Cubanálisis El Think-Tank

           General Rafael del Pino, Estados Unidos

 

                                                       

¿Trasplante o quimioterapia?

 

Por décadas innumerables cubanólogos, catedráticos, políticos y analistas de diferentes tendencias se han enfrascado en la difícil tarea de predecir como el complejo entramado de la crisis política, económica y social de los cubanos llegará a solucionarse.

 

Cuando resumimos todas las formulas que se han planteado y a veces experimentado sin ningún éxito llegamos a una encrucijada. ¿Que se cambia primero, el sistema político uní partidista o el sistema económico colectivista?

 

Creo que para nadie hay dudas de que todos los cubanos dentro o fuera Cuba con la excepción de la rígida nomenclatura que ostenta el poder en la isla desean para nuestra patria una democracia multipartidista con una economía de mercado totalmente libre, unas relaciones de producción modernas, libre de corrupciones y de mafias y un Estado de derecho que proteja a todos y cada uno de los ciudadanos.

 

Es precisamente ahí donde se enreda toda la cuestión.

 

Los que abogan por unas elecciones multipartidistas primero para que después el gobierno libremente elegido cambie el sistema económico argumentan que si se cambia el sistema económico inicialmente y las condiciones de vida de los cubanos mejoran el régimen se sentirá seguro, no realizará una apertura política y el pueblo se conformará con el resurgimiento de la economía sin exigir cambios.

 

Por la otra parte los que abogan por cambiar primero el sistema económico argumentan que sin libertad económica no hay libertad política, que el hombre piensa como vive y no vive como piensa y que una economía de mercado genuinamente libre, inexorablemente conducirá a la libertad política.

 

Ambas tesis tienen su fundamento por lo que no estaría de más analizar algunos ejemplos de la historia contemporánea.

 

En Rusia por ejemplo al derrumbarse el comunismo soviético se efectuaron elecciones multipartidistas sin cambiar primero el sistema económico. El caos producido fue tal que los principales medios de producción cayeron en manos de antiguos jerarcas del partido comunista, la mafia rusa impuso su orden y al final el país terminó gobernado por Vladimir Putin, uno de los principales jefes de la disuelta KGB. (Escenario que algunos cubanólogos vaticinan se produciría en Cuba de convocarse a unas elecciones generales enteramente libres sin cambiarse las relaciones de producción actuales.

 

¿Son el resultado de las elecciones multipartidistas la fórmula para la prosperidad, sin existir primero la protección legal y los órganos jurídicos que garanticen totalmente el funcionamiento de una verdadera economía de mercado? Los ejemplos sobran en nuestro propio patio latinoamericano, para no ir muy lejos.

 

Después del gobierno de transición de la señora Violeta Chamorro en Nicaragua resultó democráticamente electo como Presidente un truhán que terminó su mandato en la cárcel por ladrón, dejando al país en condiciones económicas peores que las que dejaron los propios Sandinistas. Y si continuamos citando ejemplos al sur del Río Bravo hasta la Patagonia seguro se nos acaba el papel y la tinta.

 

La mejor analogía que he escuchado de esta complicada madeja me la dio un prestigioso cirujano con el cual profeso una gran amistad.

 

Él compara el problema de Cuba con un paciente muy grave padeciendo simultáneamente de dos enfermedades que lo pueden llevar a la tumba. Un tumor en el cerebro y un corazón que requiere urgentemente un trasplante.

 

El tumor no le permite ver ni oír, y casi no puede razonar. El corazón no resiste más tiempo.

 

Si aplica quimioterapia para atacar el tumor, o cirugía para extirparlo, el corazón definitivamente no resistirá ninguno de los tratamientos. Para el cirujano el tumor es el sistema de un solo partido y el corazón el sistema colectivista.

 

Yo realizaría el trasplante primero, me dijo. Solo así podrá un paciente tan grave resistir la eliminación del tumor.

 

La decisión no es nada fácil y, por supuesto, corresponde a los cubanos de la isla decidir su destino.

 

¿Qué preferiría usted, recurrir al quirófano para el trasplante, u optar por la quimioterapia primero?