Cubanálisis El Think-Tank 

 

 

                General Rafael del Pino, Estados Unidos

                                       Un modesto aporte (II parte)

 

 

Se ha demostrado que hay leyes establecidas con la intención de evitar, reducir o coaccionar la criminalidad, que no han logrado ese objetivo. En sociedades avanzadas, como la mayoría de los países de la Unión Europea, se ha comprobado que la abolición de la pena de muerte en ningún momento ha sido factor para el incremento del crimen. En el caso de Cuba, donde ya prácticamente todas las generaciones que habitan la isla han crecido o nacido bajo la Revolución, resulta contradictorio mantener vigente esta pena extrema que, además de ser inhumana, significa una vergüenza aplicarla a miembros de una sociedad que supuestamente ha sido formada y educada bajo los principios humanistas del socialismo. Abolir la pena de muerte ayudaría grandemente a mejorar su imagen ante la Unión Europea y el resto de los países latinoamericanos.

 

Otro aspecto bastante engorroso que la ministra de justicia tendrá que abordar, si se quieren hacer proposiciones basadas en estudios serios, es la erradicación de los delitos políticos del Código Penal, restableciendo el derecho de todos los ciudadanos a expresar libremente sus opiniones políticas sin discriminación alguna.

 

Aunque hay innumerables ejemplos, voy a traer uno especifico, para que se entienda cuan incongruente y disparatada es la SECCIÓN QUINTA del Código Penal vigente, que trata la Propaganda Enemiga. En el ARTÍCULO 103.2 de dicha Sección se establece que incurre en privación de libertad de uno a cuatro años “el que difunda noticias falsas o predicciones maliciosas tendientes a causar alarma o descontento en la población”

 

En ese saco cabe de todo. Por ejemplo no hace mucho el actual presidente dijo que “El país está al borde del precipicio” y hace 31 años, el 20 de enero de 1980 (estando todavía intacta la desaparecida URSS) escuchamos por su misma boca similares sombrías predicciones: “Cuba esta enfrentada al espectro del desastre económico y de la bancarrota con sus secuelas de hambre y centenas de miles de desocupados”. Con esto había ya suficientes “evidencias” para que un instructor fiscal enviara un carro del G-2 a llevarse preso a Raúl Castro por el delito de “Propaganda enemiga”.

 

La lógica nos dice con esto que cualquiera que tenga elementos suficientes para demostrar que una medida del gobierno es improcedente, o que el ministro o vice ministro tal y más cual está robando o actuando arbitrariamente en el cumplimiento de sus deberes funcionales, se lo va a callar. De nada sirve que el Presidente declare públicamente que quiere escuchar críticas, que quiere que los ciudadanos expresen abiertamente lo que piensan. Mientras exista esta espada de Damocles con el rótulo de “propaganda enemiga” sobre sus cabezas nadie abrirá la boca. Sin la abolición de todos los delitos políticos del Código Penal difícilmente se podrá salir adelante en nada social o económico.

 

Y no hay que ir muy lejos para poner ejemplos concretos de esta inflexibilidad y dogmatismo. Hace escasamente unos meses al doctor Esteban Morales, académico cubano y director honorario del Centro de Estudios sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana, fue criticado y expulsado del Partido Comunista por escribir el articulo: Corrupción ¿ la verdadera contrarrevolución?”, que trata sobre la rampante corrupción existente en Cuba.

 

El partido comunista, que por el articulo 5 de la actual constitución es considerado “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo”,  al cumplir medio siglo de fracasos y experimentos, e ignorado totalmente por los gobernantes del país durante catorce años, ha perdido toda legitimidad  al hundir el país en la crisis política, social y económica mas grande de su historia, creada por su ineficiencia, por sus dogmatismos, su falta de visión, el endiosamiento de sus lideres, el culto a la personalidad, el despotismo, el desechar e ignorar en beneficio de un grupo de poder los verdaderos principios de la construcción del socialismo.

¿Quién no sabe en Cuba que la mayoría de los seleccionados en los procesos de crecimiento de las filas del Partido han sido elementos que ven en la militancia la patente de corso para todas sus fechorías, para tener impunidad no solo en sus indisciplinas laborales, que son los primeros en cometerlas, sino en la posibilidad de tener la pantalla ideal para el desvío de recursos y las corrupciones más diversas?

¿Que ejemplaridad se le puede pedir a los pinos nuevos cuando estos ven a diario los despidos, arrestos y condenas a funcionarios oficiales del mas alto nivel, la mayoría miembros del Partido, el Comité Central, y algunos inclusive del Buró Político, como Juan Carlos Robinson?

Yo no se en otros organismos del Estado, pero mi experiencia como militante del Partido dentro de las Fuerzas Armadas desde su fundación, me enseñó que nunca jamás se estudiaron en los círculos políticos los principios marxistas leninistas, ocupando su lugar los discursos del Comandante en Jefe. Discursos en su mayoría dirigidos a que los militantes legitimaran sus constantes locuras y disparates en la conducción del país. Aquellos polvos trajeron estos lodazales en que se encuentra la nación

Se hace imposible continuar prohibiendo la libre asociación de los ciudadanos, la creación de diferentes partidos políticos que sí puedan conducir a Cuba a un verdadero socialismo, si eso es lo que desea el pueblo cubano, y la determinación de nuestros compatriotas a elegir libremente a sus gobernantes.

