Cubanálisis El Think-Tank

                                   General Rafael del Pino, Estados Unidos

 

                                                       

MANGOS BAJITOS

He escuchado muchas veces el criterio de que “al Imperialismo le encanta coger los mangos bajitos”. Y mientras más al alcance de la mano, mejor. Que si la guerra de independencia de los cubanos de 1895 ya estaba ganada por los mambises y allí se les ocurrió a los yanquis el show del Maine para alzarse con el botín; que si en Texas le hicieron la cama al dictador y general presidente Antonio López de Santa Anna en 1836, utilizando como pantalla la Republica de Texas para después anexarse ese territorio y muchos más. Que si en la segunda guerra mundial alargaron lo más que pudieron la apertura del segundo frente para que los soviéticos se desangraran lo mayor posible. Que si los japoneses estaban ya prácticamente derrotados cuando le asestaron los dos golpes nucleares que terminaron el conflicto, firmando los asiáticos la rendición incondicional. En fin, que se habla mucho de la alevosía de los vencedores, pero nunca se dice nada de las idioteces de los perdedores.

No es mi intención extenderme en conflictos históricos donde de acuerdo a las ideologías y a los intereses se demonizan o glorifican los participantes. Lo menciono porque en nuestra historia contemporánea se continúan sucediendo, unos tras otros, hechos donde las decisiones erróneas y la falta de previsión terminan en lamentables descalabros, a costos altísimos. Incluso el gobierno cubano, que siempre ha tenido muy buen ojo para detectar paganos y tontos útiles, que se ha especializado con relámpagos vistazos en medir el abultamiento en las billeteras de los mentecatos, ha caído en estos desaciertos.

Para nombrar solo algunos: construyeron un aeropuerto internacional de primer orden en Granada al costo de decenas de millones de dólares, calculando que tendrían un aeropuerto estratégico de escala técnica para los vuelos hacia otros continentes, y cuando estaba prácticamente terminado se produjo el episodio que todos conocemos, donde además del bochornoso papelazo del Comandante le construimos un aeropuerto internacional nuevo de paquete al “Imperialismo”. Sin extendernos en calcular el avión de transporte que llegó el día antes con el émulo de Antonio Maceo, y las decenas de equipos pesados que todavía permanecían allí.

Parecido destino le tocó al central azucarero construido por Cuba y regalado por Fidel Castro a los sandinistas, valorado en más de 40 millones de dólares, y que al producirse la piñata, al inicio del gobierno de transición de doña Violeta Chamorro, terminó en manos del dirigente sandinista Jaime Wheelock. Todos estos obsequios realizados, por supuesto, a costa de las privaciones y miserias del pueblo cubano.

Hasta la feroz dictadura militar argentina del general Presidente Jorge Rafael Videla patinó en sus cálculos, al inundar Cuba entre 1976 y 1978 con automóviles Chevys y Peugeot fabricados en la Argentina. Todavía están esperando el pago del crédito de 200 millones que les costó el chistecito.

O sea, que nadie está exento de estas pifias, solo que hay quienes abusan inmisericordemente de la bondad de otros. Por ejemplo, si lo vamos a ver objetivamente, el gobierno cubano fue uno de los más grandes contribuyentes a la implosión de la desaparecida Unión Soviética. El drenaje económico que le causamos fue de tal envergadura que no hubo formas de que Gorbachov arreglara el desastre que había hecho metástasis con la invasión soviética a Afganistán y otras barbaridades que los llevaron a la ruina. Lo más cínico de todo es que, cuando desaparece la URSS, los mismos que contribuyeron a su implosión le echan las culpas de sus desgracias propias, al quedarse sin padrino.

Ahora nos encontramos con la noticia de que Brasil ratificó hace unas semanas su apoyo a la modernización económica de Cuba, durante una reunión sostenida por el ministro de Desarrollo, Fernando Pimentel, con Raúl Castro.

Acá se está haciendo un esfuerzo, que no es fácil, de actualizar el modelo y traer cambios que ellos mismos reconocen que son necesarios para estimular la economía, y Brasil busca ayudar en todo ese esfuerzo de modernización”, dijo a Efe el embajador brasileño en La Habana, José Felicio. Más adelante agregó: “Toda Latinoamérica tiene una posición unánime en relación al bloqueo de Estados Unidos a la isla, y la manera de ayudar a reducir los perjuicios de ese bloqueo es con apoyo económico, financiero”.

El ministro de desarrollo, Fernando Pimentel, visitó el puerto del Mariel, a unos 40 kilómetros al oeste de la capital, para inspeccionar la ampliación de esa terminal portuaria, considerada por las autoridades de Cuba como una “obra emblemática” de la colaboración bilateral.

Brasil lleva comprometidos en el proyecto 682 millones de dólares, de los 957 millones de la inversión global.

La obra es realizada por la constructora brasileña Odebrecht a través de una subsidiaria cubana, y su conclusión está prevista para 2013.

Como probablemente en el idioma portugués no existan los mismos dichos populares que en el español de los cubanos, o si existen, tienen otras expresiones, les aconsejo que le pregunten a sus amistades isleñas que laboran en tan importante proyecto lo que significa “trabajar para el inglés”.

Algunos les dirán que es trabajar para que otro saque provecho, esforzarse en provecho ajeno, o hacer negocios y gastar fortunas en inversiones que jamás serán recompensadas.

No les hagan mucho caso; en definitiva lo importante es la terminación y puesta en funcionamiento de este vital proyecto. Si después de terminado, por esos impredecibles cambios que da la vida, se imposibilita la amortización de tan altruista obra, no importa; nadie los criticará. Al final lo que queda será lo valioso, y es que cumplieron con esa posición “unánime” de toda Latinoamérica de “ayudar a reducir los perjuicios del bloqueo con apoyo económico y financiero”, como afirmó el excelentísimo embajador brasileño José Felicio. Qué más da, las favelas brasileñas no se enterarán de la brillante inversión, y además son solo 682 millones.

¿A quién le tocará disfrutar de estos mangos bajitos? Vaya usted a saber.