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ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

EGIPTO: EL FUTURO DESPUÉS DE Mubarak

 

selección de textos por Cubanálisis-El Think-Tank

 

El Ejército egipcio suspende la Constitución

y se da seis meses de plazo para transferir el poder

 

El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas transferirá el poder a manos civiles tras las elecciones de septiembre.- Las dos cámaras del Parlamento han sido disueltas

 

E. GONZÁLEZ, G. HIGUERAS, N. TESÓN, El País 

 

El Cairo.- La transición egipcia avanza y queda claro que lo hará tutelada muy de cerca, al menos en los próximos seis meses, por el Ejército. Ese es el plazo que los militares se han dado para transferir el poder a manos civiles. Hasta entonces, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas sancionará leyes y dirigirá el país, cuya representación exterior correrá a cargo del jefe militar (y ministro de Defensa de Mubarak desde 1991 hasta hace dos días), el general Mohamed Husein Tantaui. En su último comunicado, los generales han anunciado la suspensión de la Constitución y la disolución de las dos cámaras del Parlamento, una de las grandes reivindicaciones de los manifestantes que propiciaron la caída del régimen de Hosni Mubarak. Nada se dice de la otra gran demanda, el levantamiento del estado de emergencia en que vive el país desde la llegada al poder del ex dictador en 1981. Los militares han dejado claro durante los 18 días de protestas (y el día y medio de celebraciones que han seguido) que esa medida no se aplicará hasta que la plaza de la Liberación de El Cairo se vacíe de manifestantes. Y eso es precisamente lo que un pequeño núcleo se resistía a hacer esta mañana, bajo la exigencia de mayores garantías y plazos para culminar una auténtica transición a la democracia.

 

La incógnita ahora es si les bastará el nuevo comunicado militar, en el que se ha informado también de la futura creación de una comisión de enmienda constitucional cuyas conclusiones serán votadas en referéndum. La suspensión de la actual Carta Magna, que blindaba por completo el poder del ex dictador, es fundamental para reformarla y dar cabida al pluralismo político. También deja Egipto en manos de una dictadura militar en la que todo depende de la voluntad del Ejército para conducir al país a una democracia. En lo inmediato, como ya se comunicó ayer, el Ejecutivo legado por Mubarak se mantendrá para despachar los asuntos ordinarios. La idea es que, cuando sea posible, se forme un nuevo Gobierno que la mayoría de egipcios pueda entender como representativo para favorecer la transición. En septiembre, a las elecciones presidenciales que ya había previstas se sumarán unas legislativas.

 

El anuncio de los militares ha coincidido con una rueda del primer ministro del Gobierno -uno de los legados del rais- quien simbólicamente se ha enterado a la vez que el resto del país de las nuevas medidas. Mientras recibía las notas que le comunicaban la nueva situación, y que leía a los periodistas, Ahmed Shafiq ha insistido en que su mayor preocupación es "la seguridad" y que su prioridad es "volver a la normalidad". También ha dicho que cree que Hosni Mubarak, el dictador caído el viernes tras casi 30 años de mandato, se encuentra en Sharm el Seij (este del país), como han apuntado medios de todo el mundo en los últimos días.

 

Pequeños altercados en la plaza

 

Mientras, en la plaza de la Liberación, donde se concentraron las protestas contra Mubarak durante 18 días, algunos grupos de manifestantes se resistían esta mañana a salir. "No voy salir de la plaza. Será sobre mi cadáver. Confío en el Ejército pero no en aquellos que controlan a los militares entre bastidores", ha señalado en declaraciones recogidas por Reuters Mohamed Salah, un manifestante que se ha negado a desmontar su tienda en la plaza. Los últimos protagonistas de las protestas exigían mayores garantías para la transición. Su negativa ha provocado momentos de tensión, con empujones y pequeñas escaramuzas, cuando las fuerzas del orden han intentado desalojarlos. "No queremos que ningún manifestante se siente en la plaza después de hoy", ha asegurado el jefe de la policía militar.

 

Por la tarde, solo quedaban dos de las tiendas que, días atrás, ocupaban el centro de la plaza. Una de ellas sirve para reclutar a voluntarios de limpieza que ayuden a asear otros barrios de El Cairo. El tráfico ha quedado restablecido y los coches tratan de avanzar, en el típico caos cairota, entre numerosos paseantes. Centenares de personas se acercan a recordar lo que ha pasado. Un pino donde la gente cuelga sus mensajes y una pancarta donde se escriben los nombres de los fallecidos -sus mártires- certifican que la plaza de la Liberación es un emblema de la revolución egipcia. Solo un pequeño núcleo de personas, en una de las esquinas, parece mantener la reivindicación.

 

Y es que en la mayor parte de la plaza de la Liberación, y de Egipto, las protestas son agua pasada. La mayoría del pueblo ha depositado un voto de confianza en el Ejército, que ayer, con todo el poder en sus manos tras la caída de Mubarak, pareció tomarse una pausa. Se limitó a mantener en su puesto al último Gobierno de Mubarak y a tranquilizar a Estados Unidos e Israel diciendo que respetaría la paz de Camp David. Tanto el cambio como la estabilidad eran discutibles. Constituían una simple convención, dependiente por completo de la dirección que adoptaran los acontecimientos.

 

 

El Gobierno nombrado por Mubarak supervisará la transición egipcia

 

El Ejecutivo provisional liderado por Ahmed Shafiq se mantendrá en el poder al menos hasta dentro de unos meses y centrará sus esfuerzos en restaurar la seguridad y reactivar la economía.

 

La Vanguardia

 

Los gobernantes militares de Egipto ordenaron a los manifestantes que abandonen la plaza Tahrir de El Cairo, símbolo de la revuelta que derrocó a Hosni Mubarak, mientras el gabinete convirtió el domingo en prioridad restablecer el orden y reiniciar la actividad económica.

 

Sin embargo, los manifestantes se niegan a irse y han empezado a reagruparse en la plaza después de que los soldados intentaran desmontar sus carpas y dispersarlos, mientras se oyeron disparos en la zona del Ministerio del Interior durante una protesta de policías por los bajos salarios, según han asegurado testigos a la agencia Reuters.

 

"El Ejército es la columna vertebral de Egipto. La solución no es sacarnos de la plaza", dijo un manifestante a través de altavoces, mientras lossoldados se desplegaban. "Ellos deben responder a nuestras demandas", añadió.

 

La nación más poblada del mundo árabe está dando sus primeros pasos tentativos hacia la democracia y los organizadores de las protestas formarán un consejo para defender la revolución y negociar con los militares, que desean que todo vuelva a la normalidad. "No queremos que ningún manifestante se siente en la plaza después de hoy", dijo Ibrahim Moustafa Ali, jefe de la policía militar, a los manifestantes y periodistas, mientras soldados retiraban las tiendas de campaña desde la plaza, epicentro de las protestas que llevaron a la caída de Mubarak.

 

Prioridades

 

El gabinete egipcio, nombrado cuando el ex mandatario de 82 años aún estaba en el poder, no será sometido a grandes cambios y permanecerá en el Gobierno para supervisar la transición política a una administración civil en los próximos meses, dijo a Reuters un portavoz de los ministros.

 

Hoy, una reunión del gabinete podría aportar algunas respuestas al movimiento de protesta que espera cambios de inmediato. "La composición del Gobierno prevalecerá hasta que se complete el proceso de transición en algunos meses, entonces se nombrará un nuevo Gobierno según los principios democráticos dispuestos", aseveró el portavoz, agregando que algunas carteras podrían ser objeto de modificaciones."La principal tarea de este Gobierno es restaurar la seguridad y el orden y también iniciar el proceso económico", indicó.

 

Para reforzar el mensaje, en las primeras horas del domingo soldados y policías dividieron una masiva protesta en la plaza Tahrir en pequeños grupos para permitir que el tráfico fluyera por primera vez en dos semanas y alentar a la gente a volver a sus trabajos. Sin embargo, más tarde cientos de activistas volvieron a llenar el sector y se negaron a irse."El pueblo y las fuerzas armadas están unidos" y "revolución, revolución hasta la victoria", cantaban.

 

Los manifestantes aseguran que los soldados detuvieron a algunos de sus líderes y que más de 30 activistas habían sido llevados a una zona controlada por los militares alrededor del Museo Egipcio, que alberga una colección única de piezas antiguas, cerca de la plaza.

 

La multitud cantaba "en paz, en paz" a las tropas cuya misión en el primer día laboral de Egipto tras la revuelta era dejar que los transeúntes volvieran al trabajo, a fin de reactivar una economía seriamente dañada con el tumulto.

 

Tanques y vehículos blindados fueron desplegados alrededor de la plaza, aún colgaban carteles demandando un cambio de régimen y las personas acudían a un servicio en memoria de las cerca de 300 personas que perdieron la vida en la revuelta. Voluntarios retiraban la basura.

 

Transición

 

El alto mando militar no ha dado un calendario para la transición, pero  garantizó en un comunicado emitido este sábado que ésta se realizaría, destacando el compromiso con la democracia y con los tratados internacionales, especialmente el firmado con Israel en 1979 para declarar la paz.

 

La estrategia de las fuerzas armadas era aliviar las preocupaciones del país y del mundo sobre sus intenciones futuras y, a corto plazo, garantizar la aplicación de la ley después de que la policía fuera desplazada al no poder contener la protesta con gas lacrimógeno y porras.

