Cubanálisis El Think-Tank 

 

 

                General Rafael del Pino, Estados Unidos

Un modesto aporte

 

Hace exactamente cuatro años escribí dos artículos publicados en El Nuevo Herald: “La hora de las negociaciones” (ver el anexo 1) y “Carta abierta a Raúl Castro” (ver anexo 2). En esos dos trabajos sugerí muchas de las medidas que aparecen en las reformas emprendidas por Raúl Castro y también en las medidas de respuesta tomadas por la administración de Obama, aunque en aquel momento estaba en la Casa Blanca George W. Bush. No creo que lo hayan hecho por mis sugerencias, sino simplemente porque era la dirección que el sentido común indicaba, y hoy, aunque hayan pasado cuatro años, los que deseamos lo mejor para nuestro pueblo aplaudimos la ruptura del inmovilismo.

 

Todavía quedan interrogantes en este proceso, aunque es alentador observar que las reformas continúan moviéndose. Raúl Castro acaba de reconocer, ante los periodistas que acompañaban a Lula en su última visita a Cuba, que muchas de las leyes que en su momento cumplieron un propósito se habían vuelto obsoletas, entorpeciendo las reformas en curso, y que había dado las instrucciones a su ministra de Justicia María Esther Reus, para cambiarlas. Si esta afirmación del general es genuina ¿por qué no poner un modesto grano de arena para alentar a la ministra de Justicia a cumplir la misión que le indicara su Presidente? ¿Por qué no alentar las reformas, si es en bien del pueblo cubano?

  

Algunos amigos me han preguntado por qué pierdo el tiempo en sugerir ideas que sirvan para mejorar la situación económica de los cubanos cuando pueden ayudar también al gobierno de la Habana a mejorar su imagen. Pues, sencillamente, porque no se trata del gobierno, se trata del pueblo de Cuba, que sufre una crisis como nunca ha tenido, y si los éxitos de esas reformas conducen a mejorar sus condiciones de vida pues hay que apoyarlas. En esto coincido plenamente con Engels “el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política”. Desear que nada cambie apostando a la explosión social, además de criminal, es inhumano. Uno puede tener todos los desacuerdos y desavenencias que quiera con los dirigentes del país, con sus métodos y estilos de trabajo, con sus políticas económicas, que han ocasionado este desastre, pero todo lo que se haga en bien del pueblo es loable. Cuando ese pueblo pueda cubrir esas necesidades que mencionó Engels le corresponde a ellos en la Isla hacer política y decidir quienes y bajo que sistema social desean vivir.

 

Para la mayoría de nosotros, que ya tenemos un techo, que comemos y nos vestimos, la forma de hacer política es la de escribir, sugerir y aportar ideas útiles que contribuyan a un cambio ordenado y pacifico hacia una sociedad más avanzada, en bien de nuestros compatriotas.

 

No nos llevemos a engaños. La actual dirigencia del país sabe perfectamente en qué está metida, y sabe que se les acaba el tiempo para corregir el rumbo.

 

Basta con ser buen observador. Actualmente la tierra que se está dando en usufructo a campesinos es por un periodo de diez años. ¿Por qué creen ustedes que el Presidente de la ANAP está presionando y pidiendo que se haga permanente? Porque Lugo Fonte y su equipo de trabajo saben muy bien que el desastre de la agricultura, que ha ocasionado a Cuba importar el 80% de los alimentos, es consecuencia de las relaciones de producción que hasta hoy prevalecen en la isla, siendo más arcaicas que las medievales. Los siervos de la gleba, hace 700 u 800 años, tenían más derechos que los campesinos cubanos actuales. Su derecho a la tierra era permanente, el señor no los podía echar, y podían construir la casa de su propiedad. Además, se les pagaba habitualmente dándoles posesión de tierras de cuyos frutos vivía.

 

El reconocimiento de Raúl Castro de que muchas de las leyes que en su momento cumplieron su propósito se habían vuelto obsoletas, entorpeciendo las reformas, lo veo altamente positivo. Así como las instrucciones que dio a su ministra de Justicia para cambiarlas. Por lo tanto, creo que debemos poner ese granito de arena en ayuda a la titular de Justicia a que pueda no solo contribuir a impulsar las reformas, sino que sean también un factor decisivo para una reconciliación nacional. Pudiendo abarcar sugerencias, desde las incongruencias que actualmente ahogan los derechos civiles y políticos de los cubanos, hasta los impedimentos burocráticos que de una forma u otra obstaculizan el avance de las reformas.

