervención”. Posteriormente a su llegada a La Paz remachó: “No basta una disculpa, estuve prisionero en Viena por más de 13 horas… Nuestro pecado es ser indígena y antiimperialista”.

 

Esta idea ha sido refrendada por el cúmulo de declaraciones efectuadas durante y después del suceso por las máximas autoridades de Bolivia, Argentina, Venezuela, Ecuador y Nicaragua. También se pronunciaron otros, aunque fueron algo más comedidos, como Dilma Rousseff o Juan Manuel Santos. Desde Bolivia se habló de que la vida de Morales había estado en “serio riesgo”, y de que Estados Unidos había querido secuestrarlo y matarlo. A esta postura se sumó Nicaragua, ya que la mujer de Daniel Ortega, Rosario Murillo, condenó “la acción criminal que puso en riesgo la vida de un jefe de Estado”.

 

Según el ministro de Defensa boliviano, Rubén Saavedra, que acompañaba a Morales en su periplo, “esto fue orquestado, amañado, por el departamento de Estado de EE.UU. que utilizando algunos países europeos ha provocado esta situación”. Desde su punto de vista se trató de un “acto discriminatorio en contra de Bolivia y de su presidente”. Por su parte el vicepresidente Álvaro García Linera acusó a Estados Unidos de haber promovido “el secuestro de Evo Morales en Europa” y condenó la actitud sumisa de las naciones europeas que se prestaron a restringir el derecho de libre tránsito del avión presidencial boliviano.

 

A estas declaraciones hay que sumar las de las autoridades de los países del ALBA (Alianza bolivariana de los pueblos de América) más Argentina, que rápidamente se movilizaron a favor de una convocatoria de urgencia de los presidentes de Unasur. Se trataba de amplificar en la medida de lo posible el agravio cometido contra Morales y, a su vez, inscribirlo en el contexto de la lucha antiimperialista.

 

Cristina Fernández, la presidente de Argentina criticó a la vieja Europa por un acto que definió como “vestigio del viejo colonialismo”. Para Fernández estamos frente a “una humillación a una nación hermana, y también al continente suramericano entero”. A través de twitter dijo que “definitivamente están todos locos”.

 

El ministro venezolano Elías Jaua señaló desde Bielorusia que se reservaban todas las acciones a su alcance para proteger “la dignidad de Morales” y responsabilizó “al gobierno de Estados Unidos y a todos los gobiernos que le han negado el permiso de vuelo al avión del hermano presidente Evo Morales. El gobierno de la República Bolivariana de Venezuela asume como propia esta agresión”. También agregó que la prohibición de sobrevolar los territorios europeos era un atentado contra la vida de Morales.

 

En respaldo de su postura Jaua demandó un pronunciamiento solidario de América Latina y el Caribe. En esta misma línea se expresó su colega ecuatoriano, Ricardo Patiño, que solicitó la convocatoria urgente de una Cumbre de Unasur: “Me parece una tremenda ofensa y tenemos que reaccionar. Hay quienes están paranoicos. Seguramente tendrán problemas de conciencia. Ni nosotros ni el presidente Morales los tenemos. Son otros”. La ministra de comunicaciones de Bolivia Amanda Dávila también se sumó a esta posición, al estimar que Unasur debía tratar “esta grave ofensa”.

 

El presidente de Ecuador, Rafael Correa se comprometió a promover junto al peruano Ollanta Humala, que ostenta la presidencia pro tempore de Unasur la convocatoria a la Cumbre y de un modo dramático concluyó: “Horas decisivas para Unasur: o nos graduamos de colonias o reivindicamos nuestra independencia, soberanía y dignidad. ¡Todos somos Bolivia!” Sin embargo, ni Bolivia ni sus principales aliados se contentan con la Cumbre de Unasur y han decidido ir mucho más allá. Así, el gobierno de Evo Morales ha denunciado a Francia, Portugal, España e Italia ante las Naciones Unidas por la “violación de derechos fundamentales” de su presidente.

 

De momento nos encontramos con versiones confusas y contradictorias sobre lo realmente ocurrido, con la mayoría de los actores intentando minimizar los daños o reforzar sus posiciones. (Ver América latina llega dividida a la cumbre por el caso Snowden. Rogelio Núñez) De este modo la versión de Morales es contradictoria con la de España y Francia que afirman que no prohibieron el vuelo del avión presidencial por su espacio aéreo. Así es como nos enfrentamos a una guerra de declaraciones. Pese a la posterior autorización del gobierno español a que el avión de Morales pudiera repostar en Canarias, no por eso se libró de la crítica del presidente boliviano, quien al final de su estadía vienesa manifestó con un cierto desagrado: “Estamos esperando el permiso. Seguramente España está consultando con su amigo. Su amigo debe ser Estados Unidos”.

 

El balance de este lamentable suceso, que nunca debió de haber ocurrido, es más bien pobre. Por un lado se ha comprometido la imagen de Estados Unidos y de Europa en América Latina. Por el otro hemos asistido a una carrera de declaraciones, cada una más altisonante y más radical que la otra, que podríamos ubicar en la disputa por el liderazgo continental de Hugo Chávez. Pareciera como si se hubiera abierto la veda al respecto.

 

Hace un par de semanas atrás asistimos a un fenómeno semejante a partir de la supuesta incorporación de Colombia a la OTAN. Entonces también se quiso convocar una Cumbre de Unasur, pero no fue posible. En esta ocasión también ha vuelto ocurrir algo semejante, algo que con Chávez vivo hubiera sido impensable. Horas antes de la convocatoria la confusión planeaba sobre la reunión. No estaba claro si era una Cumbre o sólo un acto de desagravio a Morales, a celebrar en Cochabamba, Bolivia. Allí estarían Rafael Correa, Cristina Fernández, Nicolás Maduro, José Mujica y el presidente de Surinam, Desiré Bouterse. Los restantes países (Brasil, Chile, Colombia, Perú y Guyana) estaban pendientes de confirmar el nivel de su representación.

 

Como dijo García Linera: “Es una reunión de desagravio, una reunión de presidentes que se autoconvocan para, no solamente hacer un desagravio a nuestro presidente Morales, sino también a Bolivia, a los diez millones de bolivianos que nos hemos sentido agredidos, insultados y maltratados por el abuso imperial, con el secuestro del Presidente. Y es un desagravio a América Latina”. Pero una reunión autoconvocada no es una Cumbre de Unasur, como aquellas en las que nadie faltaba. Los tiempos están cambiando.