 

El mariscal de campo Mohamed Hussein Tantaui, se reunió el sábado con los ministros y subrayó la necesidad de un retorno inmediato a la normalidad. "La primera prioridad, no hay duda sobre eso, es la seguridad. E igualmente prioritario es proveer los elementos necesarios para la vida diaria de los ciudadanos", afirmó el primer ministro Ahmed Shafiq.

 

 

Ola de cambio en el mundo árabe - Revolución democrática en Egipto

 

El Ejército egipcio se erige en guardián de la transición y desaloja la plaza de Tahrir

 

Los militares insisten en que respaldarán el tránsito a la democracia, pero el aparato del régimen sigue intacto - El mariscal Tantaui garantiza la paz con Israel

 

E. GONZÁLEZ, G. HIGUERAS, El País

 

Una enorme polvareda cubría el centro de El Cairo. Miles de escobas barrían los escombros y la sangre de la revuelta y los rescoldos de una gran noche de fiesta. La nube terrosa impedía mirar más allá. El futuro quedó aplazado al menos hasta hoy, domingo. Esta mañana los militares, con mano izquierda y de manera pacífica, se esforzaban por desalojar la plaza Tahrir y que el corazón de la ciudad, y de la revolución, volviera a bombear su cotidiano flujo de coches, motos y furgonetas. Los manifestantes, según relata la agencia Reuters, coreaban "en paz, en paz", a medida que la policía militar avanzaba para dispersarlos. Alguna escaramuza ha surgido, y con ellas las porras de los soldados. El jefe de la policía militar ha declarado: "no queremos que ningún manifestante se siente en la plaza después de hoy". El tráfico ha quedado reestablecido en uno de los laterales de la ya emblemática plaza. En la estación del Cairo, en cambio, persiste alguna protesta -esta de carácter laboral- y los trabajadores de ferrocarriles sentados en las vías de los trenes de larga distancia.

 

La confusión institucional alcanzó niveles de caricatura. Ayer en cambio incluso el Ejército, con todo el poder en sus manos tras la caída de Hosni Mubarak, pareció tomarse una pausa. Se limitó a mantener en su puesto al último Gobierno de Mubarak, a la espera de nombrar algo más presentable, y a tranquilizar a Estados Unidos e Israel diciendo que respetaría la paz de Camp David.

 

Acababa de ocurrir algo tan grande que todos, desde el régimen aún en pie hasta los esperanzados manifestantes, necesitaban un respiro. De momento, el cambio se limita a la salida de Mubarak, recluido en su mansión de Sharm el Sheij. El auténtico significado de la revolución egipcia está por descubrir.

 

Los egipcios se sienten orgullosos de su historia nacional, la más antigua del mundo, y de la continuidad de un poder estatal que se remonta a los antiguos faraones. El país ha sido dominado durante los últimos milenios por invasores, imperios extranjeros, reyezuelos y dictadores, pero siempre ha habido alguien al mando. Desde el viernes, al mando estaba el Ejército, representado por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y por su jefe, el mariscal Mohamed Tantaui, de 75 años. Tantaui encarnaba a la vez el cambio y la estabilidad. Por el momento, eso satisfacía a la población.

 

Tanto el cambio como la estabilidad eran discutibles. Constituían una simple convención, dependiente por completo de la dirección que adoptaran los acontecimientos.

 

Respecto al cambio político, se limitaba a Mubarak. El resto del régimen permanecía intacto, incluyendo el estado de excepción, la policía política y demás pilares del Estado represivo. Como pequeño signo de retorno a una mínima normalidad, el toque de queda se redujo unas horas y quedó vigente entre medianoche y las seis de la mañana. Lo justo para que hoy se pudiera volver a trabajar.

 

Lo que había cambiado de forma trascendental, en un impulso vertiginoso destinado a inspirar a muchas otras sociedades oprimidas, era el espíritu de la población, deseosa de encarar un futuro completamente nuevo. Egipto había mudado de alma, aunque el cuerpo siguiera siendo el mismo. Incluso la prensa y las televisiones estatales, sin consignas oficiales que seguir, se entregaron ayer a una golosa libertad de expresión, ensalzando la "revolución popular" y ofreciendo un relato fidedigno de los últimos acontecimientos.

 

Como era de esperar, no se expresó el menor cambio en la orientación geoestratégica del país. El Ejército, en un comunicado, insistió en su voluntad de respaldar una transición hacia un sistema democrático, igual que la víspera, y garantizó la paz con Israel. "La República Árabe de Egipto se compromete con todas las obligaciones regionales e internacionales y los tratados", leyó Tantaui. Esto último hizo feliz al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que calificó el tratado de paz firmado en 1979 como "muy beneficioso" para ambos países y para el conjunto de la región. Tras el comunicado, leído por el mariscal Tantaui, el Ejército retornó a su acostumbrado hermetismo.

 

En cuanto a la estabilidad, podría definirse como altamente inestable. La confusión institucional alcanzó niveles de caricatura. El Ejército mantuvo el Gobierno nombrado por Mubarak 10 días atrás, mientras buscaba, presumiblemente, un grupo de técnicos civiles capaces de conformar un gabinete de consenso y transición.

 

Fuentes militares citadas por Reuters informaron de que cinco de los miembros del Gobierno aún vigente, incluyendo al primer ministro, Ahmed Shafik, tenían prohibido salir del país porque se les sospechaba implicados en casos de corrupción. El ministro de Información, Anas El-Fekry, permanecía en arresto domiciliario. Eso da una idea de la operatividad gubernamental. Para redondear el lío institucional, el mariscal Tantaui, al mando del país, era a la vez viceprimer ministro, es decir, estaba en la escala del poder civil un peldaño por debajo de Shafik. Y de Omar Suleiman, el poderoso vicepresidente que libró mano a mano con Mubarak la última batalla del dictador para sofocar la revuelta, no se tenían noticias.

 

Siguiendo con la estabilidad, el propio Ejército, la institución supuestamente firme, respetada y amada por los ciudadanos, emitía un cierto aroma a crisis interna. Las filtraciones de Wikileaks revelaron hace semanas que, en opinión de la diplomacia y el espionaje estadounidenses (buenos conocedores del asunto, tras 30 años de estrecha cooperación con los militares egipcios), el mariscal Tantaui era detestado por los principales oficiales a sus órdenes, debido a sus ideas profundamente reaccionarias y a su absoluta sumisión ante Hosni Mubarak. Le llamaban "el perrito de Mubarak". Cada vez que desde sectores empresariales y políticos y desde el mismo Ejército se expresaba la conveniencia de una mínima apertura del régimen, el mariscal afirmaba que Egipto estaba amenazado por el terrorismo y el integrismo islámico y necesitaba un gobierno absolutista y centralizado en una sola mano.

 

Las mismas filtraciones atribuían al mariscal Tantaui una gran astucia, demostrada una vez más durante los 18 días de la formidable revuelta: se mantuvo al lado de Mubarak sin enajenarse el respeto de los manifestantes, se negó a comprometer tanto su futuro como el prestigio del Ejército disparando contra la multitud, y acabó como jefe supremo del país.

 

El gran rival potencial de Tantaui, según las filtraciones y numerosos analistas, era el teniente general Sami Hafez Enan, jefe del Estado Mayor del Ejército y número dos de la institución. Más joven y más innovador, aunque ajeno a cualquier espíritu liberal, Enan se percibía como el auténtico líder de los oficiales egipcios de mediana edad, habituados a convivir con soldados de otros países en las academias militares estadounidenses y con ambiciones de reformar un Ejército anticuado, anclado en jerarquías decimonónicas y en viejas estrategias de infantería, tanques y espacios abiertos.

 

Frente a la paradoja de que unos militares reaccionarios tuvieran que tutelar una evolución a la democracia y a las dudas, inagotables, sobre el futuro inmediato, aparecía la firme voluntad de los egipcios de ponerse en marcha hacia alguna parte. Wael Ghonim, el carismático ejecutivo de Google que ejerció un papel crucial en la organización de la revuelta, lanzó un mensaje a sus conciudadanos: "El domingo, a trabajar". Tras el jueves de la ira, el viernes de la euforia y el sábado de la calma, el primer día de la nueva semana se percibía como el primer día del porvenir, el primer día de la construcción de un nuevo país.

 

 

El Ejército egipcio se compromete a "traspasar pacíficamente el poder"

a una autoridad civil

 

Los militares lanzan un mensaje de tranquilidad a Israel al comprometerse a cumplir los tratados internacionales.- Las autoridades investigan a los colaboradores más estrechos del expresidente, que tienen prohibido abandonar el país.- La plaza de la Liberación va recuperando la normalidad al tiempo que crecen los rumores sobre el futuro del ya expresidente

 

ENRIC GONZÁLEZ, GEORGINA HIGUERAS, NURIA TESÓN, EL PAÍS

 

El Cairo.- Egipto vive su primer día sin Hosni Mubarak tras 18 días de protestas que han acabado con el régimen. El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas egipcias, al que el ex presidente Hosni Mubarak cedió ayer todos sus poderes , se ha comprometido mediante un comunicado, a "traspasar pacíficamente el poder, en el marco de un sistema democrático libre, a una autoridad civil".