 

Y no vengan a salir ahora los voceros de los ayatolas tropicales a decir que jamás se regresará a la politiquería del capitalismo o al multipartidismo clásico de otros países de sistemas capitalistas. Que la dignidad, la soberanía, la independencia, el honor de Cuba, y todo el disco rayado con que tratan de justificar el desastre que ellos mismos han creado no permiten eso. Estoy hablando de ¡SOCIALISMO! De que si el pueblo cubano considera que la meta que la nación debe alcanzar es ese tipo de sociedad, que tenga todo el derecho de elegir a quienes considere que pueden hacerlo.

 

¿Que derecho divino le ha otorgado al fracasado Partido Comunista de Cuba el monopolio de conducir la nación a un socialismo verdadero? ¿Por que ciudadanos cubanos que quieran para su país un sistema socialista sin todas las lacras, desaciertos y arbitrariedades con que el PCC lo ha sumido en la crisis social y económica más grande de su historia no puedan organizar, digamos, el Partido Socialista de Cuba, o el nombre que deseen darle?

 

Mantener el articulo 5 de la Constitución otorgándole a los fracasados del PCC la hegemonía y todo el derecho de gobernar sin alternativa es lo mismo que dárselas a un grupo de clérigos al estilo de Irán, que pueden decidir sobre el destino de la nación o la vida y la muerte de cualquier ciudadano. Y cuidado si no peor que los ayatolas. En Irán, aunque estos apoyen al que mas favorezca sus dogmas y doctrina, tienen legalizados otros partidos que retan seriamente al que ocupa el poder.

 

Hace unos años una organización disidente recogió las firmas que eran necesarias para efectuar un plebiscito, y las llevaron a la Asamblea Nacional para su reconocimiento. Inmediatamente el ayatola principal que ha causado toda esta debacle cubana convocó a la Asamblea Nacional y cambió la constitución, especificando que el socialismo era irreversible.

 

Lo que no preguntaron los que perrunamente levantaron la mano en ese cónclave, aprobando este cambio en la constitución, fue a qué socialismo se estaba refiriendo el Presidente de la Republica.

 

¿De qué socialismo hablan estos señores? ¿De la atención medica y la educación gratuita? ¿De una que otra medida populista? ¿De convertir un país donde existían diferencias sociales, pero estaba a la cabeza de la mayoría del resto de los países latinoamericanos, en una nación que puede perfectamente escribir una nueva versión de Los Miserables?

 

Esas “conquistas socialistas” que constantemente cacarean existen en casi todos los países de Europa y sí funcionan; incluso Suecia y Francia pasan a sus vagabundos un estipendio para comer y vestirse.

 

Lo que ha existido en Cuba hasta ahora no tiene absolutamente nada que ver con el socialismo. Comenzando que no corresponde en lo absoluto con los principios marxistas sobre los métodos y caminos para la consecución de ese tipo de sociedad. Ese es un tema que por su amplitud debemos abordar con mucha mayor profundidad en otro análisis posterior. Pero que no se tenga la menor duda de que en Cuba jamás ha existido socialismo.

 

Marx lo definió perfectamente. Para que existiera el socialismo era necesario que se hubiese desarrollado una producción fabril capitalista y una estructura industrial moderna, si no, no estarían creadas las condiciones materiales para ese transito. Por eso Marx consideraba a Inglaterra como el país que mejor condiciones reunía en aquella época.

 

Si en una economía campesina y atrasada Marx consideraba que era  imposible el socialismo ¿como diablos se puede considerar que eso es lo que existe en Cuba, cuando el grupo de poder que ha desgobernado al país por medio siglo ha llevado las relaciones de producción en la agricultura a niveles del medioevo?

 

Lo que se está desafiando en este planteamiento de abolir el papel rector del PCC no es el socialismo, es el poder de los que han hecho lo indecible por obstaculizar los caminos que podían llevar a esa meta.

 

Medio siglo ha sido más que tiempo suficiente para demostrar la capacidad de que podían hacerlo. Han fracasado, y el tiempo biológico se les ha terminado. Es necesario darle a otros cuadros cubanos jóvenes y capaces la posibilidad de presentar una plataforma programática nueva y dinámica para la consecución de los objetivos políticos que la mayoría del pueblo cubano entienda y acepte con su libre elección, no con la imposición de candidatos previamente seleccionados por una mafia auto investida de poderes divinos irrevocables.

 

Observando desde afuera este interminable partido de dominó, he hecho mis modestas sugerencias. Los dirigentes cubanos podrán hacer caso omiso a estas ideas y sugerencias, podrán optar por continuar tocando la orquesta como continuó la del Titanic durante su hundimiento, pero con solo consultar las estadísticas de longevidad sabrán que el tiempo ya se les ha acabado.

 

Desconozco qué legado querrán dejarle a la nación, pero si después de medio siglo de errores y fracasos la terquedad y el inmovilismo se imponen, muy pronto los que vengan detrás entregarán el país en bandeja de plata al capital extranjero, y los criollos tendrán solo dos opciones, conformarse en seguir siendo siervos de la gleba, o tomar el camino de la primavera árabe.

 

No se sabe qué puede ser peor.