 

Leyes que actualmente irritan, molestan, limitan la creatividad y capacidad de muchos cubanos para dar lo mejor de sí. A veces en política, como sucede en el dominó, “el que está afuera ve mejor jugada que el que está dentro”

 

Otra condición que nos permite hacer mejores sugerencias sobre las formas y métodos de dialogar con el vecino del norte es la de estar viviendo en una sociedad capitalista que nos posibilita conocer las virtudes y defectos de su sistema político, de conocer las debilidades de una sociedad donde cada día la plutocracia gana más terreno en la elección de los servidores públicos, de acuerdo a sus cuentas bancarias y no a su capacidad y devoción por representar a la comunidad que los elige. Si a nosotros desde fuera de Cuba nos es difícil a veces entender a cabalidad la dinámica de lo que sucede en la Isla, a nuestros hermanos insulares les es mucho más difícil entender la dinámica del complejo sistema que tienen a 90 millas de sus costas.

 

Quiero tocar un punto que puede servir al grupo de trabajo de la ministra de Justicia para resolver incongruencias que crean irritación entre los cubanos que la sufren y que afectan a la imagen de Cuba en el mundo entero. Me voy a referir a la ley que actualmente restringe el derecho de cualquier ciudadano de entrar y salir libremente del territorio nacional.

 

Los orígenes de esta ley se fundamentaron en evitar la fuga de cerebros, pero en especial para evitar que ciudadanos cubanos a los cuales se les proporcionaba gratuitamente por el Estado una carrera universitaria costosísima, se graduaran y después abandonaran el país para asentarse en otras naciones donde les fueran mejor remunerados sus conocimientos.

 

A pesar de su lógica, el procedimiento más simplista, más fácil de utilizar, fue el del candado en la reja, en lugar de estudiar y aplicar métodos que surtieran efectos similares.

En muchos países capitalistas, por ejemplo, las carreras universitarias se financian parcialmente a bajos intereses en algunos casos, y en otros, a estudiantes brillantes o con garantías colaterales aprobadas por los bancos; el financiamiento puede ser completo.

 

Esos profesionales están en la obligación de amortizar la deuda contraída. De no hacerlo, sufrirían las consecuencias de diferentes mecanismos financieros que les afectaría el record crediticio, con todas las complicaciones que trae aparejado. La persona puede entrar y salir de su país cada vez que quiera sin ninguna limitación, como establece la declaración universal de derechos humanos, pero sabe que si delinque en su deuda ésta le perseguirá como un fantasma donde quiera que resida.

 

El problema de Cuba en este aspecto radica en que la organización actual de su sistema económico choca con la ausencia de mecanismos que le permitan sustituir la imposición de la reja y el candado por otros mecanismos coercitivos que ofrezcan similares resultados. La tarea no es nada fácil, pero tampoco imposible. Lograr vencer este obstáculo tan engorroso es de suma importancia no solo para poder mejorar la imagen de Cuba ante el mundo entero, sino para abolir algo que viola tan groseramente los derechos de cualquier ser humano.

 

Otro procedimiento que también irrita grandemente y que, sin lugar a dudas, contribuye negativamente a la imagen de Estado explotador, es la alienación del fruto del trabajo en el extranjero que realizan cubanos de diferentes especialidades en que el Estado cobra las divisas y le retribuye al trabajador una parte ínfima del resultado de su trabajo. Práctica incluso denunciada por Carlos Marx hace mas de cien años.

 

Otro ejemplo de imposiciones absurdas que indudablemente repercutirá en la inversión extranjera es la del monopolio del Estado en materia de empleo y salarios de los trabajadores cubanos en empresas extranjeras. Sin la eliminación de este monopolio el gobierno cubano tendrá ante sí un obstáculo muy difícil de vencer, que será esgrimido por los que se oponen al levantamiento del embargo cada vez que la administración de turno en la Casa Blanca de señales de flexibilización.

