Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

Intento por normalizar las relaciones diplomáticas

EE.UU. atribuye al “embudo” del sistema político cubano

la lentitud de las negociaciones

 

Erika Lüters Gamboa, El Mercurio, Chile

 

Solo un reducido número de personas toma las decisiones en La Habana, dijo la subsecretaria de Estado Roberta Jacobson.

 

En el régimen cubano hay un verdadero “embudo” que solo permite a ciertas personas tomar decisiones y eso hace que La Habana avance lentamente en el proceso para normalizar las relaciones con Estados Unidos, admitió ayer Roberta Jacobson, subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental.

 

“Deben decidir cuántas reformas y cuántas decisiones están dispuestos a tomar porque las cosas deben avanzar. Podemos ayudar, estamos ofreciendo ayuda, pero eso debe ser, al final, la decisión del gobierno cubano”, dijo Jacobson.

 

A la cabeza de este “embudo” al que alude Jacobson está Raúl Castro, acompañado por cuatro veteranos militares y un octogenario civil, quienes son los que realmente manejan el poder en la isla. Es esta cúpula la que decide cómo y cuándo avanzar en las conversaciones con Estados Unidos para normalizar las relaciones diplomáticas, interrumpidas hace más de 50 años.

 

Poder real

 

En 2013 se nombró a Miguel Díaz-Canel (55) como Primer Vicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros, lo que significa ser el segundo después de Raúl Castro. Sin embargo, en la práctica, antes de él hay dos personajes que son considerados los verdaderos número dos del actual gobernante: Ramiro Valdés, Comandante de la Revolución, grado que ni siquiera tiene Raúl Castro, y José Ramón Machado Ventura, quien no tiene grado militar, pero maneja con amplias prerrogativas al Partido Comunista Cubano.

 

Valdés tiene bajo su control las actividades industriales y las inversiones, así como las construcciones, telecomunicaciones e informática. Machado Ventura controla el funcionamiento del aparato del partido y de todas las “organizaciones de masas”: Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), Comités de Defensa de la Revolución (CDR), Federación de Mujeres Cubanas (FMC), Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y todas las que existan. Es quien propone a Raúl Castro las “promociones” y “truenes” (expulsiones) de los funcionarios, o las aprueba él mismo sin consultar con nadie si no son “cuadros” en posiciones estratégicas.

 

“Díaz-Canel tiene más poder formal que real: actúa sobre educación, cultura y deportes, pero no tiene mucho peso en decisiones partidistas, económicas, de relaciones exteriores o de seguridad y defensa”, dice a “El Mercurio” el analista cubano Eugenio Yáñez.

Además, “no tiene rango militar, conexiones a la familia de los Castro, ni experiencia necesaria. Es muy poco probable que los militares de alto rango estén dispuestos a obedecerle y a encomendarle el futuro de la revolución”, agrega.

 

En este momento, ningún miembro civil de la nueva generación tiene ascendiente sobre los generales, lo que refuerza el poder del actual ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Leopoldo “Polo” Cintras Frías, quien tiene bajo su mando al ejército, marina, aviación y tropas especiales.

 

Rol de las FF.AA.

 

En esta etapa, pero sobre todo en la que vendrá a futuro si se levanta el embargo comercial, el rol de los militares es fundamental. Las Fuerzas Armadas están consideradas como la entidad oficial cubana más estable y mejor administrada de la isla.

 

“Ninguna otra institución podrá realizar a través de políticas lo que un comando militar unificado y disciplinado no apoye. Por tanto, el ejército cubano es el gorila de 300 kilos en La Habana, una institución con la que Washington tendrá que trabajar mucho más allá de la era post Castro”, escribió el analista y ex funcionario del servicio exterior estadounidense James Bruno, en Politico Magazine.

 

Otro personaje que cumple un papel fundamental en las altas esferas es Luis Rodríguez López-Callejas, considerado en los corrillos de La Habana uno de los hombres más poderosos y ambiciosos en toda Cuba.

 

Es un “personaje arrogante, insensible, calculador, abusivo. Amante de los números siempre que sumen a su favor, certero en aritmética”, dijo sobre él Juan Juan Almeida (hijo del fallecido Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque) en Martí Noticias en febrero de 2014.

 

La familia Rodríguez es, además, miembro de la familia Castro. Está casado con Débora, la hija mayor de Raúl, y es padre del nieto favorito de Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, quien es el guardaespaldas y asistente más cercano al gobernante.

 

Otro miembro de la familia, el hijo mayor de Raúl, Alejandro Castro Espín (50), cuenta en estos momentos con una buena cuota de poder, aunque lo tendría solo mientras su padre gobierne Cuba. “Su poder es ‘vicarial’, es decir, a nombre de Raúl Castro. Es un mito que será el sucesor designado: los demás lo soportan por ser hijo de papá, pero cuando papá no esté, se acabó Alejandro”, dice Yáñez.

 

A futuro, “no hay heredero obvio. Habrá gran resistencia a Alejandro. Es muy difícil que en Cuba los lazos carnales se conviertan en una fuente de autoridad, como sucedió en Norcorea”, señala el analista Carlos Alberto Montaner.