Cubanálisis El Think-Tank

 

General Rafael del Pino, Estados Unidos

 

                                                       

“Oposicionicidio” en tres escenarios

 

I

 

Me tomo esta libertad de opinar sobre Venezuela por el amor que siento por ese país y por su noble pueblo. Además porque tengo más derecho que Fidel Castro para hacerlo.

 

Muchos años antes de que los después generales Arnaldo Ochoa, Raúl Menéndez Tomassevich, Ulises Rosales del Toro y otras decenas de oficiales cubanos recibieran la orden del dictador cubano para desembarcar en Venezuela y combatir al ejercito venezolano en la cruzada exportadora de revolución, este humilde servidor, siendo un joven adolescente, sin mas órdenes que las que le dictara el corazón y la conciencia, se puso voluntariamente al lado del pueblo venezolano en las calles de Caracas durante el levantamiento popular contra el dictador Marcos Pérez Jiménez. No fui a matar venezolanos, fui a ponerme al lado de las victimas.

 

Sufrí las consecuencias de mis actos pero valió la pena.

 

Haber visto a ese pueblo recobrar su libertad y lanzarse aquel inolvidable 23 de Enero de 1958 a liberarnos de las mazmorras de la tristemente celebre Seguridad Nacional de Pedro Estrada, compensó con creces mi decisión de correr la misma suerte que mis hermanos venezolanos.

 

Cuando, en un inicio de su mandato, Hugo Chávez comenzó a hablar de socialismo, pensé que era sincero, que estaba convencido de que el socialismo era la vía más idónea para sacar a nuestros pueblos del atraso y los acuciantes problemas que confronta, pero el tiempo ha demostrado que ha sido una farsa más. 

 

Todos estos experimentos que han salido de los laboratorios de ingeniería social han acabado con medio mundo: los de Fidel Castro han retrocedido a la sociedad cubana al medioevo y amenazan seriamente en hundir por completo a Venezuela.

 

No hay espacio disponible en ningún medio de prensa para poder exponer los errores que cometimos (porque yo también fui culpable de esos errores), y de los cuales rectifiqué aquel año 1987, cuando quedé sorprendido una mañana al leer a todo titular en la primera plana del periódico Granma, ¡AHORA SI VAMOS A CONSTRUIR EL SOCIALISMO!, 28 años después de haber bajado victoriosos de las montañas después de derrotar la dictadura de Batista, y 26 años mas tarde de haber anunciado en el entierro a las victimas del bombardeo del 15 de abril de 1961 que estábamos haciendo una “Revolución Socialista”.

 

Lo más preocupante ya no es que Hugo Chávez haya tomado el camino del famoso cerdo Napoleón en la magistral obra de George Orwell “Rebelión en la granja”. Lo más preocupante es la entrega total que ha realizado al régimen de Fidel Castro, y las devastadoras consecuencias que puede traer a la nación suramericana.

 

Los Castro saben muy bien que sin los 100,000 barriles diarios de petróleo con que Hugo Chávez subsidia a su régimen, y sin todas las otras innumerables concesiones y prerrogativas que sumisamente les ha otorgado a su dictadura, no duran una semana en el poder. La última y más escandalosa entrega la acaba de hacer Hugo Chávez poniendo el petróleo venezolano como colateral para una inversión china valorada en varios miles de millones de dólares, destinada a la ampliación de dos refinerías de petróleo y la construcción de una tercera en la isla.

 

El gobierno cubano, totalmente conciente que sin Hugo Chávez se les termina la última trinchera parasitaria de la que siempre han estado acostumbrados a vivir para mantener su brutal tiranía, está dispuesto a todo, incluso, como ya se hizo en otras ocasiones anteriores, tomar el papel de ejercito de ocupación y convertir a las fuerzas armadas locales en títeres obedientes, que cumplan al pie de la letra las ordenes y disposiciones de la Habana.