 

Esté órgano también garantiza que cumplirá con "todos los acuerdos y tratados regionales e internacionales". En su comunicado, el cuarto que dan a conocer en las últimas 48 horas, los militares instan al actual ejecutivo y a los gobernadores del país a "llevar a cabo sus funciones hasta la formación de un nuevo gobierno". El Gobierno israelí, de mano de su primer ministro Benjamin Netanyahu, ya ha contestado a esta declaración de intenciones del Ejército egipcio y ha calificado de "noticia positiva" su compromiso de mantener los acuerdos de paz. "El tratado de paz entre Israel y Egipcio ha sido y es una gran contribución de ambos países", ha asegurado Netanyahu. Por su parte, el ministro de Finanzas israelí, Yuval Steinitz, ha asegurado en una entrevista entelevisiva que "la paz es el único interés para Israel, y también para Egipto. Estamos muy felices por el anuncio".

 

La nota del Ejército egipcio sienta las bases, en seis puntos, de las próximas actuaciones del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que "aspira al traspaso pacífico del poder, en el marco de un sistema democrático libre, a una autoridad civil elegida para gobernar el país y construir un estado democrático y libre", reza el cuarto punto del comunicado leído por el portavoz. Asimismo, reafirma el "compromiso de la República Arabe de Egipto con todos los acuerdos y tratados regionales e internacionales". Los militares también han señalado que los ministros permanecerán en el Gobierno en tanto no se nombre un nuevo Ejecutivo. Además, el Ejército ha hecho un llamamiento a la policía para que se mantengan fieles al lema de "servir al ciudadano".

 

Las autoridades han abierto una investigación contra los miembros más cercanos al expresidente Mubarak, que tienen además prohibido abandonar el país. Anas el Fekky, ministro de Información, está bajo arresto domiciliario y están bajo vigilancia el exprimer ministro Ahmed Nazif y exministro de Interior, Habib al-Adli.

 

Vuelta a la normalidad

 

La plaza de la Liberación, epicentro de las protestas, recupera poco a poco la normalidad, los militares han empezado a desmontar las barricadas y la gente se organiza para limpiar el lugar. El campamento y las tiendas de la zona central permanecerán en la plaza de manera simbólica. Existe una sensación de misión cumplida entre los egipcios, que sin embargo no descartan volver a las protestas si el nuevo Gobierno no cumple con sus promesas democráticas, como han expresado hoy los jóvenes activistas del movimiento del 25 de enero. En el Parlamento, otro de los lugares donde se ha acumulado la tensión en los últimos días, las barricadas ya han desaparecido. Los propios manifestantes junto al Ejército se han encargado de retirarlas esta mañana. El tráfico en toda la ciudad recupera el bullicio y el ruido habituales y el inicio del toque de queda se ha retrasado hasta las doce de la noche.

 

Marc Franco, embajador de la Unión Europea en El Cairo, se ha paseado esta mañana entre la gente que aún permanecía en la Plaza de Liberación. Era la primera vez que lo hacía, después de los 18 días que ha durado la revuelta: "Los jóvenes egipcios ya han conseguido el primer reto, conseguir que Hosni Mubarak dimitiera. Ahora les toca formar Gobierno y hacer reformas económicas", ha declarado el diplomático, que portaba una bandera en el bolsillo de la camisa.

 

La ola de cambio en el mundo árabe que empezó en Túnez se extiende ahora a Argelia, donde la manifestación de esta mañana, coartada por la presencia masiva de policías y que se preveía masiva, se ha saldado con decenas de heridos y detenidos tras los choques con la policía.

 

El país ha empezado a caminar hacia un futuro lleno de esperanzas. No puede esperar un camino fácil, pero el primer paso ha constituido un momento casi aéreo de orgullo y euforia. La algarabía se extendió durante todo el día de ayer como una fuerza imparable capaz de arrasar un régimen. Las voces se alzan con la convicción, esta vez, de haber puesto un pie en la Historia.

 

Los egipcios han demostrado en 18 jornadas extraordinarias que la unión entre las nuevas redes sociales y las viejas manifestaciones puede derribar cualquier muro. La libertad se ha abierto ante ellos dulce, enorme, casi inabarcable. Fueron pacientes, constantes y pacíficos ante los últimos zarpazos de la tiranía, y han triunfado: Hosni Mubarak,dictador durante 30 años, ha dimitido y huyó hacia su mansión de Sharm el Sheij, en el mar Rojo. Con el colofón de que Suiza congeló pocas horas después buena parte de su fortuna, estimada en varios miles demillones de euros.

 

"Mabruk, Mabruk!", felicitaba un soldado al borde de las lágrimas a un anciano con galabeya (túnica) y turbante que se abrazaba a él. A su alrededor todo era rojo, blanco y negro. Los colores de la bandera ondean por cualquier rincón, asoman por las ventanillas de los coches o decoran los rostros.

 

Desvanecimientos, ataques de nervios y torceduras han tomado el relevo a las heridas de bala y las pedradas. Egipto entero canta y baila. Los clásicos sirven para cualquier ocasión: "Nuestra canción habla del pueblo, de los pobres que no tienen nada pero lo pueden todo y luchan por su libertad, porque son fuertes y tienen convicciones y dignidad", gritaba Samer Maher mientras sus amigos bailaban con los brazos alzados chasqueando los dedos al compás de una canción de Said Darwish.

 

"Es el mejor día de mi vida". "Es lo que siempre quise para mis hijos"."Tengo 27 años y nunca pensé que podría elegir al próximo presidente.En unas elecciones libres, en democracia.... Este es solo el primer paso, mañana estaremos otra vez en Tahrir". Todo el mundo tiene una historia que contar esta noche en la plaza Tahrir.

 

En los tanques, los soldados tratan de contenerse mientras de todas partes surgen espontáneos que les besan o cubren con banderas. En la entrada de un puesto de zumos un hombre insistía en invitar a un jugo de caña a dos militares de escaso mostacho a los que sacaba varias cabezas.

 

El Ejército ha asumido temporalmente el poder, con la promesa de una "transición pacífica" hacia "una sociedad democrática". El papel de los militares en la victoria que los egipcios celebran ha sido considerado fundamental por un pueblo que puso en ellos sus esperanzas, pero temió por un momento haberse confiado demasiado. Durante los primeros minutos los jóvenes soldados no se atrevieron a unirse a la celebración, pero el pueblo empujaba fuerte y no fueron capaces de mantener la serenidad mucho tiempo. Sin perder el control de la situación, manteniendo las identificaciones y los cacheos, los militares terminaron uniéndose a la fiesta.

 

Nueva etapa en Oriente

 

La caída del rais, celebrada por Estados Unidos y Europa, abre también una nueva etapa en Oriente Próximo. Mientras Israel y Arabia Saudí han expresado su inquietud por el cambio, los islamistas de Gaza, Irán y Líbano lo ven como una oportunidad. Tras las revoluciones de Túnez y Egipto, millones de ciudadanos árabes y norteafricanos han constatado que pueden elegir su propio destino.

 

Los grandes momentos históricos, y el de ayer lo fue sin duda, se resumen en pocas palabras. Como la breve declaración de Omar Suleimán, el vicepresidente que intentó heredar un régimen y fue engullido por los acontecimientos [Aquí puedes ver el vídeo]: "En las difíciles circunstancias que atraviesa el país, el presidente Hosni Mubarak ha decidido abandonar su cargo. Ha encargado al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que dirija los asuntos del Estado". Eso fue todo. Segundos después, como si 80 millones de egipcios hubieran estado escuchando el mensaje televisado, el país entero estalló en júbilo.

 

El tono desafiante que Mubarak y el propio Suleimán habían utilizado la víspera, la inmensa decepción y rabia que habían provocado en la multitud, han quedado lejos en un instante. Probablemente ambos sabían, cuando aparecieron en televisión el jueves por la noche, que el poder se les escurría de las manos. Mubarak habló esa noche con un amigo personal, el ministro israelí Benjamín Ben-Eliezer, y le confesó que había llegado el final de su era. "Solo aspiraba a marcharse con dignidad", comentó Ben-Eliezer. Ni eso consiguió. En el último momento, solo pudo huir en helicóptero de un palacio rodeado por manifestantes. Con el colofón habitual en estos casos: la congelación de su fortuna, estimada en muchos miles de millones de euros, por parte de los bancos suizos.

 

Presión del Ejército

 

Aún no se conoce bien el desarrollo de los momentos finales. Parece claro, en cualquier caso, que los mandos militares hicieron saber a Mubarak, en algún momento del jueves, que su resistencia ya era inútil. Los generales, sin embargo, no han querido empujar hasta la calle al que había sido su héroe y seguía siendo un amigo y un jefe respetado. Eso explicaría los confusos comunicados del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, el incomprensible discurso de Mubarak, mezcla de arrogancia, sentimentalismo y minucias constitucionales, y la confusión que dominó la jornada. "Hubo un pulso oculto entre el Ejército y el dúo Mubarak-Suleimán", explicó a la edición digital de Al Ahram el general Safwat el-Zayat, exdirigente de los servicios secretos egipcios.

