Cubanálisis El Think-Tank

           General Rafael del Pino, Estados Unidos

 

                                                       

Los olvidados de siempre

 

Dentro de la prisión de máxima seguridad ubicada en las afueras de la ciudad de Guanajay, el régimen cubano construyó un área especial para los militares prisioneros por problemas políticos y los otros delitos que se le fabrican a los que se convierten en una amenaza, aunque solo sea potencialmente.

 

Esta área especial se construyó fundamentalmente para los sentenciados de la causa #1 y #2 de 1989, y es sin lugar a dudas la mas represiva de todos los establecimientos penales de la Isla. En ella guardaron prisión oficiales del más alto rango de las FAR y el MININT incluyendo generales como Patricio de la Guardia, Pascual Marnez Gil, y hasta los ex Ministros Diocles Torralba (Azúcar, Transportes) y el del Interior, General de División José Abrantes, que, dicho sea de paso, se le dejó morir de un ataque al corazón al no recibir a tiempo la necesaria atención medica debida.

 

El área especial está dentro del cordón de la prisión de Guanajay, y es una edificación independiente dentro de ella, con su propio cordón interno de seguridad. Ni el jefe de la prisión puede entrar en el área especial sin autorización del mando superior, porque ésta se subordina solamente a la jefatura del Ministerio del Interior.

Las dimensiones de las celdas tienen como promedio tres metros de largo por dos de ancho. En su interior tienen uno de esos servicios sanitarios sin taza, donde el prisionero debe hacer todas sus necesidades fisiológicas y soportar la pestilencia hasta que a los carceleros se les ocurra conectarle el agua, que se suministra esporádicamente.

Las puertas de las celdas son tapiadas con gruesas planchas de acero, que impiden todo contacto exterior ya sea visual o auditivo.

 

Cuando se le concede visita al prisionero, nadie más de los que allí guardan prisión tiene derecho a la misma. No por exclusividad, si no para que ni los familiares de otros presos de esa area puedan tener la más mínima posibilidad de confraternización.

 

Como señalé anteriormente, el agua se pone a voluntad del carcelero, y si el prisionero quiere alumbrarse su familia debe traer el bombillo y la lámpara.

 

Si es invierno, y el prisionero necesita protegerse del frío, la familia también debe suministrar la colcha. A dichos familiares les corresponde también, por supuesto, el lavado de toda la ropa de cama y personal, que también debe ser suministrada por ellos.

 

Si un prisionero necesita ser atendido por el médico es conducido escoltado por dos guardias, y en el trayecto desde el el área especial hasta el policlínico no logra ver un alma. Hasta los presos de confianza, dedicados a la limpieza de la prisión exterior, son retirados.

 

Se puede estar en el área especial años, y nunca el prisionero conocerá al de la celda contigua, porque está hecha para eso, para que no se comunique con nadie, salvo con los carceleros, que son los que traen la comida. Ni siquiera los presos comunes de la prisión exterior, que trabajan como electricistas o plomeros, pueden entrar allí, y las pocas veces que han entrado les advierten claramente que no pueden hablar con nadie de esa área.

 

Allí se consumen en desproporcionadas condenas muchos militares que se han enfrentado a la dictadura. Ellos no tienen, ni en el interior de Cuba ni tampoco en el exterior, quien los considere héroes. Quienes les pongan vallas anunciadoras clamando por su libertad, quienes consuman horas de propaganda radial -como el programa del conocido presentador de Miami Edmundo García- que solo se ocupa de los cinco agentes de la Inteligencia cubana condenados en Estados Unidos, pero olvida convenientemente a sus compatriotas encarcelados en la propia Cuba

 

Por supuesto, los militares presos en Cuba no tienen televisión a color, ni Internet, ni llamadas por teléfono, ni aire acondicionado, ni tres comidas al día balanceadas con proteínas y carbohidratos.

 

Nadie los menciona en programas de radio o televisión. Los encargados de denunciar las violaciones de derechos humanos tanto dentro como fuera de Cuba los pasan por alto. No tienen comités para la liberación de “los heroes luchadores antiterroristas”, que están presos no por espiar a un grupo determinado de supuestos terroristas, como hicieron los que guardan prisión en Estados Unidos, sino por enfrentarse a un Estado que aterroriza a todo un pueblo.

 

Para mayor desgracia, cuando algunos logran salir del área especial y deciden jugarse la vida en una balsa, cuando llegan a Miami no solo les dan las espaldas, porque una vez estuvieron en las filas de las instituciones militares, sino que son señalados como posibles colaboradores del regimen que los ha destrozado.

 

Estos militares que estan presos en Cuba por delitos políticos tienen un problema adicional al cumplir las desproporsionadas condenas y ganarse la libertad. Despues de habérseles arrancados los mejores años de sus vidas, se encuentran que no solo han perdido sus retiros, sinó que el -hasta ahora- único empleador del pais, el Estado, no los quiere en sus centros de trabajo, convirtiéndolos virtualmente en mendigos.

 

Si intentan obtener una visa de refugiado en la Sección de Intereses de Estados Unidos, como le sucedió al ex-coronel Omar Ruiz Matoses después de haber cumplido 17 años de una condena de veinte, algunos burocratas que se encargan de gestionar estos tramites los rechazan, porque, según esos funcionarios, los militares que han cumplido prisión por oponerse a la dictadura no son politicos, sino presos que han incumplido los reglamentos de las fuerzas armadas.

 

Estos fríos, distantes, inconmovibles diplomáticos, que para colmo de ineptitud e ineficiencia no son capaces ni de hablar la lengua del país donde prestan sus servicios, han sido en muchos casos los que han contribuido a las salidas ilegales, al contrabando humano, y a otros procedimientos que han costado vidas de ex presos militares, al verse cerradas todas las puertas.

Hasta los muertos españoles son mejores que ellos. Algunos que dejaron este mundo desde el siglo pasado han resuelto lo que estos incapaces no han podido hacer. Como el mismo ejemplo del coronel Matoses, que tuvo que acudir su abuelo español en la tumba para sacarlo del infierno.

No se descarta una negociación entre el gobierno de Estados Unidos y Cuba para un canje de prisioneros. Se ha hecho siempre, tanto en la guerra fria como ahora. El más reciente caso lo constituye el canje de mil prisioneros palestinos por un soldado israelí.

Hecho que ha puesto en una situación incomoda al gobierno de Estados Unidos, al plantearse Alan Gross cual es el valor de cambio de un judio norteamericano comparado a uno israelí.

Es imposible predecir si el pragmatismo llegará a imponerse al orgullo de gran potencia, o si el inmenso poder economico de la comunidad judia logre abrir las puertas de la negociación. Pero si esto llega a suceder, es de esperar que la parte norteamericana no repita el error de pasar por alto a los olvidados de siempre, a oficiales como el de la inteligencia del MININT Rolando Trujillo Sarraf, y otros como Borges y Claro, ex oficiales de la contrainteligencia que se pudren en esa carcel.

 

Es de esperar que las organizaciones de derechos humanos, en primer lugar la encabezada por Elizardo Sanchez Santa Cruz, tengan actualizados todos sus records de las decenas de oficiales que han sido arbitrariamente encarcelados, y movilicen a la comunidad internacional para que los olvidados de siempre no sean abandonados a su suerte.

 

Si se negocia el canje de los “cinco heroes” por Alan Gross, junto a este último deberían salir también los verdaderos heroes que se han enfrentado al terrorismo de Estado, sean o no ex militares.

 

De lo contrario seria una imperdonable burla.