 

En este sombrío augurio no existe un ápice de especulación. Sé muy bien de lo que son capaces por experiencia propia, por lo vivido en la guerra de Angola, donde fui jefe de la Fuerza Aérea, ocupando el país por 14 años, haciendo y deshaciendo a nuestras anchas, sin importar un bledo la opinión y criterios de los nacionales. Al extremo que, cuando un influyente miembro de la dirigencia del MPLA (Movimiento para la liberación de Angola), llamado Nito Alves, se enfrentó a nuestro títere Agustino Neto y trató de derrocarlo por su completa sumisión a nosotros, allá fueron los tanques cubanos dirigidos por el General Kindelán a derrotar a los sediciosos.

 

Pero en esa triste historia no terminan nuestras imposiciones alrededor del mundo. Lo repetimos en Etiopia apoyando y apuntalando en el poder al asesino de Mengistu Haile Mariam.

 

En Granada, utilizando como marioneta a Maurice Bishop, al igual que hizo con Agustino Neto en Angola, y ahora como hace con Chávez, se llegó a tener absoluto control de las fuerzas armadas de esos países, y no conformes con ese control, los “cooperantes internacionalistas” cubanos, organizados en compañías y batallones, estuvieron siempre listos para sofocar cualquier sublevación popular que las fuerzas armadas nacionales no quisieran ejecutar.

 

En el caso específico de Granada el Coronel Tortoló fue enviado desde Cuba con instrucciones precisas de llevar a cabo una resistencia hasta la muerte de los constructores cubanos encargados de la ampliación y modernización del aeropuerto internacional de ese país contra las tropas elite norteamericana.

 

En condiciones de inferioridad numérica y de armamentos y frente a una tropa que usaba por primera vez chalecos anti balas, el Coronel Tortoló dirigió la resistencia  causándole veinticinco muertos a una de las mejores unidades aerotransportadas del ejército norteamericano, y cuando no estuvo en condiciones de continuar resistiendo, se retiró con algunos oficiales a la embajada Soviética.

 

Lejos de reconocer el desempeño ante una situación militar desigual, Fidel y Raúl Castro condenaron la conducta del Coronel Tortoló por no haber continuado una lucha suicida hasta la total aniquilación de sus combatientes.

 

Se le condenó a la ignominia, degradado a soldado raso, y enviado como castigo a servir tres años en Angola, por no haber cumplido una orden absurda que obligaba a sus combatientes, quienes eran trabajadores de la construcción y no militares profesionales, a morir por gusto, sin ninguna ventaja para su patria involucrándose en los asuntos internos de otro país.

 

!Cómo si los militares cubanos fueran fanáticos kamikazes nipones, dispuestos a brindar sus vidas incondicionalmente a su Emperador por cualquier capricho que este tuviese, en lugar de estar dispuestos a hacerlo solamente al servicio de su patria!

 

En el Chile de Salvador Allende innumerables fueron los esfuerzos de Fidel Castro por lograr lo que al parecer ha podido llevar a cabo con las fuerzas armadas venezolanas. Al mismo tiempo que tallaba a los jefes militares chilenos introducía toneladas de armas en buques mercantes cubanos por el puerto de Valparaíso, destinadas a las milicias que pensaba crear Allende para coaccionar a los militares.

 

He enumerado solo algunos ejemplos de intromisión en asuntos internos de otras naciones, pues no alcanzaría las cuartillas asignadas a un artículo. En otra oportunidad podremos quizás hablar de Panamá y el General Noriega, o del General Velasco Alvarado y su dictadura militar en Perú, o incluso del apoyo contra Israel que brindó a la Siria del dictador Hafez el Assad, el padre del actual gobernante, que actualmente reprime y asesina a centenares de ciudadanos por oponerse a su terrible dictadura, exactamente igual que hacia su padre.

 

Desde que comenzó este vodevil del cáncer de Chávez dije que todo era un teatro orquestado por el guionista en jefe Fidel Castro, y sigo manteniéndolo.

 

El viejo lobo cubano no quiere irse a la tumba en el ocaso de su ya larga carrera de trucos y engaños sin antes apuntarse el crimen político perfecto: el verdadero e indetectable “oposicionicidio” venezolano.

 

Cuando Chávez pasa por la Habana en su última gira por varios países le confiesa a Fidel Castro su preocupación por la perdida de popularidad en las encuestas y la proximidad de las elecciones del 2012. En la visita se le presenta un acceso o un vello enconado en algún lugar del recto, y sugiere verse con algún medico. Las neuronas del viejo comandante se aceleran, y sin pensarlo dos veces le da a su ahijado venezolano la solución para sus dolencias políticas y medicas. 