 

Ante Egipto se abren enormes esperanzas. También grandes incógnitas. El nuevo máximo dirigente, el general Mohamed Tantaui, se dirigió anoche a la nación para decir que el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas estudiaba la situación y sus próximas medidas, para homenajear a los jóvenes "mártires" de la revuelta y para rendir tributo a Hosni Mubarak por "sus sacrificios en tiempos de paz y de guerra". De Tantaui se esperaba una tutela temporal en la transición hacia la democracia. Eso era lo que había prometido en un anterior comunicado: conducir pacíficamente a los egipcios a una sociedad democrática. El Ejército ya había prometido levantar el estado de excepción cuando la gente desmontara el campamento de la plaza de la Liberación.

 

Sus primeras órdenes, no confirmadas oficialmente, han consistido en la destitución del Gobierno y en la disolución del Parlamento. En cualquier otra situación, esas decisiones serían interpretadas como el inicio de una dictadura de los espadones. En Egipto han puesto fin a un sistema tiránico, cruel y corrupto hasta la médula. El hecho de que el general Tantaui no mencionara siquiera a Suleimán se he interpretado como una ruptura seca con el poder caído. No ha habido el menor intento de simular alguna continuidad constitucional con el pasado.

 

Nueva generación de políticos

 

Conviene recordar, en cualquier caso, que Tantaui es amigo de Mubarak y le ha sido fiel hasta el final. Y que los generales de mayor rango, Tantaui y el resto de los miembros del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, han sido parte esencial de la dictadura y se beneficiaron de la corrupción. El Ejército se negó a disparar contra la multitud en los momentos más críticos de la revuelta y eso, además de acrecentar su prestigio entre la población, permitió que la caída del régimen no conllevara un baño de sangre. No existe indicio alguno, sin embargo, de que los generales sean fervientes demócratas, ni de que estén dispuestos a renunciar a su poder y privilegios. Cabe suponer más bien lo contrario. La evolución de Egipto hacia un sistema de libertad y justicia no ha hecho más que empezar.

 

La mayor potencia del mundo árabe dispone, al menos, de una nueva generación de políticos. No son los ancianos Mohamed el Baradei o Amr Musa, que desde el inicio de la revuelta se postularon como posibles futuros presidentes de un Egipto democrático, sino los 20 o 30 jóvenes profesionales que organizaron a través de Facebook y el correo electrónico una revolución inspirada en la de Túnez, pero de volumen y consecuencias mucho mayores. El líder de ese grupo, Wael Ghoneim, ejecutivo comercial de Google en la región, casado con una estadounidense e ideológicamente liberal, representa mejor que nadie tanto el rostro como el impulso de una generación egipcia que desea libertad política, económica, social y religiosa, en un sistema capaz de integrar con igual comodidad a los Hermanos Musulmanes, a los profesionales laicos y al Egipto profundo, rural y analfabeto.

 

 

Renunció Mubarak: ¿Qué viene?

 

César Paredes, Semana.com

 

El reto en Egipto no solo es consolidar un modelo de Estado que incluya todas las facciones, sino que responda a las demandas sociales. El camino es culebrero.

 

La pregunta en Egipto cambió. Dejó de ser ¿cuándo caerá Mubarak?, y pasó a ser ¿cuál es el régimen que vendrá?

 

Tras el levantamiento de los tunecinos que tumbaron al presidente Zine El Abidine Ben Alí y las violentas protestas registradas en Argelia, Jordania y otros países árabes, el pasado 25 de enero estalló un movimiento de egipcios descontentos con el régimen de Hosni Mubarak, de 82 años.

 

Este 11 de febrero pasará a la historia como el día en que el dictador se fue, pese a que sólo un día atrás había dicho que todavía no lo haría. Pero las protestas no cejaron en la Plaza Tahrir, en el centro de El Cairo, y Mubarak tuvo que ceder el poder.

 

Uno de los temores reseñados en los últimos días era la posibilidad de que el Ejército egipcio, que hasta ahora había jugado un papel de mediador, se fracturara, y se produjera un cruento enfrentamiento.

 

Por esta razón, Carlos Alberto Patiño, director de la Oficina de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional, adujo que el principal reto que tiene Egipto “es mantenerse unido y no entrar en una guerra civil”.

 

Aún no se sabe qué camino cogerá la revuelta. Los analistas internacionales coinciden en que no es seguro hacia qué sistema político transitará Egipto.

 

“La gran incertidumbre es a qué tipo de régimen pasará Egipto. Puede ser a la democratización, a la liberalización o a un régimen autocrático reencauchado”, dijo Andrés Molano, profesor de relaciones internacionales de la Universidad del Rosario.

 

Por ahora, hay elecciones previstas para septiembre y el poder está en manos de una junta militar, en cabeza del vicepresidente, Omar Suleiman, quien será el encargado de facilitar la transición, según se comprometió.

 

El papel de Suleiman

 

Omar Suleiman es un veterano de guerra de 74 años, quien desde 1993 hasta el pasado 29 de enero, cuando fue nombrado vicepresidente, fue el director de la Central de Inteligencia Egipcia.

 

Su posición militar lo convierte en pieza clave en la transición al régimen democrático, pese a que sectores de oposición lo responsabilizan de la violación a derechos humanos y de ser aliado de Israel y Estados Unidos.

 

Suleiman, quien considera a Mubarak como “padre y líder de la nación”, en reiteradas ocasiones llamó a los manifestantes a volver a su casa y culpó de las protestas a la influencia extranjera.

 

Un perfil hecho por la cadena Al Jazeera en su versión on line destaca su importante papel como mediador en el conflicto entre palestinos e israelíes. Pero sus críticos han cuestionado sus motivaciones, pues han dicho que actúa “para sofocar el sentimiento popular de Egipto”.

 

Suleiman tiene el reto de facilitar la transición y cada paso que dé será determinante. Su legitimidad ante las Fuerzas Armadas de ese país, de las mejor equipadas del mundo, cuenta a su favor. No obstante, falta ver cómo devienen los acontecimientos para poder hacer un juicio sobre los resultados de su tarea.

 

“Por ahora hay una situación prerrevolucionaria. Se derrocó al faraón, pero no hay nada escrito”, dijo Molano. Incluso, no se descarta que con el paso del tiempo surja un vacío de poder que desemboque en un caos.

 

¿Llegará la democracia?

 

Egipto ya no será igual y el mundo árabe tampoco. Las revueltas amenazan con extenderse por otros países del Magreb y Medio Oriente en los que los regímenes monárquicos o dictatoriales todavía están vigentes. El malestar se ha extendido a Argelia, Yemen, Mauritania, Jordania, Siria e incluso a Arabia Saudí.

 

Sin embargo, el problema no es sólo el malestar con el régimen político. No hay que olvidar que las protestas surgieron por el descontento social, por la falta de empleo.

 

Molano explica que “en el fondo de las movilizaciones en el norte de África hay características estructurales por la transformación demográfica”. En su criterio, hay una nueva generación joven que no se identifica con la política tradicional, que no ha sido absorbida por el sistema económico, permeada por la globalización, más educada y descontenta.

 

Ahí arrancaron las protestas. Para Ricardo García Duarte, experto en asuntos internacionales y colaborador de Razónpública.com, fue “la masa actuante” la que se movilizó.

 

“En ella participaron universitarios, jóvenes, trabajadores; básicamente, es una movilización popular. Ahí se origina un cambio profundo y se abren enormes posibilidades. Incluso podría ser la transición a un régimen democrático de secularización avanzada, en un país de mayoría islámica”, dijo.

 

Para García, el hecho de que las protestas se hayan originado espontáneamente en sectores diversos de la sociedad egipcia es un indicio de que la vía será la democratización de ese país.

 

El analista destaca que la Hermandad Musulmana, el movimiento de oposición al régimen más antiguo, ortodoxo y organizado, haya participado activamente en la movilización, pero sin figurar, es un buen síntoma.

 

No obstante, hay quienes dudan de que ese sea el camino que tome la política egipcia, como lo señaló el profesor Patiño. En su criterio, la preeminencia del Islam seguirá jugando un papel determinante.

 

Los movimientos islámicos

 

La pregunta que se hacen varios politólogos occidentales es si es posible la coexistencia de un régimen democrático en una sociedad islámica.

 

Para los musulmanes la religión cunde todos los aspectos de la vida. Eso explica que haya sectores que quieran imponer la Sharia, la ley islámica a rajatabla. Y aunque Mubarak logró mantener un gobierno que separaba la política de la religión, en la vida cotidiana de los egipcios no existía tal separación.

 

En el proceso de transición jugarán un papel importante los movimientos islámicos, ya sean fundamentalistas o moderados. Para que el proceso sea exitoso esas facciones no pueden quedar por fuera.

 

En ese sentido, la Hermandad Musulmana, un movimiento transnacional que se mantuvo en oposición al régimen, jugará un papel preponderante. No tanto por su representación política, pues no es mayoría, sino por lo que representa.

 

Para el internacionalista Patiño, su fortaleza no se define en los términos políticos “occidentales”, es decir, bajo los criterios de organización política de un partido. “Sino porque manejan las escuelas, los orfanatos, los ancianatos, entre otras obras sociales”, explicó.

 

Esta hermandad, que tiene como lema “el Islam es la solución”, fue fundado en 1928 por el profesor Hassan al-Banna. Al respecto de su posición frente al fundamentalismo islámico las opiniones son diversas. Hay quienes aseguran que en sus orígenes fue un grupo conservador, pero “no violento”. Pero algunas de sus facciones se radicalizaron y enfrentaron al Estado con la violencia.