 

En próximos escritos podremos continuar citando aspectos de interés que puedan servir al grupo de trabajo de la Ministra de Justicia en el cumplimiento de la misión asignada. Les deseo buena suerte. 

 

 

ANEXO 1: La hora de la negociación

 

Rafael del Pino

 

La vida nos ha demostrado que los extremos nunca han sido buenos y en política funestos. Por eso no sé que es peor si el inmovilismo de la actual administración con respecto a Cuba o una concesión de una posible nueva administración sin negociar nada a cambio. Ambas cosas van en contra de los cubanos. Creo que ya es hora de ir a la mesa de negociaciones.

 

Raúl Castro ha dado ya el primer paso en varias ocasiones al llamar directa y públicamente al gobierno norteamericano para sentarse a conversar. La respuesta de Washington a través de la señora Condoleza Rice fue rápida. “Nosotros no tenemos nada que discutir con los cubanos. El gobierno cubano debe sentarse primero con su pueblo”.

 

Muy bonita la respuesta si no existiera el precedente que si lo hicieron con los vietnamitas que mataron a 58,226 norteamericanos e hirieron o mutilaron a otros 153,303. Cuyo Presidente acaba de visitar Estados Unidos siendo su primera visita el New York Stock Exchange abriendo las operaciones bursátiles del día. O con los chinos que en la Guerra de Corea mataron a 33,741 soldados y después pasaron con los tanques sobre los jóvenes de la Plaza Tienanmen sin haberse sentado ambos primero a “hablar con sus propios pueblos”. Cuba por lo menos jamás ha matado un solo soldado norteamericano. No solo eso, en Cuba jamás se ha quemado una sola bandera norteamericana, practica muy común en todos los países del mundo y en el propio Estados Unidos. Y si vamos un poco mas cerca, los norteamericanos en la actualidad se han sentado a negociar con los insurgentes sunníes que todos los días se apuntan más muertes de jóvenes soldados en Irak.

 

Cuando vemos este doble rasero por parte de las administraciones norteamericanas los cubanos con la suspicacia que los caracteriza se hacen distintas conjeturas. He escuchado a algunos decir que los gringos desean que Cuba quede como “museo de la miseria” para que a nadie mas se le ocurra implantar un sistema así, otros aseguran que si se resuelve la situación de Cuba se les acaba el pan a los políticos que bogan por los votos nuestros en el sur de la Florida. Esta ultima tiene bastante lógica. Los chinos y los vietnamitas están muy lejos para influir en las elecciones norteamericanas mientras que los cubanos han decidido una reñida elección presidencial en el 2000 y otra en el 2004.

 

Yo no se si los que vivían en el exterior recuerdan cuando la administración de Ronald Reagan dio el paso de comenzar conversaciones con Cuba celebrándose el primer encuentro en la ciudad de México el 23 de Noviembre de 1981 entre el vice-presidente cubano Carlos Rafael Rodríguez y el Secretario de Estado Alexander Haig. Y posteriormente la de Marzo de 1982 en La Habana entre el General Vernon Walter y Fidel Castro. Yo las recuerdo bien porque estaba en Cuba y también recuerdo que las exigencias de Estados Unidos tenían fundamento pues estábamos en medio de la guerra fría y en el ajedrez de esa guerra Cuba conducía acciones que afectaban los intereses estratégicos de Estados Unidos. Recuerdo perfectamente que las exigencias norteamericanas eran fundamentalmente tres. Que Cuba parara el suministro de ayuda a los guerrilleros salvadoreños del frente Farabundo Martí, que Cuba retirara sus tropas de Angola y que Cuba permitiera la repatriación de los marielitos indeseables que estaban en prisiones norteamericanas. Había otra vieja exigencia que no se tocó en esas reuniones que contemplaba que Cuba rompiera los lazos con la Unión Soviética en aras de que Estados Unidos le levantara todas las sanciones.

 

Ha pasado un cuarto de siglo desde aquellos famosos encuentros. Todas esas exigencias por una razón u otra se cumplieron ya sea por el derrumbe de la URSS o los acuerdos de paz del Salvador o los acuerdos de paz en Angola.

 

Sin embargo surgieron estas nuevas exigencias de las que habló la Secretara de Estado norteamericana de que el gobierno cubano hablara “primero con su pueblo” o que permitieran primero el multipartidismo y elecciones libres antes de sentarse a conversar con Cuba.