 

- Tienes “cáncer” Hugo. Recuerda bien: “T I E N E S  C Á N C E R”.

 

Hugo se queda perplejo, choqueado por lo que Fidel Castro le acaba de decir

 

El Jefe, pensativo, acariciándose los dedos, continúa sus predicciones patriarcales:

 

“Todos los record médicos se quedan en nuestro poder, nadie tendrá acceso a ellos. La lástima por el padecimiento y la admiración por la forma corajuda con que enfrentarás los infortunios del destino te tienen garantizada la reelección el año que viene. Mientras más te ataquen más simpatías y votos ganarás entre el pueblo venezolano, y mientras mantengas bien agarradito el control de las ramas legislativas y judiciales, la oposición no podrá exigir transparencia ni invocar el derecho de mantenerse informados del estado real de salud del Presidente.

 

Del ejercito de Venezuela no te preocupes, ya la contra inteligencia cubana tiene todos los cabos amarrados, y al que se mueva le hacemos como le hicimos al General Baduel. Y sin contemplaciones Hugo, sin contemplaciones, recuerda que yo fusilé al mejor de los generales cubanos cuando se me puso peligroso.

 

Los tenemos argollados Hugo. Ahora tendrán que bailar al ritmo de la música nuestra. Este es el “oposicionicidio” perfecto”

 

I I

 

Ante la situación analizada en la primera parte de este trabajo, tres escenarios distintos se deben considerar cuidadosamente, para intentar evitar ese “oposicionicidio”, y prever el posible futuro de Venezuela y del régimen totalitario cubano aliado con Hugo Chávez.

 

El primero, por el cual me inclino como hipótesis, como dije anteriormente, es que la historia del cáncer es falsa.

 

Creo que a Chávez le extirparon una tumoración que no era maligna del área pélvica, y que este procedimiento fue seguido de una segunda operación.

 

Pero pienso que dicha operación no fue para extraerle un tumor canceroso del tamaño de una pelota de béisbol, como él mismo ha afirmado, sino para hacerle una liposucción y hacerle perder una cierta cantidad de peso.

 

Opino que la pérdida de peso sirvió para darle credibilidad a la mentira de que se estaba recuperando de la extracción de un tumor canceroso.

 

Creo, adicionalmente, que la versión de que padecía de un tumor canceroso y requeriría un prolongado proceso de quimioterapia para recuperar su salud es un teatro inventado para promover la lástima y la simpatía del pueblo venezolano hacia Chávez, y distraer la atención de las fallas monumentales cometidas durante su presidencia. Y que el propósito de todo este sainete es garantizarle a Chávez los votos necesarios para su reelección en el 2012.

 

Esta variante para mantener el engaño hasta las elecciones, por supuesto, requeriría que Chávez continuara visitando a Cuba periódicamente, para someterse a un supuesto tratamiento de quimioterapia, que se mantuviese secreto y no se pudiese verificar por periodistas independientes.

 

Esas visitas, y las estadías en Cuba, se intercalarían con temporadas en que Chávez retorne a Venezuela y gobierne con suficiente vigor para convencer a sus compatriotas de que está en condiciones de gobernar y simultáneamente recibir un tratamiento contra el cáncer.

 

Todo esto no sería más que una campaña propagandística para mantener a Chávez como centro de atención del pueblo venezolano, y para llenar a sus compatriotas de admiración por su conducta “heroica”, al ser testigos de cómo, pese a su enfermedad, se “sacrifica por el bien de la patria”, y para escudarlo de las críticas de sus oponentes, ya que el pueblo no pudiera ver con simpatía a quienes se atrevieran a referirse negativamente a su presidente enfermo, que continúa esforzándose, pese a su grave padecimiento, en  beneficio del pueblo venezolano.