 

En Occidente, varios analistas coinciden en que los han satanizado, pues sus enseñanzas inspiraron la creación de grupos fundamentalistas como Hamas, de Palestina.

 

Sin embargo, en Egipto, la hermandad prefirió jugar un papel discreto. Se ubicó detrás de Mohamed el Baradei, un diplomático egipcio, premio Nobel de Paz, quien fue llamado a liderar las protestas.

 

La Hermandad se sometió a unos acuerdos básicos. Según Tariq Ramadan, profesor de Estudios Islámicos Contemporáneos en Oxford, “los líderes de los Hermanos Musulmanes han hecho ver que no es momento de destacarse y plantear exigencias políticas que pudieran asustar a Occidente, e incluso al propio pueblo egipcio. El lema es: Prudencia”.

 

Mohamed el Belthagi, un exparlamentario de la Hermandad, aseguró que para las elecciones de septiembre el movimiento no presentará un candidato. En una entrevista reciente con la Cadena Ser de España, indicó que “los Hermanos Musulmanes no queremos instalar un estado islámico, queremos un estado civil”. También sostuvo que no han recibido dinero de Hezbollah o de Hamas.

 

A pesar del perfil bajo que ha querido jugar, el movimiento es una de las organizaciones más respetadas y organizadas de la oposición. Por eso su participación será clave.

 

No obstante, como el mismo exparlamentario lo reconoció, esta fue una movilización popular. Los líderes del movimiento ya no representan las aspiraciones de los más jóvenes ávidos de verdaderas reformas y fascinados con el ejemplo de Turquía.

 

Cada país del Medio Oriente tiene su historia y en cada uno el Islam y los movimientos islámicos juegan un papel distinto. No se puede pensar que el futuro de Arabia Saudí, Siria y Jordania será el mismo.

 

Para el caso de Egipto, en el trasfondo están sus particularidades, los 30 años de dictadura, el papel de las Fuerzas Armadas y la espontaneidad de sus manifestantes. Su futuro depende de cómo juegue cada uno de esos factores.

 

 

Egipto: las claves de la revolución

 

Nueva Tribuna, España

 

La convulsión que vive el mundo árabe anuncia un momento histórico que algunos analistas comparan con la caída del Muro de Berlín. Después de Túnez, Egipto se ha convertido en el epicentro de una revolución democrática que empieza a extenderse a otros países de la zona.

 

La ola revolucionaria en el mundo árabe es imparable. Comenzó en Túnez y ahora ha saltado a Egipto donde la población está dispuesta a llegar hasta el final para lograr tumbar un régimen que se ha perpetuado en el poder los últimos treinta años. Este sábado está preparada una gran manifestación en Argelia y el próximo 20 de febrero en Marruecos. Jordania, Siria, Yemen… son otros países donde empieza a latir el cambio. Algunos dirigentes árabes se han adelantado a anunciar reformas democráticas ante el peligro de protestas sociales que amenacen sus regímenes. El pueblo árabe pide libertad y democracia participativa. Es un momento histórico comparable, según algunos analistas, con la caída del Muro de Berlín.

 

“Las manifestaciones que se suceden en Túnez, Egipto, Jordania o Yemen deben interpretarse como una muestra de descontento de la población hacia unos regímenes que se perpetúan en el tiempo y que se han apoderado de los recursos del Estado. El pueblo árabe ha tomado las riendas de su destino y está derribando su propio muro de Berlín del autoritarismo”, señala Ignacio Álvarez-Ossorio, profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante y autor del estudio La revolución democrática árabe: el nuevo rol de la Unión Europea, editado por la Fundación Alternativas.

 

A esa situación donde regímenes autocráticos se perpetúan en el poder se añade una situación económica asfixiante: casi el 50% de la población en Egipto vive bajo el umbral de la pobreza y en los últimos tiempos han ido surgiendo movimientos, muchos de ellos liderados por jóvenes laicos, para movilizar a la población. Para muchos, el líder opositor egipcio y Nobel de la Paz Mohamed El Baradei sigue siendo un desconocido. Es una revolución sin líderes claros y con varias personas que están intentando postularse.

 

Occidente (EEUU y Europa) observa con cierto temor el avance de partidos islamistas como los Hermanos Musulmanes que sin duda están jugando y jugarán un papel determinante. Este grupo opositor, el mayor de Egipto, con una base popular sólida (en torno al 20%) ha evolucionado llegando a renunciar al empleo de la violencia, aceptando el pluripartidismo y rechazando la instauración de un estado islámico radical (Sharia). También han dado pasos en sus relaciones con Israel al apostar por el cumplimiento de los tratados internacionales de paz.

 

Muchos son los factores a tener en cuenta para analizar la situación de inestabilidad que se vive en Egipto. Existe el peligro de vacío de poder ante la ambigua posición que mantiene el Ejército que, por un lado se resiste a desmarcarse del régimen, pero por otro lado ha tenido gestos de apoyo a las “legítimas” protestas. Las próximas horas y días serán determinantes en un escenario donde Hosni Mubarak se retira de escena (este viernes salió de El Cairo) dejando el poder en manos del Ejército. Existe peligro de fraccionamiento en el propio Ejército pero también en el partido que se ha perpetuado en el poder con Mubarak al frente y su pretensión de que su hijo (la nueva guardia que se ha rodeado de hombres de negocios) herede el cargo.

 

Así las cosas, no sólo se trata de un pulso entre Mubarak –quien ha perdido ya el poder real- sino de un pulso en el seno de su partido y del Ejército donde queda por ver si terminarán cargando contra los manifestantes y provocando un baño de sangre. El papel que juegue será determinante ante una posible junta militar que podría ser la opción deseada por los países de Occidente temerosos del ascenso de los Hermanos Musulmanes.

 

La principal incógnita a día de hoy es saber quién va a liderar la transición, si el Ejército o un gobierno provisional de amplia base. Los próximos pasos parecen obvios: eliminar las leyes de excepción, liberar a los presos políticos, legalizar a todos los partidos, reconocer todas las libertades públicas y convocar elecciones.

 

 

El Ejército egipcio promete una transición democrática en el primer día sin Mubarak

EL CAIRO — Las todopoderosas fuerzas armadas de Egipto prometieron este sábado una transición pacífica hacia un gobierno civil electo y el respeto de todos los tratados internacionales, un día después de que el renunciante presidente Hosni Mubarak les entregase el poder del país.

 

Mientras tanto, en las calles de El Cairo, miles de personas llenas de esperanza por el futuro del país seguían celebrando su victoria sobre el régimen de Mubarak, de 82 años, que renunció la víspera tras tres décadas en el poder.

 

En un comunicado leído en la televisión estatal, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas afirmó su compromiso con una "transición pacífica del poder" que "prepare la vía para que una autoridad civil electa construya un Estado democrático". Afirmó asimismo que Egipto respetará todos sus tratados regionales e internacionales, confirmando implícitamente que el acuerdo de paz de 1979 con Israel permanece intacto.

El actual Gobierno egipcio, designado recientemente por Mubarak, permanecerá en el poder para administrar los asuntos corrientes, precisaron los militares. Este comunicado, el "número cuatro" del Ejército desde el inicio de la sublevación popular contra el régimen, es el más explícito hasta ahora sobre las intenciones de los militares tras la dimisión de Mubarak.

 

El Ejército retrasó asimismo el toque de queda, que ahora comenzará a medianoche, hasta las 6 de la madrugada locales. Tras una noche de frenética fiesta, los egipcios volvían a confluir por la tarde a la emblemática plaza Tahrir (de la Liberación) de El Cairo, epicentro de la contestación contra el régimen durante 18 días, para seguir celebrando, comprobó la AFP en el lugar.

 

Allí se mezclaban familias, ancianos y por supuesto miles de jóvenes, que iniciaron esta sublevación popular el 25 de enero sirviéndose de internet y lograron propagarla después al resto de la sociedad egipcia. "¡Es una fiesta! Hemos vuelto a nacer", afirmaba Osama Tufic Sadalá, un ingeniero agrícola de 40 años.

 

El Ejército levantó las barricadas y los espesos rollos de alambrada de púas que protegían el lugar. Voluntarios civiles que limpiaban la plaza, ayudaban a los soldados a retirar también los restos calcinados de vehículos que ardieron en el momento más violento de las protestas, cuando los enfrentamientos entre manifestantes pro y anti Mubarak dejaron 11 muertos.

 

Unas 300 personas perdieron la vida en todo el país desde que comenzó este movimiento prodemocrático, según cifras de la ONU. En una cárcel de El Cairo, unos 600 presos escaparon el sábado tras haberse amotinado, informaron responsables de la seguridad egipcia. Varias personas murieron y otras resultaron heridas aunque por el momento no estaba claro quiénes eran las víctimas.

 

Tras la dimisión de Mubarak, que se refugió con su familia en su residencia secundaria de Sharm el Sheij, a orillas del mar Rojo, el poder quedó en manos del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, y personificado en el ministro de Defensa, Mohamed Husein Tantaui, lo que causaba incertidumbre y cierta inquietud.

 

"Se trata de un consejo formado por unos 20 generales que vienen de horizontes diferentes. Pese a que tienen una misión común, puede haber divergencias", considera Teufik Aclimandos, catedrático universitario especializado en el ejército egipcio.