 

Estas ya no son las exigencias de la administración Reagan que sí afectaban intereses estratégicos de Estados Unidos. Estas son absolutamente exigencias de problemas internos de los cubanos que deben ser resuelto por los cubanos A mi no me pasaría por la mente si tuviera en mis manos la política exterior de Cuba exigirle a Estados Unidos que antes de sentarnos a negociar nuestras diferencias deben cambiar la constitución prohibiendo las armas de fuego para evitar masacres como la de Virginia donde murieron 32 jóvenes inocentes o que se sienten primero con los norteamericanos a resolver la cobertura medica de 40 millones de estadounidense que no la tienen. Ese es un problema interno de Estados Unidos que debe ser resuelto por los norteamericanos y nosotros no tenemos ningún derecho a exigirle esas condiciones.

 

De igual forma el tema del multipartidismo y la celebración de elecciones libres en Cuba es un asunto a resolver exclusivamente por los cubanos donde los norteamericanos no tienen tampoco ningún derecho a inmiscuirse.

 

Pero por algún lugar se debe comenzar y creemos que el mejor escenario puede estar en la mesa de negociaciones entre el gobierno de Estados Unidos y el gobierno de Cuba. No para discutir los asuntos que corresponden solo a los cubanos sino para acabar de una vez con el casi medio siglo de diferendo.

 

Utilizando una hipotética reunión como las que propició Reagan en 1982 vamos ver por partes alguna de las cuestiones que pueden discutirse y las ventajas que pueden lograr todas las partes involucradas y terceros en ambas orillas del estrecho de la Florida

 

Desde hace años una facción del poder compuesta fundamentalmente por los militares involucrados en la economía y los negocios han propuesto liberalizar toda la economía minorista y de servicio.

 

Si esto se produce, la parte norteamericana como primer paso puede proponer levantar las restricciones del embargo a los nuevos empresarios privados que surjan en Cuba como resultado de la liberalización económica decretada por el gobierno cubano. Este levantamiento de sanciones implica que a partir de ese momento las pequeñas empresas liberadas pueden obtener en Estados Unidos todo lo necesario para su funcionamiento y desarrollo. Al mismo tiempo los empresarios cubanos que han sido exitosos en el sur de la Florida pueden duplicar esas empresas en la isla. ¿No resultaría mucho más sensato que cualquiera de esos empresarios en lugar de pagar 10,000 dólares a los contrabandistas de las cigarretas para que traigan a sus familiares hacia Estados Unidos les envíen ese dinero para abrir un negocio similar en Cuba? Por supuesto que al producirse esto desaparecerían una serie de trabas colaterales como las cartas de invitación, la famosa tarjeta blanca, las visas a los ciudadanos cubanos para entrar y salir del país, las limitaciones del tiempo de permanencia de los cubanos que viajan al exterior como los que viajen a Cuba. En fin esas arbitrariedades ya no tendrían sentido.

 

Es lógico que después de medio siglo de hostilidad habrá recelos y dudas por ambas partes. Este es un proceso lento que requerirá un monitoreo constante y reuniones periódicas para evaluar el desarrollo del mismo, pero si China y Vietnam lo lograron porque no lo podemos lograr los cubanos.

 

La segunda etapa serian ya las inversiones de grandes empresas norteamericanas en la isla. Fundamentalmente las de turismo. Ya aquí, Estados Unidos debe convencer a la parte cubana que solo sería posible efectuando cambios a la Ley 77 de Inversiones Extranjeras. No con el ánimo de inmiscuirse en los asuntos internos de Cuba sino por el principio moral de que Estados Unidos no puede aceptar la mano de obra esclava que de acuerdo a esa Ley Cuba ofrece a través de sus agencias empleadoras. El argumento norteamericano seria irrebatible. Estados Unidos tuvo que sufrir la guerra civil más sangrienta de su historia para abolir la esclavitud y no puede hacerse cómplice de esa practica en Cuba. Solo con la libre contratación de sus empleados pueden volver a la isla las grandes empresas norteamericanas.