 

Conociendo a Fidel Castro de primera mano, todo esto me huele a una estrategia diabólica para contrarrestar el desgaste y mantener en el poder a un demagogo en baja como Hugo Chávez. Una táctica tan sofisticada solo puede ser fruto de ese Príncipe del Maquiavelismo y de la maldad que es Fidel Hipólito Castro Ruz. Nadie mejor que él para sacarle el máximo provecho a un hecho fortuito como la aparición de un grano en el ano de Hugo Chávez, y garantizarle de esa forma tan original y poco ortodoxa la presidencia de Venezuela a su discípulo.

 

Por supuesto, si el pueblo venezolano llega a descubrir que tal cáncer es inexistente se destruirá totalmente la credibilidad de Chávez, y no podría ganar las elecciones venideras. Pero mientras continúe supuestamente recibiendo quimioterapia en Cuba no será posible obtener evidencia médica confiable, que demuestre que el tal cáncer que dice estar sufriendo es inexistente.

 

Repito, que este es el escenario que considero más digno de crédito, pero no el único que Fidel Castro y Hugo Chávez pudiesen haber concebido.

 

El segundo escenario sería que Hugo Chávez y Fidel Castro, demagogos y manipuladores por excelencia, estuvieran diciendo la verdad, y preparándole una trampa a sus oponentes, a quienes lógicamente esperan que los acusen de estar inventando el cuento de que Hugo Chávez está padeciendo de un cáncer inexistente.

 

En el momento más álgido de la campaña electoral venezolana, si realmente están diciendo la verdad, es posible que convoquen por iniciativa propia a un grupo de médicos con prestigio internacional, para confirmar que Hugo Chávez fue operado de un cáncer que fue extirpado, sometido a un proceso de quimioterapia, que dicho tratamiento fue exitoso, y que en ese momento no sufre de cáncer alguno.

 

Si el segundo escenario es adoptado, esa trampa desprestigiaría por completo a los oponentes políticos de Hugo Chávez, y le aseguraría su reelección en la campaña del 2012.

 

Ganando las elecciones presidenciales del próximo año, por cualquiera de los dos escenarios mencionados, le permitiría a Fidel Castro y Hugo Chávez resolver el problema de la sucesión, seleccionando un candidato vicepresidencial que el pueblo ratificara junto con Chávez, y que estuviese dispuesto y tuviese la capacidad para continuar las políticas de Chávez si él mismo fallece durante cualquier futuro periodo presidencial.

 

El tercer escenario se basa en la suposición que el cáncer realmente exista y se encuentre en un estado tan avanzado de desarrollo que a Chávez le quede tan poco tiempo de vida que sea imposible que pueda postularse como candidato en las próximas elecciones presidenciales.

 

Y que, además, Hugo Chávez y Fidel Castro desconfiaran de la voluntad y/o la capacidad del vicepresidente que le correspondiera sustituirlo en el cargo para seguir las políticas actuales de promover el “socialismo del Siglo XXI” y mantener el subsidio venezolano al gobierno de Cuba.

 

En este escenario, Chávez y Fidel Castro pudieran estar tratando de ocultar la real gravedad de la enfermedad de Hugo Chávez y el poco tiempo que le queda de vida, para poder maniobrar a escondidas y sustituir al vicepresidente existente por otro funcionario más favorable a sus intereses, como por ejemplo al hermano mayor de Hugo Chávez, Adán Chávez.

 

En realidad, la coyuntura actual está llena de incertidumbre para la oposición democrática venezolana, por desconocer la situación real de salud de Hugo Chávez, lo cual no le permite descifrar los posibles escenarios que pudiese adoptar el gobierno para tratar de mantenerse en el poder, ni sus propias estrategias a seguir, en respuesta para las elecciones del año entrante.

 

Por eso creo que mi primera recomendación a la oposición y la prensa de Venezuela es la de insistir en que la enfermedad del Presidente de Venezuela se trate con la transparencia y seriedad que requiere un suceso de tal importancia, en una república democrática con un régimen constitucional.

 

Venezuela no tiene un gobierno totalitario como Cuba, donde el estado de salud del Presidente del país puede decretarse como un secreto estatal y no informárselo a nadie.

 

Por el contrario, el pueblo y el resto de las figuras de las ramas ejecutivas, legislativas y judiciales del gobierno de Venezuela, y la oposición democrática, tienen todo el derecho de estar totalmente informados del estado real de la salud del Presidente de la nación, para poder tomar las medidas que la constitución de la Republica prevé para tales situaciones.