 

Mientras tanto, cientos de policías uniformados y miembros de la policía secreta protestaban en la ciudad de Ismailiya, a orillas del canal de Suez, acusando a sus oficiales superiores de haberles ordenado disparar contra los manifestantes. "La policía y el pueblo juntos", coreaban. La policía egipcia ha sido objeto de la ira popular tras su violenta represión contra los manifestantes anti Mubarak.

 

La caída del presidente egipcio Hosni Mubarak fue saludada por los principales líderes mundiales y festejada en las calles de otros países árabes. El presidente estadounidense, Barack Obama, afirmó que "el pueblo habló y Egipto ya no será más el mismo" y urgió al ejército a garantizar la transición hacia una "genuina democracia".

 

Por su parte, la prensa gubernamental egipcia, que apoyaba sin titubeos al ahora ex presidente Mubarak, celebró el sábado la "Revolución de los jóvenes". "El pueblo hizo caer al régimen", "los jóvenes de Egipto obligaron a Mubarak a irse", titulaba en portada Al Ahram, diario de referencia de la prensa gubernamental.

 

 

Egipcios, alborozados, inician la era post-Mubarak

 

Dina Zayed y Andrew Hammond, REUTERS

 

EL CAIRO.- Los egipcios iniciaron el sábado un nuevo periodo luego de 30 años del Gobierno autocrático de Hosni Mubarak, y tenían por delante un futuro incierto tras haber logrado lo que parecía imposible después de que los militares asumieran el control del país africano.

 

Mientras el llamado del almuédano a orar se oía en El Cairo, el sonido de bocinanoz de alegría aumentaba después de una noche en la que millones de habitantes del país árabe más poblado del mundo celebraron la caída del ex presidente.

 

"La Revolución de los Jóvenes obligó a Mubarak a partir", decía la portada del diario estatal Al-Ahram. "La revolución del 25 de enero ganó. Mubarak dejó el poder y el Ejército gobierna", publicó Al-Gomhuria, otro periódico oficial.

 

Aún está por verse la forma en que el alto mando militar desarrollará por primera vez un proceso democrático en un país cuya historia se remonta al imperio de los faraones hace más de 5.000 años y que vivió un periodo de dura agitación política con una revuelta de apenas 18 días.

 

La primera prioridad era establecer la ley y orden antes del comienzo de la semana laboral, que en Egipto se inicia el domingo.

 

Tanques militares y soldados permanecieron en las calles custodiando intersecciones importantes y edificios del Gobierno, después de que la fuerza policial se viera superada en sus labores.

 

Dado que la amenaza de una posible confrontación entre los militares y los manifestantes ha desaparecido, los residentes de El Cairo se tomaron fotografías de recuerdo con los sonrientes soldados para registrar el primer día de la era post-Mubarak.

 

"Jamás hubiera imaginado que viviría un día como este (...) Sólo espero que el nuevo sistema en Egipto nos beneficie y cumpla nuestros sueños", dijo a Reuters Essam Ismail, un residente de El Cairo. "Aún no puedo creer que esto realmente pasó", añadió.

 

Se cree que Mubarak, de 82 años, se encuentra en su residencia del centro turístico Sharm el-Sheikh del Mar Rojo, y su futuro es incierto.

 

SUSPENSIÓN DEL PARLAMENTO

 

El canal de televisión Al Arabiya dijo que los militares removerán pronto al gabinete y suspenderán el Parlamento. El jefe de la Corte Constitucional se unirá al consejo superior militar ahora en el poder, que tiene la tarea de administrar el país de 80 millones de habitantes.

 

Pese a los recelos ante un mandato militar, el mejor elemento de disuasión ante cualquier intento por mantener el control podría ser el poder popular y la energía de los manifestantes en toda la nación, que demostraron a Mubarak que podían convertir a Egipto en un lugar ingobernable.

 

Tal como lo mostró un tumulto persistente en Túnez, que inspiró a los egipcios a actuar tras el derrocamiento de su presidente, el nuevo Gobierno afrontará enormes problemas económicos y sociales.

 

Una ola de poder popular se apoderó de este aliado clave de Estados Unidos en Oriente Medio. En toda la región y otras partes del mundo, los Gobiernos autocráticos ahora están calculando sus posibilidades de sobrevivir.

 

"Es una barrera psicológica rota, no sólo para el Norte de Africa, sino para todo Oriente Medio. Yo creo que uno podría ver un contagio en términos de protestas; Marruecos, quizás Jordania, Yemen", dijo Anthony Skinner de la consultora sobre riesgo político Maplecroft.

 

En Argelia, miles de policías con equipamiento antimotines se preparaban para la acción y detener una protesta planificada para el sábado que busca imitar el alzamiento en Egipto. Funcionarios han prohibido las marchas de la oposición, creando el escenario para un posible enfrentamiento.

 

SIN NELSON MANDELA

 

La oposición de Egipto se ha visto afectada por 30 años de un mandato de emergencia impuesto por Mubarak tras suceder a Anwar Sadat, asesinado por un oficial militar en 1981, y no había un personaje tan evidente como Nelson Mandela o Lech Walesa liderando la revolución egipcia.

 

Entre los líderes posibles se encontraba Ayman Nour, quien desafió a Mubarak en la última elección presidencial y más tarde fue acusado de falsificación y encarcelado por tres años.

 

El secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa, un ex ministro de Relaciones Exteriores egipcio, a menudo ha contado con apoyo árabe por sus comentarios directos. Moussa dijo el viernes que dentro de unas semanas dejaría la institución árabe que ha encabezado por alrededor de 10 años.

 

También existen algunas figuras populares entre los Hermanos Musulmanes y otros partidos de oposición. Pero de todas formas aún no está claro si alguno de estos jóvenes líderes anónimos detrás de la bien organizada revuelta querría o podría postular a la presidencia.

 

Otro probable candidato es Mohamed ElBaradei, diplomático veterano, ganador del premio Nobel de la Paz y activista opositor que empezó el año pasado una campaña pro democracia para terminar con el régimen de Mubarak.

 

Consultado el viernes si se postularía a la presidencia, dijo que el asunto no estaba en su mente.

 

Los militares desmantelaron el sábado los puestos de control alrededor de la plaza Tahrir en El Cairo, que se convirtió en el epicentro del movimiento protestas, y algunas barricadas estaban siendo removidas.

 

 

Egipto, de ahora en adelante

 

Primero fue Túnez y ahora lo es Egipto, sin que sea quimérico predecir que tales vientos continuarán poniendo en apuros a sátrapas de por vida y élites codiciosas.

 

La Gaceta

 

La renuncia de Hosni Mubarak a la presidencia de Egipto, que detentaba desde hace treinta años, es indudablemente un valioso servicio prestado a un país muy zarandeado por ese viento de libertad, democracia y justicia que viene soplando entre los árabes desde los últimos meses de 2010.

 

Primero fue Túnez y ahora lo es Egipto, sin que sea quimérico predecir que tales vientos continuarán poniendo en apuros a sátrapas de por vida y élites codiciosas, progresivamente alienados unos y otras de sus poblaciones, en un sistema ciertamente tolerado por Occidente en la medida que servía a sus intereses. Tal sistema está en quiebra por el mismo impulso de esas poblaciones insatisfechas, por los jóvenes en especial, y los riesgos registrados de manera generalizada que residen en sacrificar la democracia a la estabilidad. Fue complicada la renuncia de Mubarak, más que la de Ben Ali en Túnez, y también mas lo será la transición que ahora comienza en Egipto, fuertemente tutelada por las Fuerzas Armadas y en el marco de un Estado que no ha colapsado y conserva muchos resortes de autoridad. Sorteados en días pasados los riesgos tan peligrosos del golpe de Estado, la guerra civil, con los muy lamentables y violentos enfrentamientos entre matones oficiales y manifestantes en la plaza de Tahrir, ahora comienza un proceso muy delicado de diálogo, concertación y articulación entre militares y servidores del antiguo Régimen, con las principales fuerzas políticas y religiosas, que sirva para encaminar al país hacia unas elecciones generales libres y honestas, en que los votantes pueden elegir a conciencia en un país que recobre su antiguo pluralismo.

 

De momento, sin embargo, no puede excluirse la posibilidad de que en Egipto se implante una especie de mubarakismo sin Mubarak, o de que la tutela quizás inevitable de las Fuerzas Armadas, sea mal ejercida o reciba un rechazo frontal por parte de determinados elementos políticos y alborotadores diversos. Pero no faltan en Egipto ni líderes ni partidos, mas o menos silenciados o reprimidos durante estas décadas. Habría llegado su ocasión, la de Mohammed El Baradei, George Ishak, Ayman Nur, Hamden El Sabahi, etc., todos ellos partidarios de la democratización y con apreciable dosis de secularidad en su pensamiento político. En el mismo sentido, pero con más acento religioso y comunitario, se han pronunciado los Hermanos Musulmanes, con creciente intensidad todos ellos en los últimos diez años, decepcionada toda la oposición política por los resultados dudosos de las elecciones de 2005 y 2010.