 

Esta posición de Estados Unidos pondría la pelota en el campo de Cuba que solo le quedarían dos opciones aceptarlo y continuar negociando en aras de mejorar la vida de los cubanos o rechazarlo y quedar en evidencia ante su propio pueblo de quien es el que le cierra las puertas. De aquí se desprende que estas negociaciones tienen que tener una transparencia absoluta para que los millones de cubanos que las siguen sepan las posiciones de cada cual.

 

De resolverse este aspecto satisfactoriamente el próximo paso a seguir seria la negociación de las visitas de turistas norteamericanos a Cuba. Con este tema Estados Unidos puede inteligentemente lograr la liberación de todos los disidentes y presos políticos sin necesidad tampoco de inmiscuirse en los problemas internos de los cubanos. El argumento norteamericano sería sólido, “Si ustedes encarcelan a cualquiera por emitir libremente sus opiniones o disentir, nuestros ciudadanos correrían un gran riesgo en Cuba pues de seguro habrá quien critique el estado de la sociedad actual”. Por lo tanto antes de abrirse libremente el turismo necesitamos garantías y que mejor gesto que liberar a los prisioneros de conciencia.

 

Hasta aquí veo el papel positivo que Estados Unidos puede jugar para ayudar a una transición en Cuba. Si estos aspectos fundamentales en el diferendo entre ambos gobiernos se resuelven satisfactoriamente todos ganamos.

 

Empezando por Estados Unidos que se quitaría de arriba el siempre latente fantasma de un éxodo masivo. Ganaría la familia cubana de ambos lados del estrecho de la Florida al restablecerse las visitas a la isla y el envío de ayuda económica. Y ya no habría ninguna necesidad de la ley de ajuste cubano.

 

Resolviéndose la primera cuestión del levantamiento del embargo a los empresarios privados cubanos que surjan como resultado de esta negociación, automáticamente se resuelve la ayuda a los cubanos de la oposición sin tener que depender del gobierno norteamericano. El nuevo sector emergente se encargaría de ello incorporándose por supuesto el ya establecido y exitoso sector empresarial cubano-americano del sur de la Florida.

 

La última cuestión económica a resolver seria como poner a funcionar el resto de las empresas del país lo mas justo y democráticamente posible. Creo que en esta fase del camino hacia una economía de mercado la solución más lógica es crear una bolsa de valores en el país, convertir las empresas en corporaciones públicas, emitir las acciones correspondientes al valor de dichas empresas y dar la opción de que el Estado adquiera el 49% de dichas acciones, los cubanos en las nóminas de esas empresas y todos los cubanos que tengan posibilidades el restante 51%. Para esto no habría que complicarse mucho la vida. Simplemente aplicar la Ley No.498 “Ley del Mercado de Valores” del 24 de Agosto de 1959 aprobada por el Consejo de Ministro y sancionada por el Presidente Osvaldo Dorticós.

  

Acabemos de cerrar este capitulo. Los de allá no quieren morir en la miseria y los de acá no quieren terminar con sus nombres en una lápida del Woodlawn Park.

 

 

ANEXO 2: CARTA ABIERTA A RAÚL CASTRO

 

Rafael del Pino

 

General:

 

Escuché detenidamente su último discurso del 26 de Julio durante el 54 aniversario del asalto al cuartel Moncada y me voy a tomar la libertad de hacerle algunas observaciones. Estoy seguro que ninguno de sus actuales colaboradores se las haría con la honestidad y sinceridad con que se las hago. ¿Por qué? Por diferentes razones. Pero la primera y más importante es porque no tengo la presión que tienen los que le rodean de decirle con toda sinceridad lo que piensan. Una idea, una expresión, una critica al sistema económico y político por leve que sea saben que puede costarles el cargo, la posición y el poder. Y esto, como se conoce en el argot nuestro, es la papeleta para el Plan Pijama y la conversión en un no-persona.

 

Creo que lo más importante de su discurso ha sido el ramo de olivo tendido nuevamente a los Estados Unidos. Indudablemente la actual administración no moverá un dedo en ese sentido. Ni ellos mismos pueden explicar porque negociaron con los chinos y los vietnamitas y no con Cuba. Pero ese es otro tema complejo que tiene que ver mas con la política domestica que la exterior.

 

Usted tiene que haber visto el debate por televisión de los candidatos demócratas a las elecciones primarias, especialmente las diferencias entre Barack Obama y Hillary Clinton en cuanto a negociar con gobiernos hostiles. Todo hace indicar que de una forma u otra existen posibilidades de que este camino se abra, pero no piense que discutiendo en pie de igualdad el prolongado diferendo signifique un apoyo norteamericano al sistema imperante en Cuba.

 

Como usted mismo reconoció el sistema no funciona y hablando sin tapujos usted sabe que no funcionará jamás. La práctica lo ha demostrado así. El propio Carlos Marx en sus tesis sobre Feuerbach dijo claramente: “El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento” y la practica nos ha demostrado compañero Ministro que el colectivismo en el mundo ha sido un rotundo fracaso.

 

Alrededor de usted hay muchos cuadros jóvenes, inteligentes y capaces que pueden abrir una nueva era sin necesidad de comprometer la soberanía del país. Ni ellos ni ningún otro dirigente a cualquier nivel hará lo que usted pide de “identificar con precisión y valorar con profundidad cada problema para enfrentarlo con los métodos más convenientes” porque el mismo engranaje y rigidez del sistema los obliga a actuar con un doble estándar.

 

Todos esos problemas económicos a los cuales le dedicó la mayor parte del discurso lo puede resolver levantándole el bloqueo a los cubanos de la isla dándoles el derecho a la propiedad sobre los medios de producción. Devolver ese derecho inalienable a nuestros ciudadanos no es ninguna claudicación de los principios revolucionarios. Al contrario es una reafirmación que todavía el hombre que fue a vencer o a morir en el Moncada le queda el coraje de reconocer y rectificar errores.

 

Ese mismo día compañero Ministro se acabaran los dolores de cabeza de la distribución de leche y será el comienzo de la solución de los gravísimos  problemas que hoy confronta toda nuestra sociedad. Y ese mismo día también, la administración norteamericana que le toque negociar con Cuba tendrá el punto de partida para comenzar el levantamiento de sanciones.

 

Déjeme contarle una corta historia. Estados Unidos en diez años de guerra contra Vietnam al costo de decenas de miles de muertos, centenares de miles de heridos y mutilados, centenares de aviones derribados y gastos que superaron los 150 billones de dólares de aquella época sufrieron la derrota más humillante de su historia. Los vietnamitas ganaron la guerra, unificaron el país y mantuvieron el mismo régimen y  el mismo sistema hasta que un día un general de apellido Mercado hizo su aparición.

 

Los norteamericanos en lugar de enviar bombarderos B-52 cargados de bombas comenzaron a venderles aviones de pasajeros, en lugar de arrasar plantaciones con defoliantes de agente Orange, iniciaron joint ventures para incrementar la producción de arroz, en lugar de los embargos comenzaron los créditos, las franquicias, la asistencia tecnológica y sin mucho espaviento los vietnamitas soltaron el ropón azul que usaba todo el mundo y comenzaron a usar jeans, dejaron de comer gusarapos en las cunetas como los vi yo en Hanoi  para sentarse en restaurantes de comida rápida,  cambiaron las bicicletas por motos y casi sin reponerse comenzaron a cambiar las motos por autos y para no cansarlo ahora en este preciso instante hay ya mas de 170 empresarios millonarios en Vietnam además de un Presidente muy orgulloso de ellos que en su primera visita a Estados Unidos fue primero a visitar a su amigo el general Mercado en el NYSE de Wall Street antes que a George Bush en la casa blanca. A esto es a lo que Carlos Marx llamaría sin reserva una demostración de la verdad, de la realidad y el poderío, de la terrenalidad del pensamiento humano.

 

Yo no pertenezco a ninguna organización del exilio ni a ningún partido político norteamericano. No tengo nada que reclamar en Cuba y mi sola aspiración es ver a nuestro pueblo salir del callejón sin salida en que se encuentra.

 

Compañero Ministro, usted tiene los mecanismos y el poder para cambiar la situación de Cuba. Vuelva a ser revolucionario. Para ello le cito la primera frase de las mismas palabras de Fidel que usted mencionó en su discurso: “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado”

 

Aplique el pragmatismo que siempre lo ha caracterizado. A los 76 años la biología le puede jugar una mala pasada y un barco sin timonel puede terminar en un terrible naufragio.