 

La oposición y la prensa de Venezuela tienen todo el derecho a insistir ante el público, el Congreso, y la Corte Suprema de la nación, que el Presidente de la República sea examinado por una comisión formada por eminentes médicos venezolanos, y que se le informe al pueblo y a todas las ramas del gobierno de Venezuela del:

 

1-         Diagnóstico de su enfermedad

 

2-         Pronóstico de la misma

 

3-         Tratamiento necesario.

 

4-         Y si el presidente mientras está siendo sometido a tal tratamiento está capacitado para continuar ejerciendo sus funciones constitucionales.

 

El pueblo venezolano, basándose en las conclusiones de tal comisión médica, tiene el derecho de exigir que se tomen, por las diferentes ramas del gobierno venezolano, las medidas que proceden constitucionalmente.

Si las conclusiones de tal comisión son que el presidente de la Republica nunca padeció de cáncer, el Congreso de la República debería proceder a destituirlo por mentirle al país en asunto de tal gravedad.

 

Si los padecimientos del Presidente le impiden gobernar con efectividad, el Congreso Venezolano le debe conceder una licencia de sus funciones, para que intente curarse, y nombrar al Vicepresidente para gobernar en su lugar, mientras las condiciones iniciales no se restablezcan.

 

Si la comisión médica determina que Hugo Chávez está realmente enfermo, pero que:

 

1-         Se trata de un cáncer incipiente, tratable.

 

2-         Su tratamiento no le impide al presidente gobernar con eficiencia.

 

Entonces la oposición y la prensa podrían solicitar que el presidente continúe recibiendo el tratamiento que necesita dentro del territorio nacional, para que esto le facilite cumplir con sus obligaciones como gobernante.

 

Y, también, que lo haga bajo el cuidado de médicos venezolanos, y trayendo desde el exterior cuanto especialista resulte necesario para brindarle el mejor tratamiento disponible  para que recupere su salud.

 

También podría solicitarse que la comisión médica nombrada para diagnosticar la enfermedad del presidente se mantenga activa para supervisar su tratamiento, y mantener al pueblo venezolano y a las otras ramas del gobierno del país totalmente informados sobre el estado de la salud del presidente.

 

Esto sería necesario para poder suplantarlo en el cumplimiento de sus funciones si su enfermedad empeorase, y no pudiese continuar cumpliendo a cabalidad con sus responsabilidades constitucionales.

 

Creo también beneficioso que la oposición y la prensa puedan solicitar a la rama judicial que se cumpla correctamente lo que especifica la constitución sobre la sustitución del presidente en sus funciones, por razones de salud.

 

No hay ninguna provisión en la constitución de Venezuela que le permita a un presidente de la república enfermo delegar una parte de sus atribuciones en otros funcionarios, y reservarse otras para sí.

 

Si fuese necesario reemplazar al presidente por razones de salud, esto debe hacerse totalmente, no a medias o en terceras partes, tal como lo establece la constitución de Venezuela.

 

Y, además, debe exigirse que la persona que deba sustituirlo debería ser el vicepresidente designado para tal función por la constitución de la república.

Tampoco entiendo que sea posible que el presidente pueda dirigir eficazmente el gobierno de Venezuela por control remoto, desde un país extranjero, y menos aún cuando se encuentra sometido a tratamiento para una enfermedad tan grave como el cáncer.

 

Chávez tiene el deber de cumplir con sus obligaciones como Presidente de Venezuela, con la seriedad y responsabilidad que las mismas merecen, y si siente que no está en condiciones de hacerlo, renunciar al cargo o solicitar una licencia temporal del mismo, para permitirle ejercerlas a otro funcionario con condiciones adecuadas.

 

Hermanos venezolanos: les ruego me disculpen este largo escrito, no pretendo inmiscuirme en la vida del pueblo y la nación venezolana. Ya bastante daño le ha hecho un Fidel Castro que, por desgracia, nació en nuestra isla.

 

Solo trato de evitar lo que he llamado un “oposicionicidio” perfecto.

 

Tengo fe en que la oposición, junto al pueblo venezolano, encontrará el camino para evitar este horrendo crimen.