 

Esperemos que el desenlace de Egipto suponga un valiosísimo ejemplo para otros países, un modelo de actuación para que de una vez se superen sistemas políticos propios de la Guerra Fría, aberrantes ya pero que seguían tan extendidos, como si los árabes estuvieran incapacitados para la democracia y el islam fuera una excusa para la violencia contra Occidente. Por el contrario lo ocurrido en Túnez, en Egipto y después en… demostraría que no hay tal excepcionalidad árabe, que estas poblaciones están sedientas de paz, futuro y oportunidades, que estos países necesitan renovar su presencia en la sociedad internacional. En esa trayectoria figuran como objetivos más los que se identifican con el modelo de Turquía que con el modelo, o antimodelo, de Irán. Para llegar al término es de esperar que al despejarse la plaza de Tahrir se despejen también esos fantasmas y esos agentes de la muerte que tanto mal han causado, en Occidente y entre los mismos árabes y musulmanes, preconizando un resentimiento agresivo que hoy debe ser erradicado por completo, en Oriente y en Occidente, y no digamos en Oriente Medio.

 

 

Egipto inaugura una nueva era tras la caída de Mubarak

 

Anna Cuenca, AFP

 

EL CAIRO.- Miles de egipcios seguían celebrando este sábado por la mañana su victoria sobre el régimen del presidente Hosni Mubarak, que renunció la víspera tras 30 años en el poder, afirmando sentirse renacer en el primer día de una nueva era.

 

A primera hora de la mañana las calles de El Cairo seguían abarrotadas de manifestantes, en su mayoría los jóvenes que iniciaron esta sublevación popular sirviéndose de internet y lograron propagarla al resto de la sociedad egipcia, que protestó contra el régimen incesantemente durante 18 días hasta lograr su caída.

 

"¡Es una fiesta! Hemos vuelto a nacer", afirmaba Osama Tufic Sadalá, un ingeniero agrícola de 40 años. "Íbamos por detrás de los otros países, pero ahora tenemos un valor a ojos de los demás, del mundo árabe", agrega.

 

Con 80 millones de habitantes, Egipto es el mayor país del mundo árabe y una potencia regional, sin embargo un 20% de sus habitantes viven bajo el umbral de la pobreza y sus libertades políticas y religiosas se vieron coartadas durante décadas de régimen autocrático.

 

Mientras la gente seguía confluyendo a la emblemática plaza Tahrir (de la Liberación) de El Cairo, epicentro de la protesta que comenzó el 25 de enero, el ejército comenzó a retirar por la mañana las barricadas y los espesos rollos de alambrada de púas que protegían en lugar.

 

Voluntarios civiles que limpiaban la plaza, como han hecho diariamente desde que se instaló el campamento de carpas improvisadas hace más de dos semanas, ayudaban a los soldados a retirar también los restos calcinados de vehículos que ardieron en el momento más violento de la sublevación, cuando los enfrentamientos entre manifestantes pro y anti Mubarak dejaron 11 muertos.

 

Unas 300 personas perdieron la vida en todo el país desde que comenzó este movimiento prodemocrático, según cifras de la ONU. Tras la dimisión de Mubarak, que junto a su familia partió a la ciudad costera de Sharm el Sheij, a orillas del mar Rojo, el poder queda en manos del consejo supremo de las Fuerzas Armadas, y personificado en el ministro de Defensa, Mohamed Husein Tantaui, convertido en número uno del nuevo régimen militar.

 

Pese a que el ejército aseguró el viernes que no tiene intención de suplir "la legitimidad querida por el pueblo" y que será garante de las reformas y de "elecciones libres y transparentes", el encontrarse bajo un régimen militar causaba inquietud a algunos.

 

En la plaza Tahrir "hay varios campos, algunos dicen que hay que quedarse y otros dicen que hemos obtenido lo que queríamos y que debemos regresar a nuestras casas", explicó Esam Shaban, un médico de 34 años, residente en los Emiratos Árabes Unidos, que regresó a Egipto para participar en las manifestaciones.

 

"Estamos esperando un nuevo comunicado del ejército" en el que explique su programa de transición democrática, dijo por su parte Mohamed Rida, un activista de 26 años. "No queremos ser gobernados por el ejército. Queremos una coalición gubernamental con personalidades experimentadas", agregó. Por su parte, la prensa gubernamental egipcia, que siempre había apoyado sin titubeos al ahora ex presidente Mubarak, de 82 años, celebró el sábado la "Revolución de los jóvenes".

 

"El pueblo hizo caer al régimen", "los jóvenes de Egipto obligaron a Mubarak a irse", titulaba en portada Al Ahram, diario de referencia de la prensa gubernamental. "La revolución de Facebook derrocó a Mubarak y a los símbolos del régimen", escribía el diario, considerando que la red social de internet jugó un papel de "sede del consejo del mando de la revolución".

 

El diario afirmaba también que "algunos intentan cosechar los frutos de la revolución antes de que estén maduros", en alusión al premio nobel de la Paz Mohamed ElBaradei y al secretario general de la Liga Arabe Amr Musa, figuras clave de la oposición egipcia que emergen como posibles candidatos a las elecciones presidenciales de septiembre.

 

"El futuro presidente debe ser transparente, tenemos derecho a conocer su fortuna antes de que asuma sus funciones", consideró otro diario gubernamental, Al Gumhuriya. Los rumores afirman que Hosni Mubarak y su familia amasaron una fortuna colosal.

 

La caída del presidente egipcio Hosni Mubarak fue saludada por los principales líderes mundiales y festejada en las calles de otros países árabes. El presidente estadounidense, Barack Obama, afirmó que "el pueblo habló y Egipto ya no será más el mismo" y urgió al ejército a garantizar la transición hacia una "genuina democracia".

 

 

Acertar con los pasos siguientes en Egipto

 

Las multitudes que han conseguido la dimisión de Mubarak prueban que Huntington se equivocó sobre el choque de civilizaciones. Los árabes y los musulmanes luchan con valentía en defensa de la dignidad humana

 

TIMOTHY GARTON ASH, El País

 

Nadie predijo aquello, pero todo el mundo podía explicarlo después". Se dijo de otra revolución, pero vale para esta.

 

"Para ser sinceros, pensábamos que íbamos a durar unos cinco minutos", recuerda uno de los organizadores de la manifestación original del 25 de enero con la que comenzó esta revolución egipcia. "Pensamos que nos detendrían enseguida". Si hubiera sido así, si las fuerzas de seguridad de Mubarak hubieran vuelto a matar al feto en el vientre, Internet estaría ahora lleno de artículos de expertos que tratarían de explicar por qué "Egipto no es Túnez". Por el contrario, la Red está llena de explicaciones improvisadas pero de una certeza aplastante sobre lo que nadie había previsto. Son las falsas ilusiones del determinismo retrospectivo.

 

Por consiguiente, antes de seguir, hagamos dos profundas reverencias. La primera, y más profunda, a los que iniciaron esto, corriendo un gran peligro personal, sin ningún apoyo de un Occidente teóricamente defensor de las libertades y contra un régimen que recurre de forma habitual a la tortura. A ellos van toda mi admiración y todo mi respeto. Y en segundo lugar, hay que inclinarse ante la diosa Fortuna, lo imprevisto, que, como observó Maquiavelo, explica la mitad de todo lo que ocurre en la vida de los seres humanos. Ninguna revolución ha conseguido avanzar jamás si no cuenta con unos individuos valientes y buena suerte.

 

Una correosa víctima de esta revolución, de cuya muerte deberíamos alegrarnos, es la falacia del determinismo cultural, y en concreto la noción de que los árabes y los musulmanes no están preparados para las libertades, la dignidad y los derechos humanos. Su "cultura", nos aseguraban Samuel Huntington y otros, les programaba para otra cosa. Que se lo digan a la gente que baila en la plaza de Tahrir. Eso no quiere decir que los modelos religioso-políticos del islam, tanto radical como conservador, y los legados específicos de la historia árabe moderna, no vayan a hacer que la transición a una democracia liberal consolidada sea más difícil de lo que fue, por ejemplo, en la República Checa. Claro que sí. Todavía es posible que, al final, las cosas salgan terriblemente mal. Pero la idea tan condescendiente de que "eso nunca podría ocurrir allí" ha quedado refutada en las calles de Túnez y El Cairo.

 

Y, ya que hablamos de determinismos, deshagámonos de otro. En las etiquetas como "La revolución de Facebook", "La revolución de Twitter" y "La revolución de Al Yazira", volvemos a encontrarnos con el espectro del determinismo tecnológico. Después de hablar con algunos amigos en El Cairo, no me cabe la menor duda de que todos estos medios han desempeñado un papel muy importante en la organización y la multiplicación de las protestas populares que comenzaron el 25 de enero. Mientras escribo este artículo, he ido observando el crecimiento de la página de Facebook creada por los egipcios para "autorizar" a Wael Ghonim -el directivo de Google liberado hace unos días de la cárcel y recién designado héroe de la revolución- a hablar en su nombre. La primera vez que la visité, a las 8.51 de la mañana del miércoles, tenía 213.376 seguidores; dos días después, tenía 285.570. Antes, Ghonim había organizado, con seudónimo, otra página en Facebook que contribuyó a las protestas y cuenta ya con más de 600.000 seguidores.

 

Como sucedió en Túnez, lo que crea el efecto catalítico es la combinación de las redes sociales de Internet y telefonía móvil con el viejo superpoder de la televisión. La cadena de televisión Al Yazira ha ofrecido un relato fascinante de una lucha de liberación con material sacado de blogs e imágenes borrosas tomadas con teléfonos móviles. Ghonim se convirtió en un héroe popular porque poco después de salir de prisión apareció en un programa de la televisión egipcia que le permitió llegar por primera vez a un público de masas. Es decir, las tecnologías de la comunicación, viejas y nuevas, son muy importantes; pero ni impiden que los movimientos populares de protesta acaben aplastados, como se vio en Bielorrusia e Irán, ni deciden el resultado; y el medio no es el mensaje.

 

Luego están las analogías históricas. He perdido ya la cuenta de cuántos artículos he visto (incluido uno mío, me apresuro a añadir) que se preguntan si este es, o no, el 1989 árabe. "La caída del muro de Berlín del mundo árabe", grita un titular. "Esto no es 1989", clama otro. A la hora de la verdad, la comparación quizá no nos explique gran cosa de lo que ocurre en Egipto, Túnez y Jordania, pero desde luego nos dice algo sobre 1989. Es indudable que 1989 ha pasado a ser el modelo por antonomasia de cualquier revolución de principios del siglo XXI. Lejos están ya 1789, 1917, y 1848.

 

Por el contrario, otra analogía que sí se utiliza casi tanto como la de 1989 es el Irán de 1979, que incluye la posibilidad de que los islamistas radicales y violentos salgan vencedores. En The New York Times, Roger Cohen, que ha escrito crónicas espléndidas desde Túnez y Egipto, sigue la primera ley del periodismo ("primero simplificar, luego exagerar") cuando dice que "la cuestión fundamental" en Egipto es: "¿estamos presenciando el Teherán de 1979 o el Berlín de 1989?". Una posible respuesta es: lo que estamos presenciando en El Cairo en 2011 es El Cairo de 2011. No lo digo en el sentido obvio de que cada acontecimiento es único, sino en otro sentido más profundo. Porque lo que caracteriza a una verdadera revolución es la aparición de algo auténticamente nuevo, por un lado, y, por otro, el regreso de un principio humano universal que había estado reprimido.

 

Es nuevo, en El Cairo en 2011, que los árabes y los musulmanes se manifiesten en masa, con valentía y (en general) disciplina pacífica, en defensa de la dignidad humana y contra los gobernantes corruptos y represores. Son nuevos en 2011 el grado de descentralización y las redes organizativas que están detrás de las manifestaciones, de forma que hasta a los observadores más enterados les cuesta responder a la pregunta: "¿quién organiza esto?". Es nueva en 2011 la extraordinaria presión demográfica, porque la mitad de la población en casi todos estos países es menor de 25 años.

 

Lo viejo, en este Cairo de 2011 -tan viejo como las pirámides, tan viejo como la civilización humana-, es el grito de los hombres y mujeres oprimidos, que vencen la barrera del miedo y viven, aunque sea de forma pasajera, la sensación de libertad y dignidad. Mi corazón daba saltos de alegría cuando vi las imágenes de las inmensas muchedumbres que se concentraban pacíficamente en el centro de la ciudad celebrando la caída del rais. Sin embargo, cuando acabemos de tararear el coro de los prisioneros compuesto por Beethoven para Fidelio, no olvidemos que estos momentos son siempre efímeros. Queda por delante la dura tarea de consolidar la libertad.

 

Aquí es donde adquieren importancia las comparaciones históricas, que no pueden sustituir al análisis informado y de primera mano de la situación concreta, pero sí ofrecen una amplia variedad de experiencias que muestran de cuántas formas puede salir mal una revolución y la delicada combinación de factores que hace falta para que salga bien.

 

Ni en la oposición ni en el sector oficial he visto todavía un ingrediente vital para que salga bien: unos interlocutores organizados y creíbles para negociar la transición. Es cierto que en la plaza de Tahrir ha surgido un embrión de organización. Con Ghonim, los manifestantes tienen a un personaje que es un símbolo y podría llegar a ser un líder. Pero da la impresión de que todavía falta mucho para una alianza de las fuerzas opositoras capaz de canalizar la presión popular hacia la mesa de negociación. En el bando oficial, habría que dejar paso a un gobierno provisional encabezado por alguien que sea aceptable para todos (o al menos casi todos) los bandos, alguien como el viejo y astuto Amr Moussa, secretario general de la Liga Árabe. Solo cuando coincidan esos dos elementos podremos empezar a confiar en que la revolución egipcia está en el buen camino.

 

 

Timothy Garton Ash es catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford, investigador titular en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

 

 

 

Revueltas en el norte de África: ¿estamos en 1989 otra vez?

 

EFE

 

Los expertos indican que los eventos en Egipto y Túnez podrían ser el inicio de una caída de regímenes autocráticos en Medio Oriente tal y como sucedió con la desintegración del bloque soviético.

 

El mundo árabe está abrumado por los dramáticos acontecimientos en Egipto y Túnez. ¿Son estos países casos aislados o podríamos estar ante el inicio de una caída de regímenes autocráticos en Medio Oriente y el norte de África tal y como sucedió en Europa del Este en 1989?

 

El editor de Asuntos Internacionales de la BBC en el Cairo, John Simpson, compara ambos sucesos y asegura que "en la forma" la salida Hosni Mubarak y el colapso del bloque soviético son igual de significativos.

 

"(La caída de la URSS) demostró que un sistema que parecía fijo y estable y que soportaría durante décadas resultó, de hecho, quebradizo y frágil. La dictadura militar en Egipto resultó ser igualmente débil", aseguró Simpson.

 

Las condiciones de la población en ambas revueltas son otro punto en común con lo sucedido en Europa al final de la década de los ochenta.

 

En los próximos días las revueltas podrían repetirse en países vecinos.

 

"(La región) tiene esos mismos sentimientos de enojo y resentimiento", aseguró a BBC Mundo el profesor Roger Owen del Centro de Estudios de Medio Oriente de Harvard.

 

Aunque la importancia de ambos eventos los vuelve paralelos, no son equiparables. Podrían ser más los puntos que las diferencian.

 

"En el primer caso se tenía una visión clara del deseado 'fin del juego', llámese la transición a una forma de gobierno liberal-democrática. Creo que la situación en Medio Oriente es mucho más complicada. Se ha notado que las revoluciones en Túnez y Egipto fueron notablemente no ideológicas, enfocadas mayoritariamente en un cambio de status quo visto como insoportable e insostenible", aseguró a BBC Mundo, Tod Mostak, también catedrático de Harvard experto Medio Oriente.

 

Mismas causas, ¿mismos resultados?

 

Algunos especialistas aseguran que se ha iniciado un efecto dominó en la región comparable al de 1989 tras la caída del muro de Berlín.

 

Al igual que en ese momento sucedía en Europa del Este, los países de la región comparten ciertas circunstancias como adversas condiciones sociales, regímenes autocráticos y un fuerte historial de desempleo.

 

Países vecinos como Argelia y Libia podrían estar viendo a Túnez y Egipto como modelo. Ya en este momento, a través de las redes sociales, en especial Facebook, han logrado organizar actos de protesta similares.

 

"Lo que pasó en Egipto y Túnez constituye un poderoso 'efecto manifestante' del poder de las personas para enfrentar regímenes que se ven cada vez más débiles y desfasados", aseguró Mostak.

 

Este fin de semana, los ojos del mundo estarán puestos en Argelia, el siguiente en la lista de manifestaciones. El lunes, se espera la salida a las calles de los iraníes.

 

"Podría ocurrir en cualquier lugar", dice por su parte Simpson. "Los líderes de las dictaduras en Medio Oriente y más allá no deben dormir tranquilos después de esto".

 

Imposible de predecir

 

Y aunque los analistas coinciden en que en los próximos días las revueltas se "contagiarán" en otros países vecinos, el cambio de fondo depende de otros elementos.

 

Tras lo sucedido en Túnez, algunos especialistas aseguran que habría iniciado un efecto dominó en la región.

 

El especialista Stephen M. Walt, escribió en la revista Foreign Policy que la historia de la revoluciones mundiales indican que el efecto dominó es de hecho muy raro, citando movimientos como las revoluciones francesa, bolchevique e iraní, que no se propagaron.

 

El experto en Medio Oriente del Carnegie Middle East Center en Beirut, Amr Hamzawy, así lo explica a la BBC:

 

"Esto va a ser muy inspirador para las personas que viven en condiciones similares. Realmente es una indicación de lo débiles que son en realidad los regímenes autoritarios (...) Objetivamente estamos viendo los mismos ingredientes en Marruecos, Argelia y Jordania. Si va a pasar, es otra cuestión".

 

Para tener una visión más acertada, dicen los especialistas, habría que analizar las condiciones individuales de cada país. En Egipto, la actuación de los militares ¿siempre de parte del pueblo? fue decisiva en la renuncia de Mubarak, mientras que en Jordania, el gobierno del rey Adullah no se encuentra bajo la misma presión, por el contrario en países como Siria y Libia el régimen actúa con verdadera mano de hierro.

 

"Creo que hay más preguntas abiertas rodeando este nuevo 'momento revolucionario' que se ha apoderado de Medio Oriente y el norte de África que lo que había en su momento en las revoluciones de 1989", concluye